Seminario XVI: De un Otro al otro
Jacques Lacan
Clase 5 (11 de Diciembre
de 1968)
Noté, algunas veces, por mi parte, pequeñas mañas
en vuestra intención. Entonces, en el momento de revolver papeles,
reencontré uno que va a justificar mi entrada en tema.
"Es lamentable
- escribía yo, ya no sé cuando - que Dios sirva para ser descartado por lo que nosotros
llamaremos la proscripción de su Nombre". Eso tomó forma de entredicho,
precisamente allí donde podría saberse mejor, lo que a él se refiere
en relación a la función de ese término Dios - a saber, entre
los Judíos.
Saben que entre ellos
él tiene un nombre impronunciable. Y bien, esta proscripción,
justamente, sirve para descartar -comenzaba a decir- un cierto
número de referencias absolutamente esenciales al sostén del yo
(je) con una luz suficiente. Suficiente para que no se lo pueda
arrojar -existe yo (je) allí dentro- arrojar a los perros, es
decir, a los profesores.
Eso de lo cual, en suma
he partido la última vez -lo han escuchado, sino visto- casi pese
a mí, plantear en primer lugar y por delante esta referencia yo (Je) por el intermedio del Dios
en cuestión. He traducido eso que fue proferido un día bajo la
forma "eye acher eye"(sic) por "Yo soy lo que yo
es". Les dije, entonces, haber sido desbordado yo mismo,
un poco, por el avance de esta noción que he justificado como
traducción -o creo haber justificado. Luego dije que, después
de todo, allí, el Sinaí había hecho emerger, pese a mí, el piso
entre las piernas. Esta vez no he recibido papelito -sin embargo
lo esperaba- alguien que me hiciera destacar que esas palabras
surgieron de la zarza ardiente (1).
¿Ven lo que habría hecho, si yo les hubiera dicho que la zarza
ardiente me había salido de entre las piernas? Es precisamente
en eso que la frase se da órdenes a ella misma, retroactivamente.
Es porque yo quería terminarla entre las piernas, que he puesto
el Sinaí en el lugar de la zarza ardiente. Tanto más que, después
de todo es de las continuidades de la cosa de lo que se trata
sobre el Sinaí. Es decir que, como ya lo hice destacar en el Seminario
sobre la Etica, aquello que es enunciado -por lo menos
en mi decir- como "Yo soy lo que yo es", aquello bajo
la forma de lo cual después se transmite en el imperativo de la
lista de los diez Mandamientos, dichos de Dios, no hacía -lo he
explicado hace bastante tiempo- más que enunciar las leyes
del "Yo hablo".
Es verdad, como lo he
enunciado, que la verdad habla "Yo".
Parece ir de suyo que "Tú no adorarás más que aquél que ha
dicho:"Yo soy lo que es y tú no adorarás más que a él".
En la misma consecuencia,
"Tú amarás" - como también se dice - "a tu prójimo
como a tí mismo", no siendo "tí mismo" otra cosa
que eso en lo cual, el es dicho, en esos mismos mandamientos,
eso a lo cual uno se dirige como a un "Tú", un "Tú
eres" (Tu es) cuya ambigüedad verdaderamente mágica en la
lengua francesa he subrayado desde hace tiempo.
Ese mandamiento, cuyo
preludio subyacente es ese "Tú eres" los instituye como
Yo (je). Es también el mismo vientre ofrecido a ese "matando"
(tuant) que hay en toda invocación. Y se sabe que eso no existe
lejos de la orden a la que se responde allí. Todo Hegel está
construído para mostrar lo que se edifica en ese punto.
Se los podría tomar
uno por uno, pasando, con seguridad por aquel sobre la mentira,
después, enseguida sobre ese entredicho de "No codiciar la
mujer, el buey ni el asno de tu vecino" que es siempre aquél
que te mata (te tue). Mal se ve lo
que se podría codiciar de otro, estando precisamente allí la causa
del deseo.
Es de destacar que,
seguramente, por una solidaridad que participa de la evidencia,
no hay palabra, hablando con propiedad, más que allí donde la
clausura de tal mandamiento la preserva. Lo que explica bien porque
a esos mandamientos,
desde que el mundo es mundo, nadie los observa muy exactamente,
y que es por eso que la palabra,
en el sentido en que la verdad habla Yo (Je), permanece profundamente
oculta y no emerge más que para mostrar un pequeño cabo de la
punta de la nariz, de tiempo en tiempo, en los intersticios del
discurso.
