| Los sueños y las visiones de iniciación entre los shamanes
de Siberia
Mircea Eliade
Las enfermedades, los sueños
y los éxtasis son otros tantos medios para llegar a ser shaman.
A veces estas experiencias singulares no significan más que una "elección"
desde lo alto y simplemente preparan al candidato para nuevas revelaciones.
Pero habitualmente las enfermedades, los sueños y los éxtasis constituyen
en sí mismos una iniciación; es decir que transforman a la persona profana en un técnico de lo sagrado.
Como es natural, este tipo de experiencia extática es
seguido siempre y en todas partes por la instrucción teórica y práctica
a cargo de los maestros ancianos; pero esto no lo hace menos determinativo,
pues es la experiencia extática la que modifica radicalmente la
posición religiosa de la persona "elegida".
Las experiencias extáticas que determinan la vocación del futuro shaman
implican el esquema tradicional de una ceremonia de iniciación:
sufrimiento, muerte, resurrección.
Desde este punto de vista, toda "vocación
de enfermedad" desempeña el papel de una iniciación, pues el
sufrimiento que trae consigo corresponde a las torturas iniciativas;
el aislamiento psíquico del "elegido" es la contraparte
del aislamiento y la soledad ritual de las ceremonias de iniciación;
la inminencia de la muerte que siente el hombre enfermo recuerda
la muerte simbólica representada en casi todas las ceremonias de
iniciación.
En cuanto al contenido de estas primeras experiencias extáticas del shaman siberiano,
si bien es relativamente abundante, casi siempre incluye uno o más
de los siguientes temas: desmembramiento del cuerpo, seguido
por una renovación de los órganos y las vísceras interiores; ascensión
al cielo y diálogo con los dioses o espíritus; descenso al infierno
y conversaciones con los espíritus y las almas de los shamanes difuntos;
varias revelaciones, tanto religiosas como shamánicas (secretos
de la profesión). Todos estos temas son claramente iniciativos;
en otros sólo se menciona uno o dos (el desmembramiento físico,
la ascensión al cielo). Sin embargo, es posible que la falta de
ciertos temas iniciativos se deba, al menos en parte, a lo inadecuado
de nuestra información, pues los etnólogos más antiguos se contentaban
habitualmente con datos sumarios.
Entre los habitantes de Siberia y del Asia Central la vocación de shaman
se manifiesta con frecuencia en la forma de enfermedad. A veces
no se trata exactamente de una enfermedad, sino más bien de un
cambio progresivo en el comportamiento. El candidato se hace meditabundo, busca la soledad, duerme
mucho, parece abstraído, tiene sueños proféticos y a veces ataques.
Todos estos síntomas son solamente el preludio de la nueva vida
que espera al candidato desprevenido. Podemos añadir que su comportamiento
indica las primeras señales de una vocación mística, que son casi
las mismas en todas las religiones y demasiado conocidas para que
hablemos de ellas.
Pero hay también enfermedades, ataques, sueños y alucinaciones que determinan
la carrera de un shaman en muy breve tiempo. No nos interesa si
esos éxtasis patogénicos han sido experimentados realmente, o han
sido imaginados, o al menos se los ha enriquecido posteriormente
con motivos folklóricos, para terminar integrados en el marco de
la mitología shamánica tradicional. Lo esencial es que esas experiencias
justifican la vocación y el poder mágico-religioso de un shaman,
que se las invoca como la única validación posible para un cambio
radical en la práctica religiosa.
Por ejemplo, un shaman yacuta, Sofron Zateejev, afirma que por regla general
el shaman pasa acostado en la yurta durante tres días sin comer
ni beber. Anteriormente el candidato pasaba tres veces por la ceremonia,
durante la cual era despedazado. Otro shaman, Piotr Ivanov, da más
detalles de la ceremonia. Los miembros del candidato son arrancados
y descoyuntados con un garfio de hierro; se limpian los huesos,
se raspa la carne, se arrojan los fluidos del cuerpo y se arrancan
los ojos de las cuencas. Después de esta operación reúnen todos
los huesos y los atan con hierro. Según otro shaman, Timofei Romanov,
la ceremonia del desmembramiento dura de tres a siete días; durante
todo ese tiempo el candidato permanece como muerto, respirando apenas,
en un lugar solitario.
