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La relación con el ser, donde tiene lugar la acción del analista (*)

 

Colette Soler

 

 

 

Como saben, Lacan insistió mucho sobre el comentario literal de Freud. El mismo lo practicó. Nosotros hacemos algo más o menos parecido ‑ el comentario literal de Lacan.

Hay en los Escritos de Lacan un texto, que sin duda conocen –De un designio‑ enel que insiste en lo que llamaré la identidad de la literalidad y la verdadTodo texto, ya se proponga como sagrado o como profano, ve crecer su literalidad en prevalencia de lo que implica propiamente de enfrentamiento con la verdad.

 

Si esto lo recuerdo al comienzo de nuestro trabajo de hoy, es porque en La dirección de la cura Lacan propone esta fórmula Hay que tomar el deseo al pie de la letra. Esuna fórmula estupenda, y que quizás hayamos olvidado un poco. Ahora es una fórmula que se repite fácilmente, pero no hemos de olvidar que cuando Lacan la introdujo se trataba de algo completamente enigmático para los analistas.

Estamos pues en lo que llamamos una disciplina inflexible, la disciplina de la letra.

 

*

 

Hoy voy a hablar de la relación con el ser en la experiencia analítica. Para ello voy a tomar apoyo en el texto de La dirección de la cura, especialmente en el capítulo cuarto.

Voy a poner mi comentario entre dos frases. Una que se encuentra en el capítulo cuarto y que dice simplemente ‑ Es sin duda en la relación con el ser donde el analista debe tomar su nivel operativo. Lafrase no termina aquí. Lacan prosigue, hablando del análisis didáctico. Pero de momento sólo tomaré este fragmento.

 

La otra frase se halla en la otra extremidad del texto, donde se habla de la interpretación. Dice ‑ ¿A qué silencio debe obli­ garse ahora el analista, para sacar por encima de ese pantano el dedo levantado del San Juan de Leonardo para que la interpretación recobre el horizonte deshabitado del  ser donde debe desplegarse su virtud alusiva?

Me sitúo pues entre dos expresiones ‑ por un lado la relación con el ser, y porotro lado una expresión muy bella ‑el horizonte deshabitado del ser.

 

 

El ser

 

El tema del ser es un tema constante en la enseñanza de Lacan. Lo introduce ya desde el principio mismo de Función y campo de la palabra y del lenguaje. La idea de siempre de Lacan es que el análisis es una acción que va al corazón del ser. La referencia al corazón del ser la encontrarán en la página 567 (edición francesa).

 

Hay que decir que esta afirmación, la de que el análisis va al corazón del ser, es un resultado de lo que Lacan elaboró en el texto de La instancia de la letra en el inconsciente. Así que cuando lo toma en La dirección de la cura no es una idea nueva para él. Quizá sí lo fuese para los que le escuchaban. En La instancia de la letra decía ya que un psicoanálisis, cada psicoanálisis, debe revelar, desde Freud, el núcleo de nuestro ser. Lo que Freud propone alcanzar no es algo que pueda ser objeto de un conocimiento, sino aquello que concierne a mi ser. Alcanzar no es lo mismo que conocer.

 

En todas estas proposiciones ‑y hay muchas de este tipo en Lacan‑ el ser no es el sujeto, como ustedes saben. Ya hemos ha­blado, creo, muchas veces de esta distinción. En esta época de Lacan, el sujeto es únicamente lo que está supuesto en una de­manda. Precisamente por eso se plantea la cuestión de su ser.

El ser no es tampoco real ‑no es lo real‑ al menos no en tanto que algo fuera de lo simbólico. Luego volveré sobre ello, pero ahora quiero insistir en que el ser no es algo inmediato, en el sentido de Hegel. El ser es algo mediatizado en primera expresión por la letra. Pueden ustedes observar que La instancia de la letra termina con una evocación del lazo que hay entre metáfora y metonimia y el ser. En su último párrafo Lacan evoca lo que liga a la metáfora con la cuestión del ser, y a la metonimia con su falta. Así que los dos tropos con los que trabaja el inconsciente, metáfora y metonimia, tienen un lazo con el ser y con la carencia de ser, o falta de ser.

Se ve enseguida que cuando Lacan habla del ser en La dirección de la cura no se trata del ser‑ahí, sino que se trata de un ser mediatizado con la letra. Hay que precisar el lazo, pero no es el ser‑ahí, que se impone sin incidencias del significante. Este tema del ser ha hecho que algunos hayan podido pensar que Lacan hacía metafísica ‑han podido pensar que proponía una nueva ontología.

Hay que darse cuenta de que, ese ser, Lacan lo pone en correlación con el registro del significante ‑ más precisamente con la lógica del significante. Es decir, lo aborda lógicamente.

 

 

Polémica

 

El capítulo cuarto se titula Cómo actuar con el propio ser. Aquí, de lo que se trata, es del analista. Lacan pone al analista en el banquillo, como dice más adelante en el texto. El pretexto con el que lo hace es polémico. El texto, que supongo que ustedes conocen, lo introduce con una referencia a Sacha Nacht ‑ un analista que dice que el analista cura menos por lo que dice que por lo que es. Tienen pues ahí una referencia polémica con una afirmación que en ese momento era de actualidad.

