La lectura nos da la posibilidad de comunicarnos y
relacionarnos con personas de otros tiempos; es a través de ella
que las recreamos, las sentimos, dialogamos. Nos permite recuperar
ideas olvidadas constitutivas de nuestro presente - nuestro"hoy"-,
dándole vida a través de los planteamientos que de ella se desprenden
o cuestionándola. La lectura nos
convoca a "pensar" el pasado para construir o imaginar posibles
futuros. Nos brinda respuestas o nuevas preguntas acerca nuestro
acontecer en el mundo en tanto "somos" en el mundo: de lo que
nos motiva, lo que nos angustia, el dolor, el amor, poder y la
fascinación. Es en esos hilos, con esas tramas y esas urdimbres,
de tiempos, de palabras, de frases, de intenciones, de olvidos,
de trazo sobre trazo, de huella y borrón, de superficie horadada
y lastimada como se yerguen nuestros destinos, nuestros encuentros
y nuestros pasos en ciertos caminos y no en otros. Nada más precipitado
que anticiparlos. Ni los caminos, ni los destinos, ni los encuentros.
Nada está escrito y algo está dicho que ha hecho surco sobre la
carne, la de cada quien, para que algo esté determinado en el
porvenir. Algo está escrito y queda mucho por escribir.
El hombre
siempre necesitó de un relato (logos) que registrara su historia.
Se buscó a sí mismo, guió su vida, se definió con ella. El oráculo
de Delfos, dedicado a Apolo pitio, tenía inscripto en su frontispicio:
Gnothi se autón, Conócete a ti mismo. Fue el tiempo en que se
alcanzó la razón (logos). De allí provenimos (Grecia, Roma, Palestina
y el cristianismo son modos de pensar y de hacer, de sentir y
de relacionarse, de plantear y de olvidar, de responder y de preguntar).
Sin la escritura y sin la lectura esto no hubiera sido posible.
Un tiempo
antes, el hombre siempre necesitó de un relato (mythos) que explicara
su origen, que diera sentido a su estar en el mundo, a su permanecer
en él, a su partir de él. Historias fundantes de nuestro origen
que son tomadas como punto de comienzo de nuestro "dolor" de
ser mortales. Dice el silogismo que "todos los hombres son
mortales" "que Sócrates es hombre" por lo tanto
que "Sócrates es mortal",pero en definitiva el único
que lo es él, Sócrates. La conclusión de la premisa mayor llega
a que el único que muere es él, no en la Lógica, sino en los que
enuncian el silogismo. "Todos los hombres son mortales pero
el que muere siempre es Sócrates". Este
tipo de constructo literario-filosófico-político conforma una
visión sobre la realidad (del logo, no hay otra) que permite dar
sentido a las acciones y representaciones de los hombres, es una
suerte de saber que favorece y apremia el desenvolvimiento de
los mismos en el mundo.
Este
"logos" (*)
fundante sobre la concepción de la realidad se encarna en la subjetividad
de los hombres y no desaparece con los diferentes procesos que
sufre el hombre. Trasciende los cercos temporales, se resignifica,
y perdura internalizado en las conciencias individuales. Somos
los que nos han antecedido, si podemos leerlo, si podemos sentirlo,
si queremos hacerlo. Y no somos aquellos, somos otros, postmodernos.
Somos
un dolor de ser en tanto humanos, que no ha podido aún reencontrar,
si no es en lo singular, lo que se ha sido. Los fragmentos se
dispersan y se seguirán, inevitablemente, dispersando. Alguna
vez diremos de las reuniones. Esas reuniones (religare, de lo
disperso) que alientan a continuar.
Una de esas reuniones es la religión, todos
los tipos de trascendencia habituales a las cuales recurrimos,
incluímos en ella los recursos a la imagen, cosas tan simples
como el mirarnos a un espejo, pero ya hay allí un modo del reunirse,
la bienamada unidad. No la rechazamos, postulamos su inevitable
provisoriedad. Pero dejemos y volvamos a la lectura.
