"Los tiempos en la palabra"
Sergio
Rocchietti
(selección)
"Damos vueltas y vueltas en el
vientre animal,en el vientre mineral,
en el vientre temporal. Encontrar
la salida : el poema". (Octavio Paz)
Desde el inicio quiero plantear una pregunta: el lenguaje.
¿Es una pregunta?
¿Cómo, y ahora sí lo interrogo, poder hacer del lenguaje nuestra
pregunta?. Se ve la cuestión ¿Cómo? De lejos. Estamos lejos y algo
de lo cual no sabemos qué es, ni cómo, nos interroga. Aún más, decimos:
¿cómo hacer para que el lenguaje sea una interrogacion para nosotros?
Esa es la propuesta. Propongo una ejercitación difícil, creo. No estamos habituados
a ella. ¿Cuál es ella? Que podamos hacer uso de una suspensión intencionada
o, para decirlo de otra manera, de un olvido limitado y dirigido,
olvido de lo que creemos acerca de ese, este, lenguaje que hablamos,
ese lenguaje que llevamos pegado a la piel, y recorrer así tiempos
y lugares que no son los nuestros, pero que se van a presentar ante
nosotros por nuestra apelación. Esas presencias, sí son tales, nos
modificarán.
Ahora bien, podemos preguntarnos y es una cuestión preliminar: ¿por qué? ¿Por
qué el olvido limitado o la suspensión intencionada?. Simplemente
para dejar lugar. El lugar que usualmente está ocupado por aquello
que creemos,- y para ser precisos diremos- el lugar que
usualmente está ocupado por aquello que creemos ser (narcisismo).
Pero no debemos acercar inmediatamente creencia y ser. Es
justamente por mantener una distancia entre ellas que de esa no
reunión puede - también- surgir algo. Si creencia y ser
pudieran ser reunibles, el yo - aquél que lo enuncia-
no tendría escollos a superar ; su ser sería su creer y nada
más.
Por lo anteriormente dicho quiero comenzar con una cita. Es el fragmento 22
B 50 (numeración Diels- Kranz) Hipol. IX, 9, 1, de Heráclito:
"Cuando se escucha, no a mí, sino al Logos,
es sabio convenir
(homologein) en que todas las cosas son una".
Si lo que nos lega Heráclito es que todas las cosas son una, podemos
ser heraclíteos o no, esta sería una cuestión estrictamente filosófica,
pero no creo que sea lo importante a destacar. Lo importante viene
dado como una advertencia: "cuando se escucha, no a mi
sino al Logos..." Luego continúa con lo que se
vierte como: "es sabio convenir", pero estrictamente
sería, que se hace igual al Logos (lenguaje); homologein, (igual
al logos), hacerse igual al logos es decir lo mismo que el logos.
La relación Logos- homologein es la que se destaca en primer
lugar. ¿Y cómo traducir Logos? ¿Cómo podemos nosotros
- hoy- traducir logos? Seremos breves con la discusión etimológica,
pues a pesar de todas las cuestiones que reúne la palabra Logos,
es justamente esa reunión la que caracteriza mejor la indicación
de Logos.
Logos: lugar de reunión, lugar del contar
tanto del narrar como del contar numérico.
Logos : razón, proporción; sí, todo ello
es correcto aunque - para nosotros- la primordial presencia
de Logos es: el lenguaje. El lenguaje, la palabra
son acepciones de Logos, pero insistimos, Logos es
lenguaje. El lenguaje no es el hablar, hay lenguaje aunque estemos
callados. Hay lenguaje aunque haya silencio. Y por ser el Logos
lenguaje es el sitio privilegiado de aquella reunión. El
logos reúne.
Pero, atención, en la primera parte del fragmento nos hace el filósofo presocrático
una advertencia. Heráclito - en su advertencia-
nos dice : no me escuchen a mí, no lo escuchen a Heráclito,
sino: olviden a Heráclito, cierren los ojos y escuchen, no
crean que es Heráclito el que les habla; Heráclito
trae en su hablar (logos) al Logos, al lenguaje (el decir propio
del lenguaje). Si nosotros hubieramos escuchado esta frase de los
propios labios de Heráclito y hubieramos pensado : ¡Ah! ya está
otra vez hablando Heráclito; sólo hubieramos ocluído, ocupado el
lugar de lo que puede venir a presentarse en el decir del
lenguaje. No en el hablar de Heráclito. El decir del lenguaje
no es el hablar de Heráclito. Si pienso en quien me habla no escucho.