Pero lo que le discute a Nacht no es su referencia al ser ‑ambos se refieren a él‑ sino su manera de entender el ser. Nacht, como precisa Lacan más adelante, piensa el ser como innato, como un dato de lo real. Esto es lo que Lacan discute, la confusión­ entre algo real inmediato y el ser. Hemos de ver por qué es necesario discutirlo, y hacer una objeción ‑si el analista opera con su ser, y si su ser es innato ¿para qué sirve el análisis? ¿Para qué sirve la función didáctica del análisis? Si basta con un don, no es necesario pasar por la experiencia.

 

Para Lacan el ser no es primario ‑es un resultado. Y es por eso que lo podemos alcanzar, y acaso cambiar. Lo dice en La instancia de la letra con el significante cambiamos las amarras del ser. Es también una bella expresión ‑las amarras del ser. Las amarras del ser se encuentran en el significante. Podríamos hacer un comentario ‑no lo voy a hacer ahora‑ entre el ser y la letra, lo que hemos metaforizado como amarras.

 

Una observación respecto de la referencia a Nacht. Para nosotros esta referencia como tal no nos importa, porque Natch no existe, en el psicoanálisis. Hay textos de él, pero no existe. Esa referencia tiene su valor del momento. Señala el carácter de época del texto, en cierta manera. Lo que voy a hacer es observar cómo trata Lacan a Nacht.

Yo diría que Lacan lo trata muy bien, a Nacht. Lo critica, y de una manera feroz ‑podríamos decir definitiva. Pero al mismo tiempo dice que se trata de un retorno de lo reprimido. Cuando alguien dice algo tan estupendo como lo que dice Natch es que hay algo que lo presiona. ¿Qué es lo que le presiona para hacerle decir tales cosas? Lo que le presiona es la estructura de la experiencia psicoanalítica. De modo que la posición de Lacan respecto de Nacht es la de criticarle, sin duda ‑pero al mismo tiempo extrae la parte de verdad que se encuentra en esa desviación.

Lacan, las desviaciones no las piensa como creaciones, como invenciones, sino como efectos de la estructura. Las desviaciones están orientadas por la estructura, es decir, no son aleatorias. La noción de estructura nos impone tomar nuestros puntos de referencia en la experiencia, pero también nos impone tener que localizar a los que criticamos. No únicamente nosotros mismos, sino también a los que criticamos.

 

La pregunta es entonces ‑ ¿qué debe ser el ser del analista para sostener esa acción que va al corazón del ser? Ya ven ustedes el redoblamiento, en esta pregunta, que se plantea en el capítulo cuarto.

 

 

El cuarto capítulo

 

Este ser, como decía antes, no lo consideramos como inna­to, sino como producido por el análisis didáctico. Creo que esta interrogación respecto al ser nos da el hilo conductor que nos permite entender la construcción del capítulo cuarto.

 

Este capítulo en cierta manera es un poquito extraño, parece un poquito heteróclito. Si en una primera lectura se fijan en sus diversas partes, lo encontrarán heteróclito. Personalmente pienso que el hilo que sirve de guía es en principio, sin duda, el ser del analista ‑ pero se trata más bien de la idea de qué debe producir el análisis didáctico. Precisamente hay una referencia al análisis didáctico en la primera frase que he citado (595).

 

Voy a hacer algunas consideraciones respecto de la construcción del capítulo. Primero habla de Ferenczi ‑segundo, de Ella Sharpe- tercero, de los ingleses que han definido el final del análisis por la identificación del sujeto con el analista.

 

¿Cuál es la problemática del encadenamiento? Los dos primeros, Ferenczi y Ella Sharpe, son autores que se refieren, según Lacan, a la falta del ser - a la carencia del ser del neurótico por una parte, y también del analista. Al menos ésta es la lectura que Lacan hace de Ferenczi.

 

No voy a comentar ahora su lectura de Ferenczi, pero sí que ustedes pueden observar algo. Hay una nota, de 1966, en la que Lacan rectificó su texto, y lo hizo en una dirección aún más crítica. En 1966 agregó el matiz de que Ferenczi es cómico. ¿Es preciso pagar este precio de comicidad, para que se vea simplemente reconocida la falta de ser del sujeto? Cuanto más pasa el tiempo, más severidad tiene Lacan para con Ferenczi. Creo que no es por casualidad -es porque con el tiempo Lacan va elaborando su teoría de la demanda. Con ella va teniendo un instrumento conceptual más fuerte para ver la falla de la teoría de Ferenczi. Era otro paréntesis.

 

Sigue luego un párrafo en el que se habla del final del análisis con identificación. Creo que hay un lazo. Definir el final del análisis como identificación me parece que no es simplemente una posición - es una manera de tratar el ser. Esta es una manera de cuidar de la falta del sujeto, de taparla. El hilo conductor sigue siendo el mismo. Están los que reconocen la falta de ser y la ratifican, por ambos lados. Hay otros que toman otra dirección, que es la de tapar esta falla en el ser. Esto está implícito en el párrafo. El analista, en ese final como identificación, ofrece su persona, o un rasgo de su persona, para rellenar la carencia de ser.

