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1968 / 1970 / 1972
(Acerca del Antiedipo)
Sergio Rocchietti
La idea de este trabajo es
que pensemos juntos, que dialoguemos acerca de determinadas problemáticas
que están referidas a algunos textos específicos. Se trata de: "El
Antiedipo", libro aparecido en Francia en el año 1972 y que
marca, a mi entender, un punto de culminación de esto que podemos
llamar "1968, 1970, 1972". Seamos cronológicos, para 1968
se trata del mayo francés, otro punto de culminación de lo político,
de allí en más hay algo distinto; para 1970, se trata de J. Lacan
y el Seminario XVII, cierta parte de él que se llama Más allá del
Edipo; y para 1972, se trata de ese libro escrito "a cuatro
manos" por Gilles Deleuze y Félix Guattari, titulado "El
Antiedipo".
En esta cronología
tenemos una genealogía provisoria e insuficiente pero que nos puede
servir de introducción operativa a esta temática "antiedípica".
La utilizaremos hasta gastarla, o sea, hasta que nos brinde sus
últimos recursos y luego la dejaremos dándole las gracias por los
servicios prestados.
Ahora bien, hablemos de nuestros
problemas. Uno, estamos familiarizados con el Complejo de Edipo,
estamos tan 'familiarizados' que nos hemos olvidado de su novedad,
como de su instauración, del proceso de su instauración. Podría
decirlo así para dar cuenta de ello, para que nos demos cuenta de
eso: alguna vez no hubo Edipo. Dos, digo 'familiarizado' y estoy
aludiendo a lo que los autores citados llaman un punto de 'reducción',
tratar los deseos por y con la familia. Tres, estamos tan acostumbrados
a nuestros conceptos, a hablar de ellos, a hablar con ellos, a hablar
en esta lengua conceptual que para hablar con otros que lo hacen
con otros conceptos tenemos que recurrir a 'aparatos de traducción'
de conceptos extraños a conceptos conocidos, y eso si es posible.
Lo más frecuente es que no hablemos con otros que hablen otros idiomas
conceptuales. Cuatro, tenemos problemas. Tenemos problemas si estamos
en esos momentos de afirmación. Afirmación hegeliana debemos decir,
que hace que tengamos que aferrarnos tan fuertemente a una disciplina
y a una teoría, que por consiguiente lo que obtenemos como resultado,
es un cierre a cualquier otra aparición en el orden de lo diverso.
Si podemos dejar esos momentos y pasar a través de ellos pasaremos
de nuestros problemas.
Cuando escuchamos
palabras como: agenciamiento, código, sobrecodificación, territorialización,
desterritorialización, máquina, maquínico, flujos, tenemos que hacer
un esfuerzo para incluirlas en nosotros. Y en todo caso, hay que
ver si queremos incluirlas en nosotros. Y aquí ya les adelanto una
de las claves de estos autores: se trata de pensar menos ¿qué es
es esto? que ¿para qué sirve esto? O sea, aplazar las definiciones
y ver cómo funciona algo.
Para lograr una introducción
a lo que se presenta como diverso a lo conocido, y aquí lo conocido
es el Complejo de Edipo y lo desconocido es el Antiedipo, debemos
lograr llegar a una mejor disposición. La mejor disposición es:
no hacer autoridad de un autor. Para decirlo muy fácilmente, aceptar
el camino propuesto, interrogar a lo que haga surgir en nosotros
las preguntas y con este sencillo método lograremos la mejor disposición
que es el camino dialogal y no el camino resistencial. Cada vez
que sintamos el camino se transforma en obstáculo, debemos detenernos
a considerar el obstáculo y el porqué de ese obstáculo en nosotros.
¿De qué está hecho? ¿De dónde llega? ¿Para qué se interpone?
Voy a mi propia experiencia
de vivir el obstáculo. Tardé veinte años en leer la primera edición
en castellano de "El Antiedipo", ¿por qué? Porque lo que
me hacía oposición para mi no ingreso en su texto era su título,
lo 'anti' que se antepone a Edipo. ¿Qué tenía que hacer yo leyendo
a gente que hablaba en contra del Complejo de Edipo? Mi tardanza
de veinte años estuvo sostenida en la creencia que era un libro
escrito en contra del psicoanálisis. Me equivocaba. O no. No pude
leerlo y eso es lo importante y sí pude leerlo y eso también es
importante. De nuevo, funcionó como obstáculo y dejó de funcionar
como obstáculo y ahora estoy aquí, ante ustedes, hablando de ello.
Algo se inscribe en el orden de lo vivido y experimentado por decirlo
ante otros.
Este diálogo que
les propongo, entre nosotros y con los textos, apunta a que podamos
ampliar y cuestionar desde dónde intervenimos, en dónde estamos,
por supuesto se trata de coordenadas simbólicas, pero también se
trata de las determinaciones que imponen a nuestro hacer los aparatos
de producción. Para lograr esas coordenadas que nos dan puntos de
vista, panoramas, localizaciones, situaciones, tenemos que ampliar
nuestros mapas, tenemos que lograr otras maneras de hacer cartografías.
Y me estoy refiriendo aquí, cuando les hablo de cartografías, a
la diferencia entre mapa y calco que se encuentra en el primer capítulo
-Rizoma- de "Mil mesetas"(ed.francesa 1980, ed.castellana
1988, editorial Pre-textos) que es el libro que continúa a éste
(El Antiedipo) no como una continuación de primera a segunda parte,
sino como una continuación de esa geografía que hoy nosotros podemos
recorrer gracias a la escritura "a cuatro manos" que realizaron
Deleuze y Guattari, y podemos apreciar que ya en ese gesto de decir
"no sabemos que corresponde a cada uno" hay un hacer diferente;
un hacer distinto a lo que impone el ejercicio de la función autor
por más que estén nombrados como tales. Y me detengo aquí para evocar,
como si se pudiera hacer eso, evocar el espíritu, mejor dicho, evocar
la fuerza que anima a estas escrituras, y decir que frente a la
pregunta de cómo se leen estos textos
tenemos que contestar
simplemente que se leen leyéndolos, sin intentar hacer comprensión,
sin intentar nada desde nuestro lugar habitual, la conciencia, y
que la mejor pregunta que uno podría hacerse -insisto desde es lugar
de las fuerzas e intensidades- es: ¿cómo funciona este libro? Este
libro que está hecho de diversidades e intensidades y que sólo al
final, luego de un proceso de producción, llega a nosotros codificado,
bajo el código editorial, de la forma libro, producto libro.
CODIFICACION / SOBRE- CODIFICACION:
"La noción
de código está empleada en una acepción muy amplia; puede concernir
a los sistemas semióticos, tanto a los flujos sociales como a los
materiales: el término de sobrecodificación corresponde a un código
en segundo grado. Ejemplo: sociedades agrarias primitivas que funcionan
según su propio sistema de codificación territorializado, son sobrecodificadas
por una estructura imperial, relativamente desterritorializadas,
que les impone su hegemonía militar, religiosa, fiscal, etc."
(Texto extraído
de "Cartografías del deseo", F. Guattari, págs. 201/208,
Biblioteca de los confines, editorial La Marca, Buenos Aires, Argentina,
1995).
Entonces, hacer cartografía
en los textos de Deleuze y Guattari es abrir puntos de pasaje que
nos permitan ir a nosotros al encuentro de nuevos conceptos, y ver
y sentir y pensar cómo funcionan éstos. A esta posibilidad, la posibilidad
del "y", 'y esto y aquello y lo de más allá', el trabajo
con las conexiones y las multiplicidades, la llaman "síntesis
conectivas".
Digámoslo de esta manera,
no trabajar "en contra", agregar, reunir, conectar, y
luego lo que no tenga que estar, no estará, pero no hacerlo de antemano.
No hacerlo con pre-juicios. Del mismo modo, cuando en uno se realiza
el entendimiento que no se trata de un texto -El Antiedipo- en contra
del psicoanálisis sino que batalla contra lo que se instaura por
el modo de funcionamiento de la instituciones psicoanalíticas, y
de un modo general, del modo de funcionamiento de la instituciones,
que es un modo que impide más que posibilita, es allí que estamos
en la mejor disposición para comenzar nuestra lectura.
Un concepto está hecho de
palabras y está construído de un peor modo que un martillo, es por
eso que tenemos que estar cada tanto deteniéndonos en ellos para
mejorarlos, para repararlos y lo hacemos con otras palabras, en
el caso de nuestro texto, debemos detenernos en el tema de la máquina.
Se trata del primer capítulo, 'Las máquinas desentes'. Lo maquínico
no es lo mecánico; primera cuestión a establecer en nosotros. Lo
maquínico enlaza, relaciona, conecta, elementos heterogéneos, a
partir de lo que fluye entre esos elementos.
Este es el comienzo de "El
Antiedipo" ( primera edición en castellano Seix Barral Editores,
Barcelona, España, 1974; págs. 11/14):
"Ello funciona en todas
partes, bien sin parar, bien discontinuo. Ello lo respira ello se
calienta, ello come. Ello caga, ello besa. Qué error haber dicho
el ello. En todas partes maquinas, y no metafóricamente: máquinas
de máquinas, con sus acoplamientos, sus conexiones. Una máquina-órgano
empalma con una máquina-fuente: una de ellas emite un flujo que
la otra corta. El seno es una maquina que produce leche, y la boca,
una máquina acoplada a aquélla. La boca del anoréxico vacila entre
una máquina de comer, una máquina anal, una máquina e hablar, una
máquina de respirar (crisis de asma). De este modo, todos «bricoleurs»;
cada cual con sus pequeñas máquinas. Una máquina-órgano para una
máquina energía, siempre flujos y cortes. El presidente Schreber
tiene los rayos del cielo en el culo. Ano solar. Además, podemos
estar seguros de que ello marcha; el presidente Schreber siente
algo, produce algo, y puede teorizarlo. Algo se produce: efectos
de máquina, pero no metáforas.
El paseo del esquizofrénico
es un modelo mejor que el neurótico acostado en el diván. Un poco
de aire libre, una relación con el exterior."