Si logro desasirme del "quien" quizás pueda escuchar (1).
Escuchar el Logos es escuchar el lenguaje .
Ahora podemos aclarar nuestra propuesta: no oigan a quien les habla, escuchen
lo que allí se dice. Este es el desarrollo, en la praxis, de la
proposición: escuchar el lenguaje. Los nombres y las imágenes que
acompañan a los nombres ofician de señuelos para impedirnos oír
lo que allí se dice, lo que allí se está diciendo.
Escuchar el lenguaje en sus distintas vertientes es la propuesta. Sí, aunque
ahora, al irnos aproximando surge que el lenguaje conlleva distintas
vertientes. ¿Cómo es esto?. En el lenguaje confluyen distintas vertientes
y el mismo lugar que interrogamos - el lenguaje- esta
hecho de aquello por medio de lo cual nos preguntamos, las palabras
de la interrogación son del lenguaje. Preguntamos al lenguaje en
el lenguaje. Es esto una dificultad,¿podremos resolverla?. Sí, pero
con una condición que es la siguiente: debemos remontar las vertientes.
Decimos: en el lenguaje hay vertientes diversas, proveniencias que desconocemos,
por ahora sólo presenciamos un fluir. Henos frente al fluir del
lenguaje. El movimiento del lenguaje es un fluir, un ir no sabemos
hacia adónde. Entonces la dificultad de preguntarnos con
aquello y por aquello que interrogamos nos obliga
a dos movimientos . Uno, a proseguir ese movimiento, esto es, a
dejarnos llevar por el lenguaje y dos,a preguntarnos por la proveniencia
de esas vertientes. Hagamos la pregunta entonces: ¿cuál es la proveniencia
de esas vertientes?. No lo sabemos, sí sabemos que hay vertientes,
que hay distintos afluentes, ¿qué más sabemos? que nosotros no iniciamos
el movimiento, que nos encontramos de pronto, allí, en la fluencia
de eso que corre, que discurre y que es, en eso, que estamos. Hablamos.
Aunque permanezcamos en silencio el lenguaje no cesa ; aunque callemos
no podemos salir del lenguaje.
¿Qué nos queda entonces? Nos queda proseguir ese movimiento y tratar de remontar
las vertientes. Un eco lejano nos viene dado por aquello que nos
antecede. Démosle nombre a esa antecedencia, pues es una de esas
vertientes a las que podemos localizar en la prosecución del fluir
¿Cuál es ella? La que denominamos: la palabra del mito.
Antes del logos es el mito. Pero atendamos: tenemos
ahora dos vertientes del lenguaje. Recuperemos los lugares que hemos
presentado en un orden inverso . En primer lugar,el lenguaje y su
fluir. En segundo lugar el logos - fragmento 50 de Heráclito-
y ahora el mito.
Esquematicemos esto, lo podemos hacer de la siguiente manera:

Pero si lo hacemos así atendemos más a la sucesión, a lo que ponemos en una
línea y le damos antecedencia y consecuencia, que a lo que vierten
esas vertientes que son, para nosotros, el mito y el logos. Rediseñemos
nuestro esquema :

Nuestro esquema no es circular. Trata de recuperar el punto desde el cual estamos
tratando la cuestión y hacer visible el movimiento del lenguaje.
El lenguaje en su fluir, nos da la posibilidad de encontrar esos dos lugares
que son el mito y el logos. Todavía no hemos podido decir cuales
son las formas que adopta el lenguaje, allí, en esos sitios.
Y aún más, si podemos hacer resaltar la precisión,decimos: no la palabra en
el mito sino la palabra del mito. ¿Qué impone esto?
Esto plantea una posición,y es que no vamos a tratar
al mito sino a lo que sucede con la palabra en ese lugar. Lugar
que encuentra al fluir del lenguaje y por eso se transforma en
una nueva vertiente.Tanto el mito como el logos - lo veremos-
serán vertientes del lenguaje.
