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Presentación del Núcleo Grito-silencio
El poder del silencio (el poder de la palabra)
Sergio Rocchietti
Hemos llegado porque caminamos y nos acercamos.
Al Silencio.
A veces las voces esperan que las palabras sonorizadas alcancen a rasgar las vestiduras del silencio. No es lo usual.
Pesados ropajes son los que dan a nuestros cuerpos esas sensaciones de pesadez y lentitud.
En Silencio.
Nuestro cuerpo se inclina en toda su intensidad posible para alcanzar a oír.
Oír.
Silencio.
El silencio es esa inextricable relación que acompaña al lenguaje.
Extraña compañía. ¿Alguien puede tener la pretensión de terminar con el lenguaje, de haber llegado a algún borde, a partir de haber llegado al silencio? Incluso el silencio de los monjes quiere alcanzar ese otro extremo (lo divino – dios) que quizás nos hable o nos escuche.
El silencio tanto como la palabra están en nosotros y afuera de nosotros.
Hoy, nuestra época no es el silencio. Hoy nuestra época es que el silencio-vacío se oculte para no ser.
Casi imposible de ser soportado el silencio (el vacío, la ausencia, la mortalidad) se refugia en lugares lejanos, plegados, de difícil acceso.
La experiencia del silencio es inusual en nuestra época.
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"El camino de la palabra no es el de la sabiduría permanente o suprema". Lao-Tse.
Dice el antropólogo japonés Michitaro Tada: "Creo en la no-palabra, en la existencia del ser humano más allá de la palabra, en lo que está más cerca de todo ser" (Gestualidad japonesa).
La no-palabra es posible luego de la palabra. La no-palabra es un lugar al cual se adviene luego de haber proferido muchas palabras ¿en cualquier lugar? ¿a cualquiera? No.
La no-palabra es ese espacio de silencio surgido luego de las palabras. Ni el callar, ni el silencio después, dan lugar a la no-palabra.
Tratar las palabras, haberse hundido en ellas, haberse dejado arrastrar, golpear, acariciar en ellas. En palabras. La no-palabra puede surgir cuando ha habido experiencia de las palabras y experencias del silencio.
La no-palabra es un lugar favorecido a lo oriental (lo fue). Pensémos en la poesía china o japonesa. O en el haikú.
“… ni antes ni ahora el Japón ha sido para nosotros una escuela de doctrinas, sistemas o filosofías sino una sensibilidad. Lo contrarío de la India: no nos enseñado a eensar sino a sentir. Cierto, en este caso no debemos reducir la palabra sentir al sentimiento o a la sensación; tampoco la segunda acepción del vocablo (dictamen, parecer) conviene enteramente a lo que quiero expresar. Es algo que está entre el pensamiento y la sensación, el sentimiento y la idea. Los japoneses usan la palabra kokoro: corazón. Pero ya en su tiempo José Juan Tablada advertía que era una traducción engañosa: ‘kokoro es más, es el corazón y la mente, la sensación y el pensamiento y las mismas entrañas, como si a los japoneses no les bastase sentir con solo el corazón’ (‘Hiroshigué’, Méjico 1914). Las vacilaciones que experimentamos al intentar traducir ese término, la forma en que los dos sentidos, el afectivo y el intelectual, se funden en él sin fundirse completamente, como si estuviese en perpetuo vaivén entre uno y otro, constituye precisamente el sentido (los sentidos) de sentir”.
(Octavio Paz, “Los signos en rotación).
La no-palabra no es que no haya palabras. Eso sería el atajo occidental usual: si no hay palabras hemos llegado a la no-palabra.
Si no hay palabras hay silencio. Erramos con esa afirmación. Dejémos, se oirá, o no se oirá. No insistiremos. No golpearemos más el parche del tambor de los símbolos. No se oirá el ritmo. O sí. No nos incumbe. Subrayamos y rayamos en el texto anterior que: un perpetuo vaivén es una hermosa manera de ‘indefinir’ (no definir), es una hermosa propuesta de proponer y dar a sentir el modo del movimiento donde algo no se define y se siente, y se siente en el corazón-entraña por eso no se define y por eso queda la abertura indefinida (in-de-fin-ida). Como el silencio.
Como el silencio y sus resonancias. Como el silencio y sus ecos. Como el silencio y sus piedras. Como el silencio y sus vibraciones de palabras. Sentidas. Dolidas. Clavadas. Escritas.
El ser advenido en el lugar de la no-palabra es una mostración. Un ahí. Simple y claro, confuso y oscuro. Es.