El primer párrafo del texto
marca el tono de lo que vendrá.
(...) "Todo forma máquinas".
(...) "A menudo creemos
que Edipo es algo sencillo, que está dado, Sin embargo, no es así:
Edipo supone una fantástica represión de las máquinas deseantes".
Estos párrafos pertenecen
a la primera página y ya estamos de lleno dentro de la máquina libro,
sintiendo su funcionamiento. Debemos reparar ahora en el subtítulo
que hasta ahora no dijimos de este texto: Capitalismo y esquizofrenia.
Y si ustedes quieren podemos en una síntesis mayúscula decir que
se trata de Capitalismo o esquizofrenia, pues para los autores,
el único capaz de oponer algo a la máquina capitalista de codificación
y / o sobrecodificación es el esquizofrénico.
Al esquizofrénico
no lo pensemos solamente como una entidad psiquiátrica o psicopatológica
sino como aquél que tiene la posibilidad de no dejarse marcar por
los regímenes de signos que conforman la maquinaria del capitalismo.
Si hacemos una lectura minuciosa, lenta y en detalle, encontramos
que:
"No pretendemos fijar un
polo naturalista de la esquizofrenia. Lo que el esquizofrénico vive
de un modo específico, genérico, no es en absoluto un polo específico
de la naturaleza, sino la naturaleza como proceso de producción".
(...) "Pues en verdad -la
brillante y negra verdad que yace en el delirio- no existen esferas
o circuitos relativamente independientes: la producción es inmediatamente
consumo y registro, el registro y el consumo determinan de un modo
directo la producción, pero la determinan en el seno de la propia
producción. De suerte que todo es producción: producciones de producciones,
de acciones y de pasiones; producciones de registros, de distribuciones
y de anotaciones; producciones de consumos, de voluptuosidades,
de angustias y de dolores. De tal modo todo es producción que los
registros son inmediatamente consumidos, consumados, y los consumos
directamente reproducidos. Este es el primer sentido de proceso:
llevar el registro y el consumo a la producción misma, convertirlos
en las producciones de un mismo, proceso.
En segundo lugar, ya no
existe la distinción hombre-naturaleza".
(...) "Este es el segundo
sentido de proceso. Hombre y naturaleza no son como dos términos
uno frente al otro, incluso como tomados en una relación de causa,
de comprensión, o de expresión (causa-efecto, sujeto-objeto, etc.).
Son una única y misma realidad esencial del productor y del producto.
La producción como proceso desborda todas las categorías ideales
y forma un ciclo que remite al deseo en tanto que principio inmanente.
Por ello, la producción deseante es la categoría efectiva de una
psiquiatría materialista que enuncia y trata al esquizo como Homo
natura. No obstante con una condición que constituye el tercer
sentido de proceso: no hay que tomarlo por una finalidad, un fin,
ni hay que confundirlo con su propia continuación hasta el infinito.
El fin del proceso o su continuación hasta el infinito, que es estrictamente
lo mismo que su detención brutal y permatura, es la causa del esquizofrénico
artificial, tal como lo vemos en el hospital, andrajo autistizado
producido como entidad".
(...) "no existe ninguna
especificidad ni entidad esquizofrénica, la esquizofrenia es el
universo de las máquinas deseantes productoras y reproductoras,
la universal producción primaria como <realidad esencial del
hombre y la naturaleza>".
PROCESO:
Sucesión continua
de hechos u operaciones que pueden terminar en otra sucesión de
hechos y de operaciones. El proceso indica la idea de una ruptura
permanente de los equilibrios establecidos. El término no está empleado
aquí en el sentido en que la psiquiatría clásica habla del proceso
esquizofrénico, que implica siempre la llegada a un estado terminal.
Está próximo,
por el contrario, de lo que Ilya Prigogine e Isabelle Steigers llaman
los procesos disipativos- (Prigogine / Steigers, La nueva
alianza, metamorfosis de la ciencia. París, Gallimard, 1980,
pág. 152).
(Texto extraído
de "Cartografías del deseo", F. Guattari, págs. 201/208,
Biblioteca de los confines, editorial La Marca, Buenos Aires, Argentina,
1995).
Según como se lea así se realizará
también el proceso de la comprensión, pero como hemos dicho no se
trata de comprender o no sólo se trata de comprender, sino también
de hacer funcionar, y uno no va a hacer funcionar, así como así,
este artefacto teórico que no pretende ser teórico, sino que su
intensidad se sitúa en el registro del hacer.
Hay en estos párrafos afirmaciones
fuertes que obligan a repensar, a resituarse, a distorsionarse a
uno mismo en cuanto a lo presentado en esta escritura. Destacamos:
que todo forma máquinas, o sea que podemos ver un mundo de máquinas
funcionando, de circuitos, de objetos heteróclitos conectados, que
no respetan las categorías y divisiones usuales, sea en reinos,
en especies, que repele cualquier tipo de clasificación común y
lo que va a circular entre ellas son distintos flujos con sus respectivos
cortes, y también que la maquinaria hermenéutica del psicoanálisis
si se reduce al Edipo va a reprimir lo que podría ser una producción
diferente, lo que podría dar lugar y espacio a la aparición de otras
maneras, de otros modos.
Podemos agregar
que para ver un mundo de máquinas no mecánicas sino maquínicas formadas
de pedazos de cosas conectadas y produciendo hay que apartar las
concepciones antropomorficas de cualquier grado que nos habitan
para vivir en nuestros mundos comunes de relación con otros.
Podemos plantearlo
así: detrás del teatro está la fábrica. Lo dejo planteado, ya volveremos
allí para complicar esa afirmación.
PRODUCCION DESEANTE:
(Economía deseante).
A diferencia de la concepción freudiana, el deseo no está asociado
a la representación. Independientemente de las relaciones subjetivas
e intersubjetivas, está directamente en posición de producir sus
objetos y los modos de subjetivación que les corresponden. (Texto
extraído de "Cartografías del deseo", F. Guattari, págs.
201/208, Biblioteca de los confines, editorial La Marca, Buenos
Aires, Argentina, 1995).
MAQUINA (Y MAQUINICO):
Se distinguirá
aquí la máquina de la mecánica. La mecánica está relativamente cerrada
sobre sí misma y mantiene relaciones perfectamente codificadas con
los flujos exteriores. Las máquinas, consideradas en sus evoluciones
históricas, constituyen, por el contrario, un phylum comparable
a los de las especies vivientes. Se engendran en forma recíproca,
se seleccionan, se eliminan, haciendo aparecer nuevas líneas de
potencialidad. Las máquinas, en un amplio sentido, es decir, no
sólo las máquinas técnicas, sino también las máquinas teóricas,
sociales, estéticas, etc., no funcionan jamás de manera aislada,
sino por agregados o por agenciamientos. Una máquina técnica, por
ejemplo, en una fábrica, está en interacción con una máquina social,
una máquina de formación, una máquina de investigación, una máquina
comercial, etc.
(Texto extraído
de "Cartografías del deseo", F. Guattari, págs. 201/208,
Biblioteca de los confines, editorial La Marca, Buenos Aires, Argentina,
1995).
Si queremos
situarnos en algún punto de observación, de discernimiento, sobre
lo que plantea el Antiedipo, debemos detenernos en las máquinas
deseantes. En las máquinas deseantes y sus procesos de producción.
Y en esa conclusión que es el producto, conclusión provisoria, corte,
que introduce otros procesos de otras producciones, incluída, la
que podemos llamar de los sujetos. Pero el proceso, los procesos
como tales no concluyen, continúan.
"Las máquinas deseantes son máquinas binarias,
de regla binaria o de régimen asociativo; una máquina siempre va
acoplada a otra. La síntesis productiva, la producción de producción,
posee una forma conectiva: «y», «y además»... Siempre hay, además
de una máquina productora de un flujo, otra conectada a ella y que
realiza un corte, una extracción de flujo (el seno- la boca).
Y como la primera a su vez está conectada a otra con respecto a
la cual se comporta como corte o extracción, la serie binaria es
lineal en todas las direcciones. El deseo no cesa de efectuar el
acoplamiento de flujos continuos y de objetos parciales esencialmente
fragmentarios y fragmentados. El deseo hace fluir, fluye y corta.
«Me gusta todo lo que fluye, incluso el flujo menstrual que arrastra
los huevos no fecundados ... », dice Miller en su canto del deseo
(Trópico de cáncer). Bolsa de aguas y cálculos del riñón; flujo
de cabellos, flujo de baba, flujo de esperma, de mierda o de orina
producidos por objetos parciales, constantemente cortados por otros
- objetos parciales, que a su vez producen otros flujos, cortados
por otros objetos parciales. Todo «objeto» supone la continuidad
de un flujo, todo flujo, la fragmentación del objeto. Sin duda,
cada máquina- órgano interpreta el mundo entero según su propio
flujo, según la energía que le fluye: el ojo lo interpreta todo
en términos de ver - el hablar, el oír, el cagar, el besar...
Pero siempre se establece una conexión con otra máquima, en una
transversal en la que la primera corta el flujo de la otra o «ve»
su flujo cortado por la otra.
Por lo tanto,
el acoplamiento de la síntesis conectiva, objeto parcial-flujo,
posee además otra forma, producto- producir. El producir siempre
está injertado en el producto; por ello, la producción deseante
es producción de producción, como toda máquina, máquina de máquina.
No podemos contentarnos con la categoría idealista de expresión.
No podemos, no deberíamos pensar en describir el objeto esquizofrénico
sin vincularlo al proceso de producción."
(...) "El
esquizofrénico es el productor universal. Aquí no es posible distinguir
entre el producir y el producto".
(...) "Las
máquinas deseantes nos forman un organismo, pero en el seno de esta
producción, en esta producción misma, en cuerpo sufre por ser organizado
de este modo, por no tener otra organización o por no tener ninguna
organización".
