Análisis estructural y filosofía del lenguaje
Guillermo Maci
Son múltiples y diversas las perspectivas desde las cuales cabe analizar el complejo y creciente campo de investigaciones que se designa con el término de estructuralismo. La extensión alcanzada por éstas, cubre hoy la casi totalidad de dominios tradicionalmente denotados bajo el título de ciencias del hombre. La magnitud de la difusión actual del estructuralismo ha llevado incluso a señalar en este hecho un fenómeno derivado de la moda, si bien es de lamentar que quienes así lo hacen se sientan generalmente satisfechos una vez que han pronunciado su veredicto a manera de vago exorcismo peyorativo, creyendo que con ello han dado respuesta o cerrado una cuestión, sin advertir que tan sólo han planteado un problema cuya relevancia científica y complejidad son tales que requerirían de por sí un análisis especial y detenido.
Ahora bien, entre todas aquellas diversas perspectivas, optamos en este trabajo por una que consideramos de singular importancia para el pensamiento filosófico actual, y que se orienta hacia el examen de una doble cuestión que puede enunciarse del siguiente modo: ¿qué implicaciones se desprenden del estructuralismo con respecto al problema del sentido en relación al sujeto? ¿Qué problemas plantea, consiguientemente, a la filosofía del lenguaje? El método que vamos a seguir para dilucidar estas cuestiones consiste en tomar como punto de referencia central el campo originario del estructuralismo, es decir, la lingüística. De acuerdo con ello, nuestro examen se articula en los siguientes pasos.
1) Principios metodológicos del modelo lingüístico.
2) Bases teóricas de la aplicación del modelo lingüístico al dominio de la antropología.
3) El universo del sentido en el enfoque estructural. Sentido, sujeto y mundo en la problemática actual de la lingüística.
4) Estructuralismo y filosofía del lenguaje.
1. Principios metodológicos del modelo lingüístico estructural.
La idea central de Saussure, que dio origen al desarrollo de la lingüística estructural, y que constituye el respecto decisivo en función del cual analiza el lenguaje, consistió en mostrar que los elementos lingüísticos no se hallan dados independientemente del sistema de la lengua, y que es sólo a partir de éste como podemos reconocerlos. Ello ocurre porque los elementos de una lengua se delimitan y definen en función de las relaciones que sustentan entre sí, o sea en interdependencia con el sistema lingüístico en que se articulan.
La perspectiva en que se ubica Saussure es exactamente inversa a la adoptada por el historicismo: mientras en éste se busca entender el fenómeno lingüístico retrotrayéndose, a través de un examen genético, a las formas anteriores para retrazar el sentido de su evolución, el enfoque de Saussure pone en primer plano la organización sistemática de los elementos en un estado dado de la lengua, considerando que para la intelección científica de la lengua tiene prioridad su aspecto sistemático en relación al aspecto evolutivo.
Este cambio de estrategia en el análisis del lenguaje se halla implicado en la distinción introducida por Saussure entre lengua y palabra1. Con el término lengua denota el código, como institución social o conjunto de convenciones establecidas por un cuerpo social, que tiene su consistencia propia garantizada por un conjunto de reglas destinadas a permitir el ejercicio del lenguaje, cuya finalidad es la comunicación interindividual. Palabra, en cambio, designa la operación individual, el acto propio en cada caso de los sujetos parlantes, el cual admite un margen de variación en las expresiones si bien siempre circunscrito dentro de los límites fijados por las reglas de juego lingüístico que autoriza el código común.
El cambio de enfoque involucrado en esta distinción constituye la base de las investigaciones lingüísticas posteriores a Saussure, especialmente en el campo de la fonología, con Troubetzkoy, Jakobson y Martinet. A su vez, en esa distinción se hallan implicados los principios básicos del modelo lingüístico estructural, internamente articulados entre sí. Resulta evidente ya el primero de ellos que establece el carácter sistemático de la lengua. Si consideramos la lengua por sí misma como código (siempre presupuesto en el acto concreto del ejercicio de la palabra por parte de los sujetos parlantes), ésta se nos presenta como un sistema de signos.
Ahora bien, el signo lingüístico constituye para Saussure la unidad de dos aspectos, uno perceptible ("imagen acústica"), el significante, que sirve de soporte al otro aspecto: el significado("concepto")2. De tal modo puede entonces caracterizar la lengua como el sistema de signos surgidos de la mutua determinación de la cadena sonora del significante y la conceptual del significado. Pero en esta recíproca determinación lo que importa no son los términos aisladamente considerados, sino las separaciones diferenciales: el sistema de signos de una lengua se halla constituido por las diferencias de sonido y de sentido en su mutua relación.
"El papel característico de la lengua frente al pensamiento no es el de crear un medio fónico material para la expresión de las ideas, sino el de servir de intermediaria entre el pensamiento y el sonido, en condiciones tales que su unión lleva necesariamente a deslindamientos recíprocos de unidades. El pensamiento, caótico por naturaleza, se ve forzado a precisarse al descomponerse"3. Tanto la materia fónica como el pensamiento, aisladamente considerados se presentan como una masa amorfa donde no sabríamos cómo distinguir ni los elementos significantes ni las ideas significadas. La lengua instituye un orden que hace posible a la vez distinguir los elementos y correlacionarlos, instaura ese orden a través de la diferencia, de modo que en lugar de elementos aislados los elementos del sistema no son sino los puntos de intersección de relaciones recíprocas de oposición y diferencia: "Un sistema lingüístico es una serie de diferencias de sonidos combinados con una serie de diferencias de ideas, pero este enfrentamiento de cierto número de signos acústicos con otros tantos cortes hechos en la masa del pensamiento engendra un sistema de valores y este sistema es lo que constituye el lazo efectivo entre los elementos fónicos y psíquicos en el interior de cada signo"4. La noción de valor destaca la mutua determinación de los signos de acuerdo a su posición respectiva. De allí resulta la tesis saussuriana: "La lengua es una forma y no una sustancia"5, que le permite delimitar el dominio científico de la lingüística. "La lingüística trabaja, pues, en el terreno limítrofe donde los elementos de dos órdenes se combinan; esta combinación produce una forma, no una sustancia"6.
