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El saber del psicoanalista
Jacques Lacan
Clase 7 - 1º de Junio de 1972
Ustedes lo saben, acá digo lo que pienso. Es una posición femenina porque al fin de cuentas, es muy particular.
Entonces, como les escribo de tiempo en tiempo, durante un viajecito que acabo de hacer, les inscribí un cierto número de proposiciones, donde la primera es que hay que reconocer que el psicoanálisis es ubicado, por el discurso — es un término mío— por el discurso que lo condiciona qué a partir de mí, es llamado el "discurso del psicoanalista" —en una posición, digamos, difícil. Freud decía imposible, "unmöglich", quizás sea un poco forzado, hablaba para sí.
¡Bueno! Por otra parte, segunda proposición: él sabe —y esto por experiencia, lo que quiere decir que, por poco que haya practicado el psicoanálisis, sabe bastante para lo que voy a decir sabe en todo caso tener una medida común con lo que digo. Es totalmente independientemente de que esté informado de lo que digo, puesto que lo que digo desemboca, como creo haberlo demostrado este año, en situar su saber. Eso es la historia del saber sobre la verdad.

Este, es el lugar de la verdad, para quienes vienen por primera vez. Acá, el de la apariencia (semblant), el del goce y para el plus-de-gozar, lo escribo abreviado así: "+ de gozar".
Es su relación con el saber, lo que es difícil, por supuesto no por cuanto digo, puesto que en el conjunto del no man's land psicoanalítico, no se sabe lo que digo. No quiere decir que, de lo que digo, no se sepa nada, puesto que eso se desprende de la experiencia. Pero se tiene, hacia lo que se sabe de eso, horror. De esto puedo decir, así, en verdad simplemente, que los comprendo, y "puedo decir", quiere decir: "puedo decir, si eso importa", pero los comprendo, me pongo en su lugar, tanto más fácilmente cuanto que estoy ahí. Pero los comprendo aún más fácilmente porque, como todo el mundo, escucho lo que digo.
Sin embargo, sin embargo no me ocurre todos los días, porque, no todos los días es cuando hablo. En realidad, lo comprendo, es decir qué escucho lo que digo, los pocos días —digamos uno o dos— que preceden inmediatamente a mi seminario, porque en ese momento empiezo a escribirles. Los demás días el pensamiento de aquellos con quienes me ocupo, me desborda. Tengo que confesarlo, porque en ese momento, la impaciencia de lo que llamé —y que por lo tanto puedo llamar todavía, ya que es raro que me retracte— en Scilicet, mi fracaso me domina. Así es.
Sí. Ellos saben. Recuerdo eso porque el título de lo que debo tratar acá es: "El saber del psicoanalista". "Del", en este caso, evoca al "el", artículo definido, en fin es lo que en Francés se llama definido. ¡Sí! ¿Por qué no "de los psicoanalistas", después de lo que acabo de decirles? Estaría más de acuerdo con mi tema de este año, es decir "hay del uno". Los hay que se dicen tales. Me propongo tanto menos discutir su decir, cuanto que no hay otros. Digo "del", ¿por qué? Es porque es a ellos a quienes hablo a pesar de la presencia de un muy alto número de personas acá que no son psicoanalistas. El psicoanalista por lo tanto, sabe lo que digo.
Lo saben, como les dije, ¡por experiencia! por poca que tengan, aún cuando eso se reduzca al didáctico que es la exigencia mínima para que psicoanalistas se digan.
Porque aún si lo que llamé "el pase" se malogra, y bien, se reducirá a eso, a qué habrán tenido un psicoanálisis didáctico, pero en definitiva, alcanza para que sepan lo que digo.
El pase —siempre es en Scilicet, por donde anda eso, resulta el lugar indicado—, cuando digo que el pase se malogra, no quiere decir que no se hayan ofrecido a la experiencia del pase. Como lo aclaré a menudo, esta experiencia del pase es simplemente lo que les propongo a quienes son bastante sacrificados para exponerse a eso, a los fines de tener información sobre un punto muy delicado y que consiste en suma en que, lo que se afirma del modo más seguro, es que resulta totalmente a-normal (objeto a normal) que alguien que hace un psicoanálisis quiera ser psicoanalista. Ahí hace falta verdaderamente una especie de aberración que vale, que valía la pena que fuera ofrecida a todo cuanto podíamos reunir, como testimonio. Indudablemente por eso es que instituí provisoriamente este intento de recolección para saber por qué alguien, que sabe lo que es el psicoanálisis por su didáctico, puede todavía querer ser analista.
Entonces, no diré más en cuanto a su posición, simplemente porque elegí este año "El saber del psicoanalista" como aquello que proponía para mi regreso a Ste. Anne. No es en absoluto para cuidar a los psicoanalistas, no necesitan de mí para sentir vértigo por su posición y no lo aumentaré diciéndoselos.
Sí! Lo que podría ser hecho —y lo haré quizás en otro momento— , lo que podría hacerse en forma punzante, en cierta referencia que no llamaré "histórica" más que entre comillas en fin, verán eso cuando llegue si subsisto— para los que son altamente astutos; les hablaría de la palabra tentación.
Acá, sólo hablo del saber y aclaro que no se trata de la verdad sobre el saber sino del saber sobre la verdad, y que esto, el saber sobre la verdad, se articula en relación a lo que articulo este año sobre el "haydeluno". "Haydeluno" y ninguna otra cosa, pero es un Uno muy particular, el que separa el Uno de Dos, y es un abismo.
Lo repito, la verdad, como ya lo dije, sólo puede medio-decirse cuando haya pasado el intervalo que me permita respetar la alternancia, podrá hablar de la otra cara, de la verdad a medias: ¡siempre hay que separar lo bueno de lo medio malo!
