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“LA VIOLENCIA Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD NACIONAL”

ROBERTO SAMAR

Nuestra hipótesis es que la construcción de la identidad nacional se encuentra asociada a la idea de sufrimiento. Asimismo, sectores de la dirigencia política de nuestro país construyeron su pensamiento a partir de las siguientes ficciones orientadoras:

-          El marcar polarizaciones tajantes
-          La lógica de la hecatombe
-          La idea de vanguardia o minoría iluminada
-          La reproducción de modelos extranjeros
-          Sentido progresivo de la historia

Por ello, existe una tendencia a reproducir esos criterios.

Cabe aclarar que el detonante de la hipótesis será el libro “La sangre derramada” de José Pablo Feinmann.

INTRODUCCIÓN

Podría afirmar que al no haber vivido el momento histórico que analizo, me encuentro en un rol distante que me permite estudiarlo más fríamente.  Pero no, yo no pretendo jugar un rol de seudo objetividad , ya que tengo una posición tomada con respecto a los hechos sucedidos en la década del 70. Por lo cual no utilizaré artilugios manipuladores, ni pretenderé ser neutral con mi actitud frente al tema.

En base a lo expuesto es que les anticipo que yo formo parte de los hijos de una generación que fue arrasada por pensar distinto; y tengo un rechazo visceral por la última dictadura militar. Desde ese lugar escribo.

Descrito mi lugar, se podrá estudiar el del autor de “La sangre derramada”. Al analizar el ensayo sobre la violencia política de Juan Pablo Feinmann, noté que, como Rodolfo Walsh, el autor en el texto habla de él mismo,  caracterizándose como una persona comprometida. Por eso en la página 95, al hablar de cómo se vivió la última dictadura,  afirma: “tal vez esta experiencia la sabemos sólo quienes permanecimos aquí”. En el mismo orden de cosas, en la Página 92 hace referencia a un cambio de cerradura que hizo en su casa por el miedo que lo atravesaba a partir del golpe militar. Es decir, el autor analiza la violencia desde un lugar que va construyendo en la obra, el lugar de izquierdista crítico, que sin embargo, en algunos pasajes podría interpretarse que es funcional a la derecha.

VIOLENCIA Y MILITARIZACIÓN

La Política sin mediatintas

José Pablo Feinmann en el libro La Sangre Derramada plantea que en la Argentina, en parte a partir del texto “Apuntes de Historia Militar” de Juan Domingo Perón, la política fue entendida desde una óptica militarista.

En ese texto el ex presidente afirma:

-          “La guerra es la continuación de la política por otros medios”
-          “Aniquilamiento del enemigo”
-          En la guerra “todas las consideraciones de humanidad que se pudiera hacer valer os expondrían a ser abatidos por un enemigo menos sentimental”
-          “Sólo el aniquilamiento puede ser el fin”

Feinmann marca en su libro que mediante el Decreto del año 75, del  Gobierno de Isabel Perón se le solicita a las Fuerzas Armadas “aniquilar a la subversión”, es decir, Feinmann emparenta el genocidio de la última dictadura con los conceptos anteriormente marcados por Perón. Cabe aclarar que esta es una de las pocas referencias que hace del Peronismo, ya que luego el texto analiza la historia de la violencia en Argentina esencialmente sobre los hechos sucedidos en el Siglo XIX.

Asimismo, según Nicolás Shumway, “la rígida polaridad de la retórica de la Generación del 37, especialmente en las irreductibles dualidades de Sarmiento, dejaron un marco poco servicial para el debate porque impide toda mediatinta o acuerdo”. Por lo tanto las soluciones “sólo puede venir de la eliminación de una de las partes para que sobreviva la otra”.  Esta retórica se puede relacionar con el concepto tomado por Perón de que “sólo el aniquilamiento (del oponente) puede ser el fin” a determinada situación.

La rígida polaridad planteada se complementa con el concepto de Feinmann de que “los violentos siempre encuentran la legitimación de su violencia negando la humanidad del agredido. Desde piojoso judío al tumor subversivo”.

