|
Pensar sin Estado - Pensar sin Comunicación
(La multitud como aliento al que
se vayan todos)
Rodrigo Browne Sartori
(Universidad Austral de Chile)
Que se vayan todos
abre a la posibilidad,
y luego a la necesidad, de pensar sin Estado.
Ignacio Lewkowicz
Resumen: Este trabajo pretende cuestionar la idea de Estado como
instrumento de subsidiaridad de las multitudes y, bajo este
punto de vista, preguntarse sobre la posibilidad de pensar las ciencias
de la comunicación y sus devenires otros. La idea es pensar sin
Estado y demostrar que esta acefalía nos puede lleva a pensar sin
comunicación, dando paso al que se vayan todos.
Palabras
claves: Estado, nación, pensamiento, comunicación.
Para Ignacio
Lewkowicz (2004) la crisis socio-económica que afectó a la Argentina
en diciembre de 2001 fue un duro traspié para quienes definían a
las sociedades contemporáneas como posmodernas. Desliz que no sólo
llevó a este país a la primera “quiebra” -cual multinacional fracasada-
de un Estado-nación, sino que incitó una brusca alteración en la
manera de pensar. Con este hecho, la lógica estatal construida por
la modernidad, y heredada por una ambigua y polémica posmodernidad,
se ve des-institucionalizada, perdiendo el plenipotenciario poder
de quien dicta las reglas políticas, económicas y sociales.
La revolución
popular, incitada por las voces de las multitudes resumidas en un
vehemente que se vayan todos, clausura la credibilidad y
subsidiariedad del Estado y cuestiona, incluso y más allá de las
lecturas de Michael Hardt y Antonio Negri (2000),
la propia figura de lo posmoderno (como consecuencias de lo moderno).
Hardt y Negri, superando los estudios de Boron (2002), Petras (2002)
y Chomsky (2003) entre otros, ubican la crisis del Estado en el
contexto de la propia y difusa posmodernidad. En cambio, Lewkowicz
lo hace en el espacio que tritura a las reflexiones post-modernas
para dar marcha a nuevos y drásticos modos de pensar. “En algún
momento supimos que la mentada modernidad sólo terminaría cuando
concluyera su posmodernidad” (Lewkowicz, 2004: 9).
Para este pensador
del cambio, la modernidad y la posmodernidad estaban estructuradas
por la figura tutelar del Estado-nación que, sin las fuerzas sociales
que lo mantenían, comienza a perder trascendencia debido a su incapacidad
de abastecer subjetividades y, por ende, de estimular el propio
pensamiento institucional. En consecuencia, es necesaria la emancipación
de un pensar que debe escaparse de las garras del Estado-nación
y que -bajo el diagnóstico del que se vayan todos- hace agua.
Así las cosas, este trabajo pretende diseminar la idea de Estado
y sus dependientes pensamientos territoriales en beneficio de la
fragmentación de la subjetividad, transformándola en subjetivaciones
que inviten a pensar sin Estado, a pensar la subjetividad en la
era de la fluidez. “No se sabe de dónde vienen, no hay corpus
ni plano de la situación. Circulan, fluyen, vienen…” (Lewkowicz,
2004: 15). Es la urgencia multitudinaria de pensar sin un centro
universal y desde dispositivos que agoten las estructuradas condiciones
estatales en virtud de un pensamiento de la fluidez.
El grito que
se vayan todos es la máxima representación de las subjetivaciones
que se escuchan desde su yo-ellos (nosotros en palabras de
Lewkowicz) para resistir a los embates de un Estado perdido y en
perdición. La perdición del Estado se visualiza desde las multitudes
que luchan por congestionar estas normas encerradas en fórmulas
añejas. La crisis del Estado-nación se puede observar desde muchos
puntos de vista: como las protestas argentinas que recupera Lewkowicz,
las posteriores aglomeraciones en Ecuador y las actuales manifestaciones
en La Paz, si se quiere denunciar a un poder estatal gastado y desprestigiado
a partir del exceso que brota de sus propios vicios de gubernamentalidad.
Pero, otra manera
de acusar la clausura del Estado se encuentra en los conflictos
medioambientales surgidos en el Chile del nuevo siglo. En el sur
de Chile, la instalación de una contaminante planta de celulosa
ha revolucionado la zona. Las voces de las multitudes se han tomado
las calles de la ciudad de Valdivia para sentenciar este injusto
abuso de poder (biopoder le llamaría Foucault) de corte meramente
mercantilista que amenaza a la Región de Los Lagos de este país.