*
Como creo haberles dicho antes, vuelvo de Italia donde siempre fui muy bien recibido, ¡aún por mis colegas psicoanalistas! Gracias a uno de ellos, me encontré con un tercero que está realmente al día, en fin, al mío, por supuesto. Se maneja con Dedekind y no encontró eso por mí, aunque no puedo decir que, para la fecha en que comenzó a dedicarse, yo no lo hiciera ya, pero en definitiva es un hecho que hablé del tema después que él, puesto que lo hablo recién ahora y él ya había escrito todo un trabajito. Se dio cuenta del valor, en suma, de los elementos matemáticos para que emerja algo que verdaderamente concierne a nuestra experiencia como analista. Y bien, como él está muy bien considerado hizo todo para eso, logró ser escuchado en lugares muy bien ubicados de lo que llamamos la I.P.A. —la Institución Psicoanalítica Declarada, como lo traduciría—. Logró ser escuchado, entonces, pero lo que hay de curioso es que no lo publican, y no lo hacen, diciéndole: "Usted comprende, nadie comprenderá!". Debo decir que me sorprende porque, está claro que, de "Lacan", entre comillas en fin, esas cosas que se supone represento para los incompetentes de cierta lingüística, ahí si están preferentemente apurados por atiborrar al International Journal. Cuando más cosas hay en el tacho de basura, naturalmente, ¡menos se discierne! Entonces, ¿por qué diablos en este caso, creyeron tener que poner obstáculos, cuando en lo que a mí respecta, me parece que es un obstáculo y también resulta secundario el hecho de que se diga que los lectores no van a entender. No es necesario que todos los artículos del International Journal sean comprendidos: por lo tanto, hay algo que ahí dentro, no gusta.
Pero es evidente que, como aquél a quien acabo, no de nombrar, ya que ignoran totalmente su nombre, si es ubicable, no dejo de esperar que, a consecuencia de lo que se filtrará de mis palabras de hoy —y sobre todo si se sabe que no lo nombré— finalmente lo publiquen. Verdaderamente, parece importarle lo bastante como para que lo ayude con gusto. Si no ocurre, les hablaré de él un poco más.
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Volvamos a nuestro tema. El psicoanalista tiene entonces una relación compleja con lo que sabe. Lo reniega, lo reprime, si empleamos el término con el que se traduce en inglés, la Verdrängung, y hasta le ocurre no querer saber nada de eso. ¿Y por qué no? ¿A quién podría impresionarle eso? Al psicoanálisis, me dirán ustedes, ¡qué si no! Escucho desde acá el bla-bla-bla de cualquiera que no tenga la menor idea del psicoanálisis. A lo que puede surgir de este floor, coma se dice, contesto: ¿es el saber quien cura, ya sea el del sujeto o el que es supuesto en la transferencia, o bien es la transferencia, tal como se produce en un análisis dado? ¿Por qué el saber, aquél cuya importancia, digo, conoce todo psicoanalista, por qué el saber sería, como lo decía hace un rato, declarado? Es de esta pregunta que Freud tomó, en suma, la Verwerfung; la llama "un juicio que en la elección rechaza, agrega "que condena", pero lo condenso. No es porque la Verwerfung vuelve loco a un sujeto, cuando se produce en lo inconsciente, que no reina, igual y con el mismo nombre que de donde la toma Freud, que no reina sobre el mundo como un poder racionalmente justificado.
"Psicoanalistas", lo verán por la diferencia con "el", "psicoanalista", eso se prefiere, se prefiere a sí, y no son los únicos, ya que hay toda una tradición: la tradición médica. En cuanto a preferirse, nunca se hizo mejor, salvo los santos. Los santos, ese, a, i, ene, te, ese, sí, les hablan tanto de los otros que debo aclarar, porque los otros... ¡en fin, pasemos! Los santos, se prefieren también, ellos, incluso no piden más que eso, se consumen buscando la mejor manera de preferirse, cuando las hay tan simples, como lo muestran los médicos, aunque estos no son santos, eso es obvio.
Hay pocas cosas tan abyectas de hojear como la historia de la medicina, es algo que puede ser aconsejado como vomitivo o como purgante, hace ambas. Para saber que el saber no tiene nada que ver con la verdad, no hay nada más convincente. Incluso podemos decir que llega a hacer del médico una especie de provocador. Eso no impide que el médico se las haya arreglado —y por razones que hacían a que su plataforma, con el discurso de la ciencia se volvía más exigua— para que el psicoanálisis anduviera a su paso. Y de eso entienden, naturalmente; tanto más cuanto que el psicoanalista; al estar tan incómodo, como decía al principio, tan incómodo por su posición, se hallaba tanto más dispuesto a recibir los consejos de la experiencia.
Me importa mucho señalar este punto de historia que resulta, para lo mío, en tanto tenga importancia, un punto totalmente clave; gracias a esta conjuración, contra la cual está dirigido expresamente un articulo de Freud sobre el Laïenanalyse, gracias a esta conjuración que pudo producirse poco después de la guerra, yo ya habla perdido la partida antes de emprenderla.
Simplemente, quisiera que me crean en cuanto a eso, si esta noche testimonio y no es casual que lo haga en Ste. Anne puesto que les digo que acá es donde digo lo que pienso— , si declaro que es muy precisamente en razón de saber muy bien que la había perdido; en esa época, que a esta partida la emprendí.
No hay nada heroico en eso, está claro, hay un montón de partidas que se emprenden en estas condiciones. Inclusive es uno de los fundamentos de la condición humana, como dice el otro, y no da peores resultados que cualquier otra iniciativa. La prueba, ¡eh! El único inconveniente —pero sólo existe para mi— es que no los deja muy libres; digo eso al pasar para la persona que hace, no sé cuánto, dos seminarios atrás, me interrogó acerca de si yo creía o no en la libertad.
