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En
el principio fueron los sueños...
Sigmund
Freud
En
Noviembre de 1899 Freud termina de escribir «La interpretación de
los sueños» («Die Traumdeutung»). La consideró su obra más importante,
pese a que los seis años posteriores de su publicación sólo fueron
vendidos 351 ejemplares junto con la total displicencia del mundo
frente a aquel tratado. Así lo cuenta James Strachey, un caro traductor.
El
descubrimiento Freudiano -o tal vez el mejor artificio del psicoanálisis-
produjo una ruptura en relación al saber popular de entonces plasmado
de indiferencia y misticismo. Sigmund Freud, fue y volvió muchas
veces a esta obra fundamental. Reescritos y notas al pie, develan
la preocupación siempre viva de aquel investigador que consideró
a los sueños como el camino privilegiado para acceder a lo más íntimo
del alma humana: ¿Qué es el hombre? ¿Qué lo habita? ¿Qué lo impulsa?
¿Qué lo detiene? ¿Qué lo enferma?
El
lado oscuro de la luna...
Historia:
Dioses
y sueños Durante
mucho tiempo, el acto de soñar se concibió como un acercamiento
de los dioses a los mortales. Las creencias sostenían que cada sueño
manifestaba cierto mensaje divino que el hombre debía descifrar
para comprender los deseos de alguna divinidad que expresaba su
voluntad a través de vagos y extraños símbolos. No había por qué
culparlos, los dioses no tenían por qué hablar de la misma manera
que los humanos. Para eso eran dioses, para diferenciarse.
Ese
era el estado de cosas: los dioses se la pasaban sorprendiendo a
los humanos mientras dormían, susurrándoles por las noches una lengua
extravagante que sólo algunos pocos eran aptos de traducir.
Oráculos
y
adivinos
Esos
pocos eran una suerte de elegidos divinos, enlazados con una sabiduría
legada de algún dios; cuestión que sin más, los ubicaba en un plano
social diferente. Así, los oráculos, chamanes y sacerdotes, fueron
los encargados en esta tarea tan importante e imposible.
Aquí va un ejemplo:
Faraón tuvo este sueño:
...Estaba parado a la orilla del Nilo, cuando de pronto vi que
salían del río siete vacas hermosas y muy gordas, que se pusieron
a pastar entre los juncos. Pero detrás de ellas, salieron otras
siete vacas feas y flacas como nunca he visto en Egipto, y las siete
vacas flacas y feas se comieron a las siete vacas gordas, que entraron
es su vientre sin que se notara, porque siguieron tan flacas y feas
como antes. Entonces me desperté. Vi también en mi sueño siete espigas
llenas y granadas que salían de un solo tallo. Pero siete espigas
secas y vanas y quemadas por el viento, brotaban detrás de ellas.
Las espigas vanas se tragaron a las espigas hermosas. Se lo he contado
a los adivinos y nadie me lo ha podido explicar»
Según se cuenta en el Génesis, se lo llamó a José para descifrar
el sueño.
Y José, ante el pedido, respondió:
«No soy yo, es Dios quien te dará una respuesta favorable.
Tu sueño, Señor, es uno solo. Dios te ha anunciado lo que él va
a hacer. Las siete vacas hermosas, al igual que las siete espigas
granadas, son siete años de abundancia. Las siete vacas feas y raquíticas,
que salieron detrás, al igual que las siete espigas vanas y quemadas
por el viento del este, son siete años de hambre. esto es lo que
puedo decirle a Faraón y que Dios ha querido mostrarle. Vendrán
siete años en que habrá de todo en abundancia en Egipto, pero en
seguida, vendrán siete años de escasez que harán olvidar toda la
abundancia anterior del país y que lo agotarán... si el sueño se
te presentó dos veces, esto quiere decir que Dios está muy decido
a realizar estas cosas que pronto cumplirá»
(Génesis 41)
José, en el Génesis, tiene un lugar de suma importancia. En realidad,
es el penúltimo hijo de Jacob -hijo de la vejez y por ello muy amado-
y todo indica que los sueños que este joven tenía, no eran arbitrarios,
sino por el contrario, respondían a los planes divinos.
Así, a través de José, de acuerdo a los relatos bíblicos, Dios salvará
del hambre a toda su familia. Por lo tanto, José era un medio entre
Dios y los hombres, alguien capaz de comprender el lenguaje sagrado,
motivo por el cual, le imploraron la explicación del sueño del Faraón.
Tales cuestiones nos permiten pensar que los sueños siempre ocuparon
un lugar distinto. Teñidos y supuestos de sabidurías ajenas al orden
netamente humano, pertenecieron a un mundo sacro y místico, convirtiéndose
de esa forma en utensilios de adivinos y profetas como coartada
privilegiada para acercarse y comprender a las divinidades o seres
del más allá.
Los sueños han tenido desde entonces el estatuto de mensajes.
Rupturas freudianas
La idea principal del descubrimiento freudiano, radica
en que el sueño es un cumplimiento de deseo.
Acaso,
¿saber de los dioses pone en juego el deseo?
El
psicoanálisis freudiano planteó que los sueños tenían sentido y
por ende respondían a una lógica. Esta nueva concepción del sueño
generó en el ambiente académico ciertas molestias. El contexto científico
de la época barajaba teorías bastante alejadas de una posible conexión
con entidades divinas; para la mayoría de los estudiosos, la actividad
onírica era una suerte de imbecilidad que acontecía en el ser humano
mientras descansaba. Algo parecido al atontamiento. Así, la actividad
anímica, se encontraba absolutamente paralizada durante los sueños
y respondía a una cuestión meramente fisiológica: el dormir.