Sin embargo a diferencia de Shumway, según Feinmann, Perón considera a la sociedad dividida en dos bandos, pero no por existir dos ficciones orientadoras distintas, sino porque la dirigencia pensó la sociedad desde la óptica de guerra. Esto según el periodista se ve reflejado en la afirmación de Perón, “al amigo todo, al enemigo ni justicia”.

Es decir, ambos autores coinciden en observar tajantes polarizaciones en los análisis políticos de nuestro país, ya sea por una militarización de los discursos en el siglo XX o por las ficciones orientadoras establecidas en el XIX.

Este concepto lo puede ilustrar la siguiente afirmación que le realizan al personaje Farias en la novela el Banquete de Severo Arcángelo:

“Bien Farias: Ahora necesitamos de Usted una definición terminante. O usted está por el Banquete o se define en contra”.

LA LÓGICA DE LA HECATOMBE

Cuanto peor mejor

Según Feinmann, “hubo un enfoque fanoniano que tuvo profunda influencia en la militancia armada Argentina. Fue decisivo. Fanon decía que la represión, cuanto más intensa, mejor. Porque desnudaba las verdaderas relaciones entre opresores y oprimidos”. “Toda hecatombe, a partir de cierto estadio embrionario de la conciencia, fortalece a la conciencia nacional”

En ese sentido es que los Montoneros “juzgaban que el gobierno peronista era un colchón que impedía al pueblo visualizar a las verdadera fuerzas enfrentadas: Ejército y Guerrilla. No bien el pueblo viera esta antinomia optaría por la guerrilla.” “Los Montoneros, por su parte, siguen entregados a una violencia implacable. Favorecen, claro, a los militares.”, dándoles argumentos para su intervención.

Esta cultura de agudización de las contradicciones, puede llevar a la lógica de que un mayor sufrimiento genera mayores condiciones para el desarrollo de una insurrección. Sin embargo, no debe ser necesariamente así, ya que como afirma Gramsci,  cuando las crisis no son orgánicas, es porque no pueden dar “expresión centralizada a sus aspiraciones y necesidades.” Esto genera que la “lucha de clases se confunda con el bandidaje, el chantaje, el incendio de bosques, el asalto al municipio: es una forma de terrorismo elemental, sin consecuencias estables y eficaces. Estos movimientos espontáneos son inorgánicos porque no tienen la mediación de los intelectuales”.(1 Portelli) Por lo tanto se puede estar peor sin que se establezca una insurrección que lleve a un cambio revolucionario.   

 

LA CULTURA DEL SACRIFICIO

La identidad popular estuvo marcada desde sus orígenes con la idea de martirio y sufrimiento. Desde la religión católica que instala la idea del sacrificio de Jesús, quien da su vida por la salvación del hombre, pasando por los mártires del federalismo, hasta la trágica muerte de Ernesto Che Guevara. El elemento común de estos sucesos es el levantar una tragedia como bandera de una causa política e ideológica.

 

Mártires del Federalismo

La fuerza más representativa de los sectores populares del siglo XVIII, fueron los federales, quienes sufrieron el asesinato de “Manuel Dorrego, fusilado por el unitario Juan Lavalle”. Rosas toma el poder para vengar la muerte de Dorrego.

“Juan Facundo Quiroga, cuya muerte adjudicaba Hernández a Rosas, a quién, claro está, consideraba unitario, un representante más de los intereses del puerto.” “Sin embargo, Rosas asume el segundo gobierno como vengador de Facundo.” (2 Feinmann).

El Mártir de la Izquierda

“El foco insurreccional no había logrado crear nada. O sí. Había creado un mártir de la Revolución, un Cristo que sonreía rodeado de sus asesinos, como si se burlara de ellos. Nadie reflexionó acerca del fracaso de la teoría del foco. Sólo permaneció la imagen del piletón Vallegrande, alimentando un mito infinito: el de la muerte bella. Hay que ser como el Che, dice Castro. Y toda la izquierda latinoamericana traduce: hay que luchar hasta morir, hay que entregar la vida, la muerte es el más elevado momento de un revolucionario porque testimonia que ha sido capaz de llegar hasta el límite. Porque la revolución no tiene limites, tampoco los puede tener un revolucionario. El límite sólo puede ser la muerte. Porque la muerte es la consagración del juramento.