Otra declaración que quiero hacer y que después de todo, bien tiene su importancia, porque después de todo, no sé... es mi tendencia esta noche; otra declaración, pero esta entonces, resulta totalmente comprobada: acá, les pido que me crean, es que me había dado cuenta perfectamente, que la partida estaba perdida, después de todo no era tan piola, quizás creí que había que darle con todo y que mandaría al carajo a la Internacional Psicoanalítica (Declarada), y acá nadie puede decir lo contrario de lo que voy a decir y es que nunca solté a ninguna de las personas que sabia debían dejarme antes de que se fueran por si mismas. Y es cierto también, desde el momento en que la partida, en suma, estaba perdida para Francia, aquella de la que hablé antes, ese bochinche en una conjuración médico-psicoanalista de la que surgió en el '53 el principio de mi enseñanza. Los días en que la idea dé tener que continuar la susodicha enseñanza no me acompaña, o sea, algunos, es evidente que tengo, como todos los imbéciles, la idea de lo que podría haber sido para el Psicoanálisis Francés (!) si hubiera podido enseñar ahí donde, por el motivo que acabo de decir, no estaba de ningún modo dispuesto a soltar a nadie; quiero decir que por más escandalosas que fueran mis proposiciones sobre "Función y campo y patatín y patatán... de la palabra y del lenguaje", estaba dispuesto a perseverar durante años hasta para la gente más dura de oreja y, al punto en que estamos, nadie se hubiera perjudicado entre los psicoanalistas.
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Les dije que había hecho un viajecito a Italia. En estos casos, voy también.. . por qué no, porque hay mucha gente que me quiere; a propósito, ¡hay alguien que me mandó un vaso para lavarse los dientes! Quisiera saber quién es, para agradecerle a esta persona. Hay una persona que me mandó un vaso para lavarse los dientes. Lo digo para los que estaban en el Panthéon, la última vez. Es una persona que agradezco aún más porque no es un vaso para lavarse los dientes sino un hermoso vaso rojo, largo y espigado, en el que pondré una rosa, cualquiera sea quien me lo haya mandado. Pero no recibí más que uno, eso debo decirlo. En fin, sigamos. Tengo gente que me quiere, un poco por todas partes, inclusive en los pasillos del Vaticano. ¿Por qué no, eh? Hay gente muy bien. Sólo ahí —esto para la persona que me interroga sobre la libertad—¡sólo en el Vaticano es donde conozco libre pensadores! Y no soy un libre pensador, estoy obligado a atenerme a lo que digo, pero ahí, ¡qué comodidad! ¡Ah! se comprende que la Revolución Francesa haya sido vehiculizada por los curas. Si supieran cuál es la libertad que tienen, amigos míos, les daría frío en la espalda. Yo, trato de hacerlos volver pero no hay nada que hacer, se desbordan: ¡para ellos, el psicoanálisis, ya está superado! Ya ven para lo que sirve el libre pensamiento: ven claro.
A pesar de todo era un buen oficio, ¿eh? Tenía sus lados buenos. Cuando dicen que está superado, saben lo que dicen. Dicen: ¡se fue al tacho porque a pesar de todo hay que hacerlo un poco mejor! Digo eso después de todo para alertar a las personas, las personas que están en la cosa, y particularmente, por supuesto, las que están conmigo, que hay que mirar dos veces antes de enrolar ahí a su descendencia, porque como van las cosas es muy posible que se venga abajo, así. En fin, únicamente para quienes tienen que comprometer a su descendencia, les aconsejó prudencia.
Ya hablé de lo que pasa en el psicoanálisis pero de todos modos hay que precisar algunos puntos que ya abordé y llegamos a un punto que me permite tratarlo brevemente: ocurre que es el único discurso —y rindámosle homenaje— en el sentido en que catalogué cuatro discursos, resulta ser el único que sea un discurso tal que la canallada desemboque necesariamente en la taradez. Si se supiera enseguida que alguien que viene a pedirles un análisis didáctico es un canalla obviamente le diríamos: "¡No hay psicoanálisis para usted mi estimado! Lo convertiría en pan comido". Pero no lo sabemos, justamente resulta estar cuidadosamente disimulado, aunque igualmente llegamos a saberlo al cabo de cierto tiempo, en el psicoanálisis, por ser siempre la canallada, no hereditaria, no se trata de herencia, se trata de deseo, deseo del Otro del que el interesado ha surgido. Hablo del deseo: no siempre es el deseo de sus padres, puede ser el de sus abuelos, pero si el deseo por él qué ha nacido es un deseo de canalla, será un canalla infaltablemente. No encontré nunca excepciones e inclusive por eso es que fui tan blando con las personas de las que sabia que iban a dejarme, al menos en los casos donde fui yo quien los analizó porque sabia bien que se volverían totalmente tontas.
No puedo decir que lo hubiera hecho a propósito, como les dije, es necesario. Lo es cuando un psicoanálisis es llevado hasta lo último, lo que resulta lo mínimo para el psicoanálisis didáctico. Si no es un psicoanálisis didáctico, entonces es una cuestión de tacto: tienen que dejarle al tipo la suficiente canallada como para que se las arregle convenientemente. Es propiamente terapéutico, tienen que dejarlo sobrevivir. Pero en el psicoanálisis didáctico, no pueden hacer eso, porque Dios sabe lo que daría. Supongan un psicoanalista que quede canalla: ¡todo el mundo se obsesiona con eso! Quédense tranquilos, el psicoanálisis, contrariamente a lo que se cree, siempre es verdaderamente didáctico, aún cuando el que lo practica es alguien tarado y hasta diría, aún más. En fin, el único peligro sería tener psicoanalistas tarados. Pero eso, como acabo de decirles, al fin de cuentas, no molesta porque con todo, el objeto a en el lugar de la apariencia (semblant), es una posición que puede sostenerse. ¡Ahí está! Se puede ser tarado desde el principio, también. Es muy importante distinguirlo.
