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Historia
de las Madres de Plaza de Mayo
Hebe de Bonafini
(Conferencia pronunciada el 6
de julio de 1988 por Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación
Madres de Plaza de Mayo)
Espero que a partir de esta charla
nos conozcan más, que les resulte realmente a todos interesante.
Es la primera vez que las Madres participamos en un Seminario. Es
la primera vez que escribo algunos ítems para hablar, para
contarles esta historia. Lo charlamos con todas las Madres, porque
ustedes se imaginan que 11 años de lucha tan intensa no es
fácil de resumir en dos horas, o en una hora de charla y
una hora de debate. Lo conversamos entre todas, y entre todas resolvimos,
o pensamos, qué cosas podían ser para ustedes, para
los que vienen hoy aquí y para los que lo van a leer, las
más interesantes.
Como ustedes saben, las desapariciones
comenzaron en el '74 y en el '75 con las AAA; nosotros tenemos algo
así como 600 casos de esa época. Y en el '76, cuando
se instala la dictadura, comienzan a ser tremendamente mayores,
y ya las madres de estos desaparecidos -de los primeros- habían
comenzado a moverse: Ministerio del Interior, Policía, la
Iglesia -por supuesto-, partidos políticos, o algunos políticos
a los que se los iba a ver. Había algunos organismos: la
Liga que es un organismo que tiene muchísimos años;
la Asamblea, que se había formado en el '76 o '75; Familiares,
a los que también acudían las Madres. Cuando la Dictadura
se instala -como dije antes- en el '76, había desgraciadamente
más madres, porque había más desaparecidos;
y nosotras golpeábamos, todas, las mismas puertas. Todos
ustedes saben que ahí nos conocimos; algunas en el Ministerio
del Interior, algunas en la Policía, algunas en la calle,
algunas en la desesperación de ir a la cárcel a ver
si estaban ahí. Y a la Iglesia.
Y un día, estando en
la iglesia, en la iglesia de los asesinos, en la iglesia Stella
Maris, que es la iglesia de la Marina, donde íbamos a ver
a Gracelli, Azucena (Villaflor de Vincenti) dijo que ya basta, que
no se podía más estar ahí, que ya no conseguíamos
nada, que por qué no íbamos a la Plaza y hacíamos
una carta para pedir audiencia, y que nos dijeran qué había
pasado con nuestros hijos.
Y así fuimos por primera
vez un sábado. Nos dimos cuenta que no nos veía nadie,
que no tenía ningún sentido. Era un 30 de abril. Decidimos
volver a la otra semana un viernes. Y a la otra semana decidimos
ir el jueves.
Mucha gente se pregunta por qué
habiendo otros organismos las madres fuimos a la Plaza, y por qué
nos sentimos tan bien en la Plaza. Y esto es una cosa que la pensamos
ahora, no la pensamos ese día; y cuánto más
hablo con otra gente que sabe más que nosotros, más
nos damos cuenta por qué se crearon las Madres. Y nos creamos
porque en los otros organismos no nos sentíamos bien cerca;
había siempre un escritorio de por medio, había siempre
una cosa más burocrática. Y en la Plaza éramos
todas iguales. Ese "¿qué te pasó?", "¿cómo
fue?". Éramos una igual a la otra; a todas nos habían
llevado los hijos, a todas nos pasaba lo mismo, habíamos
ido a los mismos lugares. Y era como que no había ningún
tipo de diferencia ni ningún tipo de distanciamiento. Por
eso es que nos sentíamos bien. Por eso es que la Plaza agrupó.
Por eso es que la Plaza consolidó.
Cuando nos dimos cuenta que
íbamos avisándonos unas a las otras que los jueves
a las tres y media nos reuníamos en esa Plaza, en un banco,
no caminábamos, no marchábamos. Algunas íbamos
un rato antes, las que vivíamos más lejos, porque
ese sentirnos bien... Ustedes saben que en esa época éramos
despreciadas, las familias nuestras pasaron a ser las familias de
los "terroristas", se nos cerraban las puertas, así que era
poca la gente con la que una podía conversar. Pero con las
madres éramos todas iguales, nos pasaba lo mismo, veíamos
la misma gente.
Y esto que fuimos descubriendo
a partir de conversar con tanta gente, nos muestra ahora cómo
ese sentirnos igual es tan importante. Sentirse igual.
El tema de cómo fuimos creciendo.
Tomamos la decisión de que algunas madres fueran al Departamento
de Policía, otras al Ministerio del Interior, otras casa
por casa, a convocar a que las madres vinieran a la Plaza. Era muy
difícil ir al Departamento de Policía y sentarse,
cuando una veía una madre que lloraba o que estaba muy mal,
convocarla, pero se hacía. Ir casa por casa también
era una cosa muy difícil, porque ese casa por casa implicaba
que a una la siguieran con un auto, o que llamaran a la policía
a ver quién era esa mujer que venía a preguntar si
había un desaparecido, o que simplemente no le abrieran las
puertas, o que sintiera una madre que era otra madre la que la convocaba
y nos recibiera bien. De cinco casas, tres seguro no nos abrían
o no nos atendían o nos desconfiaban, pero había dos
que sí recibían nuestro mensaje. En un principio les
decíamos qué nos parecía que había que
hacer, a quién había que ver. Y así fue creciendo
la Plaza.
Esos primeros encuentros también
generaron las primeras acciones, que fueron absolutamente impensadas,
espontáneas. La primera acción fue entregar la carta.
Comunicarnos entre nosotras. Cuando la policía vio que éramos
muchas, que éramos 60 o 70, en esos medios bancos que hay
en la Plaza, dijo "bueno, acá no se puede, hay estado de
sitio, no pueden estar acá sentadas, esto ya es una reunión,
marchen, caminen", y empezó a golpear con las manos y con
los palos... y la policía nos hizo caminar, nosotras no pensábamos
marchar.
Quiero decirles que a nosotras no
nos gusta que le llamen ronda a lo que hacemos. Y yo le explicaba
a unos compañeros que están por hacer un libro por
qué no le queremos decir ronda y le decimos marcha. Porque
la ronda es rondar sobre lo mismo, pero marchar es marchar hacia
algo. Y las Madres creemos que, aunque sea en círculo, estamos
marchando hacia algo.
En estas primeras acciones,
ese caminar, también tomándonos del brazo, aferrándonos
las unas a las otras, contándonos, también fuimos
solidificando nuestro pensamiento y creciendo y tomando conciencia.
El tema, primero, fue que nos pedían que nos fuéramos,
una vez que no salíamos de la Plaza, porque ellos querían
sacarnos y nosotras no, insistimos con dar vuelta alrededor de la
Pirámide; entonces un día vinieron y le pidieron el
documento a una madre, y la madre se lo dio. Y ya esa madre quedaba
bastante asustada porque nosotras creíamos -todavía
muy ingenuas que no sabían ellos quienes éramos nosotras,
entonces el que ya supieran el nombre asustaba. Otro día,
otra vez. Y un tercer día, un tercer jueves, cuando le piden
el documento a una decidimos dárselos todas el documento;
claro, el "cana" con 300 documentos (que ya casi éramos)
qué iba a hacer, no le servían para nada. Y sirvió
para que, en vez de estar muy pocos minutos en la Plaza -como estábamos
en ese tiempo- nos quedáramos muchísimo rato, hasta
que nos dio el documento una por una de vuelta, nos identificó...
Realmente fue una acción, para nosotras, primero, de unidad,
de mucha unidad (porque todas o ninguna), y después también
parar a la "cana" para que no nos pidiera más documentos,
porque la "cana" dijo si ahora en vez de dárnoslo una nos
lo dan todas ya no nos sirve más, porque era una acción
intimidatoria.