Por
lo tanto, para el campo del saber, las imágenes oníricas carecían
de sentido y obviamente de lógica. Suponer, entonces, que el sueño
se debía a algún sentido, era la marca insoslayable que dejaba,
en tanto precedente, al hombre relacionado con la estupidez. La
ciencia no avalaría tal cosa; mejor dejar al hombre bien parado
frente a la magna razón.
Pero
como suele ocurrir, hubo quienes plantearon cuestiones más arriesgadas:
El
pensamiento inconcluso
«Casi
nunca podemos explicarnos los sueños, porque sus causas son justamente
las impresiones de la víspera sobre las cuales el soñante no alcanzó
un conocimiento suficiente... Un hombre a quien se le quitase la
facultad de soñar, sufriría una perturbación mental en breve tiempo,
porque en su cerebro se acumularía una multitud de pensamientos
inconclusos, no elaborados, y de impresiones fútiles bajo cuyo peso
quedaría ahogado aquello que él debería incorporar a su memoria
como un todo acabado»
(El
texto es de Robert, lo presenta en 1886 y Freud lo cita en «La
interpretación de los sueños»)
Tal
vez , lo más importante, es que Robert marca una diferencia entre
el acto de dormir y el de soñar, delineando en esta idea un campo
fisiológico y otro psíquico. Sin embargo, Freud sostiene que Robert,
no considera al sueño como un proceso totalmente psíquico. No obstante,
creo, le da a Freud un buen pie.
Mitos
y sueños
Parafraseando
a Robert, se podría decir que se sueña porque siempre hay un
todo no acabado. Artilugio práctico, que nos permite enlazar
el lugar del sueño, al lugar que ocupan los mitos.
De
manera, que el primer mensaje que porta un sueño es: no hay Todo,
no hay Absoluto; aunque se intente reconstruirlo a través de esta
extraña formación psíquica, el hombre seguirá soñando y soñando.
Robert,
habrá pensado que nos completábamos soñando. Tan bonito que parece
Ingenuo. No obstante, el propósito onírico fue comprendido por
el autor: se sueña porque algo falta.
Borges
Las
palabras nunca dicen Todo.
Para
Borges, las voces humanas se encuentran infinitamente lejos de
la posibilidad de enunciar todo, El Todo.
«...
Consideré, que aún en los lenguajes humanos no hay proposición
que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los
tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró,
el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue
madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que
en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita
concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito,
y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la
noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria.
Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra y con ella la
plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al
universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros
de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender
un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo ,
mundo, universo...»
(fragmento
de « La escritura del dios» J. L .Borges)
Los
sueños son relatos agujereados, imprecisos, denuncias de algo
que falta. Falta que ninguna voz y ninguna imagen podría abarcar
o nombrar. Testimonian lo innombrable. Pues toda palabra presenta
y soporta grietas.
Dime qué sueñas
y te diré quién eres. ¿Quién
eres cuándo sueñas?...¿Y si fuésemos solamente el sueño de un dios?
«
No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño
está dentro de otro, y así hasta lo infinito...» (J.L.B.)
Si
aún «somos» mientras soñamos, -terrible decepción para el «Yo Soy»,
Borges estaría en lo cierto: La vida es sueño. Claro, que no al
modo de Calderón de La Barca, sino en tanto que la realidad es una
ficción inevitable que cada quien arma frente a la vida.
La
afirmación: «El sueño es un cumplimiento de deseo» no es una frase
para tomar a la ligera. Por cierto, en ella se condensa el pensamiento
freudiano.
El
sueño como cumplimiento de deseo, implica, la subjetividad histórica
de alguien representada en el film onírico. Pues, si el sueño se
enlaza con y por el deseo, la historia de las
carencias y las postas que el mismo haya realizado se presentificará
irremediablemente.
Por
lo pronto, esta afirmación requiere algunas aclaraciones: será necesario
situar en qué contexto Freud hablaba de «cumplimiento» de deseo
y a qué se refería cuando apostaba a esta idea. Para comenzar,
trazaremos una conocida diferencia que los psicoanalistas han elaborado
entre deseo y anhelo.
Anhelo
es del orden de lo conocido, esto significa que puede devenir conciente,
significa que el yo puede tener noticia de ello; por ejemplo: «anhelo
ser arquitecto, anhelo tener un auto.. .yo sé lo que quiero, pero
no lo tengo».
En
general, ambos términos se utilizan de igual manera, pero en psicoanálisis
hay una estricta diferencia. Freud va a remarcar que el sueño es
un cumplimiento de deseo infantil, sexual, reprimido, al
que sólo podemos llegar a partir de las asociaciones libres del
paciente que posibilitarán la interpretación. El sueño no es un
anhelo. El deseo, en el sueño, se presenta de tal manera que el
yo desconoce qué falta.
Las
anteriores características que figuran en negrita, aclaran que Sigmund
Freud está considerando al deseo en toda su magnitud:
La historia subjetiva, las marcas de infancia, las carencias de
respuestas: origen- sexualidad- muerte, los mitos, las ficciones,
los ideales, los dioses, el padre de los pueblos y la angustia.
