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"Eros,
la razón oculta de la guerra"
Morris
Berman*
Si
se observa con atención la conducta corporal de varios de
los funcionarios que alientan la guerra contra Irak, se descubre
la cantidad de emociones que reprimen.
"Hagan
el amor, no la guerra" fue una de las consignas favoritas en
los años sesenta. Se basaba en la obra del psiquiatra austríaco
Wilhelm Reich, que sostenía que cuando
las personas se ven privadas de amor sexual satisfactorio la
represión que experimentan se convierte en agresión.
En estos momentos, en que nos enfrentamos ante una posible guerra
norteamericana contra Irak, no es posible eludir interrogarse sobre
si el análisis de Reich sigue siendo vigente.
Como
defiendo en mi libro "Cuerpo y espíritu: la historia oculta
de Occidente", eros -la vida corpórea- no se reduce al
sexo. La capacidad de respirar profundamente, de sentir la caricia
del sol en la propia mejilla, el oler el fuerte aroma del café
son vías que nos permiten adentramos en nuestra vida emocional.
¿Cuál
es la razón por la cual Estados Unidos habría de librar
una guerra contra Irak? Más allá de todas las que
esgrimen los expertos, hay que consignar
la existencia de una dimensión oculta si la vida corporal
ha de figurar como un factor de la ecuación.
El ex-presidente norteamericano Jimmy Carter se refirió a
este asunto en un ensayo que escribió para el "Washington
Post" semanas antes de ser galardonado con el Nobel de la Paz. Observando
que "no se aprecia ún peligro para EE.UU. procedente de Bagdag"
el momento actual" y dijo que la fiebre bélica era fomentada
por "un núcleo duro de elementos conservadores que tratan
de satisfacer ambiciones reprimidas..."
¿De
dónde proceden tales ambiciones rep rimidas? Cuando se
leen las descripciones que se hacen sobre el vicepresidente americano,
Dick Cheney, y la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza
Rice -para nombrar a sólo dos de los partidarios de la guerra-,
sorprende comprobar hasta qué
punto estas personas no tienen conciencia de la situación.
Nada
en absoluto podría faltar en mayor grado en sus vidas que
una conciencia de lo que son las realidades corporales y las emociones
inherentes a la existencia corpórea. El perfeccionismo de
Cheney es tan legendario, y su cólera un rasgo que sojuzga
tan férreamente, que ha sufrido serie de ataques cardíacos
derivados de tal condición. Viéndolo en televisión,
uno tiene la impresión de que se halla ante una persona que
apenas es capaz de ocultar su desprecio, su actitud de virtuosa
inflexibilidad.
Por
lo que se refiere a la señora Rice, el retrato corresponde
a una existencia notablemente "lograda" al precio de no poseer ni
verdaderos amores ni verdaderos amigos. En las entrevistas tiende
a expresarse mediante estereotipos, en términos de un mundo
en blanco y negro, del bien contra el mal.
Mientras
la negación de la realidad corporal persista, seguiremos
haciendo sufrir -y morir- a otros en razón de las vidas que
nosotros mismos tememos vivir.
*
Morris Berman, Profesor de Arte de la Universidad John Hopkins de
Maryland, EEUU.
Texto
aparecido en el diario Clarín el 12 de febrero de 2003.
Selección
y destacados: S.R.
Con-versiones
diciembre 2003
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