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“El silencio del analista se asemeja al silencio del artesano; y, como artesano, manipula redondeles de hilo. Por manual que sea ante todo este trabajo, no es más fácil de integrar en nuestro trabajo cotidiano de analistas. Pero esta elección en favor de las condiciones del agrimensor nos indica en qué lugar desfasado hay que mantener al lenguaje para que no tape los agujeros del discurso”.
Gennie Lemoine Lucioni (El grito - Epílogo)
Un lugar fuera de fase, desfasado en relación a lo común que se hace con las palabras. Las palabras-tapón, las palabras obstáculo, por eso no nos es ajena la metáfora-imagen del camino. Un camino tiene sus obstáculos. Y en el inicio dijimos que hemos caminado y nos hemos acercado. Metáfora del tiempo transcurrido para que eso sucediera: el silencio que acompaña. Las palabras que no ocultan. Y lo opuesto: ‘el perpetuo vaivén’ que no define, que instala.
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Incluimos una cantidad de citas de la palabra silencio en los textos de J. Lacan. No creemos que sea exhaustiva. No creemos que sea posible lo exhaustivo. No hay posibilidad de totalizar sino como una operación que sabemos que producimos con conciencia de su realización (desde aquí hasta allí o acá, según los movimientos que realicemos en el espacio de nuestra consideración de un tema como el del silencio, por ejemplo). Allí, sí, pensamos que es menester referirse a sus límites pero más interesante que delimitarlos –lo que podemos llamar operación totalidad o núcleo- es percibir y continuar con la diseminación (palabra que se hizo famosa gracias a Jacques Derrida) que se produce al leer lo que proviene de esos textos citados. Estallidos, emplazamientos, aberturas, o estrechamientos; son figuras posibles de los trayectos a los que nos obligan estas citas. Desde algún lugar nos llega la siguiente propuesta: no citas sino preguntas. Bien, acordamos. Ahora agreguemos que se parte de la citas o de las citas, y recuperamos el camino de la homonimia que nos provee el castellano para dar a cita la significación de encuentro con alguien. Lograda imagen-emoción de lo que sucede con los textos. Nos encontramos con éllos y algo se produce entre ellos y nosotros. Imposible predecirlo. Azares del choque y la fragmentación, hemos dicho: estallido.
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Jacques Lacan, Seminario I, Clase1:
El maestro interrumpe el silencio con cualquier cosa, un sarcasmo, una patada.
Así procede, en la técnica zen, el maestro budista en la búsqueda del sentido. A los alumnos les toca buscar la respuesta a sus propias preguntas. El maestro no enseña ex cathedra una ciencia ya constituida, da la respuesta cuando los alumnos están a punto de encontrarla.
Esta enseñanza es un rechazo de todo sistema. Descubre un pensamiento en movimiento: que, sin embargo, se presta al sistema, ya que necesariamente presenta una faz dogmática. El pensamiento de Freud está abierto a revisión. Reducirlo a palabras gastadas es un error. Cada noción posee en él vida propia. Esto precisamente es lo que se llama dialéctica.
Algunas de estas nociones fueron, en cierto momento, para Freud, indispensables, pues respondían a una pregunta que él había planteado, anteriormente, en otros términos.
Su valor sólo se capta cuando se las re-situa en su contexto.
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J. L., Seminario I, Clase 2:
¿Proviene la resistencia únicamente de allí? Cuando, en el límite de ese campo de la palabra que es justamente la masa ideacional del yo, les representaba el montante de silencio tras el cual una palabra distinta reaparece, aquella que se trata de reconquistar en el inconsciente ya que ella es esa parte del sujeto separada de su historia: ¿acaso está allí la resistencia? ¿Es, sí o no, pura y simplemente la organización del yo lo que constituye, como tal, la resistencia? ¿Es esto lo que dificulta el acceso al contenido del inconsciente en sentido radial, para emplear el término de Freud? Hénos aquí ante una pregunta muy simple, demasiado simple, y como tal insoluble.
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J. L., Seminario I, Clase 12:
Por lo tanto, la dialéctica del yo y el otro es trascendida, situada en un plano superior, por la relación con el otro, por la sola función del lenguaje, en tanto éste es más o menos idéntico, en todo caso en tanto está fundamentalmente ligado, a lo que llamaremos la regla, o mejor aún, la ley. Esta ley crea, en cada instante de su intervención, algo nuevo. Cada situación es transformada por su intervención, cualquiera que sea ésta, salvo cuando hablamos para no decir nada.