La multitud se hace presente, la multitud opina y se activa en busca
de una respuesta del Estado frente a esta crisis socio-ambiental.
La autoridad -representada por la fuerzas estatales reducidas a
la figura de una “política” Comisión Regional del Medio Ambiente
(COREMA) que ignora un informe científico que comprueba la intervención
de la industria- decide no hacer caso a la fluidez de las multitudes
y anuncia la no paralización de la planta [1] . En síntesis, este fenómeno
delata la inconsistencia del Estado en la propia postura medioambiental.
Por lo visto, es más oportuno replantear la región como polo de
desarrollo industrial (contaminante) en desmedro de un Santuario
de la Naturaleza [2] : esa es una de las sentencias
de muerte del Estado
[3] .
Esto llevará
al habitar sin Estado por parte de una ciudadanía que no le necesita
y que puede convivir con la naturaleza sin intermediarios estatales-nacionales
que impongan la normativa legal, favoreciendo sus intereses y obligaciones
políticas, sociales y económicas… Para Lewkowicz, sin duda, esto
sería sintomático al pensar sin Estado, es decir, la multitud chilena
está en condiciones de aclamar: que se vayan todos…
Las revueltas
en Ecuador (“Rebelión de Quito” - abril 2005) también activaron
a las multitudes y acuñaron el que se vayan todos. Hastiadas
de sus gobernantes que desarticulaban un país en nombre de sus subjetividades
(yo-ego), las multitudes (de las subjetivaciones) se apoderaron
del gobierno y cuestionaron el mal funcionamiento de quienes decían
defender la patria hasta las últimas consecuencias. El cometido
de estos revolucionarios era transgredir un sistema político “contaminado”
por las lógicas del poder y la inestabilidad y su propósito era
activar un cambio en la forma de pensar del Ecuador. Sin escaparse
del continente, Bolivia se revela al Estado en miras de un nuevo
pensar, de un pensar sin Estado (08.06.05). Ya desteñido el Estado,
la ley pierde su Norte: “¿Qué efectos produce en aquéllos que se
habían organizado en función del organigrama estatal familiar como
paradigma de la consistencia del mundo? (Lewkowicz, 16: 2004).
Con Gilles
Deleuze y Félix Guattari (1980) se podría precisar que
las multitudes del que se vayan todos son máquinas de
guerra independientes y exteriores de la institución. Las máquinas
de guerra están fuera del aparato del Estado, no dependen de éste
y su caminar es autónomo e ilimitado.
Como buen producto
de la modernidad, la soberanía estatal se cría desde la idea del
uno-dos y es resultado de una sociedad netamente delimitada por
la disciplina (en tiempos modernos) y el control (en
tiempos posmodernos). En la etapa posmoderna, el aparato estatal
se desliga del binario uno-dos y habilita una grieta entre ambos
números. Intermedio que, en su mayoría, no impulsa los cambios en
el pensar, sino que reduce este tercer componente a la mínima expresión
dicotómica que, envuelta en un halo pirotécnico y simulador, tiende
a engañar y perturbar. Éstas son las hábiles confusiones de una
posmodernidad hiperreal que busca su sacralización y metodologización.
La era del simulacro y del “todo vale”. Por tanto y después de la
crisis posmoderna, las despiertas multitudes lo piden con euforia:
que se vayan todos, que no quede ni uno solo.
Los modelos
lenguaje-comunicativos que predominan en la actualidad descansan,
aún y en su gran mayoría, en las proyecciones estatales de la (pos)modernidad
(Browne, 2005) y la educación; por lo mismo, se detienen en una
lógica panóptica que nada tiene que ver con los nuevos planteamientos
que se aglutinan en las buenas intenciones académicas. La universidad,
tomando la crítica de Jacques Derrida (1998), se mantiene
plena de condiciones, reglas y métodos heredados y establecidos
de las estatales sociedades disciplinarias. A estas alturas, es
renovador vociferar -al igual que las multitudes del que se vayan
todos- a favor de unas universidades sin condiciones [4] y emancipadas,
frente a unas humanidades institucionalizadoras que el propio Foucault
(1966) cuestiona al referirse a las ciencias humanas y al Hombre
como objeto y sujeto de estudio. Bajo el efecto de algún racionalismo
dominante “(…) se decidió hacer pasar al hombre (…) al lado de los
objetos científicos…” (Foucault, 1966: 334) y se le consignó como
lo obligatorio a pensar y a saber. Pensamiento que no se inserta
en la idea nuevopensante o contrapensate que se desprende del propio
Lewkowicz, quien sumergido en el estudio de los modelos docentes
-y en conjunto con Cristina Corea- cuestiona la norma educativa
tradicional (pedagogía del oprimido) y augura la crisis de la educación
formal. En el libro póstumo denominado Pedagogía del aburrido.
