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Sobre cuatro fórmulas poéticas que podrían resumir la filosofía kantiana

GILLES DELEUZE

 

I.

La primera es la gran fórmula de Hamlet. The time is out of joint! **.Eltiempo out of joint, es también la puerta fuera de sus goznes. Los goznes: éste es el eje alrededor del cual gira la puerta. Cardo en latín, indica la subordinación del tiempo a los puntos precisamente cardinales por donde pasan los movimientos periódicos que él mide. En tanto el tiempo permanece en sus goznes, está subordinado al movimiento: es la medida del movimiento, intervalo o número. Así para la filosofía antigua. Pero el tiempo fuera de sus goznes significa la inversión de la relación movimiento‑tiempo. Es el movimiento, ahora, quien se subordina al tiempo. Todo cambia, incluso en el movimiento. Se cambia de laberinto. El laberinto no es más un círculo, o una espiral que traduciría sus complicaciones, sino un hilo, una línea recta, tanto más misteriosa en cuanto es simple, inexorable: como dice Borges, "el laberinto que se compone de una sola línea recta y que es indivisible, incesante". El tiempo no se remite ya al movimiento que él mide, sino el movimiento se remite al tiempo que lo condiciona: ésta es la primera gran inversión kantiana, en la Crítica de la razón pura.

El tiempo no se definirá ya por la sucesión, porque la sucesión concierne solamente a las cosas y a los movimientos que están en el tiempo. Si el tiempo mismo fuera sucesión, seria necesario que suceda en otro tiempo, al infinito. Las cosas se suceden en tiempos diversos, pero además son simultáneas al mismo tiempo, y permanecen en un tiempo cualquiera. Ya no es cuestión de definir el tiempo por la sucesión ni el espacio por la simultaneidad, ni la permanencia por la eternidad. Permanencia, sucesión y simultaneidad son modos y relaciones de tiempo. Por consiguiente, así como no se puede definir el tiempo por la sucesión, tampoco se puede definir el espacio por la coexistencia. Será necesario que cada uno, el espacio y el tiempo, encuentren determinaciones completamente nuevas. Todo lo que se mueve y cambia está en el tiempo, pero el tiempo mismo no cambia, no se mueve, como tampoco es eterno. Es la forma de todo lo que cambia y se mueve, pero es una forma inmutable y que no cambia. No una forma eterna, sino justamente la forma de lo que no es eterno, la forma inmutable del cambio y del movimiento. Tal forma autónoma parece designar un profundo misterio: reclama una nueva definición del tiempo, que Kant debe descubrir o crear.


II.

"Je est un autre" (Yo es otro): esta fórmula de Rimbaud sería como la expresión de otro aspecto de la revolución kantiana, siempre en la Crítica de la razón pura. Es el aspecto más difícil. En efecto, Kant explica que el Moi (Yo)está en el tiempo, y por lo tanto no cesa de cambiar: es un Moi pasivo o más bien receptivo, que experimenta cambios en el tiempo. Pero por otra parte, el Je (Yo) es un acto que no cesa de operar una síntesis del tiempo, y de lo que pasa en el tiempo, distribuyendo en cada instante el presente, el pasado, el porvenir. El Je y el Moi están por lo tanto separados por la línea del tiempo que los remite el uno al otro, pero con la condición de una diferencia fundamental. De manera que mi existencia no puede ser jamás determinada como la de un ser activo y espontáneo. No se puede decir con Descartes: «Je pense, donc, je suis, je suis une chose qui pense.» (Pienso, luego soy, soy una cosa que piensa). Si es cierto que el Je pense (Yopienso) es una determinación, en este sentido implica una existencia indeterminada (Je suis) (Yo soy). Pero nada nos dice todavía bajo qué forma esta existencia es determinable por el Je pense (Yo pienso): es sólo determinable en el tiempo, bajo la forma del tiempo, por lo tanto, corno la existencia de un yo (moi) fenoménico, receptivo y cambiante. No puedo entonces constituirme como un sujeto único y activo sino como un Moi pasivo quien se representa solamente la actividad de su propio pensamiento, es decir el Je, como Otro que lo afecta. Estoy separado de mí mismo por la forma del tiempo, y sin embargo soy uno, porque el Je afecta necesariamente esta forma operando su síntesis, y el Moi esafectado necesariamente por ella como contenido en esta forma. La forma de lo determinable hace que el Moi determinado se represente la determinación como Otro. Es como una doble desviación del Je y del Moi en el tiempo que los remite uno al otro, los cose uno al otro. Es el hilo del tiempo.

