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Seminario XVI: De un Otro al otro
Jacques Lacan
Clase
9; 29 de Enero de 1969

Les
dejé la última vez, avanzados, con bastante firmeza, en el campo
de la apuesta de Pascal,
en el punto que puntualiza lo que acabo de escribir sobre
el pizarrón, a saber, en la distinción de la identidad esencial
de la serie, de la cual les dije que era sólo de un modo enteramente
arbitrario que ubicábamos allí un punto de partida, situado entre
el a y el 1.
Arbitrario
toma su sentido del mismo acento que doy a esa palabra de Saussure,
cuando él habla del carácter arbitrario del significante. Quiero
decir que en el punto que hemos ubicado el corte, entre una serie
creciente y una serie decreciente al infinito, no tenemos razón
de situar ese punto más que en una escritura, a saber que aquí el
1 no tiene otra función más que la del trazo, el trazo unario, bastón, marca. Sólo que,
por arbitrario que sea, no invalida el que sin ese 1, ese trazo
unario, no habría serie para nada. Tal es el sentido que es necesario
dar a eso de Saussure; un autor sin duda hipercompetente
declara que yo traiciono a placer, que sin este arbitrario, el lenguaje
no tendría - hablando con propiedad- ningún efecto.
Entonces,
esta serie que se encuentra
siendo construída por el hecho que cada uno de sus términos es producido
por la adición de los dos términos que lo preceden; ese término.
Lo que es decir la misma cosa que, en el otro sentido, cada uno
está hecho de la sustracción del más pequeño de los dos que lo siguen
al más grande. Ella está construida sobre el principio de que la
relación de uno de sus términos al siguiente, es igual a la relación
de ese siguiente, así como él se produce al agregarlo allí, lo que
parece añadir una segunda condición. Plantear que el a, el
término del cual acabo de hablar, es igual al siguiente 1,
en su relación a lo que va a seguirlo aún, es decir a la adición
de 1 y a, es lo que parece especificar esta serie
por una doble condición.
Pues
precisamente allí está lo que es erróneo, como lo demuestra ésto:
que si ustedes plantean como ley de una serie, que cada uno de sus
términos esté formado de la adición, aquí, merecería ser especificada
de un modo más riguroso, pero como aquí no se trata más que, a ese
propósito, de que yo me extienda en consideraciones extensas sobre
lo que se refiere a la teoría de los grupos, nos limitaremos a la
operación comúnmente conocida bajo ese término y que es ya,
por otra parte, dada en el principio de lo que hemos planteado,
al principio de esta serie, la primera, entiendo yo.
He
ahí, entonces, la serie 1 ; 1: es suficiente para plantearla, escribir
que en esta serie 1 + 0 será igual a 1, que 1=1 será igual a 1,
e inmediatamente que todo Uno será la suma de Uno menos 1 y de Uno
menos 2.
Esta
serie se llama la serie de Fibonacci
(1)
y ustedes ven que ella está sometida a una única condición. Lo que
va a producirse en esta serie demuestra que ella es esencialmente
la misma que la serie planteada en primer lugar; ésto es, a saber,
que si ustedes operan entre ellas por no importa que operación definida,
que ustedes, por ejemplo, adicionan término a término, que multiplican
término a término, también, por ejemplo - ustedes pueden también
tomar otras operaciones- resultará de ello otra serie de Fibonacci,
es decir que se les permitirá confirmar que la ley de su formación
es exactamente la misma, a saber que es suficiente adicionar aquellos
de esos términos para dar el término siguiente.
Que
deviene, entonces, esta proporción maravillosa,
ese a que parece, en la serie de la cual he partido, que se puede
decorar como ustedes lo saben con la función
del número de oro, que, en efecto aparece allí desde
el inicio, bajo la forma de ese a que se manifiesta por la posición
principal de 
Esta
pequeña a no nos falta en una serie de Fibonacci cualquiera, por
la siguiente razón: que si ustedes hacen la relación de cada uno
de esos términos al término siguiente, a saber ,
al principio, que yo no he escrito, porque no vale nada decir enseguida,
después ,
,
y así continuando.
Ustedes
obtendrían un resultado que tiende, bastante rápido a inscribir
los dos primeros decimales, después los tres, después los cuatro,
después los cinco, después los seis, del número que corresponde
a esta pequeña a de la cual poco importa que se escriba 0,618 y
la continuidad.
