JULIO
CORTAZAR: 25 AÑOS NO ES NADA
por
Viviana Iriart*
Caracas, julio 2004
Dice
el famoso tango de Gardel que “veinte años no es nada” y en el caso
de esta entrevista a Julio Cortázar, bien podemos afirmar que veinticinco
años tampoco son nada. Porque fue realizada en Caracas en 1979 y sin
embargo, el pensamiento de Cortázar sigue tan vigente como entonces,
a pesar de algunos cambios fundamentales que ha sufrido el mundo,
como la desaparición de la Unión Soviética, el derrumbe del muro de
Berlín y la desaparición física del escritor argentino, uno de los
intelectuales más talentosos, humanos y consecuentes del continente,
en 1984.
La entrevista fue publicada en la revista venezolana Semana y la firmé
con seudónimo: Julio Cortázar era una de los opositores más célebres
de la dictadura argentina, yo estaba exiliada y temía represalias
contra mi familia en Argentina.
Cortázar, con la humanidad que lo caracterizaba, entendió mi temor
cuando se lo expliqué. Le envié unos ejemplares a París, donde vivía,
y a vuelta de correo me llegó una maravillosa carta manuscrita en
donde me agradecía la entrevista.
Nunca más tuve contacto con él.
Pero cuando algunos años más tarde Cortázar murió, lloré su pérdida
como la de un amigo entrañable.
En una hora, el tiempo que duró la entrevista, Cortázar se metió en
mi corazón y se quedó en él para siempre.
Han pasado veinte años ya desde que no está con nosotros.
Y sin embargo, todavía lo sigo extrañando.
Allí donde quiera que estés... ¡Gracias Julio! Por tu infinito amor.
JULIO
CORTAZAR Y LATINOAMERICA
“DEBEMOS LUCHAR CONTRA EL CHOVINISMO”
Viviana Iriart,
Caracas, septiembre 1979
Su
voz grave y gangosa atiende el teléfono, sin intermediarios, simplemente
él levantando el tubo. Cortázar. Su voz suena seria, como la imagen
que tengo de él, una imagen de que siempre tiene 40 años: imposible
imaginarle más (y sus biografías dicen que nació en 1916). Explica
que quiere ver la revista antes de concedernos una entrevista, y
ni él ni nosotros sabemos qué pasó, pero las revistas que dejamos
en el hotel jamás llegaron a sus manos. Igualmente sugiere vernos
en Parque Central, en la inauguración de la Primera Conferencia
Internacional sobre el Exilio y la Solidaridad Latinoamericana en
los años 70, en la que él participó.
Y allí estaba, llamando la atención aún sin quererlo: era el más
alto de todos los presentes. Y allí estaba, con la barba y bigotes
cobrizos que lleva desde hace tanto, con la seriedad con que aparece
en diarios y revistas, con una simpatía que no le imaginaba. Allí
estaba, era Cortázar. Un ser humano como usted y como yo, sí, con
dos ojos, una boca, dos manos, virtudes, defectos, deseos, nostalgias.
La entrevista fue en un rincón del Hotel Anauco Hilton, junto con
el Asesor de Semana, Jorge Madrazo, el fotógrafo Eduardo
Gamondés y cuatro o cinco admiradores del escritor, inmersos disimuladamente
–o no- en la conversación.
Él habló despacio, cálidamente y sus ojos claros recorrían los nuestros
mientras sus palabras se abrían en el centro de nuestras mentes,
quedando allí mucho tiempo después de haber sido pronunciadas. Y
él se quedó en nosotros cuando la noche llegó y nos encontró en
sitios distintos. Como una presencia invisible, deseada, siempre
presente a partir del primer encuentro.
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Julio Cortázar y Viviana Iriart, Caracas,
1979. Foto: Eduardo Gamondés
ACERCA
DE LA LITERATURA Y LA POLITICA
“Bueno, claro que me molesta ser requerido más para dar opiniones
políticas que literarias, porque soy un animal literario. Así como
los franceses suelen referirse al hombre como un animal pensante
o un animal filosófico, yo soy un animal literario. Nací para la
literatura y si fui asumiendo lentamente este compromiso de tipo
ideológico que ustedes me conocen, eso fue al término de un proceso
muy lento, muy complicado y a veces muy penoso. Porque como mi vocación
profunda es la literatura, hay momentos en los que las circunstancias
de tipo político –el tener que venir a esta Conferencia, escribir
artículos de contenido político, atacar a la Junta chilena o argentina,
ocuparme de casos de desaparecidos, muertos, torturados, contestar
alguna de la enorme correspondencia que me llega, porque la gente
piensa que yo siempre puedo decir algo y ayudar -bueno, hay momentos
en lo que, lo confieso porque es verdad, tengo un gran desánimo.
