Mapa del sitio

Quienes somos

Comuníquese con nosotros

Tema Sueños y Utopías    Ver todas las notas de esta sección

 

El sueño de Escipión (*)

Cicerón

 

VI.9. ESCIPIÓN EMILIANO: Habiendo llegado al África como tribuno militar en la cuarta legión bajo el cónsul Manlo Manillo, como sabéis, nada fue mejor para mí que ir a visitar al rey Masinisa, amiguísimo de nuestra familia por justas razones. Cuando llegué hasta él, el anciano me abrazó, se deshizo en lágrimas y, poco después, levantó la vista al cielo y dijo:

"Te doy gracias, soberano Sol, y a vosotros, los demás celícolas, porque antes de emigrar de esta vida veo en mi reino y bajo estos techos a Publio Cornello Escipión, por cuyo nombre precisamente yo me reconforto; así pues, nunca se aleja de mi espíritu el recuerdo de aquel hombre óptimo e invictísimo" (1).
Luego, yo lo interrogué acerca de su reino, él a mí acerca de nuestra república, y aquel día se nos pasó con muchas conversaciones mantenidas entre uno y otro.

10. Después de ser agasajado yo con regla magnificencia, prolongamos la charla hasta muy entrada la noche, no hablando el viejo sino del Africano, y recordando no sólo sus hechos, sino también sus dichos. Luego, cuando nos hubimos separado para dormir, a mí, no solamente por estar cansado del camino, sino también porque había estado desvelado hasta muy entrada la noche, el sueño me capturó más profundo de lo que acostumbraba.
Entonces (creo que, seguramente, a partir de esto que habíamos hablado; en efecto, ocurre generalmente que nuestros pensamientos y conversaciones engendren en el sueño algo tal como escribe Enio acerca de Homero, de quien naturalmente, estando despierto, con muchísima frecuencia solía hablar y pensar) a mí se me apareció el Africano, con aquella figura que me era más conocida por su retrato que por su presencia en persona. Cuando lo reconocí, sin duda me puse a temblar, pero él dijo:
"Presta atención y desecha el temor, Escipión, y confía a tu memoria lo que diré.

11. "¿Ves aquella ciudad que, obligada por mí a obedecer al pueblo romano, reanuda las antiguas guerras y no puede permanecer en paz (y mostraba a Cartago desde cierto lugar elevado y lleno de estrellas, iluminado y claro), a la cual tú vienes ahora, para sitiarla, casi como soldado raso? A ésta la destruirás dentro de dos años como cónsul, y tendrás, adquirido por ti, este sobrenombre que hasta ahora tienes recibido en herencia de mí. Ahora bien, después que hayas destruido Cartago, hayas celebrado el triunfo y hayas sido censor y visitado como embajador Egipto, Siria, Asia, Grecia, por segunda vez serás elegido cónsul, estando ausente, y pondrás fin a una guerra importantísima: destruirás Numancia. Pero cuando hayas sido transportado al Capitolio por el carro triunfal, encontrarás la república conturbada por los proyectos de mi nieto (2).

12. "Será necesario entonces, Africano (3), que tú enseñes a la patria la luz de tu alma, de tu ingenio y de tu buen juicio. Pero, en cierto modo, veo el camino del destino como bifurcado en este momento. Pues cuando tu edad haya cumplido siete veces ocho giros y regresos del sol, y estos dos números, cada uno de los cuales es considerado perfecto, cada uno por causa distinta, hayan completado para ti la suma fatídica con su vuelta natural, toda la ciudad se volverá hacia ti solo y hacia tu nombre; a ti el senado, a ti todos los buenos ciudadanos, a ti los aliados, a ti los latinos te contemplarán. Tú serás el único en quien se apoye la salvación de la ciudadanía y, en pocas palabras, es menester que reconstruyas el Estado como dictador, si escapas a las manos despiadadas de tus parientes."
Como entonces Lelio hubiera lanzado una exclamación, y como también los restantes se hubieran lamentado con gran vehemencia, Escipión dijo, sonriendo suavemente: "¡Chist! Pido por favor que no me hagáis salir del sueño, y escuchad un momento lo demás".

