| Pier Paolo Pasolini: exilio, pasión,
poesía [I] /2
Por Esteban Nicotra*
I. Desde la
fuente del Friul materno al desierto de la Post-historia
Pasión e ideología
son los dos aspectos opuestos y, sin embargo, coexistentes que conforman
el mundo creativo de Pasolini. Ambos términos se entrecruzan como
los dos maderos de una cruz. La pasión es el leño vertical, sincrónico,
que hunde sus raíces en el caos informe y que, a través de un experimentalismo
lúcido, busca una revelación de la realidad sensual o el escándalo
de la blasfemia desesperada. La ideología es el madero horizontal,
diacrónico, que a través de la razón interpreta las manifestaciones
de la historia y que le posibilita compartir con sus semejantes una
experiencia de confraternidad social. Ambos términos se presentan
luchando trágicamente entre sí, dos opuestos reconciliables sólo
dialécticamente. La poesía de Pasolini, esencialmente contradictoria,
con su figura característica del oxímoron (estudiado por Franco
Fortini) aspira sin embargo a una resolución de las contradicciones.
Pero ésta sólo se puede atisbar en el ámbito que los versos sugieren.
Es desde
esta perspectiva descentrada que el autor escribe, desde un lugar
de exilio. Para Pasolini exilio significa habitar la periferia, crear
desde allí un nuevo centro. Y también significa instalar, en el centro
dominado por el poder burgués, el “escándalo” de la cultura de la
periferia, reelaborada por la mímesis y el particular estilo de su
genio creador. Por lo tanto el arte y la ideología que aspiren a insertarse
en este ámbito de exilio deben trascender los dogmatismos de la historia
fosilizada, su carácter táctico, pragmático, de utilitarismo partidario,
y convertirse, en cambio, en algo dúctil, contradictorio, problemático,
adaptando el periscopio a la realidad y no la realidad a nuestro
periscopio. Sólo imitando la realidad se puede sugerir, esbozar,
el espacio que la exprese, no negándola o trascendiéndola, sino comprendiéndola.
Este es un fruto que se recoge de las contradicciones de su poesía.
El poeta
véneto Andrea Zanzotto escribe en su ensayo “Pedagogía”:
Pero
para él antes que nada existía la “poesía”, o mejor, el arte, lo
más polimorfo posible, didascalia proveniente de todo, dirigida
a todo, y sin embargo creciendo desde sí y en sí. Era la poesía,
la que debía hacerse cargo de toda responsabilidad, convertirse
en lugar visible de los males comunes y de sus proyecciones en traumas
privados (...) crisis pública y crisis privada se encontraban para
él reunidas, y en cada encrucijada y esquina, estaban el quiasmo
y el oxímoron crucificador
[II] .
Hay
un espacio a-histórico “sacro” que es un fondo inspirador en toda
la poesía pasoliniana. Y que, además, coincide con un lugar inspirador
presente, histórico, que en sus versos, en algunos casos, terminaba
por adquirir el color, la textura de aquel otro espacio deseado.
Así, en la primera poesía encontramos el mundo friulano, el mito
campesino de una vida y una lengua incontaminadas, con el rocío
(“rosada”) del alba, de los primeros rayos de la creación.
Otro espacio inspirador fue la Roma de los años ‘50, la Roma de
los suburbios habitada por seres “paganos” y “estoicos”, con un
código moral que absolutiza el presente, que hacen fluir, en su
creatividad instantánea, en su alegría desesperada, aquella fuente
de la inspiración del poeta. Y en los años ’60, será África y el
resto de los países del llamado ‘Tercer mundo’. Esta búsqueda de
espacios “primigenios” nos demuestra que su poesía sólo podía nacer
de la realidad, de una realidad que en su obra se elevaba a categoría
de mito. “La realidad es mi único ídolo” dirá en una entrevista
en junio de 1970. Pasolini llega a esta realidad del mito “primigenio”
a través de la mímesis, representándola, porque ya de por sí es
maravillosa y da una vislumbre de aquel otro tiempo, fin de las
contradicciones, al que aspira el poeta. No llega a esta realidad
como lo hizo toda una tradición de matriz simbolista que buscaba
el lado oscuro, las “correspondencias” que se encuentran ocultas
y que hay que saber develar.
Estos
espacios históricos que, por etapas, cautivan el amor de Pasolini,
ejercen una función tan importante que, cuando perecen o son borrados
por la historia, tiene necesidad de renovarlos, de buscar otros
correspondientes para
poder continuar creando. Al mismo tiempo, todos estos lugares están
signados por su “diversidad”. Es en lo distinto, en lo que contradice
la norma, la ley (que no es otra que la que establece la
clase burguesa), donde el escritor encuentra un carácter renovador.
La diversidad pasa a ser un concepto pedagógico: la diversidad,
escandalizando, educa. Lo que escandaliza provoca el conflicto y
de la tragedia que éste genera nace una forma que está más cerca
de lo primigenio.
Pero antes de adquirir la conciencia de
este valor pedagógico ejemplar del escándalo, del martirio, el poeta
es sólo un joven que sufre su personal “exilio”. Exilio que se presenta
también como un modo de autoconocimiento. Desde la indiferenciada
fusión con la madre, desde el agua prenatal, hasta la constitución
de un sujeto (“Atardecer luminoso, en la acequia / el agua crece,
una mujer grávida / por el campo camina”). [III] La auto-contemplación
(que quizá se pueda justificar como la vuelta de la pulsión erótica
sobre sí mismo porque en la realidad no se encuentra un objeto de
amor, o porque el amor es un sujeto vedado: la madre) lleva a la
constitución de un sujeto narcisista:
(...)