También hicimos acciones cuando
venían personajes, como los norteamericanos -Terence Todman,
Cyrus Vance. Las Madres hicimos acciones muy fuertes en ese momento,
cuando nadie salía a la calle. Cuando vino Terence Todman
nosotras fuimos a la Plaza -esta es una cosa que la hemos contado
muchas veces, tal vez todos lo sepan; Videla mandó un emisario
(no usábamos pañuelo todavía, agitábamos
un pañuelo y les decíamos que teníamos los
hijos desaparecidos, no había otra cosa que pudiéramos
hacer, pero igual le molestábamos al gobierno, a la dictadura),
un emisario que mandaba la dictadura para que nos fuéramos,
y que si nos íbamos Videla nos iba a atender. Claro, eso
ocasionaba que algunas madres dijeran "mejor que nos vayamos y nos
atienda Videla"; y otras decíamos "no, igual no nos van a
atender". Y nos quedamos agarradas entre nosotras, agarradas a una
columna. Entonces mandaron milicos como para la guerra, armados,
con cascos, para que nos fuéramos. Y les dijimos que no nos
íbamos a ir. Entonces ellos pidieron que apunten, y cuando
dijeron "apunten" nosotras les gritamos "fuego". Y ese gritarles
"fuego" hizo que todos los periodistas que estaban para verlo a
él -a Terence Todman- vinieran a ver quiénes eran
esas mujeres -que no éramos más de 300 que habían
hecho esa acción tan fuerte que sirvió para que saliéramos
ya en muchos Periódicos. Cuando vino Cyrus Vance fuimos a
la Plaza San Martín, cuando ponían la ofrenda floral,
y también gritamos y pedimos por nuestros desaparecidos,
y también hicimos que la prensa se interesara. Y de ahí
hay una foto, que ha dado la vuelta al mundo, donde las Madres estamos
gritando y pidiendo por nuestros desaparecidos. Dio la vuelta al
mundo, pero no dio la vuelta al país, porque en el país
no salió, no salió absolutamente nada, y muy poca
gente se enteró.
En todas estas cuestiones,
en todas estas demostraciones, en todos estos actos, las Madres
todavía no usábamos el pañuelo, y nos comunicábamos
solamente los jueves en la Plaza, y en alguna pequeña reunión
que hacíamos en un bar o a veces en el atrio de una iglesia.
Cuando llega el mes de octubre entre
los organismos que estábamos funcionando se prepara una marcha.
Los primeros días de octubre también la Iglesia preparaba
su marcha a Luján con un millón de jóvenes.
Y las Madres decidimos ir a las dos marchas: a la de los organismos,
que era para el Día de la Madre, y a la de los primeros días
de octubre, que hacía la Iglesia. Pero no sabíamos
cómo identificarnos, todas no podíamos caminar tantos
kilómetros, entonces cómo nos íbamos a identificar;
unas iban a ir desde Luján, las otras iban a entrar en Castelar,
otras en Moreno, otras en Rodríguez. Entonces empezamos a
ver cómo nos identificaríamos, y una dijo "vamos a
ponernos un pañuelo". "¿Un pañuelo..., y de qué
color?, porque tiene que ser del mismo color". "Y bueno, blanco".
"Y, che, y si nos ponemos un pañal de nuestros hijos" (que
todas tengamos esa cosa de recuerdo, que una guarda). Y, bueno,
el primer día, en esa marcha a Luján, usamos el pañuelo
blanco que no era otra cosa, nada más ni nada menos, que
un pañal de nuestros hijos. Y así nos encontramos,
porque ese pañuelo blanco nos identificaba. En el tiempo
en que llegamos a Luján nos dimos cuenta que mucha gente
se acordó, después de algunos días, que esas
mujeres de pañuelo blanco habían sido capaces, alrededor
de la plaza de Luján, de gritar y pedir -rezando, por supuesto-
por los desaparecidos. O sea que todo el mundo que estuvo esa vez
en Luján se enteró que había desaparecidos
en el país y que las Madres, rezando, pedíamos por
ellos. Fuimos luego a la marcha que hicieron los organismos, donde
300 de nosotros (gente de los organismos) fuimos presos, nos emboscaron
en una calle y nos metieron en los colectivos y nos llevaron a la
cárcel, a la comisaría. Y bueno, fuimos todos los
organismos, entre los que llevaron presos se equivocaron y llevaron
también a algunos periodistas extranjeros y a las monjas
-casualmente-, y esto hizo que el mundo inmediatamente se enterara
de lo que pasaba. Pero nosotras en la comisaría tampoco nos
quedábamos quietas. A medida que nos identificaban y nos
preguntaban quiénes éramos y nos mandaban a un lugar,
decidimos rezar también en ese lugar. Pero rezábamos
pidiendo para que no fueran tan asesinos los de esa comisaría,
para que no torturara el comisario; o sea que mientras tanto aprovechábamos
el rezo para decirles asesinos y torturadores a los que teníamos
ahí adelante. Y era una acción muy fuerte, muy fuerte,
pero como era dentro del rezo, del Ave María y del Padre
Nuestro, como hay tanto respeto, y los milicos se la pasan haciéndose
la señal de la cruz cuando entran y salen de las comisarías,
no podían decimos nada, porque entre Padre Nuestro y Ave
María los acusábamos de asesinos.
Llegó la época de las
solicitadas. Hicimos una solicitada junto con Familiares. Y luego
una solicitada de las Madres, para la que trabajamos muy intensamente,
juntando pesito por pesito, buscando los nombres... Y el 8 de diciembre,
en la Iglesia Santa Cruz, cuando estábamos recogiendo dinero
para esa solicitada, Astiz -que ya se había infiltrado entre
nosotras, que entre agosto y septiembre había comenzado a
ir a la Plaza diciéndonos que tenía un hermano desaparecido
y dándonos el nombre y haciendo un hábeas corpus por
él- provoca, señalando a nuestras compañeras,
el secuestro de los familiares, de las monjas, y de dos de nuestras
Madres -Mary Ponce y Esther Balestrino de Cariada-en la Iglesia
Santa Cruz. Se hace ese terrible secuestro, ese terrible operativo.
Y, al otro día, cuando nos encontramos nuevamente con Azucena
y con las otras, que todavía no habían secuestrado,
estábamos todas muy mal, muy terriblemente desesperadas,
era una cosa muy tremenda, era un secuestro a nosotras mismas; era
ponernos un alerta rojo muy tremendo. Pensábamos, yo decía
"pero no sigamos con la solicitada, Azucena, no porque... cómo...
busquemos a los que faltan". Ella me decía "mirá,
ya hay gente que está haciendo hábeas corpus y cosas;
los que faltan, faltan por hacer esta solicitada; los que secuestraron,
los secuestraron por esta solicitada; nosotras no la podemos parar,
la tenemos que seguir". Y así seguimos con la solicitada.
Cuando la llevamos a La Nación, ingenuamente, la llevamos
escrita a mano y no por orden alfabético. Y en La Nación
dijeron "señoras, escrita a mano... así no se puede
hacer, esto hay que hacerlo a máquina". No teníamos
oficina, no teníamos máquina de escribir, por supuesto,
no teníamos lugar para hacerla, pero conseguimos algunos
empleados de un Ministerio que nos ofrecieron -si nosotras entreteníamos
a dos jefes- pasar a máquina la solicitada muy rápidamente.
Y así lo hicimos. Dos de nosotras entretuvimos a los jefes,
y los empleados nos pasaron la solicitada. Y llevamos la solicitada
a La Nación. Y salió la solicitada en La Nación.
