El
poder de la palabra
Romina
Campopiano
(parte I)
“(...) El ser del hombre no es jamás lo que es y es
siempre lo que no es. No es lo que es sino en
tanto en que se vuelve lo que es, en tanto cambia,
deviene. Su ser es Devenir, Tiempo, Historia y no
deviene, no es tiempo histórico más que en y por
la acción negadora de lo dado, la acción de la
lucha y el Trabajo. (...)”.
[Fenomenología de la conciencia de sí, La
dialéctica del amo y el esclavo, Hyppolite]
Según la filosofía de Hegel, el hombre como tal es finito como todo animal,
pero difiere ya que en su esencia diría Hegel –es–ser- inmortal;
el hombre vive para morir. Pero esta actitud negadora del hombre
tiene que ser superada. Superada a fin de poder develar temas
como el poder y el deseo.
El presente
trabajo tiene como intención desarrollar una estructura “de política”
que se da en nuestra cultura, tomando como base dos problemáticas
filosóficas: “el poder de la palabra” y el “erotismo”.
¿Por qué la palabra y el Erotismo? Porque ambos son en tanto constitutivo
del hombre esenciales a la hora de vislumbrar los problemas filosóficos
y políticos de nuestra historia.
Percibir
como opera y funciona esta estructura que rige nuestro acontecer,
la estructura “de política” es la falta de cuestionamiento de
nuestra “no acción”, de nuestra falta de apropiación “de la palabra”,
de nuestra falta de “búsqueda” de nuestra formación como individuos
sociales. Pero insisto esto se debe a una estructura “de política”
que se viene desarrollando en nuestra historia. Pero ¿por qué
–de política?, porque se intentará describir como hoy en día las
ciencias del hombre aparece el ocultamiento de los orígenes y
de la genealogía de las fuerzas. Como manifiesta Deleuze, “el
sabio ha tomado como modelo de triunfo de las fuerzas reactivas
y quiere encadenar a ello el pensamiento”. Invoca su respeto
por el hecho y su amor a la verdad; pero el hecho es una interpretación,
la verdad; pero ¿cuál verdad? ¿la de quién?.
La ciencia
nunca como hasta ahora llevó tan lejos el estudio del hombre y
de su naturaleza pero a la vez se ha vuelto sumisa de un ideal
del orden establecido. Es una cuestión política. Tanto demócratas
como socialistas, dice el autor, han inventado una teología y
no interpelan a la constitución de sus ideales. No rastrean sus
orígenes históricos, base fundamental para poder construir una
crítica del acontecer del proceso histórico de los hombres. La
subjetividad de nuestro tiempo nos lleva a perder de vista un
proceso histórico. Por qué lo importante de ello: porque al tratar
este problema estamos desarrollando un tema político.
En todos los textos se
me presentaba la misma cuestión que no es otra más que: ¿qué
encierra la palabra? ¿qué se esconde detrás de ella? ¿por qué
nos incomoda tanto la palabra?.
Y
quizás hasta ahora, inclusive después de haberme animado a explorar
e investigar y jugarme a pensar, no he encontrado respuesta sino
que tengo más preguntas. Sé que no elegí un tema que se abarcó
en su totalidad, ya que por ejemplo no veo el tema del simbolismo
el cual se menciona en los textos de Heiddegger, el más psicológico
como Freud y Lacan. Pero se intentó desde los textos y otros recomendados
por la cátedra avanzar más sobre esta curiosidad que me produce
la palabra.
A continuación
me propongo develar cómo los diferentes textos produjeron pensamientos
y reflexiones y por qué no también contradicciones y nuevas preguntas.
Así
uno de los textos que me ayudó a comenzar mi inquietud fue el
de Lyotard, ¿Por qué filosofar?. Y en el mismo encontré los lineamientos
principales para darle cuerpo a mi monografía en cuanto al deseo,
la presencia-ausencia, el destino, la acción, la investigación
y del logos.
Comenzamos
su recorrido con la pregunta de ¿por qué desear?, admito que cuando
comencé el tema de la palabra nunca se me hubiera ocurrido que
había relación entre esta y el deseo. El
deseo entendido como el movimiento de algo que va hacia lo
otro como hacia lo que falta a sí mismo (Lyotard),
y como se verá durante el desarrollo del presente trabajo, que
en tanto alguien es deseado es intento de posesión, de aniquilación
de eso que no se tiene, del otro (amo-esclavo, Hegel).
Pero
hasta aquí si bien la idea me quedó dando vueltas, aún no comprendía
como podrían llegar a relacionarse, o porqué deberían haberse
relacionado. Sino hasta cuando comencé a leer más sobre Hegel
y su dialéctica del amo y el esclavo. Donde al tratar al deseo
entiende por este la necesidad de vaciar al otro de contenido,
anularlo, a fin de que no se apodere del sentido de las cosas.
Podría compararlo con lo que Lyotard anuncia sobre lo que sucede
con la Filosofía, en el sentido que se intenta ocultarla, de vaciarla
a fin de cuentas para que esta no tenga poder, al no dejarla que
llame a la acción, al pensamiento y a la reflexión.
Pero lo que encerraba detrás de todo esto era la teoría en sí, la palabra en
tanto enunciación de una reflexión, del pensamiento. Lo que nos
lleva a actuar a modificar una realidad, que en términos de Marx,
es porque hay una latencia de ser modificada.
Y este poder es el de
la palabra en tanto que ordena y garantiza un orden. Y su efectividad
se basa en quien detenta el monopolio de sentido de esta palabra, que como
se verá la misma se la eleva al rango de ley o mandamiento. Se
intenta dar un sentido a la verdad de la realidad.