Cosa
muy fácil de verificar. Sabemos ya que a era inferior a la unidad
y que lo importante es que vemos que esta a, bastante rápido, desde
que uno se aleja del punto de partida de la serie
de Fibonacci, va a inscribirse como relación de uno de
sus términos al término siguiente. Eso para demostrar que no hay
en la elección de esa a, que hemos hecho precisamente por
estar ubicada ante el problema de comando figurada, lo que se pierde
en la posición; en el hecho de plantear el 1 inaugural, reduce
a su función de marca esa
elección de la a, eso no tiene nada de arbitrario para lo
que es, del mismo modo que la pérdida que apuntamos, aquella
que apuntamos en el horizonte, en la mira de nuestro discurso, aquella
que
constituye el plus de gozar. Como esta pérdida, el a, relación
límite de un término de la serie de Fibonacci, a aquél que le sigue,
como esta pérdida, el a, no es más que un efecto de la posición del trazo unario.
Por
lo demás, si algo es necesario confirmarles, es suficiente que miren
la serie decreciente tal como la he inscripto, o más bien reinscripto,
pues yo ya la había inscripto la última vez a la izquierda, les
basta ver como está hecha.
La
serie de números que constituye la serie
de Fibonacci aparece allí de un modo alternante; esto
es, a saber, que hay aquí una a, aquí dos a, tres a, cinco,
ocho a y que en cuanto a los enteros, igualmente ellos alternan
1, 2, 3, 5, 8, 13. Es de un modo alternante que lo que se inscribe
en entero está a la derecha y después a la izquierda y así seguidamente.
Lo
mismo para lo que se refiere al número que afecta al a, pero como
ustedes lo ven, el a tiene siempre aquí una ventaja sobre
el entero, es 1, aquí, entonces que el entero no será 1 más
que al término siguiente y así seguidamente.
Es
por ello que cambia de lugar, porque, para que se conserve un resultado
positivo - y es de lo que se trata en esta serie- es necesario que
cada uno de esos términos se escriba de un modo positivo; es necesario
que pase alternativamente de un lado al otro lo que se numera en
entero y lo que se numera en a.
Pues,
como ustedes lo ven, en tanto que a es inferior a 1 y que sabemos,
por otra parte, en razón de la posición de esta igualdad primera,
que va a expresarse por una potencia creciente de a, el resultado
de esta diferencia va a devenir más y más pequeño, por relación
a algo que constituye como un límite; esto es lo que se llama una
serie convergente y, ¿convergente hacia qué?.
Hacia
algo que no es 1, pero como se los he mostrado la última vez por
la imagen de repetición de
ese a sobre el 1, después del resto que era a 2 sobre a, lo que
produce aquí a 3, siendo repetido el a, que produce aquí a 4, arribando
el todo aquí a un corte que realiza 
Es
en razón de esto, que el límite aquí inscripto de la serie convergente
se ubica al nivel 1 + a igual a si mismo a .
¿Qué decir?.
¿Qué
figura - hablando propiamente- lo que aquí funciona? Esta es la
cuestión: cómo es posible figurar correctamente lo que se refiere
a una conjunción posible de la división
del sujeto en la medida que ella resultaría de un rehallazgo
del sujeto, - aquí- punto de interrogación de ese sujeto, que es
de ello el sujeto absoluto, del goce y del sujeto que se engendra
de ese 1 que lo marca, a saber, del punto origen de la identificación.
Es
grande la tentación de plantear la escritura que es la de la Selbstbewustsein
hegeliana (2),a
saber que estando planteado el sujeto por ese 1 inaugural, no hay
más que unirse a su propia figura en tanto que formalizada.
El
sujeto del saber está planteándose
como sabiéndose a si mismo; pues es precisamente aquí que la falta
aparece. Si él no ha visto que esto pueda ser eficaz más que en
plantear el Sujeto Sabido, tal como lo hacemos en la relación de
un significante a un otro significante, lo que nos muestra que aquí
es de la relación, no de 1 a 1, sino de la relación a1, a2 que se
trata, y que, entonces, en ningún momento está suprimida la división
original.
La
relación aquí, simplemente imitada, no está más que en el horizonte
de una repetición infinita, que podemos apuntar como algo que responde
a esa relación de 1 a 1, sujeto del
goce por relación al sujeto
instituído en la marca, cuya diferencia permanece irremediable
en tanto que, tan lejos como impulsen la operación que esta reducción
engendra, encontrarán siempre de un término al otro e inscripto
como balance de la pérdida, la relación de la cual han partido,
mismo si no está inscripto en la inscripción original, a saber,
la relación a.
