CONTENIDO DE LA ENTREVISTA CON J. LACAN
Anika Rifflet-Lemaire
(Diciembre 1969)
Requerido por
nuestra pregunta sobre el valor de las inferencias teóricas del
artículo «L' inconscient, une étude psychanalytique», de
J. Laplanche, el doctor J. Lacan nos transmite el
fundamento de su crítica y acepta igualmente hablarnos de ello
en el prólogo. Se explica también sobre las causas profundas que
considera están en la raíz de tal divergencia de pensamiento surgida
en el seno mismo de su escuela.
He aquí
en síntesis el contenido esencial de la conversación de diciembre
de 1969.
Ya en el
inicio, J. Lacan afirma una oposición tajante a la tesis fundamental
defendida por su discípulo J. Laplanche. Enunciar como lo hace
J. Laplanche ‑dice Lacan‑ que "el
inconciente es la condición del lenguaje", va
directamente en contra de aquello sobre lo cual sus enunciados
no dejan en absoluto ninguna duda posible, es decir, que al contrario
"el lenguaje es la condición
del inconciente".
J. Lacan se declara perfectamente sensible al
problema que ha comprometido a su discípulo en la búsqueda de
un principio limitativo del proceso primario al nivel del lenguaje
consciente. Pero este problema J. Lacan no lo resuelve
de la misma manera; sobre todo no lo resuelve echando mano, como
lo hace J. Laplanche, de una interacción de los sistemas preconsciente‑consciente
e inconsciente, y de una fijación estable del significante inconsciente
a la pulsión.
La metáfora
del lastre en el fondo de la bodega que impide al barco cabecear
demasiado es ‑señala‑ absolutamente incapaz de dar
cuenta de los efectos extraordinariamente disociativos de los
retornos de lo reprimido; es, a fortiori, incapaz de asegurar
ninguna limitación del proceso primario al nivel del lenguaje
consciente.
J. Lacan acentúa en exceso el principio de la
'doble inscripción' ‑de la separación de los sistemas, de
la repartición geométrica, tópica de los sistemas‑ para
autorizar semejante interacción consciente ‑ inconsciente.
Y J. Lacan recuerda a este propósito el alcance que ha
dado a la noción del 'punto de capitonado' como punto «mítico» del
enlace del discurso con alguna significación.
En lo que
el doctor J. Lacan nos enuncia sobre el "punto de
capitonado", no hay ningún lugar posible para la interpretación
que su discípulo establece. El discurso ‑advierte J. Lacan‑
se tiene hacia una busqueda vana de la verdad, por tanteos y errores.
Se inscribe en una dialéctica en la que la «falta»
constituye más bien el objeto perseguido que no la verdad. Por este juego de remisiones de las frases
a las frases y de las palabras, «puede ser» que se desemboque,
en fin de cuentas, no en lo real
lo cual está excluido del pensamiento, sino en un montaje significante
particularmente logrado, más eficiente que otro y que se revela
a prueba de la praxis.
Ningún
retorno a la fijación elemental del inconsciente en este punto
de vista de J. Lacan, concerniente al límite del proceso
primario consciente; ni tampoco apelación a la «equivocidad» de
los significantes en su descripción del 'punto de capitonado'.
La noción del
'punto de capitonado' atañe al lenguaje consciente,
y se deduce del conjunto de la conversación que la interpretación
que da de ello J. Laplanche ‑como una especie de
patinazo metafórico repentino hacia el inconsciente‑, no
puede conciliarse con el predominio que debe otorgarse al principio
establecido de la doble inscripción.
J. Lacan subraya, en efecto, que es precisamente
porque el inconsciente es otro discurso, y porque se sitúa
en otro lugar, por lo que la afirmación de la doble inscripción
es absolutamente necesaria, innegable a ningún nivel de análisis
examinado.
Aquí tampoco
la manera que tiene J. Laplanche de ver las cosas obtiene
el asentimiento de J. Lacan. La imagen «gestaltista» propuesta
por J. Laplanche para explicar este fenómeno de la doble
inscripción deriva en línea directa de la visión de conjunto de
su texto.
