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SABER FREUDIANO Y PULSION TRANSDISCIPLINARIA
PAUL-LAURENT ASSOUN
Hemos
recurrido a un trabajo reciente para mostrar como el tema de ' lo
transdisciplinario' está en boga y planea sobre los tiempos postmodernos.
También lo elegimos porque lo hemos "leído" lo cual implica
-para nosotros- muchas cosas. Uno, el leer es una operación transdisciplinaria
en tanto nos permite suspender "mis" certezas y / o hábitos
disciplinarios, si no se llega a esa suspensión lo que se logra
es que sigamos en los campos de continuidad de las disciplinas,
ambas son opciones válidas; dos, seguimos proponiendo que son la
lectura y la escritura la que nos permiten salir, ir y volver, de
las disciplinas a las letras y a los nombres no hallados aún y a
los conceptos no construídos como tales todavía (no lo desarrollaremos
ya que nos situamos en el marco estrecho de una nota de presentación).
La lectura y la escritura son los espacios de suspensión de las
certezas donde hallamos las ensoñaciones y las asociaciones, los
puntos de pasaje, las conexiones. Todo ello si nos dejamos llevar.
No es algo que ocurre a menudo. Ocurre y cuando sucede es lo mejor
poder dejarse llevar hacia lo no conocido. Paso previo para que
esto suceda, haber aceptado nuestros campos de ignorancia (no-sabido).
Y es justamente aquí -lo queremos dejar planteado- que hallamos
nuestro máximo punto de discrepancia con lo expuesto por el autor:
un punto de discrepancia que -creemos- exige una problematización
sobre lo pulsional y las disciplinas, incluyendo el tema del saber.
Brevemente, si el saber pudiera ubicarse en lo pulsional no habría
posibilidad de que alguien no quiera conocer y esa es justamente
la posición del yo en cuanto al saber: la fórmula lacaniana de "él
no sabía" es una de las más acertadas para postular al sujeto
del inconciente. Entonces, es mucho mejor trabajar con un 'deseo
de saber' que con una 'pulsión de saber', por lo menos crea menos
inconvenientes (teóricos). Igualmente es un tema no zanjado. Queremos
dejar constancia de nuestra posición como de nuestra aceptación
de la perspectiva del autor en lo restante del trabajo, incluyendo
la advertencia de que -como siempre- esta es una labor que es provisoria,
en especial en lo referente al tema "transdisciplina".
Esbozos hemos dicho hace tiempo, lo seguimos sintiendo, esbozos,
hacia.
Sergio
Rocchietti
La palabra ya fue
disparada: "transdisciplinario".
Por lo tanto me gustaría llegar hasta las últimas consecuencias,
a riesgo de volver a decir, sin que se repitan, esas cosas que tocan
la esencia misma del saber freudiano y no cesan de ser actuales.
Pues es eso lo que hace síntoma: la actualidad crónica del "freudismo"
(1).
La cuestión
tiene un efecto de rebote. De manera fandamental y en cierto sentido
"principal", ¿en qué el saber freudiano tiene vocación
transdisciplinaria? ¿Cómo situar el deseo freudiano -el que nos
mantiene en nuestra relación con la cosa analítica- habida cuenta
de esta cuestión disciplinaria, especialmente en esta articulación
sensible con las "ciencias" llamadas "sociales"?
(2). Llegar
hasta las últimas consecuencias, sí, preferentemente en el buen
lugar, donde se pueda hacer tomar al objeto analítico en este espacio
de saber.
El retorno atento a la posición freudiana no tiene que ver solamente con la
arqueología. Se trata de captar cómo se ha instaurado la postura
psicoanalítica, en el origen, frente a la cuestión disciplinaria
-y su función "trans"-, lo que permite esclarecer
la condición contemporánea de lo transdisciplinario en la
coyuntura de la investigación en psicoanálisis. Este término, menos prudente que los de " pluri-
disciplinario" o "interdisciplinario", se impone
de alguna manera como un desafío, en la medida en que se confronta
con un clima de translación, incluso de transgresión,
sin el cual la vida de las disciplinas sería exangüe. Urge precisar
en qué sentido la "ciencia del
inconsciente" está implicada en esta dialéctica
transdisciplinaria.