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¡Bien! Entonces, no encontré nada mejor, en lo que a mi respecta, nada mejor que lo que llamo matema, para abordar algo concerniente al saber acerca de la verdad puesto que es ahí donde en definitiva logramos darle alcance funcional. Es mucho mejor cuando el que se ocupa de eso es Pierce, ya que pone las funciones cero y uno, como los dos valores de verdad. No imagina; por el contrario que se puede escribir V mayúscula o F mayúscula para designar la verdad y lo falso.
Ya indiqué eso, brevemente, en el Panthéon y es, a saber, que alrededor del "haydeluno", hay dos etapas: el Parménides y después, hizo falta llegar a la Teoría de Conjuntos, para que la cuestión de un tal saber, que toma a la verdad como simple función y que está, lejos de conformarse con eso, que implica un real que no tiene nada que ver con la verdad -son las matemáticas—, aunque sin embargo hay que pensar que la matemática podía prescindir de toda pregunta acerca de eso, puesto que sólo mucho más tarde y por intermedio de una interrogación lógica, le hace dar un paso a esta pregunta que resulta básica para lo que concierne a la verdad, a saber ¡cómo y por qué "haydeluno"! Me disculparán, no soy el único.
"Haydeluno", alrededor de este Uno gira la cuestión de la existencia. Ya hice algunas observaciones sobre eso, a saber que la existencia jamás fue abordada como tal antes de cierta época y que llevó mucho tiempo extraerla de la esencia. Hablé del hecho de que no hubiera en griego algo propiamente de uso corriente que quisiera decir "existir", no porque ignorara (escritura en griego) sino más bien por cuanto constatara que ningún filósofo lo usó nunca. Sin embargo es ahí donde empieza algo que pueda interesarnos. De lo que se trata, es de saber lo que existe. No existe más que de lo uno —con lo que se apura alrededor nuestro, me veo obligado igualmente a apurarme, la Teoría de Conjuntos, es la interrogación: por qué "haydeluno".
Lo Uno no está a cada vuelta de esquina, aunque no lo imaginen, incluida esta certidumbre totalmente ilusiona, e ilusoria desde hace mucho tiempo — no impide que se insista— de que son Uno, también ustedes. Que son uno, alcanza con que intenten levantar el meñique para que se den cuenta de que no solamente no son Uno, sino que son, ¡lamentablemente!, innumerables, innumerables cada uno para sí. Innumerables hasta que les hayan enseñado, cosa que puede ser uno de los buenos resultados de la vertiente psicoanalítica, que ustedes son según los casos, totalmente finitos. Totalmente finitos, en lo que hace al hombre; ahí está claro: finitos, terminados, ¡acabados!. En lo que concierne a las mujeres, enumerables.
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Voy a tratar de explicarles brevemente algo que comience a despejarles un camino, en cuanto a eso, ya que por supuesto, no son cosas que salten a la vista, ¡sobre todo cuando no se sabe lo que quiere decir "finito" ni "enumerable"! Pero si siguen un poco mis indicaciones, leerán aunque sea algo puesto que ahora las obras sobre Teoría de Conjuntos, pululan aún para ir en contra.
Hay alguien muy amable que realmente espero ver después para disculparme por no haberle traído esta noche un libro que hice todo por encontrar pero que está agotado; me lo comentó la última vez y se llama Cantor se equivoca (Cantor a tort). Es un libro muy bueno. Es evidente que Cantor se equivoca, desde cierto punto de vista, pero indefectiblemente tiene razón por el sólo hecho de que lo que aportó tuvo una innumerable descendencia en matemática y porque de lo único que se trata, es de esto: que, para hacer avanzar a las matemáticas, alcanza con que la cosa se defienda. Aún si Cantor se equivoca desde el punto de vista de los que decretan, no se sabe cómo, que en cuanto al número, ellos saben qué es, toda la historia de las matemáticas demostró, mucho antes de Cantor, que no hay lugar donde se demuestre, que no hay lugar donde sea más verdadero, que lo imposible es lo real.
Empezó con los pitagóricos a los que, un día, les cayó lo que indudablemente debían saber, porque tampoco hay que tomarlos por tontos, que raíz de dos era inconmensurable. Es retomado por filósofos, pero no porque nos haya llevado a través del Teeteto hay que creer que las matemáticas de esa época no estuvieran a la altura o que fueran incapaces de responder ya que justamente, por darse cuenta de que lo inconmensurable existía, se empezaba a plantear la pregunta acerca de qué era número.
No voy a contarles toda la historia pero hay un cierto asunto de raíz de menos uno, que se llamó después, no se sabe por qué, imaginario. No hay nada menos imaginario que raíz de menos uno, como pudo probarse posteriormente, ya que de ahí surgió lo que puede llamarte el número complejo, es decir una de las cosas más útiles y más fecundas creadas en matemáticas.
En síntesis, cuanto más objeciones se hacen a esta entrada del Uno, es decir a través del numero entero, más se demuestra que justamente es desde lo imposible como se engendra en matemáticas lo real. Y es justamente en tanto por Cantor haya podido ser engendrado algo que no es nada menos que toda la obra de Russell, inclusive muchísimos otros puntos que fueron extremadamente fecundos en la Teoría de las Funciones, que resulta cierto que, con respecto a lo real, es Cantor quien está en el camino conecto de aquello de lo que se trata.