Yo nazco
del
olor que la lluvia sopla
por
los prados de hierba viva... Nazco
en
el espejo del canal.
En
aquel espejo, Casarsa, vibra
-como
los prados de rocío-
temblorosa
de tiempo antiguo.
[IV]
La
figura de Narciso, a través de diversos poemas, se constituye en
un mito personal por medio de un estilo especular, de desdoblamiento
del propio sujeto lírico -nos
referimos especialmente a diversos poemas de La meglio gioventù
(1954). También el paisaje se transforma en un gran espejo donde
poder reconocer su individualidad y el objeto de su amor (“Fuente
de agua de mi pueblo. // No hay agua más fresca que la de mi pueblo.
// Fuente de rústico amor”) [V] .
La elección
de una “lengua para la poesía” virgen como el friulano, era también
un modo de identificarse con un estado adánico. Reconocerse por
primera vez no irracionalmente, sensorialmente, sino en la propia
conciencia, auto-conocerse en su diversidad, sólo podía lograrse
con un lenguaje de algún modo fuera de la norma, no sólo social,
sino incluso familiar. Dice el poeta: “Todo ha perdido el misterio
que la niñez circundaba, y desnudo y sucio aparece ahora ante mí:
pero esto es un nuevo encanto, un nuevo sueño y un nuevo misterio”.
[VI]
Desde
su infancia, como lo señala el propio poeta, estuvo marcado por
el nomadismo al que lo sometieron los continuos traslados de su
padre militar y de su familia. El niño y más tarde el poeta, van
descubriendo, y apropiándose, de un mundo personal, que es el mundo
de un paria fuera de las reglas burguesas, de las Instituciones.
Como contraposición a este exilio, es justamente que surge en la
poesía de Pasolini la necesidad artística de religarse con una realidad
en que se puedan expresar las imágenes del deseo, y es por esta
necesidad de re-ligarse, que el arte de Pasolini es un arte religioso.
Pero no se trata de una determinada religión trascendente, sino
de una sacralidad terrenal, inmanente. Recordamos una declaración
del poeta en una entrevista con John Halliday (un ex integrante
de la “New Left Review”), allí Pasolini manifiesta:
(...)
me considero laico y no creyente. Mi religión es de un género más
bien atípico, no se conforma a ningún modelo. No me gusta el catolicismo
porque no me gustan las instituciones en general. Por otra parte,
creo que sería retórico declararme cristiano –si bien, como ha dicho
Croce, ningún italiano puede no considerarse cristiano, culturalmente
hablando-. (...) Mi modo de ver el mundo, quizás es demasiado respetuoso,
demasiado reverencial, demasiado infantil, yo veo todo lo que hay
en el mundo, los objetos no menos que la gente y la naturaleza,
con una cierta veneración sacra. [VII]
Es
muy importante esta definición de Pasolini para entender su particular
sentimiento o concepción de lo sacro: es algo que surge de la realidad
misma, se manifiesta en la “historia” del sujeto. No es la búsqueda
de un illo tempore, no es la repetición de un rito impuesto
por la tradición solamente. Es la encarnación de ese mito en un
objeto o persona de la realidad. No es tampoco la “institución”
religiosa la que oficiará la mediación de la “veneración sacra”:
“Ninguna // de las religiones que existen en la vida, / hipoteca
de muerte, instituidas / para engañar a la luz, para dar luz al
engaño” (Le ceneri di Gramsci, 1957).
La apropiación
de ámbitos de un exiliado con hambre de realidad, se desarrolla
a través de un arte que para expresarlos necesita de una diversidad
de géneros. Así surgen la poesía, la narrativa, el ensayo, la pintura
y el cine pasoliniano. Como dice Giovanni Giudici en su prefacio
a la obra poética de Pasolini en la edición de Garzanti: “Su obra
(poesía y prosa, cine y crítica) es un unicum en el panorama
europeo; y, en su desarrollo propio, un continuum donde no
es posible, no digo cortar, sino simplemente desenredar los hilos
que de una zona reenvían a otra, continuamente mezclando las cartas
por una suerte de sistemática contaminatio: pero todo, finalmente,
en función de una unidad temática de fondo que garantiza, de algún
modo, también una coherencia singular entre las direcciones estilísticas
más diversas”.
[VIII]
Mientras
el hermetismo italiano y la poesía moderna que deriva del simbolismo
demostraban que la intensidad poética se genera a través de lo indeterminado,
de lo sugerente (y nos podríamos remontar más allá aún, a Leopardi)
Pasolini encontrará la intensidad poética en la “identificación”,
en el acto de identificación mimética con un mundo primitivo, presentado
como poético en sí mismo, sacro en su sola realidad.
El tiempo
de la historia va consumiendo las reservas ‘arcaicas’ y poéticas
pero, por otra parte, es el ámbito en que el hombre madura y toma
conciencia de su individualidad socio-política. La irrupción de
la guerra genera en la primera poesía pasoliniana la pérdida del
Edén y el poeta asume, entonces, la voz de una coralidad. Pero esa
coralidad que asume la voz del poeta en realidad no representa a
toda una nación sino a una parte de ella, la que Pasolini reconoce
como su verdadera nación, la clase de los marginados, de los humildes,
la de los que no comparten el poder y las mezquinas metas de la
burguesía.