¡Vaya diferencia! (1)
Para Freud, el deseo articula todos estos elementos. Esto significa
que para comprender qué es un sueño, o mejor dicho, para comprender
por cuales elementos somos soñados debemos estar dispuestos a mirar
más allá de las imágenes que la película-sueño impone; y por cierto,
allí existe un largo relato a escuchar, puesto que cada imagen
tiene su historia. Ya no basta con observarlas: estas imágenes
hablan, no es lo mismo.
Es
por eso que Freud dice: pídanle a los pacientes que asocien, que
para ser francos, no fue una invención freudiana sino el pedido
de una paciente que propuso algo así como ¡Doctor, déjeme hablar!
Podríamos agregar: -mi malestar me hace hablar, el sueño no termina
cuando abro los ojos y se lo cuento.-
Esto
es: si los sueños compulsan a hablar al soñante, significa que el
sueño como formación psíquica está absolutamente enlazado con la
vida anímica de cada sujeto, incluso determinado por ella.
En
principio, diremos que asociando ideas y ocurrencias, (por medio
de esas incompletas , ambiciosas y pobres voces humanas),
hallaríamos el camino para develar el deseo que dio origen al sueño
.
La asociación libre:
un
nexo Son
esos enlaces los que marcan un camino, una vía de acceso, a aquello
que el sueño desde sus imágenes no nos muestra a las claras.
Ahora bien, ¿Por qué son posibles esos enlaces?
En principio dijimos que eran posibles porque el sueño formaba parte
de nuestra vida anímica; pero para ser más exactos plantearemos
que el sueño, como mensaje, comunica a través de medios inapropiados
un pensamiento. Convengamos, como dice Freud, que el sueño
no es una manifestación social.
Entonces, vale la pregunta: ¿Por qué una manifestación de pensamientos
se ha plasmado, vía sueño, en una formación harto incomprensible?
¿Por qué no lo muestra a las claras?
« El primer paso será afianzar nuestra novedosa postura frente
al problema del sueño, introduciendo dos nuevos conceptos: A lo
que se ha denominado sueño lo llamamos texto del sueño o sueño manifiesto
y a lo que por así decir conjeturamos tras el sueño, pensamientos
oníricos latentes...»
(Freud.
Conferencia 29, 1932)
Parece,
entonces, que los pensamientos en el terreno onírico se manifiestan
bajo un lenguaje ininteligible. No obstante, el sueño dá que hablar
y cuando alguien ofrece las ocurrencias que aquellas imágenes producen,
lo que aparece son recuerdos, preocupaciones, reflexiones, ideales,
etc... Esta información que brinda el soñante fue denominada por
Freud «Asociación libre» y opera como nexo entre el
sueño manifiesto y los pensamientos inconcientes o el deseo que
le ha dado causa. Así, comprendemos que el texto onírico aparece
como una selección abreviada de las asociaciones y sus elementos,
como los representantes de una multitud, surgidos de una elección.(S.F.)
El comprimido onírico
El
sueño ha realizado un trabajo de abreviación y representación, ha
sustituido ideas y pensamientos y los ha reemplazado por formaciones
psíquicas -imágenes de todo tipo- que los contienen. El sueño
es un comprimido de pensamientos.
Cuando
el paciente asocia sobre su sueño, todos los elementos condesados
en el contenido manifiesto aparecen y el soñante puede reconocerlos
como propios o posibles. Pero, si es así ¿por qué necesitaron ocultarse
en rarezas?
En
la medida que el paciente asocia, el analista reconstruye el sueño;
esto significa que reconstruye el relato del sueño, interviene sobre
el texto onírico a través de indicaciones o señalamientos, sobre
la base de los nexos que el paciente aportó. No obstante, la asociación
en algún momento se detiene: «no se me ocurre nada», o quizás el
soñante exprese que se ha olvidado de lo que sigue, o también considere
que toda la empresa es una verdadera tontería...
¿Qué
sucede entonces?
La
resistencia
De
la misma manera que nos preguntamos por lo absurdo que propone el
texto onírico, podemos extraer de este interrogante una oportuna
afirmación: si el texto es absurdo e incompresible deberá sus razones
a la siguiente causa: el sueño se resiste a ser claro. Pues si en
las asociaciones se presentan baches, lagunas, malestar, efectivamente,
tales elementos no pudieron quedar excluidos del trabajo onírico.
Así la resistencia que aparece en las asociaciones será tomada como
si fuese una asociación más, otro tipo de nexo, en resumidas cuentas:
la resistencia a expresar el mensaje, también ha formado parte
de la creación del sueño.
Freud lo plantea de esta manera:
«... el trabajo de la interpretación del sueño se realiza contra
una resistencia cuya magnitud varía desde lo imperceptible hasta
lo insuperable. En el curso del trabajo, es imposible pasar por
alto las exteriorizaciones de esa resistencia. En muchos lugares
las asociaciones se brindan sin vacilación alguna y ya la primera
o la segunda ocurrencia traen el esclarecimiento. En otras, el paciente
se atasca y titubea antes de enunciar una asociación, y luego uno
tiene que escuchar una larga cadena de ocurrencias antes de conseguir
algo utilizable para la comprensión del sueño. Con derecho consideramos
más intensa la resistencia cuanto más larga y sinuosa es la cadena
de asociaciones. También en el olvido registramos esa misma influencia.(...)
Inferimos que la resistencia que notamos en el curso de nuestro
trabajo de interpretación tiene que haber participado también
en la génesis del sueño...»
