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Rhea Volij: La bailarina argentina, se especializa
en butoh, una corriente de la danza contemporánea japonesa.
(por Laura Falcoff)
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butoh es una corriente de la danza contemporánea japonesa surgida
a fines de la década del 50 por el encuentro de - por un lado
ciertas tradiciones del teatro noh con - por el otro-
rasgos del expresionismo alemán; cruce además marcado por
los devastadores efectos de Hiroshima y Nagasaki. El butoh fue avanzando en un decidido camino
hacia Occidente y veinte años después de una primera performance
en Tokio se produjo su presentación en París; desde entonces su
expansión, principalmente en Europa y los Estados Unidos, no ha
dejado de crecer. Hoy es una de las expresiones más interesantes,
profundas y admiradas del paisaje de la danza internacional y muchos
coreógrafias y bailarines, no necesariamente japoneses, se inscriben
en ella.
Rhea
Volij es una artista argentina que ha elegido el butoh y su valioso
trabajo viene apareciendo en escenarios locales desde el 2000.
En estos días tiene dos espectáculos en cartel: La huella de
la espuma (creado e interpretado por ella) y Cielo sin piel,
en el que dirige a los cordobeses Isabel Pinczinger y Marcelo
Comandú. Estos dos espectáculos se alternan un sábado por vez en
El excéntrico de la 18'.
¿Cómo se produjo tu vuelco hacia el butoh?
Desde
chica hice esa formación bastante típica de expresión corporal y
danza contemporánea. Pero además estudié filosofía
y en cierto momento me propuse ir a Alemania por, amor a su cultura,
entre otras cosas al expresionismo alemán en la danza y en la pintura.
Más o menos para esa época vi un video sobre butoh y me interesó
su estética y su pensamiento.
¿En
qué sentido?
El butoh concibe al hombre como un ser muy frágil, pero que a la
vez puede reírse de esa fragilidad y de la potencial destrucción
que contiene.
Me sentí totalmente identificada con esa concepción estético- filosófica.
La improvisación que ejercitaba como bailarina me estaba resultando
demasiado cómoda y vi que el butoh ponía mucho en jaque la seguridad
que uno pueda tener sobre mecanismos conocidos.
Viajaste entonces a Alemania.
Si,
pero estuve apenas unos meses porque un bailarín con el que tomé
clases en una compañía alemana me dijo que me iba a resultar muy
dificil hacer un camino sola en Alemania - yo no tenía interés
en entrar a un grupo. Me dijo que para lo que yo buscaba, París
era una ciudad más propicia. El butoh seguía dando vueltas en mí,
pero dos meses después de instalarme en París todavía no sabía dónde
encontrarlo.
¿Y
finalmente?
Había
comenzado a practicar capoeira en la Casa de Brasil de la Ciudad
Universitaria y un día, un muchacho francés con el que estaba
jogando en la clase, - aunque parecíamos mejor dos tigres
al acecho mientras los demás hacían capoeira- me preguntó
al terminar a qué me dedicaba. «Soy bailarina» - le contesté- .
"Entonces tendrías que hacer butoh», me dijo. "¡Es lo
que estoy buscando!". Me dio entonces una dirección de un centro
cultural ignoto y allí encontré a mi maestra, Sumako Koseki. Me
quedé cinco años en París estudiando intensamente el butoh.
¿En qué consiste desde tu punto de vista la identidad del butoh?
En el butoh hay fundamentalmente un trabajo muy intenso sobre el
vacío; el cuerpo muerto, como lo define Kazuo Ohno, despojado de
todas las capas acumuladas por la vida cotidiana. Creo que puede
hablarse de butoh cuando el cuerpo en escena está atravesado por
una gran intensidad, incluso en la quietud. Hacer visible lo invisible.
Hay que estar muy entrenado para captar sensaciones muy sutiles,
sino se corre el riesgo de suponer que el butoh es simplemente
moverse muy lentamente o quebrarse o crisparse, que son muy malas
comprensiones de lo que es verdaderamente un cuerpo intenso. El
cuerpo del bailarín de butoh debe ser como un paisaje, pero su
propósito no es emocionar ni sostener un discurso del tipo "quiero
decir tal cosa". El butoh no puede copiarse como una forma;
si es así, estás perdido.
¿Te interesa seguir trabajando en
el butoh o creés que en algún momento quizás se abra para vos otro
camino?
No me interesa estar cerrada en el butoh. Pero
es un concepto tan profundo y tan abarcador como danza, que el mundo
inevitablemente empieza a verse desde ese punto de vista. Yo aspiro
a bailar siempre así, en el sentido de la honestidad y la exigencia
interior. En cuanto a las estéticas que pueda incorporar...
esa es otra historia a la que estoy abierta. La danza en general
tiene tanto entrenamiento técnico, tanto mirarse en un espejo, tanta
preocupación muscular, que a veces se vuelve pura exterioridad y
en ese sentido el butoh es un buen lugar por donde pasar, aunque
no te quedes en él.
[*]Texto extraído del Suplemento espectáculos del diario Clarín,
Buenos Aires, Argentina, 10 de agosto del año 2003.
Selección y destacados: S.R.
Con-versiones abril 2004
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