Es la
“humilde Italia” la que se expresa por su poesía, encarnada plásticamente
en las figuras de las golondrinas en las plazas de los pueblitos
campesinos, como podemos ver en uno de los poemas de Le ceneri
di Gramsci, o en los adolescentes mártires en la guerra contra
las fuerzas nazi-fascistas en “El testament Coran”. También encontramos,
en los poemas que conforman la segunda parte de La meglio gioventù,
personajes de “la humilde Italia” en los campesinos y obreros explotados
por sus patrones:
Nosotros
los pobres tenemos
poco
tiempo de juventud
y
de belleza: mundo, puedes
continuar
sin nuestra presencia.
¡Esclavos
desde el nacimiento!
Gusanos, jamás mariposas,
muertos en el nido del tiempo.
Los ricos no pagan el tiempo:
los
días robados a la belleza
de
nuestros padres y nosotros.
¿No
ha de acabar el ayuno del tiempo? [IX]
Pasolini empieza a leer atentamente
en estos años al Gramsci que se va revelando como guía intelectual
de tantos escritores italianos en la inmediata posguerra con
la publicación de sus Cuadernos [X]
escritos en las cárceles fascistas. El Gramsci que diagnostica:
“pero no existe, de hecho, ni una popularidad de la literatura
artística ni una producción italiana de literatura ‘popular’,
porque no hay identidad entre las concepciones del mundo de
los ‘escritores’ y del ‘pueblo’; es decir, los sentimientos
populares no son vividos como propios por los escritores ni
éstos tienen una función ‘educativa nacional’, esto es, no se
han planteado ni se plantean el problema de dar una forma a
los sentimientos populares después de haberlos vivido y asimilado”. [XI] Hacia
esta realidad se dirigía la “pasión” pasoliniana mientras que
su ideología lo mantenía constantemente alerta, evitando el
fosilizarse en una posición, intentando siempre estar
en el punto en que el mundo se renueva, o como dice el
poeta en aquel ensayo fundamental de los años ’50 “La libertad
estilística”:
En el ‘experimentar’ que reconocemos entonces como nuestro
(y que nos diferencia del actual neoexperimentalismo) persiste
una instancia contradictoria o negativa. Es decir, una actitud
indecisa, problemática y dramática que coincide con aquella
independencia ideológica de la que hacíamos referencia, que
requiere un continuo, doloroso esfuerzo por mantenerse a la
altura del presente no poseído ideológicamente, como en el caso
de un católico, un comunista o un liberal (...) abolir desde
los orígenes toda forma de ‘posicionalismo’, con una verificación
continua, en lucha continua contra la tendencia facciosa latente,
haciendo que ‘el periscopio se adapte constantemente al horizonte’
y no al revés. [XII]
Entonces, la constante autocrítica, el cambio de rumbo cuando
percibe el riesgo de que la ideología se fosilice, cuando intuye
que la realidad socio-cultural no concuerda con las apetencias de
su mito, o cuando el “poder integrador” ha instrumentalizado sus
obras (véase, por ejemplo, su escrito “Abjuración de la Trilogía
de la vida”, en Lettere luterane).
En esta constante desarrollo de la
poesía pasoliniana se constituyen distintas personae o máscaras
que le sirven para enfrentar e interpretar la realidad que lo rodea.
Así, en la primera poesía, la figura de Narciso. Pero también observamos
en la constitución de la figura del poeta civil de su período romano
(y ya presente en sus orígenes en un libro elaborado en el período
anterior L’usignolo della Chiesa Cattolica y publicado en
1958) la formación del personaje del mártir, con una función diferente
de la del “Narciso”. Después de los “traumas” biográficos de las
primeras persecuciones sufridas por el poeta por parte del Poder,
se va afirmando este nuevo mito personal.
En el
período de la guerra Pasolini identifica su propio martirio con
el martirio de todo un pueblo, la síntesis es la imagen del crucificado,
que de ahora en más será una imagen medular para la interpretación
de toda su obra.
Es necesario exponerse (¿esto enseña
el
pobre Cristo clavado?),
la
claridad del corazón es digna
de
todo pecado, burla,
de
la más desnuda pasión...
(¿esto
quiere decir el Crucificado?
sacrificar
cada día un don,
renunciar
cada día al perdón,
pasar
ingenuos sobre el abismo).
Ofrecidos
estaremos en la cruz,
a
la agonía, entre pupilas
límpidas
de gozo feroz,
mostrando
a la ironía el fluir
de
la sangre desde el pecho a los pies,
calmos,
ridículos, temblando
de
intelecto y pasión en el juego
del
corazón que arde en su fuego,
para
testimoniar el escándalo. [XIII]
"Testimoniar
el escándalo", diversos son los sentidos de este "escándalo":
escandalizar al burgués, objetivo que tiene sus raíces en el origen
de la poesía moderna, con los "poetas malditos" franceses,
Baudelaire, Verlaine, Rimbaud... El escándalo implica exponer "desnuda"
la interioridad, "pasar ingenuos sobre el abismo" de la
incomprensión, del "ridículo". El poeta no puede dejar de
ser "ridículo" para una sociedad que rechaza, que se niega,
la comprensión de un sentido sacro, de la existencia, en pos del imperativo
de la norma, de la conservación. Es por eso que el sólo ejemplo de
la lucha, de la agonía de un hombre, con sus contradicciones, con
su afán de comprender, es motivo de "escándalo" para esa
clase humana que Pasolini identifica con la burguesía. "Testimoniar
el escándalo" implica en poesía un experimentalismo constante.