Conviene, pues, conviene
en la medida que existe una técnica confiable al discurso, para
reencontrar allí algo, un camino, una vía, como se dice que se
presume no ser sino en relación con -como uno se expresa, pero
desconfiemos siempre de los anversos del discurso- la verdad y
la vida. Conviene, quizá, interrogar de más cerca aquéllo que,
en ese discurso, se funda como pudiendo seducir, darnos un puente
hacia ese término radical, inaccesible, que con alguna audacia
el último de los filósofos, Hegel, cree poder reducir a
su dialéctica.
Para nosotros, es un
abordaje que es el que he comenzado a franquear, es ante el otro,
como permitiendo cernir un desfallecimiento lógico, como lugar
de un defecto de origen llevado en la palabra, en tanto que ella
podría responder, es allí que aparece
el Yo como primeramente asujetado (assujetti), como asujeto
(assujet) y lo he escrito en alguna parte, para designar a ese
sujeto en tanto que en el discurso no se produce jamás más que
dividido. Si el animal que habla
no pudiera estrecharse al partenaire más que asujetado en primer
lugar, es porque él ha sido siempre ya hablante en la aproximación
misma de este abrazo. El no puede allí formular el "Tú
eres" más que si él mata (il tue), que
si él otrifica al partenaire, que él hace lugar del
significante.
Aquí se me permitirá
volver un instante sobre ese "Yo es" de la última
vez del cual, en tanto, y por un mismo paso mal hecho, he visto
volver la objeción de que, al traducirlo así yo reabría la puerta,
digamos, al menos a una referencia
de ser. Que ese "es"
fuera oído por una oreja al menos, como un llamado al ser,
si según la terminología de la tradición "él es"
está suspendido, es lo que yo enunciaría por algún orden de naturaleza
-en el sentido más original- subsistiendo en esta naturaleza que
la tradición edifica a este ser supremo para responder allí de
todos los estados. Todo cambio, todo giro alrededor de él, toma
el lugar pivote del universo, esa "x" gracias a la cual
hay un universo .
Nada más alejado de
la intención de esta traducción que lo que he formulado, para
hacerlo escuchar puedo retomar en "Yo
soy eso que es el Yo". Digamos que aquí "él
es" se lee mejor y que volvemos a enunciar propiamente
en el Yo, lo que da el
fondo precisamente de la verdad, en tanto que ella habla solamente.
Esos mandamientos que la sostienen, -lo he dicho hace un momento
suficientemente- son propiamente lo antifísico y no pueden dejar
de referirse a eso que se llama "decir la verdad". ¡Ensayen,
entonces! En ningún caso, es este un punto ideal, es del caso
decirlo, nadie sabe ni lo que eso quiere decir. Desde que se sostiene
un discurso lo que surge son las leyes de la lógica, a saber,
una fina coherencia ligada a la naturaleza de lo que se llama
articulación significante. Esto es lo que hace que un discurso
se sostenga o no, de allí la estructura de esta cosa que se llama
el signo, que tiene que ver con lo que se llama comúnmente la
letra, para oponerla al espíritu. Las leyes de esta articulación
que, en primer lugar, domina el discurso.
Lo que he comenzado
a enunciar en mi exposición de este año es
el campo del Otro para probarlo
como concebible a título de campo de inscripción de eso que así
se articula en el discurso. Ese campo del Otro,
en primer lugar, no está para darle ninguna encarnación; es a
partir de su estructura que podría definirse la posibilidad del
"tú" que va a alcanzarnos y llamar a
alguna cosa -tercer tiempo- que tendrá que decirse yo
(je). Está claro que lo que va a mostrarse es lo que
nosotros esperamos, es lo que sabemos bien: que ese
yo (je) es impronunciable en toda verdad. Es precisamente
por eso que todo el mundo sabe hasta que punto es obturante y
que, como lo recuerdan las leyes de la palabra -aquéllas a las
cuales me he referido hace un momento- es preferible no decir
jamás "Yo juro".
Entonces, antes de prejuzgar
lo que se refiere al Otro, dejemos abierta la cuestión.
