EL ARTE Y EL ESPACIO
Martin Heidegger
Cuando
se piensa mucho en sí mismo, se encuentra la sabiduría inherente
al
lenguaje.
Es improbable que uno la introduzca, ya está en él, como en los
proverbios.
G.
CHR, LICHTENBERG
Parece,
sin embargo, ser algo poderoso y difícil de captar, el Topos - es
decir, el Sitio-Espacio.
ARISTOTELES, Física, IV.
Las observaciones
sobre el Arte, el Espacio, la intermundaneidad de ambas, son aún
interrogantes, aunque se las exprese en forma de aseveraciones.
Se limitan al arte plástico e intrínsecamente a la escultura. Los
productos de la plástica son Cuerpos. Su masa, constituida por distintos
materiales, se realiza bajo múltiples configuraciones.
La configuración
acaece dentro de una delimitación, como un Dentro y Fuera limitados.
De este modo entra el Espacio en juego. Será habitado por una obra
plástica, moldeado como un volumen cerrado, perforado, vacío. Hechos
bien conocidos, y no obstante, enigmáticos.
El cuerpo plástico
corporeíza algo. ¿Corporeíza el espacio? ¿Es la plástica una posesión
del espacio, un contener el espacio? ¿Respondería a la conquista
técnico-científica del espacio?
Verdad
es que en cuanto Arte la plástica es una pugna con el espacio artístico.
El Arte y la técnica científica consideran y trabajan el espacio
con intención y modo diversos.
El espacio
empero -¿permanece el mismo? ¿No es aquel espacio que desde Galileo
y Newton recibió su determinación? El espacio -¿es aquella extensión
uniforme, sin zonas privilegiadas, en cada dirección equivalente,
e imperceptible a los sentidos?
El espacio
-¿es aquel que, mientras tanto, sigue impulsando obstinadamente
al hombre moderno a su dominio último y absoluto? ¿No sigue el arte
plástico moderno este mismo imperativo, en lo que se comprende como
un desafío al espacio? ¿No se halla así confirmado en su carácter
de contemporáneo?
El espacio
del proyecto físico-técnico -cual sea su determinación -¿puede tener
la validez de único y verdadero espacio? Comparados con él los espacios
adjuntos -el espacio del arte, el espacio de la vida cotidiana,
con sus acciones y sus desplazamientos- ¿son tan sólo formas primigenias
y transformaciones subjetivamente condicionadas a la objetividad
de un solo espacio cósmico?
¿Qué sucedería
si la objetividad de aquel espacio cósmico resultara ser el absoluto
correlato de la subjetividad de una conciencia extraña a la antigüedad
que precedió a los modernos tiempos europeos? Aun si reconociéramos
la diversidad de la experiencia espacial entre los antiguos, ¿obtendríamos
con ello la visión primaria sobre la mismidad del espacio?
El interrogante
sobre lo que el espacio como espacio sea, no queda formulado, tampoco
su respuesta.
Incierto
también el ser del espacio y el poder atribuírsele un modo de ser.
El espacio
-¿hace parte de los fenómenos originarios, al contacto de los cuales,
según Goethe, el hombre al percibirlos le sobreviene un temor angustioso,
creciente? Detrás del espacio, aparentemente, no hay nada hacia
lo cual abismarse. Delante, no existe coartada hacia otra cosa.
La mismidad del espacio sólo se muestra a partir del espacio. ¿Se
deja expresar su mismidad?
Ante lo
inquisitivo de su mismidad, declaramos:
Mientras
no experimentemos la mismidad del espacio, permanecerá en sombras
el hablar sobre un espacio artístico. El modo como el espacio obra
y atraviesa la obra de arte se nos anticipa con toda su incertidumbre.
El espacio
-en donde se puede hallar la forma plástica como espacio dado; el
espacio, que encierra los volúmenes de la figura; el espacio existente
como vacío -¿no son siempre estos tres espacios, en la unidad de
su interacción tan sólo derivación del espacio físico-técnico, así
bien las dimensiones matemáticas no debieran intervenir en la configuración
artística?
Aceptado que el arte sea la puesta
en obra de la verdad, y que ésta signifique el no ocultamiento del
ser, ¿no será preciso que en la obra de arte constructiva, sea el
espacio verdadero, que al abrirse en lo que tiene de propio, nos
da la medida?
¿Cómo encontrar
la mismidad del espacio? Hay una senda, realmente estrecha, oscilante.
Percibirla en la lengua nos es dado. ¿De qué nos habla en la palabra
espacio? En ella habla el espaciar. Significa: talar, liberar lo
selvático. El espaciar conlleva lo libre, lo abierto, para un situarse
y habitar del hombre.
Espaciar
es, en sí, la liberación de sitios, donde los destinos del hombre
existente se proyectan con el bien de una nación, o en la desdicha
del exilio, o frente a la indiferencia de ambos.
Espaciar
es dar curso a los sitios, en los que un dios aparece; sitios de
donde los dioses han huído, sitios en donde se retarda la aparición
de la divinidad.
El espaciar
origina el situar que prepara a su vez el habitar.
Los espacios
profanos son siempre la privación de antiguos espacios sagrados.
Espaciar
es la liberación de sitios.
