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Kafka y sus precursores

J. L. Borges

 

“En cada uno de esos textos está la idiosincrasia de Kafka, en grado mayor o menor, pero si Kafka no hubiera escrito, no la percibiríamos; vale decir, no existiría.”
Así piensa Borges en el ombligo de este breve texto que ahora presentamos. Entendemos que el humor elegante en esta frase nunca obvia, aloja, entre otras, una posible lectura: la obra con que un escritor se teje refiere a hebras de otras voces, y Kafka o el futuro Kafka, habitaba precipitado en ellas; cuando esa escritura ha encarnado, o quizás, cuando esas lecturas han hecho letra en Kafka, la obra que hoy conocemos comienza a existir bajo su nombre: Franz Kafka.
La idea anterior merodea a esta otra idea: la obra de Kafka le ha precedido a Kafka. Y a esta otra: Kafka se precedió a sí mismo: existió antes de existir.
Finalmente, plantea Borges que cada escritor hace existir a sus precursores. Al punto que Zenón (en sus paradojas) no sería Zenón si no es a través de la lectura que alguien hoy puede hacer junto a Kafka. Leer Zenón sin haber leído a Kafka, tal vez sea otra experiencia. Leer a Kafka sin haber leído a Zenón, también nos permitiría andar por otros caminos.
Parecería que cuando los temperamentos de las obras copulan más allá de los tiempos, procrean. En este caso habrá que ver qué obras serán resultado, por ejemplo, de un: Zenón Kafka.

Vamos sospechar que es goce de todo literato hallar filiaciones entre las obras de los unos y de los otros, en ese modo es posible crear y vivir un tiempo y una historia  donde la realidad podría ser sólo un detalle.

Vanesa Guerra

 

