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Alejandra en el país de los espejos rotos
(La metáfora del espejo en la poética de Alejandra Pizarnik)

Lorena A. Di Lecce

 

Ya en 1939 (en un texto perdido, reescrito y editado en 1949) Lacan presenta el estadio del espejo como una identificación, como la transformación producida en el individuo humano inicial cuando asume una imagen. La imagen rebota en el niño en una serie de gestos en los que experimenta lúdicamente la relación de los movimientos asumidos con su medio ambiente reflejado.

En la poética de Pizarnik encontramos un mundo de irrealidad donde habitan cadáveres exquisitos, niñas que dialogan con Madan La mort, dentro de un espacio único y protagonista: la noche. En sus poemas el yo se remite al tiempo de la infancia desde un presente que podría describirse como un paisaje de sol negro, depresión y melancolía desde el cual el yo poético corteja a la muerte en una invitación y desafío: se establece una relación amorosa con el objeto amado y letal.

Uno de los elementos que utiliza Pizarnik para trazar en cada poema este paisaje, es el espejo: en él se inscribe la imagen donde se refleja la existencia del yo.

La inanidad de la imagen es experimentada como un juego, en tanto el espejo es la puerta de entrada hacia otro espacio con características de irrealidad, el espejo puerta hacia el abismo sin fondo de lo negro ilimitado. En este sentido es opuesto al espejo como una superficie lisa, son imágenes que funcionan como una red protectora para que la vida continúe. Cada poema aborda al espejo como un instrumento de desconstrucción del yo y de su doble, como reflejo del ser que es la sombra de sí mismo, lo familiar conocido y al mismo tiempo lo siniestro. Parecería que para Pizarnik asomarse al espejo implica un juego peligroso porque abisman al yo en el fondo de un interior letal, el mismo en el que Narciso muere. Son los espejos de la distancias entre una realidad y otra, los espejos de la vigilia y del sueño, que sirven para la duplicación de lo real como para el simulacro de la creación; mediante el reflejo el otro aparece - desaparece y el yo se ausenta o se desdobla, cualquiera de los casos: peligro de muerte.

 

El espejo como un espacio desrealizante

Lacan presenta al espejo como una matriz simbólica en la que el yo (je) se precipita en una forma primordial, antes de objetivizarse en la dialéctica de la identificación con el otro y antes de que el lenguaje le restituya en lo universal su función de sujeto.

En Pizarnik sucede lo inverso: en algunos momentos especiales esa dialéctica no funciona, se detiene, y muestra algo que no tiene que mostrarse en estado puro a un humano, es en palabras de Pizarnik: “la dialéctica suplicante finaliza en la fusión de los contrarios”. El espejo, lugar donde se confunden todas la imágenes, ofrece la presencia de otro, doble y siniestro que en algunos casos es ausencia que deviene en vacío, frente a lo cual el yo poético no encuentra una imagen en la cual reflejarse porque el espejo significa transparencia y opacidad.

En la poética y en la estructura simbólica de Alejandra el espejo configura un pasaje hacia lo otro, hacia otro espacio irreal, maravilloso y también horroroso. En este sentido el espejo se presenta como un espacio desrealizante:

"El amor es este viaje inútil, pero muy suave,
al otro lado del espejo".

Para Lacan el yo se concentra sobre el sistema percepción-conciencia, organizado por el principio de realidad, para Pizarnik el yo se organiza por un principio de irrealidad constituido desde el dolor de existir: esto es lo que dicta su poética.

 "Cuando el palacio de la noche
encienda su hermosura
pulsaremos los espejos
hasta que nuestro rostros canten como ídolos".

El espejo dentro del espacio de la noche, representa un lugar de fantasía, en el cual funciona como un instrumento musical capaz de hacer cantar al yo.

 

El espejo como doble

En los poemas encontramos lo que Lacan indica como la disposición en espejo que presenta en la alucinación y en el sueño la imago del propio cuerpo / el papel de aparato del espejo en la apariciones del doble en que se manifiestan realidades psíquicas y heterogéneas.

El desdoblamiento se presenta como aniquilación del yo desde los sentidos como se percibe en este poema:

14

"El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe".

 Se produce el efecto de desdoblamiento del yo poético en otro siniestro, donde el doble devasta al yo desde un espacio interior, familiar y compartido.

 

Función enajenadora del espejo

Lacan menciona la función del espejo por la cual prefigura una destinación enajenadora, una identidad enajenante. En el poema 22 refleja esto: el espejo aparece como lugar de muerte, de cenizas, donde queda contenida la instancia de pérdida.

22

"en la noche
un espejo para la pequeña muerta
un espejo de cenizas".

La poética de Alejandra contiene diversos espejos, algunos en los que no hay reflejo, sólo transparencia y detrás de esa trasparencia hay caída al vacío; en otros casos el reflejo produce desdoblamiento del yo en otro oscuro y siniestro que retorna de la propia imagen y se diferencia en un no- reconocimiento.

Si en Alicia a través del espejo encontramos la presencia de objetos invertidos y situaciones peligrosas por las que Alicia debe transitar debido a una lógica desrealizante, en el país de Alejandra el peligro se halla en la rotura de toda lógica que produce el reflejo en el espejo, desde el cual el yo inicia un viaje hacia el otro lado donde se desconstruye y se pierde, porque en el país de Alejandra los espejos están rotos.

Con-versiones, julio 2006


 

        

 

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