Esto
es tanto más significativo si se trata, precisamente, de una relación
y no de una simple diferencia que, de algún modo, devendría más
y más descuidable, a la vista de la prosecución de vuestra operación.
De
suerte que, si como es fácil de verificar, ustedes toman esta operación
en el sentido de la serie creciente aquí, la diferencia de los enteros,
a saber de lo que se inscribe en 1, fundamento de la identificación subjetiva original, y del número
de las a, irá siempre acrecentándose, pues aquí, en el sentido
de la adición, es siempre de la relación de un número de a, que
corresponde al término más pequeño, en un número de enteros que
corresponde al término más grande de que se trata; es decir a la
vista, si puedo decir de una extensión de los enteros del sujeto,
tomado al nivel de la base, habrá siempre una falta más grande de
unidades a. No habrá a para todo el mundo.
Tomen
eso. Paso, volveré quizás allí, al nivel de una cuestión- apólogo;
lo que nos importa seguramente, lo que va a contar en nuestro sondeo
de la apuesta de Pascal es lo que adviene en el sentido en
que, de un modo no menos infinito, el
a puede ser aproximado, que, una
vez más nos parece eso, que da bajo una forma analógica, lo que
se refiere a las relaciones del 1 al 1 + a; a saber, ese a en el cual sólo puede ser asido lo que en el se refiere al
goce, por relación a que se referiría a
la aparición de una pérdida.
Me
basta agregar aquí ese trazo, o más exactamente, en ese apunte de
la distancia de lo que se refiere a la solución hegeliana de
la Selbstbewustsein, con aquella que, un examen riguroso de
la función del signo, nos libra cada vez que aparece y reaparece
de un modo cualquiera; que es en una relación de 1 a 1 que la solución
puede encontrarse - lo inscribo aquí de un modo humorístico, es
el caso de decirlo- ; planteen ustedes la pregunta acerca de lo
que se trata; qué es lo que tiende a dar esta imagen como figura
de un ideal que podría ser algún día cerco de un saber absoluto,
allí está precisamente la hache que acabo de traducir humorísticamente,
es precisamente el hombre, homo ¿o por qué no?, la histérica, pues
no olvidemos que es nivel de la identificación neurótica. Relean
el texto, y de preferencia en alemán, para no estar obligados a
recurrir a esas cosas penosas, las cuales debemos al cuidado de
algunas personas mezcladas en no tener más que ese recurso cuando
no queremos usar más que el francés, el volumen zaparrastroso, ni
existe índice de las materias, en fin; ustedes verán, si se remiten
al artículo oportuno: "Psicología de las masas y análisis
del yo", en el capítulo de la identificación, que es de
los tres tipos de la identificación enunciados por Freud, el central,
que él inserta - hablando con propiedad- en el campo de las neurosis,
que aparece, que está destacada la cuestión del Einziger
zug, de ese trazo unario, que he extraído de allí.
Si
lo recuerdo aquí es para indicar que en la continuidad de mi discurso
habré de volver allí, pues, muy singularmente, es en la neurosis - pues, efectivamente hemos tomado
de allí nuestro punto de partida- que aparece la forma más inasible, contrariamente a lo que pudieran
imaginar, y es para permitirles detenerse allí que lo enuncio aquí,
la forma más inasible del objeto a.
Volvamos
ahora a nuestra apuesta de Pascal
(3) y a
lo que puede inscribirse de ella. La fruslería de los filósofos,
parece en efecto, hacernos perder lo mayor de su significación.
No es sin embargo, que todos esos esfuerzos le hayan hecho bien
y comprendido en ello el inscribir los datos en el interior de una
matriz, según las formas, donde se escriben en el presente los resultados
llamados de la teoría de los juegos.
En
esta forma se lo pone en cuestión, si puedo decirlo. Verán cuan
extrañamente se pretende refutarlo. He ahí, en efecto, eso de lo
que se trata, observaremos que la apuesta es coherente con la posición
siguiente: no podemos saber si Dios es, ni lo que es.