En el
espaciar se manifiesta y se encierra un acontecer. Carácter éste
del espaciar fácilmente desatendido. Y cuando es percibido, aún
es difícil determinarlo, ante todo porque el espacio físico-técnico
sigue siendo el espacio al cual toda denotación sobre lo espacial
debe primeramente referirse.
¿Cómo
acontece el espaciar? ¿No es acaso un situar en relación, considerado
en su doble modo del conceder y disponer?
Una vez
el situar admite algo acorde. Se deja actuar la apertura, que entre
otras admite la aparición de las cosas a las cuales se ve dirigida
el habitar humano.
Además,
este situar de las cosas les permite la posibilidad de pertenecerse
co-relativamente en su dirección y cada una desde dentro y a partir
de sí.
En el
doble despliegue de este situar acaece el divisar de sitios. El
carácter de este acontecer es el arrebatamiento. Pero, ¿qué es el
sitio, si su mismidad debe determinarse en su dirección liberadora?
El sitio abre cada vez un paraje, encontrándose en éste las cosas,
en co-pertenencia.
En el sitio
se juega el encuentro, en el sentido de esconder y dejar las cosas
liberadas de su paraje.
¿Y el paraje-, la más antigua forma de la palabra es gegnet.
Denomina la libre vastedad. Por ella se capta lo abierto, cada cosa
en su apertura y en su expandirse desde el estado de reposo que
tan sólo a ella le pertenece.
Y significa
al mismo tiempo: custodiar el encuentro de las cosas en su co-pertenencia.
Urge la pregunta:
¿serán los sitios primero y sólo el resultado, la consecuencia del
situar? ¿O recibe el situar su mismidad a partir de la acción de
los sitios encontrados? Si eso fuera exacto, tendríamos que buscar
la mismidad del espaciar en la fundamentación de sitios, y considerar
al sitio como la correlación de sitios.
Tendríamos
que atender entonces en qué forma y cómo este juego de co-relación
recibe a partir de la libre vastedad del paraje la remisión de la
co-pertenencia de las cosas.
Tendríamos
que aprender a reconocer que las cosas son ellas mismas los sitios
y no pertenecientes a un solo sitio. En este caso estaríamos obligados
a aceptar por largo tiempo un insólito hecho: el sitio no se halla
en el interior de un espacio ya dado, según el modo de espacio físico-técnico.
Este sólo se despliega desde el encuentro de
los sitios de un paraje.
El juego
co-relacionado de arte y espacio habría que reflexionarlo a partir
de la experiencia del sitio y del paraje.
El arte como
plástica: la no posesión del espacio. La plástica no sería una pugna
con el espacio.
La plástica sería la corporeización de sitios, que en la apertura
de un paraje que lo encierra, condiciona una liberación en su encuentro,
permitiendo la presencia de las cosas en ese instante, y el habitar
del hombre en medio de las cosas.
Y si es
así, ¿que será del volumen de las configuraciones plásticas que
corporeízan un sitio? Probablemente ya los espacios no se limitarán
oponiéndose, allí donde se ciñe un Dentro opuesto a un Fuera. Lo
significado por la palabra volumen debería perder su nombre-significado
este tan antiguo como la moderna técnica de la ciencia natural.
Innominados
por de pronto quedarían los caracteres de la corporeización plástica,
que buscan y constituyen los sitios.
¿Qué devendría
del vacío del espacio? El vacío aparece a menudo tan sólo como una
carencia. El vacío sería entonces como la carencia por colmar espacios
huecos e intra-mundanos. Sin duda el vacío está relacionado justamente
con las peculiaridades del sitio y por eso no es una carencia sino
una creación.
De nuevo
la lengua puede ofrecérsenos en un guiño. En el verbo vaciar (leeren)
se manifiesta el leer (lesen), en un sentido original del encontrar
que obra en el sitio.
Llenar
el vaso significa: encontrar al contenido en su libre devenir.
Volcar
en un cesto las frutas recogidas significa: prepararles este sitio.
El vacío deja de ser nada. Tampoco es carencia. En la corporeización
de la plástica se juega el vacío de un modo de conceder buscando
y diseñando sitios.
Las observaciones precedentes
no van ciertamente tan lejos como para mostrar con suficiente luminosidad
la mismidad de la plástica como un modo del arte constructivista.
La plástica: una corporeización de la puesta en obra de sitios;
y en ellos una apertura de parajes que conceden el habitar humano
y la permanencia de las cosas encontrándose, relacionándose.
La plástica:
corporeización de la verdad del ser en su sitio determinando la
obra.
Ya una
mirada atenta sobre la mismidad de este arte permite presumir que
la verdad como un no ocultamiento del ser no depende necesariamente
de la corporeización.
Goethe dice: “No es siempre
necesario que lo verdadero se corporeíce; suficiente es si se vislumbra
espiritualmente la verdad y resulta en conformidad; si flota por
los aires como el canto austero y amistoso de las campanadas.”
Texto
extraído de la Revista Eco. Bogota, Colombia. Tomo 122, Junio 1970,
pp. 113-120.
Traducción:
De Tulia De Dross.
Selección:
S.R.
Otros
textos de Martín Heidegger en castellano consultar: http://personales.ciudad.com.ar/M_Heidegger/
Con-versiones, enero 2006
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