No debemos
olvidar que se trata de una propuesta de lectura y recordarnos
estas palabras es indicativo de que el ejercicio del pensamiento
no es sin la lectura, por lo menos en los momentos iniciales,
y que la lectura es la manera de recibir lo que ha sido, tan simplemente
como éso, lo que ha sido, desde tantas regiones y tiempos, lo
que ha sido desde tantos saberes y desde tantos lugares, y pueden
llegar a mí esos ecos y esos vestigios con algo tan simple como
la lectura. Llega a mí lo que ha sido porque puedo leer. La historia
es la consideración del tiempo que se presenta ante mí, ante mis
ojos y ante mi sentir, por la práctica de una lectura.
Nuestra
metodología va a carecer
de método. Una metodología que carece de método puede parecer
que no es una metodología. Pero no. Es un simple parecer. Ya que
cada uno debe re-crear su propia metodología, su propia forma
de abordar la lectura, desde la fascinación, el rechazo, la re-conciliación,
o la búsqueda "de" y "en" ella. Dejarnos envolver por la lectura,
no pretender encontrarle un fin último, sino ampliar los sentidos
que de ella se desprenden, modificar los relatos establecidos
y dejar que nuevas interpretaciones nos encuentren, o encontrarlas.
¿Podremos alguna vez acostumbrarnos a no apresurarnos?, ¿Podremos
posponer las llegadas súbitas? Así leeremos en la indefinición
sin sobresaltos, en las incertezas sin temores.
Una metodología sin método es posible de ser sostenida.
Pues una metodología puede carecer de un método explícito pero
la nuestra no va a carecer de sucesos, lo cual nos lleva a que
los sucesos no dependen de los métodos, y sí, que dependen de
nosotros. Si nos detenemos aquí alteraríamos nuestras simples
puntualizaciones, pues nos desviaríamos del ejercicio de la lectura
y comenzaríamos a pensar y observar al lector para saber cuando
podemos decir que hay alguien leyendo. El suceso de la lectura
no es el leer sino el acontecimiento inesperado de su acción.
Preferimos
acentuar el aspecto de la acción con y en la
lectura. Lectura y acción son la dialéctica de nuestros acontecimientos
cotidianos, operamos y conducimos nuestra realidad a través de
los relatos establecidos, percibimos nuestros horizontes de sentido
a través de los mismos; rompemos con ellos y creamos otros nuevos
(para ello se hace necesario, poder separarse de los mismos y
crear otros).
La lectura
que se hace con los enunciados (lekton) y nos convoca a través
de los enunciados (dia-lekton) nos lleva a actuar.
Así nuestra afirmación fuerte es que: en cualquier época
y lugar la lectura es el verdadero operador transdisciplinario.
Estas
consideraciones vienen al lugar de un breve recorrido de lo que
se puede conseguir leyendo; no entramos en cuestiones graves o
profundas, sólo queremos retomar ciertos momentos que se pueden
conseguir mientras uno, alguien, cualquiera, se dispone a leer
y las cosas, sucesos, hechos, acontecimientos, que pueden producirse
entre el lector y el texto. Un lector y el texto. Un texto, y
subrayarlo.
Por
supuesto hay lectura desde que hay escritura, pero antes aún,
hubo signos. La escritura inaugura la lectura de los signos culturales
y aún, hoy, esto es así porque para nosotros la escritura trae
la posibilidad de la consideración de los tiempos. La
escritura es memoria mientras que la lectura es el presente de
esa memoria. La escritura es el pasado en lo trazado y la lectura
lanza al porvenir de lo que será escrito.
En la lectura nos refugiamos, nos preguntamos, damos respuesta, pensamos. Leer
es, también, un modo de reunir, la palabra 'logos' lleva también
en sus múltiples etimologías, la acción de la reunión, y si le
agregamos las pertenecientes a 'símbolo' tendremos las del arrojar.
