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Marilú Marini y Alfredo Arias
De madres, hijos y el regreso al país

Carlos Pacheco

 

Están nuevamente en Buenos Aires, difundiendo a autores franceses. Marilú Marini y Alfredo Arias abrieron en el Maipo la Semana Lagarce, que divulgó la obra del dramaturgo Jean-Luc Lagarce. Concretamente, montaron de ese autor Music hall . Ahora harán una pequeña temporada en el Teatro Alvear, con el espectáculo Incrustaciones , de Chantal Thomas, que estrenarán pasado mañana. La obra se conoció en 2004 dentro de la programación del Festival Tintas Frescas. En ese entonces, Marini la interpretó en el Teatro San Martín junto a Jorge Luz, con dirección de Arias.

La pieza tiene un punto de partida muy singular. Alfredo Arias y su equipo invitaron a un grupo de escritores a trabajar como tema la relación entre madre e hijo. Surgieron así ocho escenas que luego fueron interpretadas por Marilú Marini en Francia. La segunda de esas escenas fue el germen de Incrustaciones, que luego la autora amplió y desarrolló.

Alfredo Arias cuenta: "La idea de trabajar este tema surgió un poco irónicamente, como respuesta a mi trabajo psicoanalítico. Pensé que sería interesante hacer un trabajo, que puede durar toda la vida, sobre los temas míticos que hacen a la fundación de una persona. Y aquí no sólo es interesante el desarrollo del tema, sino también las escrituras que se produjeron y las formas teatrales que aparecieron. Y todo eso es excitante. Ahora empezamos con la relación madre-hijo, pero también podemos seguir con madre-padre, por ejemplo, y así hasta el infinito. Esta es una idea que no pienso abandonar. Además, me permite conocer autores porque el proyecto consiste en darles la palabra a escritores que no producen para el teatro".

- El germen de esa idea parece ser muy personal, pero lograste proyectarlo en mucha gente.

-Yo tengo una gran admiración por la labor de la psicoanalista que pasó 14 años analizando mi relación con mi madre, con mucha paciencia y dedicación. No lo quería hacer personalmente y los ecos que he encontrado a través de las escrituras han sido sorprendentes y también me ayudaron a descubrirme. No es necesario que uno ponga todo de uno mismo o, en todo caso, está bien dar una indicación y ver qué pasa. La cantidad de fantasmas que fueron apareciendo fue impresionante porque, como son relaciones muy potentes, la gente toca, de una manera u otra, algo violento.

- Cuando esos fantasmas aparecieron, ¿te causaron dolor o te reíste?

-A mí me encanta reírme; por eso elegí a Chantal, que es una mujer muy analítica pero con una posibilidad de registro muy amplio. Uno podría pensar que, como es historiadora, podría llevar todo para su centro. Pero no es así. Uno puede planear con ella, viajar. En el teatro, el problema es que uno debe asumir cosas con cierto riesgo porque uno se acerca a las cosas más débiles de la creación, como en estos últimos trabajos en que nos aproximamos al music hall, la decadencia del music hall o la risa payasesca. Y estas cosas no son garantía de profundidad. Y esa otra profundidad es algo que siempre me ha gustado ir a buscar. Y acá hay algo de eso, una sonoridad, una risa un poco brutal, circense.

Víctimas y victimarios

La historia creada por Chantal Thomas muestra a una madre que casi es dueña de su hijo, y el conflicto aparece cuando éste decide casarse y presentarle a su mujer. La nuera desencadenará un mundo de terribles situaciones y con consecuencias inesperadas.

Marilú Marini tiene la difícil tarea de interpretar a las dos mujeres. "Siempre es interesante hacer un trabajo sobre la relación madre-hijo -cuenta la intérprete- porque es una situación inagotable; pero, como actriz, este texto me plantea algo muy interesante que es interpretar a las dos antagonistas. Es como si tuviera que estar de un lado y del otro de la trama. Me da la posibilidad de universalidad dentro del mundo de la obra, algo que hasta ahora no se me había presentado."

- O sea que no tenés muchas posibilidades de optar por una o por otra. No podés querer a una y sentir desprecio por la otra.

-Hago la víctima y la victimaria, dos papeles que están divididos pero que en este caso están unidos por un mismo cuerpo: el mío. Lo que me permite tener una situación amoral porque no puedo juzgar a una u otra. Las dos tienen la misma importancia; las dos tienen su mundo para defender; las dos tienen la razón. La madre es avasalladora; su narcisismo ocupa el mundo; no hay ninguna posibilidad de que alguien exista fuera de ella. Cuando aparece el personaje de la nuera, eso crea una erupción volcánica terrible. La violencia es espantosa. La nuera la separa de ese objeto que es su hijo. El no es una persona; es una prolongación, un miembro más de su cuerpo.

- Y todo esto está mostrado con humor...

-El humor es salvador. Chantal Thomas es una persona que tiene una fantasía y una posibilidad de delirio muy grande. Y un delirio muy lúcido, y eso está presente. Uno ríe mucho durante el espectáculo.

En estos días Marilú Marini y Alfredo Arias están viviendo Buenos Aires con  intensidades diferentes. Ella cuenta que está saliendo poco porque se ha abocado con fuerza a lograr que los textos que vino a presentar se ajusten verdaderamente al idioma local. Explica: "A los textos hay que hacerlos carne; hay que erradicar la forma francesa y darle espacio a un nuevo lenguaje. No es sólo la palabra dicha la que tiene que aparecer, sino la palabra visceral".

Pero ansía salir a ver teatro y hasta tiene un proyecto en mente: venir a trabajar a la Argentina con actores locales. "Estuve filmando una película en diciembre y enero -cuenta-, y me encontré con una serie de actores maravillosos. Tuve contacto con gente que me alimentó mucho y que reavivó todo ese humus que uno lleva cuando se va a otra cultura, pero que ha sido alimentado por esta cultura. Recuerdo haber ido a ver a Nélida Roca a El Nacional y luego al Colón, o ver una zarzuela y después Esperando a Godot en el Teatro de Arquitectura. Esa calidad de amplitud, esas conmociones que me formaron están muy presentes. Yo disfruto mucho de Buenos Aires y del contacto con la gente de la cultura."

El recorrido de Alfredo Arias por la ciudad en esta oportunidad ha sido quizás más intenso. Se divierte mucho contando cierta experiencia que ha tenido viendo un varieté decadente, pero su risa no es crítica, sino que demuestra una ternura impresionante. "He tratado de integrarme poco a poco al pensamiento argentino -explica el actor y director-. Me fue muy útil venir a hacer algunos trabajos aquí. Toda esa manera de entrar y existir y relacionarme con la realidad me ha dado la posibilidad de reintegrarme, de no ver Francia y la Argentina, sino de ver una vida entera que ya es así. A veces nos preguntan con cierta banalidad: «¿Qué necesidad tienen de venir? «¿Qué hacen acá?». Mis raíces están acá y mi sensibilidad está acá. Todo lo he sacado de acá. Esa fragilidad, esa idea de ir al borde del precipicio todo el tiempo salió de la Argentina; así fue mi niñez."

Nota de Carlos Pacheco para el diario LA NACION del Martes 3 de julio 2007
Selección: V.G.

 

 Con-versiones, agosto 2007

 

 

        

 

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