La
división pues de los casos que resultan de una apuesta comprometida
¿sobre qué? Sobre un discurso que se
liga a una promesa que le es imputada, la de una infinidad de vidas
infinitamente felices, es gracias al hecho que yo hablo y no escribo
nada. Aquí que yo hablo en francés, ustedes no pueden saber nada
más se los hago notar, que lo que está sobre el pequeño cabo de
papel, que es taquigráfico, acerca de si esta infinidad de vidas
está en singular o plural. Por otra parte, está claro, para toda
la continuidad del discurso de Pascal, que debemos tomarlo en el
sentido de una multiplicación plural, en tanto que, en la medida
en que comienza a argüir,si valdría la pena apostar sólo para tener
una segunda vida, hasta tres y así seguidamente. Se trata entonces
de una infinidad numérica.
He
ahí lo que está comprometido, algo como se ha dicho de lo cual disponemos
para el juego, esto es, a saber, una postura. Esta postura,
figurémosla, es legítima a partir del momento en que hemos podido,
nosotros mismos, avanzar para aprehender lo que está bien en cuestión, en la pregunta, a
saber eso más enigmático que nos hace ser nosotros en el campo de
un discurso cualquiera, a saber, el a. Esta es
la postura; porque nosotros la inscribimos aquí en esta casilla,
es lo que tendremos que justificar. Esta es la postura y por otra
parte, de un término de los objetos a. Esta es una cuestión
que valdría la pena que la evoque si, como lo ven, no entrañara
ya algunas dificultades. Seguramente de lo que se trataba es de
la serie creciente.
El
infinito del cual se trata, es aquél que Pascal ilustra,
tiene figura de un signo análogo a aquél que está allí, el infinito de los números enteros, pues es sólo por
relación a él que deviene ineficiente el elemento de partida, quiero
decir neutro; que es a ese título que deviene cero, en tanto se
identifica a la adición del cero al infinito, el resultado de la
adición no pudiendo figurarse más que por el signo que designa uno
de sus términos.
He
ahí, pues, como se figuran las cosas y si he hecho esta matriz no
es que ella me parezca suficiente, sino que ella es lo ordinario
en lo cual uno se sostiene. Es, a saber, que se remarca que, según
que exista o no eso que figuramos aquí del modo legítimo por a,
en tanto es el campo de un discurso según que este sea admisible
o rechazable, veremos figurarse en cada una de las casillas que
no tienen aquí más importancia que las matrices, por donde se toma
con alfileres una combinatoria, en la teoría de los juegos.
Si
ese a debe ser retenido inmediatamente, tenemos cero como
equivalente de ese a, lo que no representa otra cosa que
una postura "arriesgada" al nivel de una teoría del juego
- debe ser considerada como perdida. Si queremos articular en apuesta
eso que se refiere a la apuesta de Pascal, no es de ningún
modo un sacrificio, es la ley misma del juego, es necesario que
pueda haber aquí cero, si la promesa, lo mismo no es receptuable,
nada de lo que se sitúa mas allá de la muerte no es tenible y nosotros
mismos no tenemos aquí un cero, sino que no quiere decir nada, si
eso no está allí, la postura del otro lado está perdida.
De
hecho, en la apuesta de Pascal,
la postura es idéntica a la promesa,
es porque está promesa es enunciada que podemos construir esta matriz
y desde que ella es construída, está absolutamente claro que la
disimetría de las posturas impone que, efectivamente, si la conducta
del sujeto no se define más que por lo que se determina de un delineado
significante, no hay pregunta; la dificultad no comienza más que
al percibir que el sujeto no es de ningún modo algo que pudiéramos
encuadrar más que, en su momento, por la relación de un
a a un 1, de la
conjunción de un número de significantes cualquiera, sino
del efecto de caída que resulta
de esta conjunción y que da a nuestra a, aquí inscripta en la casilla
inferior de la izquierda, una ligazón que no es de ningún modo separable
de la construcción de la matriz misma.
Esto
es de lo que se trata en el progreso que se engendra a pesar del
psicoanálisis. Es esta ligazón la que se trata de estudiar en su
consecuencia, que hace precisamente al sujeto dividido, es
decir no ligado al simple establecimiento de esta matriz. Pues desde
ahí aparece evidentemente, enteramente claro, que esos ceros, en
esta matriz, no son, ellos mismos, más que ficción del hecho que
se pueda plantear una matriz, dicho de otro modo, que se pueda escribir.
