En Baltimore
Preguntas y respuestas en Baltimore en la exposición
de Goldmann
[...] ciertos lingüistas dicen que las estructuras
del lenguaje no pueden analizarse con independencia de la función
del lenguaje: la comunicación, la necesidad de descifrar un lenguaje
siguiendo reglas binarias. La función de los signos matemáticos
no es comunicación sino para permitir operaciones definidas por
medio de un lenguaje en que cada palabra tiene un significado
exacto. Al analizar las estructuras del parentesco, como hace
Lévi-Strauss, podría uno preguntarse cuál es, además
de la comunicación, la función del parentesco. Cuando usted analiza
las estructuras del mito podría preguntarse si la función de estas
estructuras es la comunicación u otra cosa. Y cuando examina
las estructuras estéticas, el problema creo que está en determinar
sus funciones en la obra, y no simplemente sus funciones sociales.
GOLDMANN: Creo que estamos completamente de acuerdo
en la primera de sus observaciones. He dicho muy explícitamente
que la conducta del animal es trasladable para resolver
problemas, pero que no hay diferenciación de significante y significado
y tampoco comunicación. Una de las ideas centrales de mi charla
era que, en el momento en que aparece la comunicación, se transforma
la naturaleza de lo que yo llamo sujeto: en
lugar del sujeto individual podemos ver entonces el sujeto transindividual,
en el que la subjetividad es solamente un elemento interno.
Por lo tanto, he hecho esta distinción, sí, aunque también hablé
de intersubjetividad. Y resalté el hecho de que no hay conocimiento.
Pero creo que existe también el peligro de olvidar que por medio
del lenguaje y los desvíos de la civilización (división
del trabajo) y la tecnología (el sujeto transindividual a niveles
más y más complicados) todo esto está aún ligado a la práctica.
El gato debe vivir, y, a pesar de todo, los hombres piensan y
actúan, con toda la complejidad que ello implica, en orden a sobrevivir
y a resolver sus problemas. Resalté la diferencia precisamente
donde usted la indica diciendo que el problema no existe para
el gato, sino tan sólo en el estudio que yo hago de él. Pero
creo que debemos resaltar también la relación para evitar la
idea de que el pensamiento puede ser independiente de la práctica.
Todo lo que quiero
decir acerca del sujeto es que para comprender la conducta
del gato debo relacionarla con un ser que actúa y origina transformaciones.
Cada vez que me acerco a un problema
humano, a cualquier nivel, debo -si no quiero verlo
como un fenómeno puramente intelectual o estético- establecer
su inteligibilidad en relación a la conducta. Un cierto caso de
conducta, pensamiento, o imaginación, se hace inteligible solamente
cuando lo relaciono con una situación de grupo. Para las ciencias
naturales esta situación puede ser el género humano en la naturaleza,
pero en otros casos debe ser un grupo mucho más específico. En
este sentido estoy hablando de un sujeto y de una acción
muy mediatizada porque, realmente, creo que la obra de Racine
fue solamente escrita por Racine. Para escribirla él necesitó
toda una visión mundial, todo un grupo de problemas, y una orientación
de soluciones que habían sido llevadas a cabo en Francia, a varios
niveles, por 400 jansenistas y, antes de ellos, por miles de parlamentarios.
Eso es a lo que me refiero cuando hablo del sujeto:
no sujeto individual, sino al sujeto con conducta inteligible.
Hay siempre un sujeto que no es una expresión de la subjetividad
individual, sino de un grupo con categorías mentales para concebir
el mundo y resolver problemas estéticos. La conducta individual
no existe; es principalmente biológica (comer, por ejemplo). Sin
embargo, producir alimentos es una conducta cultural.
Creo, que debemos
estar de acuerdo sobre las funciones. Yo he dicho que todo fenómeno
humano es una estructura en el hecho de que se encuentra comprendido
en un fenómeno mayor, y en una relación que yo puedo comprender
sólo en términos de funciones. Seguramente, hay una función del
elemento en la obra, siendo este elemento una estructura muy reducida
dentro de una obra total. Sin embargo, la misma obra está inserta
una totalidad mayor, y no veo razón para centrarla en la última
página de Phèdre, de Racine. La estructura mayor en que
está inserta Phèdre es múltiple. Primero está su significado
para el individuo, que es estudiado por el psicólogo o el psicoanalista.
