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SABER FREUDIANO Y PULSION TRANSDISCIPLINARIA

PAUL-LAURENT ASSOUN

 

Hemos recurrido a un trabajo reciente para mostrar como el tema de ' lo transdisciplinario' está en boga y planea sobre los tiempos postmodernos. También lo elegimos porque lo hemos "leído" lo cual implica -para nosotros- muchas cosas. Uno, el leer es una operación transdisciplinaria en tanto nos permite suspender "mis" certezas y / o hábitos disciplinarios, si no se llega a esa suspensión  lo que se logra es que sigamos en los campos de continuidad de las disciplinas, ambas son opciones válidas; dos, seguimos proponiendo que son la lectura y la escritura la que nos permiten salir, ir y volver, de las disciplinas a las letras y a los nombres no hallados aún y a los conceptos no construídos como tales todavía (no lo desarrollaremos ya que nos situamos en el marco estrecho de una nota de presentación). La lectura y la escritura son los espacios de suspensión de las certezas donde hallamos las ensoñaciones y las asociaciones, los puntos de pasaje, las conexiones. Todo ello si nos dejamos llevar. No es algo que ocurre a menudo. Ocurre y cuando sucede es lo mejor poder dejarse llevar hacia lo no conocido. Paso previo para que esto suceda, haber aceptado nuestros campos de ignorancia (no-sabido). Y es justamente aquí -lo queremos dejar planteado- que hallamos nuestro máximo punto de discrepancia con lo expuesto por el autor: un punto de discrepancia que  -creemos- exige una problematización sobre lo pulsional y las disciplinas, incluyendo el tema del saber. Brevemente, si el saber pudiera ubicarse en lo pulsional no habría posibilidad de que alguien no quiera conocer y esa es justamente la posición del yo en cuanto al saber: la fórmula lacaniana de "él no sabía" es una de las más acertadas para postular al sujeto del inconciente. Entonces, es mucho mejor trabajar con un 'deseo de saber' que con una 'pulsión de saber', por lo menos crea menos inconvenientes (teóricos). Igualmente es un tema no zanjado. Queremos dejar constancia de nuestra posición como de nuestra aceptación de la perspectiva del autor en lo restante del trabajo, incluyendo la advertencia de que  -como siempre- esta es una labor que es provisoria, en especial en lo referente al tema "transdisciplina". Esbozos hemos dicho hace tiempo, lo seguimos sintiendo, esbozos, hacia.

Sergio Rocchietti

 

La palabra ya fue disparada: "transdisciplinario". Por lo tanto me gustaría llegar hasta las últimas consecuencias, a riesgo de volver a decir, sin que se repitan, esas cosas que tocan la esencia misma del saber freudiano y no cesan de ser actuales. Pues es eso lo que hace síntoma: la actualidad crónica del "freudismo" (1).
La cuestión tiene un efecto de rebote. De manera fandamental y en cierto sentido "principal", ¿en qué el saber freudiano tiene vocación transdisciplinaria? ¿Cómo situar el deseo freudiano -el que nos mantiene en nuestra relación con la cosa analítica- habida cuenta de esta cuestión disciplinaria, especialmente en esta articulación sensible con las "ciencias" llamadas "sociales"? (2). Llegar hasta las últimas consecuencias, sí, preferentemente en el buen lugar, donde se pueda hacer tomar al objeto analítico en este espacio de saber.
El retorno atento a la posición freudiana no tiene que ver solamente con la arqueología. Se trata de captar cómo se ha instaurado la postura psicoanalítica, en el origen, frente a la cuestión disciplinaria -y su función "trans"-, lo que permite esclarecer la condición contemporánea de lo transdisciplinario en la coyuntura de la investigación en psicoanálisis. Este término, menos prudente que los de " pluri- disciplinario" o "interdisciplinario", se impone de alguna manera como un desafío, en la medida en que se confronta con un clima de translación, incluso de transgresión, sin el cual la vida de las disciplinas sería exangüe. Urge precisar en qué sentido la "ciencia del inconsciente" está implicada en esta dialéctica transdisciplinaria.