Nuestro asunto no es el mito sino que nuestra preocupación es el mito como aquello
que trae la palabra de un modo muy característico. Una aclaración,
el tiempo del mito no está en el pasado. La palabra lleva los tiempos
del mito y la palabra lleva los tiempos del logos aunque hoy no
es ni el mito ni el logos (sin el mito). Tiempos de la palabra,
inclusiones y exclusiones que se alternan y se atraen.
Es tiempo ahora de que nos detengamos en las etimologías. Ello es pensar en
los decires verdaderos - y esta es la etimología de la propia
palabra etimología: decir verdadero, que constituyen estas dos vertientes
del lenguaje que son el mito y el logos.
Para mito ( mythos, del griego) tenemos: palabra, discurso, narración,
relato, noticia, conversación. Posteriormente adquiere los significados
de: relato fabuloso, cuento, fábula. Claro está que estos últimos
significados son adscriptos a mito cuando la vertiente logos comienza
a hacerse creciente en importancia. Por lo tanto aceptemos primero
la influencia del significado de mito como palabra. Ahora podemos
- pues estamos en condiciones de hacerlo- preguntar: ¿que
palabra es la palabra del mito?
Para contestar esto recurriremos
a dos afirmaciones:
a) La palabra del mito trae la presencia del origen (2).
b) La palabra del mito hace.
Quisiera repetir que no interrogamos al mito como el contenido
de una narración dada, esto sería preguntarnos por el significado
de un mito singular (sea un ciclo, o una narración aislada), no
tratamos de delimitar "mitemas". Lo que hacemos es tratar
de escuchar lo que del lenguaje se hace (da a ) escuchar en el mito.
No creamos que estamos tan lejos de los tiempos del mito cuando
en nuestra boca se dicen los tiempos de la palabra del mito con
las mismas funciones que creíamos olvidadas y sin retorno. No creamos
que estamos tan lejos del tiempo del mito cuando en nuestros oídos
se escuchan los tiempos de la palabra del mito en las narraciones
a los niños. La palabra condensa los tiempos que se han sucedido
y los actualiza según la ocasión.
Cuando leemos mitos que son cantos rituales y que tenían fines medicinales no
podemos dejar de advertir la recurrencia al origen. Así, en uno
de ellos, perteneciente a los Kumulipo (aborígenes hawaianos) encontramos
que: "hay que contar el origen
del remedio, si no, no se puede hablar de él".
Contar, decir; al decir el origen ¿qué se dice?. Cuando un oyente de un mito
lo escuchaba ¿escuchaba un- mito? ¿Podemos decir que el oyente
de un mito era un oyente? Podemos suponer que el narrador de un
mito era un narrador? De ninguna manera. Narrar el mito es narrar
la palabra. Narrar el mito es devolver la eficacia del hacer del
decir. Narrar el mito es anular el olvido del mito. Decir la palabra
(mito), decir el mito (palabra) es devolver la eficacia a la palabra.
La eficacia de saber (el origen) y la eficacia de hacer (el surgimiento).
Si los Kumulipo dicen: "hay que contar
el origen" es
porque primero debo hacer aparecer el remedio para curar. Sólo si
cumplo con las palabras del origen puedo, después, emplear otras
palabras no ya las del origen, sino otras, que hablen del remedio.
Los mitos, memoria viviente de un
grupo humano, sostenidos en la repetición de un no olvido, sostenidos
en los encargados de los mitos, aquellos que lo portan, que lo custodian,
son el fundamento mismo de aquellos que viven en el mito. El mito,
la palabra es lo que constituyó a los que - hoy- podemos llamar
"hombres del mito". Los hombres de la palabra, los hombres
de la palabra creadora, los hombres de la potencia de la palabra.
No cualquier palabra sino aquella que trae la presencia de lo sagrado
y nos dice, y por ese decir, hace el origen, y al decir el origen
hace la presencia actual de algo. Decir el origen de algo es hacer
a ese algo. Saber, hacer y decir son reunidos, allí, en la palabra
del mito.
La palabra del mito es la presencia de lo sagrado y lo sagrado no está más allá,
está aquí. Convive el hombre del mito con lo sagrado.
