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El Informe Kinsey
(Agencia DPA New York IX-2003)
Sergio
Rocchietti
Hace 50 años
se publicaba el primer estudio que habló del placer en las
mujeres.
Que las mujeres disfrutan del sexo
es un dato que hoy no sorprende ni al más pacato de los seres
humanos. Pero decir esto hace 50 años fue casi como tirar
una bomba.
El zoólogo Alfred Kinsey
y el médico Wardell Pommery lo hicieron: publicaron un informe
en el que aseguraban que, contra todo lo imaginado en aquel entonces,
las mujeres no eran esas novias inmaculadas o fieles esposas que
sólo se preocupaban por sus hijos. Esto causó una
profunda conmoción en la puritana sociedad estadounidense.
El reporte sobre el comportamiento
sexual femenino fue publicado el 14 de setiembre de 1953. Los resultados
se basaron en charlas que tuvieron los especialistas con 6.000 mujeres
blancas estadounidenses. La conclusión fue que "las
mujeres eran mucho sexuales de lo que se presumía y se esperaba
moralmente hasta ese momento".
Se decía que una de cada
cuatro mujeres de los Estados Unidos era infiel. Y que más
de la mitad no llegaba virgen al matrimonio. Kinsey
y Pommery no sólo arrasaron con los tabúes sino que
abrieron las puertas para conversaciones más sinceras sobre
el sexo. El reporte se tradujo a diez idiomas y fue best-seller.
"El velo se había corrido",
señala el sexólogo John Bancroft, que hoy dirige el
Instituto Kinsey en Bloomington, Indiana. Sin embargo, esta mirada
reveladora también les trajo a los autores del informe muchos
enemigos entre los conservadores y las influyentes organizaciones
de mujeres.
Kinsey fue acusado de dañar
la moral y las buenas costumbres, y se intentó evitar nuevas
publicaciones. Todo había comenzado cuando le encargaron
un informe sobre el comportamiento sexual en los animales. Entonces,
este hombre se dio cuenta de que nada se sabía sobre la vida
sexual de los seres humanos. En 1948 presentó su primer reporte:
"El comportamiento sexual de los hombres". Y no tardó demasiado
en convertirse en uno de los sexólogos más afamados
de los Estados Unidos.
Cinco años después
amplió el reporte con la vida sexual de las mujeres. Su postulado
fue que el género femenino necesitaba para su satisfacción
sexual más que «algo rápido». Esto no sólo
fue avalado por muchas mujeres sino que encendió la chispa
de una nueva corriente feminista.
Kinsey nació en Nueva
York en 1894. Antes de dedicarse a la sexualidad de las personas
estuvo 20 años estudiando los insectos.Y si bien entrevistó
a 17000 hombres y mujeres, muchos expertos dudaron de sus resultados
argumentando que no eran representativos. También le cuestionaron
su modo de plantear las preguntas. Los médicos le reprocharon
el hecho de usar parámetros zoológicos en los seres
humanos y que tampoco tuviera en cuenta los momentos psicológicos
de la sexualidad humanal. Y alegaron que como investigador de de
animales le faltaba calificación para analizar el comportamiento
sexual de las personas.
El
Informe Kinsey y su estupenda historia recreada en su aniversario
cincuenta nos da la posibilidad de realizar algunas reflexiones:
Uno,
tenía que ser un zoólogo el que se pusiera a investigar
la sexualidad humana sin los prejuicios con los que los humanos
rodeamos todo lo referente a la sexualidad llámemosla aunque
parezca reiterativo "humana". Si Kinsey estudió durante veinte
años la sexualidad animal fue eso lo que le permitió
alcanzar la sexualidad humana masculina primero, y femenina después,
sin los prejucios imperantes en su época. O sea, que su "bestiofilia"
y "voyeurismo"-dirían algunos- le dieron la práctica
para no mirar, sino para poder interrogar a hombres y mujeres y
preguntarse acerca de qué hacen los humanos cuando se apaga
la luz (no olvidar que estamos en los años cincuenta).
Dos,
la verdad es una cuestión de relatos que hacen efectos en
cada uno de nosotros. O no. (La verdad es un tema tan difícil:
la deseamos y no la soportamos, la invocamos y cuando aparece la
rechazamos, en fin).