Como en el
texto de Wilcok, sobre el caos. Intenta descubrir la verdad, lo
mismo que sucede en Edipo, si bien son dos textos completamente
diferentes, ambos me convocaron al mismo pensamiento: en los dos
hay una exploración, una búsqueda sobre la verdad. En Wilcok,
podemos pensar que a pesar de que se invoca al caos las cosas
siempre tienden a buscar un orden, una ley, el hombre no sabe
vivir en libre albedrío. Aun en el caos más terrible tiende a
repetir las conductas. Es como si la ley-orden tuviera este rango
divino que se detalla durante mi trabajo. El éxito rotundo que
tiene el orden sobre el caos, lo mismo que en la tragedia, donde
hay un caos (Edipo se casa con su madre) pero hay una ley que
articula a ese caos que es la divinidad. En Wilcok, es ya la ley
de los hombres, es el orden entre los hombres. Es un caos ordenado.
Pero los hombres no se
cuestionan este orden, porque están no solo inmersos en el mismo
sino que los aceptan como absoluto, como realidad en sí misma,
no como una realidad que se construye en tanto elección de su
orientación.
Como
dice Lyotard el filosofar es no desear la sabiduría sino desear
el deseo, es la aspiración a la sabiduría como así también me
explayaré en este tema más adelante cuando tome el tema del “eros”.
Así como nos dice que el filósofo lo que quiere es que se reflexione
sobre los deseos, lo mismo sucede con lo que me propuse en el
trabajo, que los hombres al no reflexionar sobre un orden o sobre
sus deseos no se cuestionan y aceptan el orden (o el caos) que
le es impuesto.
Marx
en su crítica a la ideología alemana la considera como falsa conciencia
o filosofía a los absolutos, o sea a los preceptos y conceptos
son aislados del contexto que le dio origen. Esto es necesario
para mantener el poder mismo del orden, o sea dirigir la vida
de los hombres. Y este es el espacio que le da el autor a la filosofía,
como espacio de expresión de las diversas ideologías o deseos
(Política). Pone de manifiesto la palabra y la acción que de ella
deviene o viceversa. Así como Marx toma la ideología como hija
del deseo, es la razón por la cual ahondé en el tema, claro no
podía dejar de pensar en términos dialécticos para continuar con
el recorrido. Y la filosofía sigue existiendo en tanto haya distintos
deseos, ella está no para suplir esa falta de palabra sino garantizar
que los hombres se atrevan a tomarla. Ya que la palabra es constitutiva
del ser del hombre.
Así como Lyotard rescata todo el tiempo
esta forma de entender la pregunta de ¿por qué desear o por qué
seguir filosofando? Se responde con la forma de pensamiento de
la realidad como lo hace Marx. Donde no se olvida del entramado
de relaciones que constituyen al sentido de la palabra, que le
dan contenido. El sentido del mundo se apoya en las palabras,
ahora que contienen esas palabras: un orden, una ley, un mandamiento.
El que logra detentar el poder instala un nuevo orden y da un
sentido a la realidad.
La palabra
en tanto pensamiento, en tanto acción que modifica la realidad,
pero para ello es preciso que los hombres abran sus ojos. Que
no sean como el sueño de Borges, donde somos un sueño de alguien
que nos sueña, sino como dice Lyotard: (...)
“pensar desde el punto de vista de la acción...no es entrar en
lo ya pensado ...es ante todo luchar contra lo que separa el significado
del significante, contra todo lo que impide el deseo tomar la
palabra y con la palabra el poder” (...)
Volviendo a Wilcok, donde creía ver
el caos total y en el llegar a la nada, ¿por qué a la nada? Porque,
consideraba en un principio que el caos nos devela la nada.
En un principio no hay nada, todo está por hacerse. El orden se
construye y para ello es necesario leyes, pero el logos que de
estas se desprende es que es una ley eterna ahistórica, que como
se intentará demostrar durante toda la monografía esto no es así.
Pero avanzando en el cuento, nos sumerge a una entrega total y
vivencial del caos. Inclusive a uno se le hace hasta intolerante
tanto disparate, pero a medida que avanza y nos sumergimos a su
juego de tratar de buscar una nueva forma de vivir, llega a la
conclusión de que los hombres tienden a reproducir el orden y
ve como cada vez se vuelven más esclavos de él. Él, que tiene
el poder de instaurar una nueva forma de ver la realidad, y si
bien dice “ el poder es un vano espejismo, una ilusión organizada”,
pero lo que podemos inferir del cuento es que cuando él personaje
del cuento decide formar un nuevo caos, las personas tienden a
organizarlo. A estructurar su mirada y guiar sus actos a partir
de este nuevo orden. Pero se hace la pregunta sobre ¿quién es
el que dirige el caos, o el orden?.
Así como hice alusión anteriormente
al cuento de Borges, en este relato sucede lo mismo. Wilcok se
pregunta por la falta de voluntad para cambiar las cosas y a pesar
de que se nos de un “relativa” libertad, el hombre sigue reproduciendo
el orden. Y además se pregunta por quién logra instaurar ese orden,
ya que hasta él mismo se ve como pieza de un sueño de alguien
que dirige el mundo.
Así,
en este punto fue la necesidad de buscar un poco más sobre la
relación del poder de la palabra, el deseo y la voluntad de cambio.
Fue ahí donde me introduje en la mitología. No en su totalidad
sino desde un texto de M. Foucault, “La verdad y las formas Jurídicas”
(sobre Edipo Rey), y la tragedia de “Antígona”.
PALABRA:
Describir la importancia del “poder de la palabra” en el acontecer y
constitución (historia) del “ser” del hombre, es un camino político.