Que eso sea, simplemente, la página
blanca; aún tiene ese estado. Nos traerá bastante
dificultades, en tanto que eso es lo que he demostrado en el pizarrón
la última vez, esos casos supuestos que ustedes han inscripto
sobre esta página blanca -a condición que sea página, es decir
terminada- o sea, la totalidad de los significantes, lo que es,
después de todo, concebible en tanto ustedes pueden elegir un
nivel en el cual él se reduce a los fonemas. Esto es demostrable
con la única condición de creer que puedan reunir allí lo que
sea, algo de lo cual puedan enunciar ese juicio, esto es el sujeto, este es el término necesario para esa
reunión. Esa elección se situara forzosamente fuera de esta totalidad.
Es fuera de la página blanca que está el S2, aquel que
interviene cuando yo enuncio "el significante es lo que representa
un sujeto para otro significante". Este otro significante,
el S2, estará fuera de la página.
Es necesario partir
de ese fenómeno demostrable, como interno a toda enunciación como
tal, para saber todo lo que podremos tener que decir a continuación
de lo que sea que se enuncia. Es por lo que vale aún si se retrasa
un instante allí.
Tomemos la enunciación
más simple. Decir que alguien anuncia que llueve, no se juzga, no puede juzgarse plenamente
más que en retrasarse, en lo que hay de emergencia en el hecho
que sea dicho que existe el "llueve";que el acontecimiento
del discurso por el cual aquel mismo que lo dice se plantea como
secundario. El acontecimiento consiste
en un dicho. Aquel, sin duda, del cual el "él"
marca el lugar. Pero es necesario desconfiar. El sujeto
gramatical que, por otra parte, puede presentar según las
lenguas distintas morfologías no está necesariamente aislado;
el sujeto gramatical tiene relación
aquí, con lo que he llamado, hace un momento, el "fuera de
campo", más o menos individualizado como acabo de llamarlo,
es decir también, por ejemplo, reducido a una desinencia "llueve"(pleut).
La t, esa pequeña t, por otra parte que encontrarán ustedes paseándose
por toda suerte de rincones del mismo francés, ¿por qué vuelve
a ubicarse allí donde no tiene nada que hacer, en un adorna él
(orne-t-il), por ejemplo; es decir, allí donde no está enteramente
en la conjugación? Ese sujeto gramatical, pues, tan difícil de cernir, no
es más que el lugar donde viene a representarse algo.
Volvamos sobre ese S1
en tanto que es él quien representa ese algo, y recordemos
cuando la última vez quisimos extraer del campo del Otro
como se imponía ese S2, en tanto no podía sostenerse allí
para reunir los S alfa, S beta, S gama, donde pretendíamos aprehender
el sujeto. Es en tanto, justamente que en el campo del Otro,
hemos definido esos tres S por una cierta función -llamémosla
R- definida por otra parte, a saber que x no era siempre equivalente
de x y que esa R(x) es lo que transformaba todos esos elementos
significantes, en la ocasión, en algo que permanecía abierto,
indeterminado y tomaba, para decirlo todo, función de variable.
Es en tanto hemos especificado
eso a lo que debe responder esta variable, a saber una proposición
que no es cualquiera, que no es, por ejemplo que la variable deba
ser buena o no importa cuál otra -o roja, o blanca- sino que debe
ser sujeto, que surge la necesidad de ese significante como otro, que no podría de ningún modo
inscribirse en el campo del Otro.
Ese significante está precisamente bajo su forma más original, lo que
define la función llamada del saber. Tendré que volver allí,
seguramente, pues este lugar, aún por relación a lo que ha sido
enunciado hasta aquí, en cuanto a las funciones lógicas quizá
no acentuado suficientemente es que, tratar de calificar al sujeto como tal nos pone fuera del Otro.
Ese "nos pone" es quizá, una forma del "nos lleva"
que nos llevará más lejos de lo que pensamos.