1. Del discurso llamado transdisciplinario
Es un hecho que hay un discurso transdisciplinario. Lo "transdisciplinario"
es, en primer lugar, un hecho de discurso. Es lo que da que hablar tanto en el discurso académico como en el de
la comunidad de investigación. Se lo suele evocar para decir que
es "deseable", al punto que sostiene una retórica.
¿Cómo no recordar
que, de hecho, es inaugurador del concepto mismo de universidad,
que hace coexistir como universitas literarum et scientiarum
los saberes más heterogéneos bajo el signo del Saber
y del ideal de la ciencia? Ideal humboldtiano de enciclopedia viviente
bajo la égida del "sistema" de la Razón y del idealismo
alemán que sostiene a la Universidad moderna (3).
A partir del momento en que murió el hombre del saber único, Pico
della Mirándola (aunque siga sosteniendo secretamente el fantasma
docto), esta cuestión de la unidad del saber queda a cargo del investigador
colectivo. ¿En qué medida remite,
más allá del pliegue, incluso de la muletilla del discurso, a
un real?
"Transdisciplinario": en efecto, tenemos aquí una palabra
de la que es fácil envanecerse. Se nos recomienda, se nos incita
a "practicar lo transdisciplinario": buscar las "pasarelas",
los "atajos", las "conexiones"... También es
necesario que no sea un escollo [pont aux Cines: puente de
los asnos], pues con un asno cargado del fardo de todas las disciplinas
no es mucho lo que se podría hacer. Además, suponiendo que llegue
al final del camino y que no desparrame por la ruta toda su carga,
lo que descargaría al término de su recorrido no sería más que un
revoltijo desordenado. Entonces surgiría la necesidad de que cada
uno de los propietarios reconociera su bien y lo recuperara (y habría
que empezar todo de nuevo...).
De hecho,
es uno de los leit-motivs del "discurso
universitario", incluso del discurso
social que aboga por la sinergia operatoria de los saberes.
Para introducir alguna molestia en ese discurso, tenemos que reorientarnos:
lo transdisciplinario no es a priori un valor,
tal vez ni siquiera una necesidad -y sin embargo es un imperativo-.
Imperativo
en sí mismo contradictorio: pues finalmente, ninguna "disciplina"
es suficientemente suicida ni oblativa -lo cual, en este caso como
en tantos otros, tiene más o menos los mismos efectos- como para
"transdisciplinarizarse",
para perder de vista su objeto y trabajar
al servicio de algún "más allá" (trans) del principio
del placer disciplinario.
La disciplina se adosa a un dispositivo pulsional específico y,
por su lado, la pulsión se distingue por polarizarse en su
objeto. Por cierto, no hay investigación sin "pulsión
de saber" (4) pero justamente ésta se distingue por elegir
su objeto. Quedaría por hacer una clínica de la elección
de "la propia disciplina". Lo cierto es que la
elección de "la propia disciplina" tiene una exclusividad
celosa, y por ende la posesividad de una "elección de objeto"
amoroso. ¿Cómo se despolarizaría? ¿En nombre de qué Otro habría
que querer transdisciplinarizarse? Toda disciplina -dicho sea para
aliviar a más de uno- expresa, por el contrario, un movimiento de
separación, exigido por la constitución de su propio objeto. Se
pone en juego su propio método, es decir su camino hacia el objeto
cuya posesión -precaria y obstinada, al precio de cierta autarquía-
reivindica. La búsqueda se sostiene en un objeto perdido que organiza
un circuito "especializado". Por lo tanto, tendríamos por un lado la "pulsión
disciplinaria", y por el otro el discurso de lo transdisciplinario.
No dudemos en agudizar esta aporía para situar mejor el punto dónde
se desanuda.
El mencionado
Freud, como los otros, actuó en la dirección de individualizar
su disciplina, de nombrarla, lo que equivale a separarla de las
demás. Ahogarla en la sopa interdisciplinaria sería hacerle perder
su valor nutritivo -lo cual vale para cualquier disciplina
y probablemente de un modo más sensible para las más jóvenes, que
aún están en pañales y a las que no se les puede pedir que se destituyan
antes de haber nacido seriamente-. Pero si se pone el acento
en el aspecto trans-gresivo de lo trans-disciplinario,
bien podría haber un efecto transdisciplinario inmanente
al psicoanálisis, por el efecto espontáneamente
transgresivo de la hipótesis que acredita, es decir "el
inconsciente".