El yacuta Gavriil Alekseev afirma que cada shaman tiene una Ave de Presa Madre,
que es como un gran pájaro con pico de hierro, garras ganchudas
y una larga cola. Esta ave mítica se hace
ver solamente dos veces: en el nacimiento espiritual del shaman
y en su muerte. Se lleva su alma, la conduce al infierno
y la deja allí para que madure en una rama de pino tea. Cuando el
alma ha llegado a la madurez el ave vuelve a la tierra, despedaza
el cuerpo del candidato y distribuye los pedazos entre los diablos
de la enfermedad y de la muerte. Cada uno de ellos devora la parte
del cuerpo que le corresponde; esto ejerce el efecto de dar al futuro
shaman la facultad de curar las enfermedades correspondientes. Después
de devorar todo el cuerpo los demonios se van y el Ave-Madre vuelve
a colocar los huesos en sus lugares y el candidato despierta más
tarde como de un sueño muy profundo.
Según otro relato yacuta, los demonios llevan el alma
del futuro shaman al infierno y allí la encierran en
una casa durante tres años (sólo un año a los que van a ser shamanes
menores). Allí el shaman sobrelleva su iniciación. Los espíritus
le cortan la cabeza, que dejan a un lado (pues el candidato debe
presenciar su desmembramiento con sus propios ojos) y lo descuartizan
en pequenos pedazos que luego son distribuidos a los espíritus de
las diversas enfermedades. Sólo con esta condición adquirirá el
futuro shaman la facultad de curar. Luego cubren sus huesos con
una carne nueva y en algunos casos le dan también sangre nueva (1).
Según otra creencia yacuta, recogida también por Ksenofontov, los shamanes
nacen en el Norte. Allí crece un abeto gigantesco con nidos en las
ramas. Los grandes shamanes están en las ramas superiores, los medianos
en las del medio, y los ínfimos en la parte baja del árbol. Según
algunos, el Ave de Presa Madre, que tiene cabeza de águila y plumas
de hierro, se posa en el árbol, pone huevos y los empolla; de ellos
salen shamanes grandes, medianos e ínfimos a los tres, dos y un
año, respectivamente. Cuando el alma sale del huevo, el Ave Madre
la confía a una shamana diablesa, con sólo un ojo, un brazo y un
hueso, para que le enseñe. Ella mece el alma
del futuro shaman en una cuna de hierro y la alimenta con sangre
coagulada. Luego vienen tres "demonios" negros, despedazan
su cuerpo, le clavan una lanza en la cabeza y arrojan los pedazos
de su carne en diferentes direcciones como ofrendas. Otros tres
"demonios" le cortan la mandíbula en pedazos, uno por
cada una de las enfermedades que tendrá que curar. Si falta uno
de sus huesos tiene que morir un miembro de su familia para reemplazarlo.
A veces mueren hasta nueve de sus parientes.
En todos estos ejemplos
encontramos el tema central de una ceremonia de iniciación: el desmembramiento
del cuerpo del neófito y la renovación de sus órganos, la muerte
ritual seguida por la resurrección. Podemos observar también el
motivo del ave gigantesca que empolla shamanes en las ramas del
árbol del mundo; tiene amplia aplicación en las mitologías del norte
de Asia, sobre todo en la mitología shamánica.
Según los informantes yurak-samoyedos de Lehtisalo, la iniciación propiamente
dicha comienza cuando se aprende a tocar el tambor; en esa ocasión
es cuando el candidato puede ver los espíritus. El shaman Ganyakka
le dijo a Lehúsalo que en una ocasión en que tocaba el tambor descendieron
los espíritus y lo descuartizaron y además le cortaron las manos.
Por siete días y noches permaneció inconsciente, tendido en tierra.
Durante ese tiempo su alma estuvo en el cielo, yendo de un lado
a otro con el Espíritu del Trueno y visitó al dios Mikkulai.
A. A. Popov hace el siguiente relato acerca de un shaman de los samoyedos de
Avam. Habiendo enfermado de viruela, permaneció tres días inconsciente
y tan cerca de la muerte que el tercer día estuvieron a punto de
enterrarlo. Su iniciación se realizó durante ese tiempo.