Porque me digo: “bueno, ¿alguna vez voy a poder escribir una novela?”
Mi ideal sería tener un año o dos de tranquilidad, para escribir
una novela que me da vueltas en la cabeza hace mucho tiempo. Por
eso es que cada vez más me convierto en un cuentista, porque los
cuentos los escribes en el avión, en tu casa, en la calle...”
HASTA
FRANCIA LLEGO EL EXILIO
“Yo hace 28 años que vivo fuera de la Argentina, pero nunca me consideré
un exiliado hasta el golpe de Videla. Nunca me consideré un exiliado,
porque para mí el exilio es una cosa compulsiva, y yo vivía en Francia
porque me daba la gana. Porque es un país que me gusta, donde me siento
bien y donde iba escribiendo mi obra sin dificultades ni problemas.
Y de repente, a partir del golpe militar, supe que me había convertido
en un verdadero exiliado. Es decir, que ahora tengo ese sentimiento
que tienen todos los exiliados, done los aspectos negativos son muy
fuertes, pesan mucho. Eso me llevó por primera vez a reflexionar sobre
el problema del exilio. Es entonces que me di cuenta de que si yo
o cualquier otro exiliado entra en el estereotipo, en la noción esencialmente
negativa, aplastante del exilio, le está otorgando una carta de triunfo
a la dictadura que lo exiló. Entonces me planteé el problema en términos
muy claros: es una locura, es ilógico, no se puede aplicar científicamente,
pero yo en vez de estar en una marcha adelante doy marcha atrás, invierto
la velocidad y entiendo el exilio en términos positivos.
Yo lo dije en París e hizo sonreír a mucha gente, dije que es como
si Videla, ahora que me exiló, me hubiera dado una beca para escribir
fuera de la Argentina. Y mi mejor
manera
de contestar a ese exilio es dar el máximo de lo que yo puedo dar
como escritor, y es lo que estoy tratando de hacer.
Pero al exiliado que llega totalmente quebrado, ya sea porque él mismo
ha sufrido, incluso físicamente, antes de poder salir o porque hay
un montón de muertos, desaparecidos, torturados en torno a él, no
se le puede pedir que empiece su vida de exiliado con una sonrisa,
diciendo: “esto está muy bien”. No, porque está espantosamente mal.
Cuando a todo hombre y mujer que ha salvado la inteligencia, le llegue
el momento de pensar en la nueva vida que está empezando, es en ese
momento en que yo lo incito a que en vez de caer en los estereotipos
y decir “yo soy una víctima, yo soy un exiliado, yo he sido injustamente
echado de mi país”, y que eso se traduzca poco a poco en amargura,
en una nostalgia aplastante, yo lo incito a que –salido del primer
choque traumático- vuelva a sentirse un hombre o una mujer pleno”.
SUR, PAREDON
Y DESPUES...
“Sí, porque ¿para qué sirve la nostalgia de juntarnos cinco
argentinos, hacer un asado, tomar mate, poner un disco de Susana
Rinaldi, Mercedes Sosa o Gardel (según los gustos) y complacernos
en la nostalgia de un pasado al que quisiéramos resucitar? Yo lo
hago también, pero eso no me impide al día siguiente despertar en
París, y estar en contacto con un montón de gente que no son argentinos
y llevar adelante mi trabajo.
De manera que es un asunto que hay que matizarlo, no es muy sencillo,
y claro, no todas las personas están igualmente equipadas en el
plano mental o intelectual. Y el obrero, que desde el punto de vista
cultural está más limitado -porque por su condición de obrero no
ha podido estudiar- ese hombre es realmente el que está más en peligro
como exiliado. Si un obrero tiene que vivir en Suecia, nada más
el problema del idioma es para él una especie de amenaza de muerte.