El segundo principio se halla en íntima dependencia con respecto al primero y sienta la esencial arbitrariedad que caracteriza a la función lingüística. Esto no se limita a señalar que cada signo, aisladamente considerado como relación de un sonido y un sentido, sea arbitrario, mientras que todos los signos de una lengua constituyen un sistema, de donde resulta que "en la lengua no hay sino diferencias". La arbitrariedad esencial a la que nos referimos resulta del postulado de la autonomía del orden lingüístico. Una vez que se ha destacado que la lengua instituye un orden que le es propio, se llega a la idea de que el sistema de referencia que una lengua proyecta sobre el universo de la significación es tan válido como el de cualquier otra, y puede servir con la misma eficacia para orientarse en ese universo, como el sistema de longitudes y latitudes sirven para orientarse en relación a los lugares geográficos. Pero ello supone sentar que la lengua no es ni una réplica de las cosas (como figuración pictórica o nomenclatura) ni una réplica del pensamiento (como simple calco de su articulación), sino que la lengua consiste en la institución de un orden que le es propio y en función del cual es posible delimitar las significaciones en el universo total del sentido. Como postulado epistemológico, significa considerar a la lengua como un sistema cerrado sobre sí mismo, lo que evita recaer en los planteos mentalistas y, lo que es más, delimita rigurosamente el campo científico de la lingüística, al descartar la realidad extra‑lingüística como vía para comprender la lengua.
Dado que el sistema de diferencias en que consiste la lengua sólo se hace visible si se consideran los elementos en la dimensión de la coexistencia y no en la de sucesión, se establece un tercer principio que afirma la preeminencia del momento sincrónico sobre la diacronía. Como, según afirma Saussure, "los hechos de la serie sin crónica son relaciones, los hechos de la serie diacrónica, acontecimientos en el sistema" 7, y puesto que importa investigar el sistema de relaciones en que consiste la lengua, se constituye así una lingüís tica sincrónica como ciencia de la lengua en su aspecto sistemático, a diferencia de una lingüística diacrónica como ciencia de los estados sucesivos del sistema. Pero resulta evidente la primacía acordada a la sincronía, si tenemos en cuenta que, de acuerdo con el punto de vista adoptado, la diacronía sólo es inteligible si se la aborda a partir de la comparación de los estados anteriores o posteriores del sistema. Si la diacronía es comparativa, en ello mismo acusa su dependencia con respecto a la sincronía. La distancia que se ha tomado frente al enfoque historicista, se advierte en el papel acordado a la historia en relación al sistema: aquélla se hace comprensible en relación a éste. Y es esta subordinación la que cuenta como postulado. Pero es preciso no confundir este aspecto del estructuralismo con el de una escisión y oposición entre diacronía y sincronía. Ello puede parecer quizá válido para el caso de Saussure, pero no es igualmente válido en el estructuralismo posterior.
Lévi‑Strauss se remite a Jakobson, haciendo suya la distinción que éste establece entre estática y sincronía8: "Sería una falta grave considerar la estática y la sincronía como sinónimos. El corte estático es una ficción: no es sino un procedimiento científico auxiliar, no es un modo particular de ser. Podemos considerar la percepción de un film, no sólo diacrónicamente, sino también sincrónicamente: no obstante, el aspecto sincrónico de un film no es idéntico a una imagen aislada extraída del film. La percepción del movimiento está presente también en el aspecto sincrónico. Lo mismo ocurre con el lenguaje".
El cuarto principio surge a expensas de la distinción de Saussure entre lengua y palabra, si bien ha cobrado un relieve particular en la fonología. Se trata de que las leyes lingüísticas dan expresión al juego de articulaciones de la lengua, que se sitúan en un nivel inconsciente con respecto al habla, o sea, al nivel de locución de los sujetos parlantes.Este nivel inconsciente si bien tiene en común con el inconsciente freudiano el ubicarse topológicamente en un lugar distinto al de la conciencia, no denota un sistema pulsional con capacidad de simbolización. Se lo ha caracterizado como un inconsciente combinatorio o categorial, y en tal sentido comparable en cuanto a su organización a un sistema categorial de tipo kantiano, si bien a diferencia de éste no se halla referido a un sujeto pensante9, en cuanto no se lo presenta como dependiendo de un cogito reflexivo que estableciera esa legalidad.
Se trata de una combinatoria de la que nadie es sujeto, como un sistema u organización anónima que precede a la instauración de un sujeto cogitativo. La idea de una combinatoria ubicada en una localización distinta con respecto a la conciencia y al sujeto pensante, que responde por tanto a una actividad inconsciente, sirve de base a Lévi‑Strauss para especular sobre su posible homología con la naturaleza, lo cual permitiría "reintegrar a la cultura en la naturaleza, y, finalmente, a la vida en el conjunto de sus condiciones físicoquímicas"10. Esta misma idea se halla anticipada ya en 1956 a expensas, entonces, de una reflexión metodológica sobre la regla de economía en la explicación de Jakobson: "La afirmación de que la explicación más económica es también la que ‑de todas las consideradas‑ se aproxima más a la verdad, reposa, en último análisis, sobre la identidad postulada, de las leyes del mundo y las del pensamiento" 11.
2. Bases teóricas de la aplicación del modelo lingüístico al dominio de la antropología.
La transposición del modelo lingüístico en el dominio de la antropología, llevada a cabo sistemáticamente por Lévi‑Strauss, tiene un antecedente en la sociología, representado por Davy y Mauss, en la noción de intercambio: el intercambio apunta no sólo a desplazar mercancía, sino a poner en relación a los hombres, es decir, a establecer entre ellos relaciones de comunicación. Esta noción tiene su equivalente en lingüística estructural, en la idea de que es posible describir la organización inherente a las lenguas naturales, como sistemas de comunicación, independientemente de aquellos de que hablan las lenguas. Con tanto mayor razón puede entonces afirmar Mauss, como lo recuerda Lévi‑Strauss12, que "la sociología estaría ciertamente mucho más avanzada si ella hubiera procedido en todo a imitación de los lingüistas".