Yo premedité alguna vez un examen de los precursores de Kafka.
A éste, al principio, lo pensé tan singular como el fénix de las alabanzas retóricas; a poco de frecuentarlo, creí reconocer su voz, o sus hábitos, en textos de diversas literaturas y de diversas épocas.
Registraré unos pocos aquí, en orden cronológico.
El primero es la paradoja de Zenón contra el movimiento. Un móvil que está en A (declara Aristóteles) no podrá alcanzar el punto B, porque antes deberá recorrer la mitad del camino entre los dos y antes, la mitad de la mitad, y antes, la mitad de la mitad, y así hasta el infinito; la forma de este ilustre problema es, exactamente El castillo, y el móvil y la flecha y Aquiles son los primeros personajes Kafkianos de la literatura. En el segundo texto que el azar de los libros me deparó, la afinidad no esta en la forma sino en el tono. Se trata de un apólogo de Han Yu, prosista del siglo IX, y consta en la admirable Anthologhie raisoneé de la litterature chinoise (1948) de Margouliè. Éste es el párrafo que marqué, misterioso y tranquilo “Universalmente se admite que el unicornio es un ser sobrenatural y de buen agüero; así lo declaran las odas, los anales, las biografías de varones ilustres y otros textos cuya autoridad es indiscutibles. Hasta los párvulos y las mujeres del pueblo saben que el unicornio constituyen un presagio favorable. Pero este animal no figura entre los animales domésticos, no siempre es fácil encontrarlo, no se presta a una clasificación. No es como el caballo o el toro, el lobo o el ciervo. En tales condiciones, podríamos estar frente al unicornio y no sabríamos con seguridad que lo es. Sabemos que tal animal con crin es caballo, y que tal animal con cuernos es toro. No sabemos cómo es el unicornio”.(1)
El tercer texto procede de una fuente más previsible; los escritos de Kierkegaard. La afinidad mental de ambos escritores es cosa de nadie ignorada; lo que no se ha destacado aún, que yo sepa, es el hecho de que Kierkegaard, como Kafka, abundó en parábolas religiosas de tema contemporáneo y burgués. Lowrie, en su Kierkegaard (Oxford University Press, 1938), transcribe dos. Una es la historia de un falsificador que revisa, vigilado incesantemente los billetes del Banco de Inglaterra; Dios, de igual modo, desconfiaría de Kierkegaard y le habría encomendado una misión, justamente por saberlo avezado mal. El sujeto de otra son las expediciones al Polo Norte. Los párrocos daneses habrían declarado desde los púlpitos que participar en tales expediciones conviene a la salud eterna del alma. Habrían admitido, sin embargo, que llegar al Polo  es difícil y tal vez imposible y que no todos pueden acometer la aventura. Finalmente, anunciarían que cualquier viaje-de Dinamarca a Londres, digamos, en el vapor de la carrera-, o un paseo dominical en coche de plaza, son, bien mirados, verdaderas expediciones al Polo Norte. La cuarta de la prefiguraciones la halle en el poema Fears and Scruples de Browning, publicado en 1876. Un hombre tiene, o cree tener, un amigo famoso. Nunca lo ha visto y el hecho es que éste no ha podido, hasta el día de hoy, ayudarlo, pero se cuentan rasgos suyos muy nobles, y circulan cartas auténticas. Hay quien pone en duda los rasgos, y los grafólogos afirman la apocrifidad de las cartas. El hombre en el último verso, pregunta: “¿Y si este amigo fuera Dios?”·
Mis notas registran asimismo dos cuentos. Uno pertenece a la Histories dèsbligeanes de León Bloy y refiere al caso de unas personas que abundan en globos terráqueos, en atlas, en guías de ferrocarril y en baúles, y que mueren sin haber logrado salir de su pueblo natal. El otro se titula Carcassonne y es obra de Lord Dunsany. Un invencible ejército de guerreros parte de un castillo infinito, sojuzga reinos y ve monstruos y fatiga los desiertos y las montañas, pero nunca llegan a Carcasona, aunque alguna vez la divisan. (Este cuento es, como fácilmente se advertirá, el estricto reverso del anterior; en el primero nunca se sale de una ciudad; en el último, nunca se llega.)
 Si no me equivoco, las heterogéneas piezas que he enumerado se parecen a Kafka; si no me equivoco, no todas se parecen entre sí. Este último hecho es el más significativo. En cada uno de esos textos está la idiosincrasia de Kafka, en grado mayor o menor, pero si Kafka no hubiera escrito, no la percibiríamos; vale decir, no existiría. El poema Fears and Scruples de Robert Browning profetiza la obra de Kafka, pero nuestra lectura de Kafka afina y desvía sensiblemente nuestra lectura del poema. Browning no lo leía como nosotros lo leemos. En el vocabulario crítico, la palabra precursor es indispensable; pero habría que tratar de purificarla de toda connotación y polémica o de rivalidad. El hecho es que cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro (2). En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres. El primer Kafka de Betrachtung es menos precursor del Kafka de los mitos sombríos y de las instituciones atroces que Browning o Lord Dunsany.

Buenos Aires 1951

Pie de página

  1. El desconocimiento del animal sagrado y su muerte oprobiosa o casual a manos del vulgo son temas tradicionales de la literatura china. Véase el último capítulo de Psychologie und Alchemie (Zürich, 1944) de Jung, que encierra dos curiosas ilustraciones.
  2.  Véase  T. S. Eliot: Points of View (1941), págs.25-26

 

J. L. Borges -Obras Completas 1923-1972- Emecé Editores -Bs.As. 1981

 

Enlaces:

Robert Walser o los manotazos del instante - Vanesa Guerra
Puertas - S.Rocchietti
El psicoanálisis en su relación con lo poético y con la filosofía - Henri Rey‑Flaud

Textos Derivados:

Rizoma - G. Deleuze y Felix Guatari
Sobre cuatro formulaciones ... - G Deleuze

Selección, nota inicial
y propuesta de lectura a otro textos: Vanesa Guerra

Con-versiones, Agosto 2007

 

        

 

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