Lo que es no es más que en el mito. Lo que es no
es más que en la palabra. Como si pudieramos extender el mito hacia
allá, hacia fuera. Una extensión, incluso geográfica, un territorio
del mito y el hombre habitando allí; lo que es - para el hombre
que habita el mito- no es más que en la palabra que al proferirse,
dice, y hace ser lo que es.
La palabra del mito invoca y como respuesta a ello surge
la presencia efectiva como tal de lo que fue invocado. Lo evocado
a diferencia de lo invocado será el dominio del logos. Lo retomaremos.
Vayamos al Antiguo Egipto a buscar la palabra. ¿Qué encontramos allí? Los mitos
de los orígenes postulan que el lenguaje al ser hace la realidad.
Suscintamente, decir el nombre es crear plenamente la cosa nom brada.
Las palabras homófonas explican la génesis de las cosas,así: "Al
llorar (rem) Ra (dios), los hombres (romé) o los peces (ramú) comenzaron
a existir" o "cuando el dios Ra dejó escapar la palabra
hab (enviar) hablando con Thot, nació el ibis (hib), animal de Thot".
El lenguaje de los dioses hace las cosas del mundo.
Conocer los nombres escribir las palabras de potencian posibilitan la inmortalidad.
En la recopilacíón de inscripciones de estelas e himnos funerarios
conocido como "El libro de los muertos", cuyo titulo exacto
es: "Salida del alma hacia la luz del día". Allí encontramos
que: el juicio de los difuntos es llamado la "pesada de las
palabras", haciendo alusión a la balanza que pesaba a las almas
(Conjuro 1); para poder entrar y salir el alma de los misterios
del mundo inferior es necesario que "la palabra de potencia
sea triunfadora" (Conjuro 1) ; para llegar a la luz
del día tras la muerte se hace un pedido al dios Tum: "¡Permíteme
aprender tu palabra de potencial" (Conjuro 3); en el
Conjuro 9, luego del paso por la tumba se nos dice que: "
he vuelto aquí, con espíritu puro y santificado. Estoy fortificado
por palabras de potencia. ¡Dioses del gran cielo! . Espíritus divinos.Todos
vosotros ¡contempladme! ¡Verdaderamente!, habiendo concluído mi
viaje. Llego aquí ante vosotros".
El usar la palabra de potencia es lo que permitía al individuo la cercanía de
los dioses. La palabra de potencia es una palabra activa. Así podemos hablar de las "palabras de los dloses" y de la
escritura sagrada que es el significado de la palabra jeroglífico.
El dios Thot -a quienes los griegos llamaban Hermes- es el
"corazón de Ra", como tal es sabio, pues en el "documento
de teología menfita", que se sitúa alrededor de los años 2500/2400
a.C. hallamos que :
"Así se crea todo trabajo y todo arte, la actividad de las
manos, el andar de las piernas el funcionamiento de todos los miembros,
según el orden concebido por el corazón y expresado por la lengua
y que se ejecuta en todas las cosas".
El corazón era para los egipcios
la sede de la conciencia, el senti miento y la voluntad, pero era
necesario que ese orden fuera expresado por las palabras para que
las cosas se realizaran. En tanto el "corazón de Ra es Thot"
es él, el que ordena el cosmos y por otra parte puede administrar
justicia; lo justo es posible por la existencia del lenguaje (recordar
la "pesada de las palabras"). También se adjudica a Thot
la invención de la escritura jeroglifica, esto es que la palabra
de los dioses son pasibles de ser fijadas en nombres y estos nombres
- por su proveniencia divina- son la misma realidad.
Es relevante que tanto en el Imperio Nuevo y en la época helenístíca
(alrededor del 300 a.C.) los sacerdotes inventaron nuevos signos
criptográficos, para que al escribir el nombre de un dios se pudiera
evocar por medio de una imagen los atributos de ese dios. Esto nos
pone frente al entrecruzamiento del lenguaje, la imagen y la escritura
(3).
Retomemos ahora lo que habíamos
dejado pendiente, la etimología de logos. La palabra
logos que tanta tradición tiene en nuestra filosofía occidental,
proviene del griego, dada la extensión de sus significados mostraremos
los hitos de una señalización que va desde: palabra, lenguaje, a
revelación divina, fundamento, razón; de orden a promesa y de relato
a valor.