13. "Pero para que tú, Africano, estés más dispuesto a defender la República, considera esto: que para todos los que hayan conservado, auxiliado, incrementado la patria, hay cierto lugar determinado en el cielo, donde los bienaventurados gozan de una vida eterna; en efecto, para aquel dios principal, que gobierna todo el mundo, nada que ocurra en la Tierra es más grato, ciertamente, que las asociaciones y reuniones de hombres agrupados por el derecho, que se llaman ciudades; los gobernantes y protectores de éstas, habiéndose marchado de aquí, aquí retornan."

14. En ese momento yo, aunque estaba aterrorizado, no tanto por el miedo a la muerte como por el de las asechanzas de mis allegados, sin embargo le pregunté si vivían él mismo y mi padre Paulo y los otros que nosotros juzgábamos que estaban muertos.
"Por cierto que sí ‑dijo‑, están vivos estos que salieron volando de las cadenas de los cuerpos como de una cárcel; en cambio, la vuestra, que se dice vida, es muerte. ¿Por qué no miras a tu padre Paulo, que viene hacia tí" (4).
Cuando lo vi, derramé por cierto un torrente de lágrimas, y él, abrazándome y besándome, me impedía llorar.

15. Y yo, tan pronto como pude empezar a hablar, después de reprimir el llanto, dije:
"A ver, padre respetadísimo y óptimo, puesto que ésta es la vida ‑como escucho decir al Africano‑, ¿por qué sigo en la Tierra? ¿Por qué no me apresuro a venir hacia aquí, junto a vosotros?"
Él repuso: "No es así. Salvo cuando este dios, cuyo templo es todo esto que ves, te haya liberado de esas prisiones del cuerpo, no puede abrirse para ti la entrada a este lugar. Pues los hombres fueron engendrados con esta ley, para que cuidaran aquel globo, que ves como centro de este templo, que se llama Tierra, y a éstos les ha sido otorgada un alma procedente de aquellos fuegos eternos, a los que llamáis constelaciones y estrellas, que, globulares y perfectos, animados por mentes divinas, llevan a término con admirable celeridad sus revoluciones y órbitas circulares. Por lo cual, el alma debe ser conservada en la prisión del cuerpo, tanto por ti, Publio, como por todos los hombres piadosos, y no se debe emigrar de la vida de los seres humanos sin la orden de aquel por quien el alma os ha sido entregada, para que no parezca que rechazáis una tarea asignada por un dios.

16. "Pero simplemente, Escipión, como aquí tu abuelo, como yo, que te engendré, cultiva la Justicia y el sentido del deber, que es, por una parte, importante en relación con los padres y allegados, y por otra, importantísima con respecto a la patria; esta clase de vida es el camino hacia el cielo y hacia este encuentro con aquellos que ya vivieron, y que, liberados del cuerpo, habitan aquel lugar que ves (y era éste un círculo que brillaba entre llamas, con vivísimo resplandor), que vosotros, como lo heredásteis de los griegos, denomináis 'Vía Láctea' (5). Desde él, todas las otras cosas me parecían a mí, que las contemplaba, luminosas y admirables. Eran éstas unas estrellas que desde este sitio nunca hemos visto, y todas ellas de grandeza que no hemos sospechado jamás que existiera, de las cuales era la mínima aquella que, la más alejada del cielo, la más cercana a la Tierra, resplandecía con luz de otro astro (6).
Ahora bien, las esferas de las estrellas superaban fácilmente el tamaño de la Tierra. Entonces la misma Tierra me pareció a mí tan pequeña que me avergoncé de este imperio nuestro, con el cual llegamos a ocupar sólo un punto de ella.

