Seminario XXVII: "Disolución"
Jacques Lacan
Señor A - 18 de Marzo de 1980
Señor Althusser, filósofo, que salió de no sé donde para estrechar mi mano el sábado pasado, me hizo recordar un título de Tristán Tzara.
De la época dadá, es decir, giros en redondo que comienzan en "Literatura" revista a la que no he dado ni una línea.
Se me imputa de buen grado un surrealismo que está lejos de ser de mi gusto. Lo he probado contribuyendo sólo lateralmente, y bien tarde, para molestar a André Breton. Debo decir que Eluard me enternecía.
El señor Althusser, él, no me enternece, puesto que me hizo recordar el título: Señor A, el antifilósofo.
Eso, eso me ha molestado.
Cuando le pasé a Tzara, que vivía en la misma casa que yo, en el 5 de la calle Lille, La Instancia de la letra..., no le hizo ni frío ni calor. Yo creía sin embargo decir algo que se prestara a interesarlo.
Y bien. Nada. Ustedes ven como uno se equivoca.
Tzara sólo deliraba sobre Villon. Desconfiaba sin embargo de ese delirio.
Que delirara sobre mí, no me era necesario. Había ya demasiados que lo hacían. Y eso dura aún.
Como ustedes no estaban todos conmigo sábado y domingo, porque ustedes, no son todos. Gracias a Dios, de mi pobre escuela, no tienen idea de hasta donde va, el delirio sobre mí.
Lo que me da esperanzas, es que Tzara acabó por soltar a Francois Villon, lo mismo que yo, por otra parte.
*
Este señor Althusser, es antifilósofo. Es mi caso.
Me insurjo, si puede decirse, contra la filosofía. Lo que es seguro es que es cosa acabada. Incluso si espero que resurja un rechazo.
Esos resurgimientos sobrevienen a menudo con las cosas acabadas. Miren esta Escuela archi-acabada; hasta ahora había juristas que se volvieron analistas, y bien, ahora, uno se vuelve jurista por no haber podido ser analista.
Y más, jurista fallido.
*
¿Debo precisar? No sueño con disolver la Escuela Normal Superior, donde encontré en un tiempo el mejor recibimiento.
Mi rayo cayó justo al lado, Calle Claude-Bernard, donde había instalado la Escuela mía, en sus muebles.
La Causa freudiana, ella, no tiene más mueble que mi caja de cartas. Miseria que tiene muchas ventajas: Nadie pide hacer seminario en mi caja de cartas.
Debo innovar, dije —y agrego: no sólo.
Lo veo así: que cada uno ponga lo suyo.
Vamos. Reúnanse, encólense juntos el tiempo que haga falta para hacer algo, y luego disuélvanse para hacer otra cosa.
Se trata de que la Causa freudiana escape al efecto de grupo que les denuncio. De donde se deduce que ella no durará lo temporario, quiero decir —si se desligan antes de encolarse para no poder volverse atrás.
No hace falta gran cosa:
- Una caja de cartas, ver más arriba.
- Un correo, que haga saber lo que, en esta caja, se propone como trabajo.
- Un congreso, o mejor un foro, donde se intercambia.
- En fin, la publicación inevitable, al archivo.
También hace falta que con eso, yo instaure un torbellino que les sea propicio.
Es eso, o la cola asegurada.
*
Miren como lo doy por toquecitos. Les dejo vuestro tiempo para comprender.
¿Comprender qué? No me vanaglorio de dar sentido. Tampoco de lo contrario. Puesto que lo real es lo que se opone a eso.
He rendido homenaje a Marx como inventor del síntoma. Ese Marx es sin embargo el restaurador del orden, por el sólo hacho de haber reinsuflado en el proletariado la ditmension (dicha-mensión) del sentido. Fue suficiente para eso que el proletariado, lo diga tal cual.
La Iglesia tomó el ejemplo, es lo que les dije el 5 de Enero.