(Revisión
de la doctrina de los sueños, 1932.S.F)
La resistencia detiene la asociación libre o la multiplica. Por
lo tanto, atenta contra el trabajo de interpretación. Se percibe
en el relato que el paciente presenta de su sueño, es aquel momento
en donde el discurso se interrumpe: el soñante ya no sabe qué
decir y vacila.
Cuando
sostenemos que se la puede tomar como si fuera una asociación más,
lo decimos en el sentido que en todo soñante se registra este fenómeno
y que nos aporta un dato importantísimo en relación a la formación
del sueño. ¿Qué es la resistencia? El indicio más seguro de un
conflicto. Tiene que haber ahí una fuerza que quiera expresar algo
y otra que no se avenga a permitir esa exteriorización. (SF)
De
modo tal, que aquello que no permite la exteriorización del mensaje
onírico pone en marcha el verdadero trabajo del sueño que deja un
producto atemperado, desfigurado y vuelto irreconocible (SF).
Aquello que resiste a la expresión Freud lo nomina «El censor
del sueño» o «censura».
deseo
expresión
>>>>>>>>>> resistencia<<<<<<<<<<<<<<
censura
mensaje
trabajo del sueño
sueño
Es
por ello que muchos analistas plantean que la resistencia es una
suerte de brújula: marca un terreno conflictivo en el cual fuerzas
opuestas se debaten. Podríamos considerar que a mayor resistencia,
mayor conflictiva. Interpretar significa en este caso develar el
«conflicto» por el cual un paciente en desconocimiento de causa,
padece.
En
relación a los pensamientos oníricos a los que accedemos vía asociación
libre es importante señalar que gran parte de ellos son pensamientos
preconcientes, es decir pensamientos o ideas que pueden ser reconocidos
por el soñante. Sin embargo, la otra parte que compone el complejo
de pensamientos oníricos, contiene referencias a las mociones
de deseo reprimido a que debe el sueño la posibilidad de su formación.
Esta materialidad diferente de pensamiento onírico tiene otro origen,
un origen desconocido para el soñante: no es preconciente, no es
un pensamiento que pudo pensarse durante el día, o en estado de
vigilia. En realidad, se trata de un saber ajeno al conocimiento.
Freud, plantea que se trata de un pensamiento que el paciente podría
vivenciar como ajeno a su persona, acaso lo rechazaría de plano:
«Este único pensamiento desmentido, o mejor dicho esta única
moción, es hija de la noche; pertenece a lo inconciente del que
sueña y por eso la desmiente y la desestima.» Sin embargo esta
moción, disfrazada por el trabajo del sueño, ha logrado pasar inadvertida
a través de la censura.
Ahora
estamos en mejores condiciones para explicar por qué el sueño se
presenta como una rareza, materia del absurdo. Sabemos que dos fuerzas
opuestas tratan de imponer su legalidad: por un lado la moción de
deseo inconciente; por el otro: la censura. La moción de deseo avanza
con la finalidad de expresarse, pero la censura no admite tal expresión.
El producto de esta negociación es una formación de compromiso en
donde la desfiguración encubre a las partes. Así, la desfiguración
onírica (esa selección, abreviación y sustitución de pensamientos)
se encuentra al servicio de la censura y posibilita de esta manera
que la moción de deseo se exprese de modo irracional. Dirá Freud,
que lo que no fue censurado se aceptó porque no decía la verdad
(2). No obstante, el sueño es una formación de compromiso, cuestión
que implica una negociación de las partes: la moción de deseo inconciente
habrá elegido un buen disfraz para acceder de alguna forma.
La
verdad de la que habla Freud, ha quedado sometida al poder que ejerce
la censura. Poder que impone su propia ley: "De eso no se
habla". Sin embargo, a pesar de la prohibición, insiste. En
consecuencia, ha sido desfigurado, trabajado, recreado, disfrazado.
¿Y por qué de eso
no se habla?
Cuando
planteamos que el mensaje se resiste a ser claro, comprendimos que
es la función de la censura lo que allí ha impuesto su ley.
La censura es una ley, un modo de organizar la condición humana.
Esto es : de eso no se habla puesto que no hay forma de hacerlo,
no hay palabras que puedan dar cuenta de ello: el intento de arribar
a ese lugar mudo descompone el yo en pedacitos inciertos, pues se
trata de la ley en tanto incomprendida, ley que opera como estructura
fundamental organizando lo humano.
Así, en el origen de la censura ubicamos el ombligo del sueño. Ombligo,
nudo entre hilachas sueltas de aquello que no nace humano. La distancia
entre censura y ombligo del sueño parece muy breve. Existiría
una relación en tanto que se trata de una ley que impide el goce
absoluto, una caída abisal en la nada. Diríamos que esa Ley impide
desanudar el ombligo: Protección, vicisitud de la pulsión de vida.
El ombligo del sueño sería otro nombre de la ley en tanto orden
y límite.
Escribe Héctor Saldaña: El conocimiento de lo ignoto nos adentra
en un espanto que crece a la par del saber. Conocer es llegar
a una Nada que termina por aniquilarnos.)
El sueño y el ser: un nudo de origen
-Advertencia
al lector: Aquí termina nuestra prosaica prolijidad.
El
ombligo del sueño
«En ese punto
se deshace mi sueño,
como
agua en el agua»
J.L.