En ese día secuestraron a otra de las monjas. Y al otro día,
el 10 de diciembre, en la mañana, cuando Azucena va a comprar
el diario de esa solicitada que ella había gestado y que
había sido tan firme para decir "no, hay que seguir haciéndola",
cuando va a buscar ese diario la secuestran en la esquina de su
casa. Fue terrible, un golpe durísimo para nosotras. Era
muy difícil pensar cómo íbamos a hacer para
seguir. Era casi imposible, porque en esos días también
habían secuestrado más jóvenes, más
hijos nuestros, los que teníamos un desaparecido ahora teníamos
dos, y algunas tres, y también a las madres, y a los familiares,
y a las monjas. Pero nos habíamos dado cuenta que Azucena
nos había enseñado un camino. Que en la Plaza nos
sentíamos una igual a la otra, porque éramos iguales,
porque nos pasaba lo mismo, porque el enemigo estaba siempre en
el mismo lugar y estaba cada vez más duro, porque el enemigo
nos había mandado secuestrar.
Entonces resolvimos seguir en la
Plaza. No fue fácil volver al otro jueves a la Plaza. No
fue fácil retomar otra vez la tarea de volver a convocar
a esas madres que tenían miedo de volver. De volver a insistir
que la Plaza era lo único, cuando muchos decían que
no había que ir a la Plaza, que éramos locas, que
era un peligro, que no se fuera, porque realmente a qué íbamos
a la Plaza. Pero, como les dije antes, era realmente un lugar donde
nosotras nos comprendíamos y sentíamos ese encuentro
que, sin darnos cuenta, sentíamos con nuestros hijos. Todavía
con toda la ilusión de encontrarlos, con toda la ingenuidad
de que la Dictadura tal vez no fuera tan feroz -porque uno no creía
que pudiera ser tanta la ferocidad, que la tortura fuera tan terrible.
Yo creo que muy pocas de nosotras nos dábamos cuenta del
horror de lo que estaba pasando, definitivamente. Todas teníamos
esperanzas: los van a poner en la cárcel, los vamos a encontrar,
en la comisaría, o en la cárcel, o en el ejército.
Y cada día, cada acción que hacíamos, porque
además de lo que hacíamos en la Plaza también
hacíamos acciones personales: ir a los lugares de detención,
a los campos de concentración. ¡Los campos de concentración
no los encontró la CONADEP! Para nada. Los encontramos las
madres que nos íbamos a parar en la puerta en la época
en que estaban llenos de desaparecidos. ¡No fue Sábato a
buscarlos ahí! Ahí fuimos nosotras; Sábato
fue cuando estaban vacíos. Nosotras íbamos cuando
estaban nuestros hijos.
Y viene la época del
Mundial, en 1978. Ese horror que para nosotras era el Mundial y
que a mucha gente los ponía contentos. Se provocaban más
secuestros. Se acentuaba la represión. Se acentuaba en la
Plaza. Nos llevaban presas a cada rato. Nos golpeaban. Ponían
perros en la Plaza. Nosotras llevábamos un diario enroscado
para cuando nos echaban los perros. Nos tiraban gases. Habíamos
aprendido a llevar bicarbonato y una botellita de agua. Para poder
resistir en la Plaza. Todo esto lo aprendimos ahí, en esa
Plaza. Mujeres grandes, que nunca habíamos salido de la cocina,
habíamos aprendido lo que habían hecho tantos jóvenes
antes. Luchar por ese pedacito de Plaza, luchar por ese pedacito
de cielo que significaba nada más y nada menos que esto que
tenemos hoy. Y el Mundial también fue muy terrible para nosotras.
Fue muy terrible porque en el Mundial se tapó, o se quiso
tapar, todo lo que estaba pasando. Quiero decirles que en 1977,
cuando ya se proponía lo del Mundial, a fines de año,
para el mes de noviembre, Monseñor Plaza decide hacer una
"noche heroica" en La Plata para demostrar que no pasaba nada y
que el Mundial iba a ser una cosa hermosa y que en La Plata no pasaba
nada. Y decide hacer una "noche heroica" con todos los estudiantes
de las escuelas cató1icas. Que fueran convergiendo de las
distintas diagonales hacia la Plaza Moreno. Y nosotras decidimos
ir. Las Madres nos pusimos con el Colegio Marista. Y ahí
ya usamos el pañuelo, porque había pasado la primera
vez que nos lo habíamos puesto, porque en la Plaza no lo
usamos tampoco enseguida, ése era un acto importante. Cuando
la policía nos vio nos empezó a seguir pero, como
estábamos mezcladas con los maristas, los maristas estaban
tan asustados que no les salían ni las palabras. Cuando vimos
que la policía, cuando nos arrimábamos a la Plaza
Moreno, nos empezó a rodear para aislarnos del grupo, empezamos
a rezar. Y como le tienen tanto miedo a Dios, nos dejaron que rezáramos.
Y rezábamos Padres Nuestros y Aves Marías y Rosarios,
uno atrás del otro, hasta que llegamos a la puerta de la
Catedral. Y seguimos rezando con mucha fuerza en la puerta de la
Catedral para poder entrar a la Catedral. Y nos instalamos en la
Catedral y los jóvenes que estaban afuera vinieron a ver
quiénes éramos, porque ellos no sabían. Y les
empezamos a contar. Se había organizado que a las 12 de la
noche iba a haber un gran acto en la Plaza de guitarreada y empanadas
y festividad para ese Mundial y porque en La Plata no pasaba nada,
y un grupo grande de jóvenes, que estudiaban en esas escuelas
católicas, le fueron a decir a Plaza que ellos no iban a
guitarrear, que no iban a cantar, que no iban a comer empanadas,
porque mientras había tanto dolor adentro de la Catedral
ellos no iban a cantar afuera. Y cada uno se fue a su casa, las
únicas que no nos fuimos nosotras. Nos quedamos solas toda
la noche en la Catedral, porque los jóvenes se fueron, se
fueron porque no querían cantar ni querían comer ni
querían guitarrear. Esto a Plaza le costó que lo llamara
Saint Jean y Sasiaín y le preguntaran: qué había
pasado, cómo esas mujeres habían roto ese acto que
ellos habían preparado. Y ahí también nosotras
hicimos algo muy fuerte y muy duro que fue insultarlo a Monseñor
Plaza dentro de la Catedral. Insultarlo porque no pidió por
los desaparecidos en la misa que se hizo a las 5 de la mañana
con los jóvenes que vinieron a la misa para acompañarnos
a nosotras. O sea que hacíamos cosas muy terribles y muy
duras y nadie se enteraba, más que los que estaban ahí
en ese pedacito; pero que eran multiplicadores (esos jóvenes)
después al ir contando en sus casas.
En el Mundial, como les digo, la
represión se hizo tan fuerte que decidimos ir a las iglesias
a encontramos para ver qué cosas íbamos a seguir haciendo.
Y cuando nos reprimían en la Plaza, sabíamos que podíamos
ir a tal o cual iglesia. Tanta fue la represión, en un momento,
que hicimos como un fixture para no ir siempre a la misma iglesia
porque sino la cana ya nos esperaba en la puerta. Nos apagaban las
luces, nos echaban; pero también dentro de la iglesia, y
por eso los curas no nos quieren. Entre Padre Nuestro y Ave María
nos pasábamos que íbamos a hacer, decíamos:
"Padre Nuestro que estás en los cielos, vamos tal día
a tal lugar; Ave María...". Esa era la manera de pasarnos,
sin papel y sin nada, qué actividad íbamos a realizar.