Escuelas destituidas y familias perplejas (2005), Lewkowicz
y Corea anuncian el fin de la educación moderna (sus
consecuencias) y la destitución de las teorías y principios que
en torno a ella circularon en el siglo recién pasado. La idea, frente
a esta revelación, es esbozar nuevas formas de pensar la educación.
Educación sin condiciones. Educación contra el aburrimiento
o, en el marco del pensar sin Estado, ¿pensar sin Educación?
Tenemos tres
fuentes y tres partes integrantes de la burocracia. Estudiantes,
docentes y graduados constituyen tres hebras de la misma corporación
estructuradas por los mismos mecanismos de representación, solidarizadas
por las mismas prácticas de administración, alimentadas por las
mismas venas de subvención. Las mismas agrupaciones cubren los tres
claustros. Los mismos individuos recorren por turno los tres escaños
(Lewkowicz, 1996: 32).
Pierre Bourdieu, por ejemplo, enfatiza la exigencia de desafiar el monopolio
de la autoridad o competencia científica [5] que se traduce en capacidad
técnica y poder social y asegura que ésta delinea formas específicas
de intereses que se reducen en “togas rojas y armiños, sotanas
y birretes cuadrados de los magistrados y de los doctores en otros
tiempos, títulos escolares y distinciones científicas de investigadores
hoy (…) toda esta ficción social que socialmente no tiene nada de
ficticio…” (1976, 14). Bourdieu acusa a la persuasión y delimitación
a que se exponen los estudiantes y jóvenes investigadores universitarios
que deben seguir, sin mayores alternativas, jerarquías y métodos
de pesquisa cercanos y dependientes a escuelas ya institucionalizadas
y definidas. Dicha postura tiende a formar parte de un canon que
confiere un respeto y admiración a esa autoridad científica en particular.
La autoridad científica posee prestigio, reconocimiento, celebridad
y se caracteriza por ser una disciplina que se aproxima a un sistema
metodológicamente “perfecto”. Y al respecto, Lewkowicz se
pregunta: “¿Cómo podría sino interpretarse esta gestión abúlica
de los papers y las designaciones?” (1996: 31). Lo metodológicamente
“perfecto” contiene a los “sumos sacerdotes del método” que propagan
el “catecismo metodológico” y olvidan las aperturas que las propias
metodologías pueden acarrear y en las cuales se puede desarrollar
el completo conocimiento del error (Bourdieu, Chomboredon y Passeron,
1973).
Por ejemplo,
Paul Feyerabend demuestra -en su libro Tratado contra
el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento
(1975)- que ninguna de las principales investigaciones científicas
han sido elaboradas a partir de metodologías racionales y positivistas.
Feyerabend anuncia el anarquismo metodológico como fórmula
para reemplazar el conocimiento, “(…) el anarquismo, que
tal vez no constituye la filosofía política más atractiva,
es sin embargo una medicina excelente para la epistemología
y para la filosofía de la ciencia” (1975: XV). El anarquismo
entendido en un sentido dadaísta y en el cual subsisten estrategias
que habiliten la desestabilización de las reglas para proponer “divertidos
experimentos” del cambio y del nuevo pensar y para que -como solicita
este autor- “(…) el lector me recuerde como un frívolo Dadaísta
y no como un anarquista serio” (Ibidem, 6).