Borges
PLANO
DE EQUIVALENCIAS:
CENSURA # OMBLIGO DEL SUEÑO# LEY MUDA INEXORABLE
Aclaramos: la equivalencia no es la igualdad, estos términos no
operan como sinónimos, la equivalencia surge allí donde la palabra
es imposible. La Censura aparece como límite a la verdad, a lo
real; la censura acontece inexorable ante la verdad; de igual forma
el ombligo del sueño. Tal vez la hipótesis que barajamos es que
ambas se nutren del origen, del padre original, padre de la historia,
nombre de dios, falta por excelencia.
Ombligo:
* Cicatriz, nudo. Testimonio de antigua conexión.
* Cicatriz redonda y arrugada que queda en el vientre,
luego de cortarse y secarse el cordón umbilical.
Ombligo del Sueño:
«Los sueños por mejor interpretados
que sean, conservan frecuentemente un punto ciego. Se alberga ahí
un nudo de pensamientos que no puede ser deshecho, pero que no traería
nada más al contenido del sueño. Es el ombligo del sueño, el punto
que en el se vincula a lo desconocido»(...) «El deseo del sueño
surge de un punto más espeso de ese tejido, como el hongo de su
micelio.»
S. Freud El olvido de los Sueños
1-
Un
niño pregunta :-¿Qué hay antes de Dios? (Padre: te pregunto para
que sepas que te amo)
El adulto responde: -Nada
-¿No tiene padres? ( el niño busca una respuesta, “Nada” no es una
respuesta. El adulto, entonces, no lo ama)
-No, El es el padre de todas las cosas.
-Pero ¿qué había antes de dios?
-¿Antes de aquel que ha creado todas las cosas?... Nada. Con él
comenzaron las cosas.
-Entonces, dios apareció en ese momento, cuando las creó se creó
a él.
-No, el existió siempre.
(Lo que sigue es un niño neurótico).
El hombre-niño necesita pensar un origen de filiaciones. Tal vez
su consistencia no sea sino la de la ficción.
¿Qué hay antes del ombligo del sueño? Pedacitos, hilachas, cabos
sueltos.
El ombligo del sueño da cuenta del origen apalabrado, por ello es
un nudo.
A partir de ese momento, las palabras crean el mundo. El ombligo
del sueño reedita esa instancia, una instancia
fronteriza: Imágenes-palabras .
¿Un padre que no tiene padres es un padre? No.
Entonces dios es guacho. No porque los haya perdido, simplemente
no los tuvo. No es humano.
Sólo un humano puede inventar algo así.
El origen de la vida es mucho más enigmático que la muerte o el
perecer.
2-
Ombligo
del sueño y origen :
-¿Que hay antes del Padre?
Antes del Padre hay nada. El ombligo del sueño anuda el origen.
Desanudarlo sería descomponer el origen.
Dirá Lacan: Freud se refiere a ese punto de las asociaciones
en que el sueño se inserta en lo desconocido, lo que llama su ombligo...
y... el último término es la muerte.
Pero ¿qué muerte? No se trata de la muerte de uno, sino de la
muerte pensada como respuesta a ¿Qué hayantes de Dios?.
No hay Padre para el origen, el origen acontece, no hay Dios del
Dios. Tal vez sea por ello que Freud sitúa a la vida entre dos muertes
y por lo visto, menos comprensible es la primera, la muerte de la
que se procede. La primera está en el terreno de la nada, de la
inexistencia; la segunda en el campo del vacío.
Parafraseando a Borges: en ese punto se deshace la vida, como agua
en el agua.
Aquello que nos libra de lo amorfo es la posibilidad de sostener
un principio creador.
Borges quiebra la idea:
La historia agrega que, antes o después de morir, se supo frente
a Dios y le dijo: Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero
ser uno y yo. La voz de Dios le contestó desde un torbellino: «Yo
tampoco soy; Yo soñé el mundo como tu soñaste tu obra, mi Shakespeare,
y entre las formas de mi sueño estás tu que como yo eres muchos
y nadie
J.L.
Borges: Everthing and nothing
-¿Si
tú no eres, Yo que soy?
-Eres esto, lo más lejano de ti, lo más informe.
J.
Lacan Seminario 2
3-
Retazos:
-Ombligo
del sueño y formación de objeto a:
El sueño es una formación de objeto a,
la creación de una realidad nueva y estrictamente local. (J
D Nasio)
-Ombligo
del sueño- deseo- falta:
El sueño se crea a partir de una exclusión, algo que falta; por
ello justamente, se elabora y se estructura como un lenguaje.
-Ombligo
del sueño -falta- nada:
El motor del sueño es el deseo, el motor del deseo la falta. La
falta es un modo de humanizar la nada.
-Nudo:
Lazo que se aprieta y se cierra de
tal forma que con dificultad se suelta. Cuanto más se tensa, mas
se estrecha.
-El oido del sueño:
El oído del sueño permite entonces
aproximarse a lo real que sería muestra de lo inaudito o lo "no
reconocido" (en relación con el "Unerkannt" freudiano
que representaría el "ombligo del sueño"): una materia
extraordinaria y desmesurada, según
Pessoa, que hay que intentar
abordar gracias al acercamiento a fragmentos mínimos.