¿Qué expresa la palabra? ¿Qué se esconde detrás de la palabra?.
La misma cobra importancia dentro del lenguaje, que no solo la articula para
expresar el sentido de su significado, sino que a través del lenguaje
se transmite la subjetividad que contiene mediante el relato a
otras generaciones. Se transmite lo que denominamos a partir de
ahora el “logos”: una forma de pensamiento que articula
y da sentido a la de vida de los hombres. Ahora bien, surge
la pregunta ¿qué palabra es la que hay que transmitir?
¿Quién es el que define y nos da el significado de una palabra
la cual expresada logra instaurar un logo?.
Si partimos de la base que quien detenta la posibilidad de definir el contenido
de una palabra, logra fundar e instaurar un logo, desde el
cual los hombres articularán sus percepciones y acciones en función
de lo que éste designe. Es este punto el más importante, ya que
allí radica el “poder” que se contiene –con- y –en- la palabra;
ésta puede dirigir el acontecer de los hombres puede decidir
sobre su destino. Es en la tragedia donde analizaré como el poder
de los Dioses o Reyes (quienes detentan el poder) se materializa
en sus designios (palabra), que influye en el acontecer de los
hombres. Ya que la palabra se puede analizar desde dos lineamientos,
poder de la palabra enunciada (y como influye en los hombres)
y el poder que de ella se desprende hacia quien la detenta. Ahora,
¿qué poder?, el poder de decidir sobre la vida y la muerte a través
de la palabra o con la palabra.
Para que esta palabra sea eficaz, quien la detenta debe articular un mecanismo
o “dispositivo de sometimiento” (obediencia a lo impuesto) para
que esta palabra se eleve a un rango de mandato (o ley), a fin
de sostener el poder; hay una relación directa entre poder- palabra.
. Pero a la vez el poder que encierra la palabra, contiene una
paradoja:[i] la idea es transmitir
a través del lenguaje el logos (palabras que organizan la estructura
subjetiva de la realidad a los hombres - pensamientos) pero el
lenguaje es movimiento, pensamiento, desarrollo, por lo tanto
el logo corre peligro de ser modificado a través de la experiencia
directa entre objeto-concepto. Por ello para garantizar su continuidad
en todos los tiempos y campos (empresas, iglesias, escuelas etc)
necesita que no sea re-pensado, ni re-formulado ni interpretado
bajo la óptica de cada una de las personas. Sino que se intenta
quebrar la interpretación autónoma, por una lectura brindada
por el poder (podemos inferir una lectura de las cosas desde lo
“oficial”). Anulando de esta manera no solo el debate, sino la
acción, la intención o voluntad de búsqueda de otra forma de realidad,
de otra verdad. De lo verdaderamente constitutivo del hombre.
Lo que se intenta con ello es ocultar la posibles caminos de verdad
y no solo uno.
Transmitir la palabra como un mandato- como la palabra de Dios o la del Estado,
porque sino el logos pierde su monopolio de sentido, pierde
su fuerza, su poder. Si los hombres instigan, preguntan o se cuestionan
sobre la forma de la realidad, debilitan el subuniverso de sentido
que se creó como forma de concebir la realidad. Por eso lo importante
y lo peligroso no solo de las diferentes ideas, sino la expresión
de las mismas; ya que rompen con la lectura única del mundo.
Como se verá en la tragedia y como lo indica M. Foucault (“La verdad y las formas
jurídicas”), es otro el armado de piezas de la realidad, donde
la relación palabra- objeto, lleva a contarnos otra versión de
la historia.
Por
ello los dos ejes centrales que seleccioné como armazón de la
presente monografía en lo concerniente a la palabra, es la falta
de voluntad en la búsqueda de verdad a fin de re-pensar la historia
y percibir como se articula e instaura el poder de la palabra.
Veremos como tanto en el mito
como en la biblia se encuentra no solo la palabra, sino la relación
de un saber-poder, que es lo que sostiene al logo. El
texto bíblico, como los textos míticos son una interpretación
de la condición de existencia del hombre en la tierra. Estos textos
organizan una forma de ver la realidad , le otorgan un sentido
a la vida del hombre, es una interpretación que organiza la realidad. Se intentará rastrear como este "logo" fundante
sobre la concepción de la realidad, se encarna en la subjetividad
de los hombres y no desaparece con los diferentes procesos que
sufre la sociedad, sino que se resignifica, se trasforma. Y la
transformación es dada por el cambio de subjetividad en el fundamento
de poder que contiene y sostiene al "logo", ya que la
obediencia es el fundamento que le da legitimidad a un orden dado.
La filosofía acusa Foucault, ha perdido su rumbo, en el sentido que describe
(solo da cuenta de los acontecimientos)y dejó de ser política.
Política en el sentido que se intenta plantear en esta introducción,
al no contemplar el proceso histórico por el cual se define o
se le da contenido a un concepto dentro de un ethos determinado,
se pierde su especificidad y se contempla la idea. Pero esta idea
se la vacía de contenido y no lleva a una acción concreta. La
acción va a depender del cuestionamiento de las categorías que
la orientan y fundamentan. El desconocimiento de la acción, de
lo activo se juzga hoy en día por su utilidad (como se desarrollará
más adelante sobre la mercantilización y la acción).
Esta
estructura que se marca en estos comienzos es la misma que rige
en la utilización de la palabra. Si situamos a la palabra en el
sentido de quién la utiliza, cómo y con qué intención, nos damos
cuenta que no es solo –decir la palabra- sino ¿qué quiere al decir
tal palabra?. Porque la transformación del sentido de una palabra
significa que algún otro se ha apoderado de ella y la ha re-significado,
la aplica a una cosa porque quiere otra cosa, crea valores, que
guiarán las acciones de los hombres.
