El príncipie azul destiñe al primer lavado
Annie Lina

Si
el príncipe azul destiñe en el primer lavado, no habría porque
esperar al momento de lavarlo. Una salida puede ser irse antes
de que se ensucie y de que sea necesario lavarlo comprobando
así lo que la gente dice: el príncipe azul no existe. Mi coartada
es bien otra: el príncipe azul existe y haré todo lo que sea necesario
en defensa de esta idea.
Recordemos
que el príncipe azul combina muy bien con un caballo blanco,
si es posible alado, que le permite desplazarse por tierra o
aire de manera fugaz. Si es azul, tiene caballo, si tiene caballo,
viene y se va, y si se va... ¿Quién lo lava? Se lavará solito
y se las arreglará para quedar siempre azul. El secreto para
que el príncipe siempre esté azul, es no estar a-zu-la-do.
Dado
que será imposible resistirse al deseo irrefrenable de permanecer
allí ensuciándolo de tanto usarlo, cayendo finalmente en la
trampa de ser una quien lo lava, y ser testigo de cómo se nos
va el príncipe avergonzado por la rejilla, la
solución es tenerlo lejos.
Qué
se lave solo!
No
ser testigo del menester y quedarse con la duda es la estrategia.
“Quizás éste no desteñía...”
Es bueno pensar que al
menos uno puede no desteñir.
Revista
Con-Versiones