1. Del discurso llamado transdisciplinario

Es un hecho que hay un discurso transdisciplinario. Lo "transdisciplinario" es, en primer lugar, un hecho de discurso. Es lo que da que hablar tanto en el discurso académico como en el de la comunidad de investigación. Se lo suele evocar para decir que es "deseable", al punto que sostiene una retórica.

¿Cómo no recordar que, de hecho, es inaugurador del concepto mismo de universidad, que hace coexistir como universitas literarum et scientiarum los saberes más heterogéneos bajo el signo del Saber y del ideal de la ciencia? Ideal humboldtiano de enciclopedia viviente bajo la égida del "sistema" de la Razón y del idealismo alemán que sostiene a la Universidad moderna (3). A partir del momento en que murió el hombre del saber único, Pico della Mirándola (aunque siga sosteniendo secretamente el fantasma docto), esta cuestión de la unidad del saber queda a cargo del investigador colectivo. ¿En qué medida remite, más allá del pliegue, incluso de la muletilla del discurso, a un real?

"Transdisciplinario": en efecto, tenemos aquí una palabra de la que es fácil envanecerse. Se nos recomienda, se nos incita a "practicar lo transdisciplinario": buscar las "pasarelas", los "atajos", las "conexiones"... También es necesario que no sea un escollo [pont aux Cines: puente de los asnos], pues con un asno cargado del fardo de todas las disciplinas no es mucho lo que se podría hacer. Además, suponiendo que llegue al final del camino y que no desparrame por la ruta toda su carga, lo que descargaría al término de su recorrido no sería más que un revoltijo desordenado. Entonces surgiría la necesidad de que cada uno de los propietarios reconociera su bien y lo recuperara (y habría que empezar todo de nuevo...).
De hecho, es uno de los leit-motivs del "discurso universitario", incluso del discurso social que aboga por la sinergia operatoria de los saberes. Para introducir alguna molestia en ese discurso, tenemos que reorientarnos: lo transdisciplinario no es a priori un valor, tal vez ni siquiera una necesidad -y sin embargo es un imperativo-.
Imperativo en sí mismo contradictorio: pues finalmente, ninguna "disciplina" es suficientemente suicida ni oblativa -lo cual, en este caso como en tantos otros, tiene más o menos los mismos efectos- como para "transdisciplinarizarse", para perder de vista su objeto y trabajar al servicio de algún "más allá" (trans) del principio del placer disciplinario.

La disciplina se adosa a un dispositivo pulsional específico y, por su lado, la pulsión se distingue por polarizarse en su objeto. Por cierto, no hay investigación sin "pulsión de saber" (4) pero justamente ésta se distingue por elegir su objeto. Quedaría por hacer una clínica de la elección de "la propia disciplina". Lo cierto es que la elección de "la propia disciplina" tiene una exclusividad celosa, y por ende la posesividad de una "elección de objeto" amoroso. ¿Cómo se despolarizaría? ¿En nombre de qué Otro habría que querer transdisciplinarizarse? Toda disciplina -dicho sea para aliviar a más de uno- expresa, por el contrario, un movimiento de separación, exigido por la constitución de su propio objeto. Se pone en juego su propio método, es decir su camino hacia el objeto cuya posesión -precaria y obstinada, al precio de cierta autarquía- reivindica. La búsqueda se sostiene en un objeto perdido que organiza un circuito "especializado". Por lo tanto, tendríamos por un lado la "pulsión disciplinaria", y por el otro el discurso de lo transdisciplinario. No dudemos en agudizar esta aporía para situar mejor el punto dónde se desanuda.

El mencionado Freud, como los otros, actuó en la dirección de individualizar su disciplina, de nombrarla, lo que equivale a separarla de las demás. Ahogarla en la sopa interdisciplinaria sería hacerle perder su valor nutritivo -lo cual vale para cualquier disciplina y probablemente de un modo más sensible para las más jóvenes, que aún están en pañales y a las que no se les puede pedir que se destituyan antes de haber nacido seriamente-. Pero si se pone el acento en el aspecto trans-gresivo de lo trans-disciplinario, bien podría haber un efecto transdisciplinario inmanente al psicoanálisis, por el efecto espontáneamente transgresivo de la hipótesis que acredita, es decir "el inconsciente".