2. El imperativo disciplinario: el campo y la regla
Es oportuno recordar
que el vocablo "disciplina"
quiere decir dos cosas. Por un lado, con este término se designa
un dominio particular del conocimiento que constituye una materia
de enseñanza y de investigación, a tal título capaz de transmitirse.
En tal sentido hay, por cierto, un "dominio de saber"
(Wissensbereich) o "rama del saber"(Wissenszweig)
que se refiere al psicoanálisis, materia de experiencia, de
investigación y de transmisión.
Pero la disciplina
es también una regla que
se impone colectivamente, es un conjunto de reglas y de conductas
que se impone a los miembros de una colectividad cuyo funcionamiento
regulan imperativamente. Por cierto hay violencia en el término
"disciplina". Hasta el siglo XIV, la palabra significa
castigo e incluso masacre. Por lo tanto, es un modus vivendi
autoritario. Así pues, "mi" disciplina es no sólo
lo que me ocupa, sino lo que me sostiene... de manera disciplinaria.
Quienes adhieren
a una disciplina comparten la misma estructura superyoica y forman
un "batallón disciplinario" intelectual o, para decirlo
con un vocabulario quizá menos coercitivo, un "convento"
o una "orden" regulada por reglas. (Se sabe que la "regla"
fue inventada por San Benito, y que toda corporación, aunque sea
científica, entraña este "orden de marcha" conventual
más o menos tácito).
3. El psicoanálisis como "disciplina"
Primer punto: Desde el mismo momento en que forja el neologismo
"psico-análisis",
Freud tiene el sentimiento de estar llamando a la existencia
a una disciplina sui generis, con su objetivo propio
(los "procesos psíquicos inconscientes") y su método idóneo.
Es el nombre de un "procedimiento" (Verfahren) médico
de investigación de "procesos más o menos inaccesibles de otro
modo" (los "procesos inconscientes"); es también
un "método de tratamiento" de los trastornos neuróticos;
por último, es una "serie de concepciones" en vías de
crecimiento que se proponen conquistar su especificidad y su legitimidad
científica: convertirse en una "disciplina" es un ideal regulador
del psicoanálisis (5).
Freud no se interroga fortuitamente acerca de las "perspectivas"
del psicoanálisis, disciplina en tensa gestación entre su origen
y su porvenir.
En segundo
lugar, esta disciplina es transmisible: hay un género que Freud
ilustra, el de la Vorlesung (lección) (6)
y Lacan, a su manera, le da continuidad con el protocolo
de investigación que es "el Seminario". ¿Dónde se enseña
esto? No sólo en las instituciones psico analíticas: en la Universidad,
también (7).
Aunque, dice Freud, no es intrínsecamente indispensable,
el psicoanálisis tiene su lugar en la Universidad (8).
El saber del inconsciente tiene su lugar en la universitas
literarum et scientiarum. El creador del psicoanálisis lo enuncia
con toda seriedad, pues tiene la impresión de que la autonomía del
psicoanálisis es lo suficientemente consistente como para soportar
su confrontación con los otros saberes, que incluso exige en tanto
adhiere al ideal de "la ciencia". Nada en la Universidad
amenaza la especificidad del objeto del análisis, digan lo que digan
ciertos analistas celosos de la prerrogativa institucional analítica
(puede sospecharse que la gente que habla así está tanto más "celosa").
Queda abierta la cuestión del lazo entre el objeto del análisis
y el del saber universitario.
Tercer punto: esta
"disciplina" denominada "psicoanálisis", Freud la refiere
muy seriamente a la ciencia.
Ciertamente, hay una "ciencia
del inconsciente" (9),
como también hay una adhesión al espíritu de las "ciencias
naturales" (Naturwissenschaften) (10).