Aquí me será suficiente
interrogar, si no es verdad que las dificultades que nos aporta,
en una reducción lógica el enunciado clásico -quiero decir
aristotélico- del universal y de la proposición particular,
no se sostienen. Esto es lo que no se percibe más que allí: es
fuera del campo, fuera del campo
del Otro que deben ser ubicados el "todos"
y el "algunos" y que no tenemos menos embarazo
al darnos cuenta que las dificultades que engendra la reducción
de esas proposiciones clásicas, en el campo de los cuantificadores,
tienen algo más que decir que el "Todos los hombres son buenos
o malos". Poco importa, la justa fórmula sería enunciar "los
hombres" o cualquier otro, cualquiera que sea que puedan
vestir con una letra en lógica "son todos buenos". Brevemente,
que al poner fuera del campo la función
sintáctica del universal y del particular, tendrán menos dificultades
en reducirlos inmediatamente al campo matemático, pues el campo
matemático consiste justamente en operar desesperadamente, para
que el campo del Otro se sostenga como tal. Este
es el mejor modo de probar que no se sostiene -pero probarlo enviándolo
a articularse en todos los pisos- pues es a niveles bien diversos
que no se sostiene.
Lo importante es ver
que en tanto que ese campo del Otro es como se dice técnicamente
"no consistente" que la enunciación toma el giro de
la demanda.
Esto antes que lo que pueda responder carnalmente -lo que fuere-
hasta haya venido a ubicarse.
El interés de ir tan lejos como sea posible en la interrogación de ese campo
del Otro como tal, es el de notar allí, que es en una serie
de niveles diferentes que se percibe su falla. No es la misma cosa,
y para hacer la prueba es allí que los matemáticos nos aportan
un campo de experiencias ejemplares, pues ellos pueden permitirse
limitar ese campo a funciones bien definidas.
La aritmética, por ejemplo.
Poco importa aún, por el momento, lo que esta búsqueda aritmética
manifiesta de ello. Han escuchado bastante para saber que en esos
campos, y elegidos entre los más simples, la sorpresa es grande
cuando descubrimos que falta, por ejemplo, la
completitud. A saber, que no puede decirse que lo que sea
que allí se enuncia, deba ser demostrado, o bien demostrado que
no. Pero, mas aún que en tal campo, y entre los más simples, puede,
quizá, ponerse en cuestión que algo, algún enunciado sea allí
demostrable, que se dibuja otro nivel de una demostración posible.
Que un enunciado no sea allí demostrable, pero que devenga muy
singular y muy extraño más en ciertos casos ese "no demostrable"
mismo, escapa para algo que se enuncia en el mismo campo. Esto
es, a saber, que no pudiendo ser afirmado que él no es demostrable
se abre una dimensión distinta que se llama lo "no decidible".
Esas escalas
no tienen incertitud, pero faltan en la textura lógica, son ellas
mismas quienes pueden permitirnos aprehender que el sujeto
como tal, podría de alguna manera encontrar allí su apoyo, su
estatuto. La referencia -para decirlo todo- que, al
nivel de la enunciación, no satisface como adhesión a esta falla
misma. No les parece que como, quizá, a condición que un auditorio
tan numeroso tenga allí alguna complacencia, podríamos hacerles
sentir en alguna construcción -como ya lo he hecho a propósito
de ese campo del Otro- que al resumirlo, pueda ser, de algún
modo necesario en un enunciado de discurso, que no podría siquiera
tener allí de significante como parece, puede hacerlo; pues, al
abordar ese campo del exterior, de la lógica,
nada nos impide, parece, forjar el Significante del cual se connota
lo que, en la articulación significante misma hace defecto; si
él puede -lo que aquí dejo al margen- articularse
en ese algo -y ésto es lo que ha sido hecho- que demuestra
que no puede situarse ese significante del cual un sujeto, en último término se satisface para identificarse allí
como idéntico al defecto mismo del discurso -si
ustedes me permiten aquí esta fórmula abreviada- es que
todos aquéllos que están aquí y que son analistas se dan cuenta
que este orden está falto de toda exploración, que la
noción de la castración que es precisamente lo que
espero que hayan sentido al pasar, es el análogo de lo que se
enuncia. La noción de castración
permanece tan ligera, tan incierta y se encuentra manejada con
el espesor y la brutalidad que se sabe. A decir verdad, en la
práctica no es manejada del todo. Se la substituye por lo que
otro no puede dar. Se habla de frustración allí donde se
trata de otra cosa. En el momento, es por la vía de la privación
que se aproximan a ella, pero ustedes ven que esta privación
es justamente lo que participa de ese defecto inherente al asunto
que se trata de cercar.