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Si les sugiero —le hablo a los psicoanalistas— acercarse un poco a este tema, es justamente por esta razón, de que hay algo que puede aplicarse a lo que es, vuestra debilidad. Digo esto porque ustedes tratan con seres que piensan —que piensan, por supuesto, porque no pueden hacer otra cosa de otro modo, como Telémaco o al menos como el Telémaco que describe Paul-Jean Toulet: "piensan en el gasto". ¡Y bien! De lo que se trata es de saber si ustedes, analistas, y de los que ustedes conducen gastan o no en vano su tiempo.
Está claro que a este respecto, el énfasis de pensamiento que puede ocasionarles una breve iniciación, aunque no debe tampoco ser demasiado breve, en Teoría de Conjuntos, es algo efectivamente apropiado para hacerlos reflexionan sobre nociones como la existencia, por ejemplo. Esté claro que no es sino a partir de cierta reflexión sobre las matemáticas, que la existencia encontró sentido. Todo lo que pudo decirse antes, por una especie de presentimiento, religioso especialmente, a saber que Dios existe, no tiene estrictamente sentido sino en esto que, de poner el acento —y debo ponerlo porque hay gente que me toma por un maestro en pensar resulta que: ya sea que lo crean o que no, escúchenlo bien, les digo al oído —yo no creo en eso, pero no importa, para los que creen, da lo mismo— crean o no, en Dios, díganse bien que en cuanto Dios, en todos los casos, ya sea que se crea o que no se crea, hay que contar. Es absolutamente inevitable.
Por eso, reescribo en el pizarrón esto alrededor de lo cual traté de articular algo sobre lo que respecta a la pretendida relación sexual.

Reempiezo: existe un x tal que, lo que hay de sujeto determinable por una función, que es lo que domina la relación sexual, a saber la función fálica por eso es que escribo Fx (Fi x), se determina por haber dicho no a la función. Pueden ver a partir de lo que digo, la cuestión de la existencia, desde ya esté ligada a algo que no nos permite desconocer que sea un decir. Es un "decir no", inclusive diría más: es un "decir que no". Esto es fundamental, es justamente lo que nos indica el punto preciso en el que debe ser tomado, para nuestra formación, formación de analista, lo que enuncia la Teoría de Conjuntos: hay Uno "al menos Uno" que dice "que no".
Es una puntualización que por supuesto no se sostiene ni un sólo instante y que de ningún modo es enseñable ni enseña nada, si no la unimos a esta inscripción cuantificadora de los cuatro términos, a saber el cuantificador llamado universal es decir el punto desde el cual puede ser dicho, como se lo enuncia en la doctrina freudiana, que no hay deseo, ni libido —es lo mismo— más que masculino.
Es, en verdad, un error que tiene todo su valor como puntualización.
Que las otras tres fórmulas, a saber que no existe este x para decir que no es verdad que la función fálica sea lo que domina la relación sexual y que, por otra parte, debamos escribir—no digo "podamos" escribir- en un nivel complementario de estos tres términos, debamos escribir la función del "no-todo" como esencial para un cierto tipo de relación con la función fálica en tanto funda a la relación sexual, eso es evidentemente lo que hace de estas cuatro inscripciones, un conjunto.
Sin este conjunto, resulta imposible orientarse correctamente en lo concerniente a la práctica del análisis en tanto se ocupa de este algo que se define corrientemente como siendo el hombre, por una parte, y por otra parte, este correspondiente generalmente calificado como mujer, que lo deja solo. Lo deja sólo y no es culpa del correspondiente, es culpa del hombre. Pero culpa o no culpa, no es un asunto que debamos resolver inmediatamente, lo señalo al pasar; lo que importa por ahora es interrogar al sentido de lo que puedan tener que nacer estas cuatro funciones que no son más que dos: una, negación de la función de la otra, función opuesta, estas cuatro funciones en tanto las diversifica su acoplamiento cuantificado.
Está claro que lo que quiere decir barrado, es decir, negación de Fx (Fi x), es algo que desde hace mucho —y desde bastante al principio como para que podamos decir que nos confunde absolutamente que Freud lo haya ignorado— este negación de x (Fi x), a saber este "¡al-menos-Uno!", este Uno sólo que se determina por el efecto del "decir que no" a la función fálica, es muy precisamente el punto bajo el cual debemos ubicar todo lo que se dijo hasta el presente del Edipo, para que el Edipo sea otra cosa que un mito.
Y esto tiene tanto más interés cuanto que no se trata ahí de génesis ni de historia, ni de cualquier cosa parecida, como parece en ciertos momentos en Freud que hubiese podido ser enunciado por él, a saber, un acontecimiento. No podría tratarse de acontecimientos en lo que nos es representado como siendo ante todo historia. Sólo hay, como acontecimiento, lo que se connota en algo que se enuncia. Se trata de estructura.
Que se pueda hablar de "Todo-hombre" como estando sujeto a la castración, es para lo que, del modo más patente, está hecho el mito de Edipo.