Por otro lado, el psicoanálisis no es una hermenéutica -Lacan llega a hablar con
violencia de esa "obscenidad universitaria" que es la
hermenéutica-. Esto no supone la
negación del sentido, pero obliga al psicoanálisis a reconocerse
como ciencia de lo real, afectando a cambio a las "ciencias"
llamadas humanas (Human-wissenschaften) o "del
espíritu" (Geisteswissenschaften). Un signo de ello
es que el psicoanálisis soporta la indeterminación de los "conceptos
fundamentales" (Grundbegriffe) que coloca al principio
de su teoría (11).
Más aún: el psicoanálisis es un "pivote"
entre "ciencias naturales" y "ciencias
humanas".
4. Del problema epistemológico a la cuestión analítica
Nos encontramos
frente a un problema epistemológico básico que concierne a la cuestión
del saber.
El saber
se ha formado bajo el signo de la unidad
en la medida misma en que se ha planteado la unidad
de la razón desde la "revolución
galileana". Ésta se ha apoyado en la trilogía fundadora
de una teología, de una psicología y de una cosmología. Al desmembrar
la unidad garantizada por el saber del otro, del Alma y del Cosmos,
el saber laicizado interiorizó esta exigencia de unidad desplazándola
por el lado de una cartografía del Saber y de sus regiones. Este
se vio confrontado por un lado con una pluralización
-lo que expresa el movimiento de "especialización" creciente
e ineluctable-; por el otro, con una dualidad:
la que ha dado lugar a la oposición de las "ciencias naturales"
y de las ciencias llamadas del espíritu o ciencias humanas (Geistes,
Human-wissenschaften).
Obsérvese que la
problemática de la "clasificación
de las ciencias" y la historia de las ciencias se
ha encargado de manejar este problema; por un lado, saber dónde
plantear la frontera de las disciplinas,
por el otro, mostrar cómo se han constituido dichas fronteras. Hay
en ellas una especie de geopolítica
del saber.
Hablar
de "transdisciplinario" es -notémoslo- recordar
la condición multidisciplinaria, pero simultáneamente es sugerir
que pueda y deba ser superada. Por lo tanto, lo transdisciplinario
podría ser concebido de manera antitética: o bien como retorno a
la unidad originaria, manera de superar la división, por medio de
una especie de Aufhebung de la escisión disciplinaria; o
bien confirmar la escisión disciplinaria, pero cuestionándola en
sus bordes móviles.
El
nacimiento del psicoanálisis es contemporáneo de este
debate intenso en el que Freud define una posición firmemente
original que hemos presentado en otra parte (12).
Para situar el verdadero lugar de lo transdisciplinario,
conviene delimitarlo: primero, situándose en el corazón misrno
del acto freudiano de identificación de su propio objeto, a través
del movimiento transdisciplinario que acompaña la constitución de
la teoría fundamental del psicoanálisis (1), luego en exterioridad,
como efecto de "participación" para las otras disciplinas
(2) que impone una singular buena relación con los "desperdicios"
de las otras disciplinas, por medio de lo cual se afirma la racionalidad
del psicoanálisis y su fecundidad heurística (3). Así, esto permitirá
situar su vocación de inquietar a las disciplinas...
1) ¿El psicoanálisis "meta-disciplina"?
En primer lugar
hay que destacar el hecho de que en el corazón mismo del acto de
racionalidad instaurador del psicoanálisis se encuentra un gesto
transdisciplinario. En efecto, piénsese en el problema originario
de Freud: acoger al inconsciente, sin disponer de las herramientas
apropiadas. El psicoanálisis fara da se, (13)
debe hacerse a sí mismo. Pero, dado que la psicología no disponía
de ningún instrumental habida cuenta de su negación del inconsciente,
el psicoanálisis debe crear su propia maquinaria.
Ello supone
"dar nombres nuevos a cosas nuevas" (14).
La cuestión de la transferencia de
vocabulario de una ciencia a otra (15)
es uno de los elementos más concretos
y apasionantes de la transdisciplinariedad: en efecto, es la migración
de un término de una ciencia a otra que atestigua la condición trans-disciplinaria.
Es lícito preguntarse qué ciencia toma prestado o roba tal palabra
a tal otra ciencia. No obstante, se pone de manifiesto que la propiedad
que sobre las palabras tiene una disciplina es precaria, cuando
no revocable, y que la circulación de los términos -que ocurre tranquila
y audazmente delante de las narices de las propias disciplinas expresa
su verdadera dinámica inter- disciplinaria, sintomática.