Brevemente; no haré,
para dejar eso de lo cual hoy no hago más que trazar el circuito,
sin siquiera poder preveer lo que de aquí a fin del año llegaré
a hacerles soportar más que simplemente; al pasar, indico que
si algo ha podido ser enunciado en el campo lógico, ustedes
pueden -todos aquellos- al menos si tienen alguna noción de los
últimos teoremas avanzados en el desarrollo de la lógica -aquéllos
saben que ésto es precisamente en tanto que ese S2, a propósito
de tal sistema, sistema aritmético por ejemplo, juega propiamente
su función, en tanto que es del afuera que él cuenta, todo lo
que puede teorematizarse en el interior de un gran A bien
definido, que es en tanto, en otros términos, que este "él
cuenta", y un hombre de genio que se llama Gödel ha
tenido la idea de darse cuenta que aquello estaba en tomarlo a
la letra, que a condición de dar su
número -llamado de Gödel- a cada uno de los enunciados
de los teoremas situables en un cierto campo, algo más certero
podría ser cercado de lo que nunca había sido formulado -en lo
concerniente a lo que acabo previamente de enunciar- cuando ello
se llama la completitud o lo
decidible.
Está claro que todo
esto difiere de un tiempo pasado, en el cual podía enunciarse
que después de todo los matemáticos no eran más que tautología
y que el discurso humano podía permanecer allí pues este es un
campo que en ese decir habría sido el mismo de la tautología.
Que hay en alguna parte una A que permanece, una gran A
idéntica a sí misma, y todo difiere a partir del tiempo en
que esto es refutado. Refutado del modo más seguro, que es un
paso, que es una adquisición y que se encuentra confrontado en
la experiencia, en una experiencia que nos parece como una aporía
trascendente a la mirada de una historia natural, como es la experiencia
analítica. No vemos el interés de ir a tomar apoyo en el campo
de esas estructuras. De esas estructuras como lo he dicho,
en tanto que ellas son estructuras
lógicas para situar, para poner en su lugar eso de
lo cual debemos ocuparnos en el campo de otra enunciación, aquella
que la experiencia freudiana permite y que también ella dirige.
Es, pues, en primer
lugar, en tanto que el Otro no es consistente, que la enunciación
toma el giro de la demanda, y esto es lo que da
su alcance a lo que, en el gran grafo completo (aquél que
he dibujado aquí) se inscribe bajo la fórmula S tachado
punzón de D. No se trata más que de eso que se enuncia
de un modo que no es enunciado, es en ésto que se distingue de
todo enunciado. Lo que es allí sustraído, ese "Yo digo",
es la forma en la cual el Yo (je) limita. El yo de la gramática puede aislarse fuera de todo
riesgo esencial, puede sustraerse de la enunciación y, por ese
hecho, se da su reducción en el enunciado. Si ese "Yo
digo que", al no ser sustraído, deja íntegro el que por
el sólo hecho de la estructura del Otro, toda enunciación,
cualquiera que sea, se hace demanda.
Demanda de lo que le falta a este Otro, que al nivel de ese
S tachado punzón de D, es una cuestión doble,
es "Yo me demando lo que tú deseas" y su
doble que es precisamente la cuestión que hoy puntuamos, a saber:
"Yo te demando no quién soy
yo, sino aún más lejos, lo que es Yo" (Je).
Aquí se instala el nudo
mismo que es aquel que he formulado al proferir que el
deseo del hombre es el deseo del Otro, es decir que -si puede
decirse- si toman los vectores tal como ellos se definen sobre
ese grafo, a saber, viniendo del punto de partida de la cadena
significante y por aquí, a la encrucijada designada por
S tachado punzón D, ese retorno que completa la retroacción aquí
marcada, es realmente en ese punto d(A) -deseo del Otro-
que convergen esos dos elementos que he articulado bajo la forma
"Yo me demando lo que tú deseas".
Es la cuestión que se bifurca al nivel mismo de la institución
del A, lo que tú deseas, es decir lo que falta, ligado
a lo que yo te estoy asujetado, S(A tachada). Si
por otra parte, yo te demando lo que es Yo (je), al estatuto del tú
como tal, en tanto que es aquí que él se instala, lo marco en
rojo. Ese estatuto del tú, está constituido por
una convergencia, una convergencia que se hace a partir de toda
enunciación en tanto que tal; la enunciación
indiferente del análisis en tanto que es así que se plantea
la regla, en principio. Si ella gira
a la demanda es porque es radicalmente de su función misma
de enunciación el ser demanda, concerniente al tú y el
yo. En cuanto al tú, esas demandas convergentes,
son interrogación suscitada por la falta
misma en tanto están en el corazón del campo del Otro estructuradas
de pura lógica; -es precisamente lo que va a dar
valor y alcance a lo que se dibuja, en tanto lo que vectoriza
del otro lado del grafo, a saber que la división del sujeto se hace sensible como esencial.