Quien se anime a detentar
el sentido de una palabra, darle contenido a través de la búsqueda
de su esencia, tiene en los términos de Nieztche: libertad.
Porque lo que se esconde detrás de esta intención, es la voluntad-.
No solo la voluntad de poder, porque sino caeríamos precisamente
en la crítica que hace en “Zarathustra”; “se
ha concebido la voluntad de poder como si la voluntad quisiera
el poder, lo que se ha hecho es que el poder sea algo representado”
[ii] : a partir de aquí se tiene la idea
de señor – esclavo, a partir de aquí lo que hacemos es juzgar
la idea de poder desde una idea ya establecida. Voluntad de poder,
no significa que la voluntad quiera el poder: sino el poder
es lo que quiere en la voluntad, el poder es el elemento genético
y diferencial en la voluntad. La voluntad de poder es maleable
(no establecida) y se define en cada caso que se determina. Dice
Nietzsche, así como el eterno retorno es el ser, pero el ser que
se afirma en el devenir, la voluntad de poder es lo uno que se
afirma en lo múltiple. Y el elemento creador de valores y de sentidos
es necesariamente el elemento crítico que lleva a la libertad.
Libertad entendida desde la concepción Foucaultiana: recorrer
el entramado de relaciones y fuerzas que le dieron el sentido
a una palabra, percibir el contexto histórico no para dar cuenta
de ella, sino percibir el sentido que contiene y conduce nuestras
acciones. Por ello lo importante del “poder de la palabra” en
tanto portadora de “acción” (portadora de valores, creadora de
valores) que se resignifican.
Por eso un esquema político,
porque conduce a plantearnos el contenido de nuestras ideas: ¿qué
entendemos hoy por libertad? ¿qué entendemos por democracia?.
Realizar la crítica histórica de la formación de estos conceptos,
nos permite actuar en consecuencia y no meramente recibir ya idea;
esto nos lleva a la libertad. No libertad en cuanto categoría
definida y cerrada, sino que se resignifica constantemente en
nuestra acción. Pero mientras no se realice este proceso de búsqueda
de verdad del sentido, conservamos la sumisión al orden y lo aceptamos.
Así ante el cuestionamiento del ¿por qué los hombres no se apropian de la palabra?,
podemos acercarnos a Heidegger. Desde el comienzo de su análisis
en Heidegger percibimos algo la incomodidad del llamado que nos
hace a cambiar y re-pensar la pregunta. La falta de intención
de hacernos una pregunta, apoderarnos de la palabra, podríamos
inferir, radica en cambiar la pregunta. El punto central de la
propuesta de este autor está en que hace la pregunta por el “SER”,
qué entendemos por el ser, porque de esa respuesta depende lo
que somos. No hay un ser independiente de nuestra interpretación,
porque cada época debe responder a esta pregunta, lo que lleva
a determinarlo y caracterizarlo.
Generalmente tendemos a pensar la pregunta desde el punto de vista desde la
metafísica, desde el pensamiento occidental tradicional (Aristóteles).
Desde el punto de vista de la metafísica, el “ser” es aquello
que determina al ente en cuanto tal. Hablamos de entes, decimos
que las sillas son tales por ciertas características objetivas
que le dan su forma, decimos “son sillas” por esas características.
Así la pregunta por el ser la tradición occidental la ha pensado
como una pregunta por el fundamento del ente.
Heiddegger no solo nos propone cambiar la pregunta, sino que propone el pensar
de algo más profundo y constitutivo del hombre: el ser. Y no solo
critica la filosofía de Aristóteles sino también la de Descartes.
Porque Descartes no pregunta sobre qué se sostiene el árbol, toma
como dado el suelo, pero no cuestiona sobre qué está fundado el
“yo pienso”. Heiddegger toma el concepto –Dasein- el “ser
ahí” el lugar donde el ser se manifiesta o aparece. Porque
lo que no se preguntaban era por el ser, hay un olvido de lo constitutivo
del ser. La tradición occidental no se planteaba la pregunta que
moviliza al hombre, sino que establecía postulados inamovibles.
No cuestionaba los cimientos que daban a un pensamiento, lo que
deviene en in-acción. Da por supuestos ciertos pensamientos.
Ahora bien, ¿por qué la necesidad de ciertos postulados “dados”?, y retomando
el pensamiento Heideggeriano, es porque como lo enuncia: los hombres
no se cuestionan por el ser porque da angustia. La angustia deviene
de la falta, ¿de qué falta?, la falta del no saber, de la NADA.
Que detrás de esto no hay nada. Por eso es intolerable para los
hombres preguntarse sobre el ser, porque deviene en falta, en
ausencia. No hay nada. Qué hay detrás de la muerte: nada. Y es
así ante lo insoportable del ser, es que el hombre buscó dar conceptos
y pensamientos que calmaran su angustia. Se dio el relato de un
comienzo divino, donde éste garantiza la felicidad en el más allá.
Deja que le den sentido a su vida. En los términos de Niezstche,
el hombre acepta el sentido impuesto, porque no soporta ser el
mismo quien otorgue sentido a su vida. Esto, lo hace salir de
cualquier culpa: hay perdón. Si bien mi intención no es detenerme
en la responsabilidad del individuo, ya que merece todo un apartado
en relación a la culpa de la tragedia y la diferencia con la judeo-cristiana;
sí pretendo detenerme en el punto de lo que se resigna con esto:
que los hombres no se desplieguen en su ser y como lo enuncia
Foucault en “Hermenéutica del Sujeto” si los hombres no pueden
hacerse cargo de ellos mismos, de su desarrollo en la vida, pierden
su libertad.