Ahora bien, el
creador del psicoanálisis se encuentra confrontado con esta cuestión
principal de terminología
desde el comienzo de su acto. Los conceptos
psicoanalíticos cruciales constituyen un desvío premeditado
y regulado de los términos.
Un efecto
de meta-forización atraviesa la meta-psicología.
Recordemos en primer lugar que el punto de vista "económico"-"dinámico"
y su corolario tópico representan un desvío principal respecto del
paradigma de la física. El "fisicalismo" freudiano
impone una suerte de transdisciplinariedad nodal: en efecto, la
necesidad de describir los procesos psíquicos según los puntos de
vista de los lugares, de las fuerzas y de las cantidades representa
un apuntalamiento del modelo psicoanalítico
en un paradigma físico.
La "metapsicología", para desmarcarse de los límites de la
"psicología" y de las ilusiones de la "metafísica",
se encuentra en posición de desmarcarse de la física.
El intenso trabajo
de metáfora en el texto freudiano es algo completamente diferente
de un efecto literario: hace trabajar un espectro impresionante
de registros epistémicos que recorre la clasificación de las ciencias:
mineralogía, botánica, biología, físico-química, sin contar las
"técnicas": quirúrgica, ginecológica, arqueológica, pictórica...
El "psico-análisis"
mismo suele ser comparado con la química, ciencia eminentemente
"analítica".
Como se ve,
el espectro es amplio pero no ilimitado: obsérvese la casi total
ausencia de metáforas matemáticas. Se sabe cómo Lacan desplazará
el eje epistemológico por el lado del significante (vía la lingüística)
y de la topología, según una operación de motivos complejos (16)
que da pruebas de la movilidad epistemológica, siendo lo esencial
acoger a "la cosa inconsciente".
Dejemos constancia
aquí de que la referencia a los campos conexos de las "ciencias
naturales" y de las "ciencias humanas" está hablando
de una homología.
Que sea
necesario estar familiarizado con la mineralogía para entender el
"clivaje" (Spaltung), con la arboricultura para
captar el lazo entre cambio botánico y transferencia, etc., ¿qué
quiere decir? Que los síntomas sean inteligibles en relación con la
paleografía de los jeroglíficos, ¿qué perspectivas no se abren a
partir de todo esto?...
2) Interés del psicoanálisis, interés en el psicoanálisis
El psicoanálisis,
como toda disciplina que no abjura de la ley de la ciencia, tiene
sus cuentas para rendir y las rinde sin problemas, corno lo demuestra
el artículo "Múltiple interés del psicoanálisis" (17).
Este artículo
brinda la ocasión de captar cómo se perfilan la postura y la estrategia
transdisciplinarias del creador del psicoanálisis.
En efecto,
disponemos de este texto ejemplar: "Múltiple
interés del psicoanálisis", que puede traducirse también justamente
como interés "en" el psicoanálisis.
Todo
se juega ya desde el principio en la ambiguedad de la preposición.
En este texto parece tratarse de "propaganda", como el
autor lo declara en su correspondencia. Toda liciencia especial
milita legítimamente por sus propios "intereses"; tanto
el psicoanálisis como las otras. Por ende aquí se trata del inventario
de los "intereses del psicoanálisis" por la psicología,
las ciencias del lenguaje, la filosofía, la biología, la historia
de la evolución, la ciencia de la cultura, la pedagogía. Es un hecho
que "el psicoanálisis, esa "joven ciencia" (junge
W¡ssenschaft) roza otros terrenos del saber (Wissensgebiete)
y establece relaciones inesperadas entre éstos y la patología
de la vida psíquica" (18).
Obsérvese el efecto de "sorpresa" inherente a esta intertextualidad.
Pero en rigor de lo que se trata es del interés de todas estas disciplinas
en el psicoanálisis.
Consecuentemente, el psicoanálisis aparece como proveedor de elementos que vienen
a complementar los campos concernidos: se trata de demostrar la
extensión del su "aporte de conocimiento" (Kenntnisnahme).