Leer, reunir, arrojar, dispersar y volver a reunir ¿no es eso
de lo que se trata 'el pensar'?
La lectura es un espacio, un silencio. Pero no un silencio vacío, sino que le
da forma, le da contenido a ese vacío, dolor de ser, hemos dicho,
inevitable consecuencia de estar vivos y poder interrogarnos sobre
ese estar y sobre ese ser (existencia).
Leer es movimiento, ya que conjuga el pensamiento y la pasión. Nuestros sentidos
toman parte en la escena de la lectura, se comprometen con lo
que leen, lo hacen propio, se sienten, vivencian las experiencias
que de ella se desprenden, por ende nos convoca a explorar.
La lectura nos permite tramitar nuestra angustia. Nos explica. Da fundamento
de letra (forma) e idea a la vida (pura fuerza).
La lectura debe ser compartida con otros, de nada sirve atesorar un encuentro
con ella si de ella no se desprende un pensamiento que convoque
a los demás. Quizás de allí surja alguna reflexión, y aún, acciones.
La lectura
nos estimula a percibir las diferentes interpretaciones, tantas
como diferentes personas se acerquen a élla. No una interpretación,
sino miles que puestas en cuestión ayuden al debate crítico de
nuestra realidad.
Por
ello:
Leer
es entrar a otro mundo. Un mundo de letras. Uno aprendió y llegó,
entró y se asustó y se maravilló. Leyó. Se escuchó. Y gozó de
seguir entrando a otros mundos, que como decía el poeta "están
en éste" (P. Eluard).
Armó
mundos y desarmó. Vivió otras vidas, fue tantos otros. Se comunicó
con otros tiempos y con otras imágenes, lejanas. Leyó y estudió.
Le recomendaron, le obligaron. Y se olvidó. Dejó, arrojó y no
pudo regresar, pero no importa, siempre hay tiempo de volver a
esos lugares.
De allí
que proponemos junto con N. Avellaneda que:
Ideales
del siglo XIX aparte, la lectura puede llevarnos a otros lugares,
quizás al grito de Artaud en un escenario parisino de los años
treinta, o a la primera vez que escribimos nuestro nombre.
De allí
que proponemos (ejercicio ad libitum):
Lea
y sea caótico. No crea que hay que comenzar por el inicio y proseguir
hasta el final en esa sucesión seriada. Es aconsejable pero no
indispensable.
Lea
y no sea caótico. Lea de principio a fin lo que le interesa.
Lea
y sea caótico. Saltee lo que no le interesa. Siempre hay tiempo
de volver a esos lugares.
Lea
y no razone. No siempre hay que entender lo que se está leyendo.
Lea
y razone. Paso a paso, vuelva a leer y si no se llega a comprender
siga. Ya llegará la comprensión.
No razone.
Lea. Déjese llevar por las letras, las palabras, las frases.
Lea
y piense. Lea y medite.
Lea
y deténgase. Allí donde algo se hace sentir, siéntalo.
Haga
saltos. Aleje el libro de sus ojos. Algo se convocó en su alma.
Evóquelo y luego vuelva al libro.
Lea,
lea y lea. Ojos y texto. Sonido y voz interiorizada. Grito con
cuerpo. La voz se hace voces que dicen y obligan a seguir a extenuarse
entre las frases. Aparece el vértigo.
Silencio.
No hay lectura. No hay cuerpo. Hay silencio esparciéndose. Silencio.
Es tiempo de dejar de leer.
Se reanuda.
Se vuelve. Se lee. Los retornos son fáciles cuando hemos aprendido
a dejar sin temer y a volver sin temor. Se vuelve a leer.
Lea
y habrá música en su interior. La forma de los sonidos del lenguaje
hace ritmos y cadencias, saboree las palabras.