2. El imperativo disciplinario: el campo y la regla

Es oportuno recordar que el vocablo "disciplina" quiere decir dos cosas. Por un lado, con este término se designa un dominio particular del conocimiento que constituye una materia de enseñanza y de investigación, a tal título capaz de transmitirse. En tal sentido hay, por cierto, un "dominio de saber" (Wissensbereich) o "rama del saber"(Wissenszweig) que se refiere al psicoanálisis, materia de experiencia, de investigación y de transmisión.
Pero la disciplina es también una regla que se impone colectivamente, es un conjunto de reglas y de conductas que se impone a los miembros de una colectividad cuyo funcionamiento regulan imperativamente. Por cierto hay violencia en el término "disciplina". Hasta el siglo XIV, la palabra significa castigo e incluso masacre. Por lo tanto, es un modus vivendi autoritario. Así pues, "mi" disciplina es no sólo lo que me ocupa, sino lo que me sostiene... de manera disciplinaria.
Quienes adhieren a una disciplina comparten la misma estructura superyoica y forman un "batallón disciplinario" intelectual o, para decirlo con un vocabulario quizá menos coercitivo, un "convento" o una "orden" regulada por reglas. (Se sabe que la "regla" fue inventada por San Benito, y que toda corporación, aunque sea científica, entraña este "orden de marcha" conventual más o menos tácito).


3. El psicoanálisis como "disciplina"

Primer punto: Desde el mismo momento en que forja el neologismo "psico-análisis", Freud tiene el sentimiento de estar llamando a la existencia a una disciplina sui generis, con su objetivo propio (los "procesos psíquicos inconscientes") y su método idóneo. Es el nombre de un "procedimiento" (Verfahren) médico de investigación de "procesos más o menos inaccesibles de otro modo" (los "procesos inconscientes"); es también un "método de tratamiento" de los trastornos neuróticos; por último, es una "serie de concepciones" en vías de crecimiento que se proponen conquistar su especificidad y su legitimidad científica: convertirse en una "disciplina" es un ideal regulador del psicoanálisis (5). Freud no se interroga fortuitamente acerca de las "perspectivas" del psicoanálisis, disciplina en tensa gestación entre su origen y su porvenir.
En segundo lugar, esta disciplina es transmisible: hay un género que Freud ilustra, el de la Vorlesung (lección) (6) y Lacan, a su manera, le da continuidad con el protocolo de investigación que es "el Seminario". ¿Dónde se enseña esto? No sólo en las instituciones psico analíticas: en la Universidad, también (7). Aunque, dice Freud, no es intrínsecamente indispensable, el psicoanálisis tiene su lugar en la Universidad (8). El saber del inconsciente tiene su lugar en la universitas literarum et scientiarum. El creador del psicoanálisis lo enuncia con toda seriedad, pues tiene la impresión de que la autonomía del psicoanálisis es lo suficientemente consistente como para soportar su confrontación con los otros saberes, que incluso exige en tanto adhiere al ideal de "la ciencia". Nada en la Universidad amenaza la especificidad del objeto del análisis, digan lo que digan ciertos analistas celosos de la prerrogativa institucional analítica (puede sospecharse que la gente que habla así está tanto más "celosa"). Queda abierta la cuestión del lazo entre el objeto del análisis y el del saber universitario.

Tercer punto: esta "disciplina" denominada "psicoanálisis", Freud la refiere muy seriamente a la ciencia. Ciertamente, hay una "ciencia del inconsciente" (9), como también hay una adhesión al espíritu de las "ciencias naturales" (Naturwissenschaften) (10). Por otro lado, el psicoanálisis no es una hermenéutica -Lacan llega a hablar con violencia de esa "obscenidad universitaria" que es la hermenéutica-. Esto no supone la negación del sentido, pero obliga al psicoanálisis a reconocerse como ciencia de lo real, afectando a cambio a las "ciencias" llamadas humanas (Human-wissenschaften) o "del espíritu" (Geisteswissenschaften). Un signo de ello es que el psicoanálisis soporta la indeterminación de los "conceptos fundamentales" (Grundbegriffe) que coloca al principio de su teoría (11). Más aún: el psicoanálisis es un "pivote" entre "ciencias naturales" y "ciencias humanas".


