Los
Murciélagos juegan al fútbol con los ojos cerrados
Seleccionado
argentino de fútbol para ciegos
Por
Marcela Depiera
No
me acuerdo de quien era el cumpleaños pero no era el mío. Cuando
terminó la fiesta me quedé con uno de los chicos jugando a la
mancha. Al querer escaparme me llevé por delante la punta de
la mesa y me la di en el ojo. Me la inserté. Cuando salí, a los
6 meses de la operación, me raspé el otro ojo con una púa de
alambre. Eso hizo que fuera disminuyendo la visión. En una palabra,
digamos que de chico yo era hiperkinético, tenía que estar constantemente
jugando y saltando. En aquel momento yo tenía seis años.
Hoy, Antonio Mendoza tiene 34 y es uno
de los Murciélagos que juega para la Selección Argentina de fútbol
para ciegos.
En la Salta donde nació, alterna el deporte
con la docencia enseñando a hacer escobas y cepillos a chicos
en una escuela para no videntes.
Pasó mucho tiempo desde aquel cumpleaños y las imágenes ya casi
desaparecieron. Queda el recuerdo del rostro
de sus padres, todos los colores, las frutas, lácteos, víveres,
fideos, arroz.. También los árboles, la tierra, el agua, el cielo
cuando está nublado y cuando está con sol, ¿no sé si escuchaste nombrar al arco iris?, bueno, todo eso.
Me acuerdo que cuando me miraba en el espejo yo decía que del
color del árbol o de la tierra era más o menos el color de mi
pierna. Claro, era medio morocho. También me pasaba en los primeros
años que soñaba viendo, y cuando me despertaba, la realidad era
que ya no veía. Ahora sueño como soy, lo que escucho, sueño tal cual es la vivencia,
sin imágenes.
Mientras toma la merienda en el buffet del CENARD luego del entrenamiento,
Antonio habla, con una sonrisa plácida en la cara, siempre preparada
para estallar en risa.
Eludir
las bromas que Los Murciélagos hacen sobre su ceguera, no es tarea
fácil. ¿Cómo escribir sobre ellos sin nombrar estos chistes negros,
sin hablar de la oscuridad?
El primer día que llegué al CENARD con la cámara de fotos, Enrique Nardone,
el entrenador del equipo, era el único que sabía de mi presencia
y había aceptado sin inconvenientes que registrara en imágenes
todo lo que sucedía en la cancha. Sabía que los jugadores tampoco
tenían problema y así, todos contentos. El ruido del disparo de
cada foto, el lente acomodándose para enfocar, y algo más, atrajeron
la atención de Silvio Velo: “¿Estás filmando?”, me descubre
mientras espera escuchar la pelota para gritar voy, y salir
a correrla. “No, estoy sacando fotos. ¿Todo bien?”.
Esta no era una pregunta sino un pedido de disculpas. “Sí,
todo bien. Quería saber qué hacías.”
Una
semana después, Oscar Moreno lo presentaría a Silvio como el mejor
jugador del mundo y yo me presentaría como la que les había estado
sacando fotos. Diego Cerega, no desperdiciaría la oportunidad
para obsequiarme el primer chiste de bienvenida: “Ah, no te
vimos”. La risa de todos festejando la ocurrencia, me autorizó
a hacer lo mismo. De ahí en más, Silvio quiso saber qué pensaba
hacer con las fotos, y yo queriendo reparar de algún modo la imposibilidad
que tendrían de verlas, ofrecí describirles minuciosamente lo
que habrían registrado las imágenes. Lo que vino esta vez no fue
un chiste: “¿Para qué? Yo ya se lo que pasa en la cancha.
Mostráselas a la gente que ve, para difundir lo que hacemos.
Si me decís que me vas contar qué se ve en Las Cataratas del Iguazú,
ahí acepto”. Glup.
Los Murciélagos entrenan en el CENARD tres veces por semana a partir de las
cuatro de la tarde. Desde el lugar de reunión, la escalera que
está al lado del gimnasio, caminan hasta la cancha donde la pelota
comienza a hacer ruido y los jugadores a escucharla.
Oscar Moreno, al que le dicen “el muro” por ser buen defensor,
se cambia el calzado, minutos antes del entrenamiento, y en el
momento en el que su pie derecho todavía muestra la zapatilla
blanca de correr y su pie izquierdo ya tiene la roja para jugar
al fútbol, hace su primer chiste: “Sacame una foto con una
blanca y una roja así la gente piensa que este cieguito no se
da cuenta de nada”. Click. 