Pues
el cero que se escribe abajo, es el cero de partida, bien mercado
por la axiomatización de Peano como necesario para que se
produzca el infinito de la serie de los números naturales. Sin infinito,
no hay cero que entre en
línea de cuenta. Porque el cero
estaba allí esencialmente para el producto. Es precisamente por
una ficción tal, como se los he recordado hace un momento, que el
a está reducido al cero cuando Pascal argumenta: en el resto, ustedes
no hacen más que perder cero siendo dado que los placeres de la
vida - es así que el se expresa- eso no pesa mucho y, especialmente,
a la vista de la infinidad que les abre.
Es
precisamente hacer uso de una ligazón matemática, la que expresa
en efecto, que ninguna unidad, de cualquier clase que sea, adicionada
al infinito hará más que dejar intacto el signo del infinito;
a menos que, sin embargo, les he mostrado en múltiples oportunidades
que no podría decirse absolutamente que no sepamos si el infinito
como Pascal argumenta para opacarlo de un modo
homólogo al Ser Divino, no
pueda rigurosamente decirse que está excluido, que se pueda decir
que la adición de una unidad no hará que podamos decir si es par
o impar, en tanto que, como lo han visto en la serie decreciente,
son todas las operaciones pares que se apilarán las unas sobre las
otras y todas las operaciones impares de otro lado para totalizar
la suma infinita, que no es menos reductible a un 1 de un cierto
tipo, el 1 que entre en conjunción con el a.
Sienten
ustedes aquí que no hago más que indicar al pasar, toda suerte de
puntos esclarecidos por los progresos de la teoría matemática y
que, de algún modo, hacen mover la vela. Lo que hay bajo esa vela
es precisamente lo que se refiere, verdaderamente, a la
articulación de ese discurso, cualquiera que sea, comprendida allí
la llamada premisa, es que al descuidar lo que oculta, a saber su
efecto de caída, y al nivel del goce, se desconoce la verdadera
naturaleza del objeto a.
Pues,
lo que nuestra práctica, que es práctica del discurso y no
otra, nos muestra que conviene repetir, de otro modo, si queremos
darle su verdadero sentido, lo que se refiere a la apuesta. Pascal
mismo nos indica: allí está lo que provoca el embrollo cerca
de espíritus - es necesario decirlo- que parecen singularmente poco
preparados por una función profesoral en el dominio de lo que se
trata, cuando se trata de un discurso.
Ustedes están comprometidos, nos dicen. ¿Qué es lo que compromete
menos que una matriz así?

Ustedes
están comprometidos, que es decir si no, que para hacer un juego
de palabras, ese es el momento de la entrada
del yo (je) en la cuestión.
Lo
que está comprometido es yo (je); si hay posibilidades en
el juego de comprometer lo que sea, a la pérdida, es que la pérdida
está ya allí, que es precisamente por ello que la postura en juego
no puede anularla. Entonces lo que aprehendemos del psicoanálisis
es que hay efectos que enmascaran la pura y simple reducción
del juego a lo que se enuncia. ¿Cómo podemos, aún un instante, cuando
se trata de un juego figurado bajo la pluma de Pascal, descuidar
la función de la gracia, es decir del deseo del
Otro?
No
crean que eso puede haber llegado así al espíritu de Pascal, que,
hasta para comprender su apuesta, tan ridículamente figurada fuera
necesaria la gracia.
Se
los he dicho, en toda figuración ingenua de la relación del sujeto a la demanda, hay, en suma,
"que tu voluntad sea hecha" latente. Es precisamente lo
que se cuestiona cuando esta voluntad que es, justamente, de no
ser la nuestra, viene a hacer defecto. Dicho de otro modo, no lo
prolonguemos por más tiempo y pasemos a ese Dios,
que es precisamente aquél, el único en cuestión posible bajo la
pluma de Pascal; el hecho de ponerle las mismas letras no cambiará
nada en la diferencia; vamos ya a verle articularse en la distribución
del pizarrón, en lo cual veremos bien que esta distribución no es
diferente de sí misma.
Llamemos
las cosas crudamente: Dios existe. Para un sujeto supuesto
el saber, la cupla 0 / infinito la inscribimos ahora en uno de los
cuadrados de la matriz. Yo he supuesto
el saber pero es necesario agregar algo allí: que yo sea para (que
je sois pour).
Y si, siendo supuesto el saber que Dios existe, yo estoy contra;
entonces allí la elección está entre el a y esto que es precisamente
de lo que se trata en el hilo del pensamiento que enuncia Pascal:
yo pierdo deliberadamente infinitas vidas, infinitamente dichosas
(- infinito).