Un estilo que se va adecuando a un "corazón que arde en su fuego",
una ideología continuamente impelida por la pasión y una pasión constantemente
confrontada con la ideología.
Esta “pasionalidad”,
esta función ejemplar y escandalosa de la figura del mártir irá cambiando
su connotación positiva (a partir de los años ‘60), a causa de la
constatación paulatina del autor de la pérdida de su poder pedagógico
frente a la sociedad. Desde ese momento aparecerá en su obra, no sólo
en su poesía, (pensemos en Teorema, Scritti corsari,
Petrolio, etc.) la burguesía como “personaje”, como temática
sentida como nauseante, y sin embargo, enfrentada con voluntad casi
inquisitorial por parte del poeta (un reverso de la persecución que
el propio escritor sufría, pensemos solamente en los más de treinta
procesos judiciales iniciados por el Poder en su contra).
El mito
de la inocencia primitiva, lo lleva como a un exiliado a los suburbios.
No son casuales los primeros planos de sus películas, presentes también
de otro modo en la poesía y la narrativa, donde nos muestra un rostro,
un cuerpo de campesino en silencio. Realidad física que habla por
sí sola, porque ese rostro, esa presencia, que conserva rasgos del
hombre primitivo, no trasformado por los valores burgueses, es ‘sacro’,
en su sólo existir. Y esto explica la morosidad de sus descripciones
de paisajes en sus libros de poesía ‘centrales’ (no sólo desde el
punto de vista cronológico) como son Le ceneri di Gramsci (1957),
La religione del mio tempo (1961) y Poesia in forma de rosa
(1964). Y también explica las diversas distancias desde las que
se sitúa el yo lírico en los poemas con respecto a esos paisajes.
Por ejemplo en el poema inicial de Le ceneri di Gramsci: “El
Apenino”, Pasolini, utiliza una descripción panorámica de diversas
regiones de Italia para dar un diagnóstico de la situación histórico-política
de la misma en los primeros años de la década del ‘50. La visión,
como dijimos, es “panorámica”, el yo lírico se presenta distanciado
porque el poeta no se reconoce en ese tiempo en que se han traicionado
los ideales de la Resistencia. Hasta el paisaje se convierte en una
visión fúnebre. Y esa visión ‘fúnebre’ de Italia se coagula en la
imagen de Ilaria. Ilaria del Carretto, [XIV]
su sarcófago, el monumento mortuorio de Jacopo della Quercia:
“Jacopo con Ilaria esculpió a Italia / perdida en la muerte, cuando
/ su edad era más pura y necesaria”. [XV] Como esa joven muerta
en el alba del Renacimiento y de su vida, así Italia ha muerto ‘prematuramente’,
antes de ver realizados los ideales de total renovación soñados por
la Resistencia. Otros ejemplos también de distanciamiento son algunos
poemas de Poesia in forma di rosa donde se describe a Italia
después del llamado “boom” económico -que Pasolini interpretaba con
sentido apocalíptico como una catástrofe social: “genocidio”, “homologación”,
eran los conceptos de Pasolini. En la sección “El libro de las cruces”,
se describe en diversos “caligramas” en forma de cruz, el vuelo
de un “alma”. El alma vuela sobre un paisaje posterior al “boom” neocapitalista,
un paisaje que se describe como un gran cementerio, donde las fábricas
semejan tumbas, con grandes letras negras que parecen escrituras cabalísticas,
pero que vistas de más cerca revelan nombres de propietarios. El poeta
no puede ver de cerca, no puede identificarse con esas realidades.
Se retrae en una mirada irónica y dolorida.
Si en gran
parte de su poesía de Pasolini busca la identificación con una determinada
realidad, la de su mito de primitivismo, en sus últimos poemas esta
orientación enfrenta cara a cara al otro término, supuesto y aludido
pero no descripto en su poesía anterior. Nos referimos al mundo de
la sociedad burguesa, al “centro” y no a los “suburbios”, a los personajes
que representan al poder y a las instituciones viciadas. Por lo tanto,
en la última poesía seguirá anhelando el mundo “paradisíaco” de las
últimas regiones incontaminadas del planeta y enfrentando con el instrumento
de la razón al adversario, al enemigo causante del más grande genocidio
nunca antes ocurrido: la “homologación” total de las conciencias en
un modelo único, en ciertos valores únicos, los de la sociedad burguesa
neocapitalista.
