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La cuestión del silencio

Daniéle Silvestre

 

Este título crea un equívoco ya que, en efecto, cuestión debe entenderse a la vez como interrogante y como problema.
Este equívoco indica que hablaremos de la demanda subyacente al silencio del analizante en la cura. Conviene agregar que no se trata de realizar un inventario sistemático y completo de los fenómenos que ese silencio puede recubrir, sino de demostrar mediante un ejemplo clínico la relación de ese silencio con la estructura de la transferencia. Es necesario pues tomar a ese silencio en singular, como fenómeno transferencial.

Freud ya había señalado en sus escritos técnicos el punto de unión entre el silencio y la transferencia: "Nos ocurre a menudo constatar el hecho siguiente: cada vez que las asociaciones se interrumpen, ese obstáculo puede ser suprimido asegurándole al paciente que está dominado actualmente por una idea que se relaciona con la persona del médico o con algo que concierne a este último. Una vez dada esta explicación, el obstáculo es superado o, al menos, la ausencia de asociaciones se transformó en una negativa a hablar" (Dinámica de la transferencia).

De este modo, dice Freud, cuando el analizante se calla, esto concierne a la persona del analista. Transformando la ausencia de asociaciones en negativa a hablar sólo se hace más puro el fenómeno transferencial y, particularmente, la puesta en juego del sujeto supuesto al saber.

En esta vertiente de resistencia, incluso de resistencia al sujeto supuesto al saber, la detención de las asociaciones, el silencio del analizante se presenta como el colmo de la desuposición del saber. Obstaculiza la continuación del análisis interceptando la vía de la metonimia significante. A veces esto ocurre en las primeras entrevistas; su consecuencia es impedir la instalación del sujeto supuesto al saber. Este silencio podría ser colocado bajo la rúbrica: antisignificante de la transferencia.

Pero el silencio que se manifiesta en la cura una vez iniciada ésta, cuando ya hubo suposición de saber, en cambio, me parece diferente. Es algo muy distinto al colmo de la desuposición de saber, aun cuando obstaculice el análisis en la medida en que también impide el encadenamiento de las asociaciones. Por el contrario, el silencio que debe ser cargado en la cuenta de la desuposición de saber, el silencio antisignificante de la transferencia podría enunciarse así: "No hay nada que decir".

En oposición a esto, el silencio del que aquí se trata sería más bien el colmo de la suposición de saber. Es un silencio que podría significar: "Hay algo que no debe decirse", por lo tanto algo de saber. Es un silencio que está conectado directamente con el sujeto supuesto al saber. También puede significar que existe lo imposible de decir, lo cual no desmiente la suposición de saber. Pocos trabajos en la literatura analítica se refieren a esta cuestión. Los que lo hacen tienden a traducir lo imposible de decir como imposible de decir con palabras, cómo lo que se dice de un modo diferente que con las palabras.

De aquí en más el analista se ve llevado a elucubrar sobre la mímica, a ocuparse del modo en que los analizantes entran o salen del consultorio, de la manera en que lo miran, de su posición en el diván, etc. En otros términos esto conduce a considerar que hay un lenguaje del cuerpo cuyos dichos supuestos hay que interpretar.

Tal es el caso de Masud Khan, por ejemplo, en un artículo al que titula "El silencio en tanto que comunicación"; considera que hay que vivir ese silencio con el paciente y que se trata de experimentar "cada matiz de su comportamiento corporal y de su clima interno". Deduce de ello que esto no concierne al analista, sino que se trata de la afectividad arcaica del paciente. Construyendo en base a esto toda la historia infantil de este paciente, recurre a Winnicott y a la depresión materna para deducir una relación primaria del paciente con su madre, la cual, finalmente, no fue suficientemente buena, etc.
Se ve pues que lo imposible de decir... en palabras se transforma en lo posible de interpretar para el analista, a partir de lo que éste detecta en el hic et nunc de la sesión. Para otros, este silencio que Freud remitía sin duda a la persona del analista, es amplificado del lado de la presencia del analista.

