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Conversación
con el profesor Freud
Por Zsofía Denes
Hungría, 1918.
La ruta me condujo, en las afueras de Budapest,
hasta una gran casa hundida en la vegetación, maravillosamente aislada, como en un cuadro. El Prof. Sigmund Freud está de visita en casa
de unos amigos.
Estamos
en una habitación tan llena de luz, que parece el taller de un pintor.
Afuera, las rosas de julio son hamacadas por el viento. En un gran
sillón de cuero oscuro, de espaldas a la ventana, está sentado Freud;
lleva
un traje claro de verano. Todo en él, su atuendo, el cuidado puesto
en
su persona y su corbata de viejo gentleman, todo, hasta la tela
refinada
de su ropa, da cuenta del buen gusto de un hombre de clase.
Es de talla
mediana. Su pelo, así como su barba cortada en punta son grisáceos.
Es un hombre maduro, de unos 60 años que ha conservado toda
su viveza. Las manos y el rostro son delicados. La expresión es
de aquellas
que no se olvidan, aún luego de una sola entrevista: tantas cosas,
tanta vida dinámica y serena emanan de él, sus ojos expresan tanta
ternura...
Sin embargo, su boca tiene un dejo de amargura en la sonrisa, traicionando
cierto pesimismo; la frente saliente dominando el rostro da cuenta
de cualidades excepcionales de reflexión, de juicio y de observación
rigurosa. La fisonomía podría parecer "desengañada" si
nos quedáramos sólo con la frente; pero están los ojos: esos ojos
oscuros tan inteligentes y, mas allá de la inteligencia, dejan
adivinar una generosidad discreta
que prefiere retirarse en la soledad; éstos son los signos de una
aristocracia
del alma, de la verdad límpida de la infancia.
Al Sr. Freud,
no le gusta ser entrevistado; en realidad, ello no corresponde
en nada al personaje. No le interesa ponerse en vedette; únicamente
puede interesarle el tema tratado. Sé y percibo que hubiera preferido
un intercambio de ideas, una discusión científica con los amigos
médicos
que los rodean. Pero acepta este sacrificio con el fin de satisfacer
el interés del público húngaro y los lectores eruditos del VILAG.
Decido entonces
comenzar la entrevista:
-¿Cuáles
son los últimos descubrimientos del psicoanálisis, y cuáles las
perspectivas en cuánto a su provenir?
El
profesor sonríe y me contesta:
-Si tuviéramos
quince días para conversar y si, por otra parte, tuviera la
posibilidad de escribir, entonces podría contestar su pregunta.
Un poco desalentada, pienso en la segunda
pregunta que preparé. Sé que en este momento está estableciendo los datos de base del sistema metapsicológico, es decir, las hipótesis fundadas
en las experiencias del psicoanálisis acerca de los mecanismos psíquicos. De esta forma, los problemas del funcionamiento del alma y de
las vibraciones más finas del espíritu que permanecen inabordables e inexplorables para la fisiología, serán analizados hasta el origen
mismo de los fenómenos por científicos competentes. Por ello quisiera poder obtener, para mi diario, la primera declaración pública acerca
de este problema, conciente de correr el riesgo de producir un corto-circuito
en una investigación que aún sería muy prematuro revelar:
-Desearía tener una declaración del Sr. Profesor acerca de los
sistemas
metapsicológicos que están en la base de todo lo que funciona en
el psiquismo, tal como lo reveló la experiencia psicoanalítica.
Con
un gesto, el Prof. se niega a contestar:
-Es demasiado
temprano para hacer declaraciones al respecto.
Me doy cuenta que hace falta hacer preguntas
más concretas, más simples, más orientadas
hacia el pasado:
-¿Qué papel tuvo la guerra en la profundización
del psicoanálisis? ¿Contribuyó a
verificar sus tesis?
Esta
pregunta recibe una respuesta a pesar de todo:
-El psicoanálisis
sobrevivió a la guerra. Hoy es un hecho indiscutible. ¡Es
más! Ciertas afecciones nerviosas traumáticas -llamadas neurosis
de guerra-
han convencido a muchos médicos de la realidad de las impresiones
indelebles que van a alojarse en el inconsciente. Estos médicos
son
los mismos, que, años atrás, habían manifestado su incredulidad.
Pudieron
darse cuenta que no alcanzaba con describir los síntomas neuróticos
con términos inapropiados tomados de la fisiología, que sólo pueden
entender
aquellos que aceptan partir a la búsqueda de las motivaciones inconscientes
que se esconden detrás.
Es bastante
lamentable que hayan sido necesarios los horrores de la guerra
para llegar a esta comprensión, cuando ya hace varias décadas que
la técnica analítica ofrece todas las posibilidades de convencerse.
La guerra nos develó la verdadera naturaleza humana; no sólo la
del enfermo, sino también la del sano. Detrás de los ideales sublimes
y de los caracteres nobles, se oculta la verdadera naturaleza del
hombre con un segundo plano inexorablemente primitivo que pudieron
descubrir los psicoanalistas al interpretar los sueños, los actos
fallidos, los chistes, o también
estudiando las obras de arte, las religiones y los mitos, ¡sin por
ello tener
que recurrir a la guerra!
