|
El ojo del gato
Georges Bataille
Comentario
al cuento:
Sólo porque lo humano sabe que aun llora una eternidad perdida,
puede experimentar el amor como ningún otro ser vivo sobre la faz
de la tierra.
La llegada del amor, duele. Entra al cuerpo con la premura inesperada de un
rayo, y lo obliga a un nuevo reconocimiento: otro será el cuerpo
visitado por Eros.
Eros
lo cambia todo. Dios irresponsable y travieso, malicia veloz y alada:
arroja como al azar sus flechas candorosas, e incendia corazones
por capricho propio.
De fuego, los lazos no reconocen la bendición de la noche serena,
pues a toda pasión y a pura lava, devastan las rígidas muecas de
la razón pensante; pulcras cortesías alguna vez pactadas.
La
erótica, arte de mostrar lo que se oculta y ocultar lo que se muestra,
lleva la marca del dios y se desprende de su nombre como una materia
benéfica, irremediable y poderosa.
Vanesa
Guerra
Fui educado
solo y, hasta donde recuerdo, siempre me apasionaron las cosas sexuales.
Cerca de dieciséis años tenía yo cuando conocí a una joven de mi
edad, Simone, en la playa de X... Nuestras familias se encontraron
un parentesco lejano, cosa que precipitó nuestras relaciones. Tres
días después de conocernos estábamos Simone y yo solos en su casa,
vestida ella con un delantal negro y un cuello almidonado. Empecé
a adivinar que compartía mi angustia, tanto más fuerte cuanto que
ese día estaba desnuda bajo el delantal.
Llevaba medias negras de
seda por encima de la rodilla. Todavía no había podido verla hasta
el culo (ese nombre que empleaba con Simone me parecía el más bonito
de los nombres del sexo).Me limitaba a imaginar que, levantando
el delantal, le vería el trasero desnudo.
En el pasillo había un
plato de leche destinado al gato.
-Los platos están hechos
para sentarse-dijo Simone-. ¿Quieres apostar? Me siento en el plato.
- Apuesto a que no te atreves-respondí
yo, sin aliento.
Hacía calor. Simone colocó
el plato en un pequeño banco, se instaló ante mí y sin desviar los
ojos de los míos, se sentó mojando el trasero en la leche. Me quedé
algún tiempo inmóvil, temblando, con la sangre en la cabeza, mientras
ella observaba mi verga dilatando el pantalón. Me acosté a sus pies.
Ella ya no se movía; por primera vez vi su “carne rosa y negra”
bañada en leche blanca. Permanecimos largo tiempo inmóviles, tan
ruborizados el uno como la otra.
Ella se levantó
bruscamente: la leche resbaló por sus muslos hasta las medias. De
pie por encima de mi cabeza, se secó con un pañuelo, poniendo un
pie sobre el pequeño banco. Yo me frotaba la verga, agitándome en
el suelo. Gozábamos al mismo tiempo, sin habernos tocado el uno
al otro. Sin embargo, cuando entró su madre, me senté en un sillón
bajo y aproveché un momento en que la joven se acurrucó en los brazos
maternos: levanté sin ser visto el delantal, pasando una mano entre
sus cálidos muslos.
Volví a casa corriendo, ávido de meneármela aún más. Al día siguiente,
tenía ojeras. Simone me miró, escondió la cabeza contra mi espalda
y dijo:”No quiero que en adelante te la menees sin mi”.
Así empezaron
entre nosotros relaciones de amor tan estrechas y necesarias que
rara vez estábamos una semana sin vernos. En realidad, nunca hemos
hablado de ello. Comprendo que ella experimente en mi presencia
sentimientos cercanos a los míos, difíciles de describir. Recuerdo
el día en que íbamos en coche muy aprisa.Atropelle a una joven y
hermosa ciclista, cuyo cuello quedó casi partido en dos por las
ruedas. La contemplamos muerta largo tiempo. El horror y la desesperación
que se desprendían de aquellas carnes, en parte repugnantes y en
partes delicadas, recuerdan el sentimiento que experimentamos al
conocernos. Simone es simple habitualmente. Es alta y guapa; nada
hay desesperante en su mirada ni en su voz. Pero es tan ávida de
lo que perturba los sentidos que la menor llamada confiere a su
rostro un carácter evocador de sangre, de terror súbito y de crimen,
de todo cuanto destruye irremediablemente la beatitud y la buena
conciencia. Vi por primera vez esa muda y absoluta crispación –que
yo compartía-cuando puso su trasero en el plato. Rara vez nos miramos
con atención sino en esos momentos. No estamos tranquilos y no jugamos
más que durante breves minutos de relajación, tras el orgasmo.