Diego Cerega toma la cámara, la toca, la estudia y le pide a Darío
Lencina, uno de los arqueros, que pose. Darío posa, Diego enfoca
a donde escucha su voz, y dispara. Click. La cámara hace lo que
quiere y Darío sale borroso. Diego aporta una idea: “¿Por qué
no haces las copias en relieve? Si hay cuadros en relieve, también
puede haber fotos”. Buena idea.
Cuando el entrenamiento empieza, ya todos
se mueven gritando la palabra “voy” que avisa en qué posición
están cuando van a buscar la pelota. Las patadas son cortas para
no perder la jugada de modo que pié y pelota van tocándose todo
el tiempo hasta el momento en el que viene un pase, otro y a patear
al arco. Los arqueros son videntes y coinciden en que no es fácil
evitar un gol porque esta pelota, al contar con municiones de
rulemanes dentro que garantizan el sonido, pesa mucho más que
la convencional y, además, no es sencillo anticipar para qué área
del arco va a salir lanzada. No hay dudas que para Los Murciélagos,
dentro de la cancha, escuchar es mirar. Nunca
pensé que iba a ser tan distinto ser arquero de Los Murciélagos.
El área es más chica y uno tiene que esperarlos cubriendo el
arco. Los chicos quizás van derecho y te pueden pegar un puntazo
en la cara o en el cuerpo, entonces se trabaja mucho el miedo
a chocar con ellos, a los pelotazos muy de cerca. Hay que tener
bastante coraje. La pelota es más dura y pesa casi 200 grs. más
que la del fútbol convencional. Al principio cuando empecé me
metían 5 o 6 goles,
cuenta Gonzalo Abbas Hachache, de Córdoba que además
de jugar para la Selección desde el 2001, estudia Ingeniería en
Sistemas en la Universidad Tecnológica de Córdoba junto con Lucas
Rodríguez.
Enrique Nardone también tiene claro que para su equipo tocar es mirar: Una vez fuimos a jugar contra Corea y como los jugadores querían
saber cómo era Silvio, enseguida lo vinieron a tocar. Cuando jugamos
el mundial de España, yo le dije a mi equipo que fueran a tocar
a los jugadores españoles. Ahí ya tenían información acerca de
cómo estaban los triceps, si estaban flojitos, si estaban duros.
Si les tocaban la cintura podían ver si estaban gordos y eso era
muy valioso. El tacto dorsal, es decir el del dorso de la mano,
es sumamente importante para ellos. Si les tocas las yemas de
los dedos vas a ver que la nuestra es una lija al lado de la de
ellos. Son sumamente cuidadosos para poder percibir. Cuentan con
información que los videntes no tenemos.
Lucas no necesita de la vista para estudiar
en la facultad ni para manejar la computadora. De chiquito ya
jugaba al fútbol y nunca lo abandonó, ni siquiera cuando perdió
la vista a raíz de una retinosis pigmentaria: Primero empecé
con una pelota de plástico, le hacía un huequito y le ponía una
piedrita así la escuchaba, o si no, a una pelota común le ponía
una bolsa y lo mismo, hasta que me enteré que había un equipo
de fútbol para ciegos. A los 12 años más o menos empecé a jugar
y desde ahí en adelante nunca abandoné.
Después del entrenamiento en la cancha, Martín Demonte y Gonzalo Vilariño,
los preparadores físicos, se encargan del trabajo en el gimnasio.
Luego salen a correr alrededor de la pista de atletismo, tomados
de un pañuelo o una vara de goma que los mantiene unidos junto
a alguno de sus compañeros videntes que los guía. Se los ve divertidos.
Luego viene la merienda en la cafetería del CENARD donde toman café con leche,
yogurt, cereales y frutas. Allí comparten un momento más de charla
antes de regresar cada uno a su casa de la cual la mayoría vive
lejos. Silvio es uno de los primeros en irse. Viaja todos los
días desde San Pedro donde vive con su mujer y sus hijos.
El 9 de Septiembre, día de la partida a los
Juegos Paralímpicos en Atenas, Los Murciélagos no sabían aún que
regresarían con la medalla de Plata colgada en el cuello. Oscar
y Antonio salen del hotel del CENARD, donde han pasado los últimos
cuatro días concentrados, con la idea de hacer algunas compras
en el kiosco más cercano: galletitas, pilas para la cámara de fotos de Oscar y un repuesto para su afeitadora. El
camino al kiosco viene conversado: “Ustedes no se tocan los
gestos de la cara”, afirma compasivo. Tocar una sonrisa y
enterarse de ella solo por lo que dicen los dedos; saber donde
está el sol solo por su calor en la cara; imprimir una foto en
relieve. Habrá que ensayar.