Y
después, yo soy supuesto saber que Dios no exista ¡y bien!, por
qué no pensar que al a puedo, sin embargo, comprometerlo,
perderlo, simplemente. Esto es tanto más posible en cuanto que es
de su naturaleza el ser pérdida, pues para medir lo que se refiere
a un juego donde aquí es a un cierto precio que guardo, al precio
de menos el infinito, puede ser legítimo demandarse si eso vale
la pena, preocuparse tanto para guardarlo. Si hay quienes lo guardan
al precio de la pérdida menos el infinito, figúrense ustedes que
han existido cantidad de gentes que balanceaban el a sin
tener ningún cuidado de la inmortalidad del alma.
Esto
es en general lo que se llama sabios, gente papadre (4),
no sólo padre (pere), papadres. Eso tiene mucha relación con el
padre, como ustedes lo verán. Aquí, ustedes tienen aquellos que,
por el contrario, guardan el a y duermen sobre sus dos orejas.
En
cuanto al cero de al lado, lo que choca en esta discusión es la
coherencia que revela del sujeto supuesto
saber, pero es que no es una coherencia hecha con un
poco de indiferencia, él es, - apuesto a favor- pero se muy bien
que él es.
El,
seguramente, no es - apuesto en contra- , pero esta no es una apuesta.
Esto no tiene nada que hacer con una apuesta. En la diagonal ustedes
tienen gente que está tan segura que no apuesta para nada. Siguen
el viento de lo que ellos saben, pero ¿qué quiere decir saber en esas condiciones? Quiere decir tan pocas cosas que hasta
aquellos que no saben nada pueden hacer de ello un único caso, a
saber que, aunque sea de él - y se me permitirá hacer destacar al
pasar que no extrapolo de ningún modo sobre lo que, a esta mirada
es la tradición de Freud, a saber que no salgo de mis plata- bandas,
si consultan el volumen que he recordado, hace un momento, verán
que todo el tiempo, Freud hace esta tranquila distinción
de que al fin de cuentas, todo lo que se refiere a la creencia del
cristiano, no lo lleva a modificar mucho su conducta por relación
a aquellos que no lo son.
Es
en la posición, si pudiera decirse, de un sujeto purificado, que lo que ocurre allí, en la
diagonal de la izquierda, se encuentra pudiendo ordenarse en la
pequeña matriz de arriba. Pero lo que es importante, lo que seguramente
nos muestra algo imprevisto; ésto es aquel que apuesta en contra,
sobre el fundamento de eso que él sabe ser, y aquél que apuesta
a favor, como si él fuera lo que él sabe muy bien no ser.
Figúrense
ustedes que aquí eso deviene totalmente interesante; el saber que ese menos el infinito que ven aparecer
en la casilla de arriba, a la derecha, es traducido en las pequeñas
escrituras de Pascal, por un nombre que se llama el
infierno. Sólo esto supone que sea examinado, porque
la función del a ha culminado en esta imaginación,
de las más discutibles, de que haya un más allá de la muerte. Sin
duda en el hecho de su deslizamiento matemático indefinido, bajo
toda clase de cadena significante, donde ustedes prosiguieran su
último ajuste, ella subsiste siempre intacta; como ya lo he articulado
al comienzo del año en un cierto esquema de las relaciones de S
y de A.
Pero,
entonces, eso puede inducirnos a preguntarnos lo que quiere decir
el surgimiento, bajo la forma de un menos el infinito de algo sobre
ese pizarrón, ¿es que no está ese menos para ser traducido de un
modo más homólogo a su función aritmética, a saber, que cuando el
aparece, la serie de los enteros se redobla, lo que quiere decir
se divide?.
El
es allí el signo de ese algo que me parecía sólo válido de recordar
al final de mi último discurso, es que al tomar como objeto a y no de otro modo lo que está puesto en juego en la
renuncia propuesta por Pascal, hay tanto de infinito allí
donde él tiene un límite, como allí donde él no reencuentra ese
juego del a. De todos modos es en un medio infinito el que
nosotros comprometemos el que viene a equilibrar singularmente las
chances en la primera matriz.