Se ha jurado luchar hasta morir. Y todo militante muerto dice que sí, que ha cumplido, que murió”. (2 Feinmann)

Esta idea del héroe, mártir, que da la vida por la causa, que supuestamente no muere en vano, impregnó el pensamiento de la dirigencia argentina y de la militancia armada setentista en particular. Asimismo, generó a su vez en la identidad nacional la concepción del sufrimiento como un elemento necesario para valorar los logros de la sociedad, lo cual se ve reflejado en los siguientes párrafos de la literatura nacional:

El Banquete de Severo Arcángelo:

“Lleno de indignación y piedad, intenté librarlos de sus ataduras. Pero Gog me detuvo con un gesto de reproche, como si yo intentara escamotearle su palma de martirio”

“Algo de sublime traducían esas dos figuras castigadas, y una seguridad que se adquiere sólo en el ejercicio de las virtudes heroicas”.

“Empuñé la soga menor y estuve mosqueándome con ella lomos y espaldas, ya olvidé cuanto tiempo. Me acosté finalmente y me dormí con el sueño de los justos”

Los siete Locos:

“Sos el hombre más desgraciado de la tierra. ¡Cuánto sufriste, Dios santo! ¡Qué grande que sos... qué grande es tu alma!”

Operación Masacre:

“Valle actuó y entregó su vida, y eso es mucho más que cualquier palabra”.  El morir está por encima de los argumentos.

Diario de la Argentina:

“Buenos Aires era entonces un chupadero y los chupadores se habían olvidado de él. A lo mejor era peor, ni siquiera era tenido en cuenta; insólitamente, esa posibilidad también lo deprimía, porque entonces no era ni por lo menos un condenado, cualquier adolescente era en apariencia más peligroso, se habían ganado con mayores méritos los derechos a la tortura y la degradación”.

De lo expuesto, se deduce que el sufrir engrandece el alma, morir está por encima de los argumentos, el autoflagelarse lleva al sueño de los justos, el castigo genera virtudes heroicas y la tortura es un derecho que se gana con méritos.  Por lo tanto en los textuales citados se le da una carga positiva a las situaciones de sufrimiento, lo cual en cierta manera refleja un sentir de la sociedad.

El LENGUAJE

Pasaremos a analizar los discursos de ciertos actores, ya que como afirma Antonio Paoli, “El lenguaje está conformado por sistemas de interpretación. Los hablantes de una lengua, aplican esos sistemas a la realidad que los circunda. Los modos de ver, interpretar y ordenar la experiencia inciden necesariamente en el lenguaje y lo conforma”. Por lo cual entender el lenguaje de un momento permite en algún punto comprender una manera de concebir la realidad de ese tiempo histórico.

Himno Nacional Argentino:

“Coronados de gloria vivamos o juremos con gloria morir” – Ejemplifica las opciones extremas y tajantes planteadas por Shumway como elemento constitutivo de nuestra identidad.

Ernesto “Che” Guevara:

“En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea”. – Cultivo de la cultura del sacrificio.

Sepelio de Ortega Peña:

La izquierda peronista cantó “Vea, vea, vea, que cosa más bonita, Ortega dio la vida por la patria socialista.” – Se revindica no la lucha o los logros del abogado sino que dio la vida, por lo tanto se observa nuevamente una valorización del sacrificio.

Los tres ejemplos mencionados muestran como en momentos históricos diversos se plasmó en los discursos de la sociedad la reivindicación de la violencia, las opciones tajantes y la valorización del sacrificio.

LA VANGUARDIA

El concepto de un grupo de iluminados que guiará a la sociedad, es decir de una minoría que guía e impone a las mayorías una visión política por su propio bien. Esta una idea constitutiva de ciertos sectores dirigentes del país.

Según Shumway:

“Los morenistas reflejaron un aspecto de este esfuerzo, en su apoyo a una democracia peculiarmente doctrinaria, en la que gobernaría un pequeño grupo de los hombres ilustrados; gobierno que sería para el pueblo, quizás, pero seguramente no por el pueblo”.

Asimismo, en “Los siete locos” de Roberto Arlt, se manifiesta la necesidad de poner por medio de la violencia un modelo de sociedad que traería aparejada la felicidad a las mayorías.

