Mística y masoquismo
Gilles Deleuze - Madeleine Chapsal (*)
‑¿De dónde procede su interés por Sacher Masoch?
G.D.- Considero a Masoch un gran novelista. Me asombraba la injusticia de que se leyese tanto a Sade y tan poco a Masoch, a quien se ha convertido en un pequeño Sade a la inversa.
‑Y a quien se ha traducido muy poco...
G.D.‑ No crea. Se tradujo mucho a finales del siglo XIX, cuando era muy conocido por razones más folclóricas y políticas que sexuales. Su obra está ligada a los movimientos políticos y nacionales de Europa central, al paneslavismo. Masoch es tan inseparable de las revoluciones del 48en el Imperio austríaco, como Sade de la Revolución Francesa. Las minorías sexuales que él imagina remiten, de forma muy compleja, a las minorías nacionales del Imperio austríaco, igual que las minorías de libertinos remiten a las logias y a las sectas pre‑revolucionarias.
‑Le pregunto por Masoch, y, usted me responde con Sade...
G.D.‑ Necesariamente, ya que intento disociar su falsa unidad. Masoch tiene sus propios valores, ya en el orden mismo de la técnica literaria. Hay procesos específicamente masoquistas, independientes de toda inversión del sadismo. Curiosamente, la unidad sado‑masoquista se plantea como algo evidente, mientras que a mi modo de ver se trata de mecanismos estéticos y patológicos completamente diferentes. Incluso Freud no es, en este punto, original: dedica todo su genio a inventar los modos de transformación del uno en el otro, pero sin cuestionar la unidad en cuanto tal. De cualquier forma, las perversiones son el dominio menos estudiado de la psiquiatría: no se trata de un concepto terapéutico.
‑ ¿Cómo se explica que, en este orden de las perversiones, los patronos sean escritores, como Sade y, Masoch, y no psiquiatras?
G.D.‑ Probablemente hay tres actividades médicas muy distintas: la sintomatología o estudio de los signos, la etiología o investigación de las causas y la terapéutica o búsqueda y aplicación del tratamiento. Mientras la etiología y la terapéutica son partes integrantes de la medicina, la sintomatología remite a una especie de zona neutral, un punto límite premédico o submédico que pertenece al arte tanto como a la medicina: se trata de diseñar un «cuadro». La obra de arte comporta síntomas, tanto en el cuerpo como en el alma, aunque lo haga de un modo muy distinto. En este sentido, el artista o el escritor pueden ser grandes sintomatólogos, tanto como el mejor de los médicos: tal es el caso de Sade o Masoch.
‑¿Por qué solamente ellos?
G.D.‑ Desde luego que hay otros, aunque su obra no haya sido aún reconocida en su aspecto sintomatológico‑creador, como sucedió al principio con Masoch. Hay un prodigioso cuadro sintomatológico en la obra de Samuel Beckett, y no porque se trate únicamente de identificar una enfermedad, sino el mundo como síntoma y al artista como sintomatólogo.
‑Ahora que usted me lo sugiere, pienso también en la obra de Kafka o en la de Marguerite Duras...
G.D.‑ Sin duda.
‑Por otra parte, a Jacques Lacan le gusta mucho ‘Le Ravissement’ de Lol V. Stein, y le dijo a Marguerite Duras que encontraba ahí la descripción inquietantemente exacta de ciertos delirios hallados en la clínica... pero ¿no se da este caso en la obra de todos los escritores?
G.D.‑ No,en absoluto. Lo propio de Sade, Masoch y otros (por ejemplo, Robbe‑Grillet, Klossowski) es el haber convertido la fantasía en cuanto tal en objeto de una obra, mientras que habitualmente no es más que el origen de la misma. Hay, sin duda, una base común a la creación literaria y a laconstitución de síntomas: la fantasía(**). Masoch la llama «la figura», y, dice precisamente que «hay que pasar de la figura viva al problema [...]». Si para la mayoría de los escritores la fantasía es el origen de su obra, para estos escritores que nos ocupan la fantasía se convierte también en el desafío y la última palabra de la obra, como si toda ella reflexionase a partir de su origen.