En otra etapa de su método, se trata de hacer
que la sensación pase directamente a través de la inteligencia pura,
a fin de esculpirla con una forma literaria:
“Si
tomo una sensación cualquiera y la desarrollo hasta el momento en
que, gracias a ella, puedo tejerle la realidad que denomino el bosque
del sueño, o el Viaje incumplido, es sin duda para que esta prosa
dé una completa exterioridad a lo que es interior, para que realice
así lo irrealizable, conjugue los polos contradictorios y, al hacer
exterior el sueño, le otorgue su poder máximo de sueño en estado
puro.” –Pessoa-
de La Obra del
tiempo
Le poulichet, S.
4-
Retomamos:
Por cierto, es importante esclarecer que la censura no es la resistencia.
A la resistencia la ubicamos en el punto donde se detiene la interpretación
psicoanalítica. ¿Por qué se detiene? porque confronta al sujeto
con una verdad inefable.
El quehacer del analista apuntala -de algún modo- a la moción inconciente
para expresarse, y es ante este trabajo que la censura impone su
propia ley, generando resistencia y fortaleciéndose.
No obstante, la función de la censura abre un interrogante: existe
una verdad que no puede ser expresada, aún cuando se trata de un
cumplimiento de deseo que se supone debiera generar placer.
-Pero, ¿genera placer el cumplimiento de deseo? ¿Cuál sería la consecuencia
de su satisfacción?
Conocen el cuento:
El hada aparece repentina en medio de la calle e interrumpe el
paso de rutinaria pareja:
-¡Pidan tres deseos!.¡Se cumplirán!
De inmediato un exquisito aroma a salchichas vienesas abraza al
caballero...
-Mh... qué rico, ¡quisiera una salchicha!
El hada cumple:
-¡Una salchicha para ti!.
-¡Pero que tonto! ¡este hombre es un tonto!, gritó la esposa.
¡Que tu nariz sea una salchicha! sentenció.
Y a los fines de su misión, el hada se la convirtió.
Fláccida salchicha.
El relato logra la tensión: ¿Y ahora qué hacemos?... Una mujer
arrepentida... un hombre con nariz de salchicha y un último deseo
para pedir... Pues bien, dejemos todo como estaba,
- Devuélvele la nariz.
Válgales el susto ante una oferta semejante. “-¿Qué deseas, mi amo?
- Qué sé yo... puedo saber qué quiero, mas que deseo?!.”.
El deseo se escabulle: no eran las salchichas, ni tampoco esa
nariz, ni mucho menos -a pesar del alivio- que todo quedara en suspenso
con el amargo sabor de que se trataba de otra cosa: El deseo siempre
es otra cosa.
Lo inmediato responde al anhelo, aquí y ahora: el aroma a salchichas.
Pero el deseo porta la historia en la palabra o por decirlo de otra
manera, en el deseo se articula toda la historia de cada quien.
El deseo habla del deseo.
Savater F, toma un relato bíblico del Génesis (25,27-33), aquel
en donde Esaú quedaba capturado de un plato de lentejas que prepara
su hermano. Implacable fascinación. Esaú propone: Permuto derechos
de primogenitura por plato de lentejas.
Entonces el autor pregunta :
«¿Eran esas lentejas lo que Esaú quería de veras o simplemente
lo que le apetecía en aquel momento?»
Plantea, incluso, que aquello que determina a Esaú elegir el potaje
presente y renunciar a la herencia paterna, es la sombra de la muerte
o el desánimo producido por la brevedad de la vida.
Esaú esquiva el deseo allí donde esquiva su propia historia mortal.
Cuestión que nos permitiría pensar que el deseo está absolutamente
relacionado con la muerte en tanto la soporta de alguna forma, la
arrastra en él. Ergo, se puede afirmar que el deseo existe, en
tanto la muerte se presenta como límite. El deseo sólo es terreno
de vida para un ser mortal. El dios eterno no desea, es pura presencia,
totalidad de existir.
En el deseo, la muerte, es un elemento más. No en el sentido de
desear la muerte, sino en tanto que forma parte de la vida. En otro
orden, aceptar la inscripción del tiempo en la vida implica situarse
más allá del presente inmediato (como figura de la totalidad), para
soportar la falta de certeza en relación -si se quiere-, a que exista
un mañana, en tanto representación.
Decimos con esto que la vida es una secuencia de ausencias y presencias:
pequeñas vidas, pequeñas muertes. Por cierto, estamos muy lejos
de sostener que primero se vive y después se muere y mucho más lejos
aún de situar y reducir la muerte al último acto de alguien.
«La vida no se caracteriza por otra cosa que
por su aptitud para la muerte»
J.Lacan.
La dialéctica entre la vida y la muerte está plasmada en el deseo.
Mas Esaú se da por muerto, muerto en vida, es diferente. En la escena
bíblica hay algo en relación al deseo que le resulta insoportable.
(5a) (5b)
Pues bien, ¿qué tiene de intolerable el deseo?
Dirá Lacan:
«La vida solo sueña en morir».
¿Cómo se relaciona el deseo, la falta y la muerte?
«El deseo es una relación de ser a falta. Esta falta es, hablando
con propiedad, falta de ser. No es falta de esto o de aquello, sino
falta de ser por la cual el ser existe» «Es deseo de nada nombrable.»
«El ser llega a existir en función misma de esa falta. Es en
función de esta falta, en la experiencia de deseo, como el ser llega
a un sentimiento de sí con respecto al ser...»
Vale aclarar que esa relación no es del ser a la falta, sino falta
en tanto condición de ser. El ser es hueco. De todas formas la falta
no se reduce a la muerte. En todo caso la muerte sería un fallido
nombre de la falta. La falta no puede nombrarse, del mismo modo
que no puede nombrarse la totalidad del ser, creyendo que al nombrarla
se otorgaría existencia plena.