“Soy enemigo de la violencia, pero Ud. Me entiende. Nuestra idea está por encima de todo sentimentalismo”.

“En un islote se asentarán las bases de la nueva sociedad. La mayoría vivirá en la ignorancia y una minoría manejará la ciencia y el poder. De esta forma se garantiza la felicidad de la mayoría.” “La minoría administrará los milagros”.

En el mismo sentido en la novela El Banquete de Severo Arcángelo, el personaje Gog afirma:

“Explotar aquella desilusión de la Cuesta del Agua. Los infelices de la chusma parecían indignados hasta la sublevación. Nuestro plan consistía en tomar por asalto la Casa Grande y hacerla servir a nuestros fines ideológicos”.

Feinmann sostiene que en la “Tendencia leninista – castristoguevarista y montonera – “ La elite es la que conoce el rumbo de la historia y es la que puede añadirle la conciencia a la opresión, ya que la conciencia es patrimonio de la elite”.

A su vez, “el endiosamiento de la figura de Guevara, la concepción leninista de la vanguardia y la concepción castrista de la toma de poder como hazaña heroica de un reducido número de guerrilleros distorsionaron las traslúcidas reflexiones de Marx”, impregnando el análisis en concepciones voluntaristas.

Lo expuesto se ve ejemplificado en el cántico de Montoneros “Ayer fue la resistencia, hoy Montoneros y FAR, y mañana el pueblo entero en la guerra popular”. Es decir, hoy es la vanguardia y mañana recién el pueblo y la lucha popular.  

Esta idea, lamentablemente no fue patrimonio exclusivo de los sectores de izquierda, ya que como se manifiesta en la novela de Arlt, también se impregnó a las Fuerzas Armadas Argentinas:

“El noventa por ciento de los diputados de nuestro país son inferiores en cultura a un teniente primero del ejército”.

“El ejército es un estado superior dentro de una sociedad inferior, ya que somos la fuerza específica del país”.

Volviendo a la política vanguardista de los Montoneros, fue el aislamiento de las masas; lo que contribuyó indirectamente a la gestación de los individuos que Jorge Asís catalogó como “canguros”, es decir el prototipo de hombre descomprometido con la realidad.  Este proceso se dio porque la sociedad civil se comenzó a distanciar cada vez más de una lucha que entendía como ajena.

Sin embargo, se puede observar las raíces de la falta de compromiso en la caracterización que hace Raúl Scalabrini Ortiz en el siguiente fragmento del libro “El Hombre que está solo y espera”:

“La prudencia porteña tiene una frase para prevenir a los que lesionan con su atolondramiento las incumbencias del Estado. ’No te metás’ dice el porteño.”

“ El ‘No te metás’ es, verdaderamente, una pauta de la idiosincrasia porteña”.

En la Argentina de la dictadura algunos los sectores que cultivaban el “no te metás”, luego afirmaron el desconocimiento. Pero, como dice Feinmann en su obra,  “Todos sabíamos que se tiraban cadáveres al mar. Lo sabíamos porque el mar los devolvía como si los entregara para que nos hiciéramos cargo de ello”.

En base a lo expuesto es que deducimos que la concepción de “vanguardia iluminada” se encuentra arraigada en nuestra sociedad, ya que esta idea atraviesa las concepciones del siglo XIX,  la izquierda y derecha del siglo XX y logra hasta sumergirse en la literatura Argentina.

LA MIRADA EUROPEA

Para Shumway la sociedad argentina se basó en dos ficciones orientadoras que marcaron  el desarrollo de nuestra historia. Una relacionada al nacionalismo y la reivindicación de lo popular y otra en busca de la reproducción de los modelos extranjeros.

Estos argumentos se pueden relacionar con “La burda propaganda militar que caracterizó a los Montoneros como ‘extranjeros, como no–argentinos, como soldados de ideologías disolventes y ajenas al ser nacional’.” (2 Feinmann)

Esta mirada de nuestro país, con una identidad distinta al resto de Latinoamérica y asociada a Europa se refleja en el siguiente fragmento del texto de Feinmann antes del golpe de Onganía, en referencia a las dictaduras latinoamericanas: ”Secretamente, pensábamos que nunca habríamos de serlo. Porque la Argentina no era latinoamericana, sino un país europeísta y culto. Un país en el que los estragos del imperialismo no podrían jamás adoptar el salvajismo de las dictaduras de Batista o Trujillo”.