Pero precisamente éste no puede aparecer sino como problematización
de estos campos: designación de un punto oscuro, incluso "ciego"
en el corazón mismo de cada uno de estos dominios. De donde la idea
de que las disciplinas tienen un interés radical en el psicoanálisis
tal que, de desconocerlo, no podrían más que reconducir lo no-sabido
de su propio campo.
La meta de
este texto, bastante pesadamente didáctico en apariencia, es por
lo tanto abrir el apetito de psicoanálisis de estas disciplinas.
Pero ello pasa por una fase que interesa a la relación de cada disciplina
consigo misma; es decir la relación con su propia falta.
De hecho,
los sentimientos de saber y de amor son radicalmente recíprocos:
esto equivale a decir que yo tengo un "interés" por el
otro y que el otro tiene interés en mí. Nos amamos cuando nos interesamos
uno en el otro. Ésta es la verdadera libido interdisciplinaria.
Es algo completamente diferente de una buena voluntad para abrirse
cordialmente al otro y echar una mirada por encima del cerco del
vecino. Una vez más, el deseo no es la voluntad...
3) La transferencia de saber
Del examen de la
estrategia de Freud en este texto manifiesto (19),
surge su postura respecto del "hecho
disciplinario". Punto de "unitarismo"
se ubica desde el punto de vista de la situación de hecho del seccionamiento
del saber, hablando de "ciencias especiales". Pero el
psicoanálisis está allí en posición de una extraña disciplina. Por
un lado, es un recién llegado cuyo creador anuncia su nacimiento
al mundo investigador; por el otro, no es identificable como una
ciencia más: una psicología, por ejemplo.
Ciertamente,
se trata de una "psicología científica", pero la hipótesis del inconsciente requiere una "meta-psicología".
Por
otro lado, anuda un lazo con cada una de las "disciplinas"
a través de lo que cada una de estas ciencias descuida o excluye,
incluso reprime.
Resulta perturbador
ver aparecer la palabra "transferencia" para designar lo que se juega allí,
por ejemplo para la cuestión sociocultural (donde el ejemplo se
confirma como "la cosa misma"): "Por la misma
transferencia (Übertragung) de sus puntos de vista, presuposiciones
y conocimientos, el psicoanálisis está en condiciones de esclarecer
los orígenes de nuestras grandes instituciones culturales... (20).
De allí las "ricas conexiones" (reiche Verknüpfungen)
entre los "dominios del saber" (21)
que ilumina.
5. La condición del psicoanálisis: de lo "para-disciplinario"
a lo "sobre-disciplinario"
En consecuencia,
se puede hablar de carácter "sobre-disciplinario" del
psicoanálisis, pero no en el sentido de una "super-disciplina"
que estaría por encima de toda disciplina.
Es lo que
acaso explica lo que podemos sostener respecto de la pulsión transdisciplinaria del psicoanálisis. Se encuentra en posición de franquear las fronteras, no
para transgredir las leyes de las fronteras -que confirma, por el
contrario-, sino para perseguir a su propia presa de caza. Es la
presa de caza inconsciente la que conduce al "Investigador"
(Forscher) en psicoanálisis, hacia la ciencia del lenguaje
o la estética, la sociología o la teoría de la cultura...
Pero
es esencial percatarse de que esa presa de caza es la misma que
cazan las diversas disciplinas, en su campo propio. Es en estos
puntos donde se abre el intercambio.
6. El síntoma o el "punto ciego" de lo colectivo
En el corazón de
este "vals" que introduce el psicoanálisis, aparece un
continente en el centro mismo de las ciencias humanas, las que se
designan como "ciencias sociales" y que interesan a título
de lazo entre psicoanálisis y "prácticas sociales".
El examen
sistemático del trayecto freudiano tal como lo hemos conducido en
otra parte (22) revela
el "ballet" de las disciplinas por medio del cual se señala
la evolución de la posición freudiana sobre lo colectivo.
En el primer
tiempo, el de la moral sexual cultural y la nerviosidad moderna,
tiene por interlocutores por un lado a los reformadores sociales
y publicistas (Ehrenfels), y por el otro a los psiquiatras con preocupaciones
sociales (de Krafft-Ebing a Erb).
En el segundo
tiempo decisivo, el de Tótem y tabú, se pelea con los etnólogos
(desde Frazer y Tayler hasta Wundt).