Si desde la plétora de significancia que vierte sobre nosotros la palabra logos,
nos dirigimos al verbo correspondiente: legein, la extensión se
reduce a cuatro significados principales. Estos son:
1) Recoger,reunir (Ilíada XIII,239)
2) Contar, con el sentido
de enumerar,hacer la cuenta (Odisea IV,452).
3) Contar, con el sentido
de narrar (Odisea XIV,197).
4) Significar (Esquilo,Agamenón 1035)
¿Cuándo el logos?
¿Cuándo comienza el tiempo del logos? Suele situárselo
en Grecia alrededor del siglo
VI a.C. - especialmente
J.P.Vernant- y devenido tal en las indagaciones de los llamados
filósofos presocráticos (Parménides, Heráclito,Tales,Empédocles,etc.).
No podemos precisar que ello sea así. Esta emergencia datada
del logos es lo que ha pasado a nuestra tradición. Lo que podemos
enunciar es que: el hombre del logos no es el hombre del mito.
Hay una ruptura - no datable- que se va produciendo,
pero ¿cómo situarla temporalmente, ya que no es puntual?. Hay una
quiebra en tanto aparece, o se manifiesta allí, en los pensadores
presocráticos, una vertiente distinta. No es que la palabra del
mito desaparezca sino que al quebrarse su dominio
algo diferente aparece y eso es lo que trae la palabra del logos.
Palabra que llamaremos: la palabra de Grecia.
La palabra del mito no desaparece,
se desplaza, veremos hacia adonde.
Cuando citamos a Heráclito vimos que él proponía que no se lo escuchara a él,
al hombre Heráclito, sino que se escuchara al logos. Ya estamos
en el logos cuando llegamos a la filosofía llamada presocrática;
al decirnos esto, Heráclito, nos lega su más profunda conmoción,
ya era tiempo de escuchar más al hombre en su nombre (Heráclito)
que al logos en su decir. Heráclito le dice al hombre que se calle
para que pueda escuchar el decir del logos (será sabio el que lo
logre). Cosa difícil por demás, callarse, cosa difícil por demás,
oír; oír en lo que se dice no la identidad del hablante sino los
sonidos que pueden guiar hacia nuevos significados.
Si la palabra del mito explica, la palabra del logos interroga.
Si la palabra del mito origina, la palabra del logos disputa (4).
Si la palabra del mito acciona la palabra del logos encadena (5).
Si la palabra del mito propone el tabú, la palabra del logos propone la justicia
(Dike).
Si la palabra del mito es la verdad porque hace la verdad de lo que es, la palabra
del logos puede ser tanto verdadera como falsa (6).
El logos es la posibilidad eclosionante de la aparición, desde el siglo VI a.C.,
de las matemáticas, la geometría, la filosofía, la historia, la
medicina, la retórica, el derecho, etc. El tiempo de la palabra
del logos es el tiempo de la sucesión. La palabra del mito trae
un tiempo de retornos, tiempo de ciclos que se cierran y se reiteran.
La palabra del logos es una palabra que llama a otras palabras,
que necesita, que requiere a otras palabras. Si la palabra del mito
sabe, la palabra del logos ignora y por eso interroga. Interoga
y continúa. No se cierra, se abre e ignora. Y al ignorar quiere
saber.
[...]
¿Qué es un ensalmo?. El ensalmo es un decir invocante de poderes
suprahumanos para poder oficiar la curación de alguien. Tenemos
nuevamente aquí a la palabra del mito bajo la forma de la invocación.
La palabra adecuada puede traer el influjo divino, el influjo
benéfico de la curación.
Ensalmo, etimológicamente proviene de salmo y éste del griego psalmós, que es
"melodía tocada en una lira". Una palabra que intenta
ser música, ¿por qué?¿Cómo es posible que la palabra sea melodía?.
Para poder contestar esto nos vemos obligados a remontar los afluentes.
En la medicina popular de Grecia no perdió nunca vigencia un hacer que se llama
epaoidé, conjuro (8).
Entre el conjuro y el ensalmo se planteará la eficacia de la invocación.