 

En los párrafos 4, 5 y 6, Lacan anuncia cuál va a ser el juego, de qué se tratará más adelante en el texto, pero sin desarrollarlo aún.

 

Tenemos dos ejes, referidos a lo que exige el analista. Primero, una posición que llama ética - es el párrafo 4, que termina con un anuncio sorprendente. Lacan evoca la necesidad de formular una ética que integre las conquistas freudianas sobre el deseo para poner en la cúspide la cuestión del deseo del analista.

Parece que es ahí donde Lacan introduce por primera vez la expresión de el deseo del analista. Es algo que queda en espera, porque ahí no la desarrolla. Podemos imaginarnos la sorpresa de los lectores que leyeron por primera vez - el deseo del analista. Para nosotros ahora ya es una expresión que, si no nos agarramos a ella, se desliza en nuestro oído.

 

El segundo eje se encuentra de manera implícita en el párrafo 5. No se trata ahí de una posición ética, sino más bien epistemológica. La palabra no se encuentra en el texto, pero vemos en el párrafo que Lacan introduce la distinción entre comprender y pensar. Esto lo precisará después, en la página siguiente, cuando dirá que lo que escucho es de entendimiento. Habrá que comentar esta expresión.

Vemos que hay dos afirmaciones en espera -la ética del analista- y la epistemología, es decir, la posición lógica del analista.

 

Están después los párrafos desde el 7 hasta el 11, el final del capítulo. Ahí Lacan plantea por primera vez de manera clara y explícita su doctrina de la demanda. Son párrafos fundamentales, que puedo resumir así: la demanda es lo que el analista tiene que escuchar. El capítulo termina con consideraciones respecto a lo que debe responder, o al menos cómo debe responder, desde qué posición. Son párrafos que presentan su idea de la escucha, es verdad. Pero no sólo trata de la escucha, sino que introduce ya también la idea de cómo responder.

 

El problema que podrían plantear ustedes, si por ejemplo le hiciesen preguntas u objeciones al mismo Lacan, es el de qué relación hay entre el ser del analista, y el problema de saber qué debe escuchar y qué debe responder.

Estamos en un capítulo en el que se trata de cómo actuar con el propio ser. Habla de la demanda para introducir la perspectiva de la respuesta. Una observación -¿por qué Lacan introduce aquí la demanda? Hay una razón fundamental, y es que aborda el problema del dispositivo analítico. Precisamente, no hace metafísica. Lacan se interroga o intenta responder a la pregunta sobre el ser, no con la metafísica, o a base de presupuestos filosóficos, sino con el dispositivo. Podríamos decir que el ser del analista es su ser de dispositivo. Al menos aquí. No se trata pues de su persona, ni del deseo inconsciente del analista. Se trata de qué debe ser en el dispositivo. Qué puede ser en el dispositivo.

 

Todo esto lo podemos ver muy bien al principio del párrafo 7, cuando dice -es muy sencillo- que el analista es el hombre a quien se habla. ¡Qué sencillez! El analista es el hombre a quien se habla, y a quien se habla libremente. Está ahí para eso. ¿Qué quiere decir con eso? Si hay un punto de partida o una afirmación no metafísico es éste. Hago observar también que esa fue siempre la posición de Lacan, la de abordar el psicoanálisis interrogando sus medios. Así es cómo formuló su hipótesis de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Interrogando aquel hecho formuló esta hipótesis. Y aquí hace lo mismo ‑ interrogando el ser del analista, intenta responder a la pregunta de cuál es su ser de dispositivo.

 

 

El ser, y el Otro

 

Vuelvo a la frase que cité ‑ Es sin duda en la relación con el ser donde el analista debe tomar su nivel operatorio, y las oportunidades que le ofrece para este fin el análisis didáctico no deben calcularse únicamente en función del problema que se supone ya resuelto para el analista que le guía en él (595).

 

Ven ustedes ahí la alusión al análisis didáctico, de la que hablaba hace un momento. Nos quedaremos un momento en esta expresión ‑ en la relación con el ser ‑ el análisis debe tomar su nivel operativo.

 

Hay una tensión entre los términos ser y operatorio. Eltérmino de ser es un término que atraviesa toda la filosofía. Evoca, connota en la lengua algo casi fijo, no transformable ‑ algo que no se transforma. Y, al contrario, la expresión nivel operatorio evoca por excelencia la acción de transformar, de cambiar algo. Podemos notar también que nivel operatorio evoca una transformación, pero no la eficacia. Hay que notar que Lacan no eligió la expresión el analista debe tener su nivel de eficacia ‑ Esque nivel operatorio y nivel de eficacia noson la misma cosa.

 

Eficacia connota una idea de utilidad. Aquí, en la cura, eso connotaría una idea de terapéutica. Operar sobre el ser no es lo mismo que un efecto terapéutico. No digo que excluya un efecto terapéutico. No lo excluye, pero con este término se connota algo distinto de la terapéutica. Es una operación de otra naturaleza.

