Presentación: Núcleo Edipo
(¿Para qué
sirve el Complejo de Edipo?*)
Sergio Rocchietti
Un Núcleo de lectura e investigación
lleva, para nosotros, la propuesta de ofrecernos un cambio de
las perspectivas, o al menos algo debería cambiar en nosotros
ya que los suelos sólidos de lo sabido pueden ponerse en discusión
y eso, creémos es fructífero
Un seminario de investigación
supone una búsqueda y una sorpresa de lo hallado, aunque sepamos
que se trata de una búsqueda.
Si pensamos que nuestro tema
es el complejo de Edipo uno puede suponer que ya sabemos de que
se trata y bien, lo sabemos. O al menos creemos saberlo. Ante
tal formulación diremos que nuestro tema es Edipo (un nombre).
Ahora, ¿cuándo Edipo se transforma
en complejo? ¿Siempre lo fue? No. Edipo no siempre fue complejo.
Hay un momento preciso en que se transforma en tal y eso ocurre
dentro del psicoanálisis. E incluso podemos decir que en la actualidad
Edipo es simple. Cien años de psicoanálisis han vuelto a Edipo
simple.
Digámoslo así, de
Edipo un nombre, a Edipo el simple.
Edipo le debe su complejo a
un tal Sigmund Freud, nacido Sigismund, rebautizado por él mismo,
Sigmund. Austríaco para más datos, que vivió en su tierra no natal,
entre los tres y los ochenta años, y que también vivió dos exilios
uno a sus tres años y otro mucho tiempo después. Este último debido
a la presencia en Europa de una fuerza beligerante de conquista
y destrucción que aún hoy, aunque parezca que estamos muy lejos
de ello, nos sigue cuestionando, se trata de la maquinaria puesta
en juego en la “solución final” (Segunda Guerra Mundial).
Edipo se exilió voluntariamente,
pero a su pesar, pues el oráculo le dijo que “iba a matar a su
padre y a acostarse con su madre”, la versión oracular es la más
conocida y popularizada e incluso mutilada, pues siempre se retiene
aquello de “acostarse con la madre” o con el padre, según el
sexo del interesado. Lo que también nos indica que el sexo casi
siempre es una cuestión de sumo interés.
Edipo, ante tal noticia
no regresa a su hogar, el que él creía tal y comenzó una marcha
errática que no falló en su cometido. El del oráculo.
La intensidad trágica está en nuestros
tiempos, en las sociedades occidentales, sumamente degradada,
lo cual hace que podamos tratar el tema de Edipo dentro del género
de las fábulas. No suena mal, Edipo es una simple fábula, y si
es una fábula podemos, entonces, extraer moralejas.
Moraleja uno: no discutir con los
oráculos. Es inútil, siempre tienen razón y uno no puede escaparse
de su destino.
Moraleja dos: nuestro
destino es “edípico”. Lo siguiente es a demostrar ¿puede no serlo?.
Pregunta como corolario
de las moralejas: ¿dónde quedan, hoy, los oráculos?
Pero no nos anticipemos.
Edipo y el destierro
(Colono).
Freud y el exilio. Freud
también se fue a su pesar, apesadumbrado, de Viena a Londres.
Edipo y el exilio. Freud
y la muerte. Edipo y la muerte.
¿Por qué entrecruzar a Freud,
un hombre y a Edipo, un nombre? Porque ambos fueron descifradores
de enigmas. Edipo y la Esfinge. Freud y Edipo. Con una pequeña
permutación de lugares tenemos, frente a frente a Freud y la Esfinge.
Luego deberemos detenernos en esta relación, no es tiempo de hacerlo.
¿Quién fue Edipo?
¿El de los pies hinchados,
como indica su nombre en las etimologías? ¿El que descifró un
enigma, el de todos, pero no pudo eludir su destino y así no vio
lo que realmente sucedía?. ¿Edipo, el rey?, ¿Edipo, el padre?,
¿Edipo, el hijo?, ¿Edipo, el ciego?.
Sí, todos estos Edipos
son Edipo.
Freud descifra el sueño.
Le escribe a W. Fliess,
casi en clave de reconocimiento para el futuro “¿ crees que en
esta casa podrá leerse algún día una placa de mármol que diga
así: Aquí el 24 de julio de 1896 aquí se le reveló al Doctor Sigmund
Freud el enigma de los sueños?”. Esa placa hoy existe.
Edipo descifra a la Esfinge.
Edipo descubre el enigma de todos, cuya respuesta es: “el hombre”.