‑¿Llegará a hablarse de «kafkismo» o de «beckettismo» como se habla de sadismo y de masoquismo?
G.D.‑ Así lo creo... Pero, como Sade y Masoch, tampoco esos autores perderán su «universalidad» estética.
‑¿Qué tipo de trabajo ha intentado hacer usted en su ‘Presentación de Sacher Masoch’? Quiero decir. ¿cuál es su objetivo: la crítica literaria, la psiquiatría?
G.D.‑ Loque a mí me gustaría estudiar (y este libro no sería más que un primer ejemplo) es una relación explicable entre literatura y clínica psiquiátrica. Para la clínica, es urgente renunciar a las grandes unidades de «transformación» y de «inversión»: la idea de sado-masoquismo es un prejuicio (hay un sadismo en el masoquista, pero se trata de un sadismo interno al masoquismo, no de verdadero sadismo; lo mismo sucede con el masoquismo del sádico). Este prejuicio, debido a una sintomatología apresurada, hace que enseguida se deje de investigar en qué consiste, y en su lugar se acepte la idea previa. Freud presintió todas estas dificultades, por ejemplo en el admirable texto Pegan a un niño(1) pero a pesar de ello no puso en cuestión el tema de la unidad sado‑masoquista.Puede suceder, pues, que cierto escritor vaya más lejos en la sintomatología, que la obra de arte le confiera medios nuevos, quizá también porque su preocupación en lo concerniente a las causas es menor.
‑Freud fue, sin embargo, muy respetuoso con el genio clínico de los escritores, ya que a menudo se refiere a obras literarias para confirmar sus teorías psicoanalíticas...
G.D.‑ Ciertamente, pero no lo hizo en los casos de Sade y Masoch. Con demasiada frecuencia, consideramos que el escritor es para la clínica solamente un caso, mientras que lo importante es lo que aporta a la clínica como tal, en cuanto creador. La diferencia entre literatura y clínica, lo que hace que una enfermedad no sea una obra de arte, es el tipo de trabajo que se realiza sobre la fantasía. En ambos casos, la fuente ‑la fantasía‑ es la misma, pero a partir de ella surgen dos trabajos muy distintos, sin medida común: el trabajo artístico y el trabajo patológico. A menudo, el escritor llega más lejos que el clínico e incluso que el enfermo. Masoch, por ejemplo, fue el primero y el único que dijo, y mostró, que lo esencial del masoquismo es el contrato, una relación contractual muy especial.
‑¿El único?
G.D.‑ Nunca he visto que este síntoma ‑la necesidad de establecer un contrato‑ haya sido contemplado como elemento del masoquismo. En este punto, Masoch ha superado a los clínicos, que después no han tenido en cuenta su descubrimiento. Podemos considerar el masoquismo desde tres puntos de vista: como una alianza entre el placer y el dolor, como un comportamiento de humillación y esclavitud, o como el hecho de que la esclavitud se instala en el interior de una relación contractual. Este tercer carácter es quizá el más profundo, y el que debería dar cuenta de los otros dos.
‑ Usted no es psicoanalista, sino filósofo, ¿no le produce cierta inquietud el aventurarse en el terreno del psicoanálisis?
G.D.‑ Sin duda, es algo muy delicado. No me permitiría hablar de psicoanálisis o de psiquiatría si no se tratase de un problema de sintomatología. Pues la sintomatología se sitúa casi en el exterior de la medicina, en un terreno neutral, un punto cero en el cual los artistas, los filósofos, los médicos y los enfermos pueden encontrarse.
‑¿Por qué ha escrito su libro a propósito de ‘La Venus de las pieles’?
G.D.‑ Hay tres novelas particularmente hermosas de Masoch: La madre de Dios, Pescadora de almas y La Venus de las pieles. Tenía que escoger, y he pensado que La venus es la más apropiada para introducirse en el pensamiento de Masoch: los temas son más puros y simples en ella. En las otras dos, las sectas místicas se combinan con los ejercicios propiamente masoquistas‑ pero sería muy deseable que se reeditasen también esas novelas (2).