Pero incluso esto, como ya lo he explicado en otra parte, tiene su significación. Esta realización del lenguaje que ya no sirve más que como una moneda gastada que nos pasamos en silencio de mano en mano -frase citada en mi informe de Roma y que es de Mallarmé- muestra la función pura del lenguaje: asegurarnos que somos, y nada más. Que sea posible hablar para no decir nada, es tan significativo como el hecho que, cuando se habla, es en general para algo. Lo sorprendente es que hay muchos casos en que se habla cuando bien podría uno callar. Pero callar justamente es la prueba más difícil.
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J. L., Seminario I, Clase 22:
… si la transferencia se hace demasiado intensa- se produce un fenómeno crítico que evoca la resistencia; la resistencia en la forma más aguda en que es posible verla manifestarse: el silencio. Pueden darse cuenta ¿no es cierto? que, como dice Freud, la transferencia se convierte en un obstáculo cuando es excesiva.
También es preciso decir que, si este momento se produce oportunamente, el silencio adquiere su pleno valor en tanto silencio: no es simplemente negativo, sino que vale como más allá de la palabra. Algunos momentos de silencio, en la transferencia, representan la aprehensión más aguda de la presencia del otro como tal.
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J. L., Seminario II, Clase 18:
¿En qué se resume el tema de Edipo en Colona? El coro dice: Más vale, a fin de cuentas, no haber nacido nunca, y, si se ha nacido, morir lo más pronto posible. Y Edipo invoca, sobre la posteridad, y sobre la ciudad por la cual fue ofrecido en holocausto, la maldición más radical: lean las maldiciones dirigidas a Polinices, su hijo.
Además, está la denegación de la palabra, que se cumple en el recinto al borde del cual se despliega todo el drama, el del lugar donde no está permitido hablar, punto central donde el silencio es de rigor porque allí moran las diosas vengadoras, las que no perdonan y que alcanzan al ser humano en todos los recodos. Cada vez que se pretende sacarle a Edipo tres palabras, le hacen salir de allí un poco, porque si las dice en ese sitio la cosa terminará mal.
Lo sagrado siempre tiene razones de ser. ¿Por qué hay siempre un sitio donde es menester que las palabras se detengan? Quizá para que en ese recinto subsistan.
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J. L., Seminario IX, Clase 18:
Si en el neurótico es a partir de nuestro silencio que podemos encontrar las fuentes desencadenantes de su angustia, en el psicótico es a partir de nuestra palabra, de nuestra presencia. Todo lo que puede hacerle perder consciencia de que existimos en tanto diferentes de él, en tanto sujetos autónomos y que por eso mismo podemos reconocerlo, a él como sujeto, deviene lo que puede desencadenar su angustia. En tanto él habla, no hace sino repetir un monólogo que nos sitúa a nivel de este Otro introyectado que lo constituye, pero si viene a devenir hablarnos entonces en la medida en que podemos en tanto objeto devenir al lugar donde tiene que reconocer su deseo, veremos desencadenarse su angustia; pues desear es tener que constituirse como sujeto, y para él el único lugar donde puede hacerlo es el que lo reenvía a su abismo.
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J. L., Seminario XI, Clase 2:
¿Es el uno anterior a la discontinuidad? No lo creo así, y todo lo que he enseñado estos últimos años tendía a hacer cambiar esta exigencia de un uno cerrado -espejo al que se apega la referencia al psiquismo de envoltura, especie de doble del organismo en el que residiría esa falsa unidad. Ustedes estarán de acuerdo conmigo que el uno introducido por la experiencia del inconsciente, es el uno de la hendidura, del rasgo, de la ruptura.
Aquí yace una forma ignorada de lo uno, el Uno del Unbewusste. Digamos que el límite del Unbewusste, es el Unbegriff -no no-concepto, sino concepto de la carencia.
¿Dónde esta el fondo? ¿Es la ausencia? Tampoco. La ruptura, la hendidura, el corte de la abertura hace surgir la ausencia -al igual que el grito tampoco se perfila sobre un fondo de silencio, sino que al contrario lo hace surgir como silencio.
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J.L., Seminario XII, Clase 11:
¿Llegaré hasta el grito?, o ¿reservo su función para la próxima vez?
Adoptaré la segunda posición porque por otra parte, es allí que se hará el corte. Comenzaré la próxima vez hablándoles del grito porque no puede separar lo que tengo que decirles de lo que algunas personas, llamadas bien intencionadas, pasan por hacerse valer en lugares donde se habla muy extrañamente de las relaciones analíticas, lo que una persona bien intencionada ha declarado haber buscado en mis escritos, a saber: que no estaría en ninguna parte el lugar del silencio.
Si esta persona hubiera querido ubicar mejor la articulación entre el $ y la D por la disyunción - exclusión, se habría percibido que es en correlación a la demanda que aparece el $, lo cual no deja de tener relación con esta función del silencio ($<>D).