Según Heiddegger, la nada se descubre se presencia en la angustia, y esta,
la angustia, se encuentra precisamente en la más absoluta impotencia
frente al ente en total. Esta nada que se patentiza en la angustia
(...) “lleva al existir, por primera
vez, ante al ente en cuanto tal”.... “Existir (ex – sistir) significa:
estar sosteníendose dentro de la nada” (...)
[iii] . Dicha nada está permanentemente
disimulada en nosotros en tanto nos perdemos completamente en
el ente, nos perdemos en lo objetivo de la realidad. Nos perdemos
entre los entes de la realidad para evitar confrontarnos al ente
en cuanto tal: que es lo que nos lleva a la angustia. Angustia
porque somos seres finitos inmortales no soportamos la presencia
de la muerte. Pero con este miedo a la nada, el hombre acepta
los relatos, no los cuestiona y no rastrea las acciones que dieron
contenido a las palabras que dirigen su vida y su acontecer.
Tanto Leibniz como Heidegger se han preguntado sobre ¿ por qué el ente y
no más bien la nada?. Lo que se puede traducir en la pregunta
de ¿cuál es el sentido de mi vida?, pero como proponen la mayoría
de los autores que tratamos, no se trata de cúal es el sentido,
sino de darlo. Dar sentido a mi existencia es dar una respuesta
a la vida. La diferencia es casi esencial. Se busca algo porque
ese algo está oculto, escondido. El descubrimiento es el desvelo
de lo oculto. Heidegger piensa que el ser ha estado oculto a causa
del olvido. Dar mi propio orden a mi vida, a mi caos, es obrar
es accionar en el desarrollo de mi vida. Sino los hombres retrocedemos
ante nuestros deseos, los anulamos.
Los hombre prefieren una teología que les muestre de dónde vienen y hacia dónde
deben aspirar ir. No soportan hacerse cargo de ellos mismos, de
su accionar frente a la vida, para llegar a la muerte. Los hombres
anulan su deseo de búsqueda, a fin de no tener que aceptar o soportar
la nada. Pero el costo que representa es el mentirse a sí mismos.
Así ante las preguntas ¿Cómo se logra esta obediencia por parte de los demás?,
o ¿Cuál es el dispositivo de sometimiento por el cual se logra
la obediencia?, ¿y qué logra romper con la voluntad de cambio?,
me ayudaré con la dialéctica.
QUIEBRE DE VOLUNTAD: DESEO
En
el relato bíblico se puede apreciar como en los primeros relatos
el Dios que aparece es un Dios impersonal, que el respeto que
se le tiene se sostiene sobre el miedo. Miedo a su palabra ya
que la misma tiene el poder de matar [1]
.
Así
en el “Exodo”, cuando Yavé llama a Moisés al Monte Sinaí el pueblo
se niega a subir al mismo con Moisés “(...) Dijeron a Moisés:
- Habla tú con nosotros que podremos entenderte, pero que no
hable Dios, no sea que muramos - . Y Moisés respondió: - ...
el quiere que su temor permanezca en ustedes y así no pequen -
. (...)” [iv] .
Es el miedo lo que no permite a los demás hombres subir junto
a Moisés al monte, porque le temen, le temen a su palabra. Y es
aquí donde surge una de las primeras cuestiones: el temor a su
palabra anula la acción, el deseo de enfrentarse y “ver” a su
Dios. Lo que se logra es la no apropiación de la palabra, la no
interpretación de la misma. Y se borra, se oculta las raíces de
las relaciones que le dieron sentido.
El miedo
a la palabra de Dios, anula el deseo de enfrentarse a ésta y a
través de la interpretación por parte de cada uno; el pueblo no
tiene la “voluntad” de ser ellos mismos los protagonistas del
significado de las palabras de Dios, sino que confían más en la
interpretación que les brinda Moisés.
Pero
esta estructura y modo de actuar no es irracional a los fines
de quien detenta el poder, en este caso Dios. Porque vemos como
la palabra de Dios no puede ser interpretada por todos sino que
se acepta una versión “oficial” sobre la misma; además el hecho
de que su palabra mate, influye en la capacidad para monopolizar
su significado y resguardarla de los cuestionamientos, de no exponerla
al debate de todos.
Así
vemos que este deseo o voluntad se quiebra a través del terror,
del miedo que paraliza; pero me gustaría dar un paso más a fin
de encontrar como “opera” este miedo, como se sostiene y para
ello me remitiré a la dialéctica hegeliana. Ya que considero que
la clave está en el DESEO, en la falta de voluntad en la búsqueda
de verdad.
En la Fenomenología de Hegel, el espíritu según se va desarrollando
en su movimiento en el cual se va modificando va cambiando, porque
supera diferentes etapas las cuales contienen a las etapas siguientes.
En Hegel el primer modo que se manifiesta la fenomenología es
a través de la CONCIENCIA – que es el primer modo de aparecer
– donde hay un saber de lo inmediato, de lo externo, pero que
aún no se obtiene el concepto – el nombre o definición-
del objeto que se nos presenta.
La “cosa”
que se nos presenta la llamamos lo Fenoménico pero además hay
un mundo inteligible que es el de las ideas (ya en Platón se ve
esta división entre lo fenoménico – objeto - y lo que aparece
oculto – inteligible-). La “cosa” – fenómeno- se nos presenta,
es lo que denomina “mundo sensible” donde aparece el objeto
concreto. Ya Platón buscaba el concepto, o sea qué es lo esencial
de ese “algo” para que sea tal o cual cosa. Busca la esencia
para obtener el concepto.