 

Por otra parte, la expresión relación con el ser es una expresión vaga. Esta expresión no dice que el analista debe operar sobre el ser. No dice que el ser sea el punto de ataque, de impacto, del análisis. Podemos preguntarnos qué significa esta expresión ‑relación con el ser. Para responder a esta pregunta, no hemos de olvidar que dos páginas antes, Lacan había escrito ‑ es en la relación con el Otro en la que el ser encuentra su estatuto. Así pues, el analista toma su nivel operatorio en su relación con el ser ‑ la relación con el ser toma su estatuto en la relación con el Otro.

 

En este texto Lacan adelanta algo más respecto a la relación con el Otro. Había definido ya el Otro como el lugar del significante. También lo había definido como el lugar de la verdad. Aquí va a hablar de demanda y de deseo.

 

Así pues, La dirección de la cura es un texto en el que para hablar del ser Lacan habla del Otro. Habla de la relación con el Otro y despliega su doctrina del Otro.

 

Más adelante, Lacan dirá una frase que supongo que ustedes conocen bien, porque la repetimos muchas veces ‑ la estructura se incorpora. Eso lo dirá más tarde en su enseñanza. Eso significa que la estructura opera sobre lo viviente. Ahí introducirá una palabra ‑ parlêtre ‑ hablaser.Aquí, en La dirección de la cura, no tenemos todavía estas expresiones, pero decir que la relación con el ser encuentra su estatuto en la relación con el Otro, de un cierto modo ya implica lo que va a venir después.

 

Un poco más adelante en el texto encontramos una fórmula, que dice que el deseo es una aporía encarnada.Es una expresión paradójica –aporía no se define sino en el registro de la lógica pura ‑ encarnada quiere decir que viene a encontrar un sitio en un cuerpo. En cierto modo tenemos ya la idea de la estructura encarnada –pero de otra manera, no desplegada totalmente.

 

 

Las desgracias del ser

 

Ahora voy a comentar tres expresiones:  pasión del ser – desgracias del ser – horizonte deshabitado del ser. Las dos primeras se refieren a la demanda, están ligadas a ella. En cambio, horizonte deshabitado del ser está del lado del deseo.

 

Voy a leer la frase completa donde se encuentra la expresión desgracias del ser: existen desgracias del ser que la prudencia de los colegios y esa falsa vergüenza que asegura las dominaciones, no se atreven a desligar de sí (595).

 

En esta frase hay dos cosas. Está la expresión desgracias del ser. Yel final de la frase se refiere a la selección de los analistas en la I.P.A. Los colegios evoca cómo se selecciona y cómo se garantiza en la institución a los analistas. En París hablamos bastante de la falsa vergüenza y de la prudencia, y de cómo en la institución a veces no se atreven a rechazar a alguien pensando que no puede ser analista. A veces, los que Lacan llama los colegios, por prudencia, o por falsa vergüenza, se lo piensan dos veces antes de decirle a alguien que ha hecho una formación analítica que no lo es.

 

¿Qué es una desgracia del ser? Bella expresión, es verdad ‑ malheur de l’être.

¿Qué es? ¿Qué idea tienen ustedes de las desgracias del ser? No dice las desgracias del sujeto ‑ éste es el problema. Si dijese "las desgracias del neurótico", sería una expresión banal, pasaría. Si hubiese dicho eso, todo el mundo lo hubiese entendido inmediatamente, cada cual hubiese comprendido lo que significaba. Pero, desgracias del ser...

Cuando conocemos la precisión del vocabulario de Lacan, nos podemos preguntar qué es. Yo me lo vengo preguntando desde hace mucho tiempo.

 

Voy a decirles cómo lo puedo comentar ahora. Hay una observación de Lacan, más adelante en el texto, donde da un ejemplo de desgracias del ser. Es precioso para poder entender la expresión. Dice: La demanda de ser una mierda es algo ante lo cual es preferible ponerse un poco al sesgo cuando el sujeto se descubre ahí. Yagrega ‑ desgracias del ser evocadas más arriba. Tenemos pues ahí un ejemplo de lo que entiende por desgracias del ser ‑ la demanda de ser una mierda.

Ya ven ustedes que no dice el deseo de ser una mierda, sino la demanda de ser una mierda. Esun ejemplo. La demanda de ser una mierda es un efecto de la demanda. Lo vamos a ver des­pués.

 

Se trata entonces de un caso en el cual el sujeto intenta identificarse con un objeto especial, el excremento. Hay que situar la manera de pensar este objeto en este texto. Lo podremos hacer si vamos a la página 594, donde Lacan habla de los obje­tos fantasmáticos. Está en el párrafo 3, donde trata de comentar el final del análisis como identificación con el analista. Es un párrafo muy importante del capítulo.

En este párrafo vemos dos cosas. Vemos en primer lugar una interpretación, en el sentido de una manera de leer de Lacan ‑su manera de entender lo que quieren decir los analistas cuando hablan de identificación con el analista. La segunda cosa es su concepción del objeto en La dirección de la cura.­ La primera de estas dos cosas no la voy a desarrollar. Pero hemos de ver que su manera de leer consiste en decir que lo que impulsa a los analistas a hablar de identificación es lo que llama la dialéctica de los objetos fantasmáticos. Pero esto los analistas no lo dicen ‑hablan de identificación con el yo, o con el super­yo del analista. Lacan traduce lo que les hace hablar así es lo que Melanie Klein descubrió como dialéctica de los objetos parciales. Se trata verdaderamente de una interpretación. Podríamos hablar de este punto, pero lo voy a dejar de lado, para ocuparme de lo que dice del objeto.

