Seminario XXVII: "Disolución"
Jacques Lacan
D'Ecolage - 11 de Marzo de 1980
Heme aquí hombre cubierto de cartas.
Mi camarada Drieu La Rochelle era, o se creía, el hombre cubierto de mujeres, al punto de darle este título a una de sus novelas.
Título con el que me denominaron mis camaradas de la sala de guardia -siento que sólo tenía dos (mujeres) como todo el mundo, que se ocuparan de mi y discretamente, les ruego que me crean.
Esas cartas, las he tomado en serio. Quiero decir; las he tomado una por una, como se hace con las mujeres, he hice mi lista.
He acabado con el montón.
Hay personas que se quejan que me olvidé de ellas. Es posible, que se dirijan a Gloria.
He rozado las mil, y tal vez más.
Pero es preciso que entre esas mil haga una diferencia. Puesto que algunos tienen que hacer el duelo por una Escuela de la que otros, simplemente, tienen que hacer.
El duelo es un trabajo, es lo que se lee en Freud. Es el que yo pido a los de la Escuela, que quieran quedarse conmigo para la Causa Freudiana.
A aquellos les he escrito una carta a más tardar ayer a la noche. Van a recibirla.
He aquí les digo:
Delenda est. He dado el paso de decirlo, desde entonces, irreversible.
Como lo demuestra que volviendo no se consigue sino encolarse -donde yo he hecho menos Escuela... que cola.
Disuelta, lo está, por el hecho de mi dicho. Falta que lo sea también por el vuestro.
Sin lo cual la sigla que tiene de mi –EF - cae en las manos de falsarios reconocidos.
Desarmar la maniobra corresponde a los de la Escuela que reúno este sábado.
Deben creerme: no admite a nadie que se entretenga en la Causa Freudiana, que seriamente ha decolado (d'ecole).
Firmé eso ayer, 10 de Marzo.
Porque es la culpa de Freud el haber dejado a los analistas sin recursos, y por otra parte sin otra necesidad que la de sindicarse.
Yo mismo, intenté inspirarles otro deseo de ex-sistir. En eso tuve éxito. Eso se marca en las precauciones en que se debate el regreso a la buena senda.
Lo que no es verdad de todos, puesto que lo hay suficientes para seguir mi surco, de subsistir de un lazo social no aparecido hasta el presente.
¿Qué más prueba de mi formación sino acompañarme en el trabajo, único, de la disolución?
Sólo tiene que contarse.
Me dirijo a los otros, aquellos que no deben hacer este trabajo, por no haber pertenecido a mi Escuela sin –sin que pueda decirse que no hayan estado intoxicados-.
Con ellos –sin dilatación- arranco la Causa freudiana- y restauró en su favor el órgano de base retomado de la fundación de la Escuela, es decir el cartel, del cual, experiencia hecha, afino la formalización.
Primero: Cuatro se eligen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto.
Segundo: La conjunción de los cuatro se hace alrededor de un Más-uno, quien, si bien es cualquiera, debe ser alguien. A su cargo el velar por los internos de la empresa y provocar su elaboración.
Tercero: Para prevenir el efecto de encolado, debe hacerse la permutación en término fijo de un año, dos como máximo.
Cuarto: Ningún progreso es esperable, sino una exposición a cielo abierto periódica de los resultados y de las crisis del trabajo.
Quinto: El sorteo asegurará la renovación regular de los hitos creados a fin de vectorializar el conjunto.
La Causa Freudiana no es Escuela, sino Campo —donde cada uno tendrá carrera demostrando lo que hace del saber que la experiencia deposita.
Campo al que los de la EFP se reunirán cuando se hayan despojado de lo que ahora los obstaculiza más a mí.
Abrevio la puesta a punto necesaria para la puesta en marcha.
Puesto que es necesario que termine con el malentendido de las mujeres, de las que dije en mi último seminario no estar privadas del goce fálico.
Se me imputa de pensar que son hombres. Les pregunto un poco.
El goce fálico no las acerca a los hombres, más bien las aleja de ellos, porque este goce es obstáculo a los que la aparea al sexuado de la otra especie.
Prevengo esta vez el malentendido, subrayando que eso no quiere decir que ellas no puedan tener, con uno solo, elegido por ellas, la verdadera satisfacción-fálica.
Satisfacción que se sitúa en su vientre. Pero como respondiendo a la palabra del hombre.
Es preciso para eso que ella caiga bien. Que caiga sobre el hombre que le habla según su fantasma fundamental, el de ella.
De eso saca, como efecto, amor a veces, deseo siempre.
Eso no sucede tan a menudo. Y cuando sucede, no hay relación, en tanto escrito, que sea avalado en lo real.
De lo que yo llamé la no relación, Freud tenía la idea, a pesar de su reducción de lo genital al hecho de la reproducción.
¿No es, en efecto, lo que él articula de la diferencia de la pulsión que llama fálica con aquella que él pretende subsistir de lo genital?
¿Hubiera él percibido el dualismo sin la experiencia, en que él estaba, del psicoanálisis?
El goce fálico es aquél justamente que consume el analizante.
Bueno , los dejo...
Me gustaría que me hagan preguntas. Que me las hagan por escrito. Que me las envíen. Responderé la semana próxima, si valen la pena.
La semana próxima, también, les diré como trabaja, la disolución.
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Con-versiones febrero 2009
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