Recordaba que lo habían llevado al centro de un mar. Allí oyó que
su enfermedad (es decir la viruela)
hablaba y le decía: "Del Señor del Agua recibirás
el don de shamanizar. Tu nombre como shaman será huottarie (buzo)."
Luego la Enfermedad revolvió el agua del mar. El candidato salió
de ella y subió a una montaña. Allí encontró a una mujer desnuda
y comenzó a mamar de sus pechos. La mujer, que era probablemente
la Señora del Agua, le dijo: "Tú eres mi hijo; por eso te
he dejado mamar de mi pecho. Sufrirás muchas privaciones y te fatigarás
mucho." El marido de la Señora del Agua, el Señor
del Infierno, le dio dos guías, un armiño y un ratón, para
que lo condujeran al Infierno. Cuándo llegaron a un lugar alto,
los guías le mostraron siete tiendas con los techos rasgados. Entró
en la primera y encontró en ella a los habitantes del Infierno y
los hombres de la Gran Enfermedad (la sífilis) . Esos hombres le arrancaron
el corazón y lo arrojaron en una olla. En las otras tiendas encontró
al Señor de la Locura y a los señores de todas las enfermedades
nerviosas, así como a los malos shamanes. De este modo conoció las
diversas enfermedades que atormentan a la humanidad.
Siempre precedido por sus guías, el candidato fue luego al País de los Shamanes, quienes le fortalecieron la garganta
y la voz. Después lo llevaron a las costas de los Nueve Mares. En
medio de uno de ellos había una isla, y en medio de la isla se alzaba
hasta el cielo un abedul joven. Era el Árbol
del Señor de la Tierra, junto a él crecían nueve hierbas,
las antepasadas de todas las plantas de la tierra. El árbol estaba
rodeado por los mares y en cada uno de éstos se hallaba una
especie de ave con su cría. El candidato visitó todos esos mares;
algunos de ellos eran salados y otros tan calientes que no podía
acercarse a la orilla. Después de visitar los mares el candidato
levantó la cabeza y en la copa del árbol vio hombres de diversas
naciones: samoyedos, rusos, dolganos, yacutas y tunguses. Oyó
voces que decían: "Se ha decidido que tendrás un
tambor (es decir el cuerpo de un tambor) hecho con las ramas de
este árbol." Comenzó a volar con las aves de los mares.
Cuando dejaba la costa, el Señor del Árbol le dijo: "Mi rama acaba de
caer; recógela y haz con ella un tambor que te servirá durante toda
tu vida." La rama tenía tres horcaduras, y el Señor del
Árbol le ordenó que hiciera con ella tres tambores que debían guardar
tres mujeres; cada uno de los tambores
era para una ceremonia especial: uno para hechizar a las mujeres
en el parto, el segundo para curar las enfermedades, y el tercero
para encontrar a los hombres perdidos en la nieve.
El Señor del Árbol les dio también ramas a todos
los hombres que estaban en la copa del árbol. Pero, apareciéndose
en el árbol en forma humana hasta el pecho, añadió: "Solamente
una rama no doy a los shamanes, pues la reservo para el resto de
la humanidad. Pueden hacer con ella viviendas y utilizarla para
sus necesidades. Yo soy el Árbol que da la vida a todos los hombres."
El candidato tomó la rama y se disponía a reanudar el vuelo cuando
volvió a oír una voz humana, que esta vez le reveló
las virtudes medicinales de las siete plantas y le dio ciertas instrucciones
acerca del arte del shamanismo. Pero la voz añadió que debía casarse con tres mujeres, lo que
hizo posteriormente casándose con tres muchachas huérfanas a las
que había curado la viruela.
Después llegó a un mar interminable y en él encontré, árboles y siete piedras.
Las piedras le hablaron una tras otra.
La primera tenía dientes como los de los osos y una cavidad en forma
de cesto, y le reveló que era la piedra de sostén de la tierra;apretaba
los campos con su peso para que no se los pudiera llevar el viento.
La segunda servía para fundir el hierro. Se quedó con esas piedras
siete días y así aprendió cómo podían ser útiles para los hombres.
Luego sus dos guías, el armiño y el ratón, lo llevaron una montaña alta y redonda.
