Variaciones sobre el sacrificio azteca
Daniel Sibony
Hemos dicho "transdisciplina",
lo cual puede inducir a equívocos; no está mal, que haya
equívocos, no les tememos, es más, es un camino (múltiple,
diverso, camino-s, errancias). Veamos de cerca: el
camino de las equivocaciones o el camino de las voces iguales,
ésta es la etimología de equivocación, voces iguales. Incluso
que nos llaman, voces iguales que nos llaman. De allí que
distinguir una o varias hará que surja un sendero distinto,
el que podremos llamar nuestro, cuando habiendo transitado
un tramo giremos y veamos las huellas de ese sendero. Trans-itar
nos lleva de nuevo a trans-disciplina, ese ir a otro lado
(trans) y a través de (trans).
Se percibe fácilmente
que la transdiciplina no es un quedar, un quedarse; que
la transdisciplina no es más que un movimiento, de un lugar
a otro, luego el reposo, y de nuevo el camino. Un movimiento
en el saber y en el olvidar, en el crear y en el desconocer.¡Tarea
difícil! Por cierto que sí, por cierto que no. Es difícil
si uno se instala en la dogmática cerrazón de LA disciplina,
si no el ir a través de los campos será un recorrer placentero.
¿Buscando? No, encontrando en el azar y la determinación,
entre el azar y respondiendo a las determinaciones o no.
Acontecimiento. Surgimiento. La transdisciplina será acontecimiento
en esa dimensión que es la temporal. Acontecimiento súbito
e inesperado y luego... olvido, olvido y huella, formará
parte ya de ese camino, que no es más que singular. Hacer
lazo desde allí, ésa, esa ya es otra historia.
Daniel Sibony
se reiría si dijéramos que "es" psicoanalista
y matemático, incluso se reiría si decimos que "es"
Daniel Sibony, lo único que podemos decir es que así se
lo llama y que él acuerda con ello, y agregamos que su escritura
es pasible de una "lectura transdisciplinaria".
Nada más.
Sergio
Rocchietti
El sacrificio es una
aproximación a lo sagrado;
debe descargarlo si hay demasiado, recargarlo si lo necesita.
Doble paso; delicado; doble exigencia: protegerse de lo sagrado, pero también ir
hacia ello, no tocarlo demasiado pero hacer contacto;
tocarlo pero no confundirse con ello; todo un trabajo de la
distancia entre consciente e in consciente; un espaciamiento
de la diferencia con el Otro; un paso de la transmisión; una
compartición; doble objetivo: crear el desequilibrio si el
equilibrio es demasiado riguroso; volver a crear el equilibrio
si el caos es demasiado pesado; modular la diferencia según
falte o inunde.
El
sacrificio busca un
control de esa relación inestable con la pura Otredad. A veces
es límite: en vez de sacrificar (de hacer sagrada) una parte
de sí o del Otro, uno pasa entero; autosacrificio: el punto
final y el origen se confunden en el punto muerto.
A
veces es el grupo el que se apodera de un ser que consagra
o sacrifica: chivo expiatorio; lo incorpora al Rechazo común
para conjurar su resurgimiento; calma el juego del rechazo-liberación.
Y
están las variantes perversas: no "sacrificarse"
al objeto del deseo, sino fundar el objeto confundiéndose
con él: eso anula la diferencia que el sacrificio querría
inscribir. Variante "terrorista":
"sacrificarse" por su Causa echando su suicidio
a la cara del Enemigo, para matarlo; es una manera de decir
que su vida es "mortal". Móvil suicida, al pie de
la letra: automóvil cargado de explosivos que se lanza al
campo enemigo, que penetra el cuerpo enemigo... Hay tantas
variantes como culturas, momentos históricos, instantes críticos
de una misma cultura.
Hubo
una cultura límite, la de los aztecas, donde la relación con
el sacrificio -humano, por supuesto- fue reveladora
y crucial. El sacrificio azteca fue una gestión mortal del
vínculo del Otro, con acentos "suicidas" ya presentes
en esta cultura mucho antes de la sumisión -extrañamente "voluntaria"-
del imperio azteca a sus destructores blancos. Como si el
pueblo asumiera la responsabilidad del himno de sus guerreros
sobre "la dulzura de la muerte de obsidiana": que
los guerreros alegren con su corazón el cuchillo de doble
filo; que deseen, que codicien la muerte florida" ...