Tenemos también un significado en la estructura del siglo diecisiete.
Finalmente, tiene otro significado en cada momento posterior en
la historia. Cada elemento, en cada estructura, tiene una función
en cada totalidad, y esto continúa indefinidamente, así, hay una
función interna pero también una externa.
JACQUES LACAN: M. Goldmann acaba de mostrar cuán difícil será
para mí comunicarles a ustedes, mañana, lo que -con la ayuda
de mi traductor- he comenzado a poner en forma más digna para
este encuentro mismo. M. Goldmann es bien conocido para
ustedes, ya que ha enseñado aquí durante varios meses. Lo que
yo aporte será menos familiar. He tratado de preparar algo que
represente el punto central de mi pensamiento. Como en este proyecto
he estado trabajando durante quince años, comprenderán que la
exposición de mañana no puede ser exhaustiva. Sin embargo, en
orden a facilitar mi tarea y preparar sus oídos, me gustaría decir
esto: Unas pocas palabras concernientes al
sujeto.Me parece que son necesarias desde
que pronuncié el término ayer, e incluso desde que M. Derrida
me preguntó en la cena: «¿Por qué llama
usted a esto el sujeto, a este inconsciente? ¿Qué tiene
que ver el sujeto con él?». En cualquier caso, no tiene que ver
nada en absoluto con lo que M. Goldmann ha llamado sujeto. Por supuesto, es sólo
una cuestión de terminología, y M. Goldmann puede utilizar el
término sujeto con el significado que le parezca.
Pero lo que me gustaría resaltar es el hecho de que lo que caracter¡za
al sujeto de M. Goldmann -que se parece mucho a la definición
común- es la función de unidad, de una unidad unificadora.
Su sujeto es el sujeto de conocimiento,
el soporte (falso o no) de todo un mundo de objetos. Y
M. Goldmann lleva esta función de la unidad a otros campos distintos
del conocimiento, a la esfera de la acción, por ejemplo, cuando
llama a John y James transportando una mesa un sujeto único mientras
estén unidos por esta acción común.
Pero lo que me anima
a hablar es el hecho de que acabo de tener esta experiencia. Yo
mismo (aunque mi nombre es «James» [Jacques] no he movido la mesa
junto con John, pero no lo he hecho por razones de fatiga personal;
hubiera querido hacerlo, y ustedes verán por qué). ¡No obstante,
lo que pasó fue bastante diferente.
Estaba en un
hotel de la localidad, cuyo nombre no mencionaré (todos lo conocen),
y quería que pusieran una mesa, que se encontraba apoyada contra
la pared, al lado de la ventana, a fin de trabajar para este encuentro.
A la derecha de la ventana había una cómoda que lo hubiera impedido.
Tomé el teléfono y pedí que alguien me ayudara. Allí apareció
un digno personaje, de pelo blanco, que tenía sobre el uniforme
la designación (que todavía no tiene un significado muy preciso
para mí, aunque las cosas han cambiado desde entonces) «Bellman»
[*]. No presté atención alguna a este nombre -que
debe significar «hombre hermoso»- en el primer momento.
Le dije al «Bellman» en mi inglés imperfecto (como ustedes verán
mañana, pero suficiente para comunicar una petición), que lo que
quería era poner la mesa al lado de la ventana, y la cómoda en
el lugar donde se encontraba la mesa. Los aquí presentes,
que pertenecen a la comunidad norteamericana, no se sorprenderán
del simple gesto que obtuve como respuesta: «Miré, yo soy el botones.
¿Por quién me toma usted? Ese es un trabajo para el portero.»