-¿Qué piensa, Sr. Profesor del hecho de que,
para el gran público, sus tesis reducirían
los acontecimientos psíquicos a la mera sexualidad?
-Es
absurdo -contesta el profesor-, es sencillamente estúpido
y se debe a la falta de cultura. Aquellos que propagan semejantes
cosas sobre el psicoanálisis desconocen sus trabajos; divulgan chismes.
Es tan absurdo como si se decretara que toda disfunción corporal
se debe a las bacterias. Es lo mismo para los fenómenos psíquicos,
donde sólo en las neurosis se le puede imputar el sufrimiento a
la sexualidad. Cuando una enfermedad infecciosa agrede a un organismo,
éste va a combatir los efectos destructores de las bacterias. Asimismo,
la neurosis se comporta como una defensa del yo contra el ataque
en que puede transformarse la sexualidad. Fuera de las neurosis,
ningún psicoanalista consideraría un fenómeno psíquico como determinado
por el factor sexual.
Por ejemplo, también es inexacto en relación a los sueños, cosa
que no impide que varias personas presenten mi teoría de los sueños
bajo este ángulo. Sin embargo lo escribimos hace mucho tiempo:
existen sueños sexuales, pero también existen, a la par, sueños
de hambre, de sed, sueños de delirio de grandeza, sueños de fantasía
pura. Lo importante radica en la satisfacción del deseo que
procura el sueño; el hecho mismo de dormir es la prueba de dicha
satisfacción, ya que las preocupaciones y los pensamientos que ,
se supone, pueden estorbar el sueño, se encuentran deformados de
tal forma que aparecen en él sólo bajo una luz que autoriza la
prosecución del mismo.
-Profesor
¿cuáles son sus impresiones sobre Hungría? En relación a otros países,
¿qué terreno encontró aquí para el psicoanálisis?
-Los medios intelectuales mostraron mucho interés y benevolencia
para con estas teorías. En Hungría hay muchas personas sin prejuicios
y libres de espíritu; a primera vista constituyen un público predestinado
para el psicoanálisis. La venta de un gran número de obras psicoanalíticas
da cuenta de ello, sin lugar a dudas.
Ud.. me pregunta si ésto se explica por razones políticas u otras.
No lo sé y no intento saberlo. Por una vez, tomemos este hecho feliz
simplemente como un hecho, sin intentar descomponer sus elementos.
¿En cuanto a los otros países? Tenemos excelentes resultados con
los anglo-sajones. En Inglaterra, pero sobre todo en América, las
teorías psicoanalíticas se han extendido. Suiza y Holanda también
se muestran muy activas. En los países latinos, hasta el desencadenamiento
de la guerra, pudimos dar unos primeros pasos muy prometedores;
pero en este ámbito como en tantos otros, la guerra destrozó los
hilos conductores.
Sin embargo, las pocas noticias que nos llegan permiten constatar
que, aún privado de contactos con nosotros, el Movimiento sigue
adelante. El último Congreso Internacional de Psicoanálisis se desarrolló
en Munich en 1913; el próximo tendrá lugar en Breslau los días 21
y 22 de septiembre de este año 1918. Lamentablemente, sólo podrán
participar los países miembros del "Poder Central" y los
países neutros. Por otra parte es justamente la monarquía quien
piensa crear una nueva organización psicoanalítica, cosa que podría
tener luego gran importancia. Por ahora no podría decirle nada
más sobre este tema.
-¿Ud. se preguntó si la extensión del psicoanálisis
-con la influencia educativa que puede tener al llevar al ser humano
a la sinceridad frente a sí mismo, al hacerle tomar conciencia de
sus pulsiones, permitiéndole de esta
forma dominarlas, -ud. se preguntó si ello permitirá evitar la
guerra algún día?
Los
rasgos del delgado rostro de Freud se vuelven aún más tirantes,
las arrugas alrededor de su boca aún más profundas; por un instante,
esconde sus ojos con la mano.
-Vea, la teoría
psicoanalítica es tanto la ciencia de los seres excepcionales,
la ciencia de "unos pocos", la ciencia de la élite intelectual,
que su vulgarización ni siquiera
es necesaria. Un día, su influencia sobre las instituciones
tomará una importancia significativa. Pero éste es un tema de larga,
muy larga duración... Por ello sólo después de un lapso de tiempo
difícil de calcular, cuando el psicoanálisis haya educado a su manera
a la humanidad, permitiéndole
a la gran masa secundarizar sus pulsiones más primitivas, entonces quizás... quizás se habrá encontrado
la forma de evitarle las guerras a la humanidad...
El
profesor se calla. El rostro traiciona su cansancio. Está
cansado por no haber podido pronunciar palabras más optimistas,
por no haber podido ser más tranquilizador.
© Vilag
TRADUCCIÓN:
Gabriela Yankelevich. © Traduce, castellana Zona Erógena
Reportaje
extraído de la revista Zona Erógena, verano ’92, N°12, Año III.
Selección:
Marcela Depiera
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