Sara Gallardo regresa del olvido
Agustín
Pico Estrada
La
reedición de El país del humo de Sara Gallardo por una editorial
cordobesa, tiene una resonancia particularmente adecuada. Aunque
los cuentos que lo componen fueron comenzados a escribir en Buenos
Aires, fue en el Valle de Punilla –en sucesivas residencias en
Cruz Grande, Cruz Chica y La Cumbre– que Sara les dio su forma
final.
El libro estaba casi finalizado cuando Héctor
Murena, segundo marido de Sara, murió en Buenos Aires.
Los últimos tiempos de la vida de Murena están admirablemente
recreados en el relato “Un solitario”, incluido en El país del
humo. También “Cosas de la vida”, el extraño cuento que relata
las vicisitudes de un jubilado mezquino y egoísta, cuya casita
de Lanús Oeste aparece un día, sin explicación, flotando en el
océano, con su propietario convertido en involuntario navegante
solitario, refleja los turbulentos tiempos que antecedieron el
traslado de Sara a Córdoba. El cuento fue escrito durante los
últimos meses de vida de Murena, y Sara, según su propia afirmación,
se había autorretratado en el odioso anciano, cortado de pronto
de su entorno cotidiano por fuerzas inconmensurables, misteriosas
y potentes.
Como sea, la muerte de su amado segundo marido provocó en Sara
una necesidad incontenible de alejarse de Buenos Aires, escenario
de su desdicha. Así comenzó el peregrinar que nos llevó –a Sara,
mi hermana Paula Pico Estrada, mi hermano Sebastián Murena y a
mí– primero a “Quemú”, una casa alquilada en Cruz Grande, después
a “El Paraíso”, como huéspedes honrados por la generosidad de
Manuel Mujica Lainez, y, eventualmente, al otro lado
del Atlántico, a Barcelona, Suiza, Roma. Pero esa es otra historia.
La dedicatoria de “Trenes”, una de las secciones de El país del
humo a Mujica Lainez también tiene su historia cordobesa. Una
tarde de sol, durante nuestra estadía en una de los pabellones
de “El Paraíso” de Manucho en Cruz Chica, el dueño de casa se
acercó, como solía hacerlo, a conversar un rato con Sara. Manucho,
como se sabe, no era de ningún modo remiso al autobombo, y, sin
demasiados prolegómenos, se lanzó a lo que parecía un pedido desembozado:
“Estuve pensando –dijo Manucho– que podrías dedicar el libro...”.
Era evidente a dónde conducía la frase, pero Sara lo cortó en
seco: “El libro ya está dedicado, será para Héctor”. Manucho agarró
la pelota al vuelo y dijo, imperturbable, aunque poco convincente:
“Justamente eso te venía a decir”. Como sea, Manucho recibió su
bien merecida dedicatoria, aunque sólo haya sido de una parte
del libro.
Otros pantallazos literarios de nuestra estadía cordobesa: Sara
planeó una novela corta, para niños y adolescentes, que, desgraciadamente,
nunca desarrolló. Se hubiera tratado de una historia de ciencia
ficción –pues la relativa cercanía del Uritorco nos exponía, por
supuesto a incesantes historias sobre platos voladores– matizada
con personajes locales de índole gauchesca. Por ejemplo, el legendario
alquilador de caballos y organizador de cabalgatas Polo Campos,
iniciador en la equitación de mi hermano Sebastián –por entonces
de seis años– y deliciosamente, también de mi hija Rosalba, dos
décadas después.
Recuerdo una entrevista radial hecha en la ciudad de Córdoba a
Sara a poco de editar El país del humo. La entrevista era grabada,
no en vivo, y el entrevistador propuso una suerte de juego de
asociación libre: “Borges”, dijo. “Diamante”, contestó Sara. El
entrevistador: “Sábato”. Sara: “Mamarracho”. La entrevista nunca
fue emitida...
Notas:
“El
país del humo”, por Sara Gallardo, Alción Editora, Córdoba, 2003.
Rescate
Pese
a su importancia, la obra de Sara Gallardo (1931-1988) es poco
conocida actualmente. En la revista virtual fe de rata (www.federata.com.ar)
puede leerse un completo dossier sobre la autora de Eisejuaz y
Los galgos, los galgos.
Enlace:
Sara
gallardo en el país del humo
>>> Leopoldo Brizuela
Cuatro de las 33 mujeres
de Callvucura, El jefe de la piedra azul >>>Sara Gallardo
El
pecado original de América
>>> Héctor A. Murena
Propuesta
de enlace y selección: V.G.
Con-versiones,
abril 2006