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“CÁRMENES  ESPIRITUALES” de Edelweis  Serra. (*)
Ángela Sannuti

“... Estoy sorprendida frente a la riqueza inagotable de su poesía,  tan fuerte, tan viva, “tan azul como una naranja”. La leo y la releo como quien remonta el Amazonas hacia lo alto, en estado de alerta, de expectativa, de aproximación permanente, de casi encuentro, que es lo más a que se puede aspirar antes de quedarse muda, cuando la corriente lleva a lo sagrado. Volveré a releerla y sé que los descubrimientos serán incesantes, como hasta ahora, porque todo cuanto usted nombra queda contaminado de inminencia reveladora.” Olga Orozco en ocasión de publicarse “Los nombres de la poesía.” 1985, de Edelweis Serra.
En uno de mis viajes de trabajo por el interior, tuve la fortuna de conocer otro cielo poético, el de Edelweis Serra; precisamente fue su sobrina María Lucía Cantini quien, generosamente, me otorgó esta hermosa posibilidad. Edelweis nació en Santa Fe en 1923 y falleció en 1999, de la misma generación de la gran Olga Orozco y a quien la unía una estrecha amistad.
Poeta, crítica y ensayista, ha publicado numerosos trabajos, por los cuales, fue premiada y reconocida a lo largo de su extensa trayectoria.
“Cármenes espirituales.” Consituye, como la autora misma lo califica, su Autoantología; son los poemas selecionados de toda su obra  y que fueron elegidos en su cualidad de cantos -cármenes- identificatorios de su camino lírico.
“Yo solamente digo que la pasión creadora de mi escritura poética, como humana forma estética, no es forastera del Verbo Divino.” Estas mismas palabras de E. Serra sintetizan el alma y la esencia metafísico-religiosa de su lenguaje poético; de su búsqueda de sentido en un mundo a oscuras y la percepción aguda del resplandor de lo invisible.
“No me deis las cáscaras..../ busco el corazón directo,/ la sustancia fundante,/ el meollo desnudo de la piedra angular.” (“Centro del ansia.”)
Los poemas elegidos van recorriendo la totalidad de sus textos publicados : “Cántico temporal.”, 1963  “Centro del ansia.”, 1966.  “Apocalipsis y Esperanza.”, 1979.  “Oficio de la luz y de la sombra.”, 1992.  “Mujeres, amores.”, 1983.  “Los nombres de la poesía.”, 1983  “Diálogo de criaturas.”, 1994.  “Manacor.”, 1997.  “El poema de cada día.”, 1999.

Indudablemente, la lectura de esta Autoantología es la manera más directa de acceder al corazón de su obra y de su estética; invita instantáneamente a  descubrir en silencio y con espíritu contemplativo  la  inmensidad y la hondura de su creación poética, tan única y singular.
“Desde la soledad,/ crece el amor,/ urgida rosa/ llameando hacia los vientos cardinales.
La soledad habitada/  escancia sus cántaros/ en comunión vertida/ y le hacen tropel/ las creaturas/ bebiendo/ del manantial escondido.”
(“La soledad habitada.”)
Yo no soy experta en poesía pero vivo y me nutro de ella; mi encuentro “azaroso” con Edelweis Serra es parte del asombro y la maravilla que, una y otra vez, provoca en mí el encuentro sagrado con el misterio y la belleza.
¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos la poesía, la música y el arte en todas sus expresiones? ¿Podríamos habitar un mundo sin belleza, sin verdad y sin amor?

(*) Editorial Vinciguerra, Buenos Aires 2000.

Con-versiones, octubre 2004

 

        

 

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