 

 

Un objeto significante

 

Estos objetos, parciales o no, pero sin duda alguna significantes, el seno, el excremento, el falo, el sujeto los gana o los pierde sin duda, es destruido por ellos o los preserva, pero sobre todo es esos objetos, según el lugar donde funcionan en su fantasma fundamental.

 

Vemos pues en primer lugar que se trata de una identificación con un objeto ‑y eso supone que el objeto sea significante.

 

En esta época Lacan no habla del objeto del lado de lo real.    Habla de un objeto significante, es decir que no funciona fuera del Otro. Es un objeto que funciona en la dialéctica con el Otro. No es tanto un objeto de goce, por ejemplo, un objeto real, sino un objeto que tiene su valor por la cadena significante.

 

Podemos precisar el sitio de estos objetos en la cadena significante ‑son los objetos de la demanda. Esto no lo dice en este párrafo, pero todo lo que sigue en el texto lo impone - se trata de los significantes seno, excremento, falo. Precisamente, aquí no pone la mirada, ni tampoco la voz. Toma dos objetos, el seno y el excremento, en correlación con la demanda‑ y el falo en correlación con la dialéctica con la falta del Otro. Ahí, enton­ces, sí puede hablar de identificación, pues precisamente no hay identificación sin significante. Cuando hable del objeto como real ya no hablará de identificación.­

 

Creo que la última vez que Lacan utiliza el término de iden­tificación con el objeto se encuentra en el Seminario XI, es de­cir en un texto donde habla. Después de haber hablado del ideal, dice que hay una identificación muy diferente, una identificación distinta, con el objeto. Creo que ésa es la última vez. Es normal, porque definir un objeto real implica que lo real, uno puede serlo, pero no identificarse con ello. Pero de lo que se trata en La Dirección de la cura es de una identificación. Hay que insistir en este punto -si hay identificación es por la mediación del significante. Hay una movilidad posible, una incidencia del trabajo significante sobre esta identificación.

 

No voy a insistir mucho sobre lo que Lacan dice más abajo - ese modo de identificación no hace sino mostrar la patología de la pendiente a la que se ve empujado el sujeto en un mundo donde sus necesidades son reducidas a valores de intercambio, pendiente que a su vez no encuentra su posibilidad radical sino por la mortificación que el significante impone a su vida numerándola.

 

Podríamos comentar la idea de que se trata de una patología. El ser objeto aquí Lacan no lo trata como le sort du sujet, como el destino completo del sujeto. Hay un destino -lo que el final de la frase evoca- el destino es que el significante mortifica la vida. Con el significante, un cuerpo, un ser viviente, se reduce más bien a un número, o a un rasgo significante. Esto es el destino, el destino del ser que habla. Pero lo que no es destino es la identificación con ese objeto. Esta identificación es precisamente lo que Lacan llama desgracias del ser.

 

Así pues, la identificación con un objeto parcial aquí no lo considera como lo que se revela al final de un análisis –algo que haya que ratificar, que tengamos que aceptar. Lo pone al contrario como algo que tenemos que curar, por decirlo de otra manera.

 

 

Demanda de ser

 

Las desgracias del ser es una manera de habérselas -¿con qué?- con la falta de ser. Es una manera de enfrentarse con la falta de ser. Y no es la buena, según el Lacan de esta época. Luego diré más cuál es su vínculo con la demanda. Pero antes voy a pasar a hablar de la pasión del ser.

 

Pasión del ser no es lo mismo que las desgracias del ser. La pasión del ser es en La dirección de la cura algo prácticamente equivalente a la demanda de ser. Es algo equivalente a aspiración, al ser que tiene un sujeto al cual le falta el ser.

Tenemos entonces una serie. En el punto de partida tenemos la falta de ser. Esto es un destino -quien habla, falta de ser. Falta de ser engendra pasión de ser -es decir, demanda de ser, aspiración a completar su ser incompleto. De modo que la pasión de ser es algo casi general - tan general que Lacan localiza una pasión de ser del lado del analista.

La pasión del ser del lado del analista es la ignorancia. Las desgracias del ser están más adelante en la serie. Son una manera de tratar de responder a la pasión del ser. Podemos observar que pasión del ser es un término rico. Connota la idea de pâtir, de sufrir, padecer, en el sentido de la pasión de Cristo, por ejemplo. También connota la idea de aspirar con fuerza a algo. Es el sentido que utilizamos cuando hablamos de tener una pasión por algo. Aquí están ambos sentidos presentes -el sujeto padece, padece por su ser cortado- y al mismo tiempo aspira al ser, lo busca.

 

La pasión del ser es lo que la demanda porta. La demanda, cada demanda, dice Lacan, se refiere a la pasión del ser – pasiones del ser, lo que evoca toda demanda más allá de la necesidad que se articula en ella. Hay entonces un lazo, casi una equivalencia, entre la demanda en singular y la pasión del ser.