Vio ante él una abertura y entró en una cueva brillante, en el centro
de la cual había algo parecido a un fuego. Vio dos mujeres, desnudas
pero cubiertas con pelo, como los renos. Luego se dio cuenta de
que no se trataba de un fuego, sino de una luz que llegaba de lo
alto a través de una abertura. Una de las mujeres le dijo que estaba
encinta e iba a dar a luz dos renos; uno de ellos sería el animal
que sacrificarían los dolganos y evenkes, y el otro el que sacrificarían
los tavghis. También le dio un cabello que le sería útil cuando
curara a los renos. La otra mujer dio a luz también dos renos, símbolos
de los animales que ayudarían al hombre en sus trabajos y además
le proporcionarían alimento. La cueva tenía dos bocas, una que daba
al Norte y otra que daba al Sur; por cada una de ellas las mujeres
enviaron un reno para que sirviera a la gente del bosque (dolganos
y evenkes). También la segunda mujer le dio un cabello. Cuando ejerce
su oficio se vuelve mentalmente hacia esa cueva.
Luego el candidato llegó a un desierto y vio a lo lejos una montaña. Tras un
viaje de tres días llegó a ella, entró por una abertura y encontró
a un hombre desnudo que manejaba un fuelle. En el fuego
había una caldera "tan grande como la mitad de la tierra".
El hombre desnudo lo vio y lo asió con un par de tenazas gigantescas.
El novicio tuvo tiempo para pensar: "¡Estoy muerto!"
El hombre le cortó la cabeza, le descuartizó el cuerpo y arrojó
todo ello en la caldera. En ella hirvió su
cuerpo durante tres años. También había allí tres yunques,
y el hombre desnudo forjó su cabeza en el tercero, que
era en el que se forjaba a los mejores shamanes. Luego arrojó
su cabeza en una de las tres ollas que había allí, la olla en que
el agua estaba más fría. Entonces le reveló que cuando lo llamaran
para curar a alguien, si el agua de la olla ritual estaba muy caliente
sería inútil que ejerciera su arte, pues el hombre estaba ya perdido;
si el agua estaba templada, se hallaba enfermo pero se restablecería; el agua
fría indicaba un hombre sano.
Después el herrero pescó sus huesos en un río en el que flotaban, los unió y
los cubrió otra vez con carne. Los contó y le dijo que tenía tres
huesos de más, por lo que debía procurarse tres vestidos de shaman.
Le forjó la cabeza y le enseñó a leer las letras que hay dentro
de ella. Le cambió los ojos, y por eso, cuando ejercía su profesión,
no veía con sus ojos físicos, sino con esos ojos místicos. Le agujereó
las orejas, haciéndolas capaces de comprender el lenguaje de las
plantas. Luego el candidato se encontró en la cima de una
montafia, y por fin se despertó en la yurta, entre su familia. Ahora
podía cantar y ejercer su profesión indefinidamente sin cansarse
(2).
Hemos reproducido este relato porque es tan asombrosamente rico mitológica y
religiosamente. Si se hubiera tomado el cuidado de recoger las confesiones
de otros shamanes siberianos probablemente ninguno habría quedado
reducido a la magra fórmula común: el candidato permanecía inconsciente
durante cierto número de días, soñaba que lo despedazaban los espíritus
y lo llevaban al cielo, etcétera. Es evidente que el éxtasis
iniciador sigue muy de cerca ciertos temas ejemplares: el novicio encuentra varias figuras divinas (la Señora de las
Aguas, el Señor del Infierno, la Señora de los Animales) antes que
los animales que lo guían lo lleven al centro del mundo, en la cumbre
de la montaña cósmica, donde están el Árbol del Mundo y el Señor
Universal; del árbol cósmico y por voluntad del Señor Universal
mismo recibe la madera para hacer su tambor; seres semidemoníacos
le enseñan la naturaleza de todas las enfermedades y su curación;
finalmente, otros seres demoníacos descuartizan su cuerpo, lo hierven
y le cambian los órganos por otros mejores. Cada uno de estos elementos
del sueño iniciativo es consecuente y ocupa su lugar en un sistema
simbólico o ritual muy conocido en la historia de las religiones.