Así un primer
momento que es el de la conciencia que se divide en dos momentos
internos: ahora ya no va a ser una cosa – aquí y ahora- sino con
sus cualidades ( sus características). El objeto va modificando
al sujeto y también a él mismo, ya que este movimiento es como
un descubrimiento. Primero tiene la cosa que se le presenta, pero
en un segundo momento es más complejo, aparece su singularidad
con respecto a las demás cosas. Esto es lo que se denomina “percepción”
de la certeza sensible; pero la conciencia trata de buscar
el más allá de la cuestión. Qué es lo “esencial” de algo: es
la búsqueda de la verdad de ese algo. Y a esto se llega con el
“entendimiento”, sigamos.
Pero
a la vez este movimiento que realiza la conciencia con respecto
al objeto que se le presenta, ella misma toma conciencia de sí,
toma “autoconciencia” de su existencia. Es un movimiento
que percibe el objeto externo pero a la vez modifica al sujeto
que lo conoce. La conciencia ahora reflexiona, es un saber de
sí y del otro, al tomar conciencia de sí misma toma conciencia
del otro.
La captación a través del pensamiento
en su forma de entendimiento de lo esencial, es el CONCEPTO.
El entendimiento penetra la cosa para captar lo que la cosa tiene
de esencial , el concepto es aquello que contiene una representación
mental. Una subjetividad sobre la definición de algo. Pero este
concepto es ineficaz si no es enunciado. Y aquí radica su poder,
no solo quien lo enuncie, (porque como se vio la palabra de Dios
tiene la intención de poder matar), sino por quien tiene el monopolio
de definir algo, de darnos el concepto ( o llevado a una mayor
escala el logo: en tanto pensamiento) es quien detenta un poder.
Por ejemplo: M. Foucault en “Las
palabras y las cosas”, infiere sobre la medicina clásica que al
descubrir tanto una enfermedad como su cura, tienen un poder.
Un poder en tanto pueden definir desde su saber, desde su investigación
un problema y a la vez su cura. Pero el procedimiento por el cual
llegan no se investiga, no se ven sus consecuencias o intereses
reales sino los investidos dentro de su ideología de su deber
ser.
Así también podemos ejemplificar
el poder de la palabra, cuando los militares en la última dictadura
militar nos dieron el concepto de un nuevo miedo: nos dan la definición
del “desaparecido”, al poder darnos la forma y el significado
de un miedo de una incertidumbre nos muestran su poder. Ya que
un concepto es aquello que contiene una representación mental
(nuevo miedo), lo esencial de algo. Porque el que tiene el concepto
(palabra) es el que tiene el poder, en este caso poder político.
Porque no es el miedo a la muerte, es la amenaza de muerte lo
que anula la posibilidad de acción.
Volvamos al
primer movimiento de la dialéctica, dijimos tres momentos de la
Conciencia: certeza sensible, percepción y entendimiento. Y al
volverse la conciencia, autoconciencia, aparece el DESEO
(el deseo es una falta, una nada, un vacío) el deseo por otra
autoconciencia. Pero ¿qué es el deseo?: es apoderarme del otro
y reducirlo a mí mismo, conquistar al otro para reducir la otredad.
El deseo es siempre deseo de transformar por una acción la
cosa contemplada, es suprimirla en su ser que no tiene relación
con el mio, que me es extraño, es independiente de mí. El deseo
es el deseo de abolir esta independencia suya, dominarla por mi.
La autoconciencia se forma a través
de la reflexión donde se toma a sí misma por objeto y, al tomarse
a sí misma por objeto, descubre su propia vida. Lo vivo es lo
que tiene la capacidad de volver sobre sí mismo. Y el deseo es
suprimir la independencia del objeto – vivo- que es deseado. Porque
para Hegel deseo se da hacia lo vivo, hacia algo que tiene la
capacidad de volver a sí mismo y reflejarse. Por eso el deseo
es destructor porque intenta persuadir a la otra autoconciencia
que no tiene independencia ni autonomía. Si bien esta etapa
se supera con el amor, donde no se aniquila sino que se reconcilia,
pero simplemente me remitiré a esta parte ya que tiene relación
con el recorrido que propuse desde un principio, preguntarnos
cuál es la operación subjetiva que logra de manera eficaz que
se sostenga el poder.
Pero surge
la pregunta de ¿por qué el deseo? ¿ a dónde se dirige? El
deseo es el movimiento de la conciencia que no respeta el ser
sino que lo niega, se apodera de él. La autoconciencia es deseo,
pero es deseo de ella misma, su propio deseo. Por eso
solo podrá alcanzarse a sí misma encontrando otro deseo, otra
autoconciencia. Y este deseo que se busca a sí mismo en lo otro,
es el deseo del reconocimiento del hombre por el hombre. Este
reconocimiento esta lucha por el reconocimiento se traslada al
poder. Poder, como forma de sostener ese poder, y necesidad de
prolongarlo ya que se sostiene porque encuentra autoconciencias
que lo sostienen.
El reconocimiento
se manifestará en la oposición de las autoconciencias
en luchas, y como indica Hobbes, no es solo una lucha de todos
contra todos es una lucha por el poder, por el ser reconocido.
Probar ser una autoconciencia independiente.