Hay que recordar que en este texto Lacan desdobla la demanda. La desdobla entre las demandas, en plural - y la demanda, en singular, que es, dice, demanda de amor. La demanda en singular es la demanda que no demanda nada si no es algo equivalente al ser, algo que pueda completar. Este es el término que Lacan utiliza - la llamada a recibir un complemento (607). Es la demanda de recibir un complemento del 0tro, en correlación con la falta de ser. Es así que podemos escribir dos tipos de demanda.

 

Escribimos la demanda, en singular, intransitiva. ¿De qué demanda se trata? Jacques-Alain Miller la escribía así – D ( ) -demanda nada.

Vamos ahora a escribir las demandas. ¿Que cosa piden las demandas? Esto lo podemos escribir. Lo que piden, como en el ejemplo de la demanda de ser una mierda, son objetos significantes. Lo voy a escribir así – D (S(a)). El significante del objeto – S (a). Las demandas, lo que piden, es el objeto como significante. La demanda, la podemos escribir con un paréntesis sin nada dentro, para significar que lo que se pide no es ningún objeto. Pero también podríamos escribir: demanda de ser, o de complemento de ser – D (ser).

 

Estas dos demandas las podemos situar en el grafo. Creo que ya fue evocado aquí que el grafo de Lacan está implícito en todo el texto.

Lacan habla de un circuito. Habla de la función del fantasma en el síntoma. Pero habla también, comentando implícitamente su grafo, del circuito más amplio ‑ el que lleva a la demanda hasta los límites del ser (618).El circuito que lleva la demanda hasta los límites del ser es, en el grafo, esta flecha que va hacia arriba. Entonces podemos situar las desgracias del ser como una manera de plegar la demanda intransitiva sobre las demandas -una manera de poner en el paréntesis vacío un objeto sacado de los significantes de la demanda del Otro. Podemos situar en el grafo ‑ las desgracias del ser ‑ las pasiones del ser en el punto D ( ) ‑ y la falta en el nivel del deseo.

 

 

La respuesta a la demanda

 

Estas desgracias del ser, que reducen la demanda intransitiva, la tapan con un objeto significante. Pero ¿por qué son des­gracias? Porque representan una solución que no podemos aceptar en tanto analistas. Esta solución sitúa al sujeto totalmente en la sugestión del 0tro, totalmente alienado a la deman­da del Otro ‑ le hace méconnaître, le hace desconocer al menos un aspecto de la verdad –la falta de ser. Hay entonces dos razones ‑sugestión y alienación‑ y desconocimiento de una ver­dad de estructura.

 

Ahora -¿cómo vamos a situar la respuesta correcta del ana­lista en cuanto al ser? Hay tres términos en el texto ‑silencio, presencia, interpretación. Son los tres términos con los que voy a quedarme. Son los tres términos con los que Lacan sitúa la respuesta del analista.

Lacan dice que el analista, para contestar se debe situar relativamente a la posición de la transferencia ‑no debe responder ante ella sino desde la posición de la transferencia (599). Ella remite aquí a la demanda.

Lacan hace una diferencia con lo que viene más abajo ‑ los analistas, fascinados por la frustración, mantienen una posición de sugestión.

 

Vemos entonces en el grafo dos posiciones posibles del analista. Una, cuando se pone abajo, en el nivel de las demandas. Es por ejemplo cuando un análisis se rige por lo que le faltó al paciente en su infancia. Había algo de este estilo en Ferenczi ‑preguntarse qué cosa los padres no dieron‑ la obsesión por lo que tendría que haber sido dado y que no lo fue.

Lacan reduce todas estas especulaciones, y las pliega en: contestar la demanda. Eso lo identifica con la sugestión ‑en la línea de abajo. Observemos que la posición de sugestión no consiste únicamente en gratificar la demanda. Lacan dice que frustrar la demanda es igualmente una manera de referirse a una posición de sugestión. Tanto frustrar como gratificar se refieren a la sugestión. Ambos casos son una manera de dirigirse en función de los objetos de la demanda, y no en función del vacío de la demanda de amor.

 

Ahora ‑ ¿qué significa contestar desde la posición de la transferencia? Esto lo podemos situar en la línea de arriba. Pero ¿qué significa?

Lo que escucho es de entendimiento, dice Lacan. Y hace una gran oposición ‑entre comprender y entender. No voy a desarrollar este punto. Pero sí podemos ver rápidamente que com­prender, Lacan lo toma como la comprensión en el registro ima­ginario, es decir, con la idea de ser un par con el paciente, de estar en simpatía, en simetría con él, y comprender, orientarse con la similitud, dirigirse con esa brújula. Entender, en cambio, es otra cosa. Entendimiento es un término de la filosofía. En­tender significa fijarse en la sintaxis, en los efectos de sintaxis del discurso. Ahí nos encontramos sin duda en el registro del significante y de su lógica.