.......................................................................................................
....... Notas intercaladas: (5a) Una reflexión de F. Dolto: “Singular
especie (la humana) que en la edad adulta, no quiere evolucionar
por miedo a la muerte y que teme instintivamente la vida. Por
tener miedo de la muerte, nos aferramos al hecho de estar vivos
por la mera conservación del cuerpo, objeto conocido, nuestra vida
es mucho más que este cuerpo. Ese miedo impide la vida.”
(5b) Finalizada una furiosa tormenta marina, plantea el discípulo
al maestro: ¿te haz dado cuenta que durante esta terrible tormenta
no hubo entre nosotros y la muerte nada más sólido que una tabla
de madera? El maestro responde: yo sabía que en el mar siempre e
así. Sin embargo también me di cuenta de que aun estando en tierra
firme bajo el curso normal de los acontecimientos aún hay menos
entre nosotros y la muerte. (Cuento Sufi. Bayazid, siglo
9)
.............................................................................................................
5-
El ombligo: Nombrar
y existir
Nombrar para existir. Donde el
sueño se ombliga da cuenta de una no-existencia o en todo caso de
un ex-sistir.
Algo queda por fuera.
Sólo Dios puede decir: “Yo Soy, Yo Soy el que Soy, Yavé”.
Sabemos que la palabra Yavé está relacionada con la voz Yavhá que
significa: hacer existir. Por lo tanto, Yavé es El que hace existir:
“Yo Soy el que Es”. No obstante, el nombre de Dios está (?)
oculto y no puede ser revelado, nombre de poder divino, hacedor
y creador según consta en las escrituras.
El humano, ser de falta por principio, innombrable, inabordable
para sí mismo sostiene en su impotencia un Dios fuera de él, para
que lo nombre y le otorgue existencia, bajo súplica de promesa:
Reintégrame al Todo una vez finalizada la vida terrenal.
Pero... ¿Qué puede una sustancia finita comprender de su opuesto,
sino sólo proyectar sus sueños de ser lo que no es ni será, en el
Otro?
Cuatro siglos antes de Cristo, los israelitas dejaron de pronunciar
el nombre de Yavé por respeto. Luego cambiaron en la Biblia la escritura
Yavé por Jehovah. La palabra Jehováh no tenía sentido y tampoco
podía proferirse; cuando el lector la descubría en el relato sagrado
sabía que no debía decir Yave ni Jehovah, sino Edonah, o sea Señor.
El Nombre de Dios, Yavé, no responde al ser sino a un verbo. Acto
de hacer existir. Dios da un nombre, los mortales no pueden reproducirlo,
del mismo modo que no pueden ver Su Rostro y continuar vivos. Sin
embargo, el nombre de Dios no es Yavé, puesto que Yavé es la respuesta
a la pregunta de Moisés:
“Si voy a los hijos de Israel y les digo que el Dios de sus padres
me envía a ellos; si me preguntan ¿Cuál es su nombre?, yo ¿qué les
voy a responder? y Dios dijo a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Así dirás
al pueblo de Israel: YO-SOY me ha enviado a ustedes. Y también les
dirás: Yave, el Dios de sus padres... Este será mi nombre para siempre,
y con este nombre me invocarán sus hijos y sus descendientes.”
Dios se nombra para otro, para un interlocutor que pregunta. Dios
no necesita nombre, pero el hombre necesita nombrarlo. Para el hombre
nombrar, es aceptar una existencia.
En una nota al pie, los traductores aclaran que en ese pasaje Dios
indica el Nombre que para los israelitas expresará mejor lo que
es en sí mismo. Así se entiende que Dios no necesita nombrarse,
El Es.
El nombre de Dios es nombre de los nombres, el nombre de todas las
cosas, es un nombre mudo, ignoto, que no nombra sino que otorga
la existencia por sí mismo. El nombre de Dios es la revelación de
la creación. La cifra del universo. Como el Aleph de Borges: aquel
punto del espacio que contiene todos los puntos. ¿Y dónde está ese
punto ?
Será por eso que los dioses pertenecen al campo del lo real, como
planteara Lacan, (Seminario11- capítulo 4) A ese campo donde
todo vuelve al mismo sitio y nunca ceja de repetir el intento, a
pesar de no inscribirse jamás. Algo de lo eterno se reporta en el
juego de lo real. Digamos el horror de lo eterno, lo siniestro en
su cara mas descarnada. (ver: El inmortal. Borges)
¿Serán acaso traumáticos los dioses? Pues sí, Dios es traumático
si no se lo humaniza. A Dios se lo humaniza dándole un nombre: Dios,
Yavhe, Jehova, Alah (...)
El azar no le importa a Dios, sencillamente porque para Ese es impensable
como categoría ; el azar es una invención humana, una nominación
para el proceder del sin sentido.
6-
-Aquí en el campo
del sueño estas en tí.-
-Eres allí donde nada eres-
-El sueño no está en el tiempo-
J. Lacan.
Ver
Borges (El hacedor, Ragnarok)
LA
HIPOTESIS: EL ACTO DE SOÑAR SE REPITE NOCHE TRAS NOCHE PORQUE LO
REAL NOS HABITA DIA TRAS DIA.
-Tenemos
una cita a la que siempre estamos requeridos, con un real que se
esconde.