Esto es lo que se plantea como Yo (je). A la demanda de "Quién es yo",
la estructura misma responde por ese rechazo significante de A,
tal como yo lo he inscripto en el funcionamiento de ese grafo,
pero lo que es aquí el tú, se instituye por una convergencia entre
la demanda más radical, aquélla que se nos hace a nosotros analistas,
la única que sostiene en último término, el discurso del sujeto:
"Vengo aquí para demandarte"... en el primer tiempo es
precisamente de "quién soy yo"
de que se trata. Si es al nivel del "quién
es yo" que es respondido, es seguro que es
la necesidad lógica quien da allí ese retroceso.
Convergencia, pues,
de esta demanda y aquí, ¿qué?; de una promesa ese algo que, en
S2 es la esperanza de la reunión de ese Yo (Je). Es precisamente lo
que he llamado con el término sujeto supuesto saber, es
decir, esta primera conjunción, S1
ligado a S2 en tanto
-como lo recordé la ultima vez en el par ordenado- es
ella, es esta conjunción, ese nudo, el que funda el saber.
¿Qué decir, entonces?
Si el Yo (Je) no es sensible más que en esos dos polos,
divergentes, de los cuales uno se llama lo que aquí articulo como
el no, el rechazo que da forma a la falta de respuesta (S
de A tachada) y el otro que está allí articulado como
s(A), ¿qué es esta significación? Pues ¿no está
claro que todo ese discurso que hilo para dar armazón al Yo
(Je) de la interrogación por la cual se instituye esta
experiencia, no está claro que prosigo dejando fuera -a menos
hasta ese punto al cual arribamos aquí- alguna significación?
¿Qué decir? ¿Que después
de haberles formado largos años sobre la diferenciación de origen
lingüístico del significante como material del significado, como
su efecto, dejo aquí sospechar, aparecer, que algún espejismo
resposa al principio de ese campo definido como lingüística, en
esa suerte de sorprendente pasión con la cual el lingüista articula,
que lo tiende a aprehender en la lengua es pura forma, no contenido?
Quiero aquí conducirlos
a ese punto que produje -digamos- en mi primera conferencia, en
primer lugar ante ustedes, y no sin intención, bajo la
forma del pote -nada que aquellos que toman notas sepan
que no es sin premeditación en lo que se podría llamar, en un
primer campo,mis disgresiones- y si he venido disgresivamente
antes, sobre el pote de mostaza, no es sin razón y pueden recordar
que he hecho lugar a lo que, en las
formas primeras de aparición, de ese pote, es importante
señalar: ésto es, que no hay allí falta, nunca; que su
superficie tiene las marcas del significante
mismo. ¿Es que no se introduce allí ésto donde el
yo se formula? Es que lo que sostiene toda creación humana,
de la cual ninguna imagen ha parecido nunca mejor que el
trabajo del alfarero, que es, precisamente, hacer ese utensilio
que nos figura, por sus propiedades, que nos figura esta imagen
que el lenguaje del cual está hecho, pues donde no hay lenguaje
no hay obrero, que ese lenguaje es un contenido. Es suficiente
un instante para pensar que la referencia misma de esta oposición,
filosóficamente tradicional de forma
y contenido, que es esta misma fabricación la que está
allí para introducirla. No es por nada que yo señalé -en mi primera
introducción de ese pote
-que allí donde se lo libera al acompañamiento del muerto en la
sepultura se pone allí esta adición y que, precisamente, se la
agujerea. Es, precisamente, en efecto, que su principio espiritual,
su origen de lenguaje es que haya en alguna parte un agujero
por donde todo se va. Cuando se reúnen en su lugar aquéllos que
han pasado más allá, el pote
también reencuentra su verdadero origen, a saber el agujero que
estaba hecho para enmascarar en el lenguaje. Ninguna significación
que no huya a la mirada de lo que contiene un corte. Es bien singular
que haya hecho este hallazgo que no estaba ciertamente hecho en
el momento en que yo les enuncié esta función
del pote.