‑Dice usted, sobre la obra de Masoch, algo que también había escrito a propósito de otro escritor, Marcel Proust, en un trabajo anterior (Proust y los signos): que el fondo de toda gran obra literaria es cómico, y que es una mala lectura la que se queda en la primera apariencia de tragedia. También sobre Kafka, escribe usted: «El seudo‑sentido de lo trágico nos atonta; a cuántos autores deformamos a fuerza de sustituir la agresiva potencia cómica del pensamiento que les anima por un pueril sentimiento trágico».
G.D.‑ El fondo del arte, en efecto, es una suerte de gozo, e incluso este gozo es el fin del arte. No puede haber obras trágicas porque el crear conlleva necesariamente una alegría: el arte es por fuerza una liberación que hace que todo explote, y antes que nada lo trágico. No, no hay creación triste, sino siempre una vis comica. Nietzsche decía: «El héroe trágico es alegre». También lo es el héroe masoquista, a su manera, inseparable de los procedimientos literarios de Masoch.
Notas:
(*) Declaraciones recogidas por Madeleine Chapsal. La Quinzaine littéraire, 1-15 de abril de 1967, p. 13, con motivo de la publicación de la Présentation de Sacher Masoch, acompañado de un texto de L. S. Masoch, La Venus de las pieles, Les Éditions de Minuit, París, 1967 (N. del E.), trad. cast.
Presentación de Sacher Masoch, Taurus, Madrid, 1973 (N. del T.).
(1) S. Freud, Obras completas, vol. III, Biblioteca Nueva. Madrid. 1973 (N. del T).
(2) La Mére de Dieu y Pêcheuses d’âmes fueron reeditadas en Francia por Champ Vallon en 1991 (N. del E.). La Venus de las pieles fuetraducida al castellano por C. Bernaldo de Quirós en 1907; esta traducción se reeditó en Alianza Editorial (Madrid, 1973), con estudio preliminar y prólogo de C. Castilla del Pino. En 1993, Andrés Sánchez Pascual realizó una nueva traducción (Tusquets, Barcelona), con prólogo de José Luis Sampedro (N. del T.).
(**) [Nota S.R.:] A este respecto no podemos menos que traer el siguiente texto de Freud: Manuscrito M [Anotaciones II] Sigmund Freud (25 de mayo de 1897), O.C., Editorial Amorrortu, Tomo I.
“Fantasías
Las fantasías se generan por una conjunción inconciente entre vivencias y cosas oídas, de acuerdo con ciertas tendencias. Estas tendencias son las de volver inasequible el recuerdo del que se generaron o pueden generarse síntomas.
…
Síntomas
La formación de fantasías acontece por combinación y desfiguración, análogamente a la descomposición de un cuerpo químico que se combina con otro. Y en efecto, la primera variedad de la desfiguración es la falsificación del recuerdo por fragmentación, en lo cual son descuidadas precisamente las relaciones de tiempo. (El corregir en el tiempo parece depender, precisamente, de la actividad del sistema-conciencia.) Así, un fragmento de la escena vista es reunido en la fantasía con otro de la escena oída, mientras que el fragmento liberado entra en otra conexión. Con ello, un nexo originario se vuelve inhallable. Mediante la formación de tales fantasías (en períodos de excitación), cesan los síntomas mnémicos. A cambio, están presentes poetizaciones inconcientes, que no sucumben a la defensa. Si ahora crece la intensidad de una de estas fantasías a punto tal que no pueda menos que conquistarse el acceso a la conciencia, la fantasía sucumbe a la represión y se genera un síntoma por esforzamiento hacia atrás {Rückdrängung} desde ella sobre los recuerdos constituyentes”.
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Texto extraido de "La isla desierta y otros textos", Gilles Deleuze, págs. 171/175, editorial Pre-textos, Barcelona, España, 2005.
Corrección del texto: Cecilia Falco.
Selección, nota y destacados: S.R.
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