Por su parte, Lévi‑Strauss considera que la fonología, en particular, está destinada a representar, en relación a las ciencias sociales, el mismo papel renovador que, en el contexto de las ciencias exactas, ha desempeñado la física nuclear 13. A su criterio, la revolución fonológica en lingüística, llevada a cabo inicialmente por Troubetzkoy, puede ilustrar, a través de los pasos esenciales del método fonológico propuesto por éste, la transformación que, por primera vez, conduzca a una ciencia social al nivel de poder establecer relaciones necesarias entre los hechos de su campo de estudio. Siguiendo de tal modo a Troubetzkoy, cita los pasos fundamentales del método fonológico propuesto por éste 14: "... en primer lugar, la fonología pasa del estadio de los fenómenos lingüísticos conscientes al de su infraestructura inconsciente‑ ella se resiste a tratar los términos comoentidades independientes, tomando por el contrario como base de su análisis las relaciones entre los términos; introduce la noción de sistema: la fonología actual no se limita a declarar que los fonemas son siempre miembros de un sistema, ella muestra sistemas fonológicos concretos y pone en evidencia su estructura: en fin, ella apunta al descubrimiento de leyes generales, ya sea halladas por inducción, ‘sea ... deducidas lógicamente, lo que les da un carácter absoluto’ ”.15
La importancia de un acontecimiento tal en las ciencias del hombre impone, señala Lévi‑Strauss, "verificar inmediatamente sus consecuencias, y su aplicación posible a hechos de otro orden"16. Es lo que él mismo realiza, por de pronto, en el dominio de los sistemas del parentesco. La aplicación a este dominio se basa en principio en ciertas analogías altamente significativas: "En el estudio de los problemas de parentesco (y sin duda también en el estudio de otros problemas), el sociólogo se ve en una situación semejante a la del lingüista fonólogo: como los fonemas, los términos de parentesco son elementos de significación; como éstos, aquéllos no adquieren tal significación; sino a condición de integrarse en sistemas; los sistemas de parentesco, como los 'sistemas fonológicos', son elaborados por el espíritu en el estadio del pensamiento inconsciente; finalmente, la recurrencia en regiones alejadas del mundo y en sociedades profundamente diferentes, de formas de parentesco, reglas de alianza, actitudes paralelamente prescritas entre ciertos tipos de parientes, etc., dan a creer que, en un caso como en el otro, los fenómenos observables resultan del juego de leyes generales, pero ocultas. El problema puede formularse de la manera siguiente: en otro orden de realidad, losfenómenos de parentesco son fenómenos del mismo tipo que los fenómenos lingüísticos".17
La correspondencia entre los sistemas de parentesco y los sistemas fonológicos, permite poner en juego los principios generales del modelo lingüístico que antes indicamos. En ambos casos: 1º) ‑ se trata de descubrir estructuras (sistemas) establecidos en un estadio inconsciente; 2º) ‑ sólo se consideran relevantes para el sistema los elementos diferenciales y opositivos (padre ‑ hijo), (marido ‑ mujer), (hermano ‑ hermana), etc., con lo cual el sistema consiste en el contexto de relaciones; 3º) ‑ si bien tales sistemas se hallan arraigados en la diacronía (puesto que se hallan en juego una serie de generaciones) es necesario reconstruirlos en un estado dado del sistema, otorgando así prioridad a la sincronía; 4º) ‑ finalmente, el sistema del parentesco instituye un orden en las relaciones, entre los sexos, allí donde la naturaleza no instituye ninguno18. De tal modo se entiende el carácter social de la prohibición del incesto, y no simplemente biológico, pues relaciones del mismo grado de consanguinidad son rechazadas unas y prescriptas otras19. Todo lo cual nos remite al postulado de la autonomía de la organización lingüística, transpuesto aquí al plano de la organización del parentesco como instauración de un orden que no resulta simplemente de las leyes naturales (biológicas).
Hasta el momento hemos considerado los aspectos analógicos que toma en cuenta Lévi‑Strauss para la aplicación del modelo lingüístico al dominio de la antropología. Pero tales aspectos sólo adquieren el valor que autoriza, a criterio de Lévi‑Strauss, su transposición, si es posible admitir que el parentesco constituye por sí mismo un sistema de comunicación y, en tal sentido, resulta comparable a la lengua. Esta es la hipótesis que asume Lévi‑Strauss y lo conduce a notables constataciones en la investigación de las estructuras elementales del parentesco: "El sistema de parentesco es un lenguaje; no es un lenguaje universal, y otros medios de expresión y de acción pueden ser preferidos a él. Desde el punto de vista del sociólogo, esto equivale a decir que en presencia de una cultura determinada, se plantea siempre una cuestión preliminar: ¿es el sistema sistemático? Tal cuestión, en primera instancia absurda, no lo sería en verdad sino en relación a la lengua, pues la lengua es el sistema de significación por excelencia; ella no puede no significar, y el todo de su existencia está en la significación. Por el contrario, la cuestión debe ser examinada con un rigor creciente, a medida que nos alejamos de la lengua para abordar otros sistemas, que pretenden también a la significación, pero cuyo valor de significación resta parcial, fragmentario o subjetivo: organización social, arte, etc." 20.
Sobre la base de esta postulación previa, es posible establecer una hipótesis de trabajo para investigar los intercambios matrimoniales "establecer que el conjunto de las reglas de alianza observables en las sociedades humanas no deben ser clasificadas ‑como se lo hace generalmente‑ en categorías heterogéneas y diversamente intituladas: prohibición del incesto, tipos de matrimonios preferenciales, etc. Ellas representan diversas maneras de asegurar la circulación de las mujeres en el seno del grupo social, es decir, de reemplazar un sistema de relaciones consanguíneas, de origen biológico, por un sistema sociológico de alianza. Esta hipótesis de trabajo una vez formulada, sólo nos queda emprender el estudio matemático de todos los tipos de intercambio concebibles entre n participantes (partenaires) para deducir las reglas de matrimonio puestas en obra en las sociedades existentes. Al mismo tiempo, descubriríamos otras, correspondientes a sociedades posibles. Finalmente comprenderíamos su función, su modo de operación, y la relación entre formas diferentes" 21.
Esta hipótesis constituye la base en que se sustenta la investigación sobre el parentesco. Pero la condición esencial que ha permitido llevarla a cabo consiste en "considerar las reglas de matrimonio y los sistemas de parentesco como una suerte de lenguaje, es decir, un conjunto de operaciones destinadas a asegurar, entre los individuos y los grupos, un cierto tipo de comunicación. Que el 'mensaje' esté aquí constituido por las mujeres del grupo que circulan entre los clanes, linajes o familias (y no, como en el lenguaje, por las palabras del grupo circulantes entre los individuos) no altera en nada la identidad del fenómeno considerado en los dos casos"22.
En este mismo texto, se hallan puestas las bases de planteos posteriores (El pensamiento salvaje), pues se postula la idea general de que los diversos aspectos de la vida social, incluyendo el arte y la religión, consisten en definitiva en fenómenos cuya naturaleza converge con la del lenguaje. Esto abriría la posibilidad de elaborar un código universal que expresaría las propiedades comunes a las estructuras específicas, correspondientes a cada aspecto 23.
Finalmente, la "revolución copernicana" a la que alude Lévi-Strauss que abre el camino a desarrollos recientes en el campo sociológico, consiste en "interpretar la sociedad en función de una teoría de la comunicación. Hoy esta tentativa es posible en tres niveles: pues las reglas de parentesco y del matrimonio sirven para asegurar la comunicación de las mujeres entre los grupos, como las reglas económicas sirven para asegurar la comunicación de los bienes y los servicios, y las reglas lingüísticas, la comunicación de los mensajes” 24. Todo el programa desarrollado por las Mitológicas se halla ya en germen en los textos citados.
3. El universo del sentido en el enfoque estructural. Sentido, sujeto y mundo en la problemática actual de la lingüística.