Así quien detenta el monopolio de la palabra, tiene el deseo
de aniquilar al otro en tanto este no pueda avanzar en su búsqueda
(dialéctica) autónoma. Inmovilizarlo no dejar que su espíritu
se desarrolle, investigue y él mismo arme un nuevo concepto de
la cosa, porque sino pierde el poder quien ya la articuló. Si
tomamos como ejemplo la bíblia donde Dios consolidó la palabra
a través de los mandamientos: de esto se desprende que al objetivarla
no hay posibilidad de re-interpretación, porque se anula la posibilidad
de re-lectura sobre la misma. Al igual que Moisés, este da la
lectura de lo que suponemos dijo Dios, pero no permite que se
entienda desde otro lugar, son mandamientos divinos que se elevan
al rango de ley. Como nuestras leyes que son redactadas a nivel
estético (de forma) igual que los mandamientos de la biblia. Y
solo la pueden revisar los jueces, que son los que tienen el monopolio
de definir o re-definir una ley, ver sus alcances y debilidades
a fin de adaptarlas. Pero las leyes tienen todo un aparato institucional
que vela y protege porque las mismas no sean interpretadas o cuestionadas
por todos, ya que puede debilitarse todo el sistema jurídico,
caería el poder.
La obediencia
a una autoridad (tanto Dios, Rey, Estado) a una forma de organizar
y concebir la realidad, es el fundamento que da legitimidad a
un orden determinado. Pues bien, podríamos preguntarnos ¿Cómo
se logra esta obediencia por parte de los demás?, o ¿Cuál es el
dispositivo de sometimiento por el cual se logra la obediencia?.
Para realizar una primera aproximación, me remitiré nuevamente
al texto Bíblico.
En el relato
del Génesis, se percibe la idea de un Dios todo poderoso, un Dios
que define que está bien y que está mal. Un Dios que ordena, e
impone una prohibición (comer del árbol de la sabiduría); prohibición
que es violada por el hombre. La serpiente al incentivar comer
del fruto prohibido, induce al desafío de la palabra divina. Propone
a los personajes del relato a ser ellos quienes puedan dilucidar
sobre el bien y el mal, que ellos mismos le den sentido a las
cosas; que ellos se "apoderen" del "saber".
Que sean ellos los que decidan, sin la mediación de la divinidad.
Así cuando
Dios se encuentra con que su palabra (orden) fue violada por Adán
y Eva al comer del árbol prohibido, Dios impone a los protagonistas,
no es solo un castigo a la trasgresión de la orden, sino que marca
algo más profundo: es la cuestión del saber-poder que señala Fuocault [v] . Ya que es una sanción
a la libre decisión, es una sanción a la "voluntad"
de cuestionar si respetar una prohibición o no.
Lo que se
"reprime" con el castigo es la posibilidad de poner
en cuestión el poder de un orden, en este caso el divino. Ya
que si la voluntad divina, es transgredida, por un lado le quita
poder y si no se despliega un mecanismo de reconstitución del
lugar que ocupa Dios y el lugar que ocupa el hombre, está elevando
al hombre a un rango divino; disolviéndose la idea de un monoteísmo.
Es aquí donde
surge la cuestión del dispositivo de sometimiento. Porque una
vez transgredida la palabra sagrada, la reconstitución del poder,
se sustenta sobre la consecuencia que se desprende del castigo:
como se vio el TERROR a Dios.
El temor que
Dios infunda a través del castigo (la muerte ), es una manera
de manifestar su poder, pero a la vez de reprimir el "deseo"
de cuestionar, de decidir más allá de lo establecido, que se traduce
en el éxito que obtiene para imponerse.
Pero en la
segunda parte del relato, Dios al sentirse ofendido y defraudado
por la humanidad, decide destruirla; pero deja un testigo para
que de cuenta de su poder: Noé. Este testigo significa que tiene
la misión de recordar la fuerza de Dios, que se manifiesta a través
del miedo. Terror que se reconstruye en el imaginario de los individuos
a través de la representación del castigo; que es el poder de
Dios para matar, decidir sobre la continuidad de la vida de un
hombre. Se construye la subjetividad de que la palabra de Dios
tiene el poder de matar en caso de que esta sea apoderada a través
de la libre interpretación por otro.
Pero Noé no
es solo el testigo, sino quien nos recuerda que Dios está vigilando
nuestras acciones constantemente; se puede trasladar este mecanismo
de control hacia las instituciones sociales, como el panóptico.
En las torturas
que se vieron en la última dictadura Argentina, también dejaban
testigos, dejaban heridos, torturados para que dieran cuenta de
las atrocidades que podían ocurrir si no se estaba de acuerdo
con la interpretación de cómo deberían ser las cosas. Siempre
se necesita dejar un testigo para que relate y distribuya el terror.
Porque cuando alguien
logra detentar el monopolio de la definición de una cosa, lo que
hace es preservar un poder (político). Si cada conciencia se vuelve autoconciencia por el desarrollo
o contacto con el objeto, la síntesis de cada una de esas conciencias
no es la misma, sino diferentes y cada una podría articular un
concepto diferente de las cosas. Y con el deseo se intenta destruir
la otra autoconciencia para que no realice su propia lectura y
no pueda destruir la que establecida. Por eso lo que logra el
poder monopolizando la lectura de la realidad, utilizando las
palabras es armar una subjetividad política. Y es anulando la
acción, la investigación el pensamiento la forma de garantizar
este monopolio, porque no dejan que cada uno busque la verdad.
Y vemos la eficacia de este aparato, en la escisión en la comunicación,
no solo en la relación objeto-esencia, sino entre los hombres.
Pero
ahora retomemos, dijimos que la intención de apropiarse de la
palabra ya está anulada inclusive en el relato bíblico, vimos
que hay quiebre de voluntad, lo que se traduce en una voluntad
que acata sin oponer resistencia al relato oficial de los hechos.