En el Mundial, como les dije,
sufrimos mucho. Sufrimos la indiferencia del pueblo. Los medios
de comunicación, que eran terribles. El ataque desde el exterior
diciendo que éramos antinacionales los que hablábamos
en contra del Mundial. Pero también vimos que cuando se inició
el Mundial, había más periodistas extranjeros en la
Plaza que en el propio Mundial. Y que Holanda, en vez de pasar el
inicio del Mundial, cuando éste comenzó pasó
a las Madres marchando en la Plaza. Y que también en ese
año comenzaron a trabajar los grupos de apoyo, como SOLMA,
yendo frente a la Embajada Argentina, en Francia... Y hoy quiero
decirles que están acá los dirigentes de SOLMA acompañándonos
en este momento, que no han dejado de ir todos los jueves frente
a la Embajada a solidarizarse con las Madres, siguen yendo todos
los jueves.
Hicimos nuestro primer viaje
a Europa.
Cuando pasó fin de año,
después del Mundial, decidimos realizar un viaje a Estados
Unidos y a Roma. También casi sin pensar muy bien qué
significaba salir a lugares tan desconocidos para todas nosotras.
También con mucho esfuerzo, con mucho miedo, sabíamos
que salíamos y no sabíamos si íbamos a volver.
Fuimos a Estados Unidos y a Roma. En Estados Unidos pedimos entrevistas
-tal vez por inconciencia- a alto nivel; pedimos al Departamento
del Estado, pedimos los legisladores, pedimos Patricia Derian. Pedimos
a los personajes que conocíamos por el diario y también
los que creíamos -también por esa falta de preparación
política- que nos podían ayudar. Y los vimos, y nos
dieron las entrevistas, y ahí comenzamos nuestra etapa de
que nos apoyen fuera del país. En Italia conseguimos la entrevista
con Sandro Pertini, con todos los legisladores; nos parecía
mentira. El único que no nos pudo atender fue el Papa porque
él está siempre muy ocupado. Pero también fuimos
al Vaticano y ahí nos atendió.
(...) Y qué era una conferencia
de prensa... y, bueno, "al toro", como quien dice. También
hicimos entrevistas con las organizaciones de base, colectivas.
Y volvimos al país sin saber si íbamos a poder entrar.
Pero pudimos entrar y contarle
a las Madres cómo era todo esto. Pero ahí ya la represión
contra las Madres fue infernal. Todos los jueves nos llevaban detenidas,
y también ahí decidimos que si una iba presa, íbamos
todas. No era que nos llevaban a 40 o 60 porque ellos querían,
no, nosotras nos poníamos detenidas, y por eso también
los demás decían que éramos locas. Pero nosotras,
cuando iba una Madre presa, decíamos no, si va una vamos
todas. Si no cabíamos en el primer patrullero en el segundo
o en el tercero. Si no nos llevaban, nos presentábamos en
la comisaría: "¡señor yo quiero estar presa con todas
las Madres!" No entendía nada el comisario por qué
queríamos estar presas, pero juntas hacíamos muchísima
fuerza. Y adentro de la comisaría también les hacíamos
los grandes líos. Nos soltaban de a una, a la madrugada,
pero había Madres que tenían tanta fuerza que también
se quedaban fuera de la comisaría dando vueltas alrededor
hasta que nos iban largando a todas.
Ahí no había
abogado que te defendiera, ahí no había nada; no había
políticos, salíamos y solita nuestra alma.
Pero, bueno, igual seguíamos
teniendo fuerza y queríamos conservar la Plaza. Llegó
1979, la represión fue brutal, no podíamos ir los
jueves a la Plaza porque ya era demasiada la represión, hacíamos
apariciones esporádicas para no perder la Plaza, un jueves
a la mañana o un viernes por la tarde, y decidimos ir todos
los jueves a las iglesias, a distintas iglesias. Como vimos que
algunas Madres nos perdíamos, porque como no teníamos
la misma iglesia si un jueves no ibas ya a la otra no sabías,
decidimos ir un mes seguido a una misma iglesia, y cada vez íbamos
cambiando. Pero también decidimos formar la Asociación,
porque dijimos: eso tiene que quedar, porque si la represión
se hace brutal y no podemos retomar la Plaza los jueves, esto tiene
que quedar en algo. Y decidimos, un pequeño grupo, formar
la Asociación ante escribano público, que se llama,
como se llamó siempre, Madres de Plaza de Mayo. Esto se hizo;
se decidió el 14 de mayo y se formó, por estas casualidades
también, en una fecha muy tremenda para todos nosotros y
que tiene un gran significado para las Madres. Se firmó el
22 de agosto de 1979, que es la fecha de los fusilamientos de los
compañeros de Trelew. Fue casual, pero tiene tanto que ver
formar la Asociación ese mismo día.
En el '79 vino la OEA, donde también
teníamos grandes esperanzas. La OEA también para las
Madres significó actividad, significó movimiento.
Fuimos todos los días, hablamos con los de la OEA. Fue el
único organismo donde entramos todas las Madres, 150 Madres;
a los demás organismos sólo fueron las comisiones,
nosotras pedimos entrevista para todas y entramos 150 Madres a hablar
con ellos. Realmente fue importante la venida de la OEA; creíamos
que iba a ser importante. Pero no pasó absolutamente nada.
No pasó nada porque sirvió para blanqueo, para matar
más gente, para más terror.
En el '79 también se
hace el Mundialito, donde ustedes saben que mandaban a los camiones,
cuya nafta era entregada gratis por YPF, para que insultaran a los
que estábamos en la cola de la OEA. Muñoz convocaba
a la gente por la radio a que fueran a hacer la imagen del país
con ese Mundialito, donde surgieron algunos de los que son famosos
hoy. Y sufrimos también ese oprobio que para nosotras era
que mientras muchos cantaban y gritaban, nosotras estábamos
ahí, en esa cola de espera, ya que para nosotras era común
hacer colas frente a tantas organizaciones, era hablar una vez más:
primero hablábamos en el Ministerio del Interior, después
hablábamos a la Policía, después el hábeas
corpus, los jueces. Siempre hablando nosotras, y cuando vino la
OEA también hablamos nosotras; por eso rechazamos a la CONADEP,
porque también tuvimos que ir a hablar, o quisieron que fuésemos
a hablar nosotras. Ya habíamos hablado tantas veces, y habíamos
dicho tantas veces lo que nos pasaba.
En el '80 decidimos retomar
la Plaza. Dijimos: tenemos que ir pase lo que pase. Y volvimos a
la Plaza, y la retomamos, porque tomamos desprevenida a la policía
porque fuimos un jueves que ellos no pensaban, en la tarde, a la
misma hora de siempre, a la tres y media. Al otro jueves pusieron
policía como para la guerra, hasta en los árboles,
con ametralladoras apuntando para abajo, pero igual nos quedamos.
Nos golpearon, nos pusieron perros, pero igual dijimos que no podíamos
dejar de ir, y que esa Plaza había que conservarla porque
era la lucha, porque era el futuro, porque ahí sentíamos
que sí era una manera de recuperar esto que tanto queríamos
que era tener un estado de derecho o constitucional.
En el '80 también tuvimos
nuestro primer boletín. Ya había grupos de apoyo en
toda Europa. Ya se había formado el grupo de apoyo de Holanda;
las mujeres de Holanda nos estaban apoyando. Nos envían el
dinero para que tuviéramos nuestra primer oficina; en 1980
por primera vez tuvimos un lugar donde reunimos, porque hasta ese
momento todo lo hacíamos en la calle. María del Rosario
llevando a cuestas la oficina, llevando sobre su hombro los papeles,
las carpetas, las cosas que hacíamos en las confiterías.