Sequimos en
ese capítulo uno, que hemos elegido para brindar un aspecto sumamente
fragmentario e introductorio de la vastedad de este texto que ya
debemos llamar, luego de los textos presentados, no meramente Antiedipo
sino que debemos ampliar nuestras coordenadas e incluir aquélla
de capitalismo y esquizofrenia. Nuestros modos de estar producidos
en las maquinarias capitalistas generan nuestros malestares, así
como de nuestras significaciones de lo que es vivible y de sus modos
'correctos', de las significaciones usuales (nuestras lenguas comunes
y sociales), que constituyen todas nuestras 'realidades' compatibles
con otros y el rechazo de lo que no es válido como tales (múltiples
mecanismos de exclusión, de disciplinamiento, de punición o simplemente,
de codificación en los marcos de lo que tiene que ser o de lo que
no puede ser). El 'esquizofrénico artificial' es producto de estas
mismas máquinas y desde este lugar se puede decir que: El esquizofrénico
es el único que le pone límites al capitalismo.
No
él en tanto producto final de ¿desecho? sino que él, el esquizo
está allí, para el que lo pueda ver y sentir y pensar, como testimonio
de lo que es lo irracional de lo social y sacar las consecuencias
de ello. Cada cual a sus prácticas, pero no sin estar advertido
de lo que se trata con la razón, con lo irracional y con la psicopatología
o con la psiquiatría.
Entrevista de 1973 a G.D y F.G. (Texto extraído de
"La isla desierta y otros textos", Gilles Deleuze, págs.
333/346, editorial Pre-textos, Valencia, España, 2005).
Actuel.-
Cuando describen el capitalismo, dicen ustedes: «No existe ninguna
operación, ni el más mínimo mecanismo industrial o financiero que
no manifieste la demencia de la máquina capitalista y el carácter
patológico de su racionalidad (que no es en absoluto una falsa racionalidad
sino la verdadera racionalidad de esta patología, de esta demencia,
porque no hay duda de que la máquina funciona). No corre peligro
alguno de enloquecer, ya está loca de punta a cabo, y de ahí extrae
su racionalidad». ¿Significa esto que, tras esta sociedad «anormal»
o fuera de ella, puede haber una sociedad «normal»?
Gilles Deleuze.-
"Nosotros no empleamos los términos «normal»
y «anormal». Todas las sociedades son racionales e irracionales
al mismo tiempo: son racionales en sus mecanismos, en sus engranajes,
en sus sistemas de conexión, e incluso por el lugar que asignan
a lo irracional. Sin embargo, todo ello presupone códigos o axiomas
que no son fruto del azar pero que carecen, por su parte, de una
racionalidad intrínseca. Ocurre como en la teología: si se admiten
el pecado, la inmaculada concepción y la encarnación, todo es completamente
racional. La razón es siempre una región aislada de lo irracional.
No al abrigo de lo irracional, sino atravesada por ello y definida
únicamente por un determinado tipo de relaciones entre los factores
irracionales. En el fondo de toda razón está el delirio, la deriva.
En el capitalismo, todo es racional salvo el capital. Un mecanismo
bursátil es perfectamente racional, se puede comprender, se puede
aprender, los capitalistas saben cómo aprovecharse de él, y sin
embargo es completamente delirante, demencial. Éste es el sentido
en el que decimos que lo racional es siempre la racionalidad de
algo irracional. En El Capital de Marx hay un aspecto sobre
el cual no se ha llamado suficientemente la atención, a saber, hasta
qué punto está el propio Marx fascinado por los mecanismos capitalistas,
precisamente porque son demenciales y, a la vez, funcionan a la
perfección".
Hay un cuerpo
producto, hay un cuerpo producido por los mercados, hay un cuerpo
producto con órganos y mercancías, lleno, y vacío, siempre evacuable,
con flujos libidinales hacia todo tipo de objetos con los cuales
se hace lazo y que se necesitan adquirir para seguir consistiendo
en la perpetua reflexión de las mercancías-espejos y los yoes, para
sentir la saciedad que dura instantes. Ahora podemos agregar que
hay otro cuerpo, un cuerpo sin órganos que hace que no haya: "Ni
boca. Ni lengua. Ni dientes. Ni laringe. Ni esófago. Ni vientre.
Ni ano." Este otro cuerpo que Antonin Artaud descubrió "sin
forma y sin rostro" es "improductivo, estéril, inconsumible";
"no
es el testimonio de una nada original" ni "es el resto
de una totalidad perdida". Y tampoco tiene que ver "con
el cuerpo propio o con una imagen del cuerpo".
Insistimos:
el esquizofrénico es el único que le puede poner límites a la máquina
de codificar del capitalismo. Máquina de codificar y de territorializar
y de reterritorializar y recodificar, o sea de poder incluir dentro
de sí, incluso todo aquello que puede traer algún tipo de desasimiento,
o de ir en contra de. Hoy podemos fechar otra nueva época luego
de 1989 y la caída del muro de Berlín, cuestión que obviamente no
está planteada aquí y que sí esta prevista, no como tal, sino como
posible, en este mismo juego de racionalidad, irracionalidad y demencial
del cual hablan los autores.
Veamos
otra influencia que hace punto de convergencia en esto que llamamos
hacia el AntiEdipo, el situacionismo.
Hacia el AntiEdipo: El
Situacionismo.
Hay un ensayista lúcido y
cineasta feroz, poco conocido, que se llamó Guy Debord y que animó,
propulsó, entre 1957 y 1959, la llamada Internacional Situacionista,
usina de la que se nutrieron de consignas los protagonistas del
Mayo francés.
¿De qué hablaba
G. Debord? Hablaba de la Internacional Letrista, a la cual
él había pertenecido y que estaba formada un grupo de jóvenes que
entre 1952 y 1957 se reunió alrededor de un mismo cenicero y de
un mismo propósito: cambiar el mundo, transformar la ciudad, buscar
la superación del arte, y también, para beber hasta caer.
Todo había comenzado cuando
el rumano Isidore Isou, siguiendo el camino que había recorrido
Tristan Tzara, Isou arribó a París con una idea: Tzara, en nombre
del Dadá, había destrozado las palabras y su sentido, pero de sus
escombros Isou rescataría las letras.
Eso era el letrismo
'la vanguardia de la vanguardia', una docena de convencidos redactando
manifiestos pretensiosos y poesía que rompían con otras poesías,
declarando la muerte de esto y aquello, organizando misteriosas
acciones desapercibidas, diciendo que la revolución estaba en manos
de los jóvenes. Casi nadie les había prestado atención. Debord fue
uno de los pocos que lo hizo.
Cuando la Internacional Letrista
agonizaba, sus miembros expulsados, perdidos, encerrados en prisiones
o manicomios, Debord se unió con otros grupos europeos de 'estetas
y revolucionarios', y así surgió la Internacional Situacionista
de la que pronto tomó las riendas. Desde 1957 a 1959 publicaron
el boletín del mismo nombre "así se fue trazando el programa
más idóneo para poner en entredicho el conjunto de la vida social:
las clases y especializaciones, el trabajo y el entretenimiento,
la mercancía y el urbanismo, la ideología y el Estado; demostramos
que había que echar todo abajo".
Los situacionistas creían
que el trabajo, el entretenimiento, las vacaciones, la abundancia
material, la planificación urbana no provocan felicidad sino aburrimiento,
y que el aburrimiento es la más moderna forma de control social.
"Todo lo que
antes se vivía directamente se aleja ahora en una representación"
('La sociedad del espectáculo', G. D. 1967).
El mundo moderno es una acumulación
de espectáculos -una mediación técnica de las relaciones sociales
a través de imágenes-, y el espectáculo no produce actores sino
espectadores. Al ocupar el lugar que una vez ocupó la religión,
el espectáculo, en vez de decir lo que no se puede hacer, dice lo
que sí se puede hacer: restringe lo posible.
Los situacionistas
entrevieron una salida: crear deseos que no pudieran ser satisfechos
a través del mercado, que lo obligaran a uno a salirse del mercado.
Pedir lo imposible. Crear una situación.
Esto fue lo que
sucedió cuando -en la versión que relató Debord- cinco jóvenes se
hicieron cargo del Centro de estudiantes de la Universidad de Estrasburgo
y dilapidaron los fondos del mismo para hacer imprimir el panfleto
situacionista 'Sobre la miseria en el medio estudiantil', que fue
la mecha del Mayo del 68. Las ideas que desde hacía quince años
habían colgado en el aire llenaron los muros parisinos: 'cuanto
más consumes menos vives', 'no trabajes nunca', 'el aburrimiento
es siempre contrarrevolucionario'.
(Bibliografía:Contra el aburrimiento,
M. Pisarro; crítica a la edición castellana de 'El planeta enfermo'
de Guy Debord, Revista Ñ, Nro. 142, junio 2006, Buenos Aires, Argentina).
Hacia el Antiedipo: El
mayo francés (1968)
El Mayo francés o Mayo del 68, es el nombre con que se conocen
los acontecimientos sucedidos en Francia
en la primavera de 1968.
Todo se inició cuando se produjo una serie de huelgas estudiantiles
en numerosas universidades e institutos de París,
seguidas de confrontaciones con la universidad y la policía. El
intento de la administración de De Gaulle de ahogar las huelgas mediante una mayor
carga policial sólo contribuyó a encender los ánimos de los estudiantes,
que protagonizaron batallas campales contra la policía en el Barrio Latino y, posteriormente, una huelga general
de estudiantes y huelgas diversas secundadas por diez millones de
trabajadores en todo el territorio francés (dos tercios de los trabajadores
franceses). Las protestas llegaron a un punto tal que De Gaulle
disolvió la Asamblea Nacional y se celebraron elecciones
parlamentarias anticipadas el 23 de junio
de 1968.
El gobierno se encontraba, en ese punto, al borde del colapso,
pero la situación revolucionaria se evaporó tan pronto como había
surgido. Los trabajadores volvieron a sus trabajos, a petición de
la Confederación General del Trabajo,
el sindicato izquierdista, y el Partido Comunista Francés. Cuando se celebraron
las elecciones, el partido gaullista emergió más fuerte que antes.