4. Del problema epistemológico a la cuestión analítica

Nos encontramos frente a un problema epistemológico básico que concierne a la cuestión del saber.
El saber se ha formado bajo el signo de la unidad en la medida misma en que se ha planteado la unidad de la razón desde la "revolución galileana". Ésta se ha apoyado en la trilogía fundadora de una teología, de una psicología y de una cosmología. Al desmembrar la unidad garantizada por el saber del otro, del Alma y del Cosmos, el saber laicizado interiorizó esta exigencia de unidad desplazándola por el lado de una cartografía del Saber y de sus regiones. Este se vio confrontado por un lado con una pluralización -lo que expresa el movimiento de "especialización" creciente e ineluctable-; por el otro, con una dualidad: la que ha dado lugar a la oposición de las "ciencias naturales" y de las ciencias llamadas del espíritu o ciencias humanas (Geistes, Human-wissenschaften).

Obsérvese que la problemática de la "clasificación de las ciencias" y la historia de las ciencias se ha encargado de manejar este problema; por un lado, saber dónde plantear la frontera de las disciplinas, por el otro, mostrar cómo se han constituido dichas fronteras. Hay en ellas una especie de geopolítica del saber.
Hablar de "transdisciplinario" es -notémoslo- recordar la condición multidisciplinaria, pero simultáneamente es sugerir que pueda y deba ser superada. Por lo tanto, lo transdisciplinario podría ser concebido de manera antitética: o bien como retorno a la unidad originaria, manera de superar la división, por medio de una especie de Aufhebung de la escisión disciplinaria; o bien confirmar la escisión disciplinaria, pero cuestionándola en sus bordes móviles.
El nacimiento del psicoanálisis es contemporáneo de este debate intenso en el que Freud define una posición firmemente original que hemos presentado en otra parte (12).
Para situar el verdadero lugar de lo transdisciplinario, conviene delimitarlo: primero, situándose en el corazón misrno del acto freudiano de identificación de su propio objeto, a través del movimiento transdisciplinario que acompaña la constitución de la teoría fundamental del psicoanálisis (1), luego en exterioridad, como efecto de "participación" para las otras disciplinas (2) que impone una singular buena relación con los "desperdicios" de las otras disciplinas, por medio de lo cual se afirma la racionalidad del psicoanálisis y su fecundidad heurística (3). Así, esto permitirá situar su vocación de inquietar a las disciplinas...

1) ¿El psicoanálisis "meta-disciplina"?

En primer lugar hay que destacar el hecho de que en el corazón mismo del acto de racionalidad instaurador del psicoanálisis se encuentra un gesto transdisciplinario. En efecto, piénsese en el problema originario de Freud: acoger al inconsciente, sin disponer de las herramientas apropiadas. El psicoanálisis fara da se, (13) debe hacerse a sí mismo. Pero, dado que la psicología no disponía de ningún instrumental habida cuenta de su negación del inconsciente, el psicoanálisis debe crear su propia maquinaria.
Ello supone "dar nombres nuevos a cosas nuevas" (14). La cuestión de la transferencia de vocabulario de una ciencia a otra (15) es uno de los elementos más concretos y apasionantes de la transdisciplinariedad: en efecto, es la migración de un término de una ciencia a otra que atestigua la condición trans-disciplinaria. Es lícito preguntarse qué ciencia toma prestado o roba tal palabra a tal otra ciencia. No obstante, se pone de manifiesto que la propiedad que sobre las palabras tiene una disciplina es precaria, cuando no revocable, y que la circulación de los términos -que ocurre tranquila y audazmente delante de las narices de las propias disciplinas expresa su verdadera dinámica inter- disciplinaria, sintomática.

