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De la insensibilidad en el arte

 

Lucas Adur

 

 

Muchos puntos de partida.

 

Arturo Carrera se pregunta en uno de sus poemas  ¿Debo escribir o llorar simplemente? Escribir se opone a llorar, lo simple a lo complejo. Escribir no es llorar.

 

Woody Allen dice en algún lado que el humor es tragedia más tiempo. También el drama es tragedia más (menos) tiempo.

 

A las fuentes. Homero: Los dioses tejen las tragedias para que los hombres tengan que cantar. Invertir esta sentencia podría ser peligroso: los poetas necesitan de las tragedias para tener que cantar.

 

Wang Fo, fascinante personaje de Yourcenar en el primero de los Cuentos Orientales. Un pintor que daba vida a sus cuadros, que era capaz de perderse dentro de un mar pintado por él, pero que no extraña a su ayudante, asesinado por defenderlo, hasta que no tiene quien le deslea los colores correctamente. Su ayudante, fascinado por los cuadros de su maestro, no llora la muerte de su novia.

 

Galeano cuenta acerca de un fotógrafo que tenía frente a sí la foto de su vida (dos hermanos mellizos, uno sosteniendo al otro que estaba muerto) pero no pudo sacarla. Conocía a los chicos. Galeano narra está anécdota bajo el título de “La frontera del arte”. Sí, siempre y cuando entendamos eso como la frontera de entrada. No es un límite del arte lo que no pudo franquear este fotógrafo sino su puerta. El artista requiere cierta insensibilidad, distancia, mediación. Es escribir o llorar. No ambas cosas. Escribir como una forma de llorar: pero eso ya es literatura, es estetización del dolor: una forma (sutil y a veces sublime) de la indiferencia.

 

Escribir, crear, es una operación intelectual. Nunca es expresión de sentimiento. Todo lo que escribimos es ficción, aunque sea verdad. Elegimos las palabras. Por más que este narrando la muerte de mi padre, elijo si escribo “pálido” o “lívido”, “muerte” o “caída”, “memoria” o “recuerdo”. Elaboro una sintaxis, una retórica que no tiene nada que ver con el dolor, que muy por el contrario es una forma de olvidar el dolor. 

 

Pessoa: Entre yo y mi vida hay un vidrio tenue. Por más claramente que yo vea y comprenda mi vida no puedo tocarla. El arte como ese vidrio entre nosotros y la vida. Da una visión panorámica, más clara, más abarcadora, más bella. En un punto más segura. Pero también distante. Aunque la distancia sea mínima. Las cosas en el arte pasan del otro lado del vidrio.

 

Lo que estoy tratando de decir es que tal vez los artistas no sean los individuos más sensibles sino exactamente lo contrario. Muchas personas sufren, pero no todos escriben el Libro del Desasosiego o El Proceso. Es necesario un pasó más allá, una elaboración del sufrimiento, una alquimia que lo transforma en otra cosa que ya no es dolor.  Kafka, en sus diarios: El mundo tremendo que tengo en la cabeza. Pero, cómo liberarme y liberarlo sin que se desgarre y me desgarre. Ese cómo es el arte.

 

Arguedas: Escribo para no pegarme un tiro. Gran hallazgo: la escritura nos distancia de nuestra vida. Impide que nos volemos los sesos. El problema es a qué precio, ¿qué perdemos en esa alquimia? ¿al transformar el dolor en otra cosa, no nos transformamos también nosotros en otra cosa? ¿en un poco menos humanos? ¿no necesitamos acaso la literatura para no pegarnos el tiro? ¿alguna forma de distancia entre nosotros y el mundo para que el mundo no nos desgarre?

 

Disparos sobre Broadway. De nuevo Woody Allen, para terminar esto que no fue más que una suma de comienzos. Un film sobre artistas y criminales, donde el verdadero artista es el criminal. Es fácil decir el artista crea su propio mundo moral pero no todos pueden hacerse cargo de eso. Matar por la obra, morir por la obra. El burgués no puede desprenderse de su ética burguesa. En el fondo cuando engaña a su mujer sabe que la está engañando y que está actuando moralmente mal. Cuando el criminal, es decir el verdadero artista, mata, el pequeño burgués se indigna. Es sensible. Ella, hacia el final, le dice, Sería capaz de amar a un hombre que no fuera artista pero no a un artista que no fuera hombre. El arte deshumaniza. Los hombres verdaderamente sensibles son locos o santos o suicidas, no poetas.

 

 


 

 

Con-versiones octubre 2009

 

 

 

        

 

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