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SOBRE EL CUERPO
EDITORIAL
Vanesa Guerra
Sergio Rocchietti

Desnudo
Porque está de moda, porque es trillado, porque se ha dicho todo y no se ha
dicho nada, porque no deja de acompañarnos, porque nos empaña, porque no podemos
limitarlo, porque tiene sus propios límites.
Porque se enferma, porque se eriza, porque da risa.
Porque no podemos vivir sin él.
Porque se gasta, porque nos desgasta, porque envejece, porque carece, porque no
lo bancamos, porque sí lo bancamos, porque no podemos deshacernos de él, porque
nos deshace, porque nos hace.
Porque nos pesa, porque a pesar.
Porque nos representa, porque nos presenta, porque nos delata, porque da lata.
Porque nos relaciona, porque relacionamos, porque reaccionamos, porque nos
reacciona,
porque nos regocijamos o porque nos vamos, porque ocupa un espacio y atiende la
hora.
Porque hay vecinos, porque hay extraños y no tan extraños y semejantes y además
espejos...
Hay cuerpos a montones y hay montones de cuerpos.
Se pueden agrupar en una ciudad, en un estadio, en una playa, en
un cine o un shopping, también se pueden amontonar en una morgue
o en una fosa común. Tenemos un cuerpo y somos un
cuerpo y hemos necesitado y necesitamos la presencia de otros cuerpos
que se presentan con todas sus variedades: cuerpos erotizados, pasionales,
sanos, enfermos, amorosos, mutilados, bellos... ¿Cuántas perspectivas
del cuerpo hay? Muchas, podemos multiplicar los cuerpos cuantas
veces queramos y llegaremos al famoso "cuerpo social".
¡Oh! Sucede que vivir "en sociedad" es incluirse como
cuerpo y compartir algunas pautas comunes con otros con los cuales
habitamos un mismo lugar en donde funcionan, por ejemplo, ciertos
dispositivos, regulaciones, emplazamientos y distribuciones. Lo
interesante es que todas estas cuestiones nos hacen ser quienes
somos o nos hacen partir de donde partimos: aún si
no hemos participado de esa historia, "esa" historia nos
alcanzará transformándonos.
Al Held
(Fragmento)
Nuestra pregunta es ¿qué nos ocurre hoy con nuestros "socius"?
¿¡Socius!? Sí, socius, del latín, etimología de la que deriva sociedad,
socio y compañero. ¿Qué es lo que ocurre?
Caminemos una calle cualquiera, un día cualquiera y propongámonos
el ejercicio de la observación, miremos a la cara de los que allí
transitan, y aguardemos. ¿Qué hay? ¿Qué encontraremos? En vez de
atravesar las calles y a los demás, miremos de cerca, detengámonos
a pensar y sentir. ¡Tss, tss! ¡Eh! ¡Usted! ¡No proponemos una pedagogía
de los sentimientos!. Lejos de eso, nos interrogamos en lo más cercano,
en nuestros hábitos cotidianos para intentar discernir quiénes
somos en tanto qué hacemos en nuestros pequeños gestos, para
saber si lo que nos agita es nuestro o impuesto y quizás
para, alguna vez, decidir sobre ello. Lo simple nos puede
llevar lejos.
Y algo más. Nuestros hábitos cotidianos están dentro de la sociedad
como parte de la cultura, y es por eso que los gestos involucran
gran cantidad de saberes, prácticas y discursos. Se puede iniciar
el recorrido en el gesto de un apretón de manos y terminarlo en
la antropología del pacto. Dijimos que no proponemos una pedagogía
de los sentimientos porque sabemos que esa pedagogía aislada, no
serviría nada más que para instantes, lo cual no es poco. Sí
proponemos una ejercitación para el cambio, o no. Que cada uno lo
decida. Vale.
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al autor: vmalmsten@hotmail.com
/ / sergiorocchietti@gmail.com
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