Muchos de los manifestantes se abrazaron a causas de izquierdas, como el comunismo,
el rechazo a la guerra de Vietnam, el anarquismo
o el situacionismo.
Muchos vieron los hechos como una oportunidad de sacudir la "vieja
sociedad" en muchos aspectos sociales, como los métodos educativos
y la libertad sexual. Una minoría de manifestantes,
como el grupo Occident, apoyaba causas
de extrema derecha.
Marco histórico:
La época inmediatamente anterior a mayo del 68 se considera
el boom de la posguerra;
la afiliación a los sindicatos era muy baja y los sueldos estaban en alza, pero una
parte de los trabajadores aun tenía sueldos ridículos a pesar de
que el comercio exterior llegó a triplicarse. El 22 de marzo de
1967, ocho estudiantes (entre ellos Daniel Cohn-Bendit, conocido en todo el mundo
como Dany el Rojo) de Nanterre protestaron por el arresto de seis miembros del Comité
Nacional de Vietnam. La población estudiantil había crecido espectacularmente,
y los fondos destinados eran insuficientes. La masificación, la
falta de medios, la imposibilidad de dar salidas laborales a todos
los nuevos licenciados y la represión por parte de la policía a
las protestas estudiantiles encendieron la chispa: el 22 de abril,
1.500 estudiantes acudieron a un mitin en la Universidad de Nanterre
(a las afueras de París), que provocó que los 8 implicados en la
protesta fueran arrestados.
La situación en el sector industrial no era mucho mejor;
las huelgas y los despidos en las fábricas eran casi diarios y la
situación laboral de un gran número de trabajadores se podía considerar
precaria.
El PCF (Partido Comunista
Francés) criticó a los rebeldes de Nanterre con artículos periodísticos
en los que tachaba a los estudiantes de “hijos de la gran burguesía,
despectivos hacia los estudiantes de origen obrero, que se cansarían
pronto de protestar para heredar los negocios de papá…”.
Lo que se criticaba era la sociedad occidental en sus fundamentos,
en sus estructuras básicas. Si bien el marxismo
revolucionario era la ideología de moda, el pensamiento que guió
implícitamente los movimientos, el situacionismo, estuvo más cerca del anarquismo.
Se buscaba transformar la sociedad, eliminando toda forma de autoritarismo,
desde los exámenes universitarios hasta la presidencia de la República.
Cronología
Viernes 3: Un grupo de estudiantes se reunió en la plaza
de la Sorbona, donde estaban a punto de celebrarse las comparecencias
de Cohn-Bendit y sus compañeros. Empezó a unirse gente, y a las
4 de la tarde la sorbona estaba rodeada por la policía, que sostuvo
una actitud despótica y prepotente, y detuvo, en contra de lo que
había prometido, a varios estudiantes, lo que provocó que aún más
personas se unieran a la protesta y se originaran numerosas manifestaciones
espontáneas. La Unión Nacional de Estudiantes (UNEF) y el Sindicato
de Profesores (SNESUP) convocaron una huelga que pedía la reapertura
de la Sorbona, la retirada de la policía y la liberación de los
detenidos. Estas reivindicaciones eran muy suaves y razonables,
solo pedían la vuelta a la normalidad, pero aun así no fueron concedidas
por el gobierno.
Lunes 6 (lunes sangriento): Los "Ocho de Nanterre"
acudieron a su comparecencia ante el Comité de Disciplina de la
Universidad cantando La Internacional,
y a la salida fueron salvajemente atacados por la policía cuando
se manifestaban por las calles de París. Formaron barricadas con
coches volcados y lanzaron piedras arrancadas del pavimento. Las
cifras oficiales hablaban de 422 arrestos y 345 policías heridos.
Martes 7: Los acontecimientos del día anterior dieron lugar
a una multitudinaria manifestación, y, evitando a la policía colgaron
banderas rojinegras del Arco del Triunfo mientras la Internacional
se escuchaba por las calles. El Barrio Latino se encuentra en estado de sitio
y la opinión publica ya estaba cambiando, sorprendida por la brutalidad
de la represión policial, y grandes secciones de la clase trabajadora
se empezaron a inspirar en la revuela estudiantil para luchar contra
el estado por sus propios derechos.
Miércoles 8: Los líderes del Partido Comunista vieron el
tamaño del movimiento y decidieron cambiar su postura y hacerse
con el control de la insurrección, ya que el ejemplo de los estudiantes
empezaba a seguirse en los lugares de trabajo.
Viernes 10: La policía toma la universidad de Nanterre, y
30.000 estudiantes, incluyendo a los de los institutos marcharon
hacia la Sorbona, pero las calles aledañas estaban tomadas por la
policía armada para el conflicto. Volvieron a levantarse barricadas,
y la gente de las casas cercanas colaboraba con los manifestantes
proporcionándoles asistencia de primeros auxilios o uniéndose a
la revuelta. El gobierno cedió en dos de las tres demandas de los
manifestantes, pero no aceptó liberar a los detenidos. El comportamiento
de la policía volvió a ser brutal, y las cifras oficiales ascendieron
a 367 personas heridas y 460 arrestadas, aunque en las calles se
hablaba de un millar de heridos, quinientos detenidos y doscientos
vehículos incendiados.
Sábado 11: Carros blindados se desplazaron a las calles afectadas
por el enfrentamiento para limpiar las barricadas mientras eran
increpados e insultados por el pueblo. Algunos de los que limpiaron
las calles, tuvieron gestos de solidaridad con el movimiento. A
causa de los acontecimientos del día anterior, se convoca una huelga
general para el lunes siguiente.
Lunes 13: Los estudiantes fueron finalmente liberados, pero
la chispa ya estaba encendida; coincidiendo con la huelga general,
los sindicatos organizaron una marcha por Paris que movilizó a 200.000
personas (según cifras conservadoras). La policía desaparece de
las calles, y el gobierno es señalado como enemigo del pueblo. Tras
la marcha un grupo de estudiantes deciden ocupar la Sorbona. Durante
la noche colgaron más banderas rojinegras de la Sorbona, al tiempo
que decoraron los pilares que rodean la plaza con posters de Marx,
Lenin
y Mao
y pintadas de las figuras de Trotski, Castro y el Che Guevara
junto a los eslóganes de “todo es posible” y “prohibido prohibir”. Se dice que nueve millones
de trabajadores hicieron huelga este día.
Martes 14: Se eligió un Comité de Ocupación de 15 personas,
y su mandato se limitó a 24 horas. El teatro de la universidad presenció
debates políticos día y noche para erradicar la distinción entre
los trabajadores y los patrones. Se ocupó también la Escuela de
Bellas Artes, donde se celebraron reuniones cada mañana para decidir
los temas de actuación y se diseñaban posters de protesta, que irónicamente
se convirtieron en objetos de coleccionistas ricos, a pesar de que
en la mayoría se leían frases como: "No descansaremos hasta
que el último burgués cuelgue de la rama más alta". Los trabajadores
de Sud Aviation, cerca de Nantes, ocuparon su fábrica, y las plantas
de Renault en Cleon, Flins, Le Mans
y Boulogne Billancourt fueron a la huelga. Los sindicatos no controlaban
algunas acciones emprendidas por los trabajadores, como encerrarse
en fábricas, o declarar huelgas indefinidas. Los líderes de la CGT habían sido cogidos por
sorpresa e intentaron desesperadamente no perder su influencia.
Miércoles 17: 15.200 obreros de la fábrica de Renault se
encierran toda la noche secuestrando a los directores.
Jueves 16: Miles de estudiantes marchan a Boulogne Billancourt,
donde 35.000 trabajadores están en huelga. El paro en París,
Lyón y la Normandía industrial es total.
Viernes 17: Los controladores aéreos de Orly y la televisión
francesa (ORTF) se unen a la huelga general convocada para el día 21.
Sábado 18: El sector del carbón, el transporte público de
París, los Ferrocarriles Nacionales, los astilleros y el gas y la
electricidad se unen a la huelga, pero los suministros domésticos
y de emergencia se mantienen.
Domingo 19: La retirada de dinero de los bancos se limita
a 500 francos ante la posibilidad de que los banqueros se unieran
también a la huelga.
Lunes 20: Los ferrys del canal de la mancha interrumpen su
funcionamiento por falta de suministro de gasolina. La industria
textil y los grandes comercios de París se unen a la huelga general
del día siguiente. La plantilla de ORTF hacía las siguientes reivindicaciones:
semana de 40 horas, edad de jubilación más baja, derogación de las
leyes anti-huelga de 1963, salario mínimo de 1000 francos por semana
y la retirada de la influencia del gobierno en la televisión.
Miércoles 22: Los profesores se declaran también en huelga,
aunque muchos siguieron asistiendo a las escuelas para mantener
el contacto con los estudiantes. Los trabajadores del gas y la electricidad
también se unieron a la huelga manteniendo el suministro casi completo;
los alimentos llegaban a Paris como antes de la huelga, y los telegramas
urgentes se entregaban pese a la huelga de trabajadores de correos.
En algunas fábricas, se alteró la producción para adaptarla a las
necesidades de la protesta, y los periodistas se negaron a dejar
el monopolio de la información para la televisión y la radio.
Viernes 24: Los agricultores de Nantes bloquearon las carreteras
de acceso a la ciudad, y los obreros de los transportes controlaban
todo el tráfico que llegaba, así como el combustible y los precios
de los alimentos. Las tiendas tenían carteles que decían: “esta
tienda está autorizada a abrir. Sus precios están bajo supervisión
permanente del Comité”. Esta situación en Nantes duró una semana,
y se llamó “la ciudad de los trabajadores”.
Este mismo día apareció De Gaulle
en televisión, temiendo por la supervivencia de su gobierno, pidiendo
“una participación mayor de todos en lo que nos concierne” al tiempo
que 30.000 personas marchaban hacia el palacio de la Bastilla,
que estaba fuertemente protegida por la policía al igual que todos
los ministerios. Pero la Bolsa quedó desprotegida, y un gran número
de manifestantes la asaltaron e incendiaron. Algunos grupos de izquierda
perdieron los nervios, y otros les frenaron, impidiendo la toma
del ministerio de finanzas. Unas declaraciones desafortunadas del
líder estudiantil Daniel Cohn-Bendit le obligaron a exiliarse a
Alemania.