El conjuro lleva una intención imperativa,por ejemplo, evitar
el flujo de sangre o la acción de un daimon, mientras que en el
ensalmo prevalece la súplica. Podemos definir el ensalmo
como fórmulas verbales, recitadas o cantadas ante el enfermo
para conseguir su curación (9).
El uso de los ensalmos proviene de la época paleolítica (10),
pero si en otras regiones y tiempos el ensalmo sólo puede ser eficaz
si lo emplea el medicine- man, el chamán o el sacerdote, en
los tiempos homéricos (1100- 800 a.C.) la palabra va a ser
usada con tres intenciones distintas (según los testimonios preservados):
1. Como palabra de súplica o plegaria (eukhè).
2. Como palabra de ensalmo (epodé)
3. Como palabra sugestiva (thelkeríos logos)
Además esta palabra, en su tripartición, no está reservada a ciertos individuos.
Una gran distancia separa al pensamiento semítico (asirios, babilonicos,
por ejemplo) del pensamiento griego. Para los primeros saber
el "verdadero nombre" de las cosas es poder modificarlas,
pronunciar el nombre verdadero es adueñarse de ellas. Para los segundos
la palabra opera no en función de un secreto que no se puede
compartir, sino a partir de dirigir una palabra musical, una palabra- canto
que seduce a las potencias que imperan en la realidad.
Si la eukhé (súplica) y el epodé (ensalmo) se dirigen a lo divino,
la palabra sugestiva posee eficacia por su propio decir; así los
relatos de Demódoco "deleitan y hacen llorar" (Odisea
VIII), o Femio es comparado por su habilidad en el canto con los
propios dioses (Odisea, 4370), la palabra sugestiva (Thelkerios
logos), la palabra persuasiva que transforma a los hombres es llamada,
en la Odisea, la "palabra alada". Esta palabra persuasiva,
ya no en su faz de curación sino en su faz retórica, la encontramos
en plena vigencia en el siglo V a.C. con el auge de la sofística.
[...]
Lo que de aquí continúa tiene el carácter de hipótesis. Nos hablamos referido
a la distinción invocación-evocación tanto en la vertiente mito
como en la vertiente logos, ahora nuestras consideraciones pasan
al plano etimológico- semántico.
Evocar proviene del latín, evocare, propiamente,
"hacer salir llamando".
Invocar también proviene del latín y es,
propiamente, "llamar a un lugar". Ambos vocablos derivan
del verbo vocare, llamar, que lleva la misma raíz que vox, voz.
Otro posibilidad etimológica nos podría hacer proponer: evocar, la "voz
fuera", y para invocar, la "voz dentro".
Si reunimos nuestras dos posibilidades tendríamos para evocar, "lo que
la voz hace salir llamando". No llamando a alguien sino lo
que la voz hace salir llamando a la voz. Por medio de la voz (phoné
para los griegos) llamo al lenguaje (decir). A lo que está en algún
lugar (lenguaje) (11)
del cual puedo hacerlo provenir (salir) y presentar ante mí (lo
que suceda con esa presencia es otra cuestión, pero
debemos aclarar que esta presencia no es una presencia- cosa
(ente) sino que se trata de una presencia- símbolo.
Para invocar tendríamos que, "la voz llama a un lugar de dentro",
o "la voz de dentro llama a un lugar". La voz llama a
presentarse ante sí, en un lugar de enfrente. Este "frente
a", es lo que dará a la invocación el carácter de la afección
(pathos). Como advertencia adelantamos que no se trata de una invocación
solicitada sino que la voz llama sin consentimiento y al presentarse
ante sí, trae el padecimiento.
Ahora podemos hacer la siguiente relación, habíamos
dicho:

Ahora bien, nosotros sabemos que existen básicamente dos formas del recuerdo
que se dan en la clínica psicoanalítica. Una es la reminiscencia
y otra es la rememoración (ver especialmente "Estudios sobre
la histeria" y "Recuerdo, repetición y elaboración"
de Freud). Entonces ¿por qué no acercar la palabra del mito a la
invocación y a la reminiscencia, a eso que está sucediendo allí
porque se lo dice y aquellos que asisten al decir del mito, ven
surgir ante sí, las "cosas relatadas". El hombre del mito
encarnaba el mito.
¿Por qué no acercar luego la palabra del logos a la evocación y a la rememoración?.