Un proceso,
que hoy se produce a nivel global, de algún modo comparable al que
Fredric Jameson en su obra Las semillas del tiempo sintetiza
y describe del siguiente modo:
Vista así, la
desmitificación en el período contemporáneo tiene su propia y secreta
“astucia de la historia”, su propia función interior y su misión
oculta en la historia universal; a saber, destruir las sociedades
tradicionales (no solamente la Iglesia y las viejas aristocracias,
sino, sobre todo, los campesinos y sus modos de producción agrícola,
sus tierras comunales, sus pueblos) y dejar el globo bien barrido
y limpio para las manipulaciones de las grandes transnacionales:
para preparar un presente puramente fungible en el cual el
espacio y las psiques puedan por igual ser procesados y rehechos
a voluntad, con una “flexibilidad” que apenas estaría al alcance
de la creatividad con que los ideólogos acuñan afanosamente nuevos
y brillantes adjetivos con los que describir las potencialidades
del “pos-fordismo”. [XVI]
Todo
esto ya a inicios de los ’60 ya había sido intuido, casi proféticamente,
por Pasolini. Primero a través de su poesía, después también en
su cine, ensayos y novelas. Basta pensar en films como La ricotta
(episodio de Rogopag) (1963) o Teorema (1968)
o Porcile (Chiquero) (1969); en sus ensayos de Scritti
corsari (1975) o Lettere luterane (1976) y en su novela
editada póstumamente Petrolio (1992). Pero, como dijimos,
la intuición primera fue poética. Las circunstancias anecdóticas
de la escritura de esta intuición se sitúan en la filmación de Mamma
Roma (1962), su segundo film. Y si comparamos este película
con las “Poesías mundanas” incluidas en su libro Poesia in forma
di rosa (1964) advertimos el salto ideológico que se ha operado.
Leemos en una de estas “poesías mundanas” incluidas en su libro
Poesia in forma di rosa (1964), advertimos el salto ideológico
que se ha operado. Leemos en una de estas “poesías mundanas”, que
en La ricotta Orson Wells recita, parcialmente, como un alter
ego de Pasolini y que aquí traducimos y transcribimos en forma
completa:
Sólo
una ruina y el sueño de un arco,
o
de una bóveda románica o romana,
en
un prado donde un sol serpentea
con
el calor calmo de un mar,
caída,
sin amor, la ruina. Uso
y
liturgia, ya extintos totalmente
perviven
en su estilo –y en el sol-
para
quien sepa de su presencia y poesía.
Das
dos pasos y estás en la Apia
o
en la Tuscolana, allí todo es vida
para
todos. Un cómplice mejor
por
el contrario, de esa vida,
es
quien de estilo ni de historia sabe.
Se
truecan sus sentidos en al sórdida paz,
violencia
o indiferencia. Miles,
miles
de personas, bufones
de
una modernidad de fuego, en el sol
cuyo
significado está presente,
oscuras
se entrecruzan pululando
por
las veredas deslumbrantes, contra
las
casas INA [XVII]
y un fondo de cielo.
Soy
una fuerza del Pasado.
Sólo
en la tradición está mi amor.
Yo
vengo de las ruinas, las iglesias,
los
retablos de altar, de las aldeas
perdidas
por los Apeninos o Pre-Alpes,
donde
vivieron los hermanos franciscanos.
Voy
por la Tuscolana como un loco,
como
un perro sin dueño por la Apia.
O
miro sobre Roma los crepúsculos,
y
las mañanas sobre la Ciociaria,
sobre
el mundo, como a estos actos
primeros
de la Post-historia, a los que asisto
por
privilegio de registro cívico,
desde
el límite extremo de una edad
sepulta.
Es monstruoso haber nacido
de
las vísceras de una mujer muerta.
Yo,
feto adulto, vago,
más
moderno que todos los modernos,
buscando
hermanos que no existen más. [XVIII]
Sentimiento
y conciencia del poeta de ser un sobreviviente de una catástrofe
que aparentemente es imperceptible para los demás (como el tema
del film-episodio de Godard en Rogopag, donde ha explotado
una bomba atómica que no ha matado a nadie, aparentemente, pero
que sus efectos se hacen sentir en los personajes en cambios totales
de su conducta y valores). Es que se está desarrollando en esos
momentos el “boom” económico (y esta denominación explosiva tal
vez no sea una mera coincidencia) de la nueva revolución industrial
neocapitalista (la segunda para Italia, la tercera para países como
Inglaterra o Alemania). La realidad se “desertifica” (“sólo ruinas”),
un presente perpetuo de esos “actos primeros de la Post-historia”,
a los que el poeta asiste por azar (“privilegio de registro cívico”),
por una voluntad de las circunstancias que está más allá del individuo.
Para esta nueva realidad no vale ya la “riqueza” arduamente cultivada
de una tradición y el arte (“uso / y liturgia ya extintos totalmente”).
Sólo vale vivir el presente, un presente fragmentado, bufonesco
y autómata. Estamos en un tiempo cultural donde le pasado no incide
en el presente, no entra a jugar en relación dialéctica. Existe
sólo el tiempo “desértico”, profano, de la Post-historia, que no
podrá dar frutos porque no podrá madurarlos en su evolución, y el
diálogo con un posible público se ha perdido.
Se han
derrumbado todas los ideales revolucionarios-partisanos de los ’40
y la palabra de Gramsci ya suena muy lejana. Pero a este artista
no le queda más que seguir siendo lo que sido: “una fuerza del pasado”,
aún más en ese momento, su arte es más progresista, más moderno,
que el de cualquier otro neo-vanguardismo. Y su fuerza “escandalosa”
es ser, justamente, una “fuerza del pasado”, un mojón de sacro-pasado
insertado en un presente laicizado y pragmático, más aún cuando
nadie, al igual que con respecto a esas ruinas de arte “románico
o romano” del poema, pueda ya comprender y sentir su historia y
su estilo. Y pensar que en ese momento totalmente desesperanzado,
Pasolini estaba sólo “in mezzo del camin” de su vida, y aún remontará
un largo camino de creación en diferentes géneros artísticos y literarios.