Lunes 27: El gobierno garantiza un incremento del 35% en
el salario mínimo industrial y del 12% de media para todos los trabajadores.
De Gaulle se asegura de que tiene el apoyo del ejército antes de
la marcha de 500.000 trabajadores pidiendo un “gobierno del pueblo”
pero pidiendo ya un gobierno.
Jueves 30: De Gaulle reaparece en televisión abandonando
la idea del referéndum y convocando elecciones en 40 días. Prometió
también medidas más suaves si “todo el pueblo francés se implica
para que la existencia normal no se rompa por aquellos elementos
(rojos y anarquistas) que intentan evitar que los estudiantes estudien
y los trabajadores trabajen”.
Miércoles 5: La mayoría de las huelgas han terminado, y se
extiende un aire de derrotismo y desmoralización porque el capitalismo
ha barrido Francia. Los que siguen protestando son aplastados en
operaciones de estilo militar.
Finales de junio: Todas las manifestaciones callejeras fueron
prohibidas, y el PCF (partido comunista francés) contribuyó a terminar
con los últimos focos de rebelión. A finales de mes se retomaron
los institutos y se quitaron las banderas rojinegras de la Sorbona.
En las elecciones, De Gaulle ganó con el 60% de los votos.
Causas del fracaso del movimiento:
No hubo coordinación de ideas y tácticas en la etapa crucial
del proceso. El PCF (partido comunista francés) creía que su poder
se incrementaría en las elecciones, y no quería más revuelta, así
que los sindicatos ayudaron a pacificar a los trabajadores. Los sucesos
ocurrieron muy rápido, y la clase trabajadora se animó por la alegría
y la valentía de los estudiantes, pero la situación requería más
coordinación y organización, ya que se dejaron demasiadas cosas
a la casualidad contra un gobierno muy bien estructurado que no
dudó en defenderse con todo lo que tenía a su alcance. La ocupación
de los ministerios habría significado que se podía llegar a algo
más que acuerdos económicos con los patrones, pero no fue así.
Consecuencias de mayo del 68:
Mayo del 68 dejó unas consecuencias ambiguas. Los partidos
comunistas occidentales acentuaron su distanciamiento de Moscú y
de la lucha revolucionaria, sobre todo los de Italia y España, dando
lugar al eurocomunismo y aceptando el marco democrático
y la revolución científico-técnica. Se creó una “nueva izquierda”,
mucho más crítica con los modelos económicos y políticos del capitalismo
occidental e incluso del socialismo de la Europa del este. A pesar
de ello, algunos sectores sociales comprometidos en los movimientos
de mayo del 68 mostraron sus recelos respecto a los partidos comunistas
occidentales por la tibia actuación que habían tenido.
Los grupos izquierdistas más extremistas calificaron de traición
esta actuación, y formaron numerosas organizaciones y partidos políticos
al margen de los tradicionales (Ligue Communiste, Lutte Ouvriére, Alliance des
Jeunes pour le Socialisme, Internationale Situationniste…). Se fundó
también el periódico “Libération” bajo la dirección de Sartre, que recogía
el espíritu del movimiento estudiantil. La frustración de las esperanzas
llevó a algunos, influidos por la mitificación de las luchas guerrilleras
del tercer mundo, a una guerrilla
urbana que desembocó en varios países en la formación de grupos
terroristas como las Brigadas Rojas en Italia o el RAF (fracción del ejército rojo) en la RFA.
Mayo del 68 supuso un cambio en las formas organizativas,
ya que se estructuró en función a las acciones, rompiendo con las
jerarquías que reinaban también en los movimientos de izquierdas.
A partir de ese momento, las asambleas se convirtieron en el motor
de estas organizaciones, y los delegados, en portavoces de las decisiones
mayoritarias.
Fue también una crítica al sindicalismo de la época, al que
consideraban como una pieza más del sistema capitalista, ya que
no atendió convenientemente las necesidades de los obreros. Se hizo
posible una renovación tanto de formas como de ideas que perduraban
desde hacía largo tiempo.
Antes de mayo del 68, la palabra “revolución” parecía ser
algo enterrado en la historia, nada hacía pensar que en un país
desarrollado y en un momento de bonanza económica como Francia pudieran
darse hechos como los de aquel mes. Mayo del 68 inauguró la era
del poder estudiantil (fue la primera vez que la juventud apareció
como un factor social y político de importancia), no estaban en
aquel momento respondiendo a una situación de autoritarismo, de
desigualdades sociales extremas, etc. La rebelión sorprendió a sus
contemporáneos no sólo por ser llevada a cabo por un grupo social
hasta entonces mudo, sino porque se produjo en un mundo que llevaba
dos décadas de crecimiento sostenido, de democratización, y en general
de un bienestar como occidente no ha conocido en otro momento de
este siglo.
Europa entera estuvo pendiente de cuanto acaecía en Francia
aquellos días, y muchos grupos de izquierda se inspiraron en las
ideas francesas y vieron en ellas una posibilidad de llevar a cabo
sus propias reivindicaciones. Se ha convertido en un símbolo, en
un ejemplo y en una lección de lo que se puede lograr, de cómo hacer
las cosas y de cómo no hacerlas y en un icono de la utopía.
Luego vino el endurecimiento de la guerra fría,
las crisis económicas y del petróleo, y los soñadores de los sesenta
debieron orientarse a la lucha contra el hambre, la conservación
de la ecología, el freno de la carrera armamentística… El mismo
Cohn-Bendit es hoy un político "verde" en Alemania, pero
otros muchos que fueron rebeldes en los sesenta son hoy parte del
sistema que algún día criticaron.
Eslóganes
y graffitis:
Es difícil determinar la ideología
de los estudiantes que encendieron la chispa que llevó a los acontecimientos
de mayo de 1968, y lo es aún más determinar la de los cientos de
miles de personas que participaron en las protestas. En todo caso,
hubo un fuerte componente anarquista, sobre todo entre los estudiantes de Nanterre.
Los siguientes eslóganes, encontrados en los graffiti, dan una idea
del espíritu rebelde y milenarista de los huelguistas:
"El patrón te necesita,
tú no necesitas al patrón".
"El aburrimiento es
contrarrevolucionario".
"No le pongas parches,
la estructura está podrida".
"No queremos un mundo
donde la garantía de no morir de hambre supone el riesgo de morir
de aburrimiento".
"Los que hacen las
revoluciones a medias no hacen más que cavar sus propias tumbas".
"No vamos a reivindicar
nada, no vamos a pedir nada. Tomaremos, ocuparemos". "Desde
1936 he luchado por subidas de sueldo. Antes de mí, mi padre luchó
por subidas de sueldo. Ahora tengo una tele, un frigorífico y un
Volkswagen. Y, sin embargo, he vivido siempre la vida de un gilipollas.
No negociéis con los patrones. Abolidlos".
"Trabajador: Tienes 25 años, pero tu sindicato es del
siglo pasado".
"Haz el favor de dejar al Partido Comunista tan limpio
al salir de él como te gustaría encontarlo entrando en él".
"Soy un marxista de la tendencia de Groucho".
"Sed realistas, exigid lo imposible".
"Están comprando tu felicidad. Róbala".
"Bajo los adoquines, la playa".
"En otros tiempos, sólo teníamos adormideras. Hoy, las
calles".
"La edad de oro era la edad en que el oro no reinaba.
El becerro de oro está siempre hecho de barro".
"La barricada cierra la calle, pero abre la vía".
"De ahora en adelante, sólo habrá dos clases de hombres:
los becerros y los revolucionarios. En caso de matrimonio, esto
producirá "becerrolucionarios".
(Fuente: www.wikipedia.com.ar)
Es tiempo de plantear un esquema
que sitúe las líneas que venimos trazando.
Esquema 1:

¿Qué sucedía mientras tanto
en la Escuela Freudiana de París durante los sucesos del mayo francés?
Para saberlo contamos con este fragmento del 15 de mayo de 1968
del Seminario XV, El acto psicoanalítico, allí Lacan nos informa
que:
"De paso menciono un pequeño
y simple añadido para información: en una reunión de mi escuela
ayer a la tarde, estuvo con nosotros una de las cabezas de esta
insurrección —para nada una cabeza mal hecha, en todo caso no es
alguien que se deje engañar ni menos que diga pavadas; sabe responder
muy bien inmediatamente cuando le hacen una pregunta tan tocante
como ésta: "Diga querido amigo, ¿en el lugar donde ustedes
están, qué podrían esperar de los psicoanalistas?", ¡Lo que
es verdaderamente una forma absolutamente loca de plantear una pregunta!
Me canso de decir que los psicoanalistas deberían esperar algo de
la insurrección; y están los que retrucan: ¿qué querría esperar
de nosotros la insurrección? La insurrección le respondió: ¡por
ahora lo que esperamos de ustedes es que nos ayuden a tirar ladrillos!
Para aligerar un poco la atmósfera
yo señalé en ese momento —es una indicación discreta— que a nivel
del diálogo el ladrillo cumple exactamente una función prevista,
la que llamé el objeto (a). El ladrillo es un objeto (a) que responde
a otro verdaderamente capital para toda ideología futura del diálogo
cuando parte de un cierto nivel: es lo que llaman la bomba lacrimógena.
Dejemos eso. Hemos sabido en
efecto por la boca autorizada, que tomó evidentemente una ventaja
inmediata sobre lo que habría podido desarrollarse de otra manera
que al inicio, todo lo que se agitó al principio en un cierto campo,
especialmente en Nanterre (era verdaderamente una información) nos
enteramos que las ideas de Reich fueron para ellos iluminadoras
alrededor de conflictos muy precisos que se manifestaban en el campo
de cierta ciudad universitaria. Es sin embargo interesante. Es interesante
por ejemplo para los psicoanalistas que pueden considerar —es mi
posición— que las ideas de Reich no son simplemente incompletas
sino básicamente demostrables como falsas.