Asimismo, Feinmann también analiza la violencia desde una mirada Europea, esto se puede deducir del siguiente fragmento:

“Este pasaje de la razón kantiana a la razón hegeliana ha sido fundamental en la historia de la modernidad: sin él no hubieran existido la Revolución Cubana, el Che Guevara y las guerrillas latinoamericanas”.

Es decir, el autor establece una estrecha relación entre las corrientes de pensamiento europeas y los movimientos insurreccionales latinoamericanos.

Quizás uno de los errores de la izquierda latina, así como el de Feinmann, sea el de pensar nuestra problemática desde parámetros externos.

SENTIDO PROGRESIVO

Según Feinmann, “la certeza sobre el sentido progresivo de la Historia ha sido esencial en la cultura política de la izquierda. A esto se le suele llamar utopía”.

En ese sentido en el texto “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar”, se plantea la siguiente afirmación:

Las tres armas “conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas” .

Asimismo, el sentido de continuidad histórica queda establecido en la cita que se detalla a continuación perteneciente a la revista El Descamisado:

“ Así muere Juan, un Juan Cualquiera de hace 170 años. Así muere Juan Cualquiera por defender al país. Peleando contra el imperialismo, Juan Cualquiera, como tantos otros Juanes que vendrán después. Juan de Güemes, Juan Moreno de San Martín, Juan Mazorquero, Juan Revolucionario del 90, Juan de la resistencia. Juan Montonero”. (9 Sigal - Verón)

En el mismo sentido progresivo se manifiesta en los fragmentos del libro Recuerdo de la Muerte que se detallan a continuación:

“Estos hijos de puta podrán derrotarnos a nosotros, pero no van a poder derrotar al pueblo”.

“La guerra seguirá. Uds. tuvieron es sus manos la posibilidad de una victoria estratégica que aunque no hubiera detenido las ruedas de la historia, hubiera retrasado varios años el triunfo popular”

En los textos se evidencia la noción de progreso y de la inevitable continuidad histórica que tendrá la política y el rumbo del país.

CRITICA AL ANALISIS DE FEINMANN

Para el autor de “La sangre derramada”, para evitar la violencia sería beneficioso promover “la figura del intelectual crítico es decir del intelectual libre”. A su vez, define al intelectual crítico en oposición al intelectual orgánico que es el que pertenece a un partido político o algún estamento del estado.

Según Feinmann, quienes “pertenecen a un partido político, su praxis crítica queda seriamente erosionada por la necesidad de contemplar, cotidianamente, la táctica y la estrategia partidarias”.

La propuesta del ensayo de Feinmann es “rechazar la noción de fundamento, de causa, necesidad y ley, para recuperar a la vez la visión crítica del sujeto”;  ya que  “los garantismos de los textos de Fanon, Sartre y Bobbio, o cómo están presentes en innumerables textos de Marx, no hacen más que introducir otra vez a Dios en el pensamiento.“ Según el periodista, son estas concepciones absolutas las que permiten el fundamento de la violencia.

“La cuestión, entonces es: eliminar todo fundamentalismo, todo garantismo metafísico, pero mantener la crítica viva. Matar a Dios y construir al sujeto crítico” , ya que “la violencia siempre mata desde un absoluto”. (2 Feinmann)

Ahora, el autor del libro, no define cómo cambiar la estructura del sistema sin la violencia.

A su vez, Feinmann cuando toma ejemplos de la violencia de la historia Argentina los hace sobre la Argentina casi anárquica del Siglo XIX, cuando todavía no se había establecido una democracia como la entendemos hoy. Por lo tanto, salta los periodos históricos dictatoriales del siglo XX, donde las fuerzas mayoritarias se encontraban excluidas y la resistencia se basó en parte en la violencia. Esto se debe a que cuando hay menor inserción social de la violencia es más fácil criticarla. Pero nos deja sin resolver la pregunta de cómo resistir una tiranía sin la utilización de la violencia.