No descubre su enigma. No estaba en condiciones de hacerlo, los
reyes no se psicoanalizan, aunque quizás, y bien, ¿por qué no?.
Edipo descifra a la Esfinge.
La muerte de la Esfinge
no le pesa a Edipo, debiera, pero no. Una respuesta adecuada y
se obtiene un reino, ese sí que es un concurso. ¡Con semejantes
premios!
Edipo descifra el enigma
que porta la Esfinge, que cual espejo oscuro refleja la respuesta
de aquél que es interrogado, pero sabemos que un reflejo en un
espejo oscuro es sólo un reflejo oscuro que trae un punto opaco,
el que nos habita.
Edipo soluciona el enigma
de la Esfinge, ¿Freud descifra a Edipo?. Decimos que no. Lo que
intuimos es que Freud descifra a Freud.
Freud descifra a Freud-Edipo.
Hay otros Freud aparte
de Freud-Edipo, lo que es decir Freud-hijo, Freud-niño, Freud-Sigismund,
“mi dorado Sigismund” como lo llamaba su madre. Freud, hijo de
Jacob y de Amalia Nathansohn.
Plantéemos para orientarnos:
Edipo no es un hombre.
Edipo es un nombre.
Edipo es nuestro nombre.
Puede no serlo. A veces creemos
que es mejor que no lo sea, aunque cuando creemos, no lo sabemos
y ya estamos bajo su égida. La de Edipo, y la del nombre.
Edipo es el nombre de lo
que ya no encontramos en el mito. Y que tampoco encontramos en las tragedias,
sin embargo a ellas, a las griegas, deberemos remitirnos para
encontrar restos, argumentos y acciones que orienten nuestras
reflexiones. Y también a los rotos mitos, a esos pedazos sueltos
que no logramos reunir sino en figuras imprecisas.
La primera mención no explícita
en Freud de Edipo (la que será del complejo) la encontramos en
el “Manuscrito N” que va como un elemento adjunto a la carta a
W. Fliess del 31 de mayo de 1897. Dijimos la primer mención no
explicita pero sí, explicada, está en el punto “Impulsos”:
“Los impulsos hostiles
contra los padres (el deseo de que mueran) constituyen también
elementos integrantes de las neurosis ... estos impulsos son reprimidos
...”
“Parecería que este deseo
de muerte se dirige en los hijos contra el padre y en las hijas
contra la madre...”
Primera versión de Edipo no
nombrado aún, pero ya presente bajo la presencia de los “impulsos”,
podemos apreciar que estos impulsos serán las futuras pulsiones
sexuales, parciales; las indagaciones sobre “lo sexual” (“Tres
Ensayos”) están en el porvenir como formas desplegadas, pero
son las mismas neurosis las que van indicando (a Freud) el camino
a seguir en lo teórico.
Otro de los apartados
de este Manuscrito -el N- plantea como título, “Relación entre
impulsos y fantasías”, lo cual nos lleva a considerar que los
impulsos se subordinan a los “temas” que les ofrecen las fantasías.
Cómo llega esto a suceder es una cuestión que se puede considerar
junto a la “novela familiar” y a los distintos argumentos de la
fantasía [-> VER NUCLEO:
NOVELA-MITO]. Lo que si queda claro es que los argumentos
necesitan de los “impulsos” para tener vigencia (los 'impulsos'
serán posteriormente 'las pulsiones', los elementos motores, motrices,
presionantes, impulsantes, fuerzas e intensidades de los argumentos
y los temas, de los dramas actorales -de acción- a los que estamos
sometidos los humanos; y esas fuerzas se suscitan en los cuerpos,
entre los cuerpos y con los cuerpos de lenguaje (textos) y escritura
(marcas e incisiones) que se hayan en los cuerpos y entre los
cuerpos (las transmisiones, las omisiones y las represiones, allí
donde las palabras faltan).
Dejamos aquí nuestras consideraciones
de presentación para que los textos hablen y nos hablen.
(*)
Luego de las tres críticas al psicoanálisis, las atendibles,
las hechas por G. Deleuze y F. Guattari, M. Foucault y la última
por J. Derrida, creemos necesario volver a una pregunta que nos
sirva como punto de interrogación y lanzamiento, en y hacia una
dirección, que nos nos impedirá salirnos del camino cuantas veces
sea necesario para ir hacia no sabemos dónde, pero sí conocemos
cuál es nuestro punto de orientación:es
la respuesta múltiple, por cierto, a este ¿para qué sirve?, lo
que incluye: cómo se utiliza, qué nos ofrece, en qué nos ayuda,
etc.
Con-versiones septiembre
2006