Si queremos articular toda
la experiencia analítica y no considerarla simplemente como un lugar
de torbellinos, de fuerzas confusas, una energética de los instintos
de vida y de los instintos de muerte que allí están abrazándose,
si queremos poner un poco de orden en lo que objetivamos en una
experiencia que es una experiencia de lenguaje, veremos que la teoría
de Reich está formalmente contradicha por nuestra experiencia de
todos los días.
Sólo que, como los psicoanalistas
no atestiguan nada sobre las cosas que verdaderamente podrían interesar
a todo el mundo precisamente sobre ese tema, las relaciones entre
uno y otro sexo, en ese orden las cosas están verdaderamente abiertas,
a saber que cualquiera puede decir cualquier cosa, eso se ve a todos
los niveles".
Hasta aquí nos hemos dedicado
a desplegar las líneas que convergen desde 1968 hasta 1972 con la
aparición de 'El Antiedipo'(Para ubicar el 1970 de nuestro título
ir al Anexo II). No podemos hacer más que una invitación a la lectura
de un libro complejo, arduo y difícil pero provechoso. Util, y aquí
retomamos nuestra frase, que afirmaba que: 'detrás del teatro está
la fábrica'. Es una paráfrasis de lo que se puede encontrar en el
texto, y es aquí donde fuertemente sostenemos que sí, que es cierto
y que aún más. No haremos más que dejarlo en estado de enunciado.
Al teatro psicoanalítico hay que agregarle la fábrica pulsional.
E imbricarlos (teatro-fábrica uno en el otro, según los procesos
acaecientes). No podemos hacer la reducción de lo deseante y de
lo pulsional, de las intensidades y de las energías, siempre a los
mismos argumentos; tenemos que agregar géneros y posibilidades (microrrelatos,
pasar de tragedias otras a comedias y a otras tragedias, quedaron
treinta y tres entre Esquilo Sófocles y Eurípides, variar mitos,
concluir o iniciar párrafos y capítulos de novelas no sólo familiares,
soportar afiliaciones y desafiliaciones, promover funciones y funcionalidades,
cambiar cauces y cavar zanjas, orientar y reorientar flujos, blanquear
todo lo posible de serlo y dejar espacios en blanco, tiempos en
blanco, desérticos, y construir a partir de lo que aún no está y
aún no es). Queda mucho trabajo por hacer y el texto de Deleuze
y Guattari nos lo recuerda y nos sirve para producir nuevos lanzamientos,
nuestros relanzamientos.
Concluimos provisoriamente
con lo que escuchamos como advertencia de Lacan para no dejarnos
tranquilizar en la inmovilidad, la inercia y la comodidad de los
placeres adquiridos como tales en las rutinas del mercado profesional.
Dice J. Lacan: "¿Qué es
el inconsciente? La cosa todavía no ha sido comprendida.
Habiendo sido el esfuerzo de
los psicoanalistas, durante décadas, tranquilizar acerca de este
descubrimiento, el más revolucionario que haya existido para el
pensamiento, y considerar su experiencia como su privilegio -es
cierto que lo adquirido seguía siendo de apreciación privada-, las
cosas llegaron al punto en que sufrieron la recaída que les provocó
este esfuerzo mismo, por estar motivado en el inconsciente: al haber
querido tranquilizarse ellos mismos acerca de él, lograron olvidar
el descubrimiento".
(La equivocación del sujeto
supuesto saber; en el Instituto Francés de Nápoles, el 14 de diciembre
de 1967).
ANEXO
I.
– Uno de ustedes es psicoanalista,
el otro filósofo; su libro es un cuestionamiento del psicoanálisis
y de la filosofía que, además, presenta algo nuevo: el esquizo-análisis.
¿Cuál sería entonces el lugar comodín de este libro? ¿Cómo ¿Cuál
sería entonces concibieron la empresa, qué transformaciones han
sido necesarias para uno y otro?
GILLES DELEUZE.– Habría que hablar
en potencial, como las niñas pequeñas (“nos habríamos encontrado,
habría sucedido tal cosa...”). Conocí a Félix hace dos años y medio.
Él tenía la impresión de que yo iba por delante de él, esperaba
algo de mí. El caso era que yo no tenía ni las responsabilidades
de un psicoanalista ni las culpabilidades o los condicionamientos
de un psicoanalizado no tenía ninguna posición que mantener, lo
que me daba ligereza, y me enfrentaba a la miseria del psicoanálisis
con cierto desenfado. Yo trabajaba únicamente en el campo de los
conceptos, y aún de forma tímida. Félix me habló de lo que él llamaba,
ya entonces, las máquinas deseantes: toda una concepción teórica
y práctica del inconsciente-máquina, del inconsciente esquizofrénico.
Entonces tuve la impresión de que era él quien llevaba la delantera.
Sólo que, con todo y su inconsciente-máquina, él hablaba aún en
términos de estructura, significante, falo, etc. No podía ser de
otro modo, considerando la deuda que él (como yo mismo) tenía con
Lacan. Pero me pareció que, si encontrábamos los conceptos adecuados
para ello, todo funcionaría mejor que con unos conceptos que ni
siquiera son los del Lacan creador, sino más bien los de una cierta
ortodoxia que se ha constituido a su alrededor. Lacan dice: “nadie
me ayuda”. Nosotros le hemos ayudado esquizofrénicamente. Precisamente
porque tenemos una gran deuda con Lacan, hemos renunciado a nociones
como la estructura, lo simbólico o el significante, malas nociones
que el propio Lacan siempre ha sabido distorsionar para mostrar
su reverso.
(...)
(L'Arc, n.º 49, 1972,
entrevista con Catherine Backes-Clément.Texto extraído de "Conversaciones",
G. Deleuze, págs. 25-41, editorial Pre-textos, Valencia, España,
1995.
ANEXO
II.
Esta presentación hecha en
el marco del Seminario 2006 acerca de "Edipo" en "Grupos
Clínicos de Buenos Aires" conlleva también la localización
de una temática nuclear que puede ubicarse en el plano de las tramas
o argumentos de las subjetividades. Dicho de otra manera, una vez
dado un sujeto como conclusión provisoria de un proceso (otros procesos
luego seguirán pero aquí nos detenemos, casi como siempre en lo
provisorio), éste -el sujeto, el sujeto de- necesita un argumento
de origen o de explicación de los orígenes (orígen-inicio de lo
que sea y no sólo de su origen original, a éste a su origen original
se refiere el citado complejo, el de Edipo), simplemente un relato
que cuente el porqué de su estar (de su siendo y también de su aconteciendo;
¿deberemos escribir aconte-siendo?). Cuando escribimos sujeto no
lo hacemos coincidir con el individuo pero puede ser así: alguien
al querer saber se encuentra con... Y se encuentra con el relato
de los otros o el de un lugar o el de un grupo. Siempre el encuentro
con las otras palabras, palabras de los otros y el querer de los
otros (el sentir las intensidades convocada por los otros en nosotros;
tema de deseo del Otro; recordar que el deseo significado es la
demanda, las demandas y es por esos lugares que discurrimos siempre.
El deseo es siempre opacidad e intensidad que impulsa hacia...).
Es aquí que presentamos nuestro:
Esquema 2
---->
MITO --------------->
// TRAGEDIA: le da argumento al conflicto.
EDIPO
---->
COMPLEJO --------------->
conflicto: el complejo le da posibilidades de
lectura al conflicto (tensiones contrapuestas).
Toda tragedia escenifica uno
o varios conflictos (tensiones) --à el mito no.
La tragedia pone
en escena un conflicto.
La tragedia pone
en cuestión un conflicto.
La tragedia interroga
un conflicto en un campo de intensidades (contrapuestas o no).
La tragedia le brinda
el argumento al complejo.
La operación freudiana
del Complejo de Edipo es hacer explícito, visible, audible, pensable,
el conflicto. Desplazarlo y transformarlo (figurabilidad) desde
la escena trágica a la escena familiar.
Desde la escena
familiar vamos a tener el mito individual y las novelas familiares
(junto con las historial transgeneracionales). Líneas y vías de
transmisión.
J. Lacan puede llegar a decir
que: "nunca hablé del Complejo de Edipo lo hice acerca del
Nombre del Padre", lo cual manifiestamente no es así pero sí
es así desde su lugar de enunciación; o sea, 'yo digo que nunca
dije que'. Y aquí queda por leer de una manera adecuada. Adecuada
a todo lo que antecede a esta cita, que ahora haremos, lo que ha
sido dado en llamar y él mismo lo hace (J.L.) "Más allá del
Edipo" o el Edipo como un sueño de Freud, en el Seminario XVII;
y he aquí que esto se hace en 1970. De allí el 1970 de nuestro título
y el detenernos aquí. La crítica al Edipo (complejo) ya se venía
realizando en el marco del Seminario de J.L. (bajo el concepto de
Nombre del padre).
"¿Pero, por qué se equivocó
Freud en este punto, cuando de algún modo si creemos en mi análisis
de hoy, no tenía más que literalmente hacer lo que se le ofrecía
en la mano?