17. Dado que yo la contemplaba más y más, dijo el Africano: "Por favor, ¿hasta cuándo estará tu mente clavada en la Tierra? ¿Acaso no ves a qué templos has venido? Todo el universo ante ti está comprendido en nueve órbitas o, mejor, esferas, una de las cuales es divina, la más externa, que rodea a todas las restantes, precisamente como el dios supremo que encierra y contiene a los otros; en ella están fijados aquellos recorridos de las estrellas, eternos, que giran. Bajo ésa están dispuestas las siete esferas que dan vueltas hacia atrás, y con movimiento contrario respecto al cielo. Entre ellas, la esfera mayor la ocupa aquella que en la Tierra llaman de Saturno; luego está aquel astro fulgurante, salutífero y propicio para la raza de los hombres, que se llama Júpiter; luego, el planeta rojo y terrible para la Tierra, que llamáis Marte. Después, abajo, el Sol ocupa aproximadamente la región central, guía, príncipe y rector de los demás cuerpos luminosos, alma del mundo y justa proporción, de magnitud tan grande que todo lo ilumina y colma con su propia luz. A éste lo siguen como acompañantes la órbita de Venus, la de Mercurio, y en el último círculo rueda la Luna, encendida por los rayos del sol. Y debajo nada hay ya, excepto lo mortal y caduco, menos las almas, entregadas a la raza de los humanos por un don de los dioses. Por encima de la Luna todo es eterno. En cuanto a esta Tierra que está en el medio, en noveno lugar, no se mueve y es la más baja, y todos los cuerpos pesados son atraídos hacia ella por su propia gravitación."

18. Como yo admirara esas cosas estupefacto, dije cuando me recobré: "¿Qué es esto? ¿Qué sonido es éste tan grandioso y tan dulce que colma mis oídos?" (7).
Él respondió: "Éste es aquel sonido que, formado por intervalos desiguales, pero sin embargo claros por la proporción constante de sus partes, es producido por el impulso y el movimiento de las mismas órbitas, y que, combinando los tonos agudos con los graves, logra equilibradamente varias armonías. Y en efecto, movimientos tan vastos no pueden ser realizados en silencio, y la naturaleza hace que las órbitas extremas resuenen de un lado gravemente, y del otro, en cambio, en forma aguda. Por esta causa, aquella órbita superior del cielo, cubierta de estrellas, cuyo giro es más rápido, se mueve con un son agudo e intenso, y en cambio esta órbita lunar e inferior se mueve con el sonido más grave. Respecto a la Tierra, en noveno lugar, está fija, inmóvil, permaneciendo siempre en una sola posición, comprendiendo el punto central del universo. Pero aquellas ocho esferas móviles, en dos de las cuales hay una misma esencia (8), producen siete tonos distintos por sus intervalos, número que es casi la clave de todas las cosas. Imitando esto con cuerdas y con cantos, los hombres sabios se abrieron el camino de retorno a este lugar, como otros que, con talentos insignes, cultivaron en la vida humana estudios divinos (9).

19. "Colmados con este sonido, los oídos de los hombres se ensordecieron; y no hay en vosotros ningún sentido más embotado, así como ese pueblo que habita cerca de aquel sitio donde el Nilo se precipita, en esos lugares que se designan como Catadupa (10),lo desde altísimos acantilados, está privado de la facultad de oír, a causa de la intensidad del ruido. Aquí, en verdad, el sonido es tan fuerte, con la órbita aceleradísima de todo el universo, que los oídos de los hombres no pueden percibirlo, igual que no podéis mirar de frente al sol, y ante sus rayos se doblegan vuestra mirada y vuestro sentido."