Oscar guía el rumbo hacia el kiosco: Cruzá la Av. Libertador y a una cuadra
sobre la izquierda, en la esquina, está el kiosco. ¿Querés que
maneje yo?, propone riéndose.
Kiosco. La elección de las galletitas lleva su tiempo: el necesario teniendo
en cuenta que les van a servir para soportar las doce horas que
deberán esperar en el aeropuerto de Frankfurt hasta embarcar el
vuelo a Atenas. Comprémoslas acá que en Frankfurt nos van a
arrancar la cabeza.
12.00hs. De vuelta en el CENARD. El paseo a comprar pilas duró más de que debía
durar. Quince minutos mas tarde, el Secretario de Deportes les
dio su saludo, posó para la foto de rutina y se fue. 
13hs. El micro apuntando
al aeropuerto, ya está listo. Empiezan las despedidas y los buenos
augurios. Ya ha llegado la hora.
Que se apuren que el avión
no espera.
El micro partió y por
un mes, el CENARD se quedó un poco solo.
En ese momento no se podía pronosticar con certeza si ganarían
alguna medalla, aún sabiendo que eran los campeones mundiales
los que viajaban a Atenas. Aún sabiendo que Los Murciélagos juegan
al fútbol con los ojos cerrados.
Enrique
Nardone cuenta la historia del futbol sala para ciegos y su reglamento:
La FADEC (Federación Argentina de Deportes para
Ciegos) comienza en el año 1989 si bien desde unos años antes
ya se trabajaba para que los ciegos hicieran deportes. Se organizaron
los primeros campeonatos panamericanos y a partir de allí se dio
un intercambio que llega hasta hoy.
En
1995 nos juntamos con un grupo brasilero, un técnico español y
yo, y elaboramos un reglamento que fue aprobado en 1996 por IBSA
(International Blind Sports Federation ). Después FIFA también
lo aprobó porque se lo considera “deporte adaptado”, que quiere
decir que es lo más adaptado al deporte común.
Se adecuaron la pelota, las vallas, el área restringida
del arquero. La cancha en lugar de líneas laterales, antes tenía
una tela adhesiva en el piso para que ellos la percibieran con
el pies, pero lo que pasaba era que el juego así se hacía mucho
más monótono y aburrido porque la pelota se iba afuera. Antes
la pelota era igual que una cualquiera a la que se le cosía un
ojal con un llaverito o un manojo de chapitas de gaseosa. El problema
era que se trababa y no tenía una línea regular. Así eran las
pelotas hasta que en Brasil fabricaron la primera que emite
el sonido a través de seis cápsulas sonoras internas con municiones
de rulemanes ubicadas entre el cuero y la cámara. A la vez esto
permite que la pelota tenga una trayectoria como cualquier otra.
El fútbol sala para ciegos es un deporte de mucha comunicación,
de mucha confianza en el cual los jugadores tienen que escuchar
tu voz y además pueden tocarse. Se eligió el fútbol sala porque
es un deporte mucho más seguro.
¿Cuál es el reglamento?
- La duración del partido es de dos tiempos
de 25 minutos cada uno.
- Todos juegan con gafas que les tapan los ojos:
antes había muchas ventajas deportivas porque había gente que
divisaba bultos.
- Hay cuatro jugadores por equipo en un espacio
de 20 X 40 metros para manejar la pelota, más el arquero que debe
ser vidente.
- El arquero se mueve en un área restringida,
es decir, no puede salir de su arco.
- Los jugadores deben decir “voy”, que
es un palabra internacional, para ir a pelear una pelota y evitar
choques.
- La líneas laterales de la cancha están marcadas
por vallas que sirven de orientación a los jugadores y evitan
que la pelota se vaya afuera.
- La cancha se divide en tres tercios imaginarios
para indicar quién guía a los jugadores, desde fuera de la cancha,
diciéndoles por ejemplo “por aquí viene la pelota”, “tenés uno
al costado”:en el tercio defensivo el único que lo puede hacer
es el arquero; en el tercio medio, que es el más grande, el que
puede guiar es el técnico; y en el otro tercio, detrás del arco
contrario, el que puede hablar es el guía que va repitiendo la
palabra “arco” para orientar al goleador. Se entiende que los
que guían son videntes y todo esto se reglamenta para que no
haya tanta locura de voces que mareen a los jugadores. A nivel
internacional hay un cuarto arbitro que sanciona si se está guiando
bien o mal, al cual hay que ayudar para que lea cuál es la intención
de cada jugada.
Con- versiones noviembre 2004