En su conjunto representan una variante
bien organizada del tema universal de la muerte y la resurrección
mística del candidato por medio de un descenso al infierno y una
ascensión al cielo.
El mismo sistema de iniciación se encuentra en otros pueblos siberianos (3).
El shaman tungus Ivan Tscholko declara que un futuro shaman tiene
que caer enfermo, sufrir el descuartizamiento de su cuerpo y los
demonios (saargi) deben beber su sangre. Esos demonios -que son
en realidad las almas de los shamanes difuntos- arrojan su cabeza
en una caldera, donde la forjan con otras piezas de metal que más
tarde formarán parte de su vestimenta ritual. Otro shaman tungus
refiere que estuvo enfermo todo un año. Durante todo ese tiempo
cantaba para sentirse mejor. Sus antepasados shamanes acudieron y
lo iniciaron. Lo atravesaron con flechas hasta que perdió el conocimiento
y cayó en tierra; le cortaron la carne, le arrancaron los huesos
y los contaron; si hubiera faltado uno no habría podido llegar a
ser shaman. Durante esta operación estuvo un verano entero sin comer
ni beber.
Aunque los buriatos realizan ceremonias públicas muy complejas para consagrar
a los shamanes, conocen también el "sueño
de la enfermedad" del tipo iniciativo. Ksenofontov
relata la experiencia de Michail Stepanov. Éste dice que antes de
hacerse shaman el candidato tiene que estar enfermo durante largo
tiempo; luego las almas de sus antepasados shamanes lo rodean, lo
torturan, lo golpean, le descuartizan el cuerpo con cuchillos, etc.
Durante esta operación el futuro shaman permanece inanimado; tiene
el rostro y las manos azules y apenas le late el corazón. Según
otro shaman buriato, los espíritus ancestrales llevan el alma del
candidato a la "Asamblea de los Saaytani" en el cielo
y allí lo instruyen. Después de su iniciación cocinan su carne para
enseñarle el arte de la curación. Es durante esta operación iniciadora
cuando el shaman permanece siete días y noches como muerto. En esta
ocasión sus parientes (excepto las mujeres) van a donde está él
y cantan: "¡Nuestro shaman está volviendo a la vida y nos
ayudará!" Cuando su cuerpo es descuartizado y cocinado
por sus antepasados ningún extraño puede tocarlo.
Las mismas experiencias se encuentran en otras partes. Una mujer teleut se hizo
shamana después de tener una visión en la que hombres desconocidos
despedazaban su cuerpo y lo cocían en una olla. Según la tradición
de los shamanes altaianos, los espíritus de sus antepasados comían
su carne, bebían su sangre, les abrían el vientre, etcétera. El
kirguis Bacqa de Kazac dice: "Tengo, en el cielo cinco espíritus
que me despedazan con cuarenta cuchillos, me punzan con cuarenta
clavos", etcétera.
La experiencia extática
del desmembramiento del cuerpo, seguida por la renovación de los
órganos, la conocen también los esquimales y algunas tribus de las
Américas del Sur y del Norte (por ejemplo los araucanos, los pomos
de la costa, los menominos, etc.), en Malekula, los papúas de Kiwai
y los dajaks de Borneo (4), y especialmente los australianos. Me limitaré a citar algunos ejemplos de sueños extáticos
y de iniciación de los ensalmadores australianos.
Los arunta conocen tres
maneras de hacer ensalmadores: (1) por medio de los iruntarinia
o "espíritus"; (2) por medio de los eruncha, o
sea los espíritus de los hombres llamados eruncha de la época
de la mítica Alchera; (3) por medio de otros ensalmadores. En el primer caso el candidato va a la boca de una cueva y se queda dormido.