20. Aun admirando yo estas cosas, sin embargo volvía repetidas veces mis ojos a la Tierra. Entonces dijo el Africano: "Me doy cuenta de que contemplas ahora de nuevo ese asiento y hogar de los hombres; que, si te parece así pequeño, como lo es, en adelante mira siempre a estas regiones celestes, desdeña aquellas cosas humanas. En efecto, ¿qué fama de habladurías de hombres o qué gloria que deba desearse puedes conseguir? Ves que se habita, en la Tierra, en escasos y estrechos parajes, y en ellos, como manchas donde se vive, ves vastos desiertos interpuestos, y ves que esos que habitan la Tierra no sólo están así separados, de modo que nada entre ellos mismos, de unos a otros, puede comunicarse, sino que se hallan ubicados, en parte, en posición oblicua, en parte transversalmente dispuestos, en parte incluso en los antípodas para vosotros: ciertamente de ellos no podéis esperar ninguna gloria" (11).

21."Y además observas a la misma Tierra como ceñida y circundada por ciertas zonas, de las cuales ves que dos completamente opuestas entre sí y apoyadas a uno y otro lado en los polos del cielo, han quedado congeladas por el frío, y que aquella zona central se calcina a más no poder con el ardor
del sol. Dos zonas son habitables, de las que aquella austral en la que los que la pisan imprimen huellas en distinta direc­ción de las vuestras, no existe para vuestra raza. Pero esta otra zona, sometida al aquilón, que habitáis, mira cómo os con­tiene en un estrecho lugar. Efectivamente, toda la Tierra que se puebla con vosotros es una isla diminuta, reducida en los polos, más ancha en los flancos, rodeada por aquel mar que en las tierras llamáis 'Atlántico', 'Magno', 'Océano', que sin embargo adviertes cuán ínfimo es, a pesar de un nombre tan importante.
22. "¿Acaso desde estas mismas tierras cultivadas y como­das pudo tu nombre, o el de alguno de nosotros, escalar este Cáucaso que ves o cruzar a nado aquel Ganges? ¿Quién oirá tu nombre en las restantes regiones del sol naciente o poniente, o en los más alejados límites del aquilón o del austro? Recortados tales extremos, ves por cierto en qué estrechos espacios quiere extenderse vuestra gloria. Y sin duda, los que hablan de nosotros, ¿cuánto tiempo hablarán?

VII.23. "E inclusive todavía más, si aquella generación de futuros hombres desea transmitir a la posteridad alabanzas sin interrupción de cada uno de nosotros, recibidas de sus padres, sin embargo, debido a las inundaciones e incendios, que es necesario que sucedan en un plazo limitado, no sólo no podemos acceder a una gloria eterna, sino ni siquiera prolongada. Y en efecto, ¿qué importancia tiene que la conversación de aquellos que nacerán después hable acerca de ti, cuando ninguna hubo de aquellos que nacieron antes?

24. "Ellos fueron no menos numerosos, y seguramente mejores hombres, sobre todo porque, entre esos mismos de quienes nuestro nombre puede oírse, ninguno puede lograr un recuerdo de un solo año. Efectivamente, las personas miden el año, en forma vulgar, tan sólo por la revolución del sol, esto es, de un único astro; pero cuando todos los astros hayan vuelto al mismo punto de donde una vez partieron y, a largos intervalos, hayan restaurado la misma configuración de todo el cielo, entonces, de verdad puede llamarse aquél Gran Año (12), en el cual apenas me atrevo a decir cuántos siglos de los humanos están comprendidos. Pues así como una vez el sol pareció eclipsarse y faltar a los hombres, cuando el alma de Rómulo penetró en estos mismos templos, siempre que el sol se eclipse de nuevo en el mismo punto y en la misma estación, entonces, habiendo regresado todas las constelaciones y estrellas al principio, considera que se ha completado un año; por cierto, sabe que de ese año todavía no se ha pasado la vigésima parte.