Acaso resulta necesario dedicarse a regresar a funciones matemáticas para enunciar un hecho lógico que es éste: y es que, si es verdad que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, la función de la castración es ahí necesaria, es exactamente en efecto lo que implica algo que ahí se escapa. Y sea lo que fuera que escapa ahí, aún si no es —por qué no, ya que está en el mito— algo humano, pero por qué no ver al padre del asesinato primitivo como un orangután, hay muchas cosas que coinciden en la tradición, la tradición de la que después de todo hay que decir que surgió el psicoanálisis: de la tradición judaica. En la tradición judaica, como pude enunciarlo el año en que no quise hacer más que mi primer seminario sobre los "Nombres-del-Padre", tuve de todos modos tiempo para acentuar que en el sacrificio de Abraham, lo que resulta sacrificado es efectivamente el padre, que no es otro que un carnero. Como en toda estirpe humana que se respete, su descendencia mítica es animal. De modo que en definitiva, lo que les dije el otro día acerca de la función de la caza en el hombre, de esto se trata, aunque no le dije mucho, por supuesto, podría haberles dicho más sobre el hecho de que el cazador quiere a lo que caza, así como los hijos, en el acontecimiento llamado primordial en la mitología freudiana, mataron al padre... como aquellos cuyas huellas pueden ver en las grutas de Lascaux, lo mataron, Dios mío, porque lo querían, por supuesto, como se probó a continuación, la continuación es triste. La consecuencia es muy precisamente que todos los hombres, A invertida, la universalidad de los hombres está sujeta a la castración. Que haya "una excepción", no lo llamaremos, desde el punto en que hablamos, mítico. Esta excepción es la función inclusiva: qué enunciar de lo universal si no que lo universal resulta encerrado, precisamente, por la posibilidad negativa. Muy exactamente, la existencia juega acá el papel del complemento o, para decirlo matemáticamente, del borde. Y es lo que incluye esto de que hay en algún lugar un todo x que se vuelve todo a minúscula — quiero decir un A invertido, de (a): -cada vez que se encarna, en lo que podemos llamar "Un ser"."Un ser", al menos que sólo se plantea como ser, a título de hombre especialmente.
Es muy precisamente lo que hace que sea en la otra columna y con un tipo de relación que es fundamental, donde puede articularse algo en lo cual se alinea, puede alinearse, para cualquiera que sepa pensar con estos símbolos; a título de mujer.
Con sólo articularlo así, esto nos hace ver que hay algo que es notorio, notorio para ustedes, en lo que resulta enunciado y es que no hay una que, en el enunciado, en el enunciado de que no es verdad que la función fálica domine lo que concierne a la relación sexual, se inscriba en falso.
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Y para permitirles ubicarse por medio de referencias que les sean más familiares, diría, mi Dios, ya que hablé antes del padre, diría que lo que concierne a este "No existe x que se determine como sujeto en el enunciado del decir que no a la función falica". Es propiamente hablando, la virgen. Ustedes saben que Freud da cuenta del tabú de la virginidad, etc. y otras historias locamente folklóricas alrededor de este asunto y del hecho de que antiguamente las vírgenes no eran penetradas por cualquiera, hacia falta al menos un gran sacerdote o un pequeño señor, en fin, qué importa.
Lo importante no es eso. Lo importante es que se pueda decir en torno de esta función de lo "vivo", esta función de lo "vivo" tan impactante, por cuanto nunca es sino de una mujer, después de todo, que puede decirse que sea viril. Si alguna vez oyen hablar, al menos en nuestros días; de un tipo que lo sea, pueden mostrármelo, ¡eso me interesará! Por el contrario, si el hombre es todo lo que quieran en la gama de lo virtuoso, virar a babor, sortear virando, virá lo que quieras, lo viril está del lado de la mujer, es la única en creer en eso. ¡Ella piensa! Inclusive es lo que la caracteriza. Les explicaré más tarde —les tengo que decir enseguida— que a eso se debe que la virgen no sea enumerable, porque se sitúa, contrariamente al Uno que está del lado del padre, ella se sitúa entre el Uno y el Cero. Lo que está entre el Uno y el Cero es muy conocido, y se demuestra aún cuando uno se equivoque, se demuestra en la teoría de Cantor, de una manera que me parece absolutamente maravillosa.
Acá hay algunos al menos que saben de qué hablo, de modo que lo indicaré brevemente; es totalmente demostrable que lo que esté entre el Uno y el Cero, se demuestra gracias a los decimales, que se usan en el sistema del mismo nombre y resulta muy fácil demostrar que, supongan— hay que suponerlo— que esto fuera enumerable, el método llamado de la diagonal permite forjar siempre una nueva serie decimal tal que no esté inscripta en lo que ha sido enumerada. Resulta estrictamente imposible construir este enumerable, darle siquiera una manera, por mínima que sea, de ordenarlo, lo que sería la menor de las cosas ya que lo enumerable se define por corresponder a la serie de los números enteros.
Es entonces pura y simplemente por una suposición; y con respecto a esto se acusará muy naturalmente a Cantor, como en este libro Cantor a tort, por haber forjado simplemente un círculo, vicioso. Un círculo vicioso, amigos míos, ¡pero por qué no! Cuanto más vicioso es un círculo, más divertido resulta, sobre todo si de ahí se puede sacar algo, algo como este bicho que se llama lo no enumerable, que es efectivamente una de las cosas más eminentes, más astutas, más apegadas a lo real del número que haya sido inventada nunca.
¡En fin, sigamos! Las once mil vírgenes, como está dicho en la Leyenda de Dorée, es la manera de expresar lo no enumerable. Porque once mil, ustedes comprenderán que es una cifra enorme, sobre todo es una cifra enorme para vírgenes, ¡y no solamente en los tiempos que corren!
En cuanto a nosotros, habiendo puntualizado estos hechos, tratemos ahora de comprender qué ocurre con este "No-Toda", que es realmente el punto esencial, el punto original de lo que escribí en el pizarrón. Ya que en ninguna parte, hasta el presente, fue promovida, fue planteada, la función del "No-Toda" como tal. El modo del pensamiento, por cuanto es, si puedo decirlo, subvertido por la falta de relación sexual, piensa y no piensa sólo por medio del Uno: Lo Universal es ese algo que resulta de la envoltura de cierto campo por parte de algo que es del orden del Uno, con la salvedad que es la verdadera significación de la noción de conjunto y es muy precisamente que el conjunto es la notación matemática de ese algo donde, lamentablemente, no dejo de tener algo que ver, que es cierta definición, la que anoto como S tachado ($), del sujeto, del sujeto en tanto no es otra cosa que efecto de significante, dicho de otro modo que representa un significante para otro significante.