En un tercer
tiempo, correspondiente a Psicología de las masas y análisis
del yo, lo encontramos frente a la psicología social
(desde Le Bon hasta Mac Dougall).
En un último
tiempo, encuentra el discurso de la "cultura" .
Este increíble
recorrido a través de nombres propios traduce el componente de con-frontación
del mensaje analítico.
Pero no se
trata ni de un diálogo pacífico ni de una intrusión violenta.
La cuestión no es tanto el diálogo así instaurado -que no es un anhelo
sino una necesidad- sino el desplazamiento giratorio que orienta
el discurso del psicoanálisis en relación con las "faces"
y "facetas" del discurso. Discurso psiquiátrico de lo
social, etnología, psicología social, filosofía de la cultura. Punto
ciego de la represión pulsional, de la prohibición del incesto,
del lazo social, del malestar colectivo que permite volver a interrogar
la relación de cada disciplina consigo misma en este punto nodal.
7. El analista, especialista de lo/s rechazado/s
Hay que entender
bien el alcance de esta metáfora de los rechazos que Freud
presenta en el contexto de la investigación en estética (23)
en la medida en que bien podría tener un alcance epistemológico
genérico.
El procedimiento
del crítico de pintura Morelli traiciona un parentesco con
"la técnica del psicoanálisis médico", es decir "adivinar,
a partir de los rasgos poco importantes o no tomados en cuenta,
a partir del desperdicio (Abhub) -de lo 'rechazado'- de la
observación, lo secreto y oculto". Abhub es, literalmente,
la "espuma" (Abschaum), lo que se saca de
arriba, mediante una especie de "desnatado". En sentido
figurado representa algo insignificante, un casi nada, que en este
caso tiene vocación de llevar agua hacia el molino del psicoanálisis...
El psicoanalista
no aparece como un diletante interesado por los "detalles",
dejando de lado lo esencial para ir en pos de las bagatelas. Es
verdad que se nutre de las sobras del festín, pero esas sobras lo
conducen a una racionalidad bastante
suntuosa, la que organiza el conjunto del cuadro, invisible para
la mirada del propio artista... o del investigador. Por ende literalmente es un especialista universal del
desecho que se abre camino, vía el "desecho", hacia una
lógica de la estructura.
Se entiende
que, el análisis no hace más que recuperar las "sobras"
del festín de la etnología o de la estética: los sitúa y los constituye
como "desechos" de la observación y funda en ellos una
racionalidad nueva y original en el sentido más fuerte del término.
Tal es la "joven ciencia" que Freud presenta al
"mundo científico".
No nos enganemos:
esta "ciencia del detalle"
exige un rigor excepcional y organiza una dinámica transdisciplinaria
que constituye una innovación epistemológica de facto. Puede
sostenerse, en efecto, que el psicoanálisis hace su objeto propio
de lo rechazado por las otras disciplinas.
8. El "no-todo" disciplinario
He aquí pues lo
que tiene que resonar en los bordes de una reflexión sobre lo transdisciplinario:
para el psicoanálisis no hay intercambios posibles más que
con disciplinas que adhieren al mismo ideal regulador
científico que él. Por consiguiente, el psicoanálisis
es transdisciplinario, primero por defecto y a minima
porque no tiene más socios de su saber que sus colegas "científicos".
Es allí donde experimenta lo tajante de sus tesis. Freud no
sitúa al psicoanálisis en alguna "atopía" epistémica:
es más bien mediante su objeto -que resulta ser... el sujeto
(inconsciente)- como hace cojear a los saberes...
De allí su efecto
en las otras disciplinas. Freud presenta todos los signos
de una libido sciendi en afinidad con la de cualquier investigador
de cualquier otra disciplina, pero su originalidad es la de designar la espina secreta clavada
en el corazón y en el cuerpo mismo del saber.
Decir que el psicoanálisis
tiene un interés transdisciplinario no es significar que anda rodando,
cual turista diletante, alrededor de las disciplinas "serias"
para poner el granito de sal inconsciente -aunque la avanzada psicoanalítica
se produce con facilidad, efectivamente, según la modalidad del
Witz-. El psicoanálisis reconduce el postulado de una pluridisciplinariedad. Sin ello sus aportaciones
se perderían en un "caldo" al que, como se sabe, "el
entendimiento freudiano"" es alérgico.(24)
El psicoanálisis debe
informar a las otras disciplinas de sus resultados, animarlas
con sus ideas, confrontarlas con sus problemas. Es
en el plano de las problematizaciones de los objetos
de cruce donde practica la "transdisciplinariedad".