25. En consecuencia, si perdieras la esperanza del regreso a este lugar, en donde todo lo tienen los hombres grandes y eminentes, en fin, ¿de cuánto valor es esa gloria de los hombres que apenas puede extenderse a una parte exigua de un único año? Por lo tanto, si quieres mirar hacia lo alto y prestar atención a esta sede y morada eterna, no te entregues a las murmuraciones del vulgo, ni deposites la esperanza de tus cosas en las recompensas humanas; conviene que la virtud misma, con sus propios encantos, te lleve a la gloria verdadera: lo que otros digan de ti, que ellos lo cuiden, pero lo dirán de todos modos. Ahora bien, toda esa murmuración también es cubierta por los estrechos espacios de las regiones que ves, y nunca fue eterna para ninguno, y es sepultada por la muerte de los hombres, y se extingue con el olvido de la posteridad."

VIII.26. Habiendo dicho él esas cosas, le respondí:

"En cuanto a mí, Africano, si en verdad se abre, para los bienhechores de la patria, como un sendero hacia la entrada del cielo, aunque desde la niñez no he faltado a vuestro honor, habida cuenta de que he marchado tras las huellas de mi padre y las tuyas, ahora no obstante me esforzaré mucho más enérgicamente, dado que ha sido propuesto un premio tan grande."
Y él repuso: "Tú por cierto esfuérzate y considera lo siguiente: que no eres mortal tú, sino este cuerpo. En efecto, tú no eres ése que esta apariencia muestra, sino que el alma de cada uno es cada uno, no esa figura que puede señalarse con el dedo. Por consiguiente, ten presente que tú eres un ser divino, si en verdad es un ser divino el que tiene vida, el que siente, el que recuerda, el que prevé, el que hasta este punto rige y gobierna y mueve aquel cuerpo al cual le ha sido impuesto, como aquel dios primero rige este mundo. Y como de alguna parte el mismo dios eterno mueve el mundo mortal, así el alma eterna mueve el cuerpo corruptible.

27. "Pues lo que siempre se mueve es eterno; pero lo que transmite su movimiento a otra cosa y es movido desde otra parte, eso mismo es necesario que deje de vivir cuando tenga fin aquel movimiento. En consecuencia, solamente lo que se mueve a sí mismo, como nunca se separa de sí, nunca deja tampoco de moverse; y más aun, para las restantes cosas, que son movidas, ésta es la fuente, éste el principio del movimiento. En cambio, la causa primera no tiene ningún origen, pues todo se origina de una primera causa, y ella misma no puede nacer de ninguna otra cosa; pues no seria principlo aquello que se generara de otra fuerza. Pero si nunca nace, tampoco muere alguna vez. Pues una vez desaparecido un principio, ese mismo no renacerá de otro, ni creará otra cosa de sí, ya que es necesario que todo surja del principio como primera causa (13). Sucede así que el principio del movimiento lo es a partir de esto: porque él se mueve por sí mismo, y eso no puede ni nacer ni morir; o bien es necesario que todo el cielo se derrumbe, y que la naturaleza toda se detenga, y que ésta'no encuentre ninguna fuerza para moverse, impelida desde el principio.

IX. 28. Como es evidente, en consecuencia, que es eterno aquello que se mueve por sí mismo, ¿quién es el que negaría que esta naturaleza ha sido otorgada a las almas? En efecto, todo lo que es agitado por un impulso externo está exento de alma, y lo que está animado, eso, es excitado por un movimiento interior y propio; pues ésta es la naturaleza propia y la esencia del alma, que, si es la única entre todas las cosas que se mueve a sí misma, ciertamente no ha sido engendrada y es eterna".

