Una experiencia al estilo ¨Labordiano¨
Eleonora Lotersztein
Me decidí
a escribir este artículo un tiempo después de haber sido partícipe
de una experiencia enriquecedora que me hizo crecer tanto
como persona como profesionalmente.
Se
trata de un viaje a Francia como pasante de una clínica psiquiátrica
por la que fui seleccionada gracias a la revista: ¨Topía¨
que me dio la posibilidad de conocer un nuevo mundo.
A
través de esta nueva apertura hacia otros caminos, otros recorridos
y otras vivencias se me abrió un panorama inmenso y mi mente
comenzó a funcionar de otra manera, a pensar diferente.
La
experiencia que yo viví con los pacientes psicóticos en un
castillo en el medio del campo dejó en mí abierto un canal
a la sensibilidad y me permitió conectarme con todas las vivencias
de una manera más aguda y profunda.
Yo
ya no soy la misma luego de haber transitado ese sendero lleno
de nuevos aprendizajes , vivencias y experiencias compartidas
que me devolvieron una nueva imagen de mí.
El encuentro
con esos pacientes, las diferencias de cultura y de lenguaje,
me confrontó con mis propias carencias y limitaciones. Pero
siempre dejándome una impronta como marca que jamás se borrará
por más que el tiempo pase.
Cabe
destacar que yo conviví en el mismo castillo donde se hospedaban
y eran tratados los pacientes (llamados pensionados), con
otros pasantes como yo, de otros países, la mayoría franco
parlantes. Teniendo en cuenta que para mí el idioma no representaba
una barrera o dificultad., igualmente a todos los que realizábamos
la pasantía, en los primeros momentos nos costó adaptarnos
a los nuevos ritmos y tiempos que demandaba ese tipo de trabajo.
En
la primer reunión de pasantes nos dieron un texto cuyo título
era "Repères" (REFERENCIAS), donde nos explicaban
las coordenadas del lugar y todo lo referente a normas y horarios
a respetar. Y no es azaroso dicho título, porque a mí me aconteció
que por momentos me encontraba sin referencias, como habiendo
perdido la dimensión de mi propio ser y las coordenadas temporo-espaciales
que me sostenían. Como si estuviera embebiéndome de la "locura"
del lugar.
En cuanto
al tipo de trabajo, este mismo está situado bajo los principios
de la Psicoterapia Institucional, y es por sobre todas las
cosas lo que yo llamaría "comunitario", es decir,
todas las decisiones eran tomadas en conjunto, reflexionando,
teniendo reuniones donde cada uno (pacientes y trabajadores),
opinaba lo que le parecía y nunca uno solo decidía, no había
ni jerarquías ni burocracias, y eso era bastante respetado.Por
ejemplo un día decidí realizar el turno de las 17hs. hasta
las 23 hs. en la enfermería del castillo y leí en una cartelera
un anuncio que informaba a todos que se iban a pintar las
paredes de ese lugar , entonces cada uno debía anotar el color
de pintura que más le gustaba y luego se decidía entre todos.
Eso me llamó mucho la atención porque, como esa, todas las
decisiones eran debatidas previamente y consensuadas.
Yo me
preguntaba porqué determinaciones que para mí eran nimias,
como por ejemplo arreglar o no una fotocopiadora, eran tomadas
en conjunto luego de haberlas hablado varias veces a lo largo
de diferentes reuniones. Me explicaron que las distintas reuniones
que se realizaban semanalmente permitían la circulación
de un mismo tema, y, como asistían diferentes personas a cada
reunión, unas hablaban y otras no porque no se animaban ,
dependiendo esto, de quienes estuvieran presentes en ese momento,
es muy bueno escuchar, comprender, y darles el lugar a todos
a que opinen, porque, de esa manera se avanza en el razonamiento
y se pone en cuestión la posición que cada uno toma. Es por
eso que las decisiones se toman discutiendo, no arbitrariamente,
ni en medio de un conflicto.