Para Sacha Nacht (uno de cuyos libros lleva este título: Presencia del analista), el silencio debe ser manejado en la sesión, no debe ser considerado únicamente como una resistencia, sino como la manifestación, el afecto del paciente que significa "la necesidad fundamental de unión" con el analista. Se deduce de ello que si el analista no soporta el silencio es porque teme a esa comunión. Nuevamente el silencio es considerado como una relación no verbal, un modo de comunicación, que dice algo del sentimiento, del afecto.

Evidentemente, para estos autores, la transferencia no está estructurada por el saber sino por el sentimiento, el afecto. Esto explica que la contratransferencia se haya tornado verdaderamente central en su concepción de la cura.

 

Un fenómeno transferencial

Veamos un ejemplo clínico. Se trata de una mujer joven, en análisis desde hace dos años. Para ella el silencio es, por más de una razón, un fenómeno central, masivo, no sólo en la cura sino, según lo que sé de ella, también en su vida, donde se presenta como una inhibición que traba su existencia y sus relaciones con los demás de manera general, impidiéndole especialmente pasar un examen oral. No obstante, en el momento en que vino a verme por primera vez no evocó el silencio como síntoma, apoyando su demanda de análisis en sus dificultades con los demás y señalando a veces una falta total de relación con ellos.

Habló pues de ese síntoma de modo especialmente parsimonioso durante la primera entrevista y, durante la segunda, permaneció largo rato silenciosa, luego de lo cual me preguntó lo siguiente: "¿qué quiere usted saber?"
Esta formulación es evidentemente muy llamativa por parte de alguien que se comprometió, de allí en más, en un análisis marcado por tiempos de silencio verdaderamente notables. ¿Qué quiere usted saber? Esta pregunta implica que hay saber: es una suposición de saber. Más precisamente supone en el analista el deseo de saber, y al saber en otra parte, de su lado sin duda, pero no únicamente. Digamos que la formulación de esta paciente supone el saber del Otro, lo que verifica la afirmación de Lacan en la Proposición del 9 de octubre de 1967: "El sujeto supuesto al saber es el pivote en el que se articula todo lo tocante con la transferencia".

El análisis comenzó para esta paciente con ese handicap inicial que es su silencio. Este silencio tiene dos formas: por un lado, connota el hecho de que ella sitúa el saber en el Otro, el analista, ella no tiene nada que decir entonces; por otro, connota el saber que oculta e incluso que sella; se trata entonces del saber como objeto, hay algo precioso, un secreto, el agalma, que no está dispuesta a soltar. Esto se apoya evidenteniente en los dichos de la paciente, la cual, pese a la importancia del silencio, habla de todos modos.
En la vertiente del "No tengo nada que decir, usted posee el saber", se sitúan efectivamente todas las preguntas que formula. Recordemos aquí lo que subrayó J.‑A. Miller en su curso en relación a la pregunta en el análisis, al decir que hay gente que en análisis propulsa "su ser de pregunta" hasta no hacer ninguna y, a veces, hasta el mutismo.

Su primera pregunta fue pues: "¿Qué quiere saber usted?" En la continuación de la cura ella se transformó en: "¿Qué sabe usted?". Para apoyar esta afirmación que sitúa el saber en el analista como Otro, la paciente tuvo un suefio: en una especie de mostrador de carnicero reposa un cuerpo, carne, que dice algo; una caja registra sus palabras. Ese mostrador de carnicero tiene cierta relación con su patronímico, ella es esa carne y el analista un aparato registrador, su grabador. Esta ecuación analista = grabador brinda además el estilo de sus preguntas: ocurre a menudo que se dirija a mí dando por sobreentendido todo un contexto, que supone que capté sin la menor explicación, como si fuese un grabador. En los hechos, es ella quien es adivinanza, enigma para mí. Puede evocar, de buenas a primeras, determinado personaje de un sueño que trajo semanas antes, o que ni siquiera trajo, preguntándome por ejemplo si se trata verdaderamente del padre. La dificultad reside evidentemente en que el silencio del analista, en estas condiciones, sólo sustenta la suposición de saber: da consistencia al Otro y significa que hay una reserva de respuestas. Cuando intento significarle que esto no es así, que no tengo todo el saber, de ningún modo se desalienta.