Lo que aquí agrega Lacan es la idea de aislar, de hacer salir la enunciación de un discurso. El término de enunciación de un discurso. El término de enunciación no está en La dirección de la cura. ¿Qué es, en este texto, la enun­ciación? Es la demanda. La enunciación, todo el discurso del paciente, todo el mundo rico y copioso de la asociación libre, con sus meandros se reduce a la demanda.­

 

Esta es una reducción estupenda. No es ‑escucho cómo suenan las sílabas al oído- los juegos de palabras, las ideas que se van asociando las unas con las otras. Todo ese mundo enorme es la demanda en singular, la demanda intransitiva. Esto es lo que el analista escucha. Hay que decir pues que los enunciados múltiples del analizante tienen por enunciación La De­manda, con mayúscula. Hay que observar que no se trata del deseo. Aquí está la demanda; el deseo está en otra parte. La demanda aquí es en su esencia la demanda de complemento la demanda de ser.

 

 

El silencio y la presencia

 

¿Qué cosa permite decir que toda la asociación libre se puede reducir a una enunciación de demanda?

Lo que prueba que el discurso del analizante es demanda es que cuando el analista se calla, el analizante está frustrado. Este es un rasgo clínico. Me callo ‑dice Lacan‑ y todo el mundo está de acuerdo en que frustro al hablante. Este hecho permite deducir ‑porque es una deducción, no un hecho clínico‑ que el discurso es equivalente a la demanda.

 

Ya ven ustedes la necesidad de la lógica para la posición del analista. Porque si el analista no hace esta deducción, o si no la acepta cuando Lacan la hace ‑porque Lacan la hace para nos­otros, así nos resulta más fácil‑ entonces el analista evidente­mente no puede situarse respecto a la demanda del paciente.

En este hecho vemos el lazo de la epistemología del analista con su posición en la cura, es decir, con su manera de contestar ‑ de entender, primero, y luego de contestar. Es verdad que podemos pensar que en la historia del análisis todos los analistas no entienden la misma cosa. Una de las diferencias quizás, entre todos los que Lacan podría reconocer como auténticos analistas, y los demás, está en que siempre, los primeros, de una manera u otra, escuchan la demanda.

 

Así pues ‑me callo– frustro al hablante –dice Lacan. Luego pasa a comentar la expresión.  Para caracterizar la demanda, dice - El analizante me pide...

Esta manera de decir produce un efecto de sintaxis. Hace bascular la expresión, porque cuando uno dice el paciente me pide algo, el acento de la frase se encuentra en algo, en el complemento de objeto precisamente, como decimos en la gramática francesa. Pero cuando uno hace desaparecer el algo, queda ‑me pide. Ya ven ustedes la ambigüedad.

 

Pide ‑nada. Hace aparecer un vacío del lado de lo que se pide. Pero me pide tiene una ambigüedad. Por una parte, me pide a mí, pero también pide ‑ mí. Me pide a mí en sentido directo e indirecto. Es verdad que podríamos utilizar esta ambigüedad aquí. Lacan no lo hace aquí, pero nosotros sí lo podríamos hacer.­

Así pues, el analista escucha la demanda. Y ¿qué contesta? Contesta con el silencio ‑se calla. Es el ser de silencio del ana­lista, podríamos decir ‑son être de silence. ¿Aqué equivale ese ser de silencio? A soportar la demanda, a portarla. Asostener a la vez que soportar la demanda‑ lo cual es diferente de con­testar.

 

¿Cómo podemos ahora situar el silencio en el grafo? Lo po  demos situar en la línea de arriba, en la línea de la transferencia.­ Es decir, es lo contrario de la sugestión.

 

En cuanto a la presencia, Lacan la evoca rápidamente, en un   paréntesis. Dice más o menos, que es verdad, que el analista da más, da algo. No da su amor, no contesta a la demanda de amor, sino con silencio. Pero se hace a sí mismo una objeción, y dice que da un poquito más – da su presencia.­

Es mucho, dar su presencia ‑hay que decirlo. Pero aquí  Lacan deja esta presencia un poco de lado, precisando que al principio del análisis la presencia del analista es únicamente lo que supone su escucha. La presencia en la cura va a tener su papel más adelante. Pero podemos decir que la presencia, en el gra­fo, debemos ponerla, en principio, en la línea de arriba.

Tenemos pues, el silencio y la presencia. Ahora la interpretación. Es el tercer término.

 

 

La interpretación

 

La interpretación concierne al deseo. No concierne entonces a la enunciación –es la demanda la que está referida a la enun­ciación. La dirección de la cura es un texto que implica que no se interpreta la enunciación de la demanda. Esta enunciación de la demanda, un analista, la soporta, no la interpreta. Lacan no va a decir siempre lo mismo a respecto. Más adelante, corregirá algo. Pero en La dirección de la cura no se interpreta la enuncia­ción de la demanda. Más bien se interpreta algo que tiene un lazo con esta demanda, algo que está vehiculizado por esta demanda, pero que no se confunde con ella, y que Lacan llama –el deseo.

 

Hay que subrayar esta frase, que es estupenda –la incompatibilidad del deseo con la palabra(621).

Así pues, debemos interpretar algo que es incompatible con la palabra. Si ustedes piensan que interpretar es un acto de palabra, verán que hay aquí algo muy fuerte, de mucho impacto.