Cuando nos queríamos hacer las clandestinas nos citábamos
por el teléfono y a la confitería Las Violetas, por
ejemplo, le decíamos Las Rosas, pero si no le decíamos
bien Las Violetas, capaz que buscaban la confitería Las Rosas;
para despistar a la cana, que no nos siguieran. Tuvimos esa primera
oficina que era un gran sueño para las Madres. La compramos
con el aporte de las mujeres de Holanda. Y también en el
'80 afirmamos nuestra consigna de "Aparición con Vida". Porque
cuando le dieron el Premio Nobel a Adolfo Pérez Esquivel,
Emilio Mignone había salido con él e iba diciendo
por toda Europa que los desaparecidos estaban muertos. Y nosotras,
que no es que somos ingenuas ni nos estábamos chupando el
dedo, pero no queríamos darle esa posibilidad a la dictadura
de que ya empezáramos nosotros a decir que estaban muertos
cuando todavía nadie nos había dicho qué había
pasado con ellos. Y como todavía nadie nos ha dicho qué
pasó, seguimos pidiendo y reclamando esa consigna que es
tan dura de mantener, y tan difícil de mantener, y que costó
tanto que otros la tomaran como consigna llena de contenido y no
de capricho. Fue el 5 de diciembre de 1980 donde las Madres sacamos
un documento diciendo que la "aparición con vida" para cuestionar
el sistema, que la "aparición con vida" porque no sabíamos
qué había pasado con los nuestros.
En 1981 sacamos, con gran esfuerzo,
también, nuestro primer Poemario. Todavía no hacíamos
grandes volantes, hacíamos cartulinas escritas por nosotras.
En fin, hablar de volantes también era una cosa complicada;
el volante estaba asociado a la desaparición, por llevar
volantes se habían llevado a nuestros hijos. El volante y
el boletín fueron dos cosas muy importantes para nosotras.
El Boletín, repartirlo, que la gente se enterara; y ese volante
que también hacíamos de a uno. Entonces, sacamos nuestro
primer Poemario, esos poemas escritos por las Madres en momentos
tan terribles de dolor, que eran todos, cada uno, una denuncia.
Y también hicimos nuestra
primera Marcha de la Resistencia, resistida por todos los organismos,
ninguno quiso hacer la Marcha de la Resistencia. Algunos cuestionaban
la palabra resistir; las Madres decíamos resistir, no hay
ninguna otra cosa, qué vamos a decir. ¿Qué quiere
decir resistencia? Resistir. Queremos resistir en la Plaza 24 horas
a esta dictadura. Y lo hicimos. Y lo hicimos muy poquitas. En la
noche, sobre todo, 70 u 80 Madres, no quedamos más. Pero
fue el día en que cambiaron 3 dictadores. Fue la época
de Viola, en ese día.
Y también hicimos nuestro
primer ayuno. Terminada la Marcha de Resistencia, tomamos la catedral
de Quilmes y ayunamos 10 días un grupo pequeño de
Madres apoyadas por todas las otras Madres para mostrar que la Marcha
de la Resistencia y el ayuno eran eso, el querer conseguir un espacio
y un gobierno constitucional que nos permitiera salir de esa noche
de horror con la esperanza, todavía, de encontrar a algunos
de los desaparecidos y, sobre todo, el castigo a tanto responsable
que ya teníamos en nuestras listas, que ya teníamos
identificados y que creíamos -también ingenuamente-
que íbamos a poder condenar.
En 1982, las Malvinas fueron también
otro hito importante en este pueblo que de un día para el
otro se olvidó... un día le dan una paliza en la Plaza,
el 30, y al otro día, porque estos atorrantes y estos seres
despreciables provocan una guerra, estaban aplaudiendo. Y las Madres
firmes, diciendo somos solidarias con las Madres de los soldados
que están en las Malvinas, pero no queremos la guerra, es
otra mentira, es otro Mundial de la guerra para tapar. Y nos acusaron
de antinacionales. Y en la Plaza había gente que nos decía
que cómo podíamos ir a la Plaza mientras estaba la
guerra. Y de ahí ese cartel: "Las Malvinas son argentinas,
los desaparecidos también". Y nos mantuvimos firmes, diciéndole
a cada uno la mentira que era la guerra. Y tuvimos que perder, y
tuvimos que llorar, y tuvimos que otra vez dar tanto a nuestros
hijos para darnos cuenta de cuánto criminal, de qué
tremenda era la dictadura. Hasta dónde nos había llegado
de hondo que nos había hecho enfrentar con nuestros propios
hijos, con nuestros propios hermanos, con nuestros propios compañeros
de lucha, algunas veces, que no querían creer que se perdía
la guerra y que no querían creer cómo eran los militares.
En 1982 empiezan las multipartidarias
y ahí también nuestra participación fue muy
activa. Hicimos un documento. La primera reunión fue en el
comité de los radicales; nos convocamos las Madres, y nos
dijeron "¿pidieron entrevista?", "no". Fuimos 80 Madres, abrimos
la puerta y dijimos "hola, acá estamos". ¡No podían
creer los radicales que estábamos ahí metidas!, estaban
espantados. Entonces, llevábamos el documento, ya las cámaras
de televisión estaban preguntándose cómo estaban
esas mujeres ahí, y entonces yo le dije a Vanoli: "mire doctor,
estuvieron cinco años en la heladera los políticos,
los que están presentes les quiero dar un documento a cada
uno". Y les dimos un documento a cada uno de los políticos
que estaban ahí diciendo lo que habíamos hecho las
Madres. Y así, cada vez que se reunió la Multipartidaria,
las Madres estuvimos presentes. Entrando, luchando, por la puerta
de atrás, por la de adelante, con invitación, sin
invitación. Y a todos los políticos, les quiero decir,
les dijimos lo mismo: no hereden los 30.000 desaparecidos, no hereden
este horror porque este horror los va a sepultar a ustedes mismos.
Esa tarea incansable que tuvimos que hacer con los políticos
que no querían escuchar, pero que no querían escuchar
porque en parte, también, eran responsables de la desaparición
de nuestros hijos. En parte también fueron los responsables
porque se callaron, porque silenciaron, porque apoyaron. No nos
tenemos que olvidar que los radicales fueron los que más
hombres le pusieron a la dictadura. No nos tenemos que olvidar que
la mayor cantidad de intendencias eran radicales en la época
de la represión. No nos tenemos que olvidar que los peronistas
también tuvieron su parte porque Luder, con ese decreto de
exterminio, también tenía su culpa. Y por eso es que
ellos no nos querían apoyar, que no les importaba heredar
los desaparecidos porque era también parte de su propio trabajo
anterior. Porque ellos no estaban de acuerdo para nada con que nuestros
hijos se opusieran a ese plan económico que casi es el mismo
de hoy; ese plan terrible de Martínez de Hoz que llevó
a que desaparecieran 30.000 personas en este país.
En 1983, la efervescencia de los
partidos políticos hizo que las Madres tuviéramos
que trabajar el triple. Entrevistas, pedidos, reclamos. Vino la
elección. Ganó Alfonsín. Lo fuimos a ver. Nos
recibió muy bien, muy simpático, muy norteamericano
él con su sonrisa. (Yo me doy cuenta ahora de esto, no crean
que ese día me di cuenta, para nada. Se los digo ahora para
hacerme la agrandada. Pero ese día me creía que era
simpático en serio). Y nos recibe y nos da esperanzas. Cuando
asume como presidente nos vuelve a recibir, y nos dice que él
creía que había desaparecidos con vida, que qué
pensábamos nosotras. Nosotras le dijimos que también
creíamos que había desaparecidos con vida. Y él,
que los iba a buscar. ¿Y saben qué hizo para buscarlos? Le
mandó un radiograma a cada uno en el Ejército para
preguntarles si sabían algo de los desaparecidos. Y ellos
le dijeron que no, con el descaro que los caracteriza. Esa es la
manera en que los buscó. Ese año las Madres hicimos
las siluetas. Esas siluetas eran la presencia de los desaparecidos
en la calle. Ese año también sacamos nuestro primer
afiche, donde reivindicamos la lucha de nuestros hijos; y en ese
afiche decíamos que esos hijos habían luchado junto
a su pueblo por la justicia, por la libertad, por la dignidad. Y
también las siluetas. Y también las fotografías,
que era tener a los desaparecidos en la calle para reclamarle a
esos políticos que se habrán animado a heredarlos
como desaparecidos que nosotras no nos íbamos a callar, no
nos íbamos a conformar y que no los íbamos a dejar
descansar.