Ahora bien, el creador del psicoanálisis se encuentra confrontado con esta cuestión principal de terminología desde el comienzo de su acto. Los conceptos psicoanalíticos cruciales constituyen un desvío premeditado y regulado de los términos.
Un efecto de meta-forización atraviesa la meta-psicología.
Recordemos en primer lugar que el punto de vista "económico"-"dinámico" y su corolario tópico representan un desvío principal respecto del paradigma de la física. El "fisicalismo" freudiano impone una suerte de transdisciplinariedad nodal: en efecto, la necesidad de describir los procesos psíquicos según los puntos de vista de los lugares, de las fuerzas y de las cantidades representa un apuntalamiento del modelo psicoanalítico en un paradigma físico.

La "metapsicología", para desmarcarse de los límites de la "psicología" y de las ilusiones de la "metafísica", se encuentra en posición de desmarcarse de la física.

El intenso trabajo de metáfora en el texto freudiano es algo completamente diferente de un efecto literario: hace trabajar un espectro impresionante de registros epistémicos que recorre la clasificación de las ciencias: mineralogía, botánica, biología, físico-química, sin contar las "técnicas": quirúrgica, ginecológica, arqueológica, pictórica...
El "psico-análisis" mismo suele ser comparado con la química, ciencia eminentemente "analítica".
Como se ve, el espectro es amplio pero no ilimitado: obsérvese la casi total ausencia de metáforas matemáticas. Se sabe cómo Lacan desplazará el eje epistemológico por el lado del significante (vía la lingüística) y de la topología, según una operación de motivos complejos (16) que da pruebas de la movilidad epistemológica, siendo lo esencial acoger a "la cosa inconsciente".
Dejemos constancia aquí de que la referencia a los campos conexos de las "ciencias naturales" y de las "ciencias humanas" está hablando de una homología.
Que sea necesario estar familiarizado con la mineralogía para entender el "clivaje" (Spaltung), con la arboricultura para captar el lazo entre cambio botánico y transferencia, etc., ¿qué quiere decir? Que los síntomas sean inteligibles en relación con la paleografía de los jeroglíficos, ¿qué perspectivas no se abren a partir de todo esto?...

2) Interés del psicoanálisis, interés en el psicoanálisis

El psicoanálisis, como toda disciplina que no abjura de la ley de la ciencia, tiene sus cuentas para rendir y las rinde sin problemas, corno lo demuestra el artículo "Múltiple interés del psicoanálisis" (17).
Este artículo brinda la ocasión de captar cómo se perfilan la postura y la estrategia transdisciplinarias del creador del psicoanálisis.
En efecto, disponemos de este texto ejemplar: "Múltiple interés del psicoanálisis", que puede traducirse también justamente como interés "en" el psicoanálisis.
Todo se juega ya desde el principio en la ambiguedad de la preposición. En este texto parece tratarse de "propaganda", como el autor lo declara en su correspondencia. Toda liciencia especial milita legítimamente por sus propios "intereses"; tanto el psicoanálisis como las otras. Por ende aquí se trata del inventario de los "intereses del psicoanálisis" por la psicología, las ciencias del lenguaje, la filosofía, la biología, la historia de la evolución, la ciencia de la cultura, la pedagogía. Es un hecho que "el psicoanálisis, esa "joven ciencia" (junge W¡ssenschaft) roza otros terrenos del saber (Wissensgebiete) y establece relaciones inesperadas entre éstos y la patología de la vida psíquica" (18). Obsérvese el efecto de "sorpresa" inherente a esta intertextualidad.