El conjunto es la manera por la cual, en cierto momento de la historia, la gente menos indicada para dar cuenta de lo que respecta al sujeto, se vio, si puede decirse, en la necesidad de hacerlo. El conjunto no es otra cosa que el sujeto. Indudablemente es por esto que no podría siquiera manipularse sin la adición del conjunto vacío { }. Hasta cierto punto, diría que el conjunto vacío se delimita en su necesidad por cuanto puede ser tomado como un elemento del conjunto, a saber que la inscripción del paréntesis que designa el conjunto que tiene como elemento a conjunto vacío { }, es algo sin lo cual es absolutamente impensable todo manejo de la función que —les repito, creo haberlo indicado suficientemente— es hecha muy precisamente en cierto momento para interrogar, e interrogar al nivel del lenguaje común — subrayo común, porque no es acá ningún metalenguaje del tipo que sea—, para interrogar desde el punto de vista lógico, interrogar con el lenguaje todo lo que hace a la incidencia, en el lenguaje mismo, del numero, es decir, de algo que no tiene nada que ver con el lenguaje, de algo que es más real que cualquier cosa, como lo manifestó suficientemente el discurso de la ciencia.
No-Todo —faltaba la barra— es muy precisamente lo que resulto, no que nada lo limite sino que el limite es situado de otro modo. Lo que hace que el No-Todo, si puedo decir y lo diré para hacer rápido sea esto: es que contrariamente a la inclusión en F x (Fi x) "existe el Padre cuyo decir-no lo sitúa en la relación a la función fálica", inversamente, es en tanto está el vacío, la falta, la ausencia de lo qué sea que niegue la función fálica al nivel de la mujer, que inversamente, no hay otra cosa que este algo que el "No-Todo" formula en la posición de la mujer con respeto a la función fálica. Ella es en efecto, para ésta, "no toda". Lo que no quiere decir que, bajo la incidencia que fuera, ella lo niegue. No diré que sea otra, porque muy precisamente este modo, es que ella es lo que en mi grafo se inscribe por el significante de esto, que el Otro está tachado,
La mujer no es el lugar del Otro y más aún, se inscribe muy precisamente como no siendo el Otro en la función que doy al A, a saber como el que es el lugar de la verdad. Y lo que se inscribe en la no-existencia de lo que podría negar la función fálica, así como acá había traducido mediante la función del conjunto vacío, la existencia del "decir-que- no", del mismo modo es por ausente e inclusive es por ser "gocentro" (jouiscentre), este "gocentro" que es conjugado a la que llamaría no una ausencia, sino una "de-sencia" (N. de T. : dé-sense, sin-sentido / décence, decencia) —S.E.N.C.E.— que la mujer se plantea por este hecho significante, no solamente porque el gran Otro no está ahí, no es ella, sino que esta totalmente en otro lado, en el lugar donde sitúa la palabra.
Me queda —ya que con todo tienen la paciencia, siendo ya las once, de seguir escuchándome— por puntuar esto que es fundamental en lo que después de todo planteo acá para ustedes al final del año, cierto número de temas que son cristalizantes, y consiste en denotar la hiancia que separa cada uno de estos términos en tanto son enunciados.
Está claro que entre el , "existe" y el "no existe", no hay farfulleo posible, es la existencia.

Está claro que entre "existe uno que no" y "no hay Uno que no sea", hay contradicción:

Cuanto Aristóteles da cuenta de las proposiciones particulares para oponerlas a las universales, instituye la contradicción entre una particular positiva y una universal negativa. Acá, es al revés: es la particular la que es negativa y la universal la positiva.
Acá, lo que tenemos entre este No , No F (Fi) de x, que es la negación de alguna universalidad, lo que tenemos, no hago más que indicarlo, lo justificaré después, es lo indecidible:

Entre los dos de x, con respecto a los cuales toda nuestra experiencia nos muestra, creo, suficientemente que su situación no es simple, de qué se trata, acá? Lo llamaremos falta, llamaremos talla, lo llamaremos, si quieren, deseo y, para ser más rigurosos; lo llamaremos objeto a.

Se trata entonces de saber cómo, en medio de todo esto -espero que algunos al menos, hayan tomado nota—, cómo en medio de todo eso, funciona algo que podría parecerse a una circulación.
Para lo cual, hay que interrogarse acerca del modo en que están planteados estos cuatro términos.

El , arriba a la izquierda, es literalmente lo necesario. Nada es pensable, pensar no es para nada nuestra función, en cuanto a nosotros, hombres. En fin, una mujer, es algo que piensa, piensa inclusive, cada tanto, "luego, soy", en lo cual, por supuesto, se equivoca. Pero en fin para lo que hace a lo necesario, es absolutamente necesario —y es lo que nos indica Freud con esa historia que es un buzón: Tótem y... Tabuzón—, es absolutamente necesario para pensar lo que sea de las relaciones —que se llaman humanas, no se sabe por qué— en la experiencia que se instaura en el decurso analítico, resulta absolutamente necesario plantear que existe Uno para el cual la castración, ¡cuidado!... ¿Qué quiere decir la castración? Quiere decir sobre todo deja que desear, no quiere decir ninguna otra cosa. Y bien, para pensar eso, es decir a partir de la mujer, tiene que haber uno para el cual nada deje que desear. Es la historia del mito de Edipo, pero es absolutamente necesario, es absolutamente necesario. Si desatienden eso, no veo en absoluto qué podría permitirles orientarse de alguna manera. Y es muy importante ubicarse.
