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Seminario XII: Problemas cruciales para el psicoanálisis
Jacques
Lacan
Clase 9 (24 de febrero de 1962)
Los saludo
como quien está feliz de reencontrarlos después de una larga
ausencia. Quiero precisar ciertos puntos a causa de algunas
irresoluciones - algunas precisiones sobre las personas
munidas de una tarjeta provisoria u otra-. Quisiera introducir
los que ustedes escucharán con algunas distinciones destinadas
a situar a las personas que, viniendo con un prejuicio de hacer,
quiero decir, la idea que ellas se hacen de lo que debe ser
hecho en esos seminarios cerrados podrían no realizar muy bien
lo que vendrá.
Escucharán hablar de lógica. Supongo la cosa no sorprenderá que aquellos
que siguen desde hace bastante tiempo mi enseñanza, debe, para
esas personas, dibujarse de modo cada vez más firme que existen
relaciones íntimas, profundas, esenciales entre el psicoanálisis
y la lógica. No supongo que aquí todo el mundo,
ni siquiera muchos, sean lógicos y que yo pueda dar crédito,
por poco que sea, que tengan la ocasión de referirse a la introducción
de no importa que tratado de lógica. Los lógicos, para situarles,
se sorprenderán hasta que punto el orden de dificultades que
el lógico encuentra para ubicar su ciencia en la jerarquía...
Su analogía corresponde a las dificultades que puede tener el
análisis.
Esto no es más que una indicación. El
psicoanálisis es una lógica.
Inversamente se puede decir que la lógica tiene mucho que esclarecer
sobre ciertas cuestiones radicales planteadas en el psicoanálisis.
Ateniéndonos a la fenomenología más sumaria, lo que admira es
aquello que viene del exterior. Cuando ocurre y se escucha al
psicoanalista expresarse sobre el valor, el acento, la traducción
a dar a tal manifestación, a tal comportamiento, en tal síntoma,
es algo que se manifiesta por la idea de una cierta ausencia
de lógica, al menos de un cierto vuelco, de un cierto desorden.
En la lógica se puede encontrar la objeción que se extraerá
en psicoanálisis, la misma conclusión; ¿es
decir que la interpretación analítica, la estructuración, da
un precio muy elevado a la lógica? Justamente, no. Este uso
psicoanálitico de la lógica es una razón más para nosotros de
interrogarnos sobre lo que son sus reglas efectivas, pues eso
no funciona sin regla. Es para nosotros una sugestión
más incitante para meternos allí, en la lógica, hasta para percibir
que la verdadera cuestión es ver si no hay alguna relación profunda
que haga que la cuestión que se plantean los lógicos: ¿sobre
qué está basada la lógica?, el medio de sacar partido de ello.
¿Por qué milagro?, ¿Sobre qué lleva esta efectividad la lógica?
Los lógicos lo destacarán. A la lógica se la observa,
pero no hay necesidad de pensar ahí de tal modo. Si no fuera
que, al observarla, se hacen, alguna vez, falsos pasos de lógica.
Uno no piensa todo el tiempo en seguir las reglas de la lógica.
Se puede decir muy bien que uno se pasa de la lógica, es decir
de las reglas del buen razonar. Pues como el analista hace más
de eso, se tiene la sensación, se da el sentimiento fuera, que
no se tienen en cuenta, que se pasan por alto, que lo que ella
ha tomado vuelve a ser una cuestión de primerísimo plano. Estas
son verdades enteramente generales.
Hay un segundo plano que es aquel del cual he partido,
a saber: la enseñanza que he dado, organizada, escalonada,
desde hace algunos años. He valorizado allí funciones
que no he inventado de ningún modo. Ellas no son latentes,
son patentes, articuladas en el interior del análisis y hasta
en los autores que no las expresan según las mismas funciones
como yo lo hago, están presentes, manifiestas. Están allí desde
el origen.
Puedo describir una parte, un panel, una cara de lo que he articulado como la
tentativa de establecer una lógica de la falta. Decir
eso no es suficiente. Así, desde mi último discurso, el de comienzos de febrero, habrán podido
ver articularse, oponerse dos horizontes, como en dos polos,
la función del Ideal del Yo y del Yo Ideal, por ejemplo.
Función pivote, determinante del objeto a, en esos dos
términos opuestos de la identificación.
Me han escuchado articular de un cierto modo que es simple,
al menos para aquéllos que están encaminados en esta vía, de
un modo que haya dado satisfacción. Es decir que ella se manifiesta
al nivel de ese objeto que se
llama el objeto a, al
nivel de diversas formas más o menos engañosas de la identificación. Las vías donde ponemos a
prueba a la identificación que he llamado del engaño de la
transferencia. Tenemos planos que no tenemos necesidad
de enumerar, rozar al pasar, para ver que allí está la llave
de lo que hay que manejar.
El nivel
de esos planos se articula de un modo que debe ser tanto más
preciso en tanto es más nuevo, inhabitual. Esta nueva
lógica llegará a ser habitual, encontrando suficientes
espíritus su articulación, su práctica, para que se propague
a los lugares comunes y haga el fundamento organizador de nuestra
búsqueda y de allí, pueda osmotizarse fuera, de tal modo que
otros reconozcan que allí se forja
un aparato que, por su uso, supera infinitamente el orden de
las simples reglas prácticas en el uso de los terapeutas que
se llamarían psicoanalistas.
