| Extranjería
(a propósito de un fragmento de la Eneida)
Lucas
Adur
Construimos
minuciosamente nuestra vida, hasta en los menores detalles. Es una
estructura cerrada, inmanente, y estamos en el centro. Si reservamos
un lugar para la función-amor es dentro de la estructura: previsible,
limitado, controlable.
Aparece
entonces el Otro. La reina Dido pregunta a su hermana respecto de
Eneas:¿Quién es ese huésped que acaba de entrar en nuestra casa?(10).
El Otro es siempre un extranjero que se burla de nuestro poder.
Llega a nuestro reino por sorpresa, quizás escapándose de alguna
guerra anterior. Resistimos al principio, preferimos que nuestra
estructura siga como estaba: muerta, pero razonable. De nuevo Dido:
“El que primero me tuvo unida a sí, se me llevó mi amor / Que el
lo retenga y lo guarde consigo en el sepulcro”(28-29) Pero es imposible.
El extranjero invade nuestro reino, nuestra vida, la destruye y
rehace a placer, nos saca del centro de la estructura, hace que
nuestra vida sea trascendente. Sufrimos, nos alegramos, vivimos
por él. Y somos felices de que sea Otro el que tome las decisiones
acerca de nuesta vida. “Desprovisto de todo lo he acogido. Con el
he compartido mi trono”374. Esperamos que así como le otorgamos
la primacía en nuestra vida, acceda a compartir con nosotros la
suya. “¿Qué reino va a surgir por obra de este enlace?”47
Pero
el Otro, es un extranjero, nosotros no somos más que un lugar de
paso. Cuando los dioses o el mundo lo reclamen, el otro se irá.
(“Ella siempre se va”). “¿Se irá este advenedizo haciendo escarnio
de mi reino? ¿Y no sale toda la ciudad a perseguirle? 590-5. Todo
lo construido se derrumba. Existen entonces fundamentalmente dos
opciones. La primera es la de Dido, la opción clásica, trágica.
Tras la partida, quemar todos sus recuerdos, intentar olvidar. Pero
olvidar es imposible y nos arrojamos sobre la espada del Otro, que
el mismo nos ha dejado como último don. ¿La muerte es un don del
amante?
La
otra es la opción de Derrida, la posmoderna. Sobrevivimos como una
estructura sin centro, devenimos en postestructuras, en postestructuralistas.
El centro abre y cierra el juego, al no haber centro el juego es
infinito. El amor entonces se transforma en juego, nunca más volverá
a ser trascendente, no habrá otro centro, la función-amor se convierte
en objeto de infinitos desplazamientos que no dan ni quitan nada.
Amaremos al extranjero como extranjero, en el extranjero, por fuera
de nosotros mismos. Nunca más volveremos a compartir el reino.
Concepción burocrática del amor: teoría de los
formularios.
El
amor es simple: consiste en que el Otro llene tres formularios.
El primero es excluyente: es el formulario de habilitación. Son
los requisitos básicos, para poder “empezar a hablar”, lo mínimo
e indispensable. Este formulario es generalmente compartido por
todo un grupo, esta culturalmente determinado.
El
segundo formulario es algo más personal. Asigna puntajes a cada
persona. Es un cuestionario del tipo Sí/No. ¿Tiene ojos claros?
Sí. 20 puntos. ¿Canta bien? Sí 50 puntos ¿Leyó Rayuela? No. Lo siento,
10 puntos menos, ¿Qué piensa acerca del amor y la muerte?. Las preguntas
en principio varían de persona a persona e incluso en una misma
persona en distintos momentos. Las preguntas abarcan aspectos físicos,
psíquicos, espirituales, culturales, económicos, astrológicos y
el color favorito del otro.
El
problema es el tercer formulario. Como a Dios, nadie lo ha visto
jamás, sin embargo está. Y tristemente es el fundamental. Tan simple
como que si el otro completa el tercer formulario estaremos irremediablemente
enamorados de él/ella. ¿Cuáles y de qué tipo son las preguntas que
contiene el tercer formulario? No lo sabemos. Tenemos tal vez, alguna
leve intuición, pero nunca podemos arribar a una definición clara.
La existencia de este tercer formulario se prueba claramente con
las paradojas respecto al segundo. Todos hemos encontrado personas
que suman muchísimos puntos en el segundo formulario (nos gusta
su pelo, su cuerpo, su forma de hablar, sus dientes y su sonrisa,
la ropa que usa) pero no consigue enamorarnos. No llena el tercer
formulario. O aquellas personas que difieren punto por punto de
los requisitos de nuestro segundo formulario. Nunca nos fijaríamos
en ellas y sin embargo, no podemos quitárnoslas de la cabeza. De
alguna manera misteriosa, completan el tercer formulario.
Es
algo que no sabemos ni manejamos lo que nos enamora del otro. Si
alguien lograra escribir el tercer formulario, podría entender el
amor.
Tal
vez el tercer formulario es un tipo de autoevaluación. Es el otro
el que escribe las propias preguntas por las que será evaluado.
La
seducción suele estar guiada por el segundo formulario. El otro
observa lo que nos gusta y trata de amoldarse a eso, cumplir nuestros
requisitos. El tipo ideal de seducción debería estar regido por
el tercer formulario, el punto ciego que rige nuestros deseos.
Con-versiones Septiembre
2005
|
|