El examen de los postulados metodológicos del modelo lingüístico y de las bases teóricas de su aplicación en el dominio de las ciencias sociales, nos permiten evaluar el cambio de perspectiva operado en relación al problema del sentido. Si confrontamos las posiciones de Saussure yLévi‑Strauss con respecto al lenguaje como sistema de comunicación, advertimos lo siguiente:
1) Saussure: al considerar la lengua como institución social, en cuanto sistema de comunicación (código), presupuesto siempre por los actos del discurso individual (palabra), determina el universo del sentido como objetivo, supraindividual e inconsciente.
2) Lévi‑Strauss: generaliza este encuadre a todo el ámbito de la conducta social, considerando el universo social como un complejo universo de comunicación (sistema) que, a su vez, es objetivo, supraindividual e inconsciente.
El común denominador teórico de las dos posiciones consideradas consiste, en primer lugar, en la delimitación del universo del sentido como objetivo, supraindividual e inconsciente. Supraindividual, en cuanto al código, como sistema de reglas que constituyen la lengua, es una institución social; objetivo, porque en cuanto sistema que articula significante y significado, constituye un campo autónomo de significación; inconsciente, en cuanto el código que sustenta los actos de palabra, se halla ya en ejercicio antes de que el sujeto parlante tome conciencia de él. Esta concepción del sentido implica que, ya se trate del acto de discurso individual del sujeto parlante, o de la conducta social en general, sea posible considerarlos como mensajes que es preciso descifrar a partir de los códigos (como institución objetiva) presupuestos por ellos. De tal modo, la significación de los mensajes se determina en función del código.
En los dos casos considerados, el universo del lenguaje en tanto sistema de comunicación, constituye una estructura que se basta a sí misma, una organización autónoma susceptible de ser considerada independientemente de toda realidad extralingüística. Su organización propia no es un calco de la realidad exterior, ni una réplica del pensamiento del sujeto. Por ello puede establecer Hjelmslev como postulado metodológico: "Es científicamente legítimo describir el lenguaje como siendo esencialmente una entidad autónoma de dependencias internas, en una palabra, una estructura" 25. En tal sentido, la lengua como sistema ‑contexto de relaciones de oposición y diferenciación que define a sus elementos‑ se halla presupuesta en el acto del sujeto parlante, estableciéndose entre ellos la relación estructura / acontecimiento. El sujeto parlante se halla así en dependencia con respecto a la lengua como estructura. Como, a su vez, la lengua constituye un mecanismo inconsciente de relaciones, se ubica en una "localización" descentrada con respecto al sujeto. El universo del sentido queda de tal modo radicado en un nivel distinto al de la conciencia. Filialmente, en cuanto ese universo del sentido constituye una institución social, como sistema de comunicación supraindividual, se impone como una instancia objetiva que sobredetermina los actos propios del habla individual.
Este enfoque presupone en su conjunto una inversión de perspectivas con respecto al modo de concebir el sentido: en lugar de considerar el universo del sentido y, consiguientemente el lenguaje, centrado en el sujeto como su lugar originario, es el sujeto el que a través del ejercicio de la palabra se ubica en relación al universo del sentido.
Hablar es someterse a las reglas de juego fijadas por el código, y es en función de ellas que se hace posible efectuar las variaciones significativas que designa a su autor individual según la posición que asume en el juego, así como un ajedrecista se identifica como "ajedrecista" por la táctica que imprime a sus jugadas 26. De tal manera, no sólo es el sujeto el que gira en torno al mundo del sentido, en lugar de ser su centro, sino que paralelamente la conciencia que el sujeto tiene de la significación tematiza tan sólo un aspecto limitado de ella (significado "para el sujeto"), y se halla sobredeterminada, por los efectos de sentido de un código inconsciente (lengua) para el sujeto parlante. Esta problemática resulta convergente, en este punto, con la perspectiva freudiana, en la medida en que ésta pone al descubierto mecanismos de simbolización inconscientes que comprometen dimensiones básicas de la articulación lingüística: semejanza y contigüidad, como lo ha puesto de manifiesto Jakobson desde el punto de vista de la lingüística 27, y Lacan 28, en el encuadre psicoanalítico (si bien con ciertas discrepancias, que no hacen al fondo de la cuestión que ahora nos ocupa). Tales mecanismos ponen a su servicio todos los recursos de la retórica 29.
Si consideramos ahora el dominio total de la cultura, aplicando el criterio estructural, ésta se presenta como la institución de un orden que somete los datos naturales a un sistema de significación, cuya función es la comunicación. "La cultura es también un sistema que distingue lo que tiene sentido y lo que no lo tiene" 30. "Todo lo que pertenece al dominio de la cultura revela en el fondo valores, sistemas de valores, articulación entre los valores" 31.
Sobre la base de este encuadre estructural con respecto a la organización propia del mundo del sentido, se abre la posibilidad de replantear todo un campo de problemas relativos al papel que desempeña el sujeto y la situación en el funcionamiento integral del lenguaje. Se trata de la cuestión relativa a las relaciones entre sentido, sujeto y mundo en las investigaciones más recientes de la lingüística estructural.
El punto de referencia central se halla en los problemas relativos a las complejas relaciones que ligan lengua y palabra, estructura y función; ¿qué relación media entre la producción de la frase y su articulación en la estructura de la lengua? La elaboración de esta temática conduce a Chomsky a enfrentarse con la versión mecanicista y empirista de la estructura, dominante en Estados Unidos, y encierra implicaciones esenciales para la filosofía del lenguaje.
Una interrogación fundamental orienta su planteo: ¿cómo se produce la lengua? Pues cada sujeto parlante fabrica en cierto modo su lengua, sobre la base de modelos ya dados. Pero lo decisivo consiste en comprender de qué modo la fabrica, y Chomsky lo intenta examinando el modo de adquisición del lenguaje. Ahora bien, no se trata, para Chomsky, de recurrir simplemente a los conceptos de comportamiento y aprendizaje, sino que reclama como necesario "un concepto de aquello que es aprendido ‑una noción de competencia‑ que está fuera de los límites conceptuales de la teoría psicológica comportamentista" 32.