Otra manera de
expresar la misma idea: el psicoanálisis tiene una intrínseca antipatía
por toda Veltanschauung; en efecto, esa "construcción
intelectual" es totalización imaginaria. Es
que el psicoanálisis es teoría de lo real. "Lo que nos
acerca a la misteriosa realidad que existe fuera de nosotros",
he aquí lo que Freud dice apreciar, pasión por lo real: es lo que lo hace afín con cualquier
disciplina que la comparte...
NOTAS:
(1)
P.-L. Assoun, Le freudisme, PUF, 2a ed. Quadrige.
(2)
R-L. Assoun, Freud et les sciences sociales,
Armand Colin, Cursus, 1993.
(3)
W.V. Humboldt, "Sur L'organisation interne et externe des établissements
scientifiques supérieurs á Berlin" (1809 /1810), en Philosophies
de l' Université. L'idéalisme allemand et la question de l'Université,
Payot, 1979, págs. 321-329.
(4)
P.-L. Assoun, "Le savoir de l'enfant. De l'énigme sexuelle
á la passion de la recherche", en "L' enfant et les savoirs",
La lettre du GRAPE, nº 27, Erbs, marzo de 1997, pág. 15-34.
(5) S. Freud, "Psicoanálisis y teoría de la libido",
en Obras Conipletas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1981, v. III, pág.
2661.
(6)
P.-L. Assoun, Le regard et la voix. Leçons
de psychanalyse, Anthropos Economica, 2a ed,, 2001, prefacio [La mirada, la voz, Buenos Aires, Nueva
Visión, 1997].
(7)
P.-L. Assoun, La recherche freudienne. Petit discous de
la méthode á l'usage de la recherche en psychanalyse",
en Recherches en psychanalyse, nº 1, Éditions du Temps,
2004.
(8) S. Freud, "Sobre la enseñanza del psicoanálisis en la Universidad",
op. cit., v. III, pág. 2454.
(9)
P-L. Assoun, Introduction a l'epistémologie freudienne, 1981,
2a ed., 1990.
(10) S. Freud, "Compendio del psicoanálisis", en
op.cit., v. III, pág. 3379.
(11) S. Freud, "Las pulsiones
y sus destinos", en op. cit., v.II, pág. 2039.
(12) P-L. Assoun, Introduction a l'epistémologie freudienne,
op. cit.
(13)Carta a Ferenczi de
1911.
(14)P-L. Assoun, Freud et Nietzsche,
PUF, 3era ed., 1998.
(15) "Transfert de vocabulaire
dans les sciences", Centre régional de publication de Paris,
"Histoire du vocabulaire scientifique", Édition du CNRS,
1988, bajo la dirección de Pierre Louis y Jacques Roger.
(16) P-L. Assoun, Lacan. Que sais-je?,
2003.
(17)S. Freud, "Múltiple
interés del psicoanálisis", en op. cit., v. II, pág. 1851.
(18)
Ibíd.
(19) P-L. Assoun, L'intérét de la psychanalyse
pour les "sciences de l'homme", en Psychanalyse, PIJF,
Primer ciclo, 1997, págs, 516-531.
(20) Ibíd., pág. 414.
(21) Ibíd., pág. 420.
(22)
P-L. Assoun, Freud et les sciencies sociales, Armand Colin, Cursus,
1993.
(23)
S. Freud, "El Moisés de Miguel Ángel", en op. cit., v. II, pág. 1.876,
(24)
P-L. Assoun, L'entendement freudienne. Logos et Ananké, Gallimard,
1984.
Texto extraído de "Lógicas del síntoma. Lógica
pluridisciplinaria". Varios, págs. 39/54, editorial Nueva Visión,
Buenos Aires, Argentina, 2006.
Edición original: Ed. Economica, París, 2004.
Selección, destacados y nota introductoria: S.R.
Con-versiones,
mayo 2006
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