Y ahí la nostalgia, Gardel, sus recuerdos y sus fotos se vuelven
su única defensa. Y yo creo que todos nosotros podemos hacer mucho
a través de publicaciones, de actos, de reuniones, para hacerles
sentir que no están solos”.
EL
EXILIO CULTURAL
“Lo que para mí es y ha sido traumático, es un fenómeno en
el que no todo el mundo piensa, y que en el caso de un artista exiliado
es fundamental. Lo que yo llamaría el exilio de tipo cultural: es
terrible cuando te das cuenta de que en tu país hay una barrera de
censura que hace, por ejemplo, que yo no pueda publicar más libros
en Argentina.
Entonces se descubre -y esto es lo espantoso para mí- que yo estoy
exiliado, pero que del otro lado, en mi país, hay 26 millones de exiliados
en relación a nosotros. Yo estoy separado de mis lectores, pero mis
lectores están separados de mí: mi último libro de cuentos no pudo
salir en Argentina porque hubo dos cuentos que le molestaron a la
Junta.
Y no hago de esto una cuestión personal: están separados de 150 magníficos
escritores uruguayos, chilenos y argentinos que no se pueden editar
en nuestro país.
En Chile, desde el 11 de septiembre de 1973, una generación de jóvenes
fue tomada por la Junta y metidos en una escuela fascista dirigida
por militares. Han pasado seis años y ellos vivieron la edad crítica
(entre los 12 y los 18 años) bajo ese régimen, miles y miles de niños
y niñas chilenas que en estos momentos creen en la Junta, creen en
la Seguridad Nacional, creen que todos nosotros somos traidores. Creen
que Chile es un país injustamente atacado y combatido. No es culpa
de ellos, pobrecitos, porque en seis años los han convertido en lo
mismo en que Hitler convirtió a las juventudes hitleristas, o Mussolini
a los “balillas”.
Bueno, eso es para mí una de las cosas más espantosas, y nosotros
no podemos hacer nada, intelectualmente. Porque esto yo se los digo a ustedes, pero nadie lo va a escuchar
en Argentina, nadie lo va a leer, ustedes lo van a publicar y salvo que
alguien lo lleve en un bolsillo, nadie va a poder leerlo allí”.
EL
ESCRITOR Y SU COMPROMISO CON LA REVOLUCION
“Yo tengo una gran latitud de enfoque en el plano de trabajo
de los escritores. Yo creo que puede haber escritores puros, que
no introduzcan ningún mensaje político en lo que hacen. Creo que
eso es posible, y que su obra puede ser revolucionaria si es una
obra creadora, que renueva, una obra bella.
Lo único que exijo en esos casos es que la persona que hace literatura
pura, muestre con su conducta personal que no es un escapista. Que
si él no pone política en lo que hace, es solamente porque -por
ejemplo- su vocación es escribir un soneto en donde la política
no entre. Pero él tiene que demostrar con su conducta, con su responsabilidad
personal, que tiene derecho a escribir esos sonetos.
Mira, yo me divierto mucho en escribir literatura pura... El año
que viene sacaré un libro, que estoy terminando, donde hay uno o
dos cuentos con contenido político, los demás son cuentos fantásticos.
Y creo que tengo derecho a escribirlos, porque mis lectores saben
quién soy. Entonces, ¿por qué me voy a sentir obligado a poner la
política en cada cosa que escriba? Mi literatura, entonces, sería
muy mala, soy muy consciente de esto.
No todo hombre ha nacido para la acción, no todo hombre tiene a
veces ¿cómo decirte? las aptitudes físicas para jugarse en un plano
de acción. No todo hombre ha nacido para ser soldado de una revolución.
Puede ser un hombre de una vida interior, de una timidez de carácter,
que lo lleva a escribir exclusivamente una obra que canta a la revolución.
Pero yo no creo que se le pueda exigir una militancia práctica a
todo el mundo”.
VIETNAM
Y EL MANEJO DE LA INFORMACION POR EL IMPERIALISMO
“Yo creo que es positivo que se denuncien las violaciones de derechos
humanos ocurridas en los países socialistas, en la medida en que se
tenga total seguridad de lo que se denuncia. Porque, cuando se habla
de violación de derechos humanos en esos países yo, por principio,
examino con mucho cuidado el expediente, porque sé de sobra hasta
qué punto la información del imperialismo reforma, cambia y modifica
las cosas.