Pero en rigor de lo que se trata es del interés de todas estas disciplinas en el psicoanálisis.
Consecuentemente, el psicoanálisis aparece como proveedor de elementos que vienen a complementar los campos concernidos: se trata de demostrar la extensión del su "aporte de conocimiento" (Kenntnisnahme). Pero precisamente éste no puede aparecer sino como problematización de estos campos: designación de un punto oscuro, incluso "ciego" en el corazón mismo de cada uno de estos dominios. De donde la idea de que las disciplinas tienen un interés radical en el psicoanálisis tal que, de desconocerlo, no podrían más que reconducir lo no-sabido de su propio campo.
La meta de este texto, bastante pesadamente didáctico en apariencia, es por lo tanto abrir el apetito de psicoanálisis de estas disciplinas. Pero ello pasa por una fase que interesa a la relación de cada disciplina consigo misma; es decir la relación con su propia falta.
De hecho, los sentimientos de saber y de amor son radicalmente recíprocos: esto equivale a decir que yo tengo un "interés" por el otro y que el otro tiene interés en mí. Nos amamos cuando nos interesamos uno en el otro. Ésta es la verdadera libido interdisciplinaria. Es algo completamente diferente de una buena voluntad para abrirse cordialmente al otro y echar una mirada por encima del cerco del vecino. Una vez más, el deseo no es la voluntad...

3) La transferencia de saber

Del examen de la estrategia de Freud en este texto manifiesto (19), surge su postura respecto del "hecho disciplinario". Punto de "unitarismo" se ubica desde el punto de vista de la situación de hecho del seccionamiento del saber, hablando de "ciencias especiales". Pero el psicoanálisis está allí en posición de una extraña disciplina. Por un lado, es un recién llegado cuyo creador anuncia su nacimiento al mundo investigador; por el otro, no es identificable como una ciencia más: una psicología, por ejemplo.
Ciertamente, se trata de una "psicología científica", pero la hipótesis del inconsciente requiere una "meta-psicología".
Por otro lado, anuda un lazo con cada una de las "disciplinas" a través de lo que cada una de estas ciencias descuida o excluye, incluso reprime.
Resulta perturbador ver aparecer la palabra "transferencia" para designar lo que se juega allí, por ejemplo para la cuestión sociocultural (donde el ejemplo se confirma como "la cosa misma"): "Por la misma transferencia (Übertragung) de sus puntos de vista, presuposiciones y conocimientos, el psicoanálisis está en condiciones de esclarecer los orígenes de nuestras grandes instituciones culturales... (20). De allí las "ricas conexiones" (reiche Verknüpfungen) entre los "dominios del saber" (21) que ilumina.


5. La condición del psicoanálisis: de lo "para-disciplinario" a lo "sobre-disciplinario"

En consecuencia, se puede hablar de carácter "sobre-disciplinario" del psicoanálisis, pero no en el sentido de una "super-disciplina" que estaría por encima de toda disciplina.
Es lo que acaso explica lo que podemos sostener respecto de la pulsión transdisciplinaria del psicoanálisis. Se encuentra en posición de franquear las fronteras, no para transgredir las leyes de las fronteras -que confirma, por el contrario-, sino para perseguir a su propia presa de caza. Es la presa de caza inconsciente la que conduce al "Investigador" (Forscher) en psicoanálisis, hacia la ciencia del lenguaje o la estética, la sociología o la teoría de la cultura...
Pero es esencial percatarse de que esa presa de caza es la misma que cazan las diversas disciplinas, en su campo propio. Es en estos puntos donde se abre el intercambio.


6. El síntoma o el "punto ciego" de lo colectivo

En el corazón de este "vals" que introduce el psicoanálisis, aparece un continente en el centro mismo de las ciencias humanas, las que se designan como "ciencias sociales" y que interesan a título de lazo entre psicoanálisis y "prácticas sociales".
El examen sistemático del trayecto freudiano tal como lo hemos conducido en otra parte (22) revela el "ballet" de las disciplinas por medio del cual se señala la evolución de la posición freudiana sobre lo colectivo.
En el primer tiempo, el de la moral sexual cultural y la nerviosidad moderna, tiene por interlocutores por un lado a los reformadores sociales y publicistas (Ehrenfels), y por el otro a los psiquiatras con preocupaciones sociales (de Krafft-Ebing a Erb).
En el segundo tiempo decisivo, el de Tótem y tabú, se pelea con los etnólogos (desde Frazer y Tayler hasta Wundt).
En un tercer tiempo, correspondiente a Psicología de las masas y análisis del yo, lo encontramos frente a la psicología social (desde Le Bon hasta Mac Dougall).
En un último tiempo, encuentra el discurso de la "cultura" .
Este increíble recorrido a través de nombres propios traduce el componente de con-frontación del mensaje analítico.
Pero no se trata ni de un diálogo pacífico ni de una intrusión violenta.
La cuestión no es tanto el diálogo así instaurado -que no es un anhelo sino una necesidad- sino el desplazamiento giratorio que orienta el discurso del psicoanálisis en relación con las "faces" y "facetas" del discurso. Discurso psiquiátrico de lo social, etnología, psicología social, filosofía de la cultura. Punto ciego de la represión pulsional, de la prohibición del incesto, del lazo social, del malestar colectivo que permite volver a interrogar la relación de cada disciplina consigo misma en este punto nodal.