El análisis de la competencia lingüística, se orienta en una idea fundamental de Humboldt: "Parece claro que debemos considerar la competencia lingüística, el conocimiento de una lengua ‑como un sistema abstracto que subtiende la ejecución (performance), sistema constituido por leyes que concurren a determinar la forma y el sentido intrínseco de un número potencialmente infinito de frases. Tal sistema ‑una gramática generativa‑ da una explicación de la idea humboldtiana de ‘forma de lengua’; que Humboldt, en una nota oscura pero sugestiva de su gran obra póstuma Über die Verschiedenheit des menschlichen Sprachbaues, define como ese sistema invariable y constante de procesos que subtienden el acto mental que eleva las señales articuladas estructuralmente organizadas a una expresión del pensamiento. Tal gramática define una lengua en el sentido humboldtiano, es decir “un sistema recursivamente generado, donde las leyes de generación son fijas e invariables, pero donde el dominio de su aplicación y la forma precisa en que se las aplica no están de ningún modo especificados” 33. Hemos transcrito íntegramente el pasaje pues en él se halla expresada con la mayor exactitud la problemática teórica que desarrolla Chomsky. A través de él se advierte el sentido preciso en que busca investigar las operaciones del sujeto del habla en su aptitud parlante, en cuanto capacidad que le posibilita reproducir, variándolos infinitamente, ciertos modelos.
El problema del lenguaje queda así focalizado en el sistema de transformaciones que permiten pasar de una estructura sintáctica a otra, de un determinado tipo de enunciado a otro. Con ello se trata de analizar el sistema que regula las transformaciones, como base para comprender la producción de la lengua. Es el aspecto dinámico y productor de la lengua, como sistema de transformaciones, el que le sirve de punto de referencia para comprender el aspecto de la competencia individual, en cuanto gramática interiorizada del sujeto parlante u oyente, y a la vez el aspecto de la lengua como institución 34. En síntesis, se equilibran los dos aspectos complementarios de lengua y palabra, a través del sistema dinámico que los vincula. Tomando como punto de partida el sistema de producción de la lengua, se abre el camino para comprender el papel del sujeto y su mundo en la dinámica histórica de la producción de la lengua. Mediante el análisis de las producciones lingüísticas se hace posible comprender, a la vez, la organización mental que supone en el sujeto parlante y su situación en el mundo, mediada por el universo de la lengua, como producción de sentido. Se establece el nexo con la realidad extralingüística (pensamiento y mundo) a través de la mediación de la lengua como producción.
En la perspectiva que caracterizamos como intento de ubicar al sujeto y su situación, a partir del universo del lenguaje, tiene particular importancia el trabajo de Benveniste, que intenta especificar el nivel propio de la frase en el contexto del discurso del sujeto parlante. Lo hace apoyándose en la distinción de niveles del análisis lingüístico 35. El nivel fonemático y el merismático (que corresponde al nivel de los rasgos distintivos de los fonemas) constituyen los niveles inferiores del análisis. Pero, se interroga Benveniste, ¿cuál es el criterio que nos ha permitido distinguir los elementos que corresponden a los respectivos niveles? Su respuesta destaca la importancia de la noción de sentido: "El sentido es en efecto la condición fundamental que debe cumplir toda unidad de cualquier nivel para obtener status lingüístico. Decimos bien de todo nivel: el fonema no tiene valor sino como discriminador de signos lingüísticos, y el rasgo distintivo, a su vez, como discriminador de fonemas. La lengua no podría funcionar de otra manera" 36. Y agrega: "En lugar de soslayar el 'sentido' e imaginar procedimientos complicados ‑e ¡noperantes‑ para dejarlo fuera de juego reteniendo solamente los rasgos formales, más vale reconocer francamente que él es una condición indispensable del análisis lingüístico" 37. El criterio de niveles de análisis, permite reconocer la especificidad de un nivel que corresponde a la frase. Esta se distingue de las restantes unidades lingüísticas en cuanto, si bien contiene signos, no es en sí misma un signo, contrastando en tal sentido con los conjuntos de signos pertenecientes a los niveles inferiores al de la frase 38, de donde resulta posible distinguir dos dominios de la lengua: "La frase, creación indefinida, variedad sin límite, es la vida misma del lenguaje en acción. De ahí concluimos que con la frase salimos del dominio de la lengua como sistema de signos, y entramos en otro universo, el de la lengua como instrumento de comunicación, cuya expresión es el discurso"39.
La frase constituye así una unidad, la unidad del discurso, en cuanto segmento del discurso, pero no como unidad distintiva en relación a otras unidades del misino nivel. Es pues una "unidad completa" que tiene, a la vez, "sentido y referencia: sentido porque está informada de significación, y referencia porque se refiere a una situación dada. Los que comunican tienen justamente esto en común, una cierta referencia de situación, a falta de la cual la comunicación como tal no se opera, siendo el sentido inteligible, pero quedando la ‘referencia’ desconocida" 40.
Tales consideraciones sirven de base a Benveniste para distinguir dos acepciones de la noción de sentido. Una, que caracteriza de la manera siguiente: "En la lengua organizada en signos, el sentido de una unidad es el hecho de que ella tiene un sentido, que es significante. Lo que equivale a identificarla por su capacidad de llenar una ‘función proporcional’" 41. Pero la otra acepción se descubre cuando interrogamos cuál es el sentido, con lo cual entramos en el dominio de la referencia del lenguaje al mundo de objetos. "Cada enunciado, y cada término del enunciado, tiene así un referente, cuyo conocimiento está implicado por el uso nativo de la lengua. Ahora bien, decir cuál es el referente, describirlo, caracterizarlo específicamente, es una tarea distinta, con frecuencia difícil, que no tiene nada en común con el manejo correcto de la lengua" 42.
En otro contexto, Benveniste caracteriza las dos distintas dimensiones del sentido como semiótica y semántica respectivamente 43. Por una parte, afirma, sólo se reconoce como perteneciente a la lengua lo que tiene sentido, sin que importe cuál sea, correspondiendo este nivel a la dimensión semiótica, que delimita el campo de lo que tiene sentido. Pero, por otra, cuando pasamos a la dimensión semántica, el sentido resulta del "encadenamiento, de la apropiación en la circunstancia y de la adaptación de los diferentes signos entre sí. Es abiertamente imprevisible, mientras que la semiótica, es el sentido cerrado sobre sí y contenido de alguna manera en sí mismo" 44.
Hemos visto anteriormente que el análisis lingüístico estructural adoptó como táctica necesaria para descubrir el sistema de la lengua, considerar el lenguaje independientemente de la realidad extralingüística. Esta fue la condición para descubrir la compleja articulación del universo de la comunicación. Pero el resultado de los análisis realizados dentro de ese marco, hace posible ahora plantearse a nueva luz el problema de la referencia del lenguaje al mundo. En tal sentido se encamina el análisis de Benveniste, y en ello reside uno de sus aportes esenciales. Pero es preciso comprender que no significa recaer en consideraciones añadidas a partir de la realidad extralingüística, sino que apoyándose en la articulación inmanente al lenguaje como sistema de comunicación, se trata de descubrir el valor que adquieren por su integración dentro del orden instituido por el lenguaje, los factores, extralingüísticos.