Entonces, ese es: . Ya les dije que es necesario, ¿a partir de qué? A partir justamente de esto, que les escribí hace un rato de lo indecidible, de que no se podría de ningún modo decir algo que se parezca a cualquier cosa que pueda tener función de verdad. Sí, si no se admite este necesario: hay Uno al menos que dice no. Insisto un poco. Insisto porque esta noche no pude —fuimos interrumpidos— decirles todas las ocurrencias que hubiese querido contarles al respecto. Pero tenía una buena, y ya que me provocan, se las voy a soltar. De todos modos: es la función del impactar (é-pater).
Se plantearon muchos interrogantes acerca de la función del pater familias. Habría que centrar mejor lo que podemos exigir de la función del padre; cómo nos deleitamos con esta historia de la carencia paternal. Existe una crisis, es un hecho; no es totalmente falso; los-pater ya no nos impactan. Es la única función verdaderamente decisiva del padre.
Ya subrayé que no era el Edipo, que ya no iba, que si el padre era un legislador, daba un presidente Schreber como hijo. Nada más. Sobre cualquier plano, el padre es el que debe impactar a la familia. Si el padre ya no impacto a la familia, naturalmente... se encontrará mejor! No es forzoso que sea el padre carnal, siempre habrá uno que asombrará a la familia, la que todos saben que es un rebaño de esclavos. Habrá otros que la impactarán. Ya ven cómo la lengua francesa puede servir para muchas cosas. Ya les expliqué eso la última vez cuando empecé con ese asunto: "fondre" o "fundar de ellos un Uno"; su subjuntivo, da lo mismo: para fundar hay que fundir (N. de T. : fonde, fondre (fundir) - fonder (fundar). Hay cosas que no pueden expresarse más que en lengua francesa, justamente por eso hay inconsciente. Porque son los equivocos quienes fundan y funden, inclusive sólo hay eso.
*
Si se interrogan acerca del "Todos" buscando cómo es expresado en cada lengua, encontrarán un montón de cosas, absolutamente sensacionales. Personalmente, averigüé mucho sobre el chino porque no puedo hacer un catálogo con todas las lenguas del mundo. También interrogué a alguien, gracias a la encantadora tesorera de nuestra escuela, que le hizo escribir a su padre como se decía "Todos" en yoruba. Es de locos, entienden! Hago eso por amor al arte, pero sé claramente que de cualquier modo, encontraré que en todas las lenguas, hay un medio para decir: "Todos".
A mi, lo qué me interesa es el significante, como Uno, es de lo que nos servimos en cada lengua y el único interés del significante, son los equívocos que pueden surgir de él, es decir algo del orden de "fundar con dos en Uno" y otras pelotudeces por el estilo. Es lo único interesante, porque para lo que hace al "Todos", siempre lo encontrarán expresado: el "Todos" es forzosamente semántico.
El sólo hecho de que diga que quisiera interrogar todas las lenguas resuelve la cuestión, puesto que las lenguas justamente son "no todas", es lo que las define; por el contrario si les pregunto acerca del "Todo", ustedes comprenden, si, en fin, la semántica pertenece a la traductibilidad. ¡Qué otra definición podría darle! La semántica es eso gracias a lo cual un hombre y una mujer no se comprenden a menos que no hablen la misma lengua. En fin, les digo todo eso para hacerlos ejercitarse y porque para eso estoy acá y además, quizás también para abrirles un poquito las entendederas acerca del uso que hago de la lingüística. ¡Sí! Quiero terminar. Entonces para lo que respecta a lo que necesita la existencia, partimos justamente de este punto que inscribí hace un rato, de la hiancia de lo indecidible, es decir entre lo "no-todo" y el "no-una". Y después eso va ahí, a la existencia. Y luego ego, va acá. A qué? Al hecho de que todos los hombres son, están en potencia de castración. Va a lo posible, porque lo universal nunca es otra cosa. Cuando dicen que "Todos los hombres son mamíferos", eso quiere decir que todos los hombres posibles pueden serlo. Y después esto, ¿adónde va? Eso va acá, al objeto a. Con eso estamos en relación nosotros. Y después eso, ¿adónde va? Va acá, donde la Mujer se distingue por no ser unificante.
¡Ahí está! No queda más que completar acá para ir hacia la contradicción y volver del "No-Todas", que en definitiva no es otra cosa que la expresión de la contingencia. Pueden ver acá, que como ya lo señalé en su momento, la alternancia de lo necesario, de lo contingente, de lo posible y de lo imposible no está en el orden dado por Aristóteles; ya que acá, de lo que se trata, es de lo imposible, es decir al fin de cuentas, de lo real.
Entonces, sigan bien este caminito, porque nos servirá más adelante. Verán algo de eso. Ahí está! Habría que indicar los cuatro triángulos en las esquinas, así, la dirección de las flechas está igualmente indicada. ¿Se ubican?

Bien! Creo que ya hice suficiente para esta noche. No deseo terminar con una perorata sensacional, pero la cuestión es que, si, está bastante bien escrito. Necesario, imposible.
X: — ¡No se escucha!
LACAN: —¿Eh? Necesario, imposible, posible y contingente.
X: — ¡No se escucha nada!
LACAN: —¡No me importa! ¡Es eso! Es una apertura: Escucharán la continuación dentro de unos quince días. Puesto que haré mi próximo seminario en el Panthéon, el 14. No estoy seguro de que no sea el último.
VERSION COMPLETA
Texto extraído de "El saber del psicoanalista" (Charlas de Jacques Lacan en Ste. Anne, 1971-1972), publicación de ENAPSI, sin mención de traductor ni de fecha, Buenos Aires, Argentina.
Selección, revisión y destacados: S.R.
Con-versiones julio 2007
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