Debo decir
aquí que estuvimos largo tiempo sin hacer el amor. Aprovechábamos
las ocasiones para entregarnos a nuestros juegos. No carecíamos
de pudor, muy al contrario, pero una especie de malestar nos obligaba
a desafiarlo. Así al instante de pedirme que no me la menease solo
(estábamos en lo alto de un acantilado), me quitó los pantalones,
me obligó a tumbarme en el suelo y, levantándose la falda, se sentó
sobre mi vientre y se abandonó sobre mi. Le metí en el culo un dedo
que mi leche había mojado. Luego, se tumbó con la cabeza bajo mi
verga y, apoyándose con las rodillas en mis hombros, levantó el
culo aproximándolo a mí, que mantenía la cabeza a su nivel
-¿Puedes hacer pipi en
el aire hasta el culo?-me pregunto.
-sí-respondí-, pero el
pis te mojara el traje y la cara.
-¿Por que no?-dijo ella,
y la obedecí; pero, en cuanto hube terminado, la inundé nuevamente,
esta vez de leche blanca.
Entre tanto, el olor del
mar se mezclaba con el de la tela mojada, el de nuestros vientres
desnudos y el de la leche. Caía la tarde y permanecimos en aquella
posición, inmóviles, cuando escuchamos pasos que aplastaban la hierba.
-no te muevas-suplico Simone.
Los pasos se
habían detenido; no podíamos ver quien se acercaba, reteníamos la
respiración. El culo de Simone así erguido me parecía, en realidad,
una poderosa súplica: era perfecto, las nalgas estrechas y delicadas,
profundamente hendidas. Estaba seguro de que el desconocido, o desconocida,
sucumbiría pronto y se vería obligado a desnudarse a su vez. Los
pasos recomenzaron, acelerados, y vi aparecer a una joven encantadora,
Marcelle, la mas pura y conmovedora de nuestras amigas. Simone y
yo estábamos rígidos en nuestra postura, hasta el extremo de no
poder mover siquiera un dedo, y fue de repente nuestra desdichada
amiga quien se dejo caer en la hierba sollozando. Sólo entonces,
soltándonos del abrazo, nos lanzamos sobre aquel cuerpo abandonado.
Simone le levantó la falda, le arrancó la braga y me mostró con
embriaguez un nuevo culo tan hermoso como el suyo. Lo besé con rabia,
masturbando el de Simone, cuyas piernas habían aprisionado los riñones
de la extraña Marcelle, quien ya no ocultaba más que sus sollozos.
-Marcelle -exclamó-, te
lo suplico, no llores.Quiero que me beses en la boca.
Simone acariciaba su hermoso
pelo liso, besándola por todo el cuerpo.
Entretanto,
el cielo se había pasado a la tormenta y, con el anochecer, gruesas
gotas de lluvia habían empezado a caer, produciéndose una tregua
tras el bochorno de un día tórrido y sin brisa. El mar hacía ya
un ruido enorme, dominado por largos fragores de trueno, y los relámpagos
permitían ver como en pleno día los dos culos masturbados de las
jóvenes que ahora habían enmudecido. Un brutal frenesí animaba nuestros
tres cuerpos. Dos bocas juveniles se disputaban mi culo, mis pelotas
y mi verga, y yo no cesaba de abrir piernas húmedas de saliva y
de leche. Como si hubiera querido escapar al abrazo de un monstruo,
y en ese monstruo era violencia de mis movimientos. La lluvia cálida
caía torrencialmente y nos resbalaba por todo el cuerpo. Estruendosos
truenos sacudían y acrecentaban nuestra rabia, arrancándonos gritos
redoblados a cada relámpago ante la visión de nuestras partes sexuales.
Simone había encontrado un charco de barro y se embadurnaba con
él: se masturbaba con la tierra y gozaba, fustigada por el chaparrón,
con mi cabeza apretada entre sus piernas manchadas de tierra, el
rostro encenegado en el charco donde agitaba el culo de Marcelle,
a quien abrazaba por los riñones mientras con la mano tiraba del
muslo abriéndolo con fuerza.
Georges
Bataille; La historia del ojo – Colección: La sonrisa Vertical-
Tusquets editores -6ta edición, 1993 –pág 51-56.
Enlaces:
La conciencia de la muerte - Georges Bataille
>>>
El erotismo - Georges Bataille >>>
Versiones ¿SeXualidad? - Vanesa Guerra >>>
Selección,
comentario y enlaces: V.G
Con-versiones noviembre, 2006
|
|