El gobierno constitucional creó
esperanzas y el primer mes creó la CONADEP. También
nos vinieron a ver para esa CONADEP, que nosotras rechazamos porque
no era una comisión -ustedes lo saben-que habíamos
elegido nosotras, no la eligió el pueblo, no la pidió
el pueblo, sino que era un aparato que creó Alfonsín,
que lo necesitó para ganar tiempo. Porque los organismos
estábamos cohesionados, habíamos hecho muchas Marchas
(por la Vida, por la Libertad) que eran enormes y era una manera
-después que habíamos crecido, de buscar un solo hijo
a buscar a todos los hijos, después que habíamos crecido
en esto de no reclamar ya por uno sino por todos- de volver otra
vez a la lucha individualista, característica muy importante
de los radicales; que cada uno se ocupara de lo suyo. Y muchas de
las Madres, que habíamos entendido perfectamente que teníamos
que ser todos o ninguno y que nosotras los buscábamos a todos,
se empezaron a cuestionar si no había que ir a la CONADEP,
y algunas de ellas fueron a la CONADEP pero nosotras no entregamos
nuestro material, ni fuimos a la CONADEP, ni fuimos a la marcha
de la CONADEP, y en nuestro documento dijimos: no le vamos a firmar
un cheque en blanco a Alfonsín porque no sabemos qué
va a hacer con las 50.000 páginas que tiene, porque tampoco
sabemos qué hizo con todo lo que había en los tribunales,
de todos los años pasados, y porque sí sabemos que
confirmó a los jueces cómplices del proceso anterior
para que sigan haciendo lo mismo ahora. También sabíamos
que estaba ascendiendo a los militares y también sabíamos
de muchas de las complicidades que se estaban tejiendo. Por eso
no aceptamos a la CONADEP ni fuimos a la marcha. Fuimos las únicas
que no fuimos a la marcha de la CONADEP.
También ese año empezó
a funcionar nuestro Frente de Apoyo y tuvimos nuestro primer periódico.
Ya fuimos más ambiciosas. Ya queríamos tener nuestro
pensamiento en la calle. Y un grupo de periodistas, que decidió
apoyar nuestra línea, comenzó a trabajar sobre el
periódico. Ya teníamos entonces el Frente de Apoyo;
antes se había constituido nuestro Equipo de Asistencia Psicológica;
y también comenzábamos a tener algunos abogados que
se acercaban a nuestra casa, porque hasta ese momento las Madres
no teníamos abogado, porque nunca creímos en lo jurídico,
porque siempre nos dimos cuenta que los pueblos no pueden solucionar
su lucha jurídicamente. Los pueblos, la única manera
que tenemos para solucionar nuestras cosas es luchando, es movilizando,
es participando, es accionando, con la lucha de la base del pueblo.
Los gobiernos nos pueden hacer creer, o nos pueden decir que todos
estos problemas se resuelven jurídicamente, mientras ellos
nos atacan jurídicamente.
Y políticamente las
Madres seguimos trabajando. En el '85 los juicios, que fascinó
a mucha gente, que fascinó a la gente en el exterior, que
se hicieron bajo el Código de justicia Militar en tribunales
civiles, que se hicieron sin el asesino en el banquillo, que se
hicieron eligiendo determinada cantidad de testimonios en los que
no se tocaba ninguna multinacional (no por casualidad Strassera
eligió los testimonios que eligió), en ningún
momento se nombró la complicidad de las multinacionales (Coca-Cola,
Pepsi, Papel Ledesma, y bueno, no alcanzaría la noche para
nombrarlas a todas). Y las Madres fuimos al juicio, el día
que se inauguró. Cada día, después, teníamos
una tarjeta para ir nosotras. Y el día que supuestamente
se iban a dar las sentencias, que se pidieron grandes antes de las
elecciones de diputados que hubo en el '85, en noviembre, y que
15 días después de las elecciones, ya no eran las
condenas que nos habían dicho que iban a pedir. Y en el juicio,
cuando se dictó la primera absolución, yo estaba presente,
había discutido mucho con Strassera para ponerme el pañuelo
porque no me dejaron usar el pañuelo, porque decían
que no era un acto político; entonces, yo me lo sacaba y
me lo ponía acá y venía Strassera y me lo hacia
bajar más y cuando se iba él... hasta que me sacaron
uno, pero como me había llevado varios en la pollera, me
sacaban uno y sacaba otro de la pollera. Esa era la pelea, ¡sí!,
porque, ¡qué tenía un pañuelo en la cabeza!
Yo decía: toda esta gente que está con sombrero acá,
por qué no se lo hacen sacar. Los policías estaban
con las gorras. No, era el pañuelo blanco. Y yo le dije:
doctor Strassera, lo que pasa es que el pañuelo blanco va
a ser la única condena en este juicio. Y cuando dictó
la primera absolución, me levanté y me fui del juicio.
Lo que lamento es que me fui sola, porque tampoco se levantaron
los compañeros de los otros organismos que yo esperaba que
se levanten. Me fui sola del juicio, acompañada de muchos
periodistas que me preguntaban por qué me iba, y entonces
les dije que me iba porque eso era una vergüenza, porque estaban
absolviendo a asesinos en la cara del pueblo y en la cara del mundo.
En 1985, le pedimos una entrevista a Alfonsín, por esto de
las absoluciones, todas las Madres del país. Nos dio una
entrevista para el 24 de junio, que era el día de Gardel.
Las Madres del país viajaron y 25 Madres fuimos a la Casa
de Gobierno a las 6 de la tarde y Alfonsín dijo que no nos
podía atender, porque iba al Colón a escuchar a Gardel.
Claro, Gardel no le iba a pedir nada, y nosotras sí. Pero
decidimos que nos íbamos a quedar, y que lo íbamos
a esperar. Y así tomamos la Casa de Gobierno por 20 horas.
Nos quedamos a dormir; llevamos los colchones, el té, el
café, las mantas. También vinieron los periodistas.
Y nos quedamos a esperar que alguien nos atendiera o que alguien
nos dijera qué era esto de citar a las Madres un día
especial y que ese presidente nos diera la espalda. Fue un hecho
político de demostración de cómo, sin ningún
tipo de fuerza, sin ningún tipo de violencia, pero con mucha
idea clara de qué queríamos, se podía tomar
una Casa de Gobierno para reclamarle al que nos estaba gobernando
qué era lo que estaba haciendo. Tuvieron que cambiar la entrada
de la Casa de Gobierno a la otra mañana porque no podían
entrar porque estábamos las Madres acostadas. A las 2 de
la mañana le di asueto al personal porque no los íbamos
a dejar limpiar, les dije que se fueran para la casa que les dábamos
asueto. Y así mostramos cómo hay muchas cosas que
se pueden hacer, que hay muchas cosas que se pueden cambiar cuando
uno tiene claro qué quiere, a dónde va y por qué
está.