¿Porqué sustituye el saber
que había recogido de todas esas bocas de oro, Anna, Emmy, Dora,
por ese mito del complejo de Edipo? Ese complejo de Edipo que juega
el rol del saber con pretensión de verdad, se ubica en alguna parte
en esta figura que precisamente no está escrita, que es la del
discurso del analista, a saber, un cierto saber en la perspectiva
que ya llamé recién de la Verdad:

Si, es extraño que no se haya
hecho totalmente claro mucho más rápidamente que, sí toda interpretación
se compromete del lado de la gratificación o de la no-gratificación,
de la respuesta o no a la demanda, resumiendo hacía una efusión
siempre creciente hacia la demanda de lo que es la dialéctica del
deseo, deslizamiento metonímico en el que se trata de asegurar el
objeto constante, es probablemente de carácter estrictamente inutilizable...
y en efecto, ¿quien lo utiliza?. ¿Qué lugar tiene en un análisis
la referencia a ese famoso complejo de Edipo?. Les pido que respondan
todos los que son artistas. Los que son del instituto, por supuesto
no se sirven de el jamás, los que son de mí Escuela hacen un pequeño
esfuerzo, por supuesto eso no produce nada vuelven a lo mismo que
los otros. Es estrictamente inutilizable, salvo ese grosero recuerdo
del valor de obstáculo de la madre ante todo investimento de uno
objeto como causa del deseo. Y las extraordinarias elucubraciones
a las que llegan los analistas concernientes a "padres combinados",
como ellos dicen, sólo significan una cosa: edificar un Gran A encubridor
del goce es, decir lo que se llama generalmente Dios, con el cual
vale la pena, hacer el doble o nada del plus-de-gozar; es de ese
funcionamiento que se llama Superyó.
¡Ah! ¡yo los consiento hoy!.
Todavía no había abordado ese asunto del Superyó. Tenia mis razones.
Era necesario que llegara por lo menos al punto en que estoy ahora
para que lo que el año pasado les enuncié de la Apuesta de Pascal
pudiese volverse operativo y demostrar que el Superyó es exactamente
-quizás algunos lo han adivinado- lo que yo comencé a enunciar cuando
les dije que la vida, la vida provisoria que se juega a favor de
una chance de vida eterna, es el a, pero que sólo vale la pena si
el A no está barrado, dicho de otra manera, sí él es todo a la vez:
no sólo que padres combinados no existe, está el padre de un lado
y la madre del otro; como el sujeto eso tampoco existe, está igualmente
dividido en dos, como el está barrado, se puede decir, es la respuesta
que designa mi grafo en la enunciación resulta que es eso lo que
pone seriamente en cuestión que se pueda jugar a doble o nada el
plus-de-gozar con la vida eterna.
Si hay algo verdaderamente sensacional
en ese recurso al mito de Edipo. Ciertamente vale la pena que lo
escuchemos. Pensaba hoy hacerles sentir lo que hay de sorprendente
en Freud por ejemplo en esa última conferencia, de esas que se llaman
"Nuevas Conferencias sobre el psicoanálisis", al creer
zanjada la cuestión del rechazo de la religión de todo horizonte
válido pensar que el psicoanálisis juega allí un rol decisivo y
creer haberle concluido por habernos dicho que el soporte de la
religión no es otra cosa que ese padre al que el niño recurre en
su infancia del que sabe que es de algún modo todo amor, que se
adelanta previene todo lo que en el se puede manifestar como malestar.
No se esto algo extraño cuando uno sabe lo que resulta de hecho
de esta función del padre?. Ciertamente no es sola por ese lado
que Freud nos presenta una paradoja. La idea de referirla a no se
qué goce original de todas la mujeres, cuando se bien sabido que
un padre alcanza apenas para una y además no es como para jactarse!.
Un padre sólo tiene con el Amo. -hablo del padre tal como lo conocemos,
tal como funciona- sólo tiene con el Amo una remotísima relación
porque en suma, al menos en la sociedad con que tuvo que vérselas
Freud, es él el que trabaja para todo el mundo. El tiene a su cargo
a la famil de la que hablaba hace un rato. No es esto lo bastante
extraño como para sugerirnos que después de todo lo que Freud preserva
de hecho, sino de intención, es precisamente lo que designa como
lo más substancial de la religión: la idea de un padre todo amor.
Y es precisamente lo que designa la primera forma de las tres que
él aísla en el artículo que yo evocaba hace un rato de "La
Identificación" la identificación de puro amor al padre. El
padre es amor, y lo primero que hay a amar en este mundo es el padre.
Extraña supervivencia de algo con lo que Freud cree que va a evaporar
la religión, cuando en realidad es la substancia misma lo que él
conserva con ese mito bizarramente compuesto del padre.
Seguramente volveremos sobre
esto pero ya pueden ver el rumbo, que todo esto conduce a la idea
de homicidio, a saber que el padre, el padre original es aquel que
los hijos han matado, después de lo cual es del amor de ese padre
muerto que todo procede con un cierto orden, y no parece acaso que
esto, en sus enormes contradicciónes, en su barroco, no es otra
cosa que defensa contra eso que la abundancia de todos los mitos
articula claramente mucho antes que Freud el elegir este restringiese
esas verdades, a saber que lo que se trata de disimular es que el
padre, desde el momento que entra en ese campo del discurso del
Amo en el que nos estamos orientando el padre está desde el origen
castrado.
(...)
"Acá podría dejarlos hoy.
Lo que queda claro es que simplemente con ver como articula Freud
este mito fundamental, que es verdaderamente abusivo colocar bajo
la misma llave que Edipo -qué carajo en nombre de Dios, viene al
caso decirlo, tiene que ver Moisés con Edipo y el padre de la horda
primitiva?- seguramente debe haber ahí adentro algo atinente al
contenido manifiesto y al contenido latente, para decirlo todo y
concluir por hoy, les diré que lo que nos proponemos es el análisis
del "Complejo de Edipo" como si fuera un sueño de Freud".
ANEXO
III.
Texto extraído
de "La batalla de los cien años", Elisabeth Roudinesco,
Tomo III, págs. 116/ 120, Editorial Fundamentos, Madrid, España,
1993.
Edición original: du Seuil, París, 1986.
"El
conjunto de la temática reichiana y antipsiquiátrica encuentra su
más brillante síntesis francesa en 1972 en un libro que obtiene,
desde su publicación, un éxito considerable: El Antiedipo. Hacia
el mes de setiembre de 1969, el filósofo Gilles Deleuze, ya conocido
por sus trabajos sobre Spinoza, Nietzsche, Proust, Sacher-Masoch
y Bergson, conoce a Félix Guattari, un terapeuta proveniente de¡
diván de Lacan y de la vía comunista de oposición, que desde 1953
forma parte del equipo del castillo de La Borde. El primero tiene
la impresión de que el segundo está más adelantado que él, y viceversa.
Ambos tienen un enorme respeto por la obra y la persona de Lacan.
Uno ya tiene en la cabeza "máquinas deseantes", mientras
que el otro encuentra el psicoanálisis miserable: "Yo me decía
- subraya Deleuze- que esto iría aún mejor si se encontraran
los conceptos adecuados, en vez de valerse de nociones que no son
siquiera las de Lacan creador, sino las de una ortodoxia que se
formó en torno a él. Es Lacan quien dijo: no me ayudan. Lo iban
a ayudar esquizofrénicamente. Y, ciertamente le debemos a Lacan
tanto más cuanto que hemos renunciado a nociones como las de estructura
simbólica o significante, que son redondamente malas y Lacan sí
supo siempre dar vuelta para mostrarles el envés" (Entrevista
con C. Clement).
El
filósofo y el terapeuta deciden trabajar juntos: leen montañas de
libros, intercambian cartas y conceptos y así durante dos años y
medio tejen su gran obra. Paralelamente, Deleuze, dicta un seminario
sobre el Anti- Edipo (1)
en una salita del departamento de filosofía de la nueva universidad
de Vincennes- París VIII. Allí se amontonan estudiantes de todas
las líneas. Comparten su tiempo entre cursos donde se estudia el
estructuralismo, los textos de la revista Tel Quel o
los artículos de Derrida y seminarios donde se enseña el retorno
lacaniano a Freud. En efecto, Serge Leclaire acaba de fundar un
departamento de psicoanálisis en París VIII y su sitio queda unido
al de la filosofía. En el mismo edificio, se va expandiendo la lingüística
chomskyana hasta separarse de la tradición estructural. Cual funámbulo
de mirada bulímica, Deleuze enfrenta todas las semanas a un público
tan denso que la salita en donde habla parece sumida en vapores
de baños árabes. Agitado, exaltado y siempre tolerante, expresa
sus pensamientos a la manera de un loco que cantara melodías sacadas
de Debussy con libreto de Charles Trenet: una verdadera ópera para
solista. Embrujados por este espectáculo, los estudiantes escuchan
con una especie de ternura donde se mezcla la curiosidad por un
discurso nuevo y la atracción por un estilo singular. Después de
cada seminario, Deleuze cede la palabra a los oyentes y responde
punto por punto, entre serio y alegre, a las preguntas formuladas.
éstas son numerosas puesto que por primera vez el freudismo y el
lacanismo son escrutados en los límites mismos de sus mayores innovaciones.
A veces, los maoistas puros y duros del grupo de Alain Badiou, un
ex de la ENS, irrumpen estilo comando, para gritar su hostilidad
contra el rey de Tebas, el Anti- Edipo, el capitalismo y la esquizofrenia:
es la hora del frente rojo y los años violentos.
Cuando lo publican
en 1972, El Antiedipo es presentado por sus autores como
la primera parte de una obra de conjunto titulada Capitalismo
y esquizofrenia. Prometen una segunda parte que debe llevar
el nombre de Schizo- analyse. Nunca saldrá a luz, pero
será reemplazada por otro libro, Mille Plateaux (Mil Mesetas,
editorial Pre-textos), que se publicará en 1980, en un momento
en que la crítica del psicoanálisis ya no interesará a la inteligentsia,
ni a los mismos psicoanalistas, víctimas de las crisis internas
de su movimiento. Desde este primer tomo, El Antiedipo, escribe
Maurice de Gandillac, "uno queda sumergido bajo una ola impresionante
de lecturas y experiencias en las que se conjugan la etnología,
la linguística, la economía, mientras que la filosofía en el sentido
clásico, e incluso la literatura y las artes plásticas, pese a referencias
ocasionales al Cogito cartesiano y la crítica kantiana, a pesar
de una presencia nietzscheana que aflora en varias oportunidades
en las que se inspira la investigación, por muy numerosas y significativas
que sean las citas de Beckett, Michaux, Miller o Artaud, pasan de
algún modo a segundo plano". Este comentario resume bastante
bien la impresión que se desprende del libro, cuyas tesis esenciales
son de un simplismo asombroso.