29."A tu alma, tú ejercítala en los trabajos más nobles. Y son los más nobles los desvelos por la salvación de la patria: animado y aplicado a ellos, el espíritu (14) vendrá volando más velozmente a ésta, su sede y morada; y lo hará con mayor prontitud si, ya desde el momento en que está encerrado en el cuerpo, se eleva por encima de él, y se sustrae del cuerpo lo máximo posible, contemplando estas cosas que están en el exterior. Pues en verdad, los espíritus de aquellos que se entregaron a los placeres del cuerpo, y se rindieron a sí mismos como sus servidores, y violaron las leyes de los hombres y dioses por impulso de los instintos dóciles a los placeres, tras deslizarse fuera de los cuerpos, dan vueltas en torno a la misma Tierra, y no son devueltos a este lugar sino después de haber sido atormentados durante muchos siglos."

Él se marchó; yo me desperté del sueño.


 

 

NOTAS:

(1) Esta plegaria inicial de Masinisa tiene su importancia a la luz de lo que vendrá: anticipa el tema de la inmortalidad del alma, la localización astral del trasmundo y la condición animada de los astros (caelites).
(2)Tiberio Sempronio Graco. Del primer Africano era hija Cornelia, madre de los Gracos. La fecha de la tertulia es apenas posterior a la de la revolución gracana.
(3) El Africano Maior interpela al Minor (Emiliano) por medio del sobrenombre común a los dos. Luego la literatura se viste con el prestigio de la profecía.
(4) Lucio Emilio Paulo, vencedor en Pidna (168 a.C.), muerto en el 160 a. C. Escipión Emiliano fue adoptado por Publio Escipión, h,,o del primer debe emigrar de la vida de los seres humanos sin la orden de aquel por quien el alma os ha sido entregada, para que no parezca que rechazáis una tarea asignada por un dios.
(5) Orbis lacteus; ver Aristóteles, Metafísica, 1.8.2.
(6) Es decir, la Luna.
(7) Pitágoras observó la relación que existía entre la altura de los sonidos y la longitud de las cuerdas de la lira. Aplicada primeramente a una escala musical, la armonía así descubierta comprometió más tarde todos los órdenes: los mismos astros giraban al compás melodioso de la música de las esferas, y la base de esta armonía era numérica. Véase la fórmula que conservó Jámblico, neoplatónico del siglo iii d.C. (Vida de Pitágoras, 162): "Y todo concordó con el número".
(8) Mercurio y Venus, se creía, emitían la misma nota.
(9) Sólo lateralmente aparecen los filósofos y artistas.
(10) Cataratas del Nilo cerca de Siene.
(11) "En posición oblicua": obliqui, habitantes de otra zona templada del mismo hemisferio; "transversalmente dispuestos": transversi, los de la misma zona templada del otro hemisferio; "en los antípodas": adversi, los de otra zona del otro hemisferio (C. Keyes).
(12) La noción del "Gran Año" fue difundida en Roma por el pitagórico Nigidio Fígulo, amigo de Cicerón. Según Cicerón, Hortensio, fr. 35, constaba de 12954 años solares. Igual referencia en Servio (Comentarío ala Eneida, 111.284).
(13) La del movimiento perpetuo es una vieja idea sin un fundamento fisico. El pasaje viene de Platón, Fedro, 245e ss., como Cicerón explica en Tusculanas, 1.22.53.
(14) Cicerón prefiere emplear aquí animus ‑o mens‑ en lugar de anima. Animus designa el principio pensante y se opone a corpus, por un lado, y a anima, por otro. Los antiguos se esfuerzan por distinguir las dos palabras, al menos en el origen; se ve que animus, principio superior, es masculino; anima, que le está sometida, es femenino. Animus a menudo está unido a mens. En la época imperial, spiritus tiende a sustituir a animus, con el cual está unido. En nuestra traducción se alterna "alma" con "espíritu".

Texto extraído de "Tratados filosóficos I", Cicerón, págs. 249/ 271, editorial Losada, edición bilingüe, Buenos Aires, Argentina, 2006.
Traducción y notas: Jorge Mainero.
Selección: S.R.

Con-versiones enero 2007

 

 

        

 

copyright 2005 Conversiones.com Todos los derechos reservados.