Sólo
que puede ser que sea necesario retener de otro modo lo que se figura
en ese mito, del cual Pascal nos recuerda que para hacer
parte del dogma no hace nada más que testimoniar que la misericordia
de Dios es más grande que su justicia, en tanto él extrae algunos
elegidos, en tanto que todos deberían estar en el infierno. Esta
proposición puede parecer escandalosa, me sorprendo de ella en tanto
que está enteramente claro y manifiesto que a este infierno, nunca
no se lo ha podido imaginar fuera de lo que nos ocurre todos los
días; quiero decir que ya estamos allí, que esta necesidad que nos
engloba en no poder realizar el sólido
del a, más que por una medida indefinidamente repetida
de lo que se refiere al corte del a, - en un horizonte cuyo límite sería
necesario interrogar- es que ello no basta, sólo a él, para cortar
los brazos de los más corajudos.
Sólo
que, no se tiene elección; nuestro deseo
es el deseo del Otro y según que la gracia nos haya faltado o no,
lo que se juega al nivel del Otro; a saber de todo lo que nos ha
precedido en ese discurso que ha determinado nuestra concepción
misma, estamos determinados o no, en el curso del estancamiento
del objeto a.
Entonces
resta la cuarta casilla, la de abajo; no es por nada que hoy me
he permitido sonreír a propósito de ella. Son todos tan numerosos,
tan bien repartidos como aquellos que están en el campo de arriba,a
la derecha.
Los
he llamado, provisoriamente, los papadres
(pepère). Sería erróneo, sin embargo, minimizar el sentido de sus
desplazamientos, pero, cuanto menos, lo que yo quisiera hacerles
remarcar es, que en todo caso es allí donde nosotros, en el análisis,
hemos ubicado la buena norma. El plus de gozar está expresamente
allí modulado como extraño a la cuestión, si la cuestión de la cual
se trata es eso que el análisis puede prometer como el retorno a
la norma; ¿cómo no se ve que esta norma se articula allí, realmente, como la ley? La ley sobre la cual se funda el Complejo
de Edipo, y de la cual está totalmente claro, para cualquier extremo
que se tome este mito, que el goce se distingue ahí absolutamente
de la ley; gozar de la madre está prohibido, se dice, y no es ir
muy lejos en lo que tiene de consecuencias, esto es, que el gozar
de la madre está prohibido.
Nada
se ordena más que a partir de este enunciado primero, como se ve
bien en la fábula, donde el sujeto, Edipo, nunca ha pensado - Dios
sabe a causa de que divertimento, quiero decir de todo lo que Yocasta
dispensaba alrededor de él, de encanto y probablemente, también,
de hostigamiento- para que eso no le hubiera venido a la idea, aún
cuando las pruebas comenzaban a llover.
Lo
que está prohibido es el "gozar
de la madre" y eso se confirma en la formulación
bajo otra forma: es indispensable aproximarles todas para
comprender lo que Freud articula, aquélla de"Totem y tabu".
La
muerte del padre ciega a todos esos jóvenes toros imbéciles
que veo gravitar de tiempo en tiempo alrededor mío en arenas ridículas;
la muerte del padre quiere
justamente decir que no se puede matarlo. El ya está muerto, desde
siempre. Es precisamente por eso que se suspende algo sensato, aún
en lugares donde es paradojal ver bramar: "el dios ha muerto".
Es que evidentemente, al no pensar en ello, se arriesga perder una
cara de las cosas.
Al
inicio, el padre está muerto; sólo que, resta el Nombre
del padre y todo gira alrededor de eso. Si la última vez es
por allí que he comenzado, es por allí que, hoy termino.
La
virtud del Nombre del padre, no la invento yo, quiero decir
que no es de mi cosecha; es Freud quien lo escribe: "La
diferencia - dice él en alguna parte- entre el campo del
hombre y aquél, digamos, de la animalidad, consiste en que eso sea,
aún cuando ello no se produzca mas que bajo formas enmascaradas,
a saber, cuando se dice que hay algunos que no tienen idea de eso,
que es el rol del mal en
la generación..."
¿Por qué no? Lo que él demuestra - quiero decir la importancia de
esta función del Nombre del padre, es que aquellos mismos
que no tienen su idea, inventan espíritus para llenarla.
Para
decirlo todo, la característica es ésta: Freud, en un lugar
muy preciso, lo articulo - no voy a pasar mi tiempo en decirles
en qué páginas y en que ediciones, en tanto que, ahora, hay lugares
donde se hacen lecturas freudianas, y existen, cuando menos, gentes
competentes para indicarlos, a quienes se interesen en ello- ; la
esencia, para decirlo todo, y la función del padre como nombre, como pivote del discurso, tiende precisamente a que, después
de todo, no se puede saber jamás quien es el padre.