 

¿Qué quiere decir incompatibilidad del deseo con la palabra? Creo que quiere decir que el deseo inconsciente no se puede subjetivar. El deseo no se puede poner en primera persona. No se puede decir: yo deseo. La fórmula el deseo se toma al pie de la letra hay que diferenciarla de se toma en la palabra. No es lo mismo decir que se toma en la enunciación, que decir que se toma en el desciframiento. Esto es evidentemente evocar una excentricidad completa del deseo relativamente al sujeto que puede asumir su je.

 

Evidentemente, debemos observar que en este texto Lacan hacía una distinción muy clínica y precisa entre lo que llama el deseo preconsciente, y lo que llama el deseo inconsciente. Lo hace cuando habla de la bella carnicera. Cuando habla de su deseo, todo el tema con el caviar, lo llama su deseo preconsciente. Se trata de algo que se puede observar, y que ella misma puede saber. En el límite se puede tomar un conocimiento de esto, de alguna manera. Lo distingue de su deseo inconsciente, que formula como –ser el falo. Poco importa aquí lo que éste sea, pero en todo caso es algo distinto.

 

Así que hemos de decir que la interpretación apunta al nivel -¿cómo vamos a decirlo? Lacan no dice que apunta al nivel de la falta de ser. Lacan introduce otra expresión que nos puede hacer pensar –el horizonte deshabitado del ser.

 

 

El horizonte deshabitado del ser

 

Esta es una expresión que personalmente me gusta mucho. Hay que decir que el horizonte es algo que se mira de lejos. El horizonte del ser –es una referencia al ser– pero que se hace con una distancia. No evoca una proximidad, sino una distancia. Así podríamos pensar evidentemente en intimidad y extimidad.

 

El horizonte lo formula como una noción de distancia, y no de proximidad. Evidentemente, cuando hablamos de una distancia, connotamos, lo queramos o no, la idea de -¿cómo voy a decir? –la esperanza- la idea de que uno puede acercarse a ese horizonte. Sabemos, en cambio, que cuando uno quiere acercarse al horizonte camina durante toda la vida, porque la Tierra es redonda. Evocar el horizonte, es evocar algo lejano, pero con la idea de un acercamiento posible. Así evocamos inmediatamente la idea de la esperanza, del proyecto, de la espera. Y de la espera de la transferencia.

La transferencia tiene esta estructura, la de una espera de algo que debe encontrarse lejos –pero que en cierta manera es posible acercarse a ello.

 

Lacan no dice aquí de una manera chata falta de ser. Falta de ser quiere decir que no hay nada. En cambio, deshabitadoquiere decir que habría podido ser habitado, pero que finalmente está deshabitado. Es pues un vacío, pero en el que se podría pensar que habría algo.

 

Ya ven ustedes que los dos términos, horizonte y deshabitado, tienen muchas resonancias en el discurso, en la lengua. Para no quedarnos en las resonancias, diré que creo que hay un matema del horizonte deshabitado del ser. Si no me engaño, el matema es el que se escribe arriba y a la izquierda del grafo – S (A/).

Este punto, como ven ustedes, es lo contrario de las desgracias del ser. Es decir, es un vacío en el que uno podría hacer que llegase algún objeto de demanda.

Entonces, vamos a decir, sobre esta interpretación que apunta al lugar del ser, pero a un lugar vacío, que se trata de felicidad.

Es un problema. En francés hay una oposición que va bien –malheurs de l’être – bonheur. Las dos palabras tienen una simetría y una oposición.

 

En todo caso, vemos que el párrafo 4, en el que Lacan habla de las desgracias del ser, empieza con consideraciones respecto de la felicidad. Evidentemente no podemos decir que el registro del deseo sea el registro de la felicidad. Lacan siempre los opone, especialmente en el texto Kant avec Sade. Allí dice –Si le bonheur est agrément sans ruptura du sujet avec son monde – Si la felicidad es la homeostasis, la tranquilidad del sujeto en su mundo, entonces la felicidad no puede ser alcanzada por un sujeto que no renuncia al deseo.

Aquí se opone esta felicidad confortable y el deseo. Pero al mismo tiempo podemos decir que el deseo es preferible. Al deseo se lo puede preferir ‑ éticamente.

Éticamente, porque es la verdad del hombre. El hablante es un ser en proie au desir‑ presa del deseo. Es algo que forma parte de su destino.

 

No vamos a decir entonces que hay un lazo entre deseo y felicidad ‑pero la posición de Lacan aquí es la de decir que el deseo es preferible ‑con un acento fuerte‑ éticamente. Por eso le impone al analista hacerse el mediador –el mediador, más que el mensajero, por su operación, entre el deseo y su lado de carencia.

 

 


Nota:

 

(*) Lección del 22 de junio de 1986 del Seminario del Campo freudiano en Barcelona, sobre La dirección de la cura. Las cifras entre paréntesis indican la página del texto en su traducción española, Escritos, Siglo XXI. Transcripción de Antoni Vicens.

 

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Corrección del texto: Cecilia Falco.

Selección y destacados: S.R.

Con-versiones diciembre 2009

 

        

 

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