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Como contamos nuestra vida revela los impulsos del comportamiento

BENEDICT CAREY

 

Los investigadores llevan más de un siglo tratando de descifrar las materias primas que explican la personalidad, la dulzura y la neurosis que hacen que Anna sea Anna; la pereza y la sensibilidad que hacen que Andrew sea Andrew. Han ignorado, en gran medida, la explicación en primera persona ‑la historia que ellas mismas cuentan sobre quiénes son, y por qué.

Son relatos, después de todo. El atractivo desconocido en el bar del aeropuerto escucha una versión, el funcionario de libertad condicional, otra. Además, el tono, las lecciones, hasta los hechos en una historia de vida pueden cambiar según el estado anímico de quien la cuente. Y sin embargo, en la última década más o menos, un puñado de psicólogos ha argumentado que los elementos cambiantes de una narrativa personal tienen su lugar en cualquier imagen tridimensional de la personalidad. Ahora, una oleada de nuevos hallazgos los ayuda a apuntalar su punto de vista.

"Cuando empezamos a estudiar historias de vida, todo el mundo pensaba que era simple curiosidad ociosa ‑historias, ¡qué buena onda! ", dijo Dan P. McAdams, profesor de Psicología en la Universidad Northwestern, en Illinois, y autor del libro "The Redemptive Self" (El yo redentor) de 2006. "Encontramos que estas narrativas guían el comportamiento en todo momento, y enmarcan no sólo cómo vemos el pasado, sino cómo nos vemos a nosotros mismos en el futuro".

Los investigadores han encontrado que el cerebro humano tiene una afinidad natural para la construcción de narrativas [*]. Las personas tienden a recordar los hechos de manera más precisa si los leen en un relato y no en una lista, concluyen los estudios.

Los psicólogos conocen el aspecto que tienen las historias de vida cuando están completamente formuladas, por lo menos en el caso de algunos estadounidenses. A lo largo de los años, McAdams y otros han entrevistado a cientos de hombres y mujeres, la mayoría mayores de 30 años. Al analizar los textos, los investigadores encontraron sólidas correlaciones entre el contenido de las vidas de las personas y las historias que cuentan. Aquellos con problemas anímicos tienen muchos buenos recuerdos, aunque una nota de decepción parece cerrar cada narrativa. Por ejemplo, la recepción de la boda fue maravillosa hasta que el padrino se cayó de borracho.

En contraste, los llamados adultos generativos ‑que sacan alto puntaje en las pruebas que miden la conciencia cívica y que tienen más probabilidades de ser enérgicos y estar involucrados‑ tienden a ver muchos de los sucesos en su vida en el orden inverso, conectados por temas de redención. Quedaron destrozados por un divorcio, sólo para encontrar una nueva y maravillosa pareja.

El punto es que los temas narrativos son, tanto como cualquier otro rasgo, factores de impulso en el comportamiento de las personas, dicen los investigadores.

Cualquier historia de vida es, por definición, una reconstrucción retrospectiva, una derivación, al menos en parte, del temperamento. Sin embargo, las investigaciones hasta ahora sugieren que las historias de vida de las personas no son ni rígidas ni enormemente variables, sino que cambian gradualmente con el tiempo, en estrecha asociación con los sucesos significativos de la vida.

Jonathan Adler, investigador en la Universidad Northwestern, ha encontrado que los relatos de las personas sobre sus experiencias en psicoterapia ofrecen pistas sobre la naturaleza de su recuperación. En un estudio reciente presentado en la Sociedad de Personalidad y Psicología Social, en enero, Adler reportó sobre 180 adultos, del área de Chicago, quienes habían terminado un curso de terapia conversacional.

A cierto nivel, la terapia conversacional siempre ha sido un ejercicio de reproducción y reinterpretación de la historia de vida singular de cada persona. Sin embargo, Adler encontró que los ex pacientes con las puntuaciones más altas en las medidas de bienestar contaban historias muy similares.

Describían su problema, ya fuera depresión o un desorden alimenticio, como algo que surgía de repente, como de la nada. Caracterizaban a su dificultad como si fuera un enemigo externo y al final lo vencían.

Los participantes en el estudio que tuvieron puntuaciones más bajas en las medidas de bienestar psicológico tenían mayores probabilidades de ver a sus estados anímicos y sus problemas conductuales como parte de su propia personalidad, en lugar de como un villano al que hay que derrotar. Para ellos, la terapia formaba parte de una adaptación continua, no una batalla decisiva.

Los hallazgos sugieren que la psicoterapia, cuando es eficaz, les da una sensación dé su propio poder a las personas que se sienten impotentes, al alterar, de hecho, su historia de vida incluso mientras trabajan por solucionar sus problemas, dijo Adler.
La fortaleza mental se basa, en parte, en precisamente esta clase de narración autobiográfica, momento a momento, al navegar por los problemas de la vida. Los investigadores dicen que es importante la perspectiva que adoptan las personas cuando vuelven a visitar la escena ‑si es en primera persona o en tercera, como si se estuvieran viendo en una película.