La
idea es que el pueblo azteca, pueblo elegido
con todas las de la ley, debía velar porque el Sol, fuente
de toda vida, no careciera de energía. Debía alimentar
ese gran hogar cósmico mediante sacrificios humanos; reinyectar
la energía de la sangre y del corazón de las víctimas a esa
enorme combustión solar, que de lo contrario corre el riesgo
de agotarse. El Otro-solar es así "capturado" en
esa certeza narcisista: se vela por su buen funcionamiento;
se sabe que puede morir por falta de sangre,
por lo tanto vive gracias a la sangre. Para ello, se
sacrifica siempre a extranjeros, tomados en las inmediaciones
del imperio, en las fronteras. Los extranjeros sirven de combustible
para colmar al Otro-solar y asegurar el cierre del "espacio"
fundamental cuyo perímetro va a identificarse, vía los sacrificios,
con un mismo punto ideal: solar; así como el borde de una
superficie plana, al identificarse con un punto, hace de esta
superficie una esfera, cerrándola a lo largo de su orilla...
Este espacio totalitario, que no integra ni la pérdida interna
ni la muerte (ésta siempre está en las fronteras: en la conquista,
y luego en el sacrificio de las víctimas), exige
la expansión creciente. La muerte es echada fuera y, a la
inversa, el Otro sólo reintegra la vida y el gran ciclo cósmico
cuando se le sacrifica como combustible. (Podría decirse:
los aztecas daban flashs a su dios-solar drogándolo
con una droga particular: extranjero descorazonado y sangrante.)
Y cuando los españoles se presentan, hacen las veces de Otro
en estado puro: idénticos a la muerte, que además infligían
con un entusiasmo nunca antes visto. Se dice que Moctezuma,
ante su aparición, se sintió simplemente deprimido; como
cuando una creencia oscura se vuelve real. No le
quedaba más que asumir: desear ser suicidado por esos conquistadores
blancos encaramados en sus "monstruos" y sus "ciudades
flotantes". Ese Otro venía quizá de la isla originaria,
la isla de Blancura.. . Ese Blanco evocaba la muerte bien
conocida en el rostro exangüe de los sacrificados. Y con esta
blanca aparición, la orilla se desgarró, lo real se convirtió
en abismo insignificable, el desplome fue total. Se intentó
ofrecer a los conquistadores... algunos sacrificios humanos;
pero eso los horrorizó (ellos también tenían su rechazo
que proteger ... ).
Su
"Otro" era pues como
la muerte, o como el Otro-sexo, a juzgar por algunas iconografias
en las que el sacerdote azteca cabalga o casi a su víctima,
a la que penetra con su punta de obsidiana como con un dardo,
antes de arrancarle el corazón.
Esta
cultura parecía haber tenido algunas dificultades para pensar
el "resto", el resto del
mundo, el extranjero, ocupada en su misión de impedir que
el Cosmos se quedara debiendo o necesitado.
La
idea no es tan descabellada; hay ricos cuya fortuna excede
toda necesidad, y que viven con el temor de sufrir escaseces;
y se lanzan a empresas arriesgadas como por no saber cuánto
tienen, no saber dónde su vida, identificada con sus "bienes",
termina. La angustia del resto es un medio
para entrar en contacto con el Otro. Para los aztecas, el
Otro cósmico estaba capturado
en una red no de deseo, sino de necesidad: los dioses necesitan
ser alimentados, se conoce el alimento: es el corazón del
extranjero, como se dice, el corazón del problema. Partiendo
de ahí, la economía "sacrificial" alcanza una estabilidad
asombrosa. Quiere ser "realmente" reparadora. El
rito, el corazón del sacrificio
es objeto de necesidad, vía la creencia de ser los mecánicos
del Cosmos. No se sabe qué les picó al final, pero el impulso
sacrificial se amplificaba, compulsivo, desmesurado; desmesura
en la mesura; como si se tratara de agarrar no la muerte sino
la muerte de la vida. El corazón de la vida.
Por
lo demás, en ese universo sin necesidad y sin "otro"
(cuanto más se extiende el imperio, más lejano se vuelve el
otro que sacrificar), en este "universo esférico",
el tiempo está cerrado, es exhaustible, está virtualmente
terminado: la mecánica del calendario, de los días y los periodos,
servía también de única reserva de donde sacar los nombres
propios -puesto que se tenía por nombre religioso la fecha
de nacimiento-, ese calendario pues se cerraba por intermitencias,
por periodos; de pronto había un hoyo; ya no había tiempo
disponible, al pie de la letra. Toda la obsesión energética de la pérdida y de la
necesidad se focalizaba en ese punto negro donde
el tiempo está gastado, agotado, hasta los últimos signos.