J.Lacan
El
sueño sería un intento de elaboración de la falta en ser.
Una puesta en escena de la relación existente entre el hombre y
el ser de la carencia. La realización de deseo implica crear una
realidad en la cual plasmar la particular relación inenarrable que
toma la forma de una ficción.
La satisfacción no es más que dar una letra fallida a ese relato.
A modo de un mito, la ficción de cada quien en el sueño.
Si de eso se puede hablar, sólo es a partir de una formación inconciente
que enmudece al yo ante el ombligo del sueño. Pues allí lo presenta
donde el yo se retuerce hasta la mueca más silenciosa.
Planteamos que el deseo es atemporal, y su realización de alguna
manera también lo es, lo que no implica contradicción, pues lo eterno,
si es que puede pensarse, respondería a la quietud del presente
inmediato, lo detenido, una infinita prolongación del ahora. (Sugerimos
la lectura de Robert Walser y la relación de este tema con el éxtasis
del que testimonia su obra. Léase Goce.) No obstante o en cambio,
el deseo se lee atemporal en tanto atraviesa los cortes del tiempo
cronológico, instalando un tiempo lógico o subjetivo. Recordemos:
el deseo propone siempre un movimiento, un movimiento entrecortado,
un recorte, un resto, una pérdida.
El tiempo no es más que una invención humana, una ordenada seguidilla
de cortes que se opone a la concepción humana de la Eternidad, una
ficción de mirada sacra omnisciente-omnipresente donde el universo
acontece de manera simultánea. Dios abarca toda la duración del
tiempo, es la sumatoria de los tiempos sin respeto cronológico,
todo ocurre a la vez, mientras naces mueres.
Lo inconciente es aquello que más se asemeja a la concepción que
los humanos tenemos de Dios. La expresión de lo Inconciente, manifestada
en sus formaciones, no resiste la idea de tiempo lineal, lo racional
del tiempo se ha diluido y ha dado lugar a la lógica de la simultaneidad
que posibilita lo que hemos llamado atemporal, sin tiempo, fuera
del tiempo, otra lógica del tiempo. El tiempo sólo rige para la
materia, el pensamiento es energía, sólo cuando el pensamiento
asume el cuerpo, comprende la necesidad inexorable del tiempo.
Por ejemplo, en las experiencias de asensibilidad según explicara
F. Doltó, «los sujetos se mantienen en agua tibia, con el cuerpo
envuelto en algodón, para que no tengan ninguna percepción. Flotan,
respirando por un tubo, sin ningún otro punto de referencia. Así
pues, al cabo de algunas horas, la ausencia total de la imagen del
cuerpo destruye las referencias de espacio y de tiempo por las cuales
nuestro narcisismo se vincula a nuestra historia inconciente y conciente...
Todos habían quedado profundamente atontados, como salidos de los
límites del espacio y del tiempo...»
Las experiencias de asensibilidad concluyeron brindando una
figura de la esquizofrenia o de la psicosis. El hombre, en ese estado,
se encuentra arrojado a un puro pensamiento incorpóreo o a una inteligencia
pura, incapacitada de mediatizarse simbólicamente: esto es allí
no hay castración, ni percepción. En síntesis, las experiencias
de asensibilidad forcluyen la representación cuerpo.
7-
Última
abstracción de esta nota:
Nombrar-
cuerpo- Placer- displacer- deseo- angustia –falta
___________________________________________
Exisitir- más allá del ombligo del sueño- asensibilidad- horror
-goce - nada/todo
8
Recomendaciones y referencias bibliográficas
-para continuar
pensando-
Freud,
S. “La interpretación de los sueños” Tomos IV-V.(1900-1901)
Amorrortu Editores.
Freud,
S. “Revisión de la doctrina de los sueños” Tomo XXII. (1932)
Amorrortu Editores.
Freud,
S. “Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación
de los sueños” (1922) Tomo XIX . Amorrortu Editores.
Freud,
S. “Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños
en su conjunto” (1925) Amorrortu Editores.
Lacan,
J. Seminario Kanser, (1975). Universidad de Yale
Lacan,
J. “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica”
(1954-1955). Editorial Paidós.
Lacan,
J.“Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”
(1964) Editorial Síntesis.
Nasio,
J. D. “Lesiones Órgano” (1983). Grupos Clínicos de Bs. As.
Nasio,
J. D. “El dolor de la Histeria” (1992) Editorial Paidós
Borges
J. L.“Obras Completas” Emecé Editores. B. A.
Harari,
R. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, de
Lacan: una introducción” (1986) Editorial Nueva Visión.
Savater,
F. “Ética para Amador” (1991) Editorial Ariel
La
Nueva Biblia Latinoamericana. (1971) Editorial Paulinas &
Verbo Divino
Regnault,
F. “Dios es Inconciente” (1985) Editorial Manantial.
Doltó,
F. “Seminario de Psicoanálisis de niños 2” Editorial Siglo
XXI
Doltó,
F. “La causa de los niños”, 1986 Editorial Paidós
Saldaña,
H. “Lovecraft: El señor de los Abismos”, (1996) Para entender
a Borges Nro.3
Lemoine,
E. "El block maravilloso" (1972) Ediciones Argonauta
Walser
Robert “El paseo”- 1917- Editorial Siruela 2001
Le
Poulichet, S “La obra del Tiempo en Psicoanálisis” Amorrortur,
1996.
..................................................
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