Vayan
siempre a buscar ... Esta es una cuestión de fe. Con el progreso
de las ciencias, se llega a saber en ciertos casos que él no lo
es, pero, en fin, resta, cuando menos, un desconocido.
Esta
introducción, por otra parte, de la búsqueda
biológica de la paternidad, no deja de tener incidencia,
es totalmente seguro, sobre la función del nombre del padre.
Pues aquí, en el punto donde no se puede mantener más que simbólico
que es el pivote alrededor del cual gira todo un campo de la subjetividad,
tendremos que tomar la otra cara de lo que se refiere a la relación
al goce, y para decirlo todo, poder avanzar en lo que es nuestro
objeto de este año, un poco más lejos en lo que se refiere a la
transmisión del nombre del padre,
a saber, lo que se refiere a la transmisión de la castración.
Terminaré
hoy aquí, como habitualmente, en el punto donde, así- así, se llega
y les digo hasta la próxima vez.
NOTAS:
(1) Leonardo de Fibonacci (o Leonardo de Pisa).Nació
en Pisa hacia 1170 y murió cerca del año 1230. Su realización más
importante fue la divulgación de los números arábigos en su libro
"Liber Abaci" ("El libro del ábaco"). El uso
de los números arábigos ya estaba implícito en el "ábaco",
un instrumento para calcular cuyo origen se remonta a Babilonia
y a los comienzos mismos de la historia. En ese mismo libro Fibonacci
presenta el siguiente problema:"¿Cuántos conejos pue de producir
una sola pareja en un año, si todos los meses cada pareja engendra
una nueva pareja, la cual comienza a engendrar a partir del segundo
mes, y si no se produce ninguna muerte?". El problema se resuelve
en relación a la siguiente sucesión de números:1, 1, 2, 3, 5, 8,
13, 21, 34, 55, 89, 144. La respuesta es que habrá 144 parejas de
conejos.
La sucesión de números que surgió del problema es la llamada "sucesión
de Fibonacci" y los números de la misma reciben el nombre de
"numeros de Fibonacci". En la sucesión se ve que cada
número (a partir del tercero) es la suma de los dos números que
lo preceden. Así la serie puede continuar. La serie tiene sus aplicaciones:tiene
que ver con el crecimiento acumulativo (el problema de los conejos)
y es un hecho que la distribución en espiral de las hojas alrededor
de un tallo, las escamas que se distribuyen en torno al eje de una
piña, las semillas que se ordenan en el centro de la flor del girasol,
todas éstas tienen una disposición que está relacionada con la sucesión
de Fibonacci. La serie también tiene que ver con la "sección
aúrea" que es importante en el arte y en la estética, y también
en la matemática.
(2) Autoconciencia; ver "La Fenomenología del espíritu",
Hegel.
(3) Apuesta de Pascal, referencia: "Pensamientos",
Pascal - artículo II, "De como es más ventajoso creer lo que
enseña la religión cristiana". La apuesta se refiere al problema
de si Dios existe, o no existe. El juego de esta apuesta -si o no-
es similar al juego de la moneda, donde Pascal encuentra la equivalencia
del si o no, en el resultado de cara o cruz. La apuesta no es voluntaria,
todos apostamos, incluso no apostando. La razón no nos puede ayudar
en esta elección ya que no nos otorga un punto de afirmación
desde donde podamos elegir. Aquí la razón se muestra insuficiente.
Considerará, luego, la apuesta en términos del "azar de la
ganancia y de la pérdida", en relación a lo finito y lo infinito
de lo a ganar, o a perder. Expone así las probabilidades presentes
en cualquier partida. Por último, introduce al jugador en tanto
la "certidumbre" o la "incertidumbre" y llega
a la conclusión de que hay tantos riesgos de un lado como del otro
-certidumbre de ganar y certidumbre de perder- y así la partida
se juega igual contra igual. De este modo: "nuestra proporción
tiene una fuerza infinita, cuando se trata de arriesgar lo infinito
en un juego en que hay iguales posibilidades de ganar y de perder
y en que lo que se gana es el infinito. Esto es demostrativo, y
si los hombres son capaces de algunas verdades, ésta figura en el
número de ellas".
(4)
Papadre: de pepère, redoblamiento de pére. Término
infantil para grand pére, lit. gran padre, us. abuelo.
Traducción: Ana María
Gómez
Corrección
del texto: Cecilia Falco
Revisión,
notas y destacados: Sergio Rocchietti
Con-versiones, agosto 2006
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