En 1985 hicimos esa tremenda marcha
de las manos, "Dele una mano a los desaparecidos". Y miles
y miles de manos de todo el mundo se extendieron para que después
las colgáramos, en la Avenida de Mayo y en la Plaza, mostrando
cómo había tanta solidaridad y tanta comprensión
para la tarea que hacíamos, que era pedir una mano para ellos,
para nuestros hijos, para los únicos impulsores de esta lucha,
para los únicos que son los que nos dan la fuerza, por lo
cual tenía tanto sentido lo que estábamos haciendo.
En 1986, hacemos la Marcha
de los Pañuelos y hacemos campañas, porque comenzaba
el Punto Final. Y el Punto Final no empezó por el Punto Final
de la ley; el punto final comenzó cuando Alfonsín,
en sus primeros meses de gobierno, nos empezó a mandar telegramas
a las Madres de Plaza de Mayo diciendo que nuestros hijos estaban
muertos en tal o cual cementerio. Y a algunas de nosotras nos mandaban
cajas con restos humanos diciendo que eran nuestros hijos. Y hubo
que reunirse, y hubo que llorar, y hubo que desesperarse, y hubo
que tomar decisiones de rechazar las exhumaciones. Porque si aceptábamos
la exhumación de esos muertos, que decían que eran
muertos en enfrentamiento, si aceptábamos esa muerte sin
que nadie nos dijera quién los mató, sin que nadie
nos dijera quién los secuestró, sin que nadie nos
dijera nada, era volverlos a asesinar. Y también fuimos el
único organismo que hoy todavía sigue rechazando esa
vergüenza que significa que a uno le quieran entregar un muerto,
diciendo que murió en un enfrentamiento (que ya es salvar
a los militares), sin saber siquiera cómo llegó a
ser un muerto o un asesinado. No es fácil para una madre
tomar esta decisión, para nada. Hubo muchos días de
reuniones, muchos días de discusiones, por qué había
que rechazar esas exhumaciones. Ese era el punto final. Que todos
nosotros aceptábamos la muerte, así porque sí.
El punto final era una plaquita en cada lugar diciendo "aquí
estudió", "aquí trabajó". Nosotras también
rechazamos eso porque sentíamos que también era el
punto final. Lo único que aceptamos es que se diga: aquí,
los que estamos vamos a seguir luchando igual que ellos. A nosotros
no nos interesa que recuerden a los desaparecidos y que quieran
a las Madres, nos interesa que acompañen a las Madres pero,
por sobre todas las cosas, que imiten a los desaparecidos. Que traten
de ser como ellos, que lucharon por su pueblo, para su pueblo y
con su pueblo.
Y también ahí
se empezó a trabajar con la reparación económica.
Ya vinieron los primeros sondeos, ya vimos cómo estaban haciendo
los políticos que querían, por sobre todas las cosas,
esto, el Punto Final: exhumación de cadáveres, reparación
económica y homenajes póstumos, tres cosas que las
Madres rechazamos oponiéndonos, dentro de los cementerios
-como pasó en Mar del Plata- a la exhumación. Porque
ese mismo juez, que era un traidor, ese mismo juez es un corrupto,
ese mismo juez hoy no puede, no debe estar ocupando ese lugar, no
debería estar ocupando ese lugar. Y nos costó mucho
trabajo, también, oponemos a todo esto. Nos costó
juicios, nos costó condenas. Y vino el Punto Final, por ley,
y la Obediencia Debida, por ley. Pero como nosotras estamos luchando
contra ese sistema, no aceptamos las leyes que nos quiere imponer
este gobierno. Las rechazamos todos los días y a cada rato.
Y como las rechazamos, estamos luchando para que se los siga condenando,
para que alguna vez se le dé la cárcel que merece
este horror y esta cosa tan tremenda que pasó en este país.
Pero no es que queremos que no se olvide porque no queremos que
olviden a nuestros hijos. No queremos que se repita. No queremos
la corrupción de los políticos que nada más
piensan en la interna. No queremos la corrupción de los jueces.
No queremos una Suprema Corte, que va bajando cada vez más
la cabeza y se va postrando cada vez más.
Tuvimos una lucha muy larga. Tenemos
una lucha muy larga. El trabajo que hacemos las Madres es un trabajo
para el futuro pero lo estamos haciendo antes y ahora en el presente.
El que me presentó en esta charla decía que hay que
estudiar al enemigo, hay que estudiarlo para después saber
cómo combatirlo. Pero yo quiero decir que mientras uno estudia
no hay que dejar de combatir. Hay que estudiar para combatirlos,
pero cuando uno estudia no hay que dejar de combatir, porque el
enemigo nunca descansa. Y creo que en este país pasó
mucho de esto. Que mucha gente, con miedo, o creyendo que era cómplice,
porque también la culpa colectiva fue lo que intentó
este gobierno: "todos somos responsables, todos somos culpables".
No es cierto. El pueblo no es culpable, ni es responsable. Si el
pueblo tuvo miedo fue porque la dictadura lo implantó. Hay
otros responsables: los que hicieron la Obediencia Debida y el Punto
Final. Esos son los responsables. Que lo hicieron porque tienen
que perdonarse ellos mismos; no sólo están perdonando
a los militares, también hacen su propio perdón. Ellos
lo necesitan, porque han sido muy responsables, muy culpables, muy
cómplices. Por eso hacen la ley, no se la hacen sólo
a los militares.
Tenemos equipo de psicólogos
-como dije antes-, tenemos abogados, periodistas, un equipo que
filma todos nuestros trabajos, de video. Y también las Madres
tenemos reconocimiento de nuestro pueblo, el apoyo, la comprensión,
que es indispensable para nosotras para seguir, para seguir en esto
que estamos. Han puesto a calles de Madrid, de Maidalea, de Almería
el nombre de Madres de Plaza de Mayo. También hay en Holanda
plazas que se llaman Madres de Plaza de Mayo. Hay escuelas que se
llaman Madres de Plaza de Mayo. Y también va a haber una
en el país que se llame Madres de Plaza de Mayo, parece que
va a ser en Luján. Realmente estamos muy emocionadas con
esto nosotras, que no sea sólo fuera del país donde
la tarea nuestra, que es mucha, de todos los días. Y no es
para nosotras el reconocimiento; en la medida que se habla de las
Madres, se habla de los hijos. Si nosotras estamos en esto es porque
ellos -como decimos siempre- nos parieron. Es porque ellos están
en cada acción, en cada lugar. Las Madres somos un movimiento
que es como una cadena, cada Madre es un eslabón; no puede
decaer, no se le permite que decaiga, que afloje.
También nos han dado
algunos premios, "Por la Lucha", "Por la Libertad", "Por la justicia".
Visitan nuestra casa, permanentemente, de todo el mundo, artistas,
juristas, periodistas. Quieren hacer tesis. Parlamentarios, representantes
de iglesias, mujeres de organismos de otros países de derechos
humanos nos invitan. Hemos hecho muchísimos viajes a Europa,
invitadas permanentemente por distintos organismos. Tenemos grupos
de apoyo en Europa que nos reunimos una vez por año. Una
vez por año, con estos grupos de apoyo, para ver cómo
vamos a seguir trabajando. En todas partes de Europa la gente nos
apoya, nos entiende. Nuestro periódico es traducido a varios
idiomas, es repartido en los distintos países. Asistimos
a congresos, a encuentros. Tenemos editados tres Poemarios, varios
libros.
Y también se realizan tesis
sobre las Madres. Las tesis son a veces psicológicas, a veces
sociológicas. Nos hacen muchas preguntas que, a veces, no
nos habíamos hecho nosotras. Pero les quiero decir que esa
Plaza que nos dio el nombre, que es la Plaza donde se gestó
nuestra independencia y nuestra libertad, y que es donde se va a
seguir gestando nuestra libertad, donde vamos a seguir estando.