El tesoro de los nombres estaba acabado; ya no había suceso
posible. (Pienso de pronto que una de las víctimas de "nuestros
atentados terroristas" me dijo su impresión: "En
el momento de la explosión, y antes de desmayarme, pensé:
listo, sucedió, pasa algo, por fin. . . " No sabía que
estaba a la espera de su acontecimiento, sufriendo ... ) Así
pues, en ese mundo azteca no hay singularidad,
ni crisis o punto crítico donde llegarían a anularse los campos
de fuerza que mueven el Cosmos (ironía topológica: un teorema
clásico dice que en un espacio esférico no hay campo
de fuerza sin singularidad, es decir: sin por lo menos un
punto en el que el campo se anule).
El
fin del mundo no era
pues una fantasía, sino una implicación lógica del sistema:
escapaban de él regularmente ligando el año: durante
una ceremonia impresionante, el ciclo siguiente (es
decir, el mismo pero al lado) era reanudado
con el "fuego" que crepita en los pechos de los
sacrificados. La ligadura simbólica se realizaba de una vez
por todas periódicamente. De lo cual se deduce que hasta en
una sociedad de signos, donde el tiempo y el símbolo son totalizados,
por periodos se necesita del Otro, para extraer la
ligadura significante. (Hemos visto, luego, otras formas
muy agudas; en el espacio totalitario nazi: su
orilla era el "sernita" identificado con el desecho
o con el "resto", siendo el Dios símbolo de la limpieza
anal llamada Pureza en ese caso: nada de "resto"...)
La
función del sacrificio, en esta
especie de autismo simbólico, fijaba lo imprevisto
del tiempo, detenía la otredad.
Y
durante la catástrofe, ante la muerte blanca, ¿se identificó
el azteca con el otro - semejante al que hasta entonces
sacrificaba, eximiéndolo el equilibrio energético de toda
angustia, de toda abertura? De pronto, en el choque final
el grupo asume la necesidad y se consume en medio de resabios
suicidas. Antes, durante los sacrificios, se hacía todo para
lograr que la víctima consintiera en el instante de muerte;
al prevenir cualquier revuelta y cualquier retroceso, se prevenía
la angustia de la gente.
El
sacrificio era para ellos la
única "abertura" hacia el Otro, sobre el Otro como
imposible, siendo la propia abertura su cierre. Decir que
era su respuesta a "fugas" de energía no explica
por qué todo un pueblo se centró en esta única idea cósmica:
la marcha de los hombres, al paso del Cosmos, ponía toda la
energía de los sujetos al servicio del grupo, teniendo como
único residuo: la certeza gozosa de hacer funcionar
al Cosmos.
De
ahí esta hipótesis: en sus sacrificios, los aztecas, en el fondo,
se sacrificaban "a sí mismos": sacrificaban (se
privaban de) la idea de pérdida, de déficit, y del incremento
de la necesidad. Sacrificaban (al cierre de su espacio y al
acabamiento de su tiempo) potenciales de abertura, sobre todo
el poder de enfrentar al Otro cuando sobreviene en forma humana.
Su fetiche era el sacrificio mismo como vínculo petrificado
en la pérdida y el Otro.
En eso soñaba
despierto al mirar ese día el estadio Azteca, en México, en
el "medio tiempo" exactamente (curioso nombre),
ese "estadio" donde Occidente celebraba su ceremonia
favorita: más de mil millones de ojos -vía televisión
y satélites- "fijando" un objeto redondo que
se disputan cada vez dos naciones diferentes, habiendo delegado
cada una para ello a sus mejores, en cantidad de "diez
más uno". Pues sí, ¿en qué estadio está esta cultura?, ¿estadio oral?,
¿anal?, ¿uretral? Está en el estadio, a secas; intransitivo;
digamos, si hace falta, en el estadio de la "portería",
la que brilla de imágenes en los hogares, y también aquella
que en el estadio servirá de hoyo de bala... 0 también digamos
que estamos en el estadio
de la imagen, marcado, orquestado por
las cuentas, cuentas masivas de dinero, de ojos, de miradas
fijas en la imagen y que se la llevan a ojos vistas. Curiosamente,
por estropeada que esté la imagen (está en todas partes, vivimos en un
ruido de miradas) a todos les cuesta cara; una buena imagen
de sí, reconocida y reconocible, cuesta "un ojo de la
cara"; literalmente: lo deja a uno ciego, sobre uno mismo.
