"La insoportable levedad del ser"
Milan
Kundera
No es sólo el
excelente título de Kundera el que nos hace elegir este fragmento,
sino que es su prosa la que enlazando ideas y perspectivas inusuales
de una temática clásica la que nos obliga a hacerlo. Nada más,
¡ah! sí, hay más, la continuación del libro y una película con
el mismo nombre, pero como casi siempre, las imágenes y las
acciones no adquieren la resonancia de las palabras en nuestra
alma, aunque a veces sí lo logran, las resonancias decimos,
pero no fue este el caso (el de la película); la puesta en escena
deja de lado la hondura de la reflexión de los personajes que
traman con su vida preguntas y respuestas acerca de ella. Agreguemos
que la perspectiva seguida en este trayecto por Kundera es la
de la eterna repetición de lo mismo, de allí llega al sin sentido
de esa reiteración, Nietzsche es más sutil plantea no el retorno
de lo mismo sino de lo diferente que hace a lo mismo, lo cual
es un buen problema. El psicoanálisis lo resuelve (ese buen
problema), pero ésa es otra historia.
S.R.
La
idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó
perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya
de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso
esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere
decir ese mito demencial?
El
mito del eterno retorno viene a decir, per negationem, que una
vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna,
es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano
y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación
o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos
en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos
en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra,
aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos,
trescientos mil negros.
¿Cambia
en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables
veces en un eterno retorno?
Cambia:
se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez
será irreparable.
Si
la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la
historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre.
Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los
años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías,
en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan
miedo. Hay una diferencia infinita entre el Robespierre que
apareció sólo una vez en la historia y un Robespierre que volviera
eternamente a cortarle la cabeza a los franceses.
Digamos,
por tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva
desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como
las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su
fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide
pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz?
El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de
la nostalgia; todo, incluida la guillotina.
No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble:
estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las
fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi
infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes
murieron en los campos de concentración de Hitler; ¿pero qué
era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías
de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un
tiempo que no volverá?
Esta
reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral
que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia
del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano
y, por tanto, todo cínicamente permitido.
Si
cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas
veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la
cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno
descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad.
Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno
retorno la carga más pesada (das schwerste Gewicht).
Pero
si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras
vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su
maravillosa levedad.
¿Pero
es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?
La
carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos
aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas
las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del
hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen
de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea
la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real
y verdadera será.
Por
el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre
se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie
de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias
y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.
Entonces,
¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?
Este
fue el interrogante que se planteó Parménides en el siglo sexto
antes de Cristo. A su juicio todo el mundo estaba dividido en
principios contradictorios: luz-oscuridad; sutil-tosco;
calor-frío; ser-no ser. Uno de los polos de la contradicción
era, según él, positivo (la luz, el calor, lo fino, el ser),
el otro negativo. Semejante división entre polos positivos y
negativos puede parecernos puerilmente simple. Con una excepción:
¿qué es lo positivo, el peso o la levedad?
Parménides
respondió: la levedad es positiva, el peso es negativo.
¿Tenía razón
o no? Es una incógnita. Sólo una cosa es segura: la contradicción
entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas
las contradicciones.
Texto
extraído de la novela de Milan Kundera, "La insoportable
levedad del ser", editorial Tusquets, Capítulo 1,"La
levedad y el peso", Págs.11/13, Barcelona, España, diciembre
de 1985.
Selección:
S.R.
Relacionar
con:
Acerca
de "La insoportable levedad del ser" - M. Kundera
>>>
Con-versiones marzo 2005