Esta tarea que tenemos es una tarea que, esperamos, se amplíe
y se agrande cada día y cada hora. Es necesario que los asesinos
sean condenados. Es necesario que cada uno de nosotros no sienta
que está perdiendo la libertad cuando sueltan, o desprocesan
-como se dice ahora en vez de decir que los perdonan a los amnistían-
a uno de ellos. Nosotras pretendemos que todos los hombres y mujeres
que trabajan codo a codo con nosotros sean los que hereden esta
lucha, los que hereden esta tarea, los que hereden nuestra Asociación,
nuestro pensamiento y nuestra manera de trabajar. Nosotras, estamos
seguras, no vamos a ver el fruto de este trabajo. Tampoco trabajamos
para el éxito. Tampoco trabajamos para el espacio político
ni para el poder. Trabajamos convencidas de que estamos siguiendo
la lucha que empezaron los que hoy no están, los 30.000,
las compañeras, los hombres y mujeres que todavía
hoy están en nuestras cárceles. Estamos convencidas
que estamos siguiendo esa tarea, de una manera distinta tal vez,
pero con los mismos objetivos. Hemos sido siempre distintas en todo;
nuestro accionar, en la forma de trabajar, en la forma de conducimos,
en la forma de reunimos. Nuestras reuniones son distintas a todas,
estoy segura; entre mate y charla las Madres hacemos nuestros documentos,
las Madres hacemos todas nuestras tareas.
Como hemos sido distintas en
todo, también somos distintas en nuestro proyecto de futuro.
Pretendemos que se organice nuestro pueblo, que se formen y solidifiquen
las organizaciones de base populares, en cada barrio, en cada lugar,
los trabajos colectivos, para que otra vez esa efervescencia de
los años '70 se vuelva a notar en nuestro pueblo, que parece
cansado, que parece derrotado, que parece deprimido, pero que cuando
lo tocan salta y sale a la calle. Lo mostramos en abril de 1987,
cuando nos engañaron y nos traicionaron; lo mostramos con
la huelga de los docentes, esa brillante clase que nos dieron los
maestros en la calle. O sea que el pueblo, cuando tiene motivos
y dirigencia clara y honesta que los convoca para algo, seguramente
va a salir. Pero para esto hay que estar organizado. Hay que organizarse,
hay que trabajar, hay que sentir que cada uno de nosotros tiene
que ser -como dice una consigna por ahí- su propio soldado,
en el buen sentido de la palabra, de lo que quiere, de lo que proyecta,
de lo que ambiciona para su pueblo, que es nada más que lo
que ambicionamos para nosotros mismos. Nuestros hijos marcaron un
camino, de liberación, de justicia social, por la cual luchaban.
Todos nosotros estoy segura que queremos lo mismo. Pero, ¿qué
hacemos por eso que queremos? ¿Qué estamos dando de nosotros
mismos por eso que queremos, por eso que ambicionamos?
Cada mañana, cada vez que
nos despertamos, las Madres pensamos en este día de trabajo
al que nos convocan nuestros hijos, esos que están en la
Plaza, esos que están ahí en cada uno de ustedes,
esos que nos parieron a este mundo, que nos parieron a esta actitud,
a esta actividad, a esto que somos hoy las Madres.
Esta charla a la que hoy nos
habían invitado nos puso a recordar muchas cosas de las que
vimos y de las que pasamos. Había miles de anécdotas
para contar, había miles de momentos para vivir con ustedes.
Pero tal vez haya algunas preguntas que ustedes quieran hacer. Yo
les digo que las Madres, mientras tengamos vida, mientras tengamos
un soplo de aliento, vamos a seguir luchando por la vida de nuestro
pueblo. Por nuestro pueblo, para nuestro pueblo, junto a nuestro
pueblo, para que alguna vez tengamos la educación popular
que nos permita acceder a un gobierno popular que sea realmente
el representante de lo que todos queremos, y no como ahora, que
sólo estamos votando, que no nos permiten elegir. Algún
día tendremos ese gobierno popular que con justicia condenará
a los asesinos que tanto horror nos hicieron vivir durante estos
años. Nada más.
Acciones, acontecimientos y
luchas de los últimos cuatro años 1989. Junto
al pueblo repudiamos al terrorismo militar diciendo: rebeldes
y leales son todos criminales.
Frente al hecho de La Tablada, las
Madres nos preguntamos: ¿qué pasó? Sólo sabíamos
que se habían violado todos los Derechos Humanos de los incursores.
Que los torturaron, los hicieron desaparecer, los fusilaron.
ENERO 26. En
el discurso de la Plaza de Mayo Hebe finalizó diciendo que
cuando mueran las Madres podrán decir: aquí yace una
ilusa, aquí yace una loca pero jamás aquí yace
una que traicionó los principios.
- Miles de notas contra las leyes
represivas en todo el país.
- Presentación del libro
de Alejandro Diago "Memoria y esperanza" que contiene diálogos
con las Madres sobre la lucha.
- Viaje a Corea del Norte al
Festival de la Juventud, participando en el Tribunal Antiimperialista
con toda la fuerza de las Madres.
- Encuentro XXI de Madres: decidimos
hacer movilizaciones en todo el país el 10 de agosto contra
la miseria y la impunidad.
Con marchas y solicitadas respondimos contra las leyes de
perdón.
- Lanzamos la campaña
¿Sabe usted dónde están ahora los que torturaron
y asesinaron a nuestros hijos? ¿Qué cargo ocupan o qué
actividades desarrollan, dónde viven?
Miles de afiches llenaron la ciudad con estas preguntas. A
fin de año Menem indultó a los asesinos.
ENERO 1990.Jóvenes
luteranos de Asia, Europa y América Latina vinieron a la
marcha de los jueves, estuvieron en nuestra casa y sacaron un comunicado
de apoyo a las luchas de las Madres.
MAYO 1990. En
Amsterdam, Holanda, en la Plaza "Madres de Plaza de Mayo" se inaugura
una estatua representando a una madre.
- En Francia, las Madres estuvieron
presentes en el Juicio que se le hizo a Astiz en el que fue condenado
a cadena perpetua.
- Ante el pronunciamiento de la
Iglesia a favor del perdón a los asesinos, las Madres sacamos
un comunicado repudiando el planteo de los cómplices de
la miseria y el crimen.
MAYO 12 DE 1990. En
Plaza de Mayo, recibimos el Premio internacional León
Felipe al Valor Cívico.
ENERO 1991. Hebe
graba con Jesús Quinteros en Sevilla, España, un programa
para TVE que le vale tres juicios promovidos por el Presidente Menem
contra Hebe por haberle dicho "basura" en dicho programa.
- Se acompaña a los trabajadores
en paros. Huelgas y protestas. Seguimos recorriendo el mundo denunciando
la impunidad de los asesinos y la complicidad de los políticos.
- En abril el poeta Rafael Alberti
visita nuestra casa y nos acompaña en la marcha en
Plaza de Mayo.
- Recibimos amenazas y los servicios
de inteligencia entran en nuestra casa cuatro veces en 45 días,
rompiendo todo y robando elementos de valor en todas las oportunidades.
Por estos hechos las Madres recibimos la adhesión de miles
de personas.
- Las Madres participan en el Tercer
Encuentro Latinoamericano y del Caribe donde siguen denunciando
el atropello.
- En Reus (Barcelona, España),
se realiza el Festival Internacional de Apoyo a las Madres donde
más de veinte agrupamientos se solidarizaron con nuestra
lucha.
- Fuimos invitadas por la Universidad
de Verano de La Rábida (Huelva, España) a disertar
sobre Derechos Humanos.
Selección:
Nora Martinez
Con-versiones diciembre
2003
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