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Meditación de la espera:
el preguntar y el sentido de la poesía

Ernesto Fernando Iancilevich

 

I.

Nos preguntamos por el sentido de la poesía. Y, a poco de hacerlo, nos apercibimos de que también nos preguntamos por el sentido. Y así preguntamos: ¿qué sentido hay en la poesía?
En términos discrecionales, es que alcanzaremos a decir que es menester situar la pregunta no ya en la zona de lo probable sino en el ámbito de lo posible. El ámbito de lo posible ilumina la zona de lo probable. Solamente en el ambito de lo
po
sible, lo probable se zonifica y aparece.     
Como aproximación más a lo previsional que a lo definitorio, nuestra pregunta busca abrirse al sentido del preguntar y de la espera. Y dice, conforme al modo que le es propio, “¿qué preguntar y qué espera?”  
En cuanto actividad, el preguntar habilita toda pregunta. Habitar esa posibilidad, la del preguntar que habilita toda pregunta, es en sí y no fuera, la espera, como capacidad de albergue. En el servar de la espera se habita el preguntar que habilita toda pregunta. Porque podemos ser de muchas maneras, es que el preguntar pregunta de muchas maneras, aun cuando la espera sea una con el preguntar, porque, como se ha dicho, es en el preguntar donde se recipiendiza toda pregunta. La capacidad, entonces, es una; los contenidos son múltiples. El sentido uno y único de las significaciones múltiples y diversas. En sí, las significaciones se funden en el sentido. En esencia, se funden en lo fundante. Basta mirar dentro de la sombra para ver cómo luz y oscuridad son variaciones graduales que se funden en la iluminación que las funda y que, dicho sea de paso, no es ni la luz ni la oscuridad.

II.    
  
A menudo, la poesía y el poetizar se toman como sinónimos, cuando la relación entre ellos es la del todo con la parte. El poetizar participa de la poesía, desde el momento que la poesía se manifiesta en el poetizar. Donación gratuita y entrega
agradecida hablan de la común unión entre poesía y poeta, de la común acción de lo probable en la palabra y lo posible en el silencio. Esta relación dialógica muestra, en el pensar que viene de la no-palabra y en el poetizar que va a la palabra, los ejes
cruciales de lo hermético, en tanto reserva de lo abierto. El giro -a la vez continuidad y vuelta- muda la cuadratura que encierra la cruz en la circulatura que abre el punto: permanencia en el cambio, destino en el origen. Giro de la ontología fenomenológica a la espiritualidad metafísica. El movimiento centrípeto que inventa el centro y el movimiento centrífugo que lo despliega son uno en el preguntar de la espera. Y la espera es una en el preguntar lo posible. Punto y círculo son ubicuidades del centro.   
La inspiración poética y la intuición metafísica hablan de lo mismo con diferente método: convocan el silencio en la palabra, celebran lo posible en lo probable.
Lo que llamamos literatura, en tanto versión informativa de una visión formadora, sugiere, a la vez, retén y suelta, apertura y cierre, una poética de la palabra, un hacer que se deshace, un decir que se desnombra, un afuera de paisajes que se adentra, y, porqué no imaginarlo, algo más que aún no ha encontrado su nombre. Si hemos perdido familiaridad con lo abierto, lo cerrado representa para nosotros la oportunidad de su acceso. Solo si sabemos escuchar,  la hermeneútica de la palabra nos conduce a la heurística del silencio

III.
   
El preguntar de la espera se vacía de todo contenido; temple bruñido de soledades, es el espejo en el cual la pregunta se mira. 
¿Qué se pregunta, entonces, cuando se pregunta? Ante todo, se pregunta por el fundamento de algo, pequeño o grande, así como si se buscara un suelo, un piso de hollaje. Búsqueda profunda y encuentro fundante no son más que signos modales
de un sentido nodal: somos la espera donde el preguntar pregunta y, a falta de  una medida que  lo defina  y  una mirada que lo recorra, porción útil del misterio, tal como si éste, nombrándose en lo indicto, mostrándose en lo invisto, señara, en dirección al abismo, todo fundamento del fundamento.

IV.

El desenvolvimiento histórico del poetizar en la palabra significa de varias maneras el desenvolvimiento de la pregunta  “¿qué sentido hay en la poesía?”, desde los estratos físicos de la sensorialidad hasta las napas metafísicas de la intelectualidad, que, lejos de negarla, la integran.
Ciertamente, la tendencia moderna de poetas a contemplar desasidos la interioridad de su asir esencial enriquece la comprensión de lo poético como un hacer esencial, que se deshace a cada paso y en cada marca, y subsume, por su adelantazgo, toda creación literaria en un preguntar que pregunta, en sus momentos más altos y desnudos, al modo del meditar y la espera. 


Con-versiones, Octubre 2007

 
   

        

 

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