A decir verdad, se prefiere hablar de ello en términos emocionales, de efusión, en ciertos lugares. Es en esta hora de silencio - que un cierto analista - no hay razón para que yo no esboce el perfil al cual deberé volver, sobre el modo de asumir una función analítica - es la hora donde la función de la transferencia se encuentra en el procedimiento llamado de aireación: ¡ que se abran las ventanas!
Es verdad que después de un cierto modo de interpretar la neurosis de transferencia…
Hablaré la próxima vez del silencio cuando haya hablado del grito.
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J.L., Seminario XIV, Clase 15 :
La estructura es —desde que enseño, no desde que escribo— que el sujeto sea un hecho de lenguaje. Al sujeto así designado, se le atribuye generalmente la función de la palabra (parole), se distingue por introducir un modo de ser que es su energía propia (en el sentido aristotélico del término energía), ese modo es el acto en que se calla, tacare no es silere, y, sin embargo, es ese recurso a una frontera oscura. Escribir, como se lo ha hecho, que es vano buscar en mis Escritos cualquier alusión al silencio, es una estupidez. He escrito la fórmula de la pulsión, arriba a la derecha del Grafo como $ <> D , es cuando la demanda se calla que la pulsión comienza. Pero si no he hablado en absoluto del silencio es porque sileo no es taceo. El acto de callarse no libera al sujeto del lenguaje a pesar de que la esencia del sujeto culmine en este acto; si ejerce la sombra de su libertad, el callarse permanece cargado de un enigma que ha hecho pesar tanto tiempo la presencia del mundo animal. No tenemos de eso huellas más que en la fobia, pero recordemos que hace mucho tiempo se ha podido ubicar ahí a los dioses. El silencio eterno nos asusta a medias, en razón de la apariencia que da la ciencia a la conciencia común de plantearse como un saber que rehusa depender del lenguaje, sin que, por tanto, esta pretendida conciencia, se asombre de rehusar al mismo tiempo depender del sujeto.
Lo que ocurre no es que la ciencia obvie al sujeto, es que lo saca del lenguaje, lo expulsa. Crea fórmulas de un lenguaje vacío de sujeto. Parte de una interdicción sobre el efecto de sujeto del lenguaje, esto no tiene más que un resultado: demostrar que el sujeto no es más que un efecto del lenguaje, pero que es un efecto de vacío. Desde entonces el vacío lo cierne, es decir, lo hace aparecer como pura estructura del lenguaje; está ahí el sentido de la consagración del inconsciente.
El inconsciente es un momento donde habla, en el lugar del sujeto del puro lenguaje, una frase cuya cuestión es saber quien la dijo. El inconsciente su estatuto (se puede decir científico puesto que se origina de la ciencia), es que el sujeto rechazado de lo simbólico reaparece en lo real, presentificando lo que pasa en la historia de la ciencia, presentificando su único soporte, el lenguaje. Es el sentido de la aparición de la ciencia de la nueva lingüística.
¿De qué habla el sujeto cuando está así desarrimado del sujeto, por el representante en su vacío estructural radicalizado? Lo sabemos, habla del sexo, a través de una palabra en donde abordaré el acto sexual para interrogarlo. En el acto sexual representa el silencio, silencio forzado, y con causa, por una palabra tenaz, obstinada.
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J.L., Seminario XV, Clase 1:
Hay también un acto que puede calificarse como el acto por el cual un psicoanalista se instala en tanto que tal, he aquí aún algo que merece el nombre de acto, incluso hasta que ese acto pueda inscribirse en alguna parte: Fulano de tal, psicoanalista. En verdad tampoco parece insensato, desmesurado, fuera de tema, hablar de acto psicoanalítico de la misma manera que se habla de acto médico.
¿Qué es el acto psicoanalítico en este concepto? Podría decir que puede inscribirse bajo esta rúbrica en el registro de la Seguridad Social.
¿El acto psicoanalítico es la sesión por ejemplo? También se puede preguntar en qué consiste, en qué clase de intervención, porque después de todo no se prescribe una receta.
¿Qué es propiamente hablando el acto psicoanalítico, es la interpretación? ¿O es el silencio? O lo que sea que ustedes quieran designar entre los instrumentos de la función.