Los
textos tienen gustos y texturas, colores y vibraciones. Se hacen
sentir.
Leer
es caminar en la orografía de esos paisajes que se forman en mí
por la lectura.
Lea
y camine. Lea y corra. Lea y suba. Lea y caiga. Lea y sienta.
Lea
y olvide.
Lea
y olvide quien es.
Lea
y sueñe.
Lea
y recuerde sus sueños.
Lea,
razone, piense y sienta.
Recuerde
quien es siendo texto y letra mientras lee.
Recuerde
quien no es.
Olvide
y lea. No sabe nada y lee. Lea con ojos de niño que apenas silabea.
Sienta las palabras como nuevas. Cree palabras. Cree frases. Sustituya
algunas del texto leído.
Lea
y considere que las palabras son las que hacen a los lugares de
la existencia.
Lea
y recuerde que la palabra proferida es lo que llega de usted al
otro.
Lea
y no razone. No siempre hay que entender lo que se está leyendo.
Lea
y razone. Paso a paso, vuelva a leer y si no se llega a comprender
siga. Ya llegará la comprensión o habrá mejores preguntas.
No razone.
Lea. Déjese llevar por las letras, las palabras, las frases.
Lea
y piense. Lea y medite.
Lea
y deténgase. Allí donde algo se hace sentir, siéntalo.
Haga
saltos. Aleje el libro de sus ojos. Algo se convocó en su alma.
Evóquelo y luego vuelva al libro.
Lea,
lea y lea. Ojos y texto. Sonido y voz interiorizada. Grito con
cuerpo. La voz se hace voces que dicen y obligan a seguir a extenuarse
entre las frases. Aparece el vértigo.
Silencio.
No hay lectura. No hay cuerpo. Hay silencio esparciéndose. Silencio.
Es tiempo de dejar de leer.
Se reanuda.
Se vuelve. Se lee. Los retornos son fáciles cuando hemos aprendido
a dejar sin temer y a volver sin temor. Se vuelve a leer.
Lea
y habrá música en su interior. La forma de los sonidos del lenguaje
hace ritmos y cadencias, saboree las palabras.
Los
textos tienen gustos y texturas, colores y vibraciones. Se hacen
sentir.
Leer
es caminar en la orografía de esos paisajes que se forman en mí
por la lectura.
Lea
y camine. Lea y corra. Lea y suba. Lea y caiga. Lea y sienta.
Lea
y olvide.
Lea
y olvide quien es.
Lea
y sueñe.
Lea
y recuerde sus sueños.
Lea,
razone, piense y sienta.
Recuerde
quien es siendo texto y letra mientras lee.
Recuerde
quien no es.
Olvide
y lea. No sabe nada y lee. Lea con ojos de niño que apenas silabea.
Sienta las palabras como nuevas. Cree palabras. Cree frases. Sustituya
algunas del texto leído.
Lea y considere
que las palabras son las que hacen a los lugares de la existencia.
Lea y recuerde
que la palabra proferida es lo que llega de usted al otro.
(*) Una consideración sobre el Eros se hará indispensable para
devolver a la lectura y la escritura la perspectiva adecuada de
ese encuentro Logos-Eros, que aquí no desarrollamos. Una tentativa
que destacamos, la de R. Barthes en "El placer del texto",
donde formula la pregunta: ¿qué gozamos del texto? (ed. Siglo
XXI). Otra, la de J. C. Milner en "El amor por la lengua"
(ed. Nueva Imagen), donde despliega la teoría de 'lalengua', término
que en J. Lacan designa la reunión del goce y el lenguaje, simplemente,
alguien habla y constituye signos con su cuerpo en el lenguaje,
resultando 'lalengua' "una multiplicidad de arborescencias
sobreabundantes donde el sujeto fija su deseo". La reunión
de Logos-Eros es una apertura de dimensiones que hace que los
significados y los sentidos creen campos y formas de intensidad
y atraviesen los cuerpos.
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