Feyerabend agrega además, que la “educación científica” se orienta
hacia una objetividad que simplifica sus premisas y define los dominios
de investigación de la misma cientificidad. Con esto fija las herméticas
fronteras entre la física y la filosofía y las envuelve en una lógica
propia, uniformando y sometiendo sus posturas y divagaciones. Esta
determinación priva las libres intuiciones que tienden a despintar
las fronteras disciplinarias y que erradican -de cuajo- toda pretensión
de carácter extra-científico (opinión, creencias, especulaciones,
improvisaciones, intercambios culturales, etc). “Dicha educación
mutila por comprensión, al igual que el pie de una dama china, cada
parte de la naturaleza humana que sobresalga y que tienda a diferenciar
notablemente a una persona del patrón de los ideales de racionalidad
establecidos por la ciencia…” (Ibidem, 5).
Mijail Bajtin, en este campo, precisa que la potencial mirada dialógica
de las universidades no se encuentra en el ámbito de los encierros
y encapsulaciones metodológicamente científicas [6] .
Las ciencias -anuncia- no pueden ser un requerimiento de las interpretaciones,
“Las ciencias exactas representan una forma monológica del conocimiento…”
(Bajtin, 1974: 383). La filosofía despierta después de esta instancia,
cuando se acaba la cientificidad exacta y desde donde se intuye
otra manera de hacer ciencias. “El pensamiento que, semejante a
un pececito dentro de un acuario, toca el fondo y las paredes y
no puede seguir más profundamente. Las ideas dogmáticas” (Ibidem,
384). El objeto de la lectura objetivada del asunto en cuestión
pasa por estrategias de conservación que se inclinan en exaltar
el orden científico que surge, como explica Bourdieu, por intereses
creados. El orden analizado se presenta en forma de estado incorporado,
expuesto como un habitus científico y reducido a una conformación
universal de “(…) sistemas de esquemas generadores de percepción,
de apreciación y de acción pedagógica y que vuelven posible la elección
de los objetos, la solución de los problemas y la evaluación de
las soluciones” (Bourdieu, 1976: 33).
El orden científico
es capaz de crear una figura estable que tenga comienzo y fin y
que permita establecer los límites de los contextos señalados, centrándose
en modelos de enseñanza únicos que le aseguran -como ciencia oficial-
la estabilidad, permanencia y objetividad. Frente a esta hermética
comunidad científica es vital formar una contracomunidad científica.
“Una revolución científica encuentra su terreno más fértil en una
contracomunidad” (Ibidem, 37).
A partir de
lo anterior, se puede entender la noción de habitus (científico)
como elemento en concordancia con los modelos panópticos que
propuso Bentham (1784) en el marco de una arquitectura
carcelaria perfecta. La cuestión panóptica se amplía al ámbito de
los emplazamientos (plaza: espacio - plazo: tiempo) y el
multitudinario entorno social se reduce a la mínima expresión. Los
categóricos lineamientos que circundan esta “cárcel perfecta de
la sociedad” no permiten pensar. La sociedad se encierra en las
versiones técnicas y actuvirtuales que de la misma emanan.
“Las prisiones están en los medios” (Lewkowicz, 1996: 2). La función
carcelaria en tiempos de decadencia posmoderna se escapa del intramuros
de los presidios modernos y rompe sus barreras para operar como
un control simplificable a un pasapalabra (el password-contraseña)
que da la señal para poder continuar o detenerse, de acuerdo a las
reglas, no sólo del espacio y tiempo tradicional sino de los hipertextuales
espacios-tiempos de la virtualidad, “(…) la cámara hará caer lo
real en el casillero que corresponda” (Ibidem, 3).
Los reos de
la cárcel [7]
extramuros de la actuvirtualidad se ven en
la obligación de delinquir, debido a la insostenibilidad de un Estado
agonizante. La circulación circular de la cárcel como antireformatorio
le agudiza su calidad de antisocial. “El tema carcelario forma parte
de un conjunto de temas que se llaman la actualidad” (Ibidem,
5). La actualidad como única y consecuente verdad. Para soportar
esta actitud de “rehabilitación” los presos-víctimas-sociales deben
plantear un ejercicio de resistencia. En este sentido, Lewkowicz
incita a un movimiento de acción por los presos-sociales que se
confronte a los modelos carcelarios y abra paso a un presidio más
llevadero. El consumo es el regulador de las acciones que el Estado
tilda como normal. Él que no sepa comportarse y vivir dentro de
esta “realidad” debe ser excluido y debe ser víctima de un mecanismo
de automarginación social. La sociedad lo define y lo identifica
con la inutilidad. Entra en la gran cárcel posmoderna de los extramuros
donde caben los perdidos, los locos, los ancianos, todos aquellos
que no son de provecho para la decadente cuestión estatal. “Los
cuerpos que no consumen según la pauta del mercado quedan fuera
del lazo (…) las prisiones serán un buen lugar donde acumular esos
cuerpos” (Ibidem, 17).
