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Bordese-Ronsino

Apuntes sobre  El gran disparate

Vanesa Guerra

 

“La filosofía no es teoría, es el arte de zambullirse en esa “zona de lo no pensado”
que hace trastabillar los clichés y las ideas prefabricadas,
es algo en lo que el arte y el pensamiento, por igual, se tornan vivos  
y descubren sus mutuas resonancias”

John Rajchman

 

El gran disparate es un cóctel que no se bebe a la ligera.

Ángel Abatido
Tejido de poética los nombres que nombran las pinturas de Ronsino -Hombre que Pinta colgado de raíces salientes, en paredes laterales de precipicios, que penden sobre el vacío. Ése, desde una altura indefinida, con los pies suspendidos sobre el abismo, sabe, que la luz y la verdad de la finitud ha de ser otra. Ese es el disparate de Ronsino: La tragedia de experimentar la inmensidad, los cruces y las múltiples mesetas de lo vasto; tragedia que produce una filosofía que araña la infinitud en el destino de El héroe absurdo.
Las ciudades invisibles, imposibles e impostergables que hemos intuido en distintos momentos de la obra del pintor, hoy yacen desoladas, disparatadamente desangeladas: más  cayéndo-se, que caídas. El pintor que pinta en lo alto y lo bajo del abismo, deja caer su obra, y en esa caída, y en la mirada de esa caída sin fin, la obra se funda.

Madrugada
Los humanos-bordese, esas criaturitas antes gelatinosas, viscosas de vísceras, ahora sospechan rostros humanos. En esas humanidades lo ominoso vuelve a ser figura, centro que estalla para diseminar-se. ¡Ah!... ¿no eran monstruos a quienes debíamos temer?, ¿ni siquiera a un elefantino que unge la trompa en la vulva nunca inocente de una niña que deviene lo abierto? El envés humano no es lo animal. La denuncia de lo humano se presiente en esos paisajes escénicos que pergeña el autor que salpica de inmundicias la experiencia del cuadro: es que todo es escatológico y luminoso a la vez, la humanidad fabrica su descendencia, sus juguetes y su desecho con la misma naturalidad inercial con la que se destruye y en esa dispersión enmarañada de seres que bien pueden habitar las ciudades en picada abisal de Ronsino, y sus fantasmas rotos y redimirse o ahogarse en los ríos negros, esa maraña de seres, que sospechan rostros humanos, creen gozar de la autoridad animal, creen tener el derecho de lo animal. Pero no, Bordese denuncia; pues entre los textos sacros que desde siempre acompañan e indican las telas y papeles del pintor, ahora, en esta vuelta, aparece lo sacro-farmakón: el amor al litio, a  Fluoxetina, Alceom, Bupropiom,  auras en objetos adorados, restallidos fundadores de un mundo enchastrado de rectas certezas sobre el arte sobre la medicina sobre cualquier cosa que habite la faz del planeta; el mundo amordazado, aún desborda y derrama los gritos desde un chaleco farmacológico, y el escenario, antes territorializado en el refilón de telones laterales, ahora hace letra en el disparate Bordese como una plegaria incandescente hecha de pedacitos de prospectos, feroces fragmentos de bioquímicas que nos van inoculando.

Sombras de ideas -sin imagen, sin palabra- nos acosan, nos apremian con oscura necesidad. Sólo es cuestión de advertirlo.
Entonces nos acercamos al arte para salvarnos; sedientos olfateamos el mundo hasta dar con un Ronsino, con un Bordese -ya maldita y benditamente acechados, acosados, transformados en remedio y en veneno.
No buscamos que nos limpien, no queremos que nos absuelvan, sólo pedimos que alivien con un gesto las sombras de las ideas que nos persiguen en el silencio ignoto; fantasmas sin nombre, sin rostro.

Y esto es lo que nos dan, generosos, y con leyes:

El gran disparate nos exige reinventarnos en una nueva mirada.
Todo perezoso será excluido a la hora de participar del encuentro, ya sabemos que los hombres son más perezosos que cobardes, por eso la cobardía no es el error, el error, la creencia en el ideal, no es la ceguera, el error es la pereza.
Habrá transformación para aquel que se deje mirar y se atreva a mirarse en las locas aguas nunca mansas de este cóctel.
El espejo que propone nos arroja y nos devuelve nuestra imagen en plena cópula con el disparate humano.
Tiene la gracia o el don de operar como herramienta: un forceps para arrancarnos de nuestro propio vientre -a esta altura hay que arrancarse, parirse es sólo una bella palabra- arrancarnos y sentirnos un ápice más sabios.
No propone una ventana, no propone redondeces: es abominable: nos multiplica la cabeza, nos la cimbra.
En este tributo los Pintores van de Tertulia con el Maestro.
Goya habrá de recibir la obra en alguna instancia de las infinitas realidades temporo-espaciales que nos determinan.
Así sea.

Abril 2006- El gran disparate
Bordese-Ronsino
Centro Cultural Recoleta. Bs.As



Enlaces:

http://www.ronsino.com.ar
http://arte-ilhn.blogspot.com/2006/04/bordese-ronsino-dos-tremendos-artistas.html0

Lo breve: trampas del acto creativo>>> Vanesa Guerra
La transitoriedad>>> Sigmund Freud

Con-versiones, Mayo 2006

 

        

 

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