Sepan que el sentido religioso va a hacer un boom del que no tienen ni idea. Porque la religión, es la morada original del sentido. Es una evidencia que se impone. A los que son responsables en la jerarquía más que a los otros.
Ahí, intento ir contra, para que el psicoanálisis no sea una religión, como tiende a ello, irresistiblemente, desde que uno se imagina que la interpretación sólo opera del sentido. Enseño que su resorte está en otro lado, nominalmente, en el significante como tal.
A lo que se resisten, los que se aterrorizan con la disolución.
La jerarquía no se sostiene sino dirigiendo el sentido. Es por eso que no pongo ningún responsable ensillado en la Causa freudiana. Cuento con el torbellino. Y, debo decirlo, con los recursos de doctrina acumulados en mi enseñanza.
Vuelvo a las preguntas que a mi pedido me han planteado.
No veo porqué tendría objeciones a que se formen carteles de la Causa freudiana en Quebec. Preciso: La única condición es que se le notifique al correo de la dicha Causa.
El Más-uno, es sorteado; —me pregunta Pierre Soury, a quien responde que no, los cuatro que se asocian lo eligen.
Me escribe también esto que les leo:
"Para los mil de la Causa freudiana, se formarán carteles al comienzo por elección mutua y luego, por una redistribución general, se reformarán por sorteo en el seno del gran conjunto. Lo que implica que, entre los mil, no importa quien puede ser llevado a colaborar en pequeños grupos con no importa quién".
Le remarco que no es lo que yo he dicho, puesto que de esos mil, que son más, no invito por ahora a formarse en carteles sino a los no-miembros de la Escuela. Entonces, no hay "gran conjunto". Y no implico sorteo general sino sólo para componer las instancias provisorias que serán los puntos de apoyo del trabajo.
Dicho esto, felicito a Soury por formular la colaboración en la Causa de cualquiera con cualquiera. Es efectivamente eso lo que se trata de obtener, pero a término: que sea torbellino.
Otro se inquieta sobre lo que precisamente quiere ser un A.E. a la altura. Es un A.E. que me lo pregunta. Y bien, que relea mi propuesta de octubre de 1967. Verá que eso comporta al menos que se la abra.
Otro más me pide articular la relación de lo que llamé la cola con lo que Freud llama la fijación, a propósito de la represión. Es por otra parte una persona que no se contenta con enviar la pregunta, sino que adjunta textos. A decir verdad, no me los envió, los depositó en casa ayer.
Se trata de Christiane Rabant, que se sintió tocada, me dice, por lo que sucedió al articular la carta de amor.
¿Qué es lo que está fijado?, es el deseo, que por estar atrapado en el proceso de la represión, se conserva en una permanencia que equivale a la indestructibilidad.
He ahí un punto sobre el que se ha vuelto hasta el fin, sin desistir.
En lo que el deseo contrata totalmente con la dependencia del afecto.
Ahí la prevención es bastante indicativa, porque la más simple fenomenología pone bastante en evidencia la constancia de los fantasmas privilegiados.
Sin embargo, si bien muestra el camino, desde la noche de los tiempos, no nos abre la puerta,, hizo falta Freud.
Hizo falta que Freud, descubriera primero el inconsciente para que venga a ordenar sobre este camino, el catálogo descriptivo de esos deseos, dicho de otro modo: la suerte de las pulsiones—como yo traduzco triebschicksale.
Se trata de poner en forma la unión de esta fijación del deseo a los mecanismos del inconsciente.
Es precisamente a lo que me he abocado, puesto que nunca pretendí sobrepasar a Freud, como me lo imputa uno de mis corresponsales, sino prolongarlo.
Responderé el tercer martes de abril a los otros. Las preguntas, pueden seguir mandándomelas, no me cansan.
Hay gente de la Escuela que quiere hacer Jornadas sobre el trabajo de la disolución.
Estoy a favor. Vean para eso a la nombrada, Colette Soler, Michel Silvestre o Eric Laurent. Les digo eso a los miembros de la Escuela.
18 de Marzo de 1980.
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