La imagen
del poeta es la de un sobreviviente, “feto adulto” de una “mujer
muerta”, que es una nueva representación fúnebre de Italia. El presente
que todavía era propiedad del poeta en el libro anterior (La
religione del mio tempo) ahora se ha esfumado. Y también ahora,
no por casualidad, el nudo simbólico y conceptual que es la imagen
del mártir en el ámbito de su poesía se triza en su libro
Trasumanar e organizzar (1971). "Trasumanar", neologismo
dantesco: "Trasumanar significar per verba". [XIX]
No es que Pasolini deje de “poner hasta el cuerpo
en la lucha”, como él decía retomando el imperativo de la izquierda
norteamericana de aquellos años (bastaría leer cualquier fragmento
de sus escritos “corsarios” o “luteranos” que empezará a publicar
a partir de esta época). Lo que ocurre es que la fuerza de “escándalo”
de la poesía en general, después de la homologación y la masificación
de los valores neocapitalistas, prácticamente se ha convertido en
nula. El poeta no descree en los valores propios de la poesía, pero
la poesía ha perdido su público: “La muerte no consiste / en no
poder comunicar / sino en ya no poder ser comprendido”. [XX]
Se ha producido en los integrantes de la sociedad una trasmutación
de los valores de un modo inconsciente que ya no les permite apreciar
el sentido poético del arte y de la realidad. Dice Pasolini en una
entrevista de julio de 1971:
La
burguesía está triunfando en la medida en que la sociedad neocapitalista
es la verdadera revolución de la burguesía. La civilización del
consumo es la verdadera revolución de la burguesía. Y no veo otras
alternativas, porque también en el mundo soviético, en realidad,
la característica del hombre no es tanto la de haber hecho la revolución
y vivirla, sino la de ser un consumidor. La revolución industrial
nivela todo el mundo (...) Yo produzco una mercancía, la poesía,
que no se puede consumir: moriré yo, morirá mi editor, moriremos
todos nosotros, morirá toda nuestra sociedad, morirá el capitalismo,
pero la poesía permanecerá indemne. [XXI]
Ahora
la función pedagógica sacrificial de su arte, se transforma con
desesperada vitalidad en una función de denuncia. En otras épocas
las muertes daban testimonio de la causa, ahora, en cambio, reflexiona
Pasolini, vale más un hombre vivo, que con su palabra despierte
las conciencias, que un mártir (véase “Panagulis”, poema dedicado
al extremista a punto de ser ajusticiado por la ‘dictadura de los
coroneles’ griegos: “Esta vez no. No debe ocurrir (...) No
queremos usar la muerte de Panagulis. / Queremos que Panagulis no
muera”). [XXII] Es que el poeta advierte la insensibilidad
ante la muerte y el pragmatismo de una sociedad que ha permitido
continuar en el poder a los mismos verdugos (véase Porcile).
La principal
posición que se asigna el poeta en cuanto intelectual es la de estar
en la oposición. Como Pasolini lo declara ya en Poesia in forma
di rosa:
(...)
tortuosidades que llevan a un “destino de oposición”!
Pero
no hay otra alternativa para mis obras futuras. [XXIII]
La
conjunción de este desencanto (que es más que desencanto) por los
nuevos valores y un destino de oposición desde su particular exilio,
son las dos líneas principales por la que se conducirá su crítica
mordaz en los medios de comunicación (sus artículos polémicos) y
en el cine (por ejemplo, Teorema, Porcile, Salò).
Para la poesía asigna una función intimista, de diario meditativo,
sobre los acontecimientos que aún se puedan llamar "históricos",
una función "profética"
y "psicagógica", con la libertad de abandonarse a un experimentalismo
que roza lo magmático.
Vine
al mundo en el tiempo
de la Analógica.
Y en ese campo
trabajé
como aprendiz.
Después llegó la Resistencia
y
yo luché
con
las armas de la poesía.
Restauré
la Lógica y fui
un
poeta civil.
Ahora ha llegado el tiempo
de
la Psicagogia.
Puedo escribir sólo si profetizo
en
el rapto de la Música
por
exceso de semen o piedad. [XXIV]
II.
La
poesía de Dal diario (1945-47)
"¿Éramos,
en verdad, tan jóvenes, tan pobres, tan felices?" se
preguntaba Leonardo Sciascia en la Introducción de la edición
de 1979 a los poemas de Dal diario (1945-1947) de
Pier Paolo Pasolini. [XXV] Juventud, felicidad,
pobreza, todas estas palabras no son ajenas a la materia de estos
poemas. Textos hechos aparentemente de nada. Ya el poeta ha aprendido
a conocer en las aguas friulanas de Poesie a Casarsa (1942)
en las líneas de su rostro, las líneas de su alma. Pero ese conocimiento
lo ha dejado aún más solo, aún más desvalido. "Como un náufrago
incólume" o como quien despierta en la mañana siguiente de
un sueño de muerte, y va mirando, tocando (nombrando) cada cosa
que lo rodea, como aferrándose a un leño que lo lleve otra vez a
la costa de la realidad, así el poeta anota estos versos día a día.
La seguridad
de un Edén es lo que Pasolini ha perdido en sus primeros poemas.