*

Veamos ahora un ejemplo en la vertiente del saber como objeto oculto, precioso.
Nuevamente se trata de una pregunta que hace durante una sesión, después de haber permanecido largo tiempo silenciosa: "¿Acaso me hablará normalmente algún día?" Puede imaginarse fácilmente el efecto de sorpresa provocado por una pregunta tal proveniente de ella, como de todas maneras ocurre que yo "resisto" ‑como dirían los psicoanalistas que predican el respeto del silencio, lo que cité al comienzo‑, ese día reaccioné un poco demasiado.
Retorna la semana siguiente diciendo que reflexionó y que se dijo lo siguiente: “Cuando le hago una pregunta es para que usted no sepa que yo sé”. En otros términos: para ocultar algo, para que el
analista crea que ella no sabe, es decir, para guardar un saber en reserva. Es esto lo que me parece que puede colocarse bajo la rúbrica del saber como objeto, con una connotación de secreto precioso.

Me parece entonces que se trata, en este silencio, de algo estrictamente correlacionado con la estructura de la transferencia, que la noción de resistencia a la asociación libre no alcanza a dar cuenta de ello. Hay que agregar que gracias a un sueño, este silencio adquirió una dimensión particular en la cura: la paciente está con su madre en una plataforma sobre el vacío y en cuanto dice algo o en cuanto se apresta a decir algo, su madre la empuja hacia el vacío. Constata que en la cura, en lo que respecta al analista, la situación es la inversa: el riesgo de ser arrojada es el de no hablar. Me informa, en función de este sueño, que antes de venir a verme había visto a otro analista con el que se había quedado en silencio y que debido a ello ‑ésta es al menos su deducción‑ no quiso tomarla en análisis.

La regla fundamental para ella es verdaderamente una exhortación que se opone a la interdicción del sueño. Hablar/no hablar: aquí también el silencio se orienta más bien en el sentido de la suposición de saber, de la suposición de que hay algo que decir pero que es peligroso. Me parece que es en función del valor que se le adjudica a este saber que el silencio tiene tal importancia en esta cura. Por eso pienso que tiene que ver con el saber como objeto.

Este silencio lleva una marca particular. No se trata de una manifestación generalizable a otras curas como, por ejemplo, el que da fe de la usura de las significaciones: porque una significación siempre remite a otra, el silencio puede subrayar su carácter vano, el tropiezo con el automatismo de la metonimia significante. En el caso al que me refiero, momentos de silencio de este tipo en la sesión también pueden producirse, pero existe sobre todo esa particularidad del silencio que se articula con la estructura misma de la transferencia.

En una de las conferencias realizadas por Lacan en las Universidades Norteamericanas (en Scilicet, Nº 6/7, pág. 45), dice que un análisis es "una partida entre alguien que habla, pero al que se le advirtió que su palabra tenía importancia. Ustedes saben que hay gente con la que hay que vérselas en el análisis, de la que es duro obtener esto. Existen algunos para quienes decir algunas palabras no es tan fácil. Se llama a eso autismo. Se dice fácil. Pero para nada es forzosamente eso. Es gente, simplemente, para la cual el peso de las palabras es muy serio y que no están dispuestas a tomarse fácilmente libertades con esas palabras" (1).

Bajo esta insignia situaría este caso: alguien para quien el peso de las palabras es algo serio. El peso de las palabras es, obviamente, el saber oculto que transportan, y este sentido es a justo título que puede situarse esta cuestión del silencio en el análisis en conexión con la cuestión del saber.


 Nota (S.R.):

(1) J. Lacan,Conferencias en EEUU; ver Tema: Lacan inédito, subtema Conferencias.

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Texto extraído de "Momentos cruciales de la experiencia psicoanalítica", págs. 71/71, editorial Manantial, Buenos Aires, Argentina, 1987.
Selección y destacados: S.R.

Con-versiones marzo 2010

        

 

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