Dos aportes más, aparte de los citados, hacen que podamos proponer esto. Uno,
la afirmación freudiana ("Comunicación preliminar") de
que las histéricas "sufren por la mayor parte de reminiscencias".
Y dos, la distinción de J. Lacan, en el Seminario I, entre reminiscencia
y rememoración,distinción que - a nuestro juicio- ya
estaba operando desde las consideraciones acerca del tiempo y la
historia desarrolladas en el mismo seminario.
Ahora bien, intentemos una ubicación más precisa. ¿Qué es una reminiscencia?.
Podemos considerar a la reminiscencia como la aparición frente a
sí (yo) de una imagen (grupo de representaciones) que trae un afecto
penoso (para el yo). De aquí que Freud y Breuer insisten
- en el texto de los "Estudios sobre la histeria"-
que su intento de explicación de los fenómenos histéricos se refiere:
"a la tercera fase - de Charcot- la de actitudes
pasionales. El síntoma histérico son las reminiscencias que portan
en si el recuerdo sin conciencia del hecho ocasionador de la histeria.
Podemos decir, entonces, que la reminiscencia es un modo pasional
de recordar.
Los síntomas están en relación al ataque histérico, del cual dicen:
"Toda vez que
ella aparece - la faz pasional del ataque histérico- de manera
marcada, contiene meramente la reproducción alucinatoria de un recuerdo
sustantivo para el estallido de la histeria..."
Si pensamos en el esquema "L" de J.Lacan, ubicamos a la reminiscencia
en el eje imaginario. Ubicarla en este eje se condice porque pasa
por allí la corriente libidinal que alimenta las pasiones (amor
- odio- ignorancia, bella indiferencia de la histeria),
también lo hace con la continuidad que se establece entre el yo
(histérico) y la imagen de la reminiscencia, esa misma continuidad
es la que otorga a la reminiscencia su carácter de ahora y aquí,
tanto en lo espacial como en lo temporal.

No se trata de postular que es la vertiente mito del lenguaje la que está operando
aquí ocasionando la reminiscencia. Sino que la reminiscencia invoca,
trae la voz, en su presentar, la imagen de algo que no debería estar
allí, pues ocasiona el padecimiento actual de lo que fue un padecimiento
pasado que no pasó. La invocación no es querida por el yo, pero
el invocar hace caso omiso del yo y es la consonancia de la voz
la que trae lo no querido bajo esas imágenes dadas a ver, que capturan
y hacen sufrir al yo.
La vertiente mito del lenguaje se establece por la eficacia de la invocación
y - si queremos- podemos también adjudicar lo siguiente:
lo mítico en juego es lo traumático (no de un hecho mero sino lo
traumático de la sexualidad).
Pasemos ahora a la rememoración. Para esto dos consideraciones
preliminares: uno, siempre que estemos ante la rememoración pensemos
relacionarla con la palabra historia. ¿Por qué?. Porque
la rememoración es la constitución de una historia. Esto nos lleva
a nuestra segunda consideración, ¿de qué historia se trata?. Aquí
quiero dejar una frase de J.Lacan, de los años '75 en las "Conferencias
y charlas en los E.E.U.U.". Esta es la cita :
"La historia es
una especie particular de simbólico; un simbólico que se junta a
lo real por la escritura".
Como no voy a desentrañar la complejidad de esta frase me contentaré con definiciones
de aproximación, que - a mi entender- son muy útiles.
Primero, la historia no es el recoger hechos del pasado por un regusto
de anticuarios. La historia es la inscripción de los significantes
(palabras que se han inscripto y olvidado) y su consideración posterior,
en otro tiempo. Esto último nos acerca otra señal, la historia es
una consideración del tiempo. La palabra en la rememoración reúne
distintos tiempos (vertiente del logos en su reunir), la palabra
rememorativa une otros tiempos, distintos, que se van a oír afuera,
"lo que la voz hace salir llamando". Instante fugaz del
recuerdo que atraviesa las eras y los obstáculos para hacerse presente
en forja de sonido.