Yo no olvido que, por ejemplo, siguiendo la última etapa de la revolución
nicaragüense en el Herald Tribune, en París, se podía encontrar
un análisis de cómo los yankis preparaban al lector norteamericano
para que estuviera en contra del triunfo. Hablaban de Somoza como
el tirano, el dictador, pero cuando hablaban de las columnas que avanzaban
decían: “las columnas marxistas. Cada ocho o nueve párrafos te soltaban
esa palabrita, para que la buena señora que vive en Minesotta o en
Detroit diga: “¡Dios mío, los comunistas!”
Entonces, cuando se habla del caso de Vietnam, yo estoy esperando
encontrarme con García Márquez, que estuvo allí haciendo una gran
encuesta, para que él me cuente a mí las cosas. Yo no me fío de los
telegramas de prensa. Pero, cuando en Rusia y en los países de la
órbita socialista hay flagrantes violaciones de derechos humanos,
yo personalmente no me callo.”
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AMERICA
LATINA COMO UNIDAD: ¿REALIDAD O UTOPIA?
“Lo voy a decir de una manera sentimental, casi a lo Rubén Darío:
en mi corazón, América Latina existe como una unidad.
Soy argentino desde luego (y me siento contento de serlo), pero fundamentalmente
me siento latinoamericano. Yo estoy en mi casa en cualquier país de
América Latina, siento las diferencias locales, pero son las diferencias
dentro de la unidad. Eso, en el plano personal.
En el plano geopolítico, está la nefasta política de dividir para
reinar, que han aplicado los norteamericanos desde hace tanto tiempo.
Fomentando los nacionalismos, las rivalidades entre los países para
dominarlos mejor, destruyendo el sueño de Bolívar de los “Estados
Unidos de América del Sur” y creando diferentes países orgullosos,
seguros de sí mismos, dispuestos a hacerse la guerra por cuestiones
que no resisten un análisis profundo; eso es una realidad.
Y yo pienso que uno de los deberes capitales de los políticos de izquierda,
de los escritores revolucionarios, es intentar por todos los medios
de luchar contra ese chauvinismo, que hace que un niño argentino en
la escuela aprenda que él es mucho mejor y más que un niño chileno
o paraguayo.
Por cierto que en mi visita anterior hablé con venezolanos de la calle
y su idea sobre los colombianos, su desprecio, su odio, me aterraron.
Lo mismo, por supuesto, ocurre en el caso inverso. Es la prueba de
que dividir para reinar funciona, que a los yankis les conviene seguir
fomentándolo y que las dictaduras locales están encantadas de hacerlo”.
ENTONCES
HABLO SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE
“Un día en mi vida es siempre una cosa muy hermosa, porque yo me
siento muy feliz de estar vivo. No tengo ninguna intención de morirme,
tengo la impresión de que soy inmortal. Sé que no lo soy, pero la
idea de la muerte no me molesta y tampoco le tengo miedo. Le niego
existencia, entonces, eso me ayuda a vivir de una manera... ¿cómo
decirlo? Bajo el sol, solar.
Yo estoy muy contento de estar vivo, y además hay una cosa en la
que poca gente piensa. Creo que es un prodigio maravilloso que todos
nosotros seamos seres humanos, que estemos en lo más alto de la
escala zoológica, por un azar puramente genético. Porque tú no eres
responsable de ser quien eres. Venimos de una larguísima cadena
genética y cuando yo veo a una gallina o una mosca que también han
nacido de las mismas cadenas genéticas, me maravillo por ser un
hombre y no una gallina.
Yo soy un hombre, con todo lo bueno y lo malo que eso tiene.
Y estoy contento de haber tenido una conciencia, de haber visto
lo más que una conciencia puede ver del planeta.
Y no te hablo más”.
Cuando pronunció estas palabras hacía más de media hora que estaba
con nosotros, contándonos anécdotas y sonriendo, a veces, como un
niño.
Sí, él es un ser humano como usted y como yo, para hablar necesita
mover la boca en la misma forma en que lo hacemos usted y yo.
Pero él es Julio Cortázar.
Viviana Iriart:
escritora argentina-venezolana.
Fotos: cortesía Eduardo Gamondés
Con-versiones octubre 2004
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