La iniciativa
de Lewkowicz estimula un proyecto nuevo-educativo para las
cárceles posmodernas. Una acción que rompa con las barreras y condiciones
de la pedagogía y disemine las universidades hacia las víctimas-reos
que se ven encerrados en la normas del Estado-nación. Una universidad
que piense desde y sin Estado, que piense desde el preso-estudiante.
“El estudiante preso se resiste a ser tomado como preso en la prisión…”
(Ibidem, 26). El estudiante-reo es quien puede cultivar los
atributos para resistir a la cárcel desde el interior de la misma.
El estudiante es el alter del propio ego de la identidad carcelaria,
“(…) altera la consistencia imaginariamente total del dispositivo
de control…” (Ibidem). El estudiante es el que crea un exterior
libre en el interior extramuros de las penitenciarías posmodernas.
El estudiante puede remecer la terca y decimonónica figura del Estado-nación
representada, en este caso, por la consumación de una cárcel perfecta
del mercado. La ruptura de los límites de un Estado que arropa y
define -“(…) con sus torpes rudimentos…” (Ibidem, 32)- la
autonomización de la universidad. El Estado, la universidad y, por
ende, la comunicación fueron puestos al servicio del mercado, eliminando
los dialógicos sentidos críticos y creativos y dando pié
a monólogos vacíos para la docencia.
Los teóricos
de la comunicación se esfuerzan por enmarcar esta “disciplina” en
un compacto que pueda entenderse en el campo de las ciencias. La
idea es continuar con los parámetros de la lógica tradicional y
construir -con todas sus letras- unas Ciencias de la Comunicación
en el ámbito de unas ciencias sociales y humanas. La obsesión es
homologar a la comunicación con otras teorías que ya, comprobadamente,
poseen el rótulo de disciplinas. Pero, para mala fortuna de la comunicación,
las otras disciplinas aún desprecian a una “disciplina-comunicativa”
en pañales, imperfecta, vaciada y desprestigiada por el mismo efecto
de los grandes relatos que mantienen a las disciplinas por el camino
de la verdad. La comunicación para sus disciplinas pares no es una
disciplina. No posee el rango disciplinario y debe depender de otras
para proyectar su posición.
Entre muchas
fuentes que le rondan y le han rondado, que se le asignan y se le
han asignado, la comunicación en Occidente se plantea como modelo
de la teoría matemática de la información (Mattelart y Mattelart,
1997) y, posteriormente, se sustenta por ciertos lineamientos provenientes
de la psicología social. Tiempo después, Armand Mattelart
(1995) escribe sobre la invención de la comunicación y Vilém
Flusser se pregunta ¿qué es la comunicación? [8]
En conclusión, el carácter transdisciplinario
de la comunicación es inherente a sí mismo. Por tanto, la
definición de la comunicación es indefinible, la definición de la
comunicación pasa por Otr@s: ¿existen epistemologías de la comunicación?,
¿posee métodos la comunicación? Un esfuerzo válido es el que hace
Miquel Rodrigo Alsina (2001) al proponer posibles sinergias
entre distintas formas de comunicación: emociones en la comunicación,
comunicación intercultural e identidad cultural. Las comunicaciones y sus teorías como expresión diálogica
de otros en sí y de sí en otros. Es el eterno devenir de las comunicaciones.
No es necesario comunicanonizar las comunicaciones. Pensar
sin comunicación para pensar las comunicaciones y sus impulsos desde
la inestabilidad disciplinaria que suscita los terceros espacios
transdisciplinarios.
La
comunicación no es y no debe ser una disciplina. La impureza comunicativa
incluso pervierte a los espacios “trans…” En consecuencia, la comunicación
es indisciplinada y sus epistemologías -si existen- están en crisis
(Silva y Browne, 2005). Al detenerse a pensar sobre las cuestiones
de la comunicación y al observar las mil y una fórmulas que se han
inventado para metodologizarla, parece oportuno preguntarse: ¿no
será una ventaja comparativa para la comunicación (frente a las
otras disciplinas ya canonizadas) no poseer un estatuto que la defina,
identifique y encasille como una ciencia hecha y derecha? Conviene
aprovechar las desobediencias de las comunicaciones para “pensarla”
desde estrategias diferentes a las instauradas por Occidente y para
palparla desde un pertinente que se vayan todos y fuera de
cualquier tendencia a establecerla, sedentarizarla y construirla
arborescentemente como el procedimiento Bokanowsky [9] que describe Aldous Huxley
en Brave New World (1932) o el vigilante Gran Hermano
del 1984 (1949) de Orwell.