Yo dije: «No importa. Todo lo que quiero es que se haga. Por favor,
sea tan amable de notificarlo al portero, de forma que no se haga
demasiado tarde.» Debo decir que con rapidez sorprendente para
este hotel apareció allí el portero y reclamó entonces el servido
de dos negros (de nuevo sin esperar mucho, ya que era capaz de
explicar el sujeto de mis deseos). Llegaron y, aparentemente prestando
muy poca atención a mi pedido (incluso parecía que pensaban en
otra cosa), hicieron lo que pedí. Lo hicieron, diría yo, casi
perfectamente, pues cometieron algunas pequeñas imperfecciones
en el trabajo, pero imperfecciones tan definidas que no podrían
haber sido intencionales.
Ahora, ¿dónde está el
sujeto de este pequeño
relato? A primera vista (pero en seguida verán ustedes por qué,
no me paro en esto) el sujeto
soy obviamente yo mismo, ya que soy el que se encuentra queriendo
en toda la situación, porque lo importante en la historia
no es obviamente el hecho de que yo era alguien que dio la orden
y, finalmente, obtuvo la satisfacción, sino la manera en que me
equivoqué al no preguntar, en primer lugar, por la persona
apropiada de entre la jerarquía reinante en el hotel, a fin de
obtener este servicio sin demasiado retraso. De todas formas,
esto me da la oportunidad de poner de
relieve la diferencia entre el sujeto y la subjetividad.
Yo, seguramente, podría ser el sujeto si sólo fuera cuestión
de subjetividad. Yo soy la subjetividad en tanto que,
innegablemente, evidencié a lo largo del suceso una cierta impaciencia.
Por otra parte, lo
que a mí me parece sujeto es realmente algo ni intra, ni
extra ni intersubjetivo. Lo que preguntaré
para clarificar al sujeto de este suceso (y no lo tomen inapropiadamente;
lo digo sin la menor intención derog atoria, pero soy plenamente
consciente del peso de lo que voy a proponer) es: ¿Qué clase
de sujeto caracteriza un estilo
de sociedad en la que todo el mundo está teóricamente tan
dispuesto a ayudarte como lo expresa la pregunta «¿Puedo hacer
algo por usted?». Es la pregunta que inmediatamente te hace tu
compañero de asiento cuando tomas un avión -es decir, un
avión norteamericano, con un compañero, de asiento norteamericano.
La última vez que volé de París a Nueva York, con aspecto muy
cansado por razones personales, mi compañero de asiento, igual
que una madre, literalmente me puso la comida en la boca durante
el viaje. ¡Tomó trozos de carne de su propio plato y me
los metió entre los labios! ¿Cuál es, entonces, la naturaleza
de este sujeto, que se basa en el primer principio, y que, por
otra parte, hace imposible obtener en servicio? Esta
es mi pregunta, y creo, como recuerda mi relato, es aquí, a nivel
de este abismo- que no se acopla ni a la intra
ni a la inter ni a la extrasubjetividad- donde
debe plantearse la cuestión del sujeto.
CARROLL PRATT: Quizás sea pertinente un comentario
final a la disertación de M. Goldmann y a las animadas ideas expresadas
en ella, especialmente la insistencia en que una obra literaria,
o cualquier obra de arte, no puede comprenderse ni criticarse
bien fuera del ambiente social, ético, económico y religioso en
el que ha sido creada y producida. Este argumento es una
extensión y una aplicación de la doctrina de la Gestalt [...]
No nos
es posible precisar la fuente de la cual proviene el texto de
la Conferencia ya que se trata de fotocopias que no indican los
datos editoriales en el cual fue publicado.
Corrección
del texto: C. Falco
Selección
y destacados: S.R.
Relacionar con:
Hacia y en Baltimore - M.G / E. R. >>>
Conferencia en Baltimore - J. Lacan >>>
Después de Baltimore - E. R. - J. L. - J. D. >>>
La estructura en las ciencias sociales - J. Derrida
>>>
Entrevista con Christian Descamps - J.Derrida >>>
Tener oído para la filosofía - Entrevista de Lucette
Finas con J. D. >>>
Escoger su herencia - E. Roudinesco / J.Derrida -
Capítulo 1 >>>
Con-versiones Septiembre
2005