Yendo a buscar, mi Dios,
allí donde me remito habitualmente, a saber al Bloch y von Wartbug
lo que puede referirse al pote,
he tenido, si puedo decirlo, la buena sorpresa de ver que ese
término, como lo testimonian aquellos, parecería pertenecer al
Bajo-Alemán y al Neerlandés con los cuales tenemos en común el
precéltico. Pues, sí; nos viene de lejos, del neolítico, no menos.
Pero hay más. Es que para tener esta idea para darle al menos
una pequeña baza, nos fundamos sobre esos potes que tenemos de
antes de la invasión romana, o más exactamente como representando
lo que estaba instituído antes de ella, a saber los potes que se desentierran, parece en la región
de Treves. Bloch y von Wartbug se expresan así: "Vemos allí
inscripta la palabra potus". Esto para ellos, es suficiente,
para designar el origen muy antiguo, en tanto se trata de un uso
que indica "potus" a título hipocorístico (hipochoristique)
como se expresan para designarla los fabricantes. ¡Qué importa!
La única cosa que para mí importa es, que cuando
el pote aparece está siempre marcado sobre su superficie
por un significante que él soporta. El pote aquí nos da
esta función distinta de la del sujeto, en la medida que
en la relación al significante, el sujeto no es
previo, sino una anticipación. El es supuesto hypokeimenon
(2),
es su esencia, su definición lógica supone casi induce, ciertamente,
que él no es el soporte. Por el contrario es legítimamente
que podemos dar al significante un soporte fabricado
y hasta diría, de utensilio. El origen del utensilio en
tanto que distingue el campo, la fabricación humana está propiamente
allí (3).
La fabricación como
producto, he ahí que lo que servía como trampa para velarnos lo
que se refiere a la esencia del lenguaje en tanto que,
por su esencia, propiamente no significa nada. Lo que lo
prueba es que el decir en su función esencial no es operación
de significación y es precisamente así que nosotros mismos, analistas,
lo entendemos. Lo que buscamos es a
aquellos que no tienen Otro, pero el S2 fuera del
Otro como tal, suspende lo que del otro se articula como
fuera del campo. Allí esta la cuestión de saber que es de ello
en el sujeto. Y si ese sujeto no puede de ningún modo ser
aprehendido por el discurso, allí también está la justa articulación
de lo que puede sustituirse. El sentido de lo que de ello se
refiere a la castración se equilibra con aquello del goce,
pero no es suficiente percibir esta relación como seguramente
en eso que se ha manifestado en un tiempo que nos es próximo,
donde algo al mismo tiempo se grita, necesidad de verdad,
llamado el goce. No es suficiente seguramente aspirar
al goce sin trabas, si es patente que el goce no puede articularse para ser todo,
hasta incluído en el lenguaje y el utensilio. No
puede articularse más que en ese registro de resto inherente al
uno y al otro que he definido como el plus de gozar.
Aquí retomaremos nuestro discurso el 8 de Enero.
Notas:
(1)
Ver Antiguo Testamento, Exodo, 3.
(2)
Hipokeimenon:
sujeto en griego; especialmente en el tratamiento que da Aristóteles
a este tema, hipokeimenon, lo que está, yace, por debajo. Para
delimitar -mínimamente- las implicancias del término hipokeimenon
(sujeto) en Aristóteles debemos referirnos brevemente al "ser"
y su conceptualización particular, que trata de evitar en especial
las dificultades suscitadas por este término desde Parménides
en adelante. Es así que Aristóteles va a plantear que: "El
ser se dice en varios sentidos" (Metafísica). Diferenciará
al verbo ser en cuanto expresa la realidad o existencia, y cuando
indica atribucion (predicación). Luego distingue dos formas de
predicación, por esencia (género) y por accidente, que es de tal
o cual modo. El predicado es, entonces, género o accidente (Categorías).
(3)
Para
utensilio, útil, ver "Ser y tiempo", M. Heidegger, primer
parte.
Traducción:
A.M.Gómez
Corrección
del texto: C.Falco
Revisión,
notas y destacados: S.R.
Con-versiones julio 2005