Un iruntarinia aparece y "le arroja una lanza invisible
que le atraviesa el cuello desde atrás, pasa a través de la lengua,
en la que abre un gran agujero, y sale por la boca". La
lengua del candidato sigue perforada y se puede pasar fácilmente
un dedito por ella. Una segunda lanza le corta la cabeza y la víctima
sucumbe. El iruntarinia lo introduce en la cueva, la que,
según se dice, es muy profunda y en la que se cree que viven los
espíritus iruntarinias en una luz perpetua y cerca de frescos
manantiales. En la cueva el espíritu le arranca los órganos internos
y le da otros completamente nuevos. El candidato vuelve a la vida,
pero durante un tiempo se comporta como un lunático. Los iruntarinia
-que son invisibles para los otros seres humanos con excepción
de los ensalmadores- lo llevan luego a su aldea. La etiqueta le
prohibe practicar durante un año; si durante ese tiempo se le cierra
el orificio de la lengua, el candidato renuncia a su profesión,
pues se considera que sus virtudes mágicas han desaparecido. Durante
este año aprende los secretos de la profesión que le enseñan sus
colegas, especialmente el empleo de los fragmentos de cuarzo (atnongara)
que los iruntarinia han puesto en su cuerpo.
La segunda manera de hacer un ensalmador se parece a la primera, excepto
que, en vez de llevar al candidato a una cueva, los eruncha lo
llevan bajo tierra. Finalmente, el tercer método implica un largo
ritual en un lugar desierto donde el candidato debe someterse en
silencio a una operación que realizan dos ensalmadores viejos; éstos
le frotan el cuerpo con cristal de roca hasta raerle la piel, introducen
cristales de roca en su cuero cabelludo, abren un agujero bajo una
uña de la mano derecha y le hacen una incisión en la lengua (5).
Un famoso mago de la tribu unmatjera les dijo a Spencer y Gillen que "cuando
se convirtió en ensalmador, un médico muy viejo se presentó
un día y le arrojó algunas de sus piedras atnongara con un
lanzavenablos. Unas lo golpearon en el pecho y otras le atravesaron
la cabeza de oreja a oreja y lo mataron. El anciano le sacó luego
todas las entrañas, los intestinos, el hígado, el corazón,
los pulmones y en realidad todo, y lo dejó toda la noche tendido
en la tierra. Por la mañana volvió el anciano, lo contempló y puso
algunas atnongara más dentro de su cuerpo y en sus brazos
y piernas, y le cubrió la cara con hojas. Luego cantó sobre él hasta
que se le hinchó todo el cuerpo. Entonces le proporcionó un surtido
completo de entrañas nuevas, le puso muchas más piedras atnongara
y lo palmeó en la cabeza, lo que hizo que se levantara vivo
de un salto. Cuando despertó no tenía idea de dónde estaba y se
dijo: "Creo que me he perdido." Pero cuando miró
a su alrededor vio al ensalmador que se hallaba a su lado, y el
anciano le dijo: "No, no te has perdido; te maté hace mucho
tiempo." Ilpailurkna había olvidado
por completo quién era y todo lo referente a su vida anterior. Un
rato después el anciano lo llevó de vuelta a su aldea, se la mostró
y le dijo que la mujer que estaba allí era su lubra, pues
había olvidado todo a su respecto. Su vuelta de esa manera y su
extraño comportamiento demostraron inmediatamente a los otros nativos
que se había convertido en un ensalmador (6).
Entre los warramunga realizan la iniciación los espíritus puntidir, equivalentes
a los iruntarinia de los arunta. Un ensalmador les dijo a
Spencer y Gillen que durante dos días lo habían perseguido dos espíritus
que, según le dijeron, eran su "padre y su hermano". En
la segunda noche volvieron y lo mataron. "Mientras yacía muerto
lo abrieron y le sacaron todas las entrañas, pero le dieron otras
nuevas y, finalmente, le introdujeron en el cuerpo una culebrita
que lo dotó con las facultades de un ensalmador"(7).
Los biribinga creen que los ensalmadores están consagrados por los espíritus
Mundadj¡ y Munkaninji (padre e hijo). Un ensalmador refirió que
al entrar un día en una cueva se encontró con el viejo Mundadji,
quien lo asió por el cuello y lo mató. "Mundadji lo abrió por
la línea de en medio, le sacó todas las entrañas y las cambió por
las de él mismo, que puso en el cuerpo de Kurkutji. Al mismo tiempo
puso varias piedras sagradas en su cuerpo. Cuando terminó todo se
presentó el espíritu más joven, Munkaninji, y le devolvió la vida,
le dijo que era ya un ensalmador y le enseñó a extraer huesos y
otras formas de magia mala de los hombres. Luego lo llevó al cielo
y lo volvió a bajar a la tierra cerca de su aldea, donde oyó que
los nativos lo lloraban creyendo que había muerto. Durante largo
tiempo permaneció más o menos aturdido, pero poco a poco se fue
restableciendo y los nativos comprendieron que se había hecho ensalmador"(8).