Los provistos de una hermosa imagen de sí, pasada y vuelta
a pasar por la portería, están a veces en peligro de estar
ciegos sobre sí mismos; estado de embotamiento y de beatitud
narcisista. Pero eso no es más que un desplazamiento de ojos:
su mirada se ha desplazado a los ojos que los miran, los telemiran,
los telecontrolan. Los drogadictos de la imagen mediatizada
de sí mismos son lo suficientemente inteligentes como para
saber que es droga más bien ordinaria pero no fuman -no
inhalan- más que eso. Pero bueno, ¿en qué estaba? Sí,
el estadio...
Los
corazones palpitan furiosamente -sin arrancarse-, los puños
se cierran, los gritos estallan, el estadio está repleto;
el proyectil, en otra parte mortal, aquí es buscado y luego
vuelto a lanzar por todos, es el corazón del juego, del sujeto,
de la alegría, de la depresión... Occidente encontró allí
una bonita metáfora: todas las palabras del "juego"de
la guerra están allí -Francia "derrota" a Brasil,
España vuelve al ataque, Alemania es eliminada, Italia aplastada..
. Argentina triunfa sobre Inglaterra que acababa de hundirle
un barco... Pero las palabras se refieren al objeto vacío
y móvil, y llevan lejos gracias al globo que las lleva. Eso
basta para sacar a la luz los afectos más ocultos... Verdad
de la apariencia, apariencia de verdad hecha "realidad",
vínculo jugado, fetiche desbaratado ... Es un hoyo de palabra
que se "pasan" los jugadores, y de "verdad",
pero sin decirlo, ocupándose sólo del "proyectil",
pequeño o grande según los "deportes", lleno de
aire o de plomo -o de metal radioactivo- según la naturaleza
de las batallas ... Sorprendente la cantidad de "deportes"
con objeto redondo o circular, a veces de plano ovoide (y
como sport viene de "disport" que quiere decir juego
o diversión, podemos incluir hasta la ruleta, las canicas,
los bolos ... ). En vez de encerrarse en un espacio esférico, los hombres
juegan con esa esfera. No es menos violento
que con proyectiles de plomo, es violento de otra manera,
por el lado de la pasión, afecto, vértigo de las palabras.
Y la diferencia con la guerra abierta, es que los pueblos
quieren estar en el suceso, asistir, hacer de esa "guerra"
un espectáculo en vez de conformarse con la reseña de las
batallas; quieren ver, asistir, formar parte. Es pues un excedente
sensitivo el que orquesta esta "sublimación"
donde, en vez de cabezas que ruedan, le toma uno el pelo a
la cabeza del Otro, en forma de proyectil... Poco después,
desde mi ventana vi a un jugador de golf "entrenándose";
solo; entrenándose ¿para qué? Obviamente quiere que su gesto
lo arrastre un poco más allá de sí mismo, hacia otro espacio
más preciso, donde el diálogo con su cuerpo a través del proyectil
(golpeado con un gesto circular) se volvería ... ¿qué?, ¿más
gozoso?, ¿más justo?, ¿o una simple ocasión para rebasarse
... sin desaparecer? El destino de la humanidad parece buscar
una marca, excitarse marcando puntos (como haciéndose
notar) en ese gesto con el que lanza uno a la cara de los
demás (o ante ellos), un pedacito del cuerpo del Otro... Al
grado de que nos preguntamos: ¿habría sido otro el mundo, y la historia
también, si esos valientes aztecas, en vez de arrancar "verdaderamente"
el corazón, se hubieran conformado con el gesto, con
un gesto-facticio-de-veras? ¿Pero, su sol se habría conformado
con ello?
Porque
siempre la realidad no sólo regresa sino que ya está ahí;
el factor en juego es tanto entrar como salir de ella, acercarse
y cortar las vías directas, demasiado directas para llegar
a ella; haciendo de ese corte vínculo un parlante y excitante.
Texto
extraído del libro "Perversiones (diálogos sobre locuras
"actuales")" de Daniel Sibony, Siglo XXI, México,
1990, Apéndice: Págs. 292/296.
Selección
y destacados: S.R.
Con-versiones marzo
2005