En cierta forma Kant va más lejos que Rimbaud. Dado que la fórmula de Rimbaud, Je est un autre (Yoes otro), remite bizarramente a una manera de pensar aristotélica: "Tant pis pour le bois qui se retrouve violon!... si le cuivre  s'eveille clairon, il n’y a rien desa faute. . ." (¡Tantopeor para la madera que se halla violín! ... si el cobre despierta clarín, no tiene ninguna culpa..."). Para Rimbaud se trata pues de la forma determinante de una cosa en tanto ella se distingue de la materia en la que se encarna: un molde como en Aristóteles. Para Kant se trata de la forma del tiempo en general, que distingue el acto del Je y el Moi al cual se atribuye este acto: una modulación infinita, ya no un molde. Así el tiempo pasa al interior del sujeto para distinguir en él al Moi y al Je. El tiempo es la forma bajo la cual el Je afecta al Moi, es decir, la manera en la que el espíritu se afecta a sí mismo. En este sentido, el tiempo como forma inmutable, que no podía ser ya definido por la simple sucesión, aparece como la forma de interioridad (sentido íntimo, sens íntime), mientras que el espacio, que ya no podía ser definido por la coexistencia, aparece por su lado, como forma de exterioridad. "Forma de interioridad" no significa sólo que el tiempo nos es interior, sino que nuestra interioridad no cesa de escindirnos a nosotros mismos, de desdoblarnos: un desdoblamiento que no va hasta el final puesto que el tiempo no tiene fin. Un vértigo, una oscilación que constituye el tiempo.


III.

El tercer aspecto de la revolución kantiana concierne a la Crítica de la razón práctica, y podríaaparecer en las fórmulas próximas a Kafka. Le Bien, c´est ce que dit la Loi (El Bien es lo que dice la Ley ...). Laley es ya una expresión bizarra, desde el punto de vista de la filosofía que lo Único que conocía eran las leyes. Eso se ve bien en la antigüedad, especialmente en Platón, en el Político. Si los hombres supieran qué es el Bien, y supieran ajustarse a ello, no tendrían necesidad de las leyes. Las leyes o la ley son sólo un "segundo recurso", un representante del Bien en un mundo abandonado por los dioses. Cuando el verdadero político está ausente, deja directivas generales según las cuales deben conducirse los hombres. Las leyes son pues como la imitación del Bien que les sirve de más alto principio. Se derivan del Bien bajo ciertas condiciones.

Cuando Kant habla de la ley, se trata por el contrario de la más alta instancia. Kant opera la inversión de la relación entre la ley y el Bien, tan importante como la inversión de la relación movimiento tiempo. Es el Bien quien depende de la ley y no a la inversa. Del mismo modo que los objetos del conocimiento giran alrededor del sujeto (je), el Bien gira alrededor de la ley subjetiva. ¿Pero qué quiere decir aquí "subjetivo"?. La ley no puede tener otro contenido que ella misma dado que todo contenido de la ley la reconduciría a un Bien del cual ella sería la imitación. En otras palabras, la ley es pura forma, y no tiene objeto, ni sensible ni inteligible. No nos dice lo que hay que hacer, sino a qué regla (subjetiva) debernos ajustarnos, cualquiera sea nuestra acción. Será moral toda acción cuya máxima pueda ser pensada sin contradicción como universal, y cuyo móvil no tenga otro objeto que esta máxima. Por ejemplo, la mentira no puede ser pensada sin contradicción como formalmente universal, puesto que implica al menos, gente que cree en ella y que no miente al creerla. La ley moral se define entonces como pura forma de universalidad. La ley no nos dice qué objeto debe perseguir la voluntad para ser buena, sino qué forma debe tornar para ser moral. La ley como forma vacía, en la Crítica de la razón práctica, corresponde al tiempo como forma pura en la Crítica de la razón pura. La ley no nos dice aquello que se debe, nos dice solamente: ¡Se debe! sin perjuicio de deducir de ella el Bien, es decir los objetos de este imperativo puro. Pero es el Bien quien deriva de la ley, no a la inversa. Como en la Colonia Penitenciaria de Kafka, es una determinación puramente práctica y no teórica. La ley no es conocida, porque no hay nada en ella para "conocer". No se la conoce sino por su acción, y no actúa sino por su sentencia y su ejecución. "Necesita, dirá Kafka, el secreto sobre su contenido". Nose distingue de la sentencia, y la sentencia no se distingue de la aplicación. No la conocemos sino por su marca en nuestro corazón y nuestra carne: culpables, necesariamente culpables. La culpabilidad es como el hilo moral que reduplica el hilo del tiempo.

 
IV.