En la tribu de los mara la técnica es casi exactamente la misma. Quien desea
hacerse ensalmador enciende un fuego y quema grasa, con lo que atrae
a dos espíritus llamados minnungarra. Estos se acercan al
candidato y lo estimulan, asegurándole que no lo matarán por completo.
"En primer lugar lo dejan insensible, y de la manera habitual
lo abren y le sacan todos los órganos, que luego reemplazan con
los de uno de los espíritus. Después le devuelven la vida, le dicen
que es ahora un médico, le enseñan a sacar los huesos y la magia
negra de los hombres y lo llevan al cielo. Por fin lo traen de vuelta
a la tierra y lo ponen cerca de su aldea, donde lo encuentran sus
amigos, que han llorado su muerte... Entre las facultades que posee
un ensalmador mara está la de ascender por la noche, por medio de
una cuerda invisible para los mortales corrientes, al cielo, donde
puede conversar con los habitantes de las estrellas"(9).
Como acabamos de ver, la semejanza entre las iniciaciones
de los shamanes siberianos y las de los ensalmadores australianos
es muy grande. En ambos casos el candidato es sometido por seres
semidivinos o antepasados a una operación en la que su cuerpo es
desmembrado y sus órganos internos y huesos renovados. En ambos
casos la operación se realiza en un "infierno", o implica
un descenso al infierno. En cuanto a los pedazos de cuarzo u otros
objetos mágicos que, según se cree, colocan los espíritus en el
cuerpo del candidato australiano, esta práctica tiene poca importancia
entre los siberianos. Sólo hay raras referencias a trozos de hierro
puestos a fundir en la misma caldera en la que se han arrojado los
huesos y la carne del futuro shaman. Hay otra diferencia entre las
dos zonas: en Siberia la
mayoría de los shamanes son "elegidos" por los espíritus
y los dioses, en tanto que en Australia la carrera de los ensalmadores parece ser el resultado de una
búsqueda voluntaria por parte del candidato, así como de una "elección"
espontánea de los espíritus y seres divinos.
Debemos añadir que los métodos de iniciación de los magos australianos
no pueden reducirse a los tipos que hemos citado. Aunque el elemento
importante de una iniciación parece ser el desmembramiento del cuerpo
y el reemplazo de los órganos internos, hay también otros modos
de consagrar a un ensalmador,
especialmente la experiencia extática de una ascensión al cielo, incluyendo
la instrucción dada por seres celestiales. A veces la iniciación
incluye tanto el desmembramiento del candidato como su ascensión
al cielo. En otras partes la iniciación se realiza durante
un descenso místico al infierno. Todos estos tipos de iniciación
se encuentran también entre los shamanes siberianos y del Asia Central.
Este paralelismo entre dos grupos de técnicas místicas pertenecientes
a pueblos arcaicos tan separados en el espacio no deja de tener
relación con el lugar que se concede al shamanismo en la historia
general de las religiones.
Notas:
(1) G. W. Ksenofontov, citado en M. Eliade, Le Chamanisme et les techniques
archaiques de l'extase (París, 1951), págs. 47 y sigs.
(2) A. A. Popov, citado en Le Chamanisme, págs. 50-53.
(3) Cf. Le Chamanisme, págs. 53-55.
(4) Cf. Le Chamanisme, págs. 62-70.
(5) B. Spencer y F. J. Gillen, citados en Le Chamanisme, págs. 56-57.
(6) B. Spencer y F. J. Gillen, The Northern Tribes of Central Australia (Londres,
1904), págs. 480/81.
(7) Spencer y Gillen, op. cit., pág. 484.
(8) Ibid., págs. 487-88.
(9)
Ibid., pág. 488.
Texto extraído de "Los
sueños y las Sociedades humanas", AA VV, Coloquio de Royaumont,
1962, págs. 417/430, editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina,
1964.
Selección y destacados:
S.R.
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