Un estudio realizado en 2005, en la Universidad de Columbia, en Nueva York, encontró que las escenas en tercera persona eran significativamente menos perturbadoras, en comparación con los malos recuerdos rememorados en primera persona.
Tomados en conjunto, estos hallazgos sugieren que la forma en que las personas vuelven a reproducir y proyectar los recuerdos, día a día, profundiza y remodela su historia de vida. Y a medida que evoluciona, esa historia más amplia, a su vez, tiene un efecto en la interpretación de las escenas.


Nota (S.R.):

[*] Si dejamos de lado, lo cual es un logro que se realiza con esfuerzo, las perspectivas de neurociencias que conlleva la investigación desde la cual se plantea el artículo, podemos percibir lo que es innegable e irrebatible cuando nos ubicamos en una buena posición de lectura desde lo psicoanalítico. Digámoslo así:
el yo necesita de un relato, el suyo y el de otros, el de los que lo antecedieron y, o, sostuvieron, para que pueda llegar a decir: "yo". Lo cual sí es un gran logro (otro), apenas percibido por lo repetido y "casi natural" de la cuestión. Alguien que dice "yo" ha logrado -si en ese momento se siente en "su" cuerpo con límites y en un mundo que también lo tiene-, una prodigiosa operación que conlleva un tramado pocas veces discernible entre el cerebro, lo neuronal, lo químico, lo fisiológico, lo perceptual, lo motriz, lo muscular, lo simbólico y lo afectivo (quantum de cargas). Lo que antecede en el orden de la sucesión tiene el carácter irrepresentable de lo tramático. Llamamos tramático a una conjunción de la trama y el drama (etimología: acción) que hace que sea ese el primer lugar donde encontramos el origen, debemos decirlo, "verdadero" con comillas, de alguien. El verdadero con comillas alude a las historias familiares, cuentos, novelas, episodios, mitos, todos con el fuerte componente narrativo del "había una vez" y el "así fue"- "fue así" que nos conocimos (...) o lo que fuere que intenta ser historizado. O sea, lo que intenta ser reiterado desde sus diferentes versiones (o tendremos que decir: originaciones. Otra vez dándonos un origen y brindándolo como nos lo damos con ese mismo decir). Una continuación de esta temática se puede encontrar -si consideramos aquélla perspectiva de la buena lectura mencionada más arriba- en el concepto de elaboración secundaria de S. Freud. Freud lo propone para resumir las operaciones que hacemos, sin percibirlo, en el momento de relatar un sueño cuando nos despertamos. El sueño en el dormir es diferente al sueño en la vigilia. El sueño soñado es vivido, alucinado, para emplear el verbo con propiedad; el sueño en la vigilia es relatado y esto trae la deformación (transformación) de lo vivido.  
Lo cual nos lleva a preguntarnos y a intentar discernir cuanto de sueño hay en el relato y cuanto de relato hay en nuestros sueños. Pero sabemos que es una tarea imposible de llevar a cabo, ambas cuestiones están tramadas, tan tramadas como nuestro "yo" entre los sueños y los relatos.

Después, siempre después vienen las consecuencias, quizás en la física cuántica las consecuencias anteceden a las causas (creo que era así), si no en los territorios de la ficción (que son los del lenguaje) podemos hacer lo mismo (que en la física cuantica), podemos anticiparnos a los efectos o los efectos pueden anticiparse a sus tiempos "del después". Es lo que alguna vez (otra) pudimos plantear con la reiteración de la frase: el futuro es hoy, hay que agregar el pasado también. El futuro (los deseos) y el pasado (la memoria) son los que nos actualizan y tensan en las perpectivas y dimensiones del tiempo.
Recibimos los antecedentes o los consecuentes en dos párrafos, uno de V. Guerra, de un trabajo en curso:

"La autobiografia es siempre una re-presentacion, esto es un volver a contar, ya que la vida a la que supuestamente se refiere es, de por si, una suerte de construccion narrativa. La vida es necesariamente relato: relato que nos contamos a nosotros mismos, como sujetos a traves de la rememoracion; relato que oimos contar o que leemos cuando se trata de vidas ajenas...
el lenguaje es la unica forma de que dispongo para "ver"mi existencia. En cierta forma ya he sido relatado por la misma historia que estoy narrando..."

Y el otro párrafo  (que alude y nos implica en su temática) de Pascal Quignard, de su "Retórica especulativa", págs. 107/108:

"Aristóteles decía que el secreto de la composición de la intriga trágica consistía en atar y desatar. Desis y lysis. Los modernos conservaron esa palabra en el término de psychanalysis. En cuanto al término de psychanalysis se trata de desatar el mal sueño repetitivo en donde se ha encerrado la vida de un hombre en una sucesión de escenas desagradables y forzadas.
Todo sufrimiento es un sueño mal escrito. El autor construye un relato de vida imaginaria en contacto con el cual el lector probará su vida y sus relatos posibles.
Como en la vida psíquica, un sufrimiento que clama venganza no apela nada más que a un relato.
Una confusión dolorosa prefiere, antes que la noche en la que vaga, un asesinato injusto que la organice y que le dé sentido. Igualmente las familias, las aldeas, las ciudades, las sociedades humanas prefieren el sentido a la noche.
Pero ese sentido no es más que un sueño inhumano en la noche.

 

***

Texto extraído de la edición castellana del New York Times, sábado 9 de junio del 2007, diario Clarín, Buenos Aires, Argentina.
Selección y destacados: S.R.

Con-versiones, agosto 2007

 

 

        

 

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