Con respecto
al tema de la circulación era muy importante que la gente
que trabajaba allí, los llamados "monitores", fueran
rotando de puestos y roles, nadie era nominado como el enfermero,
el psicólogo o el asistente social, sino que todos hacían
todo sin rótulos. Y gracias a eso y a la libre circulación
de los pacientes por los distintos lugares que ofrecía esta
clínica se creaban constelaciones transferenciales múltiples
que permitían a un mismo paciente conectarse por ejemplo en
un taller con unas personas y en una reunión con otras.
En
esta clínica psiquiátrica tan particular funcionaba un "Club"
que tenía por objetivo financiar las actividades de los diversos
talleres que funcionaban ahí. Al principio era un tanto complicado
entender el modus operandi de este club, pero a medida que
el tiempo pasaba y que yo iba escuchando y formando parte
de las distintas reuniones, comencé a comprender de qué se
trataba ese trabajo tan interesante que realizaba el club.
Cuando
regresé me pregunté: pero, ¿se curan los pacientes allí?,
¿qué es lo que cura? Y me costó encontrar una respuesta si
lo pensaba en términos de curación. Finalmente llegué a la
conclusión de que: el trabajo institucional y comunitario
en sí es lo que ayuda a encontrar un camino diferente a la
psicosis. No es una sola cosa lo que permite o no encontrar
la salida al sufrimiento que implica la enfermedad mental,
sino que es todo el trabajo en conjunto (los talleres, el
club, las salidas terapéuticas, la medicación) lo que contribuye
a llevar una calidad de vida más digna y placentera.
Y por
último quisiera compartir con ustedes dos vivencias, las más
significativas de todas las que experimenté allí. En una de
las salidas terapéuticas fuimos a un mercado donde vendían
comida, ropa y accesorios en general, una paciente a la cual
le gustaba mucho disfrazarse, (cada día se vestía con ropa
diferente que ella misma fabricaba), se le ocurrió comprarse
una soga. Por supuesto mi asombro fue muy grande al verla,
porque como se imaginarán, lo primero que se me cruzó por
la cabeza fue la posibilidad de un suicidio.
Cuando
hablé con la monitora encargada de ese taller, a ella ni se
le había ocurrido esa posibilidad. Entonces, eso me dio la
posibilidad de reflexionar acerca de las diferencias de enfoque
y maneras de pensar al enfermo mental que esta modalidad de
trabajo "institucional" aporta, otorgándoles a los
pacientes la apertura y libertad que se merecen.
Considero
esto un ejemplo a tener en cuenta, y un modelo que deberían
adoptar varios de los hospitales psiquiátricos de este país.
Y para
finalizar, la última anécdota se trata de que cuando yo estuve
trabajando en la cocina, siempre aparecía un paciente en
pleno delirio, que hablaba sin parar. Mi último día allí,
yo ya estaba empezando a elaborar el duelo que implicaba volver
a mi país, y sentía un dejo de tristeza por tener que dejar
esa modalidad de trabajo tan original y creativa , y sobre
todo porque me tenía que despedir de los pacientes que vivían
ahí. Entonces le dije a este paciente que me iba a ser difícil
olvidarlo, y él me contestó: "RIGOLER", que significa
tomarlo en broma o reírse de eso, como si se hubiera conectado
en lo más profundo con mi sentimiento de angustia y vacío,
dándome una respuesta original y sorprendente que me mostró
un camino diferente frente a esa despedida que para mí "no
era ninguna broma".
Mi más profundo agradecimiento al
Dr. Jean Oury, fundador y director de la Clínica Psiquiátrica
La Borde, a Luciana Volco, nuestro único contacto argentino
que continúa trabajando allí, a todos los monitores que nos
recibieron con tanta amabilidad y fueron tan cordiales conmigo,
y a la revista Topía porque sin todos ellos no hubiera sido
posible realizar esta experiencia. ¡¡Muchas Gracias!!
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