Con ellos ha ganado, no obstante, la conciencia del poder cognoscitivo
de la palabra. Ahora, la palabra que llega a su mente absorta se
sabe pasajera, adquiere el tono de una pregunta, espera un signo,
aunque más no sea un espejismo que lo guíe en el desierto en que
se ha convertido su presente. Este signo asumirá las formas de los
mártires campesinos del “Testament Coran” o de la elegíaca visión
panorámica de la Italia de los años '50 en Le ceneri di Gramsci.
Los poemas
que presentamos tienen algo de elemental, de juvenil, de originario,
dentro de la obra poética de Pasolini. Se anuncia en ellos una metamorfosis
estilística, una madurez, que será alcanzada por el poeta al abandonar
la sugerencia simbolista, de trasfondo intemporal, para crear, en
Le ceneri di Gramsci, una poesía vibrante de fugacidad histórica,
materialmente plana, signada por la univocidad y una precisa contextualización
epocal.
En Del
diario están presentes aspectos propios del poeta (autobiografismo,
narcisismo, tono elegíaco por la imposibilidad de fusión con la
realidad...) pero desnudos, sin la elaboración arcaizante, con restos
de hermetismo, de Poesie a Casarsa y sin el voluntario manierismo
de Le ceneri di Gramsci. Sus textos aíslan un momento del
devenir cotidiano, un fragmento de existencia suspendido a la espera
de insertarse en otro tiempo, el de la historia. Le escribe por
esos días (27/3/46) a Gianfranco Contini: “Yo estoy con el estado
de ánimo de quien debe comenzar todo y ya sabe como terminará. Es
brutal decirlo, pero me ilusiono sólo con aquellos sentimientos
que me dicen que estoy vivo, sentimientos directos y corpóreos,
abandonos que me conducen a la exactitud del diario”. [XXVI] La
novedad de este libro es que Pasolini abandona toda metáfora de
sí mismo, todo mito personal anterior (Narciso) y se va despojando
de residuos poéticos y métricos atesorados en su aprendizaje de
matriz simbolista, para encontrar, al superarlos, su propia voz,
la sola presencia absorta de un sujeto que se siente y se ve vivir,
aún incierto de su posición en el mundo. Pero, al mismo tiempo confiado
y seguro de la identidad de su yo diverso, herido, con la plena
conciencia de su derecho a la existencia, a la contradicción, con
derecho a exponerse, a testimoniar el “escándalo”. Es el primer
paso para un reconocimiento del sujeto como sujeto histórico-civil.
Revelación que confirmará, un par de años después, el poema “El
descubrimiento de Marx”, al final de su libro L’usignolo della
Chiesa Cattolica, el nacimiento de una poesía frente a la Historia.
En este sentido el poemetto “Europa (1945-46)”, que cierra el libro
Dal diario, es una anticipación de las poesías de panorámica
histórica de Le ceneri di Gramsci. La temática de la “desilusión
histórica” por la derrota de los ideales de la Resistencia, del
sacrificio sin frutos de mártires como su propio hermano Guido,
ya están presentes aquí.
La literatura
se presenta como una pasión no sólo individual, sino compartida,
que debe llevar a la transformación intelectual, estética y moral
del que la practica, pero también incidir en el tejido cultural
de la sociedad. Ya en una carta de agosto de 1943, que envía el
poeta a Luciano Serra, un amigo, se presenta con intensidad casi
profética este sentido cívico del intelectual, del artista en medio
de la crisis de la guerra y su actitud en la posguerra:
Italia
necesita rehacerse completamente, ab imo, y para esto tiene necesidad,
extrema, de nosotros, que en la espantosa ineducación de toda la
juventud ex fascista, somos una minoría discretamente preparada.
Y yo, con respeto a esto, te acuso, (o, en cambio,¿debo acusar los
largos meses de envilecimiento militar?), porque en tu carta no
hay una pizca de sabor político, ni un comentario dolorido o feliz
por la llegada de la libertad. Y pensar que para mí, en cambio,
incluso para mi solitaria y más íntima experiencia poética, en estos
días tienen de una importancia inmensa.
La libertad es un nuevo horizonte, que imaginaba, deseaba sí, pero
ahora, en su durísima actualidad, revela aspectos tan impensados
y conmovedores, que me siento como si volviera a ser un niño. He
sentido en mí algo nuevo que surge y se afirma, con imprevista presencia:
el hombre político que el fascismo había abusivamente sofocado,
sin que yo tuviera conciencia (...) Y nosotros tenemos una verdadera
misión, en medio de esta espantosa miseria italiana, una misión
no de fuerza y riqueza, sino de educación, de civilidad. [XXVII]
Poemas
de una sensibilidad herida, estos de Dal diario (1945-47)
que no quiere abandonarse y por eso mismo está atenta al menor sonido,
al más leve cambio que desentone y desequilibre su paz absorta,
que otra vez "lo enfrente a su vida ". Poemas matinales,
con la "pobreza" profundamente humana en esos años de
la posguerra, que desnuda los afectos esenciales y, al mismo tiempo,
con la "felicidad" de un estado de suspensión,
hipersensible, sensual, contemplativo, que va nombrando la "física
alegría de la vida que se vive sola".
* * *
*
ESTEBAN NICOTRA (Villa Dolores, Córdoba, 1962).
Profesor de la cátedra de Literatura Italiana
y del Seminario de Traducción Literaria del Italiano e la Facultad
de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.