Asimismo plantea que en la actualidad vivimos en “una sociedad en la que ellos  los amos de la banca, de las grandes empresas supranacionales, los medios de comunicación, de la timba para los hambrientos, los corruptos, los mafiosos y los narcotraficantes – han acaparado todas las razones y han arrojado a los otros a los parajes de la sinrazón” (2 Feinmann). Es decir, que plantea que hoy vivimos en una sociedad injusta manejada por grupos poderosos. En este caso el autor no nos contesta como acumular poder y construir una contra hegemonía. La lucha contra ese poder se hace más difícil si el autor sugiere como mecanismo de resistencia a los intelectuales críticos que para colmo no pueden organizarse partidariamente.

Por lo tanto la fuerza de Feinmann no acumula poder, no usa la violencia, esta compuesta de intelectuales aislados y pretende cambiar el sistema.

“Sólo que la lucha contra la tiranía no debe hacerse con las mismas armas de la tiranía. El arma fundamental de los tiranos es la muerte, la muerte del Otro.”  (2 Feinmann) El autor olvida determinar los mecanismos de lucha contra un tirano.

Por lo tanto el discurso del autor es aceptable sólo en una sociedad donde ya existe una democracia con canales de expresión y reglas de juego para la acumulación de poder, lo cual permite evitar la violencia.

En este caso no será el evitar las ideas absolutas, ni la promoción de intelectuales críticos lo que evite la violencia, sino los mecanismos de participación.

CONCLUSIÓN

En base a lo expuesto es que considero que nuestra hipótesis es válida, por lo menos en esta primera instancia de análisis. Es decir que sectores de la dirigencia política de nuestro país construyeron su pensamiento a partir de las polarizaciones tajantes, de la lógica de la hecatombe y acompañado por una visión de vanguardia, lo cual contribuyó al desarrollo de hechos violentos.

Sin embargo, en el texto de Feinmann no hay soluciones a la problemática de la violencia, ya que simplemente se queda en el plano de la crítica, o bien da soluciones parciales que dejan sin resolver como acumular poder y construir una contra hegemonía.

Por otro lado, concluyo que en Argentina se reprodujeron modelos extranjeros, lo que llevó a reiterados errores de análisis. No sólo a errores de la dirigencia política, sinó también en la investigación del autor de “La sangre derramada”. Esto se debe a que Feinmann establece una estrecha relación entre las corrientes de pensamiento europeas y los movimientos insurreccionales latinoamericanos dejando en un segundo plano el contexto socio político que originó la violencia.

Asimismo encuentro validada la noción de que izquierda en particular le dio un sentido progresivo a sus proyectos lo cual pudo estimular el fuerte voluntarismo de sus militantes. Del mismo modo considero confirmada la concepción de que la construcción de la identidad nacional se encuentra asociada a la idea de sufrimiento, ya que esta concepción se reitera en los discursos políticos y literarios.

Lo expuesto se fundamenta en que estas definiciones se vieron plasmadas en nuestra literatura, en los discursos y en las definiciones tomadas por diversos dirigentes políticos.

Cabe aclarar, que la concepción de violencia analizada por Feinmann en realidad se limita al análisis de asesinatos políticos, dejando fuera del estudio las formas de violencia más común que sufren los sectores populares. Es decir, el hambre, la explotación, el deterioro de la educación, la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza, etc. Esta limitación que realiza el autor de “La sangre derramada”  no es casual, ya que de esta manera evita analizar las causa históricas sobre las cuales se argumenta generalmente la violencia.

BIBLIOGRAFÍA :

(1)   Gramsci y el bloque histórico – Hugues Portelli
(2)   La sangre derramada – José Pablo Feinmann
(3)   La lingüística de Gramsci – Antonio Paoli
(4)   El Hombre que está sólo y espera – Raúl Scalabrini Ortiz
(5)   Los siete locos – Roberto Arlt
(6)   El Banquete de Severo Arcángelo – Leopoldo Marechal
(7)   Operación Masacre – Rodolfo Walsh
(8)   Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar - Rodolfo Walsh
(9)   Perón o Muerte – Silvia Sigal – Eliseo Verón
(10) Diario de la Argentina – Jorge Asis
(11) Recuerdo de la Muerte – Miguel Bonasso

Con-versiones abril 2004

 

 

 

     

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