Este análisis del funcionamiento total del lenguaje es el que ha realizado Jakobson, proponiendo un esquema de las funciones fundamentales que se hallan interrelacionadas en él. Tales funciones tratan de poner en evidencia el sistema de reglas que determinan el funcionamiento del lenguaje, que involucra el orden de la palabra y la referencia a la situación.
De todo lo expuesto podemos concluir que sobre la base del examen del sistema de la lengua se hace posible pasar al análisis de sistema en la producción de la frase, y en este nivel es posible restablecer en todo su alcance el papel del sujeto y la referencia al contexto (mundo). Vemos pues que no hay hechos aislables en ningún nivel del lenguaje. El descubrimiento del sistema o estructura, no significa establecer un automatismo del discurso, sino su naturaleza siempre articulada, el orden propio instaurado por él.
La misma producción del discurso no constituye una arbitrariedad, su carácter creador no es identificable con una irrupción que se mantendría segregada, sino que por el contrario, la naturaleza misma del lenguaje hace que todo acontecimiento sea en él articulado y genere en un constante proceso un contexto creciente de relaciones. Por ello, reconocer el carácter singular de la organización del discurso, no puede entenderse simplemente en el sentido de que el discurso constituya una irrupción absoluta, carente de organización, sistema. La creatividad del discurso reside, por el contrario, en el complejo contexto de relaciones en que se articula. Si el discurso reobra sobre el sistema de la lengua, ello no es porque se halle fuera de toda articulación, sino precisamente por su carácter organizado. Como lo ha señalado Barthes, el discurso mismo en cuanto conjunto de frases está organizado y es precisamente en cuanto organizado que aparece como "mensaje de otra lengua". Por ello es posible reconocer en el discurso sus unidades y las reglas a que se ajusta como su gramática 45. 0 sea que, si bien hay que admitir la naturaleza específica de la organización del discurso, que lleva a hablar hasta de un código propio, es preciso evitar que una decepción prematura, alimentada por cierta precipitación en la exigencia de resultados que dependen de una investigación en marcha, conduzca a frenarla frente a zonas postuladas de "misterio", por ejemplo, la palabra 46.
4. Estructuralismo y filosofía del lenguaje.
El cambio de enfoque operado por la lingüística estructural y sus aplicaciones en el dominio de las ciencias sociales consiste, esquemáticamente caracterizado, en partir del universo del sentido, como sistema de signos, para entender el modo de inserción y de juego que en él cumple el sujeto parlante como productor de lenguaje, y el mundo, como su contexto, en cuanto son los dos polos que constituyen, de diverso modo, los referentes reales del lenguaje. Esta perspectiva es exactamente inversa a la que intenta desarrollar una teoría de los signos tomando como punto de partida los actos significantes del sujeto parlante. El sistema constituye ahora el campo de juego dentro del cual toman parte y se identifican a sí mismos los sujetos en recíproca relación entre sí y con el mundo, asignando dentro de él un valor tanto a los sujetos como a sus contextos o situaciones del lenguaje. Se trata entonces de investigar el sistema de tales relaciones que podríamos llamar de valor de comunicación, que mediatiza las relaciones intersubjetivas y su referencia al mundo. Por su misma coherencia interna, este encuadre se extiende a todo el proceso de la sociedad y la cultura.
Queda así delimitada una problemática que compromete a la filosofía del lenguaje en su totalidad y que, al abrir nuevas perspectivas de reflexión sobre los procedimientos y resultados del análisis semiológico, permite reinterpretar a nueva luz los planteos más importantes en que aquélla se ha sustentado. Por tal razón se impone revisar el contexto de problemas desarrollados en torno a ese dominio a través de la tradición filosófica, tal como lo hace Chomsky, en particular por lo que respecta a la escuela cartesiana y a las notables reflexiones y anticipaciones de Humboldt 47. Otro tanto cabe realizar en relación a la fenomenología del lenguaje, para ubicar el nivel en el que se despliegan los análisis de Husserl y Merleau‑Ponty, sobre todo si se tiene en cuenta que este último integró al planteo fenomenológico la distinción de Saussure entre lengua y palabra, a través de la oposición entre "palabra hablante " y "palabra hablada" 48.
Un problema esencial a considerar en Husserl es el papel que desempeña la reducción fenomenológica en la delimitación y tematización del universo del sentido, que hace posible desarrollar un examen inmanente del lenguaje, en cuanto los análisis se mantienen dentro del circuito del sentido como correlato de los actos intencionales49. Este problema adquiere singular importancia si consideramos, especialmente, la teoría "glosemática" de Hjelmslev, donde la concepción combinatoria de la lengua hace posible poner entre paréntesis la realidad extralingüística. A su vez, la idea de una combinatoria semántica, tal como queda bosquejada por Greimas en su Sémantique structurale, requiere un examen de sus vinculaciones con el concepto de "presuposición lingüística" de Strawson, como lo ha destacado Ducrot 50. La consideración del lenguaje como un juego sujeto a ciertas reglas, implicada en esa concepción, impone además revisar la idea de "juegos de lenguaje" (Sprachspiele) propuesta por Wittgenstein 51.
En cuanto a la distinción, puntualizada por Benveniste, entre dos acepciones del término sentido, ella involucra todo el contexto de problemas planteados por Husserl y Frege, el primero a través de la relación entre mera intención y adecuación (Erfullung), el segundo, en los conceptos de sentido (Sinn) y referencia (Bedeutung), característicos, para él, de la doble dimensión del lenguaje 52.
Todas estas reflexiones repercuten en la interpretación de la filosofía de Heidegger, particularmente en lo que respecta a sus dilucidaciones sobre el lenguaje 53. Es preciso señalar también que la preeminencia acordada a la comunicación sobre la representación, en cuanto meta de la función lingüística, en el estructuralismo, y su orientación más reciente hacia el problema de la producción de la lengua, en el caso de Chomsky, se hallan en conexión con una tesis de Marx sobre el lenguaje como "conciencia práctica", que reclama un examen detenido. En ella se destacan tanto el carácter de "productos" que invisten la conciencia y el lenguaje, como la dependencia de éste con respecto al intercambio: "... ellenguaje nace, como la conciencia, de la necesidad, de los apremios del intercambio con los demás hombres"54. La vinculación con la problemática marxista es múltiple, ya que también en relación al problema de las ideologías, las investigaciones semiológicas han abierto, especialmente a través de los trabajos de Barthes 55, la posibilidad de descubrir los aspectos ideológicos comprometidos a nivel de las formas, es decir, el contenido ideológico de las formas, examinando la dimensión connotativa de la articulación lingüística.