7. El analista, especialista de lo/s rechazado/s

Hay que entender bien el alcance de esta metáfora de los rechazos que Freud presenta en el contexto de la investigación en estética (23) en la medida en que bien podría tener un alcance epistemológico genérico.
El procedimiento del crítico de pintura Morelli traiciona un parentesco con "la técnica del psicoanálisis médico", es decir "adivinar, a partir de los rasgos poco importantes o no tomados en cuenta, a partir del desperdicio (Abhub) -de lo 'rechazado'- de la observación, lo secreto y oculto". Abhub es, literalmente, la "espuma" (Abschaum), lo que se saca de arriba, mediante una especie de "desnatado". En sentido figurado representa algo insignificante, un casi nada, que en este caso tiene vocación de llevar agua hacia el molino del psicoanálisis...
El psicoanalista no aparece como un diletante interesado por los "detalles", dejando de lado lo esencial para ir en pos de las bagatelas. Es verdad que se nutre de las sobras del festín, pero esas sobras lo conducen a una racionalidad bastante suntuosa, la que organiza el conjunto del cuadro, invisible para la mirada del propio artista... o del investigador. Por ende literalmente es un especialista universal del desecho que se abre camino, vía el "desecho", hacia una lógica de la estructura.
Se entiende que, el análisis no hace más que recuperar las "sobras" del festín de la etnología o de la estética: los sitúa y los constituye como "desechos" de la observación y funda en ellos una racionalidad nueva y original en el sentido más fuerte del término. Tal es la "joven ciencia" que Freud presenta al "mundo científico".
No nos enganemos: esta "ciencia del detalle" exige un rigor excepcional y organiza una dinámica transdisciplinaria que constituye una innovación epistemológica de facto. Puede sostenerse, en efecto, que el psicoanálisis hace su objeto propio de lo rechazado por las otras disciplinas.


8. El "no-todo" disciplinario

He aquí pues lo que tiene que resonar en los bordes de una reflexión sobre lo transdisciplinario: para el psicoanálisis no hay intercambios posibles más que con disciplinas que adhieren al mismo ideal regulador científico que él. Por consiguiente, el psicoanálisis es transdisciplinario, primero por defecto y a minima porque no tiene más socios de su saber que sus colegas "científicos". Es allí donde experimenta lo tajante de sus tesis. Freud no sitúa al psicoanálisis en alguna "atopía" epistémica: es más bien mediante su objeto -que resulta ser... el sujeto (inconsciente)- como hace cojear a los saberes...

De allí su efecto en las otras disciplinas. Freud presenta todos los signos de una libido sciendi en afinidad con la de cualquier investigador de cualquier otra disciplina, pero su originalidad es la de designar la espina secreta clavada en el corazón y en el cuerpo mismo del saber.

Decir que el psicoanálisis tiene un interés transdisciplinario no es significar que anda rodando, cual turista diletante, alrededor de las disciplinas "serias" para poner el granito de sal inconsciente -aunque la avanzada psicoanalítica se produce con facilidad, efectivamente, según la modalidad del Witz-. El psicoanálisis reconduce el postulado de una pluridisciplinariedad. Sin ello sus aportaciones se perderían en un "caldo" al que, como se sabe, "el entendimiento freudiano"" es alérgico.(24)

El psicoanálisis debe informar a las otras disciplinas de sus resultados, animarlas con sus ideas, confrontarlas con sus problemas. Es en el plano de las problematizaciones de los objetos de cruce donde practica la "transdisciplinariedad".