"
No existe ni la primera ni la última palabra, y no existen fronteras
para un contexto dialógico (asciende a un pasado infinito y tiende
a un futuro igualmente infinito). Incluso los sentidos pasados,
es decir generados en el diálogo de los siglos anteriores, nunca
pueden ser estables (concluidos de una vez para siempre, terminados);
siempre van a cambiar renovándose en el proceso del desarrollo posterior
del diálogo” (Bajtin, 1974: 392).
Para Baitello
Junior, las ciencias de la comunicación
-al igual que el Estado- deben arrancarse del delimitado mundo de
los monodisciplinarismos y emanciparse hacia un (contra)pensamiento
infinito que choque con las barreras, los muros, las fronteras,
las paredes -“Por isso é preciso destrui-los, mas destruir
alegremente, como o disse Walter Benjamín (…) O caráter destrutivo
é jovem e alegre” (2005: 2)- y lograr,
con esto, devorar las viejas murallas de la ciencia disciplinaria,
abogando por una nueva ciencia dialógica que “piense” como
un devenir otro con Otros. Las multitudes juegan como devenires
otro con Otros y rechazan a esa no humanidad que resiste. La humanidad
que resiste ya no es humanidad. “Es un rezago, una rémora, un buen
hábito que en suelo alterado, ha devenido vicio (…) La humanidad
que se inventa otra que sí es humanidad (…) Lo que se llama pensamiento
es inmanencia…” (Lewkowicz, 2004: 16).
Referencias
bibliográficas:
BAJTIN, Mijail
(1974): Estética de la creación verbal. México, Siglo XXI.
BAITELLO
Jr., Norval (2005): “Prologo. Por una Ciencia da Comunicacão
distante dos soturnos fantasmas do monodisciplinarismo” (inédito).
BENTHAM,
Jeremy (1784-1832): El panóptico. Madrid, La piqueta, 1989.
BOURDIEU,
Pierre (2000): Los usos sociales de la ciencia. Buenos Aires,
Nueva visión.
BOURDIEU,
Pierre; CHAMBOREDON, Jean-Claude y PASSERON, Jean-Claude (1973):
El oficio del sociólogo. Madrid, Siglo XXI.
BROWNE
SARTORI, Rodrigo (2005): De la comunicación disciplinaria a los
controles de la comunicación. La antropofagia como transgresión
cultural. Valparaíso, Facultad de Humanidades, Universidad de
Playa Ancha (en prensa).
DELEUZE,
Gilles y GUATTARI, Félix (1980): Mil mesetas Capitalismo y esquizofrenia.
Valencia, Pre-textos, 2000.
DERRIDA,
Jacques (1998): La Universidad sin condición. Madrid, Trotta,
2002.
FEYERABEND,
Paul (1975): Tratado contra el método. Esquema de una teoría
anarquista del conocimiento. Madrid, Tecnos. 1992.
FLUSSER,
Vilém (2003): “Qué es comunicación”. Kommunikologie. Frankfurt, Main. Traducción de Breno Onetto Muñoz.
FOUCAULT,
Michel (1966): Las palabras y las cosas. México, Siglo XXI,
1986.
HARDT,
Michael y NEGRI, Antonio (2000): Imperio. Buenos Aires, Paidós,
2002.
(2004):
Multitudes. Guerra y democracia en la era del Imperio. Buenos
Aires, Debate.
HUXLEY,
Aldous (1932): Un mundo feliz. México, Editores mexicanos
unidos, 1985.
LEWKOWICZ,
Ignacio (2004): Pensar sin Estado. La subjetividad en la era
de la fluidez. Buenos Aires, Paidós.
(2004):
“El analista sin estado”, Campo Grupal 56, año 6, p. 16.