El amplio alcance de la temática comprometida en el estructuralismo ha llevado a una reinterpretación del pensamiento de Marx, Nietzche y Freud, despejando dominios de problemas que conciernen a la reflexión filosófica que interroga por el orden propio de la ciencia y la delimitación de campos epistemológicos. Foucault propuso la idea de un análisis de las técnicas de interpretación en Marx, Nietzsche y Freud. A manera de introducción a "esta idea acerca de una historia de las técnicas de interpretación", señala que "el lenguaje, en todo caso en las culturas indoeuropeas, hizo nacer siempre dos clases de sospechas: Ante todo la sospecha de que el lenguaje no dice exactamente lo que dice. El sentido que se atrapa y que es inmediatamente manifiesto no es, quizás, en realidad, sino un sentido menor, que protege, encierra y, a pesar de todo, transmite otro sentido, siendo este sentido a la vez el sentido más fuerte y el sentido 'de debajo'. Esto era lo que los griegos llamaban la allegoria y la hipnoia. Por otra parte el lenguaje hace nacer esta otra sospecha: que el lenguaje desborda, de alguna manera, su forma propiamente verbal, y que hay muchas otras cosas en el mundo que hablan y que no son lenguaje" 56. Este encuadre general del problema que da origen a la necesidad de recurrir a la interpretación, constituye el hilo conductor en función del cual se hace posible considerar que cada cultura, "cada forma cultural dentro de la civilización occidental, ha tenido su sistema de interpretación, sus técnicas, sus métodos, sus formas de rastrear el lenguaje que quiere decir otra cosa que lo que él dice" 57. Finalmente, sobre tal marco de referencia, plantea la cuestión siguiente: "¿Marx, Freud y Nietzsche no han modificado profundamente el espacio de repartición en el cual los signos pueden ser signos?" 58.
Por su parte Althusser busca constituir una epistemología del marxismo, que supone dos tareas fundamentales: establecer la diferencia que separa la dialéctica de Marx de la de Hegel, y realizar un intento de articular dialécticamente la dialéctica 59. Todo ello implica un trabajo de reinterpretación del pensamiento de Marx, a través del cual se haga posible precisar la problemática que le es propia60.
En cuanto a Lacan, aplicando el enfoque semiológico al psicoanálisis freudiano, considera que los conceptos de éste delimitan un campo que es menester reinterpretar en términos esencialmente lingüísticos 61. La noción de inconsciente en Freud implica, desde este punto de vista, la ruptura con la relación sujeto‑objeto. Ello conduce a Lacan a despejar la posición propia del inconsciente freudiano a diferencia del concepto pre‑freudiano 62. Resulta así una interpretación de Freud a través de la cual se busca definir y delimitar lo específico de su problemática. Cabe destacar que a lo largo de los planteos a que nos referimos se ponen en evidencia las conexiones internas que vinculan el pensamiento de Marx, Nietzsche y Freud63.
Sólo hemos querido indicar algunos problemas y líneas de reflexión que quedan abiertos por el modelo de análisis estructural. La complejidad de problemas que ella involucra, puede advertirse a través de una interrogación que planteamos, de intento, en términos suficientemente generales como para que se haga más apreciable el campo de investigaciones abierto: ¿Cuál es la organización resultante de la experiencia del mundo, que se manifiesta en los sistemas semiológicos como producciones de sentido estructuradas, y correlativamente, cuál es la organización del pensamiento que se halla objetivada en ellas, como producto de un constante proceso de construcción teórica?
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Notas:
1. FERDINAND DE SAUSSURE, Curso de lingüística general (Buenos Aires, Losada, 1969), p. 57.
2. Op. Cit., p. 129.
3. Op. cit., p. 192.
4. Op. cit., p. 203.
5. Op. cit., p. 206.
6. Op. cit., p. 193.
7. Op. cit., p. 157 ss.
8. CLAUDE LEVI-STRAUSS, Anthropologie structurale (París, Plen, 1958), p. 102.
9. PAUL RICOEUR, Le conflit des interpretations. Essais d’herméneutique (París, Editions du Seuil, 1969), p. 37.
10. CLAUDE LEVI-STRAUSS, El pensamiento salvaje (México, Fondo de cultura Económica, 1964), p. 358
11.Anthropologie structurale, p. 102.
12. Op. cit., p. 37.
13. Op. cit., p. 39.
14. Op. cit., p. 40.
15. Ibid.
16. Ibid.
17. Op.cit., p. 40
18. C. LEVI‑STRAUSS, Las estructuras elementales del parentesco (Buenos Aires, Paidós, 1969), p. 68.
19. Op. cit., p. 47.
20. Anthropologie structurale, p. 58
21. Op. cit., p. 68.
22. Op. cit., p. 69.
23. Op. cit., p. 71.
24. Op. cit., p. 95.
25. L. HJELMSLEV, Essais linguistiques (Copenhague, 1959), p. 21
26. Cf. EMILE BENVENISTE, Problèmes du linguistique générale (París, Gallimard, 1966), cap. XVIII, Structure des relations de personne dans verbe, pp. 225 y ss.
27. ROMAN JAKOBSON, Essais de linguistique générale (París, Les Editions de Minuit, 1963) p. 65.
28. JACQUES LACAN, Ecrits (París, Editions du Seuil, 1966). Cf. el índice de Jacques‑Alain Miller, III, A, 2, Metáfora y metonimia.
29. BENVENISTE, op. cit., cap, VII, Remarques sur la fonction du langage dans la découverte freudienne, p. 86.
30. PIERRE DAIX, PIAGET, ALTHUSSER, FOUCAULT, BARTHES, BENVENISTE, LACAN, WAHL, Claves del estructuralismo (Buenos Aires, Calden, 1969), Estructuralismo y lingüística, p. 112.
31. Ibid.
32. NOAM CHOMSKY, Le langage et la pensée (París, Payot, 1968), p. 108
33. Op. cit., pp. 106‑107.
34. JEAN PIAGET, Le structuralisme (París, P.U.F., 1968), p. 72
35. BENVENISTE, Op. cit., p. 119
36. Op. cit., p. 122.
37. Ibid.
38. Op. cit., p. 129.
39. Ibid.
40. Ibid.
41. Ibid.
42. Op.cit., p.130.
43. Claves, p. 111.
44. Ibíd.
45. Cf. ROLAND BARTHES, Elementos de semiología (Buenos Aires, Edit. Tiempo Contemporáneo, Comunicaciones, 1970). A. J. GREIMAS, Sémantique structurale(París, Larousse, 1966).
46. Es ésta la desviación que encuentro en ciertos planteos de Ricoeur, cf. op. cit., La structure, le mot, l’événement, p. 97.
47. Cf. N. CHOMSKY, Lingüística cartesiana (Madrid, Gredos, 1969).
48. M. MERLEAU-PONTY, Phénoménologie de la perception. (París, Gallimard, 1949), p. 229. Cf. El lenguaje indirecto y las voces del silencio, p. 61.