Tres,
las creencias generan nuestras "verdades".
Cuatro,considerada
así, la verdad es una emoción más en el repertorio
de nuestras emociones "humanas".
Cinco,
el orgasmo femenino no existe biológicamente.El "organstrom",
invento aprobado en el 2003 utiliza las vías nerviosas conductoras
del dolor para estimular eléctricamente determinadas zonas
subcorticales y lograr un reflejo espinal sentido como un orgasmo.
El orgasmo vuelve a ser puesto dentro del esquema estímulo-respuesta
nervioso, nuestra única intervención es apretar un
botón.
Seis,
el orgasmo masculino no existe biológicamente, la eyaculación
no necesariamente incluye el orgasmo. Recuerden que Kinsey primero
se dedicó a los hombres: ¿por qué no se dice nada
de lo que dijeron los hombres de aquéllos tiempos?
Siete,
tanto el orgasmo femenino como el orgasmo masculino son productos
culturales.Decir esto es plantear que las determinaciones sociales,
epocales, geográficas, grupales, familiares y lingüísticas,
son las que producen el resultado final, claro está, que
junto con nosotros, con quiénes seamos nosotros es esos momentos,
con que posibilidades nos recorran y qué estemos dispuestos
a hacer con ellas. Interacciones y emociones, percepciones e historias.
Influencias y libertades.Ocho,
¿por qué las mujeres le dijeron lo que efectivamente sucedía
en ellas? Digo, ¿por qué le contaron a Kinsey que eran infieles
y sentían más de lo que se aceptaba socialmente?(Hum...).
Nueve,
¿le dijeron "la verdad"? ¿Le dijeron sus emociones, le transmitieron
sus creencias?Lo interesante es que parece que la novedad de ser
oídas en sus opiniones (el Informe se realiza en base a encuestas
que son entrevistas dirigidas con un largo cuestionario) trajo como
consecuencia un nuevo mensaje (evangelio) para que los oídos
masculinos advirtieran que algo había sucedido en ellas y
con ellas. Que se enteraran de una buena vez que no iban a seguir
sosteniendo más la idea masculina de la ausencia de goce
en el coito por parte de ellas.
Diez,
el Informe se siguió realizando todos los años (no
tengo la noticia de si aún se lo realiza).
Once,
desde 1959 a 1964 Masters y Johnson (marido y mujer, médico
y psicóloga) no se contentaron con preguntar sino que se
pusieron a observar parejas en el momento del coito (voluntarios
en investigaciones universitarias como ésta) e incluso crearon
una máquina para poder presenciar y monitorear mujeres durante
el coito con una máquina de su invención. Luego también
realizaban interrogatorios (protocolos precisos y puntuales) . Ver
"Respuesta sexual humana", editorial Inter-médica, Buenos
Aires, 1978. Los hombres y mujeres fueron "viviseccionados", medidos,
pesados, observados, todo desde la más estricta mirada clínica
de la medicina, fotografiados, dibujados (sí, así
es) sus órganos y diversas partes anatómicas intervinientes
en los encuentros sexuales. Es muy interesante leer sus gráficos
y metodologías así como los datos que brindan para
llegar a la conclusión -podemos decir nosotros- que no han
hecho más que alejarse infinitamente de aquello que podemos
llamar sexualidad (a la que anteriormente le hemos agregado el calificativo
de "humana", aunque a veces dudamos de ello). No hicieron más
que tratar de percibir y medir modificaciones corporales, compleja
manera de no querer saber nada de lo" humano" de la sexualidad.
Por
lo menos Kinsey escuchaba a las personas y la medicina se dedicó
a lo único que sabe hacer: tratar (o tenemos que decir maltratar
en ciertos casos) a los cuerpos. No desconocemos los ideales de
"curación" y de "no dañar", es más no nos oponemos,
sólo queremos afirmar que hay determinadas metodologías
que son ineficaces cuando se trata de lo humano y que nuestro modo
de acceder a ello es escuchando e interrogando y de nuevo a escuchar
que es lo que de cada existencia puede decirse. Historia y relato,
sensación y existencia, comprensión y olvido, pensamiento
y límite. Esa es la tarea.
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al autor: srocchietti@ciudad.com.ar
Con-versiones diciembre 2003
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