(1996):
“La situación carcelaria” en ZEBRA, Diego (comp.) El malestar
en el sistema. Buenos Aires, www.estudioslwz.com.ar
LEWKOWICZ,
Ignacio y COREA, Cristina (2005): Pedagogía del aburrido. Escuelas
destituidas y familias perplejas. Buenos Aires, Paidós.
MATTELART,
Armand (1995): La invención de la comunicación. México, Siglo XXI.
MATTELART,
Armand y MATTELART, Michèle (1995): Historias de las teorías
de la comunicación. Barcelona,
Paidós, 1997.
ORWELL,
George (1949): 1984. Barcelona, Destino, 1984.
RODRIGO
ALSINA, Miquel (2001): Teorías de la comunicación Ámbitos, métodos
y perspectivas. Barcelona, Aldea Global.
SILVA
ECHETO, Víctor y BROWNE SARTORI, Rodrigo (2005): “Las indisciplinas
de la comunicación. Epistemologías en crisis” en Revista Comunicación,
Sevilla, 3 (en prensa).
[1] En
contradicción a la política estatal, y en un acto de reconocimiento
de los errores cometidos, la misma planta de celulosa es quien
decide, tiempo después, autoparalizar sus actividades (08.05.05).
Esta decisión se debe a las propias irregularidades (tanto medioambientales
como políticas) cometidas por la industria y no consideradas por
el Estado después del diagnóstico solicitado por la COREMA y realizado
por especialistas en el tema. Sin escuchar, por supuesto y por
parte de la autoridad, las voces anónimas de la multitud que,
sin cesar, acusaban estas anomalías.
[3]
Para el científico de la Universidad Austral de Chile (UACh),
Dr. Eduardo Jaramillo y coordinador del equipo que investiga el
desastre ecológico en el Santuario de la Naturaleza “Carlos Anwandter”,
“El Comité de Fiscalización recomendó evaluar
ciertos elementos químicos y la Corema no hizo nada. Incluso autorizó
a Celco a tirar 43 veces más sulfato de lo que trae el río naturalmente.
El comité dice una cosa y la Corema dice otra, ¿y todos ellos
votan de forma unánime? ¿Entendieron el problema o les dijeron
‘voten todos tal cosa’? Creo que la mayoría no ha tomado en cuenta
los estudios de la Universidad Austral. Y podría estar en peligro
la calidad del agua y la salud de las personas que viven en la
cuenca (...) La planta tiene que seguir funcionando porque les
conviene a todos, incluso a la Conama; si no, reconoce que cometió
un tremendo error” (www.lanaciondomingo.cl
/ 5 de junio 2005).
[4] A
partir de ciertas nociones de Lewkowicz se pueden deducir las
primeras aproximaciones entre los límites de la cárcel y las normas
condicionantes de la universidad. “La cárcel es el lugar en que
las condiciones de existencia más se aproximan a la amenaza
siniestra de las determinaciones” (1996: 8).
[5] Para
Feyerabend no existe una “racionalidad científica” que pueda ser
considerada como guía para cada investigación, “(…) un ligero
lavado de cerebro conseguirá convertir la historia de la ciencia
en algo más insípido, más simple, más informe, más ‘objetivo’
y más fácilmente accesible a un planteamiento por reglas estrictas
e incambiables” (1975: 3).
[6] “Mi
actitud frente al estructuralismo. En contra del afán de encerrarse
en un texto” (Bajtin, 1974: 392).
[7] Inspirado
por los trabajos arqueológicos y genealógicos de Foucault, Lewkowicz
indica que “el problema carcelario” se aproxima a un dispositivo
que es atributo del poder, “(…) una máquina de disciplinamiento
y aplastamiento” (1996: 7).
[8] “La
comunicación humana es un proceso artificial. Descansa sobre artificios,
sobre invenciones, sobre instrumentos, esto es, sobre símbolos
que han sido ordenados en códigos (…) Luego de haber aprendido
un código tendemos a olvidar su artificialidad” (Flusser, 2003:
1) Traducción de Breno Onetto Muñoz.
[9] “El
procedimiento Bokanowsky es uno de los instrumentos más
eficaces de la estabilidad social (…) Hombres y mujeres en serie,
en grupos uniformes. Todo el personal de una pequeña fábrica podría
ser procedente de un solo óvulo bokanowskyficado” (Huxley, 1985:
18).
[Destacados
en color: S.R.]
Con-versiones marzo, 2006
|
|