Fundamentalmente, la historia no es el simple pasado. La historia
es lo que portamos de otros tiempos en las inscripciones que se
han efectuado en nuestro cuerpo por la acción de las palabras (lenguaje),
ersoiones y sedimentaciones. Una de las determinaciones de la ausencia
de esa historia en la conciencia nos indica que los olvidos no fueron
sino por represión y el retorno de lo reprimido es el surgimiento
de los síntomas. El individuo sufrirá su ausencia de historia como
también sufrirá de y por su historia (querrá ser otro; tema del
hijo adoptivo en la novela familiar). Por ello Freud proponía
como meta clínica el llenado de las lagunas mnémicas y J. Lacan
en el Seminario 1 dice que:
"... la reconstitución completa de la historia del sujeto
es el elemento esencial, constitutivo, estructural , del progreso
analítico".
Por supuesto que esta afirmación nos plantea un ideal ("la reconstitución
completa de la historia") pero eso no quita que nuestra
intención se dirija hacia ese ideal con distinta fortuna.
Nos habíamos preguntado de qué historia se trata, ésta es otra
de las indicaciones que creemos esenciales, no se trata de la historia
individual; la historia,de la que se trata en el psicoanálisis,
supera los limites del individuo para transformarse en una historia
supraindividual (12).
Esta historia es la historia del circuito de lenguaje en el que
está incluido alguien (13).
Pensabamos destacar la rememoración y notamos ahora que nuestro desarrollo
ha proseguido la cuestión de la historia. ¿Por qué?.
Porque la rememoración es volver a memorar la historia particular
y volver a memorarla no es sino escribirla; se trata de la asunción
simbólica (palabra- lenguaje) de lo vivido. La rememoración
se transforma así en la apropiación de lo vivido, y esta apropiación
solo es posible por el advenimiento de nuevas (no escuchadas con
anterioridad, no nuevas en la invención) palabras. Este proceso
es discontinuo y debe desalojar lo que son las creencias del yo,
por eso lo ubicamos en el eje simbólico del esquema "L".

Una advertencia en el final. Los
desarrollos que hemos implementado no admiten fronteras lineales
en planos, hay interpenetración y anudamientos, podemos estar en
un sitio y aparecer en otro. Mito, invocación, reminiscencia, rememoración,
logos, evocación, son tiempos de la palabra. Aún no hemos considerado
sus espacios de escenificación. Pero de nuevo aquí la misma advertencia,
los espacios se incluyen, se pliegan, se laminan y admiten deformaciones.
Tiempo, palabra y espacio se mueven en un juego incesante del cual
somos el resultado.
Notas:
(1) El quien tiene dos direcciones: a. quien soy / b. a quien escucho.
(2) Nos acercamos a una
afirmación de J.Lacan en "Función y campo de la palabra":
la función del lenguaje es evocar. La rememoración se ubica en superposición
con la aparición de las palabras plenas (de sentido). Rememorar
es historizarse con y en los símbolos. Con las palabras en el lenguaje.
(3) Este punto crucial debe ser retomado en relación a la escritura.
(4) Pensemos en la erística,
método de polémicas que proponían los sofistas.
(5) Encadena la palabra a otras palabras. El camino pleno de signos del poema
de Parménides.
(6) Tanto el camino del error en el poema de Parménides o las musas de Hesíodo
(Teogonía) que pueden decir tanto cosas verdaderas como falsas.
(8) Mencionada por una sola vez en Homero, Odisea XIX, 457.
(9) En castellano la mejor traducción de epaoidé sería: encantamiento.
(10) Aunque hay autores
que consideran que sólo con la revolución neolítica y el establecimiento
de culturas históricas (Egipto,Sumer), florece visiblemente el ensalmo.
(11) Otro nombre para esto:
¿historia?.
(12) Seminario I, J. Lacan,
: "la historia supera ampliamente los límites individuales".
Es el tema de la transmisión.
(13) Seminario I, J. Lacan:
"se trata de la lectura, traducción del criptograma, que representa
lo que el sujeto posee actualmente en su conciencia, no solamente
de él mismo sino también del conjunto de su sistema". (Criptograma:
huella misteriosa, cerrada).
Texto
escrito del seminario dictado en "Grupos Clínicos de Buenos
Aires" en el año 1989, titulado "Reflexiones sobre el
Psicoanálisis y el Lenguaje", correspondiente a la primera
reunión del mismo. [Añadidos y revisión: 2001] |
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