Apoyándose de manera
bufona en 'La Historia de la locura', los autores
pretenden pensar de nuevo la historia universal de las sociedades
a partir de un postulado único y sin fundamento: el capitalismo,
la tiranía o el despotismo encontrarían sus límites en las máquinas
deseantes de una esquizofrenia "realizada", es decir en
las mallas de una locura no trabada en el discurso dominante, llámese
alienismo o psiquiatría. Para Deleuze y Guattari, el edipismo freudiano
es la forma más acabada de una codificación normativa, en la medida
en que reduce la libido plural de la locura a un encuadre familiarista.
Para salir de eso y recobrar la esencia esquizofrénica del deseo
verdadero, hay que substituir todas las teorías estructurales, simbólicas
y significantes surgidas del psicoanálisis por una conceptualidad
polivalente capaz de traducir la esencia "maquinística"
y plural del deseo. Al imperialismo de¡ significante único así como
al Edipo totalizante,, los dos compinches oponen un esquizo- análisis
basado en una psiquiatría llamada materialista, de la que Reich,
contra Freud y Bleuler, sería el primer portavoz seguido de cerca
por los antipsiquiatras.
Si nos atenemos
a las tesis enunciadas, El Antiedipo es una obra llena de
cosas burdas, errores y disparates. De modo que no hay que reducir
el libro a su contenido explícito. Pues, actuando así, nos equivocaríamos
tanto respecto a éste como un lector de En busca del tiempo perdido
que quisiera transformar la saga proustiana en una cuestión
de besos maternales de novela rosa. El Antiedipo es un gran
libro, no por las ideas que transmite, sino por la forrna que les
da, por el estilo, la tonalidad: en una palabra por esa sintaxis
febril, adonde viene a encallar, trabajosamente y como un barco
ebrio, el furor olvidado de una lengua de la ruptura o el despropósito.
Publicado en un momento en que se concreta el estancamiento del
movimiento estructuralista, El Antiedipo absorbe de manera
anárquica todas las esperanzas de una revolución abortada. Al mismo
tiempo y porque opera una síntesis específicamente francesa de todos
los ideales de la liberación - del freudo- marxismo al
terrorismo y de la búsqueda del paraíso perdido al culto de la droga- ,
toma como blanco principal el conformismo psicoanalítico, designando
con estrépito el devenir dogmático del lacanismo. Más allá de un
debate demasiado superficial sobre el imperialismo del significante
y de la defensa de una figura utópica de la esquizofrenia, se perfila
una crítica feroz y auténtica de todos los "catecismos"
freudianos. De ahí el bien merecido éxito del libro. De ahí también
su enorme repercusión sobre una intelligentsia frágil que
cree poder, gracias a él y con el mínimo esfuerzo, burlarse de los
chascos de la doctrina vienesa, afirmando que la "peste"
lacano- freudiana ya no hace temblar a nadie. El inconveniente
de este asunto es que muy pronto habrá un "catecismo"
del esquizo- análisis.
Cuanto más innovadoras
resultan ser las experiencias antipsiquiátricas, así como la de
Bonneuil, más tradicionales siguen siendo las prácticas que invoca
El Antiedipo. Deleuze y Guattari se entregan a un impresionante
panegírico de los métodos utilizados por el equipo de Jean Oury
en el castillo de La Borde. Pero éstos no pueden compararse en nada
con las innovaciones venidas de Kingsley Hall, el Pabellón 21 e
incluso de la Orthogenic School. Surgida en 1953 de la aventura
de Saint- Alban, la experiencia de La Borde forma parte del
campo de la psicoterapia institucional. Y por esa razón, conserva
los honrosos estigmas: vida comunitaria, ausencia de túnicas blancas,
humanización del enfermo, mantenimiento de la nosografia clásica
y pluralidad de tratamientos: del electrochoque a la psicoterapia.
A esta tradición se agrega una concepción lacaniana, en la persona
de Jean Oury, discípulo más bien dogmático del maestro y compañero
inseparable de Guattari, también lacaniano "libertario"
de la generación siguiente. Hay pues una diferencia enorme entre
las teorías liberatorias, antipsiquiátricas y esquizofílicas-
pregonadas por El Antiedipo, y la realidad institucional
en las que las mencionadas teorías dicen inspirarse. En esta diferencia
reside el equívoco del libro, que no tardará en ser denunciado públicamente
por ex cursillistas o pensionistas del castillo, exasperados por
la publicidad dada a una empresa que terminó por parecer lo que
jamás fue.
Eso no quita que,
en el contexto de los años setenta, las instituciones que no concuerdan
con el espíritu de la sectorización - como en el caso de La
Borde- sufren las consecuencias de la nueva organización del
campo de la psiquiatría. En abril de 1973, la Caja de Seguro de
Enfermedad denuncia el convenio firmado diez años antes con la clínica
de Oury. En vísperas de festejar su vigésimo aniversario, ésta se
encuentra pues amenazada de extinción puesto que se corre el peligro
de no poder garantizar el hacerse cargo directamente de los enfermos.
Los motivos invocados son de lo más sospechosos. Se le reprocha
al castillo una orientación izquierdista, una duración demasiado
larga de las estadías curativas y, naturalmente, el elevado costo
de la empresa. Esta amenaza se produce, y no es por casualidad,
un mes después de la publicación de un número especial de la revista
Recherches dedicada a las homosexualidades y titulado Trois
Milliárds de Pervers. Se encuentran allí prestigiosos
colaboradores: los nombres de Gilles Deleuze y Félix Guattari se
codean con los de Michel Foucault, Jean Genet, Jean- Paul Sartre,
Jean- Jacques Lebel, Georges Lapassade y muchos otros más.
Allí se cuenta "quienes son nuestros amantes de Berbería",
lo que pasa en los meaderos de las Tullerías, cómo les viene el
vicio a los niños, qué diablos pueden hacer dos mujeres juntas en
la cama, cómo curar los culos lastimados y cómo acabar con la homosexualidad
de papá. Bajo la pluma colectiva de la redacción, se da el tono:
"Sin importancia para los sordos; el marica, así como tampoco
el esquizofrónico, no es en sí un revolucionario, el revolucionado
de los tiempos modernos. Decimos simplemente que, entre algunos
otros, puede ser, puede convertirse en el lugar de una ruptura libidinal
importante en la sociedad, uno de los puntos de emergencia de la
energía revolucionaria deseante cuyo militantismo clásico permanece
desconectado. No por eso perdemos de vista que existe una locura
de manicomio infinitamente desgraciada o una homosexualidad edípica
infinitamente vergonzosa y miserable. Y sin embargo, incluso en
estos casos extremos de represión conviene permanecer a la escucha.
Mayo de 1968 nos enseñó a leer en los muros, y después se empezó
a descifrar los graffiti en las cárceles, los manicomios y ahora
en los meaderos. Todo un nuevo espíritu científico está para rehacer".
El asunto levanta
mucha polvareda y el número de Recherches es censurado. En
cuanto a la clínica de La Borde, no se cerrará. Las tres instituciones
vinculadas a la corriente lacaniana, La Borde, Bonneuil y la clínica
de Chailles, dirigida por Claude Jeangirard, un alumno del maestro,
tercera generación, en 1985 siguen en pie. Pero su durabilidad muestra
que, contrariamente a las experiencias de antipsiquiatría, se adaptaron
a la situación institucional de su época. Por esta razón, se volvieron
más "comunes". Falta saber lo que pasará cuando los fundadores
se retiren...
En el Congreso
de la EFP, celebrado en noviembre de 1973, las teorías antiedípicas
hacen una entrada triunfal en el seno del lacanismo dejando así
aún más patente la división de la escuela en corrientes divergentes.
A propósito de eso, se desencadena una larga polémica entre el equipo
de La Borde, representado por Guattari, Oury y Michaud, y Jenny
Aubry. Los "labordianos" acusan a Jenny de haber contribuido
ella misma a la liquidación de su propia experiencia del hospital
de los Enfants- Malades y de no haber sabido impedir el licenciamiento
y la dispersión del personal. Ahora bien, la mencionada experiencia
no podía proseguirse puesto que encontraba un límite natural en
la jubilación de su principal iniciadora. Siendo médico de los hospitales,
Jenny Aubry no podía evitar que su experiencia se interrumpiera
con la llegada del nuevo "patrón". Y es cierto que su
equipo aceptó con dificultad esta sucesión. En Montpellier, Jenny
se defiende como puede, pero en el debate pasan a ganar los antiedipianos,
que están en el apogeo de su triunfo. No obstante, Jean Oury y Félix
Guattari se mantienen más prudentes que sus epígonos.
En 1976 los autores
del Antiedipo anuncian: "Ya no hablamos mucho de
psicoanálisis, y sin embargo seguimos hablando de ello, y demasiado.
Ya nada pasa por ahí. Estábamos profundamente cansados, pero incapaces
de detenemos enseguida. Los psicoanalistas, y sobre todo los psicoanalizados,
nos aburren demasiado. Esta materia, que nos atrasaba, teníamos
que precipitarla por nuestra cuenta - sin hacernos ilusiones
sobre el alcance objetivo de esa operación- , teníamos que
imprimirle una velocidad artificial capaz de llevarla a la ruptura
o a la desinteligencia por nosotros. Se acabó, ya no hablaremos
en absoluto de psicoanálisis después de este libro. Nadie sufrirá,
ni ellos ni nosotros" (Rizoma). Después de esta magnífica
declaración, Félix Guattari va a continuar no obstante practicando
el psicoanálisis y ejerciendo sus funciones de terapeuta en el castillo
de La Borde.
Nota:
(1)
"Derrames"
(entre el capitalismo y la esquizofrenia), G. Deleuze, editorial
Cactus, Buenos Aires, Argentina, 2005.
Texto presentado luego de la presentación oral (julio 2006) en el marco del
Seminario: "El Edipo hoy. Entre el amor y el odio". En
"Grupos clínicos de Buenos Aires" por intermedio de la
invitación de la Dra. Ana María Gómez.
Con-versiones, agosto 2006 |
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