La dualidad
de las inscripciones la concibe J. Lacan como un desdoblamiento
del mismo significante en unidades significantes completamente
diferentes, topológicamente sobre todo. Cada una de estas dos
inscripciones, soportada así por un mismo significante, tiene
un alcance distinto debido a su lugar de soporte.
En apoyo
de este enunciado principal, J. Lacan nos da una metáfora.
La de un cierto número de jeroglíficos inscritos al mismo tiempo
en las dos caras de un obelisco y cuyo sentido se modifica totalmente
de una cara a la otra.
Una vez
más, si se concede todo su peso a la toma de posición de J. Lacan
sobre la doble inscripción,
se hace imposible seguir a J. Laplanche en el principio
que nos propone de una ordenación del sistema lingüístico consciente
por el discurso elemental del inconsciente. El principio de la
doble inscripción, fundado
en la separación tópica y funcional de los dos sistemas consciente
e inconsciente, permanece válido en todos los niveles de elaboración
del inconsciente, y en su origen igualmente; excluye, de entrada,
todo recubrimiento de los dos sistemas entre sí.
J. Lacan estima, por otro lado, plenamente conforme
con su propia intuición la selección que se hace en el artículo
[citado] de una unidad («batería» literalmente) significante mínima.
Protesta, no obstante, contra el proceso lógico que lleva a su
discípulo a esta deducción feliz.
El procedimiento
en cuestión nos es familiar: se trata de la transformación algebraica
de la fórmula metafórica de la represión dada por J. Lacan en
la pág. 557 de sus "Escritos". El prólogo de J. Lacan
aquí incluido denuncia de modo suficiente el error cometido para
que nos permitamos un resumen sobre este punto.
El procedimiento
de las sustituciones y simplificaciones algebraicas desemboca
en un haz de errores, el principal de los cuales es seguramente
esa relación de reciprocidad establecida entre lenguaje consciente
y lenguaje inconsciente, en detrimento de la línea divisoria que
tiene por finalidad escindirlos irreversiblemente. Otro error
es el que desemboca en la idea de que un significante podría significarse
a él mismo. Sobre el problema de la naturaleza de los significantes
en el inconsciente, sobre el estatuto que en él adquieren, J.
Lacan, en cambio, no se pronuncia.
La única
precisión que nos proporciona relativa al término freudiano de
"Vortellungsrepräsentanz"
(representante
ideativo) es una nota de traducción. Y la que nos propone es seguramente
muy distinta de la que prevalece en todas partes. Su propia traducción,
"representante de la representación" incluye una idea
que no está contenida en esta otra traducción «représentant‑représentatif»
(representante ‑ representativo) que impone hasta la fecha
el uso corriente.
Según J. Lacan,
el empleo del genitivo «Vorstellungs», con una «s» seguida del
término de representación («Reprásentanz») aclara la intención
de Freud. Lo que Freud indica es el estatuto de representación
del sujeto, estatuto que, por otra parte, ha evidenciado por la
segunda tópica freudiana, es decir la que sustituye la triada
consciente‑preconsciente‑inconsciente por la del Ello,
el Yo y el Super-Yo.
Por otra
parte, J. Lacan es consciente de que en esta época se ventila
para él un cambio de rumbo histórico.
La incidencia
en el público de un artículo como el de Laplanche es el signo
revelador.
Para J.
Lacan, ha llegado la hora en que el «discurso» se posesione
de su obra y la retransmita. Su pensamiento se ha convertido en
una presa de predilección que se agita, se vuelve y revuelve,
que se destila en la conciencia común: pensamiento refractado
por inteligencias de múltiples facetas, animadas por diversas
corrientes divergentes.
Hay que
poder detectar en este fenómeno clásico de distorsión, de dilución
en la opinión, unas líneas de fuerzas previsibles en cuanto a
las causas de la deformación y en cuanto a los aspectos mismos
de ésta.