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J.L., Seminario XVI, Clase 14:
Es precisamente, también, lo que Freud, en el momento en que, forzado de alguna manera por su necesidad, por vías deductivas, no puede carácterizarlo de otro modo que por algo absolutamente primario, que llama el grito. Es en esta exterioridad jaculatoria que ese algo se identifica, por lo cual lo que es lo más íntimo justamente es lo que estoy constreñido a no poder reconocer más que fuera. Es precisamente por el cual ese grito, no tiene necesidad de ser emitido para ser un grito. He demostrado en este grabado magnífico que se llama "El grito", de Munch, que nada convienen mejor a su valor de expresión que el hecho que él se sitúa en ese paisaje calmo, no lejos, dos personas sobre la ruta que se alejan, y que no se dan vuelta; de la boca torcida del ser femenino que, en primer plano, ese grito la representa, es esencial que no sale nada más que el silencio absoluto. Es del silencio que centra ese grito, que surge la presencia del ser más próximo, del ser aguardado tanto más cuanto que él esta siempre, ya allí, el próximo, que no tiene ninguna erscheinung (aparición) salvo en los actos de los santos. Ese prójimo ¿es ese que he llamado el Otro, que me sirve para hacer funcionar la presencia de la articulación significante en el inconsciente? Ciertamente no. El prójimo es la inminencia intolerable del goce. El Otro no es más que el terraplén limpio. Puedo, empero, decir esas cosas rápidamente, así, después del tiempo que hace que les articulo la definición del Otro.
Es justamente eso: es un terreno limpio del goce. Es al nivel del Otro, que aquellos que se tomen el esfuerzo, podrán situar lo que, en el libro de Deleuze (‘La lógica del sentido’), se intitula, con un rigor y una corrección admirables, y como distinto, y como de acuerdo con todo lo que el pensamiento moderno de los lógicos permite definir de eso que se llama los acontecimientos, la puesta en escena y todo el carrusel ligado a la existencia del lenguaje. Es allí, en el Otro, que está el inconsciente estructurado como un lenguaje.
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J. L., Seminario XXI, Clase 15:
Pero el cuerpo, — y en eso consiste Ia segunda tópica de Freud- ese cuerpo está situado por una relación con el Ello, que es una idea extraordinariamente confusa; como Freud lo articula, es un lugar, un lugar de silencio. Es lo principal que dice de él. Pero el articularlo así no hace más que significar que lo que supuestamente es Ello, es el inconsciente cuando se calla. Ese silencio es un callar.
Y no hay aquí poca cosa; es por cierto un esfuerzo, un esfuerzo en el sentido — un sentido quizás algo regresivo con relación a su primer descubrimiento— en el sentido, digamos, de marcar el lugar del inconsciente.
Esto no dice sin embargo qué es el inconsciente, en otras palabras, para qué sirve. Aquí, él se calla. Es el lugar del silencio. Queda fuera de duda que esto es complicar al cuerpo, al cuerpo en tanto que en tal esquema es el Yo quien en esa escritura en forma de huevo resulta representarlo.
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J. L., Seminario 22 , Clase 1 :
La consistencia de lo Imaginario es estrictamente equivalente a la de lo Simbólico como a la de lo Real. Es incluso en razón del hecho de que ellos están anudados de esta manera, es decir de una manera que los pone estrictamente a uno en relación al otro, a uno en relación a los otros dos en la misma relación, es incluso ahí que se trata de hacer un esfuerzo que sea del orden del efecto de sentido.
Que sea del orden del efecto de sentido: quiero decir que la interpretación analítica implica completamente una báscula en el alcance (portée) de este efecto de sentido. Es cierto que ella lleva (porte), la interpretación analítica, lleva de una manera que va mucho más lejos que la palabra. La palabra es un objeto de elaboración para el analizante, pero lo que dice el analista —pues él dice— lo que dice el analista tiene unos efectos de los que no es poco decir que la transferencia desempeña allí un papel; no es poco, pero eso no aclara nada. Se trataría de decir cómo la interpretación produce (porte), y que ella no implica forzosamente una enunciación. Es bien evidente que demasiados analistas tienen la costumbre de cerrarla. Me atrevo a creer — quiero decir de ponerse un broche de no abrirla, como se dice, hablo de la boca — pero me atrevo a creer que su silencio no está hecho solamente de una mala costumbre, sino de una aprehensión suficiente del alcance de un decir silencioso. Me atrevo a creerlo, pero no estoy seguro de ello. A partir del momento en que entramos en ese campo, no hay pruebas. No hay pruebas, si no es en esto: es que no siempre tiene éxito un silencio oportuno.
Lo que trato de hacer aquí donde, ay, parloteo mucho, está de todos modos destinado a cambiar la perspectiva sobre lo que es el efecto de sentido. Diría que eso consiste, este efecto de sentido, en estrecharlo, en estrecharlo pero, por supuesto, a condición de que sea de la buena manera, a saber en estrecharlo por un nudo y no cualquiera.
Con-versiones marzo 2010
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