En
medio de esos problemas esenciales, preocupantes, en tanto que
abrumadores no sólo en nuestro dominio, la
cuestión de saber si el Uno es una constitución subjetiva, ¿es
una cuestión primera?
Cuestión
del Uno en la medida que lo he martillado largamente durante
casi un año entero. Hace tres años, en mi seminario sobre la
identificación. Cuestión del Uno, del trazo
unario, en la medida que es la llave de la segunda clase
de identificación distinguida por Freud. Esta cuestión
del Uno es esencial, pivote,
para esta lógica que
se trata de constituir en su estatuto y sobre lo cual entiendo
dirigir la continuidad de mi discurso hasta el fin de este año.
Que ese Uno fuera de constitución subjetiva, ¿eliminaría el que esta
constitución fuera real?
He ahí que conduce a una concepción anticipada en veinticinco
años sobre los espíritus aptos para recibirla, la reflexión
de Frege donde el Uno
tiene que recibir su estatuto, el de la aritmética.
Es
por ello que hemos anticipado la referencia en nuestro discurso
de este año, para que no esa simple signo en el que algún Filoctetes
hubiera lanzado gritos en vano, después de algunos años. Esa
grosera indiferencia de aquel que dice que en algún momento
ha ocurrido algo, aunque la esencia haya pasado en otra parte.
No, es al lugar del encuentro que debemos volver si queremos
la marca, la impresión, relevar de ello para nosotros la repetición.
Es a ese título que he pedido la última vez, a algunos de aquellos
que, aquí, ha estado para mí el signo de la verdad, de eso en
lo cual creo que lo que tenemos que decir del psicoanálisis supera mucho su
aplicación terapéutica, que el estatuto del sujeto está
allí esencialmente interesado. Es en la medida en que
puedo recoger aquí esta suerte de respuesta que nos testimonia
que no hay allí simplemente esperanza en el aire, que efectivamente
están interesados en una cierta posición un cierto número de
espíritus, con la única condición de estar abiertos; lo que
debe reposar en el fondo de toda apertura, a saber, una cierta
ignorancia, una cierta frescura. Aquéllos para quien el uso
de conceptos no es lo que se sabe desde siempre, que se puede
siempre dejar hablar a los que especulan, se puede dejar pasar
a lo lejos los gritos de indignación.
Cada
uno sabe que la realidad consiste en no dejarse alcanzar por
esos gritos. Lo que se llama realidad, ésto es, aquéllo de lo
cual tenemos que ocuparnos en el psicoanálisis; el orden y la
función de la realidad se mide para nosotros, especialmente,
analistas, en un cierto coeficiente de sordera mental.
La
referencia,demasiado a menudo puesta por delante desde siempre,
nos incita a alguna desconfianza. A Dios gracias, me ha ocurrido
una nueva clase, una nueva generación de gente no dócil. Es
a uno de ellos a quien doy la palabra para responder a otro
que ha tenido a bien, hacernos el servicio de introducir la
cuestión de Frege en las diversas vías en que yo deseo.
El hecho que esta sala esté llena, nos prueba que no pongo aquí
ninguna barrera artificial, que dejo a cualquiera que se presente
con el deseo manifiesto de tomar parte en nuestro diálogo.
Apórtenme
el testimonio, de algún modo, que hay allí de mi parte, conducta
justificada.
Leclaire
que les ha hecho una comunicación, no está aquí hoy, de suerte
que, lo que pudiera ser aportado de respuesta, no puede tener
lugar hoy.
(La
exposición de Jacques Alain Miller no ha sido transcripta) [*].
Conclusión
del Dr. Lacan:
Después
de esta exposición extremadamente plena, quiero, simplemente,
para la forma, preguntar si alguien no querría aportar el complemento
de una pregunta que le habría sido sugerida como especialmente
urgente - yo tendría la ocasión de referirme al texto de
Piera Aulagnier- la función del uno y del cero, mediante
el cual podríamos responder cuestiones; de retomar en su orden
todo lo que he mostrado, en su nivel respectivo, de la demanda
y del deseo, alrededor de lo cual se han producido ciertos deslizamientos
que se trata siempre de erigir en lo concerniente a las funciones
de la privación, de la frustración, de la castración, de tal
modo esenciales a distinguir para reponer en su lugar la teoría
de la cura.
Lo que
les ha sido aportado hoy, en las mismas condiciones, sin compromiso
de vuestra parte de intervenir en ello inmediatamente, no podría
alcanzar mejor base de partida de lo que yo voy a desarrollar
en el mes de marzo.
[*]
Reseña publicada en "Significante y sutura en psicoanálisis",
varios autores, ed. Siglo XXI.
Traducción:
Ana María Gómez.
Revisión
y destacados: Sergio Rocchietti
Corrección
del texto: Cecilia Falco
Intervención en Seminario cerrado - Jacques-Alain Miller >>>
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