49. Jacques Derrida en su introducción a la versión francesa del trabajo de Husserl sobre el origen de la geometría (inicialmente publicado por W. Biemel como anexo III del volumen de Husserliana VI: Die Krisis der europäischen Wissenschaften un die Transzendentale Phänomenologie (La Haya, Nijhoff, 1954), pp.
365‑386), interpreta lo trascendental como "Diferencia", en el sentido que este concepto adquiere en la semiología estructural. Cf. L'Origine de la Géométrie (Paris, P.U.F., 1962), Introduction, p. 171. También en relación al problema de la "tradicionalidad" de las objetividades ideales, considera el papel de la "escritura" (op. cit., p. 88). Allí se refiere a la necesidad de considerar los rasgos específicos de la escritura a diferencia de la lengua hablada. Derrida considera un preconcepto de la lingüística el privilegio acordado a la palabra en detrimento de la escritura. Esta problemática puede consultarse en las obras del mismo autor, De la grammatologie (París, Minuit, 1967), y L’ecriture et la difference (París, Seuil, 1967). Cf. también RICIOEUR, Le conflit…, p. 254.
50. Cf. OSWALD DUCROT, Le structuralisme en linguistique, en la obra colectiva Qu'est‑ce que le structuralisme? (París, Seuil, 1968), p. 85.
51. Cf. L.WITTGENSTEIN, Investigations philosophiques (París, Gallimard, 1961), especialmente los parágrafos 64‑77. Véase también MAX BLACK, A companion to Wittgenstein's Tractatus (London, Cambridge University Press, 1964),enparticular pp. 222, 225; y JUSTUS HARTNACK, Wittgenstein und die Moderne Philosophie (Stuttgart, Kohlhammer, 1962), lV, 2, pp. 56 ss
52. Cf. GOTTLOB FREGE, Sinn und Bedeutung, en Funktion, Begriff, Bedeutung. Fünf logische Studien (Göttingen, Vanderhoeck & Ruprecht), pp. 38 ss. P. Ricoeur se ha ocupado de este problema en Le structure, le mot, l’événement, en Le conflit des interpretations, véase, p. 87. En esa misma obra realiza un examen de la concepción fenomenológica del lenguaje en Husserl y Merleau-Ponty, confrontándola con el encuadre estructural y sus resultados.
53. Ciertas implicaciones, en cuanto a la ontología fundamental de Heidegger, han sido analizadas por Ricoeur en relación con su propia concepción de la hermenéutica. Cf. Le conflict..., esp. pp. 14 ss., 23 ss., y Heidegger et la question du sujet, op. cit., p. 222.
54. MARX ENGELS, Ideología alemana (Montevideo, Pueblos Unidos, 1968), p. 31. Cf. también la Introducción general a la crítica de la economía política (Buenos Aires, Cuadernos de Pasado y Presente), I, p. 29.
55. ROLAND BARTHES, El grado cero de la escritura (Buenos Aires, Alvarez, 1967). También los aspectos metodológicos en Système de la mode (Paris, Seuil, 1967).
56. MICHEL FOUCAULT, Nietzsche, Freud, Marx, en revista Eco nº 113/115, p. 634.
57. Para este enfoque más general véase del mismo autor, Les rnots et les choses (Paris, Gallimard, 1969) y L'archéologie du savoir (Paris, Gallimard, 1969).
58. FOUCAULT, Nietzsche..., p. 638.
59. L. ALTHUSSER, Pour Marx (Paris, Maspero, 1965); Lire le Capital (Paris, Maspero, 1967). Véase el intento de M. GODELIER, Sistema, estructura y contradicción en "El Capital", en Problemas del Estructuralismo (México, Siglo Veintiuno Editores, 1967), pp. 50 ss. Cf. la crítica de este trabajo realizada por LUCIEN SÉVE, Método estructural y método dialéctico, en la obra colectiva, Dialéctica y estructuralismo (Buenos Aires, Orbelus), pp. 91 ss.
60. Lire le Capital, II, pp. 164 ss. Sobre los problemas epistemológicos véase la presentación de los trabajos de GEORGES CANGUILHEM, realizada por Althusser, Epistemología e historia de las ciencias, y por P. MACHEREY, La filosofía de las ciencias de Georges Canguilhem. Ambos trabajos han sido recopilados en Eco, nº 106, pp. 395 ss. y 400 respectivamente. D. G. CANGUILHEM, cf. La connaissance et la vie (Paris, Vrin 1967). Véase también NOËL MOULOUD, Langage et structures, Essais de Logique et séméiologie (Paris, Payot, 1969), esp. sec. 7 y 8.
61. Cf. J. LACAN, Fonction et champ de la parole et du langage en psychanalyse, En Ecrits (Paris, Seuil, 1966), pp. 237 ss.
62. Cf. Position de l’inconscient, en Ecrits, esp. p. 830.
63. Por su parte RICOEUR, en su libro De l’interprétation. Essais sur Freud, (Paris, Seuil, 1965), sitúa la problemática freudiana en relación con Hegel, Marx y Nietzsche (véase, especialmente, Livre I. Problematique: Situation de Freud, pp. 13 ss., y Livre III. Dialectique: Une interprétation philosophique de Freud, pp. 337 ss.). Ricoeur lleva a cabo un notable análisis epistemológico que apunta a desentrañar la consistencia propia del discurso freudiano, mostrando tanto los aspectos convergentes como los límites que, a su criterio, presenta la fenomenología en relación con aquél. Para hacerlo, toma en cuenta tanto la orientación seguida porMerleau‑Ponty en la última faz de su pensamiento (cf. su prefacio a la obra de A. HESNARD, L'Oeuvre de Freud et son importance pour le monde moderne (París, 1960), al que se remite RICOEUR, op. cit., p. 405, nota 99, como los aportes de la lingüística estructural y la escuela de Lacan, proponiendo una interpretación del psicoanálisis como "ciencia exegética" (op. cit., p.351) y del discurso psicoanálítico como reglado por lo que denomina "semántica del deseo" (op. cit., p.355). Todo ello sirve de punto de partida para considerar la "crítica concreta" que la semiología y el psicoanálisis realizan de una filosofía abstracta del cogito(cf. Le conflit..., pp. 238‑239). Este tema, ampliamente desarrollado en Le conflit…, (pp.238-239) lo conduce a proponer como "hipótesis de trabajo" lo que llama "reflexión concreta", "es decir, el cogito mediatizado por todo el universo de signos" (op. cit., p. 260). Lamentablemente no podemos analizar aquí más a fondo las cuestiones que este enfoque plantea.
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Texto extraido de "Cuadernos de filosofía", Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Buenos Aires, Argentina.
Corrección del texto: Cecilia Falco.
Selección y destacados: S.R.
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