"Un dérèglement de tous les sens"(Un desorden de todos los sentidos), decía Rimbaud, o más bien un ejercicio desordenado de todas las facultades. Sería la cuarta fórmula de un Kant profundamente romántico, en la Crítica del juicio. Sucede que en las otras dos Críticas, las diversas facultades subjetivas iniciaban relaciones unas con otras, pero estas relaciones estaban rigurosamente ordenadas, por cuanto había siempre una facultad dominante o determinante que imponía su regla a las demás. Numerosas eran las facultades: el sentido externo, el sentido íntimo, la imaginación, el entendimiento, la razón, cada una bien definida. Pero en la Crítica de la razón pura, era el entendimiento quien dominaba, porque determinaba el sentido íntimo por intermedio de una síntesis de la imaginación y hasta la razón se sometía al rol que le asignaba el entendimiento. En la Crítica de la razón práctica, era la razón quien dominaba, porque era ella quien constituía la pura forma de universalidad de la ley siguiendo como podían las otras facultades (el entendimiento aplicaba la ley, la imaginación recibía la sentencia, el sentido íntimo experimentaba las consecuencias o la sanción). Pero he ahí que Kant, habiendo alcanzado una edad en la que los grandes autores se renuevan difícilmente, se enfrenta con un problema que va a arrastrarlo a una empresa extraordinaria: si las facultades pueden entrar así en relaciones variables, pero reguladas por una u otra de ellas, es indispensable que todas juntas sean capaces de relaciones libres y sin regla donde cada una va hasta el final de sí misma, y sin embargo muestra así su posibilidad de una armonía cualquiera con las otras ... Esto será la Crítica del juicio como fundación del romanticismo.

Ya no es más la estética de la Crítica de la razón pura, que consideraba lo sensible como cualidad referible a un objeto en el espacio y en el tiempo, no es una lógica de lo sensible, ni aun un nuevo logos que sería el tiempo. Es una estética de lo Bello y de lo Sublime, donde lo sensible vale por sí mismo y se despliega en un pathos más allá de toda lógica, que aprehenderá al tiempo en su surgimiento, hasta en el origen de su hilo y de su vértigo. Ya no es más el Affect de la Crítica de la razón pura, que refería el Moi al Je en una relación todavía regulada siguiendo el orden del tiempo, es un Pathos que los deja evolucionar libremente para formar combinaciones extrañas como fuentes del tiempo, "formas arbitrarias de intuiciones posibles".

En efecto, la cuestión de la Crítica del juicio es cómo ciertos fenómenos que van a definir lo Bello dan al sentido íntimo del tiempo una dimensión suplementaria autónoma, a la imaginación un poder de reflexión libre, al entendimiento una potencia conceptual infinita. Las diversas facultades llegan a un acuerdo que no está ya determinado por ninguna de ellas, tanto más profundo en cuanto no tiene regla, y que verifique un acuerdo espontáneo del Moi y del Je bajo las condiciones de una Naturaleza bella. Lo Sublime va aún más lejos en este sentido: hace jugar las diversas facultades de tal manera que se opongan una a otra como luchadores, que se empujen una a otra al máximo o al límite, pero que ésta reaccione empujando a aquélla a una inspiración que no hubiera tenido totalmente sola. Uno empuja al otro al límite, pero cado uno hace que se sobrepase el límite del otro. Es una lucha terrible entre la imaginación y la razón, pero también el entendimiento, el sentido íntimo, lucha cuyos episodios serán las dos formas de lo Sublime, luego el Genio. Tempestad en el interior de un abismo abierto en el sujeto. Las facultades se enfrentan, cada una en su propio límite, y encuentran su acuerdo en una discordancia fundamental: un acuerdo discordante, es el gran descubrimiento de la Crítica del juicio, la última inversión kantiana. La separación que reúne fue el primer tema de Kant, en la Crítica de la razón pura. Pero descubre al final la discordancia que hace acuerdo. Un ejercicio desordenado de todas las facultades, que va a definir la filosofía futura, como para Rimbaud, el desorden de todos los sentidos debía definir la poesía del porvenir. Una música nueva como discordancia, y como acuerdo discordante, la fuente del tiempo.

Es por ello que proponíamos cuatro fórmulas, evidentemente arbitrarias con respecto a Kant, pero no arbitrarias con respecto a lo que Kant nos ha dejado para el presente y el futuro. El admirable texto de Quincey, "los últimos días de Immanuel Kant", lo decía todo, pero sólo el reverso de las cosas que encuentran su desarrollo en las cuatro fórmulas poéticas del kantismo. ¿Un aspecto shakesperiano de Kant, una suerte de rey Lear?


Notas:

(*) Edición original en la revista Philosophie, Nº 9. Trad. de M. Garzo y E. Mizrahi. Publicado con la autorización de édit. du Minuit.

(**) N.T.. "El tiempo está desarticulado, dislocado". Acto I.
Hamlet: The time is out of joint; 0 cursed spite
            That ever I was born, to set ¡t tight!
Moratín, Ed. SALVAT traduce: "La naturaleza está en desorden"
Ed. ESPASA CALPE traduce: "El mundo está fuera de quicio".

Texto extraído del Nro. 1 de la revista "Origen", La época del sujeto, julio/diciembre 1988.
Selección y destacados: S.R.

Con-versiones julio 2007

 

 

        

 

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