Se especializó
en literatura italiana contemporánea en la Università degli Studi
de Florencia (1988-1990). Ganador del “Concurso de traducción de
poesía italiana contemporánea”, organizado por el Gobierno de Italia
para la traducción al castellano del libro Gente di corsa
(Garzanti, Milano, 2000) del poeta italiano Tiziano Rossi (Premio
Viareggio –Poesía 2000), editada por Atuel, Buenos Aires, 2002.
Ha publicado
en 1992 el libro de poemas La vida que se vive, como así
también numerosos ensayos sobre escritores y traducciones de poetas
italianos (Pavese, Pasolini, Sbarbaro, Luzi, Saba, Conte, etc.)
en libros, revistas, y diarios del país y del exterior. Tradujo
con Pablo Anadón el libro Il Dolore de Giuseppe Ungaretti
(Alción, Córdoba, 1994).
Notas:
[I]
Ensayo
publicado como “Introducción” del libro Del diario (1945-47)
de Pier Paolo Pasolini, Editorial “Brujas”, Córdoba, 2002, traducción
de Esteban Nicotra.
[II] ZANZOTTO, Andrea, Aure e disincanti, Mondadori, Milano, 1994.
Todas las traducciones de las citas y de los poemas son nuestras.
[III] PASOLINI, Pier Paolo, “Il nini muàrt”, La meglio gioventù en
Bestemmia. Tutte le poesie, Garzanti, Milano,
1993.
[IV] PASOLINI, Pier Paolo, “O me donzel”, La meglio gioventù en Bestemmia.
Tutte le poesie, Garzanti, Milano, 1993.
[V] PASOLINI, Pier Paolo, “Dedica”, La meglio gioventù en Bestemmia.
Tutte le poesie, Garzanti, Milano, 1993.
[VI] PASOLINI, Pier Paolo, Lettere
1940-1954, Einaudi, Torino, 1986.
[VII] PASOLINI, Pier Paolo, Pasolini
su Pasolini, Guanda, Parma,1992.
[VII] GIUDICE, Giovanni, “Pasolini: l’inespresso esistente” en Pier Paolo
Pasolini, Bestemmia. Tutte le poesie, Garzanti,
Milano, 1993.
[IX] PASOLINI, Pier Paolo, “I dis robàs”, La meglio gioventù en Bestemmia.
Tutte le poesie, Garzanti, Milano, 1993.
[X] Los Quaderni del carcere comienzan
a ser publicados por Einaudi en 1948.
[XI] GRAMSCI, Antonio, Quaderni
del carcere, Einaudi, Torino, 1977.
[XII] PASOLINI, Pier Paolo, “La libertà
stilistica” en Passione e ideologia, Garzanti, Milano, 1960.
[XIII] PASOLINI, Pier Paolo,
“La crocifissione”, L’usignolo della Chiesa Cattolica en
Bestemmia. Tutte le poesie, Garzanti, Milano,
1993.
[XIV] El sarcófago de Ilaria del Carretto,
que se encuentra en la iglesia San Martino de Lucca (Italia) fue
esculpido por Jacopo della Quercia en 1405.
[XV] PASOLINI, Pier Paolo, “L’Appennino”, Le ceneri di Gramsci, en
Bestemmia. Tutte le poesie, Garzanti, Milano,
1993.
[XVI] JAMESON, Fredric, Las semillas
del tiempo, Editorial Trotta, Madrid, 2000, trad. Antonio Gómez
Ramos.
[XVII]
“INA Case”: casas construidas por el “Istituto Nazionale Assicurazione”
(Instituto Nacional de Seguro) del régimen demócrata-cristiano en
los años ’50 para erradicar las “borgate” (barriadas, “villas miseria”).
[XVIII] PASOLINI, Pier Paolo, “Poesie mondane”, Poesia in forma di
rosa en Bestemmia. Tutte le poesie, Garzanti,
Milano, 1993.
[XIX] ALIGHIERI, Dante, Commedia, Paradiso, I, 70, Garzanti, Milano,
1987.
[XX] PASOLINI, Pier Paolo,
“Una disperata vitalità”, Poesia in forma di rosa en Bestemmia.
Tutte le poesie, Garzanti, Milano, 1993.
[XXI] PASOLINI, Pier Paolo,
Interviste corsare, Atlantide Editoriale, Roma, 1995.
[XXII] PASOLINI, Pier Paolo,
“Panagulis”, Trasumanar e organizzar en Bestemmia.
Tutte le poesie, Garzanti, Milano, 1993.
[XXIII] PASOLINI, Pier Paolo, “Progetto di opere future”, Poesia in forma
di rosa en Bestemmia. Tutte le poesie,
Garzanti, Milano, 1993.
[XXIV] PASOLINI, Pier Paolo, “Una disperata vitalità”, Poesia in forma di
rosa en Bestemmia. Tutte le poesie, Garzanti,
Milano, 1993.
[XXV] PASOLINI, Pier Paolo, Dal diario (1945-47), Salvatore Sciascia
Editore, Caltanissetta-Roma, 1979. Introducción de Leonardo
Sciascia. La primera edición de Dal diario (1945-47) se publica
en esta misma editorial en mayo de 1954.
[XXVI] PASOLINI, Pier Paolo,
Lettere 1940-1954, Einaudi, Torino, 1986.
[XXVII] PASOLINI, Pier Paolo, Lettere
1940-1954, Einaudi, Torino, 1986.
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