En lo que más
concretamente atañe a la obra de J. Lacan, el movimiento
de refracción será marcado por la convergencia de tres factores:
la complejidad del texto, el tema tratado, y por fin, el proceso
intuitivo, puntillista del pensamiento.
Sus enunciados
‑declara él mismo‑ nada tienen en común con una exposición
teórica que se justifica por su término. Sus "Escritos"
no son, según su propia metáfora, más que únas cuantas piedras
dejadas a lo largo del camino, pues hasta hoy permanece inédito
lo substancial de su enseñanza. La mayor parte de los artículos,
incluidos en las 900 páginas de sus "Escritos", tratan
de circunscribir lo esencial de la materia de sus seminarios.
Además, introducen esta materia en el contexto de una crítica
epistemológica del punto de vista psicoanalítico de la época sobre
el dominio estudiado.
Los "Escritos"
no constituyen, pues, una suma didáctica de su pensamiento, ni
el compendio de un pensamiento que ha alcanzado la plena madurez.
En cuanto tales, dejan ciertos puntos en el aire
y engranan múltiples tentativas de exposiciones prospectivas o de inferencias explicativas prematuras.
Por esta vía de búsqueda de finitud ‑nos dice el doctor
Lacan‑ es por donde a veces se cuela el error. Se infiltra
tanto más fácilmente ‑estima‑, cuanto que quienes
propalan sus enunciados se encuentran constreñidos por el estatuto
de docente en una posición didáctica.
El discurso
universitario que vehicula el saber es, pues, responsable
de sus deslizamientos y modificaciones en la historia. El discurso
universitario se equipararía o aproximaría a la «opinión»,
mientras que el saber más acerca de la extraña ciencia.
En esta
relación circular de la opinión y del saber,
que mutuamente se engendran, se corrobora una vez más el dominio
del discurso sobre lo que refiere y principalmente su poder desvitalizador.
En lo que concierne más concretamente a la retransmisión de la
ciencia psicoanalítica, por el rodeo de la enseñanza
universitaria, aparecerán otros factores además del simple
juego del sentido bajo
el influjo del lenguaje.
Ninguna proposición
de los psicoanalistas docentes podrá desprenderse de implicaciones
inconscientes. Y la búsqueda de un estatuto social inspirará,
sin ellos saberlo, la voluntad manifiesta en algunos de innovar
a toda costa.
El pensamiento
de J. Lacan se difunde, pues, progresivamente, y ya sufre, por
este movimiento permanente de reedición oral, sustanciales modificaciones.
Fundadas en un descentramiento de los enunciados con relación
a su contexto, estas modificaciones adscriben su pensamiento a
la «opinión», embotando
su carácter auténtico.
En resumen,
de esta conversación sobresalen los puntos de clarificación teórica
que hemos constatado, y con particular evidencia, dos líneas de
fuerza de la mente lacaniana. Esto es, el
fundamento de un comportamiento basado sobre una desconfianza
respecto a la enseñanza universitaria, su carácter didáctico y
su investigación cartesiana.
De
ahí emerge una creencia en la elaboración intuitiva, «impresionista»,
esencialmente práctica, de las tesis científicas en materia de
psicoanálisis. Una creencia en ello, y un orgullo seguro de ser
capaz de descubrir más que de transmitir. De ahí también, por
instinto y a prior¡, una desconfianza reiterada hacia toda tentativa
de discípulos o de alumnos de prolongar por medio de puentes sobre
las incógnitas las rutas que él mismo ha dejado inconclusas. Una
desconfianza que se convierte en franca hostilidad cuando estos
puentes revelan una construcción deficiente.
Así el
prólogo, que demuestra hasta qué punto no consiente J. Lacan
desnaturalización alguna de su pensamiento.
Texto extraído "Lacan", A.
Rifflet-Lemaire, págs. 395/401, ed. Edhasa, Barcelona, España,
1971. Edición original: C. Dessart, Bruselas, 1970.
Selección y destacados: S.R.
Con-versiones octubre 2004