Que por ello se arma un aparato institucional para preservar el
monopolio de sentido de las cosas, para garantizar que la palabra
no sea re-interpretada por todos, a fin de que no debilite el
poder de quien la detenta. Pero si avanzamos en lo concerniente
al deseo de cambio, de búsqueda, podemos volver a la dialéctica,
para ver no solo una resolución a este problema sino que nos da
una pista a fin de esclarecer y buscar una nueva lectura a la
pregunta ¿ por qué los hombres hoy en día no actuamos? ¿por qué
no revisamos la historia y nos apoderamos de la lectura de los
hechos históricos? ¿por qué no nos animamos a re-construirnos
a través de la palabra y la acción?. En fin me remitiré al texto
de Hegel y a el texto mítico de Antígona, para que a modo de ejemplo
se pueda ver como se articula no solo los mecanismos de sometimiento
como vimos, sino una acción revolucionaria.
En el relato
de Antígona se aprecia la tensión ente el poder terrenal y el
divino, en cuanto a cual de las dos autoridades someterse. En
el relato de Antígona, ella debe "elegir" si guiarse
por la voluntad divina o la terrenal, hay una contradicción entre
estas dos autoridades. La disputa interna que tiene Antígona es
dada por la contradicción que se manifiesta entre los deberes
que impone la ley del hombre en contraposición a la de los dioses.
"(...)
Ismene: ¿ Es que piensas enterrarlo no obstante habérsele prohibido
a la ciudad?.
Antígona: Pienses lo que pienses, yo lo sepultaré.
Después me será bello el morir... menosprecia tú si quieres las
leyes sagradas de los dioses.
Ismene:
No las menosprecio, es que soy impotente para proceder contra
las leyes de los ciudadanos. (...)". [vi]
Creonte,
personaje que simboliza las leyes terrenales, castiga a Antígona
cuando decide violar su mandato y guiarse por las leyes divinas.
Antígona decide, aún conociendo no solo la ley, sino el castigo
que este supone (la muerte), elige un "bello morir";
este bello morir está dado por el cumplimiento del "deber"
para con las leyes divinas.
Siguiendo
los dos razonamientos que articulan el análisis, Antígona cuando
está frente a la ley: (el tribunal de Creonte), no solo es castigada
por violar la ley terrenal, sino porque decide transgredir la
voluntad de quien detenta la ley (Creonte). Al transgredir debilita
el poder de Creonte pero no solo por transgredir la ley, sino
por la consecuencia directa que tiene esta acción en detrimento
del poder.
Volvamos a
Hegel, en El combate por el reconocimiento, la lucha por la
vida y la muerte. Como vimos en el primer momento de a fenomenología,
donde se aparece la cosa, los hombres no tienen, como los animales,
el deseo único de preservarse en su ser, en su ahí y ahora, sino
que tienen el deseo de ser reconocidos como autoconciencias, que
requiere del reconocimiento de la otra autoconciencia. La autoconciencia
realiza la experiencia de la lucha por el reconocimiento, pero
la verdad de esta experiencia origina otra experiencia, la de
las relaciones de desigualdad en el reconocimiento, la experiencia
de la dominación y la servidumbre. Si la vida es la posición natural
de la conciencia, la muerte también es su negación natural; pero
si al autoconciencia aparece como pura negatividad, y se manifiesta
como negación de la vida, la positividad vital le es también esencial:
al ofrecer su vida el yo se pone como elevado por encima de la
vida, pero al mismo tiempo desaparece de la escena.
Así al arriesgar la vida, la conciencia experimenta
que la vida es para ella tan esencial como la pura autoconciencia
y estos dos momentos que en un principio están unidos se separan:
una de las autoconciencias se eleva por encima de la vida animal
(es capaz de afrontar la muerte, no le tiene miedo), y la otra
autoconciencia prefiere la vida, se esclaviza a la vida: y quien
le va a preservar la vida es el amo, que a su vez el amo es reconocido
por el esclavo (quien tiene miedo a la muerte) pero el amo no
lo reconoce a este último. O sea el amo es amo porque es reconocido
por el esclavo, su autonomía se debe a la mediación de otra autoconciencia,
la del esclavo. Y el esclavo es esclavo de la vida, prefiere la
vida antes que la muerte, prefiere la esclavitud a la libertad.
Al amo no le conviene matar al adversario, sino que debe suprimirlo
dialécticamente, destruir su autonomía, debe esclavizarlo. Y éste
último subordina su deseo humano de reconocimiento al deseo de
salvación.
Por ello el
carácter revolucionario de Antígona, no solo se anima a decidir,
sino que es libre porque no le tiene miedo a la muerte, no le
tiene miedo al poder terrenal. Todo deseo humano se reduce al
fin de cuentas al deseo de reconocimiento. Y la vida se arriesga
por este reconocimiento. Porque se puede ser hombre solo si se
es capaz de morir.
De esta manera
se debilita el poder terrenal, ya que ella obtiene libertad. Este
texto nos sirve de ejemplo para ver como el miedo a la muerte,
como se vio en el relato bíblico, es lo que nos convierte a los
hombres en esclavos. Inclusive podemos ver como se re-significó
la apreciación del “no te metas”, como una forma de esclavizarse,
de aceptar la lectura oficial sobre la realidad de los desaparecidos,
en pos de salvar tu vida. No exponer el cuerpo a la muerte. Así
no solo el miedo a la muerte hace que nos esclavicemos, sino la
in-voluntad de investigar y de pensar para re-componer el armado
de piezas de los hechos históricos. A fin de cuestionarnos y no
realizar una lectura de los hechos lineal sino dialéctica.
Y es
ahí donde radica el poder de quien detenta la palabra, porque
quiere anular la otredad la libre interpretación a fin de no perder
su poder.