Otra manera de expresar la misma idea: el psicoanálisis tiene una intrínseca antipatía por toda Veltanschauung; en efecto, esa "construcción intelectual" es totalización imaginaria. Es que el psicoanálisis es teoría de lo real. "Lo que nos acerca a la misteriosa realidad que existe fuera de nosotros", he aquí lo que Freud dice apreciar, pasión por lo real: es lo que lo hace afín con cualquier disciplina que la comparte...

 

NOTAS:

(1) P.-L. Assoun, Le freudisme, PUF, 2a ed. Quadrige.
(2) R-L. Assoun, Freud et les sciences sociales, Armand Colin, Cursus, 1993.
(3) W.V. Humboldt, "Sur L'organisation interne et externe des établissements scientifiques supérieurs á Berlin" (1809 /1810), en Philosophies de l' Université. L'idéalisme allemand et la question de l'Université, Payot, 1979, págs. 321-329.
(4) P.-L. Assoun, "Le savoir de l'enfant. De l'énigme sexuelle á la passion de la recherche", en "L' enfant et les savoirs", La lettre du GRAPE, nº 27, Erbs, marzo de 1997, pág. 15-34.
(5) S. Freud, "Psicoanálisis y teoría de la libido", en Obras Conipletas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1981, v. III, pág. 2661.
(6) P.-L. Assoun, Le regard et la voix. Leçons de psychanalyse, Anthropos Economica, 2a ed,, 2001, prefacio [La mirada, la voz, Buenos Aires, Nueva Visión, 1997].
(7) P.-L. Assoun, La recherche freudienne. Petit discous de la méthode á l'usage de la recherche en psychanalyse", en Recherches en psychanalyse, nº 1, Éditions du Temps, 2004.
(8) S. Freud, "Sobre la enseñanza del psicoanálisis en la Universidad", op. cit., v. III, pág. 2454.
(9) P-L. Assoun, Introduction a l'epistémologie freudienne, 1981, 2a ed., 1990.
(10) S. Freud, "Compendio del psicoanálisis", en op.cit., v. III, pág. 3379.
(11) S. Freud, "Las pulsiones y sus destinos", en op. cit., v.II, pág. 2039.
(12) P-L. Assoun, Introduction a l'epistémologie freudienne, op. cit.
(13)Carta a Ferenczi de 1911.
(14)P-L. Assoun, Freud et Nietzsche, PUF, 3era ed., 1998.
(15) "Transfert de vocabulaire dans les sciences", Centre régional de publication de Paris, "Histoire du vocabulaire scientifique", Édition du CNRS, 1988, bajo la dirección de Pierre Louis y Jacques Roger.
(16) P-L. Assoun, Lacan. Que sais-je?, 2003.
(17)S. Freud, "Múltiple interés del psicoanálisis", en op. cit., v. II, pág. 1851.
(18) Ibíd.
(19) P-L. Assoun, L'intérét de la psychanalyse pour les "sciences de l'homme", en Psychanalyse, PIJF, Primer ciclo, 1997, págs, 516-531.
(20) Ibíd., pág. 414.
(21) Ibíd., pág. 420.
(22) P-L. Assoun, Freud et les sciencies sociales, Armand Colin, Cursus, 1993.
(23) S. Freud, "El Moisés de Miguel Ángel", en op. cit., v. II, pág. 1.876,
(24) P-L. Assoun, L'entendement freudienne. Logos et Ananké, Gallimard, 1984.

Texto extraído de "Lógicas del síntoma. Lógica pluridisciplinaria". Varios, págs. 39/54, editorial Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina, 2006.
Edición original: Ed. Economica, París, 2004.